AERONAUTAS Y CRONISTAS

martes, 22 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 2


 

CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 2

CONSTRUCTOR DE AEROPLANOS

Marcelo Wuillem, relojero francés librepensador, asesor de la relojería y joyería la Perla tenía una especie de zoológico de los más diversos animales. Era abstemio y detestaba la música. Trabajaban los domingos y en los días de fiesta acompañado por un mecánico nacido en Blois. Era un desertor de la Primera Guerra Mundial, extraordinario manipulador del acero y había buscado a Colombia como refugio. Se encerraba horas enteras en una especie de taller que tenía en la casa, sintiéndose un ruido de limas y algo parecido a un motor. Manipulaba un soplete que producía una llamita del grosor de un hilo cuando chocaba contra una aleación a base de vanadio y titanio. Trabajaban en la construcción de un aeroplano sin hélices a base de turbina. Era la propulsión a chorro antes de que fuera descubierto en Europa. Marcelo era especialista en aeronáutica.

De palabra me había nombrado su heredero creando una fuerte enemistad con Antonio días, su hijastro. Un domingo, se subió al tejado acoger unas goteras para ahorrarse el albañil cayéndose de un tercer piso y desnucándose. Los inquilinos y el municipio de Medellín se quedaron con sus bienes porque toda su familia en Europa había muerto.

Encontré en un rincón de su casa los planos del avión. Parte de él lo hice estudiar por un técnico de la aeronáutica. Se maravilló pues era perfecta la posición de las alas, bien concebido el fuselaje, magnifica la aleación empleada y las ecuaciones para romper el sonido. No encontró sino una falla, la del combustible. El francés empleaba gasolina corriente.

En un partido de fútbol con los Libertadores, en el barrio la América, un policía le quitó una navaja a Pancho Montoya que la llevaba dentro de una media y se la llevó a Eduardo Santos quien, Presidente de la República, visitaba a Medellín y presenciaba el partido.

El padre Miguel Agudelo, oriundo del municipio de Bello, cura terrateniente y excelente negociante, que había matado en una muchacha en una finca durante un accidente de casería, fue trasladado a la iglesia San Miguel.

Los oficiales y soldados del batallón Girardot, situado en el barrio Villahermosa, resolvieron hacer maniobras de entrenamiento en nuestra manga con despliegue de ametralladoras, morteros y polígonos. Nosotros alegamos que la manga era nuestra y que el barrio tenía posesión de ella hacía varios años y sólo permitiríamos el balompié, las riñas a las trompadas y la elevación de globos y cometas. En la segunda ocasión encontraron un verdadero estercolero, pues perforamos cierta parte de la manga y la llenamos con excrementos de toda índole. Incluidos los cristianos. Jamás volvieron porque el barrio era antimilitarista. Los militares del batallón Girardot, muy tiesos y orgullosos, circulaban en sus carros y en sus caballos. Algunos alquilaron casas en el barrio y así se creó un enclave militarista dentro del conglomerado.

Al barrio llegó la familia de Francisco Mejía. Lázaro Mejía era el mayor de los hijos y por unos cuentos que le dio su amante, que tenían el barrio Antioquia, mató una tarde a tres personas siendo condenado a 30 años de presidio. Durante la Guerra civil del 50, se fugó matando a un Capitán de la policía, cambio de filiación y murió apaciblemente hace poco en el barrio Villahermosa.

Mariano González era el único conservador del barrio. Decía que los liberales había que enseñarles a gobernar al lado de la virgen del Carmen y de Cristo. Tenía un retrato grandísimo Pedro Nel Ospina. Decía que había sido un gran gobernante pero que eso de poner a la gente a trabajar ocho horas y darle cesantías, era hacer a los negros más perezosos. Detestaba a Olaya Herrera y a López Pumarejo. La especialidad del maestro Mariano eran las pláticas, por ese entonces trabajaba en el hipódromo de Envigado.

En la década del 30 vivía en el barrio Hernando Toro Agudelo quien llevado por la efervescencia se hizo anticlerical junto con varios estudiantes, entre ellos Gabriel González de Concordia. Enterraron un crucifijo en los predios de la normal provocando un escándalo religioso que trascendió a lo nacional. La normal fue cerrada, y hubo maldiciones que se extendieron hasta el barrio Santana.

El 2 agosto 47 Luis Eduardo López, (El hiato), propietario de Billa Wolff, trajo a Eliezer Gaitán al barrio Villahermosa donde fue muy bien recibido. Desde ese momento estos barrios se hicieron incondicionalmente gaitanistas. El 9 abril del 48 produjo en sus conciencias una profunda conmoción, una de las tantas causas de la guerra civil de 1949. Gabriel Gómez, una tarde de elecciones, fue muerto de un tiro en el cráneo por un prendero conservador.

A la Plaza de Cisneros de Medellín, durante la guerra civil de 1950, cierto grupo de conservadores llevaron la cabeza cercenada de una estatua del general Uribe Uribe y la colocaron con la boca hacia arriba en el piso de un orinal. Asunto que se narrará más amplio cuando se expliquen los hechos.

EL PALACIO EGIPCIO

El palacio egipcio entre las calles Miranda y Cuba fue construido por Fernando Estrada. Tiene una atalaya y encima de ésta el observatorio astronómico y consiste en una plancha en forma de sostenida por ocho columnas donde hay hermosos jeroglíficos. Hay tazones y ánforas bajo las columnas y tres palmeras sobre la acera del edificio. Este edificio fue vendido a la logia masónica a la cual pertenecía Fernando y donde oficiaba ritos por es un monumento esencialmente dedicado a Thánatos. El maestro Estrada tenían lo alto de la torre una campana y cuando los alemanes hundían un barco aliado la tocaba. El hundimiento de un convoy que iba para Múrmansk, donde los ingleses perdieron 27 barcos, fue una algarabía tal que los vecinos apedrearon la torre. Regina 11, de Concordia, trató de comprar este palacio, para practicar en él sus supercherías. Magno error de Regina el no haber hecho el negocio pues habría quedado como pez en el agua.

LA CASA Y FINCA DE PEDRO NEL OSPINA

En Pichincha con Carabobo quedaba la casa de Pedro Nel Ospina y entre los años 22 y 26 fue amo y dueño del país dejando una obra maravillosa de infraestructura en obras públicas contando para ello con la indemnización del canal de Panamá. Cada año llegaban 5 millones de dólares. Su biblioteca fue abandonada por sus sucesores.

En la casa había una especie de trampa y al tocarla de una manera especial daba a una puerta muy bien empapelada y nivelada con una pared. Cuando se habría aparecía un salón y en el rincón una escalera que daban al cielo raso donde había un gabinete con escritorio, muebles y libros. Era donde se escondía de la persecución del General Reyes y de sus enemigos políticos. El General fue, pues, el principal vecino del barrio Guayaquil.

La finquita de Ospina. Bernard Ospina, primo y yerno del general llegaba a Tarazá donde recorría esta hacienda que se iba casi hasta el San Jorge. De paso visitaba la hacienda Buenos Aires sobre el río Man, luego pasaba a su hacienda Cuba de 6000 hectáreas sobre el mismo San Jorge. Después pasaba a Marta Magdalena sobre el Sinú, una tierrita de 14,000 ha. En esta peregrinación duraba tres meses.

NUEVOS ELEMENTOS POLÍTICOS

De 1934 al 38 en el gobierno de López Pumarejo aparecieron nuevos elementos en la vida colombiana: la consolidación de la industria, que trajo como consecuencia la organización de las principales ciudades con un ligero abandono el campo. Apareció la figura jurídica del intervencionismo del estado y la reforma agraria.

El segundo fue el despertar de la tensión política y social a que estaban sometidos a los grupos estudiantiles y las masas obreras que se organizaban en sindicatos.

El tercero fue la oposición conservadora por la nostalgia de la pérdida del poder en 1930. Estaba acaudillada por un ingeniero inteligentísimo, Laureano Gómez, irracional, maquiavélico, a veces demencial, quien llegó a predicar a través del periódico El Siglo la acción intrépida y el atentado personal, haciendo la pregunta cotidiana de quién había matado a Mamatoco. Así creó confusión y condujo al precipicio de la división de 1946 a las filas del Partido Liberal.

El Partido Liberal se había caído en 1946 por 1 frase que diariamente aparecía en el periódico el siglo: ¿quién mató a Mamatoco? Mamatoco era el apodo de Francisco Pérez una especie de boxeador. Laureano Gómez, quien añoraba el católico e imperial estado español, tenía como abrevadero ideológico a la misma España. Tenía al estado fascista como ideal del estado nuevo y odiaba deliberadamente la juventud liberal. Gómez, hipócritamente, se atrincheró en un anticomunismo, durante 11 años, que llevó al país a una serie de gobierno semifascistas, a una represión cruel y despiadada.

LA INFLUENCIA ESPAÑOLA

Los periódicos de la época apoyaban al partido la República Española. Adoctrinados por otros medios de comunicación empezamos a prepararnos para viajar a España. Había barcos que salían de todos los puertos de Sudamérica llevando voluntarios y empezamos a prepararnos para viajar a España. Nos proporcionaran el trasporte para un contingente antioqueño para ir a luchar contra el fascismo. Muchos no teníamos la edad y conocimiento sobre la ciencia militar y menos pasaporte o permiso de la casa. Tratábase de una aventurera dizque romántica influenciados por las noticias de la prensa nacional e internacional en una especie de contagio febril. Llegamos a puerto Berrio donde pernoctamos y al día siguiente nos embarcamos en un barco que venía de la Dorada. Llegamos a la medianoche a Barranquilla de donde salimos para Puerto Colombia a esperar el barco que venía de Buenos Aires Este fue mi primer contacto con el mar. El barco no apareció y resolvimos regresar a Medellín.

La presidencia de Eduardo Santos se consideró como la pausa de la revolución en marcha de López. Quien le había emprendido a la dirección del estado una orientación socialista apareciendo nuevas fuerzas productivas distintas a las que había encontrado el Partido Liberal en 1930. Las fuerzas estudiantiles y obreras entraron en ebullición ideológica, tensión permanente y pidiendo reivindicaciones sociales. Las primeras en las universidades públicas y las últimas en los sindicatos. El Liceo antioqueños se convirtió en el epicentro político de ese movimiento.

La República Española agonizó en marzo del 39 en manos del fascismo internacional, más producto de la anarquía y el caos de sus dirigentes en el poder que de las mismas fuerzas franquistas. Fue el primer gran triunfo de las derechas mundiales y sus reflejos se hicieron sentir en Colombia a través de la oposición conservadora acaudillada por Laureano Gómez. Gran parte de la juventud estudiantil se matriculó en el nuevo orden convirtiéndose en fogones ardientes fascistas y apéndices de las derechas españolas.

Hubo una manifestación por las calles centrales de Medellín contando con la simpatía de la quinta columna del Liceo antioqueño encabezada por entonces joven político Belisario Betancur al grito de “viva Franco”, viva Hitler, viva Laureano Gómez, abajo López, Stalin y Timochenco. Con esa provocación organizamos otra más caudalosa hasta el Palacio Nacional gritando viva el Partido Liberal, viva López, viva Churchill y viva Stalin.

La Segunda Guerra Mundial parecía extenderse a todo el mundo. Los gobiernos democráticos de Sudamérica empezaron a tomar medidas militares vigilando sus costas después del hundimiento del Graf Spee en Montevideo. Eduardo Santos llamó a los estudiantes de bachillerato a prestar el servicio militar con un fin secreto: el de enviar un contingente a Inglaterra. Los sábados a las horas de la mañana y en los patios del batallón Girardot, en Villahermosa, recibíamos la instrucción militar de parte del capitán Alberto Lara, bogotano y sobrino del doctor Eduardo Santos.

José Ignacio González Escobar

lunes, 21 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 1


 


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

MI INTRODUCCIÓN

El medico González, oriundo de Guarne y estudiado en Medellín se desempeñó durante los años de la violencia política en Concordia. Por eso vivió las relaciones tenebrosas entre el ejercicio de la medicina y las pasiones políticas. Confrontación partidista de niveles macabros en toda Colombia. Diabólico en los municipios del suroeste y noroeste de Antioquia.

Persona inteligente y culta por propia inspiración y deseos de disponer de una mentalidad mundialista por fuera los conflictos puramente provincianos y regionales.

Decidió contar la historia, en su libro: “CONCORDIA, AÑOS DE FRENESÍ Y DE GUERRA”. Al estilo del sacerdote Ernesto León Herrera quien escribió el trágico libro titulado “Lo que el Cielo no Perdona”, con el seudónimo de Fidel Blandón Berrio, por el cual fue hasta perseguido por su misma iglesia.

La profesión de médico y sacerdote no solo era fundamental por su impacto dentro del conflicto sino por tener que jugar en todos los bandos, como lo manda la obligación social profesional y humanista.

Este testimonio es una lección de nuestra pasada barbarie y de lo que nunca más debemos repetir. Los hechos los compartimos no por actitud morbosa con los acontecimientos sociales sino para aleccionar sobre el error, cuando se vive bajo los impulsos y los reflejos instintivos del ser humano en su más elemental naturaleza y cuando se ha desprovisto de su inteligencia.

Es un resumen de 50 hojas más fácil de leer del original de 560 páginas. Se hace mención de muchos personajes conocidos en Antioquia.  Por ello las ideas son saltonas y no guardan una ligazón directa en entre ellas pero siguen la secuencia necesaria para dar idea del contexto general de los acontecimientos y lugares. Es de estilo anecdótico.

EXPLICACIONES SOBRE LAS CAUSAS.

Las causas de la “Violencia Política”, como se ha dado en llamar, son muchas y con la característica de ser un fenómeno de razones continuadas en la historia. Por eso no puede decirse que ellas surgieron únicamente en una fecha exclusiva ignorando los motivos anteriores.

Como hay que cortar el tiempo en algún momento, consideramos que lo más esclarecedor es el de enumerar solo las circunstancias que suscitaron los hechos más álgidos, que fueron en la segunda violencia política, de las dos que así se les ha llamado, durante los gobiernos de Ospina Pérez, Laureano Gómez y Rojas Pinilla.

De esa forma solo es necesario decir que la primera violencia política, de menor magnitud territorial y temporal, por haber sido contenida por la guerra con el Perú, se dio durante el gobierno de Olaya Herrera. Y de ella provinieron varios motivos que impulsaron la segunda. Sin ignorar, igualmente, los rencores que provenían de las muchas confrontaciones civiles que acontecieron en los primeros cien años de vida nacional. En especial los de la “Guerra de los Mil Días” en los comienzos del siglo XX, donde los que fueron perseguidos, supuestamente por no ser los gobernantes, fueron los liberales.

Las dos violencias políticas corresponden a los dos cambios de hegemonía partidista del siglo XX. La primera violencia política fue en los años 30 cuando terminó la hegemonía conservadora, que había gobernado durante casi 40 años, e inició la liberal con la elección de Olaya Herrera. Los conservadores, que se sintieron perdedores y agredidos por los liberales en el poder, buscaron defenderse de la persecución oficial.

La segunda violencia política se comenzó a madurar a finales de la década de 1945, después de 17 años de hegemonía liberal, cuando hacía poco había asumido el poder el conservador Ospina Pérez y con él se había reiniciado otra hegemonía conservadora. En ella, el sentimiento de los liberales fue el de ser los perdedores y perseguidos por los conservadores en el poder y buscaron defenderse de la ofensa oficial.

Por eso es razonable pensar que ambos partidos han provechado la posesión del poder para diezmar al partido contrario. Y decimos posesión porque se asumía que el gobernar era un asunto más de propiedad para fines partidistas y menos para propósitos de beneficio nacional. Aunque los dignatarios lo enmascaraban, con o sin premeditación con declaraciones patrióticas que no correspondían con la realidad de sus actuaciones.

La segunda violencia, a su vez, se dio en dos partes. La primera parte durante los gobiernos de Ospina Pérez y Laureano Gomes, conservadores. La segunda parte y final, durante Rojas Pinilla, militar. Gobierno neutral pero acusado, por parte de sus opositores al final de su periodo, de ser conservador. Es evidente que aunque casi logra una total tendencia nacionalista y por ello intermedia, la polaridad sectaria era tan fuerte que, tratando de apartar a los dos partidos en contienda, se le acomodaban inclinaciones altamente tradicionalistas. Las que son propias de los conservadores en lo político y de la doctrina militar en lo institucional.  

Después de ella la cultura política colombiana había madurado aprendiendo dolorosamente de los cruentos acontecimientos y se acordó hacer una valoración con el fin de tener claridad del fenómeno. El propósito era el de evitar y contener su repetición.

Para ello se nombró una comisión investigadora que, de manera imparcial, aclarara el fenómeno. También para indicar las responsabilidades. Esa delegación fue encabezada por Monseñor Guzmán Campo. Su trabajo fue esencialmente el de recoger los testimonios y hacer una evaluación analítica con sus conclusiones finales.

El estudio, como era de esperarse, afectaría, positiva o negativamente, a los tres gobernantes que durante ella dirigieron la nación. Su responsabilidad sería dada por su comportamiento activo o pasivo. Como los hechos fueron evidentemente criminales, el resultado no podía ser de otra forma que la acusación descalificante. La investigación fue publicada en dos partes o libros titulados: “La Violencia en Colombia”. Desde luego, los tres presidentes involucrados solo podían asumir alguna de las tres posiciones posibles:

La primera. Guardar silencio por el momento y dejar ese estudio para épocas posteriores, como fue el caso de Ospina Pérez. Mariano pidió evitar que se abriera un nuevo período de recriminaciones, aduciendo que: "No es el momento de entrar en un análisis que es con frecuencia tendencioso y no bien encaminado, de los orígenes y la responsabilidad de la violencia, porque ese mismo debate dificulta la tarea pacificadora. La historia recogerá los hechos de los hombres y emitirá, a su debido tiempo, su veredicto justiciero, cuando se hayan apaciguado las pasiones y los odios. Que tratar de acumular exclusivamente sobre los demás todos los errores, inclusive los nuestros y nuestras propias frustraciones no sería patriótico ni ayuda en nada al país. Mucho más honrado, varonil y constructivo es aceptar que todos nos hemos equivocado, unos más y otros menos, y mostrar un valeroso empeño de rectificación y apaciguamiento de las pasiones para poder remediar así todos los males que le hemos hecho a la patria”.

Ospina buscaba la posición del "olvido" porque lleva implícita la condonación de muchos crímenes y responsabilidades, de hechos inadmisibles en un país progresista que precisamente empieza a adquirir una aguda conciencia histórica. Se le endilgó que no era acuerdo intentar que por dignidad histórica del Partido Conservador pudiera negar los errores del pasado. Que no era adecuado adoptar la actitud escapista pidiendo que ahora no se hicieran informes y no después. Tampoco se admitía que el Frente Nacional se había creado para no volver a hablar de la vida del violencia. Ospina Pérez añadió: “Que no se debía analizar los orígenes y responsabilidad de la misma. Ospina también sostenía que no era el tiempo de realizar ese debate porque muchos de los actores estaban vivos e interesados en defenderse de las acusaciones y que un estudio a fondo sólo serviría para exaltar los ánimos. Que no era la hora de recriminación ni el momento de hacer la historia de los luctuosos acontecimientos que hemos vivido”. Pero Ospina con su silencio positivo demostró sus sentimientos de culpa ante la conciencia nacional.

La segunda. La de rechazar abiertamente el informe, como Laureano Gomes. El periódico el Espectador sostuvo que aquella gran ofensiva contra el libro fue dirigida por el expresidente Laureano Gómez en persona. Laureano escribió: "un libro sectario, un insulto a la dignidad histórica del Partido Conservador por reducir el estudio de la violencia principalmente al periodo entre 1948 y 1957, cuando este partido gobernó al país". Por medio de su periódico el Siglo desplegó su agresión verbal llamando a Monseñor Guzmán, autor del libro, de “sacerdote renegado, expárroco de pueblo colimense, clérigo suelto, párroco en receso, clérigo rojo y monstruo Guzmán”. A Eduardo Umaña Luna, otro de los tres autores, lo llamó: “abogado liberal incompetente, librepensador extremista, abogado volteriano y enciclopedista”. A Orlando Fals Borda lo descalificó: “por ser protestante, usar mal las fuentes, que constituía un extraño maridaje entre un sacerdote católico y un sociólogo protestante. Era un traidor a la patria, que desfiguraba la realidad”. Que no debían admitirse decanos protestantes en la Universidad Nacional, que los autores carecían de título académico para escribir. Que eran unos apologistas de la violencia y que cualquier obra científica debía ser de una imparcialidad absoluta para lo cual era indispensable preparación académica de los autores.
(yo agrego. Se usan muchas descalificaciones personales a falta de argumentos de fondo objetivos para demeritar la investigación.  Se lanza una verdad, como lo es lo de la imparcialidad pero con el fin de afianzar un error como lo es la de exigir título académico para escribir. Astucia muy habitual y en quien desea confundir a una mente desprevenida, que no cae en cuenta que una verdad no puede usarse para lanzar una mentira).

También dijo en su periódico que los fines partidistas de quienes escribieron el informe, un sociólogo protestante, un abogado liberal y un cura párroco católico, le quitan toda respetabilidad a la obra.

(Yo agrego la oposición rabiosa de Laureano contra el informe, usando su periódico de "el Siglo", la de la Iglesia y los conservadores, le dio más prestigio y fama al libro. En lugar de desacreditarlo lo acreditaron).

También considera que el libro sobre la violencia no es científico, sino sectario: porque en su prólogo se agradece los bandoleros por no haber matado a los investigadores y por qué en el capítulo final se usa todo un arsenal de vocablos para imputar todos los crímenes al conservatismo, el Ejército, la policía y el gobierno. Porque la valoración de los criminales no puede hacerse pasar por sociología, porque no hay voluntad de encontrar la verdad sino por el contrario de implantar la mentira, que se emplean fuentes sin crítica alguna, que se usan novelas sectarias, que se acude al archivo personal, que otras publicaciones periodísticas no son fuentes autorizadas, que no puede usarse el archivo personal de un sacerdote excomulgado como fue el padre Fidel Blandón ni que tampoco se debieron tomar declaraciones de víctimas. Que la cátedra de sociología se ha convertido en el expediente cómodo del liberalismo contra los conservadores.

Laureano se puso más en evidencia que el mismo Ospina con su furibunda actitud en cuanto a su culpa de los acontecimientos.

Y la tercera. La de Rojas Pinilla quien asumió con valor de enfrentar sus responsabilidades, ser juzgado políticamente y condenado, como así lo fue.

Basta solo decir que ello demuestra las diferencias que existen entre las actitudes de los gobernantes civiles y la de los improvisados gobernantes militares cuando, por desgracia, los acontecimientos los obligan a la ingrata función de gobernar políticamente sin ser su fin y objetivo primordial. Debió gobernar militarmente de ocasión por la imperante necesidad de los hechos impropios que causan los incompetentes mandatarios civiles de profesión. Es la conclusión negativa.

La conclusión positiva. El estudio final de Monseñor Guzmán demostró que somos capaces de aprender por medio de la autocrítica y la autovaloración de nuestra historia y de los sucesos. Así sea un doloroso proceso de aprendizaje con los muchos ensayos fallidos, errores y tropezones. Que, de todas formas, dejan cicatrices y secuelas que solo las borra el tiempo.

Por esas situaciones, 35 años después, dando gusto al pedido de Ospina de guardar silencio, mostrar el motivo de la furia de Laureano y los errores del militar que buscaba separa a los dos pugilistas mostrados en el informe de “La Violencia en Colombia”, muchos de los ya viejos protagonistas, aplacados los ánimos y reducidas las posibilidades de resurgimiento de los resentimientos, han decidido dejar testimonio escrito y duradero. Como el del médico José Ignacio Gonzales Escobar, para que sirvan de lecciones preventivas a la posteridad de tantos sufrimientos inútiles y vergonzosos. 
Coronel Iván González U.

CONCORDIA, AÑOS DE FRENESÍ Y DE GUERRA

JOSÉ IGNACIO GONZÁLEZ ESCOBAR

CAPITULO 1

IDEAS SUELTAS A MANERA GENERAL.

Antonio José Restrepo, catalogado entre los mejores oradores de Colombia, al lado de José María Rojas Garrido, Diógenes Arrieta, José Camacho Carreño, Jorge Eliezer Gaitán y Laureano Gómez. El hijodalgo nació en Concordia en 1855 y murió en Barcelona el 1 marzo 1933.

Salvador Ruiz (Salvo), nació en la vereda Piedra de Candela, en Concordia, en 1873 y murió en Medellín en 1961. Considerado como el último juglar antioqueño.

Evangelista García (La Mona García). Nacida y fallecida en Concordia, profesión cantinera y prostituta, musa inspiradora del maestro "terruño".

Justina Correa, nacida en Concordia. Consideraba al sexo superior a la muerte. Vivían en las cercanías del cementerio, desnudándose frente a todo entierro que pasaba. Madre de Justino Correa, albañil que sostuvo un duelo a los hachazos con Mercedes Vasco en la fonda caminera de Partidas, en Bolombolo.

Regina 11, “hecha en Concordia, para presidente de Colombia”. Personaje de resonancia nacional.

Don Jesús Cock, maravilloso conservador y conversador, excelente ciudadano, patriota. En el año de 1942 en la vereda El Granizal del municipio de Guarne me mostró unos documentos inéditos sobre la obra llamada La Vorágine o Relatos de Cauchería. Conoció a José Eustasio Rivera en Orocué. Me enseñó un gran respeto por los personas de la tercera edad.

La muerte de Cándido Leguizamón me la contó en Monterrey el médico militar que lo atendió y lo llevó a Bogotá.

Parte sobre el golpe de Pasto contra Alfonso López lo obtuve de primera mano en con confidencias serias y responsables en el municipio de Concordia.

En los turbulentos años del 50 encontré en la plaza de Betulia a un individuo bonachón, tabaco permanente en la boca, que mantenían en su carriel unas seis orejas de liberales recientemente asesinados. Especie de banco de orejas. Este ciudadano aún vive.

Ñito Restrepo jamás supo de la existencia y de la obra folclórica de su coterráneo Salvo Ruiz. Salvo también narró esa relación a Benigno Gutiérrez, a quien le exigió no fuera a delatarlo. La amistad entre Ñito y Salvo fue una creación de periodistas y León Zafir, y la necesidad económica del propio trovador.

El golpe de estado del día 13 junio 1953 lo supe el día 12 en las horas de la mañana, en Caucasia, de boca del Sargento Cárdenas, en ese momento alcalde militar de esa población. Esto nos lleva a pensar que ese acontecimiento no fue espontáneo sino premeditado y planeado por los Fuerzas Armadas. Con Eugenio Villa Hauesler y con su hijo Alberto, quien fue un médico brillante en Concordia, en la noche del 13 de junio de 1953, analizamos en el consultorio de Joaquín Aristizabal, el golpe militar.

Marinilla ya era la meca del conservatismo colombiano, sobre Dios, sobre la religión católica y sobre la rigidez de la propiedad privada. Se irradiaba de allí a todos los pueblos del oriente y aun al Valle de aburra.

TRANVÍA DE ORIENTE

Hubo atraso para construir el ferrocarril de Antioquia por el oriente antioqueño. Pasaría por Guarne y Marinilla y de allí al Magdalena, vía puerto Berrío, pero luego imperó la vía del Porce, donde el General Ospina tenía la hacienda "la Carolina", que es la vía actual. A la cabeza de Román Gómez, aprovecharon el antiguo trazo con el apoyo de los últimos gobiernos conservadores y del presupuesto nacional hicieron el tranvía de oriente, el cual fue visto con simpatía por el gobierno del doctor Olaya Herrera.

La estación principal, llamada Cobertizo, quedaba en el barrio Manrique. Salía para Marinilla a las seis, a las 12 y a las cinco de la tarde. Cada tercer kilómetro y cada seis, teléfono de manivela y sin vigilar. Los rieles y los tranvías fueron de fabricación belga. El empolinado era de comino traído de las montañas de Urrao y del Magdalena. Tenía un ramal a San Antonio de Pereira, en Rionegro, donde había otro cobertizo. El tranvía cruzaba la población de Guarne. Era un alegre espectáculo ver a los vehículos llenos de turistas, campesinos y campesinas, flores, pacas de cabuya y bultos de carbón de leña.

En 1932, el país se había comprometido en una guerra dudosa con el Perú y era frecuente ver reservistas con vestido kaki recibiendo instrucciones en las diversas mangas cercanas a Medellín.

VEREDA GRANIZAL

Unos de los vecinos de la vida del tranvía de oriente eran Carlos y Roberto Vieco, compositores de música. En el kilómetro 15 quedaba la Sierra con un panorama fantástico sobre el Valle de Aburrá y una fonda caminera, a un lado de la finca de Dionisio Arango Ferrer, en donde estuvo refugiado Laureano Gómez después de los sucesos del 9 abril. En el kilómetro ocho la finca las Tablanca de la familia Isaza que era frecuentada por Mariano Ospina Pérez.

Jesús María González (Chucho), tenía una propiedad en lo que corresponde al barrio Santo Domingo Sabio. Sus hijos, cazadores y pescadores de tiempo completo. Tenían hay un polígono de tiro, una perrera de cacería y una armería donde construían escopetas. Chucho construyó por esa época el colegio de María Auxiliadora en donde antes estaba la casa primitiva del General Ospina.

Jesús combatió en la Guerra de los Mil Días y en guerras civiles anteriores a esta. Tomó parte del combate de la Humareda. Obtuvo en el campo de batalla el grado de Coronel. Admiraba sinceramente a Uribe Uribe y le falta una pierna. En la década del 10, con Augusto Quevedo, se trasladó a los Llanos Orientales conociendo a José Eustasio Rivera. Trató a Barrera, uno de los principales personajes de la Vorágine. Como este practicara la esclavitud en los Llanos, don Jesús se peleó con él, y huyó por los ríos Guaviare y Orinoco hacia Venezuela. Por su parte Barrera descendió por uno de los ríos en un pongo acompañado de una atractiva mujer y un cura. La damisela y el sacerdote se ahogaron.

Era un hombre amigo de la lectura y por eso seguíamos en el año 42 y 43, leyendo los periódicos de la época, las batallas del frente ruso y el desembarco en Sicilia. En su casa conocí a las hijas de Efe Gómez, ingeniero y escritor nacido en Fredonia.

Nicanor Correa, oriundo de Yarumal, era matador de cerdos en la vereda. Había cometido un homicidio en su pueblo natal. Había estado en la cárcel. Era amigo de “Rivera y Calzones”, dos ladrones célebres en Medellín quienes robaban a los ricos y daban a los pobres. Correa servía como amortiguador o mediador para que la vereda Granizal estuviera fuera de fechorías.

El día de las elecciones por la mañana, mi padre monta un caballo amarillo trotón y se venía arriando los electores hasta el barrio Manrique en donde se los entregaba al capitán del barrio. Regresaban en las horas de la tarde eufóricos y achispados con la noticia de que el Partido Liberal había ganado.

Granizales era una aproximación a la felicidad.

BARRIO SANTANA

En el barrio Santana estaba la iglesia San Miguel en eterna construcción quien tuvo como primer sacerdote al padre Pierre Lacroix y, más tarde, al curita Rafael García Herreros.

En la cantina de Emilia Pardo funcionaba el garito del barrio donde se gestaban las peleas a los puños, las cuales se verificaban dentro de ciertas reglas del juego. Se prohibían las armas. El pueblo detestaba y aislaba a los sanguinarios carniceros.

Para la década del 30 se produjo la caída del teatro Alcázar donde murieron ocho personas mientras presenciaban la proyección de la película "Bolero". En su reconstrucción le pusieron el nombre de María Victoria, en honor de una hija de Gonzalo Mejía. (La que inspiró el nombre del avión Marichú).

Por los barrios la Toma y Quebrada Arriba en 1879 hubo un combate entre liberales y conservadores durante el gobierno del generalote caucano, tomando parte Alberto Restrepo Trujillo, hermano mayor de Ñito Restrepo, quien fuera célebre por las famosas cargas que daba con sus macheteros. Allí fue el combate de Cuchillón donde actualmente hay un polideportivo.

En una de las cantinas de la Guaira, apéndice sur del barrio Guayaquil, Belisario Betancur, en compañía del periodista Miguel Zapata, se agarró a los puños con un conductor liberal después de una acalorada discusión política con la sombra de Laureano Gómez en el fondo.

domingo, 20 de octubre de 2013

CAPITULO V POLITICA RELIGION Y VIOLENCIA


CAPITULO V

LA SEGUNDA ETAPA DE LA CONFRONTACION
De todas formas quedaron unos pocos liberales que no se acogieron a la oferta de Rojas. Se volvieron a organizar y rearmar. Que es la guerrilla que conocemos hoy en día. Un poco antes se había creado la de Tirofijo. Tirofijo fue a Pabón a ayudar reorganizar la cuadrilla de liberales no amnistiados. Se formaron otros jefes guerrilleros como Alfonso Flórez, apodado el Pálido y José Chavarriaga. Cuando los conservadores lograron matarlo en el corregimiento del Socorro, montaron su cuerpo en una mula y lo llevaron a Concordia. En el zaguán de la alcaldía lo pusieron sentado en un taburete y le pusieron velas cual burlesco velorio de difunto. Los Godos pasaban y le daban patadas diciéndole: “Tan guapo, parate de ahí” eso duró cómo dos días.


A LA IZQUIERDA ALFONSO FLÓREZ O JOSÉ MIGUEL ARANGO, “EL PÁLIDO”, EXCABO DEL EJÉRCITO. DERECHA JOSÉ CHAVARRIAGA, “CAPITÁN CONEJO”
Otros que se hicieron jefes guerrilleros fueron un Vélez y Germán González apodado “German Gurre”, que se fue para la guerrilla después de ser aporreado por los Godos.

LA APALEADA DE “CHICHE” EN CONCORDIA
Rafael Mejía, fue un Capitán del Ejército oriundo de Concordia. El ya había estado en Concordia de Capitán habiendo matado a muchos. Le había incendiado la casa a la gente campesina de la vereda de Morelia. Se le robaba las cosechas y a los que no mató cortándoles la cabeza, los hizo huir. Junto con otros chusmeros como Víctor Laverde, les robó las tierras a varios campesinos y se hicieron ricos. Rafael y Víctor no tenían un peso y resultaron dueños de casas, fincas y carros.

Estando Aníbal González de alcalde me tocó ver como maderiaron al hermano de German González, apodado amistosamente “Chiche González”. el motivo fue porque no les decía donde estaba su hermano German, que era liberal y para provocar que German se presentara a las autoridades. German se había enfrentado a las autoridades con éxito y no lograban cazarlo. Además temían sus habilidades para evadirlos y defenderse de la persecución.
Nosotros vivíamos en una casa de dos plantas que estaba a una cuadra antes de subir a la plaza por la vía de ingreso a la población. Tenía un corredor en el segundo piso con puertas y ventanas de postigo hacia la calle. Estábamos las mujeres solas porque mi esposo Hernán no llegó temprano a la casa habiéndose quedado hasta tarde en la plaza, como a veces lo hacía por ser día domingo de descanso.
En la noche, como a la una de la mañana, yo escuchaba conversaciones en voz baja provenientes de la calle. Habían bajado del parque el alcalde Aníbal González con Víctor Laverde y con Rafael Mejía, conservadores, hasta el frente de la casa. Pude ver, por un entreabierto postigo, que Víctor Laverde estacionó un carro en la calle de esos camperos llamados jeeps. Lo tenía prendido y acelerado haciendo bulla para que no se sintiera lo que los otros estaban haciendo un poco más retirado.
Uno de los andenes era bajo con respecto a la vía y formaba un ligero canalón. Por esa acera bajaba Chiche muy borracho. Aníbal con sus compañeros y la policía lo alcanzaron y lo cogieron en ese zanjón. Lo aporrearon fuerte y muy feo, porque era liberal y hermano de German.
Con la bulla mi mama se levantó y me preguntó sobre lo que estaba pasando. Se escuchaban insultos. Le sugerí que mirara por una ranura semiabriendo la mirilla. Mas, no se contentó con eso sino que abrió toda la ventana. Ellos se dieron cuenta, se sintieron descubiertos, dejaron de golpear a Chiche y se fueron de regreso al parque. Chiche como pudo se paró y caminó en dirección a su casa próxima a la nuestra.
 
Alguien avisó a Don Manuel Osorno y Don Jairo Fernández, liberales buenas personas, sobre lo que le había pasado a Chiche. Se juntaron con Don Manuel González, conservador y otros conservadores buenos. Llamaron al gobernador y le contaron lo que estaba haciendo Aníbal como alcalde. Como era factible que no les creyera le prometieron enviarle al agredido en las mismas condiciones como había quedado después de la paliza. Sin ni siquiera curarse y limpiarse las heridas. El gobernador, a su vez, prometió esperarlo. Sacarían a Chiche desde el cementerio en las afueras del pueblo donde le tendrían un carro dispuesto para ir a la cita con el gobernador para que lo viera.
El lunes muy temprano yo pasé por el frente del cementerio en compañía de mi esposo Hernán en dirección a la finca de El Pedrero, donde vivíamos. Yo le pregunté quién era esa persona maltratada que estaba en ese lugar, porque no lo reconocí. Me dijo que era Chiche que estaba esperando el carro para que lo despacharan para Medellín. Llegó donde el gobernador quien lo vio, lo mandó curar y al alcalde Aníbal lo destituyó.

LAS RETALIACIONES SOCIALES
Cuando las cosas se aplacaron y ya no era alcalde, Aníbal comenzó a salir al pueblo del campo donde vivía. Los liberales que no habían olvidado las afrentas que hizo como alcalde y eran vengativos, le decían que se perdiera o de lo contrario lo matarían. “De alguna de las dos te las vamos a cobrar”. Él se vio tan acosado que le dijo a Estela González, su esposa, que no podía resistir el asedio social y se fueron del pueblo a vivir a Medellín. Como a los 3 años regresó aburrido de la ciudad. Las amenazas se repitieron porque no le habían perdonado. Otra vez se fue a Medellín y ya no pudo regresar jamás.
El conservador chusmero Antonio González, Murrungo, se mantuvo escondido en el pueblo confiado en la paz política de Rojas. Aunque se mantenía receloso aun de las incriminaciones de la conciencia colectiva del pueblo. Comenzó a salir y a practicar su afición por la cacería y la pesca. Uno de los lugares que acostumbró fue por los montes de la finca El Pedrero. Él sabía que no corría peligro en eso lugares puestos que Hernán, mi esposo quien administraba la finca, era uno de los conservadores calificados dentro de los buenos. Con el no corría peligro de reproches y menos agresiones, aunque savia que no compartía sus tropelías como Godo. No le era del todo de su agrado que Antonio fuera cazar por esos lares, pues la gente todavía recordaba que Murrungo era visto como malo. Pero lo toleraba por contribuir a la convivencia.
Cuando Antonio tomó más confianza, se arriesgó a bajar hasta la orilla del rio Cauca a pescar. Por esos lados vivían unos liberales vengativos quienes le salieron. Le dijeron que no lo mataban en consideración de los compañeros de pesquería. Pero si volvía, en la próxima oportunidad no quedaría vivo. Se fue del pueblo a vivir a Medellín hasta el final de sus días.

Laureano murió en España exiliado. Rojas debió deponer su mandato por otras razones distintas a las de la violencia. Fue juzgado por el congreso, condenado a prisión que pagó un tiempo en una nave fondeada en el Atlántico. Otro tiempo en una Base de la Fuerza Aérea. remota y en medio de la selva amazónica, Tres Esquinas, en la confluencia del rio Orteguaza con el Caquetá.

La violencia política se terminó en estos lados de Antioquia. Y se inició la violencia guerrillera comunista y liberal en otras partes del país. En especial al sur del Tolima, el Sumapaz al sur de Cundinamarca,  el oriente del Huila y el piedemonte de los llanos orientales por el rio Guayabero, el rio Duda, el rio Caguán y los ríos Pato. Que es otra historia.

“LO QUE NO HEMOS DE REPETIR” -  “LO QUE EL CIELO NO PERDONA”

LIGIA URÁN R.       IVÁN GONZÁLEZ U.

martes, 15 de octubre de 2013

CAPITULO IV POLITICA RELIGION Y VIOLENCIA

CAPITULO IV
VIOLENCIA EN CONCORDIA
La violencia en Concordia, que ya se había prendido ligeramente, cogió fuerza. En Concordia se dieron conservadores muy buenos a quienes las esposas de los liberales acudían para que abogaran ante las autoridades por sus esposos encarcelados y maltratados. Ellas temían que si pasaban la noche en prisión, en medio de la oscuridad fueran a ser llevados al “Curva de la Oreja o al Puente de la Vieja” o a la vereda Morelia, donde solían masacrarlos. Estos conservadores debían hablar con el alcalde Bernardo Jaramillo. Un godo muy malo, nombrado por el gobernador también conservador, como era en ese tiempo. Estos gestores conservadores debían adquirir el compromiso de responder por el buen comportamiento de sus protegidos liberales.
Algunos de esos espontáneos abogados conservadores, como fueron los hermanos Hernán y Francisco José González, lo único que podían hacer era aconsejar a los liberados de la prisión de comprar los víveres y marcharse pronto a sus casas y fincas, porque en el pueblo no podían asegurales que no fueran perseguidos. Además temían que si se emborrachaban, cometieran desmanes que darían motivo para ser capturados de nuevo. Solo bastaba con lanzar un “Viva el Partido Liberal” para ser acusados de revoltosos e incitadores a la rebelión. Motivo de cárcel inmediata y sin orden judicial.
LA HUIDA DE LOS MÉDICOS Y LOS SARASOLAS
Don Manuel González quien fue un conservador muy bueno, salvó a mucha gente escondiéndolos. Él y otros compañeros sacaron al médico Bruno de su consultorio porque se enteraron de que lo buscaban para encarcelarlo. El medico Bruno era muy apreciado porque era buen galeno y hacia muchos favores a la gente, caritativo y honorable. Había sido el gestor de la construcción del magnífico hospital local. Para eso les pusieron un carro a la salida del pueblo para que pudieran escaparse ilesos hacia Medellín. También se fueron al hospital a sacar a un doctor Sierra, que era el jefe del hospital. No era de Concordia pero lo buscaban por razones partidistas.
Les pidieron que no cargaran ni siquiera las maletas por la prontitud. Ellos se encargaban de mandarlas después. El doctor Bruno muy ofendido dijo que no perdonaba a Concordia y no regresó jamás.
Los Sarasolas, dos hermanos que vivían cerca a nuestra casa también fueron perseguidos. Don Manuel González hizo lo mismo que con los médicos. Los sacó en la noche del pueblo. Para eso debían volarse rápidamente por los subterráneos, solares y patios traseros de las casas. De esa forma debían llegar hasta el cementerio, a la salida del pueblo, donde los esperaría un carro para trasladarse a Medellín.
Las esposas y en general las mujeres, normalmente en el pueblo, no corrían peligro pero estaban con miedo. Por eso nos solicitaron que las dejáramos pasar la noche en nuestra casa y compañía. La casa tenía un corredor exterior que le daba la vuelta. Cuando los chusmeros llegaron por los hermanos Sarasola y no los encontraron, sospecharon que podrían estar en la nuestra.
A las 8 de la noche escuchábamos conversaciones en voz baja y que alguien fumaba en nuestro corredor. Eran muchos Godos esperando por si alguien salía o se abría alguna ventana para atraparlos. Nosotros guardamos silencio como hasta las 4 de la mañana, hora en la que se fueron en vista de no lograr nada dejando las colillas en el suelo.
De esa misma forma fueron muchos los que debieron de huir del pueblo. Paradójicamente Don Manuel González era hermano de Antonio González, apodado Murrungo. Este último un godo muy malo.
INDISCRIMINADO ODIO Y LA BALACERA
La efervescencia era tal que hasta en cosas personales se reflejaba la discordia. Los colores distintivos de los dos partidos eran el azul para los conservadores o Godos y el rojo para los liberales o Manzanillos. Como Concordia era de similar número de población conservadora y liberal, pero el gobierno local era conservador, era reprochable vestir prendas rojas a riesgo de ser aporrado.
Aun así, yo salí un domingo a mercar a la plaza del pueblo en los toldos que se instalaban los domingos, día de mercado, con mis hermanos menores. Al llegar a la esquina del parque, donde estaba la tienda del señor Pipe Betancur se prendió la plaza. Solo se escuchaba bala y la gente corriendo. Los toldos del mercado y las tiendas se quedaron vacíos. Todo mundo se escondía.
Yo preguntaba que pasaba. Don Pipe nos dijo que entráramos a su tienda, que la policía y los Godos estaban echando bala y matando gente. No sabíamos para donde correr. Nos metimos a la trastienda donde nos escondió hasta cuando se calmó la balacera. Logramos salir pero ese día ya no hicimos compras.
Después sacaron al alcalde, Bernardo Jaramillo, por malo y nombraron a Aníbal González, persona del mismo pueblo. Pero Aníbal fue peor. Con los allegados y conocidos se portaba bien pero con los demás era diferente. Ese domingo mi hermana Marina trabajaba en la Registraduría. Estaba en compañía con una amiga que era maestra en la vereda de Yarumal. Debido a la bala cruzada no podían salir de la oficina para ir a la casa a almorzar. Aníbal les dijo que podían estar tranquilas que él las acompañaría hasta la casa, como así fue. Después de prendido Concordia se incendiaron los demás pueblos como Andes, Bolívar y Salgar.  
 EL PROPÓSITO
Lo que se pretendía no era cosa diferente a impedir que el liberalismo participara en las elecciones presidenciales que se llevarían a cabo al siguiente mes de noviembre. Cosa que se logró plenamente, a sangre y fuego, garantizando la presidencia del candidato único conservador Laureano Gómez. Algo que no era difícil puesto que los liberales habían decidido, unilateralmente, no presentar candidato de su partido a la presidencia arguyendo falta de garantías. Se basaban en la persecución que les hacia el presidente Ospina y en la muerte de su líder Gaitán. Con este hecho se inició, ya en serio, la “época De la violencia”, que los campesinos bautizaron como “La Vida Mala” (1949-53)

FOTO QUE ILUSTRA EL LIBRO “LO QUE EL CIELO NO PERDONA” DEL PADRE FIDEL BLANDÓN BERRIO

LA CALMA INTERMEDIA Y REGRESO DE URIBE
La hecatombe duro todo el tiempo que estuvo Laureano en la presidencia hasta cuando Rojas Pinilla lo sacó de la presidencia. El general mandó de tal forma que el país regresó paulatinamente a la calma. El General dio amnistía a todos los alzados en armas, perdonó los delitos y aseguró que no haría retaliación contra los que entregaran las armas. Si se comprometían a salir del monte y se portaban bien no les aplicaría cárcel. Lo importante era que el país se apaciguara. Al comienzo salieron los liberales encuadrillados, enguerrillados y enmontados, fueron recelosos y solo los más guapos, al final, todos se sometieron. Solo quedaron dos pequeños reductos en zonas selváticas y alejadas. Como no les pasó nada a los últimos, los siguió el resto, que fueron casi todos, hasta que llegó la paz a los pueblos. Solo unos pocos siguieron en el monte.
Por esa razón los habitantes de Urrao decidieron no olvidar a su líder liberal y se propusieron restablecer la derribada estatua de Rafael Uribe. Debieron recoger las partes que se habían diseminado en distintos sitios. Algunos las habían guardado como recuerdo. Lograron restablecer en su mayoría el monumento. Formaron casi todo el cuerpo. Faltaba una parte importante, la cabeza. Alguien recordó que estaba en Concordia porque esa noche de la destrucción del monumento, los Godos se la habían llevado como trofeo. En Concordia le amarraron una cuerda a la cabeza y le daban patadas al tiempo que le gritaban: “Ya que sos tan guapo, párate”. Se reían y burlaban. La entraron a la tienda del concordiano Teófilo Escobar colocándola en el original. Posteriormente, cierto grupo de conservadores, la llevaron a la plaza de Cisneros de Medellín y también la colocaron con la boca hacia arriba en el piso del baño del café Roma, de Guayaquil.
Después, alguien supo de la reconstrucción y la mandó para Urrao. Se armó la estatua que pusieron, de nuevo, en el centro del parque en 1959. La restauración fue adelantada por el mismo artista que la esculpió por encargo de varios dirigentes liberales.
En tiempos más recientes, con motivo de una remodelación de la plaza, fue puesta a un costado de la misma plaza donde actualmente se encuentra con una placa recordatoria de las fechas de la construcción, de la destrucción y de la restauración. (Continua).
                

sábado, 12 de octubre de 2013

CAPITULO III POLITICA RELIGION Y VIOLENCIA


CAPITULO III
LA IGLESIA EN LA TORMENTA
De la discordia no se salvó ni la misma iglesia. Había algunos sacerdotes, con muchas influencias sociales y en la administración de los asuntos públicos, que tomaron partido. Sus favorecidos eran los conservadores ya que estos promulgaban la preponderancia de la iglesia en el pueblo. Era el partido que se oponía a las propuestas que los liberales venían haciendo desde comienzo de siglo por una mayor intervención del gobierno en varios asuntos sociales. Temas tales como una reforma al concordato, la educación oficial, la reducción de los privilegios tributarios de la iglesia, el registro civil de los nacimientos, la celebración de los matrimonios por vía civil y oficial, y otras cosas que disminuían el poder eclesial.
Hasta desde los pulpitos se llegó a incitar la persecución liberal. Se negaban a ese partido o se ponía cortapisas a los bautizos, los matrimonios, la educación en los colegios religiosos. La mayoría de los colegios eran de la iglesia que dominaba en ese campo por la deficiencia del gobierno en atender esa necesidad pública. También se ponían cortapisas a la extrema unción para los moribundos. Y hasta los servicios fúnebres de los difuntos.
En este último caso, aun desde antes de la “Vida Mala”, ya se habían dado discriminaciones espirituales. Un sacerdote que fue muy apreciado por las gentes de Urrao fue el padre Crespo. Sacerdote que hizo mucho por el mejoramiento social con educación, caridades, colegios, obras de beneficio colectivo y organización en general de la comunidad. Tanto fue la gratitud que a su muerte, el pueblo, con la misma devoción con que había erigido la estatua de Rafael Uribe Uribe, le hizo otra de igual magnitud para colocar sobre su tumba en el cementerio donde actualmente se encuentra. Aunque no pudo salvarse en vida de algunos deslices que son ejemplo histórico para lo que debemos evitar. Como por ejemplo el negar la inhumación de los difuntos que no estuviesen registrados debidamente como bautizados y declarados católicos para merecer descansar en el cementerio local administrado por la parroquia.

Para comienzo de la década de 1920 los liberales locales se vieron en la obligación de construir un cementerio de manejo particular. Ser liberal era motivo de discriminación religiosa aun después de muerto.  Al comienzo solo fue un lote que por ironía era contiguo al Cementerio Católico que regentaba el párroco. Fue creado, por los liberales para enterrar allí a quienes se les impedía el acceso al Cementerio Católico, por haberse suicidado, por ser ateos, comunistas, protestantes, haber muerto sin confesión, excomulgados o ser visto como delincuentes altamente reconocidos. El mismo que se conoció como “El Cementerio Libre o Laico”. Casi que quisieron decir “Cementerio Liberal”, porque los liberales no eran bienvenidos en el católico, que solo debía ser para los conservadores. Pero el suceso que más promovió su construcción fue lo acontecido en 1921.

El general Rafael Barrera, personaje que participó en La Guerra de los Mil Días, se fue a vivir a Urrao, por recomendación médica. Al morir allí en ese año y negarle el párroco Ceferino Crespo y García, sacerdote intolerante con las ideas políticas, a enterrarlo en el cementerio católico por ser liberal, Se le llevó al Cementerio Laico, en medio de una numerosa comitiva. (Durante muchos años los militares declaraban su partido político y sus ideologías sociales. Asunto que fue prohibido años después porque era propiciador a la filtración del partidismo en la milicia. Y fue fatal en las filas de la policía durante la cruel violencia policía de la década de 1950).   El acto produjo la ira del levita y la excomunión de los asistentes. Los partidarios del acto mejoraron las instalaciones y construyeron una elegante portada con una elaborada reja metálica a lo largo de la fachada. Parecía competir, por ironía, con la hermosa y similar que había construido el padre Crespo para el Cementerio Católico siendo ambos cementerios contiguos.

LA FACHADA DEL CEMENTERIO LIBRE, LAICO O GENERAL. A LA DERECHA Y POR FUERA DE LA FOTO, QUEDA LA DEL CATÓLICO EN URRAO

Cuando años después se terminó la violencia fascista de “La Vida Mala”, el cementerio fue suprimido por un gobierno conservador del municipio que reflexionó sobre la inadecuada diferencia, pero su fachada fue demolida. Los fallecidos se volvieron a enterrar en el católico. En la actualidad no queda nada de esa obra. Debió dejarse como memorador de épocas pasadas o como mínimo como obra arquitectónica histórica o de valor estético urbano.

ACTOS DE PERDÓN
No todos fueron retrógrados. Después de pasada la época de la Vida Mala se dieron actos de cordura, reflexión y reconciliación, tanto política como religiosa.

Durante la era del terror, no pocos liberales debieron refugiarse en los montes vecinos, algunos haciendo parte de la guerrilla liberal que dirigía el Capitán Franco. Quienes murieron en combates y era difícil recuperar sus restos o por negativas de la iglesia, se les daba sepultura en las veredas o en el Cementerio Libre.

Finaliza esta dolorosa etapa de nuestra vida nacional y municipal, con la llegada al poder del militar Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957), por golpe de estado apoyado por sectores del partido liberal y conservador. En general la burguesía que se dio cuenta que era incapaz de gobernar y mantener el orden. La misma que, luego, en 1957 paralizó el país con una huelga patronal para derrocarlo porque se estaba haciendo demasiado fuerte políticamente y les impedía regresar la dominio de la nación.
Se vio la necesidad de trasladar los restos de los familiares muertos, al tradicional cementerio católico local. Eso unificaba las mentalidades en el criterio de que después de muertos no debían prolongarse las diferencias tenidas en vida. Para el efecto y de acuerdo con el samaritano párroco, Manuel Arcila, fueron exhumadas tanto las tumbas de las veredas, montes y las del Cementerio Libre. Los despojos fueron trasladados a la población en donde se les hacía la velación y llevados al camposanto. Eran concurridos y tristes desfiles conocidos como “entierros colectivos”.
UNO DE LOS ENTIERROS COLECTIVOS EN URRAO
Se dice que allí iban los restos de Luis Delio Mejía, más conocido como El Míster. Legendario guerrillero liberal muerto en combate. Y Lino Porras, educador fusilado por las tropas del gobierno, quien compuso cantos y poesías sobre la Vida Mala, y muchos otros. (Continua).