AERONAUTAS Y CRONISTAS

viernes, 7 de abril de 2017

EL ABUELO DE LA FAMILIA

EL ABUELO DE UNA FAMILIA DE BLACK HAWKS.



BLACK HAWKS

Tengo el rostro raído por el tiempo y la guerra, mis cicatrices cuentan una a una la historia de mi vida. Soy veterano si, pero aún me quedan fuerzas para luchar. Mi nombre es FAC 4101.

Nuestra misión en Colombia comenzó aquella tarde del 14 de julio de 1988, cuando en el compartimiento de carga de un avión norteamericano C-5 Galaxy llegamos a Palanquero los primeros cinco UH-60 de la Fuerza Aérea Colombiana. Veníamos estrechos e indefensos con las palas atadas hacia atrás, en un ambiente silencioso y húmedo que poco a poco nos ahogaba. En aquel lugar el tiempo trascurrió inerte, hasta que el lacónico sonido de un motor eléctrico abrió con suma pesadez la gran compuerta que horas atrás se había cerrado en Stratford, Connecticut, Estados Unidos.

El reloj empezó a girar cuando ya en realidad nos encontrábamos en medio de un conflicto armado; Íbamos y veníamos por entre la agreste geografía colombiana; volábamos por la alta Guajira, el lejano Amazonas, Ipiales y Acandí en Antioquia; las balas del fuego enemigo  rozaban nuestra piel; algunas de ellas calentaron nuestras latas atravesándolas de lado a lado; ciertos impactos eran insignificantes y nos permitían continuar con la misión; otros en cambio,  eran de  tal gravedad que nos obligaban a aterrizar de inmediato para determinar la magnitud de los daños. 

En tres ocasiones me enviaron a tierra por causa del fuego enemigo, la primera de estas, la que fue mi bautizo de fuego siendo solo un novato en cuestiones de guerra, con ínfimas 469 horas de vuelo y acabando de cumplir mi primer año de vida. Fue un 27 de julio de 1989 mientras terminaba una misión de asalto aéreo cerca de Montería en la que el enemigo me brindó una calurosa bienvenida.
Aún recuerdo el terrorífico grito de los soldados que llevaba abordo y el impactar de las balas atravesando mi fuselaje. Bastó una bala, la que perforó mi motor izquierdo para que una fumarada pintara de negro el azul del cielo, se escuchó el sonido del motor fuera y en la cabina el color rojo adornaba los instrumentos con señales de peligro.

El piloto intentó hacer un sobrepaso pero ya caíamos en la selva a unas pocas millas del territorio enemigo, mi cuerpo golpeaba entre los árboles y los troncos que se iban quebrando me atravesaban como puñales. Todo sucedió rápidamente, el ensordecedor golpetear de mis palas contra los árboles, los gritos de dolor de los soldados que llevaba abordo y el aullar de la selva al interrumpir su densa calma. Mi cabeza permaneció aturdida entre los ramales y al intentar moverme mi cuerpo no respondía más, estaba parcialmente destruido.

Luego de un rato los soldados que quedaron heridos se alejaban afanosamente de mí, buscaban un refugio temiendo que explotara en mil pedazos. Permanecimos ocultos en la vegetación a la espera de nuestro rescate. Unas horas mas tarde un helicóptero evacuó los heridos, levantó su vuelo y mientras se alejaba, note en él un gesto de amargura, como si se despidiese de un muerto.


EN MEDIO DE LA SELVA

Impávido, me acompañaba la muerte y una selva que sé hacia más espesa con la caída de la noche.  La luz del alma se me iba apagando lentamente, el sonido de miles de animales se alborotaba, tal como lo hacia el tambor del caníbal al buscar su presa. El tiempo se olvidó de mí y cruzo de largo. Pasó el primer día y aun permanecía tendido en aquel lugar. Escuchaba el ruido de las ametralladoras y los gritos de furia que detrás de la jungla escondían las fauces del enemigo. Intentaba respirar, pero el húmedo olor del inculto bosque se mezclaba con el de mi sangre y mi miedo.

Al amanecer del segundo día era un ser agonizante, sentía la boca áspera, el cuerpo entumido y mi sangre se secaba bajo el sol, los insectos se acercaban atraídos por el hedor de la muerte. Balbuceaba mi ultimo perdón y mi último “¿por qué?”.

De repente sentí una fuerte ráfaga de viento que sacudía los árboles y levantaba la tierra, levante con suma pesadez la mirada y vi que en medio de las tinieblas un helicóptero UH-60 Black Hawk (FAC 4104) hacía vuelo estacionario sobre mí. Descendieron dos hombres que me engancharon a una eslinga y me levantaron entre los árboles hasta un sitio más seguro, en el cual pudieran desarmarme en partes. A pocos metros de la que pudo haber sido mi tumba, los hombres que vinieron a mi rescate removían la transmisión bajo el fuego del enemigo. Algunas veces se ocultaban detrás para evitar el hostigamiento. Al finalizar esa misma tarde me izaron en dos helicópteros para llevarme a casa, el FAC 4103 y el FAC 4104 que en ese entonces eran volados por quienes hoy son el Señor BG. José Vicente Urueña (FAC 4103) y el Señor CR. Raúl Torrado (FAC 4104). Tres años después, regrese a Colombia en un largo vuelo desde los Estados Unidos. Cruzando por Centroamérica.

Gracias a nuestra maniobrabilidad y silencioso volar, nuestras primeras misiones entre muchas otras, consistieron en la evacuación de heridos desde el corazón propio de la guerra y los asaltos aéreos en el propio patio de armas de los campamentos enemigos.

De los 10 que llegaron conmigo se ha ido al cielo uno, mi buen hermano el FAC 4102, lo vi la ultima vez al despedirse en el Batallón Vargas de Granada Meta, fue el 11 de diciembre de 1991 justo en los últimos días de la operación de casa verde, ese día la angustia de sus ojos me insinuó que algo no andaba bien, uno de sus sistemas tenia graves fallas y debía volar de regreso hasta la base aérea de Melgar. Esa misma tarde, luego de un esfuerzo descomunal para cruzar la cordillera, pocos minutos antes de llegar a casa su ánimo no respondió más, levanto los ojos al cielo con rictus de perdón, cabeceo con furia y se despidió del hombre precipitándose a tierra. Termino su vida en un perpetuo giro sobre las ardientes tierras tolimenses.



EN RECUPERACION

En el año de 1994 llegaron los 4 jóvenes UH-60 “Lima”. Traían consigo nuevos motores y ciertos sistemas más evolucionados.  El 10 de noviembre de 1995 dejaron atrás el transporte militar para vestirse con armaduras, espada y sable, su carácter cambió, dejaron de ser dóciles como son los helicópteros de transporte, para convertirse en una estirpe de feroces guerreros, arrogantes, de mirada agria y temeraria que respiraban adrenalina y escupían fuego. Se sabe que en varias ocasiones continuaron la lucha, incluso estando heridos. Desde ese entonces fueron bautizaron como “Arpías”, EN SIMILITUD A LA FEROZ águila llanera.  
 
En 1992 nos atrevimos a retar el reino de las tinieblas y la oscuridad, se dio inicio a las operaciones con visores nocturnos convirtiendo la noche en nuestra aliada estratégica. El enemigo nos dejó de ver y hasta el sobrenombre de “la bruja” se nos puso, pues como ésta, resurgía de la nada y sin que sus victimas la vieren, atacaba en silencio, para luego desvanecerse entre la noche, le temían a mi sombra y al aullido del Arpía, que según ellos, merodea en la noche como si fuera el alma de la muerte.     

Innumerables anécdotas de guerra y de paz acompañan nuestro diario volar, como lo fueron, el aterrizaje a 16.000 pies de altura en el Nevado del Huila,  demostraciones aéreas exaltando nuestro poder aéreo, vuelo hasta a la isla de San Andrés con tanques auxiliares,  incontables misiones de búsqueda y rescate, otras combatiendo incendios forestales lanzando agua; considerables misiones de asalto aéreo y de ataques estratégicos, apoyo a países hermanos, misiones titánicas como el cambio de la transmisión, que es el corazón de maquina del FAC 4110  en plena zona de orden público (Guérima, Vichada), en donde los técnicos de mantenimiento tuvieron que combinar las herramientas con el fusil y convertir el compartimiento hidráulico en un centro de observación adelantado, emplazando una ametralladora M-60 para repeler el ataque.



Finalmente, al terminar con este corto relato y hacer un recuerdo somero de las etapas que han marcado nuestro estilo de vida en estas primeras 50.000 mil horas de vuelo, no me queda otra cosa que recordarles a las nuevas generaciones sobre el respeto y aprecio que hemos ganado de los hombres que día a día nos acompañaron en la ardua faena de esta guerra. Junto a ellos hemos conocido la mano del piloto agresivo, como la del calmado también; hemos sido instructores, alumnos, técnicos y combatientes, adquirimos el espíritu del colombiano inteligente y del campesino aguerrido.



EN PLENA ACCION

Sobre nosotros se derramó la sangre de cientos de hombres heridos y se escucharon los últimos suspiros del soldado muerto. Nosotros los viejos “Alfa” continuaremos luchando como lo hemos venido haciendo, veteranos, pero firmes y siempre con el alma altiva de valor. Hasta contemplar el Omega de nuestra existencia.

Mayor Ricardo Torres S.


LA RESPIRACION

ICARO:

Me preguntas el ¿por qué a los pilotos de combate se les oye por el sistema de comunicaciones como si hablaran entre un tarro?

Ellos siempre tienen que usar la máscara de oxigeno. Es una norma y doctrina constante por diversas razones. Y dentro de la mascara esta el micrófono o está superpuesto a la garganta del piloto sostenido con una correilla alrededor de su cuello. Como cuando si el medico nos pone el estetoscopio para captar los sonidos del corazón. Pero en este caso es la voz. A eso se debe que se escuche la comunicación muy nasal, como ablando dentro de un frasco o en tono grave por estar próximo a las cuerdas vocales. Por eso también se oye la respiración.

Los motivos para usar la mascara a baja altura, es porque los aviones pueden subir muy rápido donde ellos necesitarán oxígeno. Si no tienen la máscara puesta, es factible que por controlar el avión o por las fuerzas de gravedad y otros motivos, no puedan ponérsela a tiempo.

La presurización de los aviones de combate, si es que tienen, no es tan rápida como para hacer las compensaciones necesarias y porque por fuertes razones de seguridad no pueden ser aeronaves altamente presurizadas.

También porque la lucidez mental se sostiene mejor si usan oxígeno. Los virajes son muy fuertes debido las altas velocidades que generan fuerzas centrifugas. Y los ascensos causan las fuerzas “G” que se contrapone a la fuerza de gravedad. Fácilmente hacen que el cuerpo pese 5 o 6 veces su peso normal. Ambas tienden a dejar desabastecido de sangre el cerebro. Si la poca sangre que le llega esta rica en oxigeno, la perdida de reflejos y de lucidez mental es menor. Para evitar que la sangre se escurra a los pies, reduciendo la irrigación al cerebro, que les nubla primero la visión, después los reflejos y luego la razón, ellos usan unas bolsas de aire comprimido en los muslos y sobre el estómago. Son iguales pero de mayor tamaño y fuerza que la bolsa de aire que nos pone el medico en el brazo para medir la presión arterial.

Esas vejigas no solo estrangulan las piernas para que la sangre no se baje a los pies sino que la hace retornar a la cabeza, ya que el corazón no lo logra rápidamente. Es el mismo efecto que se ve cuando apretamos en la parte baja el tubo de crema dental para que el contenido salga por arriba. Y en el estómago evita que se descuelgue todo el contenido del abdomen que se inflaría como si fuese un embarazo momentáneo. De suceder arrastraría todo el contenido del pecho (el mediastino).

Esa cavidad aloja importantes componentes del cuerpo que asimilándolos a los componentes del avión serían los pulmones (el filtro de aire), el corazón (la bomba hidráulica) y las vías respiratorias (el sistema de ventilación). Si eso no se previene su desubicación genera malos funcionamientos. Todo eso sucede automáticamente de tal forma que el piloto está sometido a muchos efectos neumáticos, mecánicos y térmicos, que inciden sobre su fisiología. 

Su vocalización también es dificultosa cuando es en el momento de altas gravedades. Ellos apretan la boca fuerte para que no se les caiga la mandíbula. Situación que los obliga a vocalizar con la boca cerrada hablando entre los dientes. Si dejaran abrir la boca la pronunciación sería tan dificultosa que no sería entendible. Además el chaleco antigravedad les oprime la cintura para evitar que los órganos internos del pecho y el estómago se descuelguen afectándose las funciones fisiológicas. Las que son fundamentales tales como el ritmo cardíaco, la respiración y las estomacales. Eso también afecta al pronunciación.

La cabeza también tiende a caer y deben sostenerla en alto para que no se caiga sobre el pecho. Eso obliga a poner un poco de rigidez en el cuello deformando Igualmente las cuerdas vocales, que se descuelgan un poco deformando la voz.

La máscara no solo es necesaria solo para suministrar oxígeno al piloto sino para evitar que descienda el nivel de dióxido de carbono en la sangre, que genera nauseas, mareos y vómito. Cuando eso sucede la persona tiende a hiperventilar y eso agrava el problema. La mascara lo evita dejando un remanente dentro de ella que es rico en dióxido de carbono. El mismo que se inspira nuevamente con el oxigeno suplementario que aporta el sistema. La máscara también elimina el monóxido de carbono, que es altamente tóxico, que se pueda filtrar desde el motor o las armas cuando se presentan daños.

Es la razón por la cual el tubo de la mascara es bastante grueso, resistente y corrugado, para dar cabida a ese remanente de bióxido de carbono y dar confiabilidad de que no se romperá, así sea algo incomodo. De producirse fugas de oxígeno, no solo degradan su función principal sino que causan incendios (como sucedió en la estación espacial). El tubo hace la misma función que la pequeña y ligera bolsa que tienen las mascara de oxigeno para pasajeros, que solo son de uso ocasional, momentáneo y de fácil manipulación. Por eso, cuando nos mareamos por hiperventilación, es efectivo respirar dentro de una bolsa de papel por un momento.   

Al baja altura se pueden quitar la máscara por un rato si no preveen que la necesitarán y para descansar un poco. Ella se ajusta apretada sobre la cara para dar hermetismo y cansa algo. Pero la mayoría nunca se la quitan. Necesitan mantener las manos sobre los comandos, porque el piloto de combate es un piloto solitario. No tiene mucho a quien cederle los mandos. Los pilotos de combate automáticos no son habituales.

Usar la máscara a bajas alturas no significa que estén respirando siempre oxigeno. El sistema hace una mezcla automática de aire ambiente con el oxígeno puro del sistema, que esta precalibrada. A baja altura es pobre y cuando asciende, se enriquece. A 12 mil pies es casi del 100% y a 18 mil, no solo es oxigeno puro sino que se lo suministra a presión al piloto. Asunto debido a razones de asimilación por un concepto medico de fisióloga de vuelo que se denomina como “Presiones Parciales”, que es otro tema.

Por lo que hay que aprender a respirar de esa forma y es ligeramente incomodo. Eso es para garantizar la asimilación. Normalmente aspiramos el aire a la presión natural de la atmósfera. Cuando se le sumista al piloto aire a mayor presión, con tan solo que el piloto abra las vías respiratorias, el aire se introduce a los pulmones sin ningún esfuerzo de inspiración. Al contrario se le inflan solos. Y para expirar ese aire el piloto debe hacer un esfuerzo adicional al que está acostumbrado en la vida corriente. Si el vuelo es prolongado, se causa fatiga respiratoria. Que es parte del estrés que debe soportar el piloto de combate. 

El sistema de respiración incorpora también el de comunicación. La respiración se escucha porque los sistemas de comunicación de combate se activan de tres formas habituales: cuando se oprime el botón de trasmisión. Cuando se tiene en activación automática con la voz y cuando es permanente. En este ultimo, si las comunicaciones son de doble sentido y de doble canal (uno de trasmisión y otro de recepción), que son usadas en algunas comunicaciones militares. Las que llaman comunicaciones calientes, que los aviones comerciales también están comenzando a usar.

Por esa razón no solo se escucha la respiración sino que otros hablan simultáneamente sin interferir, porque no hay que esperar que terminen de hablar para poder emitir. También ruidos de motores y los diálogos de control de transito aéreo. Ruidos, posiblemente cuando el micrófono golpea contra algo, la visera del casco o cualquier otro movimiento imprevisto.

Bueno hay muchos motivos relacionados con la fisiología de vuelo que corresponde tratar a los médicos de la especialidad de Medicina de Aviación. Ellos son los que establecen los parámetros de uso de máscaras, presurización y ventilación de cabina, calefacción, refrigeración, humedad, protectores de ultravioleta, equilibrio, razonamiento, orientación, visión, chalecos antigravedad, trajes presurizados, como los de los astronautas, y otras cosa mas. Hasta los asuntos dentales y estomacales.

Por tantas cosas algunos han afirmado que para ser piloto de combate se requiere ser un poco o medio loco. No muchos están dispuestos a pasar por todas estas novedades. No parece racional montase en una vestía briosa de miles de caballos de potencia. Subir a grades alturas como un cohete, lo que es peligroso porque todo cuanto sube siempre baja. Moverse a velocidades pasmosas. Cambiar del clima ardiente del trópico a las gélidas temperaturas de la alta atmósfera en solo pocos minutos. Andar metido en la punta de un tubo de aluminio afilado como un lápiz, delante de una turbina que empuja más que la patada de un burro y termina atrás en una tronera, donde ruge un huracán de fuego volcánico cual diabólico soplete.

Debe ser aficionado a Soportar sacudidas y vueltas como un energúmeno. Saber que en los interiores de esa máquina se aloja una gran cantidad de combustible altamente inflamable y mucho poder calorífico. Tener sus pendido en su perchas externos bombas y misiles de alta potencia explosiva Y para acabar de ajustar, andar persiguiendo enemigos exponiéndose a que si es impactado todo eso termine en una bola de fuego donde del piloto, si mucho, sobrevivirá su placa de acero inoxidable que carga la cuello, cual escapulario para postrimera identificación. En ella están grabadas sus referencias personales y el nombre de su amada.
Es físicamente el límite entre lo racional y lo emocional. Equilibrio con tendencias a ser inestable. Razón por la cual la sicología de vuelo lo vigila con detalle y frecuencia.

Todas estas cosas tienen muchos detalles para compartir en tertulias aeronáuticas. Asuntos técnicos que son interesantes, atractivos y suscitan deseos de saber de tema tan apasionante.

Los aficionados a la aviación, con frecuencia saben mucho sobre la profesión. Son entusiastas autodidactas que lo hacen bien. Eso indica lo estimulante que es el volar, conquistar el aire y los espacios abiertos del firmamento. De esa forma el vuelo es adrenalina, pasión y hasta misticismo. Por eso me complace contestar tu pregunta. De la voz gangosa de los pilotos. No es tanto aguaje sino la condiciones de su entorno.

Desde el aire apreciamos lo terrenal, lo marítimo, lo cósmico y lo espiritual. Es un mundo romántico y se requiere ser ascetas contemplativos del vuelo y el aire para poderlo comprender en toda su dimensión. Todo al mismo tiempo.

Saludos.

LA ELECTRICIDAD EN URRAO

LA ELECTRICIDAD EN URRAO

La primera planta eléctrica a la cual llamábamos “La Planta Vieja” estaba instalada en un sitio que se llama “Balboa”. Es un lugar que también llaman “Las Chorreras” porque el agua que bajaba para la planta eléctrica también se usaba para el pueblo. Esa agua caía en cascadas donde la gente acostumbraba irse a bañar de paseo. El agua proviene del río Urrao que baja de las montañas al oriente del pueblo.

Antiguamente el agua no llegada a las casas sino a una fuente que estaba en el centro del parque. La gente debía ir a diario hasta ella con recientes y cargar a hasta sus casas. La tubería que se usaba para llevar el agua al pueblo era de madera. No existían los tubos de barro cocido y menos los metálicos actuales La hizo un carpintero muy habilidoso que fue famoso porque se le acusó y condenó en Medellín por haber cometido una masacre en un sitio llamado La Aguacatala, sobre el casino que conduce de Medellín a Envigado. Este sistema duro muchos años y era motivo de admiración porque no tenía fugas.

Como la maquinaria de la nueva planta era una novedad, la gente iba a verla funcionar. Incluso era costumbre jugar haciendo una larga cadena de personas Cogidas de la mano y que terminaba en unas barras que al tocarlas pasaba la corriente a lo largo de toda la fila. Eso solo lo hacia la persona más guapa. La gente se divertía con ese novedoso fenómeno que se usaba a manera de recocha.



Con la anterior planta, el pueblo y las casas sólo podían tener unos cuantos bombillos. Cuando vieron que la planta vieja se encontraba en malas condiciones decidieron construir la planta nueva. Para eso escogieron el talud contiguo al aeropuerto. Inicialmente sólo tenía un generador que es el que actualmente todavía existe. Con el tiempo pusieron otro más grande y moderno.

Después, con la planta nueva ya se pudieron instalar estufas, mejorar la iluminación, conectar planchas eléctricas, neveras u otras facilidades.
El lugar se convirtió en un paseo de todo el pueblo. La gente también iba a bailar, a jugar, a conversar o contar chistes. Se iba tanto en el día de caminada, como por la noche a armar parranda. Se armaban grupos completos para esta distracción. Al lugar dejaban entrar y nadie arrimaba a las máquinas porque les daba miedo. En ese tiempo se podía andar en la oscuridad sin ningún riesgo y por eso nos quedábamos hasta la medianoche.




La planta actual es la misma de esa época y nos llama la atención que aun la tenga el municipio en funcionamiento después de tantos años. Vende energía a la red de interconexión nacional.

jueves, 6 de abril de 2017

EL DIABLO EN LA PESEBRERA

EL DIABLO EN LA PESEBRERA. (Narración de Luis Fdo. González)

Una noche, por el año 1964, como a las 8, ya viviendo en el pueblo, fui, como de costumbre, a llevar la mula Guardia de mi papá a la pesebrera de Tocayo Vélez. Esto yo lo hacía rutinariamente cuando mi papa llegaba de la finca al pueblo todos los días después de que la desensillaba y le dábamos panela y maíz.



Cuando llegué a la pesebrera de Tocayo, estaba muy oscuro y la puerta estaba cerrada por dentro. Entonces llamé a Tocayo para que me abriera, porque él dormía en una piececita donde estaba la picapasto al pie de la puerta. Nadie me contestaba, posiblemente estaba borracho, que era lo más frecuente en él.

Con un poco de susto, me asomé por debajo de la puerta para ver si me podía deslizar hacia adentro, pero cuando me asomé, vi, como a 20 metros, la cara del diablo al fondo de la pesebrera. Era enorme, como de 2 metros de altura y estaba perfectamente trazada con unas líneas de luces amarillas, parecidas a las luces de navidad. Su cara era un poco gorda y medio redondeada y el contorno de sus ojos terminaba puntiagudo hacia los lados y las comisuras un poco hacia arriba, pero vacíos.

La expresión de su boca era levemente sonriente, como burlona. Con labios gruesos y en total quietud. Algo así como un buda. El corazón me dio un vuelco y quise salir corriendo. Sin embargo, me quedé mirándolo y pensé que era una sugestión mía, que eso no podía ser cierto, aunque no muy convencido del todo.

Entonces pensé que no podía volver a la casa y decirle a mi papá que no había podido dejar la mula porque el diablo estaba en la pesebrera, seguramente me daría una pela por mentiroso.

Entre los dos miedos, y llenándome de valor, resolví arrastrarme por debajo de la puerta con la sensación de indefensión que ello produce. Pero sin dejar de mirar el rostro del diablo. Cuando estuve adentro, me sentí aún más indefenso. Busqué, casi a tientas, la tranca de la puerta y la abrí con gran alivio.


A toda prisa entré la mula, la metí en la primera celda junto a la puerta, le quité la jáquima, puse la tranca de la celda y salí a la calle. Luego amarré la puerta con una cuerda que colgaba de unas argollas y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Cuando llegue a la primera esquina volteé a mirar hacia la pesebrera y vi la puerta abierta. Con mucho susto me devolví a amarrar otra vez la puerta y volví a salir corriendo. Cuando llegué a la esquina miré nuevamente hacia atrás y la puerta seguía abierta. Mi papá me había encomendado mucho que dejara todo bien cerrado porque esa mula era muy arisca y se podía volar fácilmente.


Regresé, por tercera vez, a amarrar la puerta, la aseguré bien y, nuevamente, a correr se dijo. En esta ocasión la puerta quedó cerrada y salí volado para la casa.
Al otro día, cuando llegue de la escuela, mi papá me dijo: Mijo, usted dejó abierta la puerta de la pesebrera anoche y la mula se voló. Fíjese bien la próxima vez y vaya por ella a la Manguita, la finca del tío Francisco José, que allá debe estar. Yo le dije, no papá, seguro que yo cerré bien la puerta, No me discuta, dijo, es que usted es muy elevado y no se fija bien en lo que hace.

Finalmente fui hasta la finca del tío y encontré la mula Guardia que le traje a mi papá. Realmente si se había salido a pesar de que yo le puse tranca a la celda y amarré la puerta de la pesebrera por fuera. Como que el diablo se la abrió para mortificarme aún más. 

EL DERRUMBE

EL DERRUMBE DEL PEDRERO. (Narración de Luis Fdo. González)

El señor Alberto Restrepo, comerciante y hacendado, de familia muy tradicional de Concordia, me dijo una vez en el pueblo que él quería ir a la finca del Pedrero. Hacía muchos años no iba desde cuando era un niño. Le dije que con mucho gusto, que iba mandar traer una bestias ensilladas para que fuéramos.
Me contó que quería volver a ese sitio porque unos de sus ancestros habían perecido en el derrumbe de El Pedrero.



Le comenté que yo había oído la historia de un derrumbe muy grande sucedido hacía muchos años. Que debajo de una piedra muy grande, casi como del tamaño de una pieza, que hay junto a la actual casita de paja y cancel, en esa parte de la finca que llamábamos El Balsal, había quedado sepultada la casa que había cuando se vino el derrumbe.

El señor Restrepo me dijo que sí. Además se decía que el dueño de la finca era muy avaro. Una mañana pasó una viejita por la finca, cuando estaban ordeñando las vacas y pidió qué le dieran un poco de leche y se la negaron.

Que entonces la viejita les dijo que por hambrientos iba a ver un derrumbe que les iba a tapar la casa.




Efectivamente ese mismo día, que era un domingo, se vino un derrumbe que arrasó con todo y que no se salvó sino el abuelo de Alberto. En ese entonces él era un niño y lo habían mandado al pueblo a traer el mercado.

viernes, 10 de febrero de 2017

LAS PARADOJAS

LO QUE EL GENERAL NO CONTÓ

LA PARADOJICA AMISTAD

Con el General Alvaro Valencia Tobar tuvimos alguna proximidad. En una ocasión, siendo Teniente estudiante en el Instituto Militar Aeronáutico, fuimos invitados a una charla ideológica con el ya retirado General, en la Escuela de Suboficiales de la FAC en Madrid, Cundinamarca. En ellas se aproximó a ciertas discrepancias que tenía como militar con las políticas nacionales de ese momento.

Como no me gustó que no fuese directo y totalmente franco en su posición ideológica y estando yo imbuido de cierto espiritual rebelde con la institución por otros motivos, pedí la palabra para requerirle que dijese de manera clara si pensaba que se debía dar un golpe de estado militar. Eso le impactó mucho. De manera controlada dio una respuesta evasiva y se aplacó la tensa situación que causo mi intervención en el recinto.

Con el tiempo, él vivía en el lindante barrio Santana en Bogotá y yo en el Cantón Norte en los apartamentos fiscales. Por casualidad nos encontramos en el cajero automático de Davivienda que había en el supermercado Olímpica, próximo a la portería.

En la primera ocasión que nos encontramos y, siendo de una memoria prodigiosa, me reconoció recordándome el pasado evento pero sin rencor.  Como simple pilatuna de estudiante demasiado crítico

Admirando su nivel intelectual y lúcida inteligencia, reflejado en su capacidad para escribir, aproveché para iniciar una conversación. La misma que él aceptó, cuando le conté mi gusto por los asuntos históricos sobre los que él escribía y en los cuales era un experto. Por eso, a veces, conversábamos.

Él ya estaba jubilado y yo era aún un oficial activo de mayor grado. Tratábamos diversos asuntos sin ya las prevenciones del joven y atrevido militar del pasado. El mayor grado me había dado prudencia ante un experto superior en su condición de respetable veterano.

EL LIBRO

Estando yo ya también retirado del servicio, en el 2009, me resolví leer uno de sus últimos libros, quizás el último, publicado en ese mismo año, de varios que ha escrito.
En su relato pude darme cuenta que había dejado trunca una parte de sus recuerdos que me había comentado. En una oportunidad tratamos sobre las grandes paradojas que afronta el militar entre lo profesional, lo político y lo personal.



Algo me decía que a su libro le faltaba una segunda parte. La del final. La que me había narrado de palabra pero, tal vez, con inducido propósito intencional.
En los diálogos me había dado unas pautas, con diplomacia de mensaje subliminal, sin referirse directamente al tema pero si permitiendo dilucidar sus ideas periféricas. Como él sabía hacerlo con inteligente sutileza. Eran varias cosas.

EL INICIO DE ANORÍ

La primera paradoja de Anorí. Se inició cuando los restos de la cuadrillas de Fabio Vásquez Castaño logró huir de la persecución que le hizo Valencia, siendo Coronel comandante en la brigada de Bucaramanga, donde se produjo la muerte de Camilo. El aguerrido militar los había hecho pasar, en huida, el rio Magdalena hacia el noreste de Antioquia por los municipios de Segovia, Remedios y la Serranía de Simití.

Por ser otra jurisdicción, Valencia, no pudo continuar su persecución ya que la brigada colindante no se prestó. Una retrograda decisión, la de no adelantar una acción de cierre y tenaza. Le perecía inconcebible ya que eran compañeros de lucha contra el terrorismo y deber de su mutua misión.

Eso le permitió a los perseguidos unos años sin ofensiva efectiva. Durante ese tiempo la cuadrilla logró recuperarse hasta juntar una fuerza combatiente de unos 300 hombres. Eso obligó a iniciar la famosa Operación Trinitario. Periodísticamente llamada, y por eso más conocida, como Operación Anorí.

En ella salió derrotado nuevamente y casi totalmente esa cuadrilla. Su completo aniquilamiento no fue posible por una inaceptable intervención política que se contara más adelante.

Tal derrota quiso cobrársela, años después, el grupo criminal del ELN con el atentado que le hizo, siendo General comandante del Ejército, para asesinarlo. Lo que, afortunadamente, no logró.

Incomprensible que la brutalidad criminal convierta en rencor personal lo que se supone que es una diferencia institucional y social. Pero esas con las cosa arbitrarias a las que se expone el militar por darle estabilidad a la nación. Lo contó en el libro más sin decir que, para él, había sido otra de las paradojas de su vida.

EL SACRIFICADO AMIGO CAMILO

La otra. Aconteció con la persecución del ELN en Santander. En ella se cruzaron y aproximaron los interese nacionales y los profesionales con los personales o hasta familiares. Situación muy comprometedora. Por eso creo que él no me declaró directamente los hechos, pero si los dejó entrever a manera de confianza amistosa y basada en la pulcritud de la reserva profesional que me advirtió. Pero solo, según él, hasta el momento de cuando fuese debido.



Se trata de la muy próxima y fraternal amistad que el General tenía con el sacerdote Camilo Torres. Nacida de la relación que, como médico de familia, tenía el padre de Camilo con el padre del General. En una ocasión el médico le salvó a vida a Valencia siendo niño. Años después, Alvaro y Camilo se encontraron en la ESAP. Siendo profesores de esa institución, continuaron y fortalecieron sus relaciones de jóvenes y compartieron similitud de ideólogas sociales. Todo esto también lo dijo en su libro sin agregarle los sentimientos personales por los que pasó.

Fue mucho el dolor moral que le causó, al aun Coronel, la muerte de su amigo por acción de las tropas que él comandaba. Todo debido al engaño venenoso que le hizo al prelado el sanguinario terrorista Fabio Vásquez Castaño, del brutal ELN, abusando de la ingenuidad clerical.

Ideas que dejó muy claras en el ya mencionado libro “Mis Adversarios Guerrilleros” (tercera edición de mayo del 2009 de Editorial planeta, paginas 166, 182, 184 y otras). El sacerdote fue sacrificado por puros celos guerrilleros. El sacerdote le podía arrebatar el mando de comandante de cuadrilla por su mayor destreza intelectual y cualidades personales y morales para dirigir el grupo. Posición que cuidaba a cualquier precio.

Las circunstancias hicieron que fuera el Coronel Valencia, precisamente su amigo de infancia, quien comandara las tropas que dieron de baja al sacerdote el 15 de febrero de 1966. Algo que hirió profundamente el alma de militar. Nunca pensó que dos amigos se pudiesen confrontar hasta esa situación tan dolorosa. Contrasentido inexplicable.

EL GESTO DE HUMANIDAD

Para cumplir la orden de dar sepultura a los enemigos sacrificados en combate, como un gesto humanitario, en el mismo lugar del hecho, así lo ordenó. Dejó constancia muy clara del lugar de la sepultura. Lo hizo con el debido secreto para que sus restos mortales no fuesen usados a manera de icono y símbolo heroico por parte de los compinches.

En ese momento se hizo el propósito de rescatar, después, las cenizas de su familiar amigo y, luego, contrincante ideológico. Pasados los 3 años, cuando se podía hacer una exhumación, los llevaría a un lugar más digno. No solo por la jerarquía del eclesiástico, que había sido revestido del sacerdocio, sino también por su sacrificio y, sobretodo, por su estimación.

Durante los siguientes 5 años que él permaneció en la brigada de Bucaramanga, construyó un mausoleo militar para sus subalternos caídos en combate. En ese lugar, reservó un sarcófago para destinación específica del comandante.

Pasado el tiempo reglamentario, exhumó los restos del sacerdote del campo donde los había enterrado y los hizo llevar, en secreto, a la cripta construida por él en la brigada.

Los detalles los cuenta el General bien claro en su libro. Lo recuento para poder hacer comparación con lo adicional que me referenció.

Lo que escribió el General en su libro fue parcial. Le faltó decir que ese acto humanitario lo hizo porque no solo era un deber cristiano sino también privado y por ello justificado. Una contradicción que por razones de no exponer su ética profesional a críticas malintencionadas debía mantener en secreto un sentimiento humanitario particular. Fue su íntima paradoja.

EL FINAL DE ANORÍ Y EL POLÍTICO

Mas paradoja. De lo que aconteció en la Operación Anorí contra el ELN, donde ese grupo bandolero fue casi que totalmente derrotado militarmente, y de donde, luego, salieron las cenizas que le permitieron resurgir, política y delictivamente en el departamento de Arauca.

Victoria que se frustró por la condescendencia irracional y la intervención antipatriótica de Alfonso López M. siendo presidente.

López ordenó suspender las operaciones contra los restos ya casi que diezmados de esa cuadrilla. Además de ordenar al Ejército entregarle ayudas logísticas consistentes en uniformes, botas, alimentos y medicinas.

Todo porque creyó erradamente que con esos actos de misericordia lograría doblegar la voluntad de sublevación de ese grupo insurgente que había sido creado por varios de sus partidarios cuando, en los años de 1960, él era el líder el mencionado Movimiento Revolucionario Liberal. El MRL.

Absurdas situación para el político, que fuese precisamente el dirigente social, quien había creado las bases ideológicas del grupo insurgente, también fuese el mandatario de las tropas que perseguían a ese grupo rebelde.  La paradoja de López.

Tal vez, conservando en sus pensamientos tal realidad, se dejó convencer por otro viejo colega en el MRL de que, por ese superfluo medio y errada clemencia, obtendría un acuerdo político para finalizar el conflicto. Pero fue un fatal error. Deuda pública que el pueblo colombiano no le cobró ni él ingenuo político fue capaz de pagar por dignidad.

Todo eso lo veía el militar al tiempo que tenía que callarlo y acatar lo que se le ordenase aunque fuese igualmente absurdo.

Por la obediencia debida y la subordinación del poder militar al poder civil, debió aceptar tal infamia. Les dio el auxilio a sus enemigos aun a costa de sus convicciones. No importaba que con ello se ignorase el descomunal esfuerzo que habían hecho las tropas para salvar al país de tan criminal flagelo.

Sapo que debió tragar para evitar un mal mayor, como el que yo le pregunté en la descrita conferencia para alumnos en el municipio de Madrid, en caso de no habérselo tolerado el obediente militar.

Reacción militar peligrosa que el presidente intuía. Por ello le guardaba recelos al General, que terminaron, luego, con la destitución del militar de su alto rango y cargo pasándolo a las Filas de las Reservas. Insuperable encrucijada.

El político solo tuvo el coraje de admitirle, en privado y en un momento inapropiado, por ser un evento social para que no pudiese darle contrarespuesta, su error diciéndole que no lo volvería a cometer.

Le aseguró que no intervendría más en los asuntos íntimos de las operaciones militares. Pero López no fue capaz de aceptar que su equivocación había sido pública y de mucho impacto nacional como máximo, pero mezquino, dirigente social. Por eso no era con el General con quien debía reivindicarse sino con el pueblo.

Absurdas situaciones para ambos aunque vistas desde distintos puntos. 

OTRA MÁS

En sus consideraciones con el caído sacerdote es donde se junta lo profesional con lo personal. Que sin dejar de seguir los dogmas militares en el cumplimiento del deber se dan, también, satisfacciones a cosas particulares.
No es ni siquiera necesario que se haga con premeditación lo primero, lo oficial y legal, para que se dé cumplimiento a lo segundo.

En la profesión las necesidades públicas, irremediablemente, se equiparan por si mismas con las necesidades íntimas sin inducirlas. Al contrario, son inevitables. Lo segundo es simplemente consecuencia, no calculada ni prevista, de lo primero. El militar no puede dejar de ser parte del pueblo cuando cumple con su deber. Por eso, él mismo, resulta beneficiado o perjudicado, con los efectos periféricos y colaterales, sin que sea su intención primordial y personal, cuando cumple su misión.

Mucho menos es el deseo de usar la fuerza legal para venganzas personales escudándose en la legitimidad. El General nunca abrigó, ni remotamente, dichas inclinaciones ni bajos deseos. El también fue una víctima de la ambivalente vida colombiana llena de estigmas tan dolorosos y cruentos, como lo fue Camilo. Lo demuestra lo acontecido cuarenta años más tarde.

EL DESEO DEL HERMANO

El hermano del sacerdote, afectado por grave enfermedad, creyó que los restos se quedarían en el olvido en un lugar montañoso y remoto. Le pidió que le revelara en donde los había dejado para hacer lo que ya el General había hecho y su hermano no lo sabía. Quería ponerlos en un sarcófago más apropiado que las soledades de una selva inhóspita.

Sintiendo Valencia que ya había dado cumplimiento a un deber más que humanitario, le reveló al hermano su secreto y le entregó los restos. Enterado el hermano de lo que ya se había hecho decidió dejarlos, inicialmente, en el mausoleo mientras encontraba su propio sitio secreto para que no fuesen profanados por inescrupuloso admiradores.

Luego, dispuso de ellos en un lugar que el General no supo con certeza, pero si tenía razones para sospechar. Cuando el hermano los hizo llevar a otra parte, sin revelarle a donde, solo insinuó su destino. Con la muerte de los dos quedó en secreto ese destino. Aunque es factible que sea donde, ya por segunda mano, también lo dejó entrever en la charla el veterano General.
Lo raro fue que lo que tanto cuidó, después, no supo cuál fue su descanso.

EL OTRO DESEO

La nación necesitaba que las cosas no terminasen de esa manera. Pero el remate también involucraría al General.

Pasado el tiempo, para 1974, el General llegó a ser el Comandante del Ejército.  Con el fin de extinguir el grupo de Fabio Vásquez, que se había logrado salvar de su operación en Santander, donde ya se dijo que murió Camilo, se inició y ejecutó la militarmente denominada Operación Trinitario u Operación Anorí. El objetivo oficial era acabar con esa cuadrilla de bandoleros.

Aunque otro deseo interno y secundario del militar era que Fabio Vásquez pagase las descomunales infamias cometidas, además de la social, contra el sacerdote y contra él.

Las que produjeron, así no lo hubiese premeditado el criminal, el que los dos amigos apreciados se enfrentaran hasta causar la muerte de uno de los dos. Un desenlace fatal que no se ameritaba desde ningún punto de vista.

La persecución en Anorí fue implacable. Fabio vio como sus dos hermanos, Antonio y Manuel, que también eran terroristas de su misma pandilla, fueron dados de baja junto con casi todos sus compinches en unos pocos días.

Fue tal el pánico y la desesperación que el bandido previó que ese mismo fin seria el suyo y decidió salvar el pellejo cometiendo el más alto grado de traición con sus camaradas. De lo contrario lo alcanzaría la igual suerte que le causó a Camilo.

                                                Fabio a la derecha.

No tuvo más salida que incurrir en la traición. La que él mismo castigaba en su pandilla con la muerte. La deslealtad la cobraba con el fusilamiento. La gobernando por la vía del terror y el pánico colectivo.

No pagó con su muerte física pero si con su muerte espiritual, mental y psicológica.

Se escapó para Cuba llevándose un cuantioso y ensangrentado botín, para pagar su acogida y protección al mayor patrocinador del terrorismo en Latinoamérica, Fidel Castro. Fidel lo había entrenado, apoyado y designado para ser el comandante del movimiento guerrillero años atrás. Cosas pendientes debió contar Fidel antes de momificarse.

No se conoce con claridad todo el fin del terrorista, similar al de los restos de Camilo. Fidel le dio protección para que no se sepa el real estado del bandido. 

Pero se filtró, con alta confiabilidad, que el delincuente perdió la razón ante el remordimiento de tantos crímenes cometidos. Los mismos que luego le perdonó, pero espiritualmente mas no eclesiásticamente, el también bandolero Cura Pérez. Triste final para cualquier ser humano. De quien tampoco se sabe dónde fueron a parar sus cenizas.

De todas formas el objetivo nacional se cumplió. Y, además, las pasadas ofensas al honorable militar se resarcieron en la misma forma absurda como el descerebrado pandillero las había provocado.

El delincuente fue víctima de su propia esquizofrenia depravada de ignorante inmoral. Un ser extremadamente homosexual vanidoso, ególatra, megalómano y autólatra que solía autodenominarse con el alias de Helios. Él mismo fue su propia víctima sin que mediara intervención directa del militar. Sin embargo, fue consecuencia de la presión que le infringió con la operación Trinitario, sin que fuese ese su propósito íntimo. Situación por fuera de la lógica para el militar.

Además de que el ELN no pudo constituirse en una alternativa social para el pueblo colombiano. Razón por la cual están pidiendo diálogos porque su sanguinario pasado, que ha sido totalmente perdido porque no ha logrado nada. Han sido actos sin gloria ni razón.


 LA ÚLTIMA

Por sus convicciones políticas y su actuación en la cátedra de sociología, que el sacerdote implantó en sus clases, Camilo fue destituido diplomáticamente sugiriéndole que pidiese su separación del clero, por parte de monseñor Concha, máximo superior de la iglesia católica en ese momento en Colombia.

Así lo hizo el sacerdote para no afectar su iglesia y se dedicó a la acción proselitista política con bastante éxito en la plaza pública.

Su principal teoría era que la violencia se debía combatir con acción social buscando una solución compartida entre pueblo y gobierno, donde ambos pondrían sus esfuerzos. Algo muy próximo a los principios de la Teología de la Liberación que buscaba que las dolencias del pueblo se superan reuniendo los esfuerzos de una autoridad civil más humanista y menos materialista. Y una iglesia más socializante y menos teórica en ideas celestiales.
Pero esos criterios lo llevaron a su trágico final.

El General se aproximaba en mucho al amigo porque pensaba que como militar sus esfuerzos no debían ser únicamente de tipo bélico. Que era necesario llegar más al alma del adversario armado que a su destrucción física.Un militar más civilizado que humanizaba la guerra.

Por eso promulgaba la teoría de la Acción Cívico Militar. Antes que echar balas se debían a hacer primero esfuerzos de aliviar las penurias de las gentes. Las que por física necesidad se veían irremediablemente impelidos a tomar las armas.

Sus ideas lo pusieron bastante en contra de sus superiores que traían una viaja tradición de solo usar la fuerza para someter antes que de convencer.

Cuando ya había alcanzado alto rango militar, su opositor ya era la clase política que miraba todo cuanto fuese de interés y sensibilidad social como peligroso comunismo. El mismo que era inaceptable porque fomentaba revoluciones, alzamientos y choque armados en muchas partes del mundo. Se le consideraba como la única solución salvadora.

Esos racionamientos, que hasta lo aproximaban a ideologías revolucionarias, según la clase dominante, como la del MRL de López y violentas, como la del ELN del cura Pérez (quien a pesar de ello atentó contra su vida), lo llevaron a tener que finalizar su carrera militar de manera traumática.

De esa forma no afectaba las filas de su institución militar. De no aceptarlo podría caer en una supuesta medicina nacional que sería más dolorosa que la enfermedad.

Así pudo sobrevivir un poco más que su amigo. Pero a costa de no lograr que se produjera el cambio suficiente de mentalidad deseada para la nación. Principio en el que concordaban los protagonistas en el fondo, mas no en la forma. En el qué. Mas no en el cómo.

Retirado se dedicó a promulgar sus ideas, como el prelado. No por medio de la academia y la tribuna pública. Usó la prensa y sus libros en los que era un maestro.

La paradoja es que ambos terminaron de manera agreste por lo que, de muy buena intención, buscaban. Pero los dos dejaron, a su manera, valores que han cambio las viejas creencias que, después, han ido germinado en nuevos horizontes. Tanto en la iglesia como en la milicia. Y, por supuesta, en la nación.

Se cumplió el sagrado designio de que para que una nueva planta nazca es necesario que otra tenga que morir para legar sus semillas.  

POS DATA:

Parece ser que el libro fue escrito por el General para contar la historia de un descarriado y desadaptado grupo terrorista, totalmente desorientado por un alocado fanatismo. Por eso dedicó más espacio del acostumbrado en sus últimos capítulos.

También lo inconveniente que es, para una nación, el que sus líderes políticos no tengan claro el límite entre lo político y lo militar. Desacierto muy frecuente en nuestra trágica historia nacional.

Su libro lo inició con las otras crónicas sobre los bandoleros con los cuales el General combatió con acierto, tanto militar como socialmente. Ideas en gran parte aprendidas durante su experiencia en la Guerra de Corea. Y lo terminó con su lucha contra el ELN.

Por respeto a los protagonistas, el General, el Cura, el hermano, además de sus demás ancestros familiares y la forma vaporosa como me la contó, no me es factible in siquiera aproximar el descanso de Camilo.

Además tengo la firme convicción que eso no es importante pues es un asunto de forma y no de fondo para los intereses nacionales. Si realmente fue un personaje trascendente en la ideología social nacional, lo importante serían sus ideas mas no su lugar de reposo. Es mejor que no se perturbe la paz eterna de sus personajes. Solo me es debido completar la historia, que en el libro no terminó el General.

El militar no quiso contar en su libro más de lo que tenía por seguro y puso en la incertidumbre el resto de los sucesos. En especial el de sus secundarios efectos sobre él, más no como propósitos personales.

De todas maneras dejó constancia de un claro ejemplo de cómo los militares dan digna sepultura hasta sus mismos contrincantes guardándoles el debido respeto. Y que la vida militar no es simplemente una tragedia de disparos sino también del alma.

Es decir, el General no escribía todo lo que sabía pero si lo expresaba de palabra para que pudiese conocerse cuando ya no causase efectos indeseados. Que fuesen referencia histórica por interés nacional. Como fue el motivo primordial de todos los libros que escribió.

Por ello doy, con este relato, satisfacción al deseo de complementar el libro, al que fui atado por simple casualidad por parte de un buen amigo.

Después de su muerte, acontecida hace poco, me siento libre y dejo cumplida la reserva debida mientras él viviera. Yo interpreté su confianza como su interés por que alguien lo descubriera, cuando no tuviese ninguna aplicación práctica para sus adversarios y menos para su conciencia. Aunque si para la nación.

Además de una casi que irracional vida por la que pasan los hombres que se dedican a la milicia, y hasta a los pastores de la iglesia, sin poder evitarlo.

Las paradojas de la vida colombiana.