AERONAUTAS Y CRONISTAS

martes, 10 de enero de 2017

EL DIOS DINERO Y LA ROMA MODERNA


En Orlando, Florida, existe una de las formas clásicas de ventas del capitalismo gringo cerrero y codicioso.
Ofrecen, en todas las recepciones de los hoteles y en pequeños puestos callejeros, un descuento para las entradas a los parques de diversión.  Usan esa promoción de gancho para capturar al cliente. Consiste en un menor valor de los boletos de ingreso a Disney si asiste, previo a la venta del boleto, a una entrevista de oferta de finca raíz en el centro de veraneo Westgate Resorts (lo pueden consultar en Internet).

Es una propiedad de Tiempo Compartido para vacaciones. Una modalidad que se usa mucho actualmente. Atrapan a los incautos que no visualizan el negocio, usando habilidad para engañar al potencial comprador. 

Me lo advirtió un amigo brasilero y lo quise experimentar personalmente. También me comentó sobre el susto que le meten al turista en el alquiler de carros para que compre un seguro, no obligatorio, que cuesta más que el mismo arriendo del carro. Pero esa es otra crónica.

Comienzan por mostrarle una altísima cordialidad, gentileza, amistocidad y familiaridad que halaga a cualquiera. Son tan convincentes que no se causa la menor duda de su sinceridad y honorabilidad. Posteriormente y con moderación, le indican que el solo hecho de asistir al salón de ventas les ha causado un costo previo de unos cuantos dólares. Comienzan por insinuarle que uno, inconscientemente ha adquirido una deuda, como mínimo moral, con ellos y que de alguna forma debe ser retribuida y es comprándoles el mencionado derecho de Tiempo Compartido. 

Por supuesto que es cierto que deben pagar una comisión al punto de venta que les remitió el cliente (el puesto callejero o el recepcionista del hotel), si este llega a adquirir lo ofrecido. O al vendedor que como mínimo pierde su tiempo y otras cosas menores, pero eso es parte de los costos y, de todas maneras, los recuperan con los muchos tontos que se dejan timar. Mi propósito era el de conocer esta forma astuta de ventas.

Nos atendió una cordial vendedora perfectamente maquillada, bien presentada, de bonitas formas y agradable aspecto. Estaba ñata de la dicha con la receptividad inicial nuestra y estaba segura que lo lograría sin saber la decepción que luego tendría. Además, su indicador de éxito mejoraría, que con nuestro caso le salió fallido, lo que le bajó su reputación y vanidosa autoestima.

Ello limitó sus posibilidades de lograr la delantera en la competencia que mantienen todos los vendedores americanos, quienes andan en franca competencia por los primeros lugares para obtener las mayores comisiones. Incluso se me dijo, luego, que en un momento me vieron entusiasmado con la propuesta. Parece que hice una buena la dramatización en esa comedia.

Le hacen creer al cliente que el señor que inició el negocio es un gran personaje de la vida pública y social de la Florida. Que tiene unas grandes dotes humanísticas y de alta sensibilidad con el prójimo con quien se pueden hacer negocios seguros y confiables. Con él todo será un mar de dicha, asegurando la posibilidad de tener vacaciones felices para toda la vida y a precios muy cómodos.

La verdad es que ahora es un multimillonario que se hizo rico por su habilidad para vender timando con ese negocio. No cabe la menor duda que sigue siendo un campechano ignorante sin mucha dote altruista y que solo tuvo la suerte de comprar unos lotes para una finca de naranjas que luego no pudo sostener. La misma vendedora nos lo contó.  Luego, ante el auge del acceso de turistas a los parques de Disney, se le dio la oportunidad de crear ese negocio iniciando un condominio pago por los incautos clientes.

Construye unos hoteles de tiempo compartido que se le convirtió en una mina de oro. Adicionalmente, esa riqueza también se convirtió en filantropía, por parte de su corte de aduladores. Según ellos el señor contribuye con muchos fondos a los actos humanísticos del gobierno del condado y del estado de la Florida pero para evadir impuestos.

Menos mal que los incautos y descuidados continúan existiendo para su fortuna. Según ellos es un negocio con todas las de ganar para los ingenuos visitantes de la Florida. Disney no desaparecerá nunca y mientras exista, esas propiedades se valorizarán pudiéndolas vender cuando quiera. Muestran un apartamento lujosamente amoblado, pulcro, con buen avista a los jardines, atendido por dos empleadas y que, según ellos, es el mismo modelo de todos los que el comprador puede escoger en muchos lugares turísticos famosos del mundo entero para disfrutar una semana de vacaciones cada año. 

De inmediato pregunté si cuando quisiera vender, para recuperar lo invertido y las fantásticas utilidades de la valorización, podía recurrir a una vendedora como ella. La respuesta fue evasiva y cambió de tema rápidamente sin permitir detenerse en el asunto diciendo que esa no era su intención en ese momento y que regresáramos al tema que le importaba. Lógico que no insistí pero me molestó la respuesta puesto que eso me dijo la intencionalidad unidireccional de sus propósitos y su poco interés de ayudar en el futuro, centrando su empeño solo en su objetivo del momento, que le compraran. 

Cuando llega el momento de la verdad y uno les dice que no está interesado, entonces aumentan las presiones diciéndole, siempre con sutileza, que uno es un tonto, que deja perder un negocio y una oportunidad única en la vida. Le dicen que el costo real es el doble de lo del valor de la rebaja, que le hacen a uno en ese momento y la desperdiciará si no lo hace al instante. 

Si uno le explica que debe pensarlo, para al siguiente día regresar con la determinación, no le conceden esa oportunidad. Supuestamente es única, exclusiva e instantánea, para uno que la consiguió por un golpe de suerte. Según eso es una lotería que uno se ganó sin comprarla. Esto me permitió recordar las técnicas de los mafiosos americanos, en los juegos de casinos, donde ha engañado a más de uno en ese país ofreciéndole ilusiones fantásticas de ganar mucho dinero con la segura suerte que tiene el cliente. 

También recurren a hacerle ver, cuando uno les dice que no comprará, que ellos no son victimarios sino victimas de engaño, por parte de uno, al haber asistido sin tener la intención definida previa de comprarles.

Preguntan si en alguna forma ellos lo ofendieron a uno. Si no le gustó lo que ellos dijeron. Hablando en forma acomodada, exagerada y extremista intentan convertirlo en víctima inocente de algún imaginario atropello con la intencionalidad de hacerle sentir compasión, que solo puede ser expresada comprándoles su producto. Le indican que debió existir una supuesta ofensa inconsciente que ellos le causaron a uno. Posiblemente por pedirle un exagerado precio y con la fingida intención de corregir ese factible error ofreciéndole una rebaja. Porque la oferta inicial debió gustar tanto como para comprar de inmediato.

Por supuesto, ellos saben, de antemano, que no hay ninguna razón para pensar de esa manera y, por tanto, la pregunta o sobra o resulta molesta para una persona con claridad mental. De todas formas la hacen para ver si el cliente cae en la trampa de tener que dar una explicación incomoda. También buscan una respuesta positiva a su oferta como compensación por la lástima que se debería tener con ellos al haber cometido tal imprudencia ademas de ofrecer otra rebaja.
Cuando les dije que no era necesario expresarse en forma extrema y polarizada, no gustó la aclaración y cambió de tema rápidamente.

Como se ve es un juego de gran destreza mental y suspicacia con capacidad profesional y algo teatral. Puse en juego otras condiciones para ver como se salían de ellas y pude ver que lo tienen todo calculado y minuciosamente estudiado.

Una de esas trampas fue cuando le dije que no podía tomar una decisión sin consultarla antes con mi asesor de negocios. Recurrieron casi que a la burla directa al decirme, con carcajada incluida, que como era posible que yo tuviese que consultar un asesor para definir algo tan sencillo como mis vacaciones anuales o simple compra de un dulce o un chicle. 

Cuando hacen la oferta se la presentan como una inversión en un bien físico y tangible de considerable valor. Pero cuando eso amerita una consulta, deja de ser algo importante y pasa a ser un gasto menor y pasajero. Que debe ser tomado como la compra de un caramelo que no requiere ninguna opinión adicional ni de un tercero por ser cotidiana y de menor importancia para una persona ya adulta y madura para decidir. 

También les pedí los cuadros y cálculos, que hacía a mano alzada mientras hablaba sobre su libreta de notas, de todos los cálculos de la financiación, la forma de pago, el impacto sobre la economía personal, etc.
Me dijeron que solo lo podían facilitar si hacia una adquisición. Les pedí fotocopia y tampoco lo permitieron. Ellos saben perfectamente que esos documentos, así sean sin carácter oficial, pero con caligrafía y letras de sus vendedores, son altamente peligrosos en manos de un abogado astuto que los quiera incriminar por engañar a las personas

Luego de hacer el negocio le dan toda la información que pidan porque decidió libremente sin ninguna coacción ni apremio ni trama. Porque fue bajo su propia autodeterminación y compromisos de ley contraídos concientemente. 

Otra cosa que llama la atención es que ellos le dicen al cliente que lo que venden es un derecho de uso del inmueble por un tiempo. Antes le habían dicho lo contrario. Que uno es propietario de un bien material, físico, definido, por supuesto con limites y lugar de ubicación, y no de un servicio intangible. Con un precio que se paga después de varias oportunidades de uso en comparación con lo que cuesta un hotel.

Por eso el contrato incluye una obligación del propietario de hacerle un mantenimiento general cada dos años de su bolsillo y eso es porque supuestamente si es un bien y no un servicio. Ese mismo mantenimiento se lo cobran a los demás dueños del mismo inmueble.
Es intangible para cuando se trata de una posesión pero tangible cuando se debe gastar para mantenerlo. 

Como la mayoría de las víctimas, blanco de sus sagaces lances, son parejas hispanoamericanas con niños, a estos los entretienen agradablemente en una sala de video juegos. Así cuando ven que el asunto se ha madurado dejan solas a las parejas, que con frecuencia son muy jóvenes e ingenuas, bajo cualquier pretexto sugiriéndoles que aprovechen para discutir el asunto y opten la determinación de comprar, porque es su futuro de felicidad. Así que si alguno de los dos se opone, sea ablandado por quien está de acuerdo con el negocio.

Es más que evidente que durante ese rato observaban con detalle a las personas por medio de cámaras de vigilancia de las cuales vi muchas adecuadamente instaladas. Con un buen acercamiento una persona con capacidad de leer los labios puede interpretar lo que se conversa. Yo hablé con mi acompañante sin ningún recato para que se notara. Además de mover la cabeza indicando mi oposición a la compra, a pesar de que no lo necesitaba, porque mi interlocutora también estaba opuesta a esa falsa inversión. Así yo les dejaba claro lo que pensaba. 

Por supuesto, eso hizo regresar repentina y rápidamente a la vendedora, de origen Puertorriqueño experta en clientes suramericanos y buen castellano. Llegó con la convicción plena de que no queríamos ese negocio, recogiendo definidamente todos sus folletos y papeles con premura y con la firme disposición de marcharse y dar por perdido ese cliente, despidiéndose lacónicamente y de forma definitiva.

Estaba más que enfurecida por no haber logrado nada después de habernos invitado a desayunar con mucha cordialidad y sin ningún motivo de compromiso de amistad ni familiaridad. Había sido inútil todo ese cuenterio aprendido mecánica y premeditadamente. Yo me reía por dentro y hasta parece que se me notaba porque cada vez nos miraba con más aire de odio y fiereza.

Se usan todas las posibilidades que han sido profesionalmente analizadas. Claro que en nuestro caso ninguno de nosotros pensaba en comprar eso. Aunque yo fingí interés inicial ante la vendedora y mientras mi compañera estaba inicialmente en actitud indiferente y, luego, en oposición. De todas formas, si ella se hubiese puesto en favor del negocio, yo estaba resuelto a no firmar. No era mi intención comprar y solo quería experimentar algo de lo que he escuchado de personas quienes han tenido esa desagradable experiencia.

Finalmente, cuando ven que la determinación de no comprar es en firme, entonces, desaparece como por arte de magia, las gentilezas y todas las frases zalameras. Aunque sin pasar a una agresión, adoptan una actitud fría, displicente, lejana y repelentosa, con la que le muestran que uno dejó de serles interesante, amigable y de poca utilidad. Esa es el arma final para ver si se logra un cambio de opinión.

martes, 3 de mayo de 2016

LAS RIQUEZAS DEL AMAZONAS

LAS RIQUEZAS DEL AMAZONAS

En algunos sectores del Amazonas los ríos que nacen en la cordillera de los Andes han arrastrado aluviones de cuarzo y otros minerales.
En el largo transcurrir de los siglos los materiales duros, incluidos el diamante, se han limado de tal manera que forman pequeñas esferas que se detienen en las partes planas donde existen gigantescos depósitos, ya estabilizados, en algunas partes altas.


MEANDROS DE LOS RÍOS AMAZÓNICOS

Por medio de plantas clasificadoras se pueden seleccionar por calibres para dar uso a distintas aplicaciones en las obras de construcción.
En una de estas vetas, que en su mayoría están cubiertos por densa selva, se suelen encontrar piedras preciosas. No son abundantes pero si suficientes para identificarlos.

Durante algunos trabajos de ingeniería solíamos ver, de vez en cuando, algunas piedrillas blanquecinas semitransparentes. Se distinguían de los guijarros de cuarzo porque no eran lechosas sino de aspecto vidrioso.
Por simple curiosidad notamos que eran extremadamente duras porque, a pesar de la poderosa acción del agua durante miles de años, solo había logrado limarlos dándoles formas semiredondas.

En un principio pensamos que sería vidrio volcánico muy puro. Pero si lo fuese, ese vidrio seria simple arena silícea dentro de la cual se encontraban mezcladas esas esferas. La acción de la maquinaria las clasificaba por cernido y las dejaba a la vista.


CLASIFICADORA

Como una curiosa colección de los materiales que estábamos usando, las recolectamos. Posteriormente las analizamos y dedujimos que eran seguramente diamantes.

No era nuestra intención montar un negocio de piedras preciosas así fuese rentable. Había muchos otros motivos para no hacerlo. La explotación atraería a los grupos de terroristas insurgentes que azolaban a la región. Teníamos otras inquietudes profesionales y no nos tentaba la ambición de riqueza económicas, a si fuese atractiva.

Por tal razón las guardamos por un tiempo como una simple colección de piedrillas lechosas para adorno doméstico. Como era factible que se perdiesen por algún descuido o simple aburrimiento de guardarlas, tomábamos algunas fotos que anexamos para ilustración de la anécdota.
Dentro de la colección se pueden identificar las más cristalinas que corresponden a las piedras preciosas mencionadas.



COLECCIÓN

El hecho es que dentro del concreto que fundíamos en la obra de ingeniería debieron quedar muchos de ellas pues no sabíamos de qué se trataba. Solo lo vinimos a saber años después cuando nos interesamos en mayor forma por identificar el material de que se componían.

De todas formas los yacimientos existen aunque en lugares de difícil acceso por falta de vías, por la presencia de terroristas que impiden el desarrollo económico de la región. Y por el severo control militar con motivo de sus operaciones armadas. Es una lástima que debido a esos grupos de desalmados las riquezas de Colombia no se puedan explotar en forma legal para beneficio de sus paupérrimos moradores.

Las dependencias del gobierno que manejan las riquezas minerales del país aún están en simple etapa de descubrimiento de muchas de ellas.

Es factible que en el futuro ese tesoro nacional pueda ponerse al servicio del pueblo colombiano en la medida que progrese la civilización en eso lugares y se extienda la frontera del desarrollo económico.

  

miércoles, 30 de marzo de 2016

EL ENTIERRO DE DON VÉLEZ

EL ENTIERRO DE DON VÉLEZ

Esta leyenda de Don Juan Vélez se ha trasmitido oralmente, desde principios del siglo XX, en los pueblos del Suroeste del departamento de Antioquia, República de Colombia. Se narra principalmente en los municipios que sirven de escenarios a la acción y que son los de Concordia y Salgar. Don Vélez, apellido muy común en la región, es algo así como la encarnación de un colonizador, pionero de la minería y sumamente rico. Las peñoleras del Barroso, que se mencionan en la leyenda, son unos bruscos desfiladeros rocosos que dan paso al río Barroso, así llamado por el color de sus aguas. Se mencionan en la leyenda igualmente otros nombres de municipios del departamento de Antioquia.


Don Vélez fue un hombre muy rico que vivió en el siglo pasado. Era dueño de numerosas haciendas y de minas de oro. Tenía fincas en Salgar, Bolívar, Concordia, Urrao, Betulia y Titiribí. Desde en vida, la gente comentaba que don Vélez enterraba en algún sitio mucho oro, fruto de su incalculable fortuna. El viejo, que siempre tuvo la costumbre de andar en un macho negro, de buen paso, y acompañado por dos enormes perros azabaches, dizque se perdía por temporadas, cuando salía de sus fincas con recuas de mulas cargadas de oro. Cuando don Vélez se perdía, la gente decía que se iba a enterrar sus riquezas. Pero nadie fue capaz de averiguar cuál era el misterioso paradero del oro de don Vélez. Le tenían miedo porque decían que era ayudado por el diablo.


Cuando murió fue enterrado en el cementerio de Concordia y allí mismo empezó su verdadera vida de sufrimientos. Como todo el que se muere y deja riquezas enterradas, don Vélez empezó a penar. Lo que pasa es que Dios no deja salir del purgatorio el que tenga cosas guardadas. Habiendo tantos pobres en la tierra, Dios castiga al que esconde sus bienes. Y mucha gente los esconde por miedo de que se los roben o para mirarnos a solas o por la simple manía de guardar y atesorar. No se sabe para qué guarda don Vélez sus joyas, pero lo cierto es que todavía está penando porque no ha sido posible que nadie sea capaz de sacar su entierro.


La gente sabe que donde les está penando, porque todos los viernes de luna llena, a las 12 de la noche, se repite en el cementerio de Concordia la misma escena. Cuando empiezan las campanas del pueblo a dar las 12, en el cementerio comienzan a sentirse ruidos y ha verse luces y chisperos. Del fondo el camposanto sale, por el caminito central, el mismo don Vélez, pálido y esquelético, envuelto en una ruana blanca y montado en el macho negro que le acompañó toda la vida. El galope del macho, golpeando las tumbas con los cascos, hace morir de miedo al más valiente. Además se oyen lamentos y ruidos de herrajes que se golpean. Es que don Vélez lleva, asidas con la mano izquierda, dos cadenas muy largas a cuyos extremos van atados sus dos perros negros.

Y según dicen los poquitos que han sido capaces de esperar hasta este punto, tanto los perros como la cabalgadura pelan los dientes ferozmente y hasta arrojan fuego por la boca. Para colmo de males, los perros aúllan como si estuvieran llorando. Es que además hay luna llena y eso los enloquece y los pone tristes. Cuando van a llegar a la puerta del cementerio, las pesadas rejas de hierro, con un chirrido infernal, se abren de par en par y dan paso a la salida de don Vélez y de sus animales. Cuando el viejo pasa la puerta, detiene su marcha y mira por para todos los lados a ver si alguna persona vino a sacarlo de penas.


El que quiera sacar el entierro tiene que esperarlo al lado de la puerta sin asustarse. Si es más de una persona, el viejo no sale. Hasta éste punto, muchos han visto y oído todo lo dicho. Pero todos se han desmayado cuando el viejo se les arrima. Hay muchos que han quedado locos para toda la vida y otros viven como embobados durante años enteros. Como no tiene quien lo saque de penas, el viejo sigue sólo su viaje al sitio donde fue el entierro.

Por las calles y los empedrados del pueblo, muchas veces se pueden oir el galope de la cabalgadura, el ruido de las cadenas y los aullidos de los perros, pero, como cosa curiosa, no se ve nada, sino que sólo se oye. Lo más seguro es que el macho y los perros no sean tales, sino verdaderos demonios, y don Vélez, al fin y al cabo, es ya un ánima y las ánimas pueden hacerse invisibles cuando quieren.

Para sacarse el entierro hay que esperar, como arriba se dijo, sin asustarse. Cuando el viejo salga del cementerio y se le debe preguntar: “¿de parte de Dios, que quiere”? Y aquí mismo, sin esperar la respuesta, agregar “pero no me hiele”. El viejo responderá: “Quiero que me saques de penas y te lleves un orito. Sígueme”. Y entonces uno debe seguir al viejo, detrás de los perros, sin asustarse y sin desconfiar. Es que no hay nada de qué temer porque don Vélez es el primer interesado en que a uno no le pase nada, para poder salir de penas y dejar el purgatorio y ese tormento de salir por las noches de los viernes de luna llena, llueva o truene. Eso sí, si a uno le entra miedo, en el mismo momento se hiela.

Siguiendo detrás de los perros dejan el pueblo rápidamente y empieza a pasar por los caminos de herradura que va para Salgar. Después de entre las peñoleras del Barroso, por unos senderitos, que apenas si dan paso la cabalgadura, sobre los terribles precipicios que sirven de bordes al río. De pronto, en un recóndito, un poco más plano, don Vélez se detiene y se baja del macho. Amarra perros y cabalgadura a un tronco y empieza a caminar como unas 20 varas por entre el monte. Se para al frente de un árbol de Aguacatillo, sumamente grueso, y le señala una raíz. En la raíz hay enroscada una culebra berrugosa, como de 5 m de larga que parece dormida. Don Vélez le dice a uno: “Mirá, esa culebra es el demonio que me está cuidando el entierro. Tócala, que no te hace nada. Tan pronto como la toqués se convierte en un libro. Abrí el libro y después le prendés candela. Cuando el libro se acabe de quemar, este árbol se abre y se arranca y allí encontraras tanto oro que necesitás 30 mulas pardas para poderlo sacar de aquí. Tocá, pues, la culebra, para que consigás plata y me saqués de penas”.

Si se procede como el viejo lo indica, todo sucede según sus palabras y ahí mismo desaparece don Vélez y no se vuelve a aparecer nunca, porque Dios lo deja pasar para el cielo. Lo que pasa es que, por cobardía, nadie ha sido capaz de sacarse su entierro y por eso el pobre hombre sigue penando.

Antología de la literatura oral hispanoamericana, Instituto nacional del libro español. Madrid, julio de 1972.

LUIS FERNANDO VÉLEZ VÉLEZ.

EN SILENCIO

EN SILENCIO

Sobre Jamundí la atmósfera estaba muy clara y la práctica con el alumno trascurría tranquila. Instantáneamente una explosión tronó como una descarga de artillería naval.

La cabina se estremeció y se llenó de humo azulado, con fuerte olor a aceite quemado. Le hélice dio dos o tres vueltas lentas y se detuvo. Todo quedó en un pasmoso silencio. Solo se escuchaba el helado silbido del aire. Si el  habitual ronquido del motor era el que nos daba la confianza de permanecer en el aire, el instantáneo silencio era el presagio de un vertical desplome. Mas, sabíamos que los aviones planean con seguridad si se les ajusta adecuadamente




AVION CESSNA 172. T 41 EN VERSIÓN MILITAR

El susto fue sobrecogedor. Solo en una ocasión habíamos pensado que podría llegar a sucedernos esa emergencia. En un monomotor era significativa en vista que solo dispone de una sola fuente de potencia. Pero tenía la convicción que era extremadamente remota la posibilidad de que eso sucediera. Además, la tecnología moderna hacía casi imposible que esa emergencia fuera posible. Sin embargo, nos pasó.

Lo normal era que estuviéramos simulando emergencias para entrenar a los alumnos con frecuencia. Era la rutina, pero nada de emergencia real. Aceptamos la evidencia y abordamos la situación tal como acontecía. No era película, era verdad. Iniciamos el procedimiento de emergencia. Vi que el alumno estaba bastante petrificado. Lamentando el susto del primíparo piloto, seguimos los pasos del procedimiento. Incluso nos dimos el lujo de cambiarlo.

Está establecido que el control de combustible se pone en completa apertura, por si se quiere intentar un reencendido. Cosa que no era factible en este caso por lo evidente del grave daño que supusimos había sufrido el motor. Podría ser hasta peligroso. Si se daba un escape de combustible se podía generar un incendio, que es la condición mas grave en vuelo. Optamos por hacer una emergencia completa hasta el suelo y sin ninguna alternativa de recuperación. A Dios lo de Dios y al Cesar lo del Cesar.

Estábamos como a unos tres mil pies sobre el terreno. Nunca nos faltaban campos, previamente visualizados, para emergencias reales. Dos lotes contiguos recién arados, sin vegetación, grandes y separados por una cerca, fue el campo escogido.



TORRE DE CONTROL EMAVI EN CALI

Terminados los pasos mandatarios y prioritarios, nos comunicamos por radio a la torre informando la emergencia real, el lugar donde aterrizaríamos y solicitamos el rescate. Pedimos no informar a nuestras familias. Solo al Director Generan de la Escuela pero únicamente porque es reglamentario hacerlo. Era mejor esperar los resultados finales del percance sin causar angustias adicionales innecesarias.

Volábamos por solo planeo con velocidad controlada y en moderado descenso. Dimos varias vueltas para acomodarnos en la mejor trayectoria de aproximación al lote de terreno escogido.


PUENTE VALENCIA EN JAMUNDÍ

Por el susto no hicimos muy buena apreciación de la altura. Aproximamos con más antelación de lo adecuado y vimos que llegaríamos bastante altos. Tampoco creímos suficiente un viraje adicional. Podíamos llegar, después, bajos  y eso era peor. No había mas remedio que sobrepasar el primer campo y hacer derrapes para incrementar el descenso.

Estando en estas nos llamó la torre para preguntar por nuestra situación. Le reportamos que estábamos próximos a hacer contacto con superficie y por ello no responderíamos mas llamadas. Que reportaríamos la situación final cuando estuviéramos en tierra. Quería evitar distractores para concentrarnos en la parte final de la maniobra, la mas importante, como lo era el aterrizaje.

Desplegamos todas las aletas para reducir la velocidad y decidimos que la electricidad no era ya necesaria. Apagamos los radios, luces y  verificamos que todo el sistema eléctrico estuviera desactivado, cortando el interruptor maestro. Así todas las fuentes eléctricas se aislaban. Eso nos daba una condición estéril para que no se ocasionaran cortos circuitos, en caso de daños estructurales. Incluidos los magnetos del motor.

En una experiencia anterior, esa precaución nos había salvado de un inevitable y peligroso incendio. Decidimos aplicar esa precaución para este caso, así no fuese el estipulado. Eran pasos que agregábamos por nuestra cuenta. El alumno estaba algo extrañado pero debía quedarse con la inquietud. No podía explicarle en ese momento.

Como no alcanzamos a aterrizar en el primer lote,  esquivamos los árboles de la cerca que lo separaban y pusimos ruedas en el segundo. El  arado había dejado unos terrones grandes pero no había mas remedio. Afortunadamente hacia verano y estaban secos. Las ruedas del tren los deshacían con facilidad causando bastante vibración estructural y de las superficies de control. El avión paró en un corto recorrido. Abandonamos el avión por seguridad y nos apartamos a una prudente distancia.

Cuando vimos que estábamos bien y que el avión no había sufrido en nada, restablecimos la energía eléctrica, prendimos los radios y reportamos a la Base Aérea la terminación exitosa de la emergencia y sin novedad. Nos informaron que un helicóptero ya procedía en nuestra ayuda y recuperación. Demoraría poco.


CAMPO ARADO

Mientras llegaba se aproximó un vehiculo. Era el propietario de la finca. El señor nos ofreció ayuda, gesto que agradecimos por lo gentil, pero no necesitábamos nada. Le informamos que ya estaba en camino el apoyo. Solo le expresamos nuestro pesar por haber dañado el cultivo. Nos dijo que no había ningún daño y que lo sucedido no valía la pena. Aun no había sembrado en  espera de las lluvias para lograr la humedad requerida para plantar la caña.

Cuando el helicóptero aterrizó, el piloto nos miraba con extrañeza y preguntaba con insistencia si nos encontrábamos bien. Ante la inquietud, le preguntamos a que se debía su preocupación. Nos dijo que estábamos demasiado pálidos y que temía que nos podía estar pasando algo grave.

El finquero, que escuchaba, dibujó una ligera sonrisa, que parecía tener reprimida. Recordamos que en la sicología vivencial, algunas personas, en circunstancias específicas, aprovechan la aprensión ajena como motivo morboso para su propia diversión. Aspecto que saben las personas cuerdas Y, por ello, ignoran con inteligente prudencia esas expresiones, como así lo hicimos.

Otra cosa que también nos fue muy claro es que, sin proponernos, habíamos estado dominando el miedo, que nos causo la emergencia. Era lo adecuado para permanecer en la cordura que requería el cuidado de nuestra seguridad personal. Cosa que los pilotos deben saber y ejecutar con naturalidad, y que por razones  humanas no son ni deben ser ocultadas. Lo importante es que sean controladas. El miedo, lo teníamos reprimido, pero ya era más que evidente.

Así que confesamos al piloto del helicóptero que el susto había sido monumental. Cosa que el sí comprendía perfectamente y, por ello, entendió. Como piloto es educado en saber como es la situación por la que pasábamos, y apreció con tino profesional. Le dijimos que no había motivo de preocupación.

Sabiendo que ellos acostumbran cargar botellas de agua, la pedimos y nos dio de inmediato. Tragos que nos supieron a elixir divino. Teníamos la boca y toda la garganta mas seca que el los terrones del suelo a donde acabamos de llegar. El agua nos volvió el ánimo instantáneamente. Abordamos el ángel auxiliador que nos llevó de regreso a la acogedora  Escuela. Un camión ya estaba en camino para recoger el avión.

Por procedimiento reglamentario, pasamos al hospital con el fin de practicar chequeos sobre fisiología de aviación y verificación del estado de salud en general. Es parte de la investigación. Los galenos nos mandaron un recuperador reposo de dos días.

Cuando llegué a la casa, mi señora se extrañó por mi aparición tan repentina dentro del tiempo, que normalmente es laboral. Con la mayor  naturalidad le dijimos que acababa de tener una emergencia y habíamos caído en un campo al sur del Valle del Cáuca. No lo creyó y pensó que era una broma. Cuando vio que no me marchaba al trabajo, aceptó que el cuento era de verdad y se alegró que todo nos hubiese salido bien.

Es mismo día, el departamento de mantenimiento desbarató el avión en el campo y lo trasladó por tierra a los talleres. En la noche lo inspeccionó y le cambió el motor. Como no sufrió ningún daño adicional, al otro día estaba nuevamente en línea de vuelo, listo para seguir entrenando futuros pilotos militares.


CARTER ROTO

Parece que uno de los orificios de lubricación entre la biela y el cigüeñal, se obstruyó por un ligero desvío de uno de los casquetes y causó recalentamiento del cojinete. La biela se partió y el muñón, al quedar libre, se atascó contra la carcasa del motor. El cárter se rompió con fuerte estruendo y fuga de aceite, que al caer sobre los ductos de gases de escape produjo la nube de humo. No quedó claro si fue una partícula extraña que produjo la obstrucción o si el casquete se giró tapando el orificio. El hecho es que estas emergencias son muy poco factibles y nosotros fuimos los elegidos. Dentro de un millón de probabilidades, nos ganamos la lotería.


LISTO PARA SEGUIR VOLANDO

Por eso acentuaba a mis alumnos la importancia de no descuidarse. El viejo refrán, entre pilotos, volvió a ratificarse: “Velocidad y altura, conservan la dentadura”.


miércoles, 23 de marzo de 2016

LA HECATOMBE

 LA HECATOMBE

El 13 de noviembre se cumple un año mas de la gran hecatombe de Armero y es momento de contar lo que vimos y vivimos en esa nefasta fecha.

El día anterior habíamos hecho unos vuelos especiales por la Costa Atlántica y cumplidas más de las horas de vuelo especificadas y debido al cansancio acumulado en esa apretada gira, decidimos pernoctar para salir temprano al otro día hacia la capital. El avión era requerido muy temprano para cumplir el itinerario regular.


Despegamos antes del amanecer esperando llegar a Bogotá a las 06:30 máximo. Al alba ya sobrevolábamos la radioyuda de navegación de Mariquita, pero era más oscura de lo normal. Las primeras luces eran demasiado grises, la atmósfera opaca y se sentía un extraño olor. Era algo inquietante. Los olores inusuales en la presurización y la calefacción del avión, son de interés para las tripulaciones puesto que suelen ser indicadores de un mal funcionamiento del sistema de acondicionamiento de la atmósfera interior de la aeronave.


Esos eran los pensamientos cuando el controlador aéreo nos pidió iniciar descenso y tomar rumbo hacia el corredor de ingreso a la Sabana. Las comunicaciones aeronáuticas de esa hora, habitualmente congestionadas, eran reducidas y parecía como si la operación aérea estuviese algo paralizada. Se asociaba a factible mal tiempo que había obligado a cancelar vuelos.

Siendo rara la situación. Algo nos indujo a hacer una verificación visual de la posición mirando el terreno. Aunque volábamos por instrumentos, medio se podía ver el suelo. Mas, para mayor inquietud, los familiares campos verdes esmeralda de los fértiles arrozales y pastos del norte del Tolima, en el valle del Magdalena, no eran apreciables.


Se percibían reflejos en el terreno, como de espejos de agua con inaceptables brillos lúgubres. Situación nada corriente puesto que por esos contornos no había cuerpos de agua ni se daba ninguna inundación, como las que se ven en la Costa y el Bajo Magdalena, cuando el río se desborda cubriendo grandes sectores.

Buscábamos los cascos urbanos de la Dorada, Armero, Ambalema y otras poblaciones, siendo en vano debido la opacidad del aire y la poca luz del momento. Se desistió del empeño. Ante la imposibilidad de encontrar una referencia identificable, se concluyó que lo mejor era continuar con la mayor atención a la navegación por instrumentos. Además, en forma ocasional, se escuchaban en el radio del avión algunas comunicaciones y comentarios poco corrientes en los reportes de las aeronaves. Lo que solo se hace en ocasiones extraordinarias, aunque son reglamentarias. Una de ellas fue la nuestra.

El controlador aéreo preguntó por el estado del tiempo en la ruta y si se habían captado fenómenos anormales. Respuesta que no fue fácil dar puesto que no era identificable ni demasiado evidente lo que acontecía. Lo visto era normalmente atribuible a los días de mal tiempo meteorológico, que aunque no son nada amigables con las aeronaves, son situaciones regulares para los pilotos.

Después de aterrizar en el aeropuerto de El Dorado, ingresamos al despacho de vuelos y se inició el alistamiento de la rutina de vuelo a cumplir ese día. Estando en ello, los encargados de atender la operación aérea comentaron que por las noticias estaban hablando de algo así como un siniestro causado por una vaguada proveniente de la cordillera central y la factible destrucción de los pueblos de esa área.

De inmediato pusimos la radio y escuchamos a un conocido periodista que había recibido una llamada telefónica de un piloto de fumigación. El piloto había salido de Ibagué a aspersar, pero solo encontró un gran lago de lodo, los cultivos invisibles y el pueblo de Armero desaparecido. Ante tal situación regresó porque no tenía nada que fumigar y quería reportar el desastre.


En su voz se notaba que ni el mismo podía creerlo. Que no había encontrado a todo un pueblo que conocía muy bien por su trabajo. Que en tan solo una noche y de un día para otro, se hubiese esfumando de la faz de la tierra. Y eso que había volado a poca altura pudiendo ver los detalles de la hecatombe. Por supuesto que en las preguntas del periodista se denotaba, también, que algunas cosas no le eran creíbles. Insistía en que le confirmase lo reportado. Posiblemente pensaba que no le estaba diciendo la verdad, lo que contradecía la seriedad y credibilidad de quien lo contaba.

Sin embargo, era asociable con el porqué no habíamos podido ver las referencias cuando pasamos, a la misma hora y mas debido nuestra mayor altura que la del fumigador. Quedó confirmado que no eran infundadas la extraña situación, tan solo media hora antes, cuando sobrevolamos el lugar. Después también supimos el motivo por el cual los controladores indagaban por las novedades meteorológicas.

Entre la media noche y el amanecer, varias aeronaves se habían declarado en emergencia en forma simultánea y el controlador debió darles números para establecer el orden de prioridad llamándolos Emergencia 1,2,3, etc. Lo normal es que toda aeronave que se declara en emergencia es prioridad “uno”, con respecto a las demás aviones volando de manera normal. Pero ante varias emergencias simultaneas, tuvo que escalonarlas.

Sin identificar el motivo, sus motores habían tenido algunos malos funcionamientos. A uno de ellos se le esmerilaron los parabrisas frontales de tal forma que casi le impiden la visibilidad indispensable para el aterrizaje. Debió recurrir a las ventanillas laterales para la aproximación a la pista.

La mucha y filosa ceniza flotante en el aire, fue la causa de los inconvenientes. Con la velocidad del avion se erosionaron los vidrios. A nuestro avion no le sucedió tal cosa. Tal vez por la menor velocidad y porque ya se había decantado la densa nube que se formo en los momentos inmediatos a la erupción. El polvillo flotante, que opacaba el aire cuando pasamos, era ya poco y demasiado fino como para causarnos inconvenientes. La explicación del fenómeno se comprendió solo al día siguiente. En esa noche nadie supo la causa, ni el sistema aeronáutico ni los medios de información.

Paulatinamente se fue develando lo ocurrido. La noticia se regó por todo el mundo. Las Fuerzas Armadas, los organismos de socorro, las facilidades médicas y todo cuanto se pudiera movilizar, centraron sus esfuerzos en salvar vidas, rescatar sobrevivientes, acoger desplazados, suministrar auxilios y controlar la situación.


Los siguientes días fueron una torre de babel en nuestra Base Aérea. Llegaban aeronaves con materiales de todo el mundo, equipos de búsqueda, cargas de diversa índole y se hablaban más de 6 idiomas distintos.

Se ejecutó un esfuerzo descomunal para mitigar el desastre. Parecía como si el Apocalipsis se hubiese desatado. Como si la béstia, cual poderosos basilisco, hubiese decidido arrasarlo todo.


Son muchos los detalles relacionados con los hechos. En esta ocasión solo agregamos que algunos días después, cuando los sucesos algo se habían calmado, sobrevolamos el lugar. Pudimos ver que por las cuencas de los ríos Lagunilla y Guali había bajado una avalancha descomunal. Partía desde el casquete de nieve de la montaña, que ya no era blanco sino ceniciento. En donde nace el río, le faltaba una buena parte, señalando el punto donde se inició el deshielo. El glacial se había descongelado rápidamente debido al calor de la erupción que, de manera repentina, aumentó el caudal de las aguas bajando un raudo sunami.


El calor de las cenizas explicaba por qué muchos de los rescatados que recibimos en Bogotá, cando se les lavaba la gruesa capa de lodo que los cubría, aparecían con quemaduras. A pesar de que el agua provenía de un descongelamiento en una región lejana, a Armero había llegado bastante caliente. Contaban que el lodo estaba ardiente y los quemaba.


A eso se agrega que, aunque varios días antes se había reportado un represamiento a medio recorrido del rio, debido a un barranco que cayó al cauce y este no fue tenido en cuenta por las autoridades. Cuando llegó la creciente, se rompió el dique, que multiplicó la furia de la corriente.


A pesar que el río corre bastante hondo, por un cañón cual profunda arruga, que baja desde el casquete nevado del volcán, el deslave había barrido los costados hasta una altura que facilmente podía llegar a dos cuadras en ambos lados. En esa franja y a lo largo de todo su recorrido había dejado la roca a la vista y perfectamente limpia. Toda vegetación, que es naturalmente espesa, había desparecido.

No había ninguna de las casas campesinas que son normales en las orillas de las aguas que bajan de las montañas. Y entre mas abajo era más alta, indicando que a medida que descendía aumentaba el volumen.

Cuando llegó al piedemonte, donde comienza la planicie del valle del Magdalena y a poca distancia del lado occidental del pueblo de Armero, se explayo como un gigantesco abanico que abrió sus brazos para abarcar cuanto mas fuera posible. Dejó una cubierta de escombros y, sobre todo, material de aluvión. Era evidente que tenía varios metros de profundidad y dejaba sobresalir solo unos pocos muñones de lo que habían sido los muros de las casas y construcciones del casco urbano. Hasta la altura de la torre de la iglesia había llegado.

Descargo muchas rocas de gran tamaño, tocones de árboles y dejo causes, por donde escurría aun agua del lodo de ceniza. Tierra y vegetación horriblemente mezcladas, que se compactaba en la medida que secaba formando una loza estéril de cemento natural.

Como si hubiese pasado una mezcladora de concreto de enormes proporciones que había vomitado su contenido de manera repentina. Había enlosado todo un delta cuyo vértice iniciaba en la salida de la montaña y corrió hacia el oriente en búsqueda de la orilla del rio Magdalena a más de diez kilómetros. Sobre un buen trayecto del rio descargó el contenido en sus aguas.

Ese enorme triangulo había quedado convertido en un piso totalmente plano e inerte, como cuando se derrama concreto para hacer una loza de cemento. Solo algunas copas de árboles, que resistieron en pie, sobresalían de aquel inesperado pavimento natural. Parecían pequeños oasis de sombra donde pocas personas lograron sobrevivir subiendo a su ramas en huida de las arenas movedizas de la pegajosa arcilla que los quiso devorar. De ellos los rescataron los helicópteros.


EL MAYOR GERMÁN LAMILLA. SOBREVIVIENTE DE LA HECATOMBE Y OFICIAL FAC.

Muchas otras cosas acontecieron alrededor de esta tragedia, con detalles dolorosos, que por respeto a quienes sufrieron, no narramos. Basta con este panorama general. Del cual, también se pueden contar mas, que será en otra ocasión, pues ya es demasiado extensa esta crónica.
Coronel Iván González.