AERONAUTAS Y CRONISTAS

martes, 22 de marzo de 2016

UNA MISION SUICIDA

Una misión suicida (I)



Al correr hacia el helicóptero, no alcanzábamos a imaginar lo ocurrido en aquel vestigio de nuestra Patria. Eran las cuatro y media de la tarde del lunes 30 de septiembre de 1996 cuando despegamos del Batallón Joaquín Paris ubicado en San José, capital del departamento del Guaviare, con rumbo a la población de Lasdelicias en el departamento del Caquetá. Territorios, hasta ese momento desconocidos, del cual, solo sabíamos gracias a un pequeño y distante punto en nuestras cartas de navegación.

Íbamos en el Helicóptero FAC 4122, Black Hawk de la Fuerza Aérea Colombiana. Yo era el copiloto de una tripulación de 4 personas, un piloto y dos técnicos de vuelo, que ese día recibimos la orden de evacuar algunos soldados heridos acantonados en el puesto militar de aquella región

Para llegar a esa población atravesamos el departamento del Guaviare y sobrevolamos durante dos horas y media 450 kilómetros de selva espesa, infinita y profunda. A la mitad del camino, nuestra cabina, que hasta este momento vivió un ambiente fraternal y tranquilo, se fue quedando en silencio y se llenó de inquietantes secretos. La noche empezó a caer trayendo consigo un paisaje siniestro, gris y oscuro, como preludio de acontecimientos fatídicos. Debajo, la selva cada vez era más espesa, más primitiva y más espeluznante.

El sol ya nos había abandonado tras el horizonte, solo sus fantasmales halos nos ayudaban a distinguir entre espejismo y realidad. Llevábamos 2 horas de vuelo y estábamos muy cerca de nuestro arribo. Era la hora de llamar a las tropas del Ejercito Nacional: -Ejercito, Ejército, de rotor...-, -Ejercito, Ejercito, Ejercito de rotor...-, a la espera de su respuesta me imaginaba aquellos hombres tratando de sintonizar el radio al escuchar el sonido de nuestro helicóptero, -Ejército, Ejército, Ejército de rotor...-, seguimos esperando y volviendo a llamar repetidas veces. Vanamente conseguimos algo, por el contrario siempre recibíamos el sonido seco de la estática de nuestro radio como respuesta.

La noche finalmente nos arropó y las luces de la cabina no eran precisamente el augurio de un feliz término. El sistema de navegación marcó las coordenadas del destino justo debajo de nosotros, pero no logramos verlo, hicimos varios giros, hasta que este surgió bajo una bruma densa, “¡parece que es ahí!”, expresó el Capitán“, gire la cabeza y vi la estampa de un pueblo abandonado y destruido por la barbarie. Era una fotografía en blanco y negro de casas destruidas, de cuerdas y postes formando desordenadas telarañas con sus cuerdas eléctricas y de pequeñas embarcaciones hundidas a la orilla del río.

Buscando algo que nos diera un motivo para aterrizar, dimos varias vueltas sobrevolando las ruinas: un soldado, un infante de marina, un campesino, una señal de humo, algo o alguien, pero nada se apareció. Pensamos en proceder hacia la base aérea de Tres Esquinas, una de las unidades más antiguas de la FAC, ubicada en el Caquetá a unos a 70 kilómetros de distancia. Al ver el remanente de combustible nos dimos cuenta de la alarmante realidad, no nos alcanzaba para cubrir esa distancia y tampoco para proceder hacia algún otro sitio que ofreciera la seguridad necesaria.

Era imperante aterrizarnos allí, en este pueblo fantasma donde muy seguramente los terroristas preparaban nuestro destino. Me imaginaba la emboscada preparada y nosotros listos para pelear evadiendo cilindros y repeliendo el fuego de las ametralladoras enemigas. Nuestra situación era crítica, en ese instante todas las posibilidades pasaron por la mente, desde la idea de arborizar lejos de allí hasta caer sobre algún cultivo de coca o entrar en combate frontal. Todas las alternativas eran peligrosas, mas no podíamos quedarnos en hondos pensamientos. Nuestro deber era aterrizar. Debíamos pelear contra el miedo y el enemigo para rescatar a nuestros héroes y abastecer la aeronave.

Descendimos a poca altura donde identificamos lo que sugería ser personas acostadas en el suelo y algo que parecían bultos en movimiento. Pensé en una sorpresa del enemigo, pero era raro que estos no se ocultaran. Lo que se movía eran animales caminando entre ellos. El piloto de la aeronave tomó las precauciones necesarias y ordenó a los técnicos de vuelo alistar las ametralladoras.

Seguimos aproximándonos. Se podían ver las puertas abiertas, las ventanas caídas y las paredes con huecos. Las cicatrices de un combate demencial. La escena era apocalíptica, humo, escombros, abandono. Mire nuevamente hacia las siluetas y fue cuando la sangre se me congeló en un solo segundo. Eran los restos humanos de los soldados regados por todos los flancos lo que se movía eran cerdos salvajes alimentándose de sus entrañas.
La base militar de Las delicias ya no existía.



La cruel realidad nos despertó de un solo tajo y la presencia de la muerte nos hizo pensar en lo efímero que somos, en lo temporal y lo eterno, en la inocencia de las victimas y en la maldad de los victimarios. Cerramos los ojos y pedimos a Dios que nuestra acción fuera valiente y fraternal, para buscar en silencio a los sobrevivientes que, escondidos, deberían estar velando por sus vidas. La función macabra había terminado, era un momento tenebroso.

Respiramos profundo y alistamos la aeronave para aterrizar. Apostamos a la vida o a la muerte. Mi Capitán ordenó máxima disposición de combate, ajustar los protectores y desasegurar el armamento. Los pilotos con las manos sobre los controles, los artilleros, con sus escudos blindados sosteniendo las armas y con el dedo en el disparador y todos, con los ojos puestos sobre lo que se moviera en el horizonte. Alertas y callados con la adrenalina calcinando el miedo, el sudor corriendo y los corazones palpitando aceleradamente.

Las ráfagas de los rotores apartaban los árboles y agitaban las ramas levantando nubes de polvo y hojas, en diabólicos remolinos. El peligro era latente pero seguíamos vivos, ni un disparo, ni explosiones de bombas, ni gritos, nada. En vuelo lento, casi a ras del suelo, el helicóptero se deslizaba, cual ángel de la noche explorando entre los escombros y las ruinas de una antigua civilización extinta. Con las lámparas alumbrábamos los rincones, las garitas destruidas y el puesto de mando incendiado.

Al bajar, la pegajosa humedad entró por las puertas abiertas, donde estaban alertas los artilleros, con penetrante y fétido olor. Nos invadió la desolación y el espectro de la muerte con el vaho de los cadáveres que convertían el aire en nauseabundo gas irrespirable. En el espacio abierto para los deportes yacían los cuerpos de 17 de las víctimas de un cruento final, incinerados 5, junto a las trincheras, 8 caídos dentro de las ruinas y 5 ahogados en la orilla del río.

El fuerte viento estremecía a aquellos heroicos patriotas inmolados pero no vencidos, inermes como piedras, cubiertos de harapos y equipo militar destruido. Algunos, con los ojos abiertos en sus pálidos rostros, mostraban su último gesto de dolor y valor. Veíamos como los cuerpos eran empujados por el inevitable viento de la maquina, al mismo tiempo nos empeñábamos en detectar cualquier señal del enemigo.

De repente, notamos destellos de luz titilando bajo los escombros y ligeros movimientos. Detuvimos el vuelo de inmediato pensando en un ataque frontal, giraron las ametralladoras, quietud, máxima alerta y tensión con los nervios a punto de reventar. Solo el rugir de la máquina, el golpeteo de las aspas del rotor pero ningún ruido de armas.
Como sombras surgiendo de tumbas, comenzaron a aproximarse siluetas que arrastraban los pies y levantaban los brazos con actitud de suplicantes zombis. Caminaban implorando ayuda. Cuando la fuerte luz del reflector del helicóptero los cubrió, vimos sus fantasmagóricas figuras.

De repente, encontramos lo que habíamos venido a buscar desde el lejano Guaviare, de donde partimos ese día a muchas millas de distancia de jungla al oriente del país, sin saber lo que nos esperaba. Eran los sobrevivientes del exterminio de la Base Militar de Las Delicias, sobre el río Caquetá, así parecieran seres del otro mundo. Solo el brillo de sus ojos lo negaba, el resto era igual: lodo, sangre, sudor y lágrimas.



Mayor Ricardo Torres S.

Oficiales FAC

PALANQUERO Y EL CAPITAN FRANCO

PALANQUERO Y EL CAPITÁN FRANCO

CAPITULO I

Con motivo de cumplirse el sesentavo aniversario del asalto de la Base Aérea de Palanquero el próximo 31 de diciembre del 2013, es propicio y necesario poner en evidencia un aspecto poco investigado. Se trata de la relación que existió entre las guerrillas liberales de Urrao, encabezadas por Juan de Jesús Franco Yepes, exsargento del Ejército, “Capitán Franco” y las operaciones aéreas de contrainsurgencia que adelantaba el Comando Aéreo de Combate Numero 1 o Base Aérea de Palanquero.

Durante el año de 1952 el país se encontraba en pleno conflicto interno denominado como “El Tiempo de la Violencia”. La confrontación partidista se venía fraguando desde años atrás pero se recrudeció con el asesinato del líder liberal Jorge Eliecer Gaitán el 9 de abril de 1948. Después de la entrega de la presidencia por parte de Mariano Ospina al presidente electo Laureano Gómez, los partidarios liberales sufrieron una cruenta persecución. Ante tal situación algunos se organizaron en grupos armados. Como no les era factible permanecer en las áreas urbanas, debido a que en ellas tenia primacía las Fuerzas Armadas, optaron por crear grupos en las áreas rurales.

Se presentaron grupos de mucha beligerancia en la zona andina. Uno de ellos en las estribación occidental de la cordillera oriental a la altura de Santander y norte de Boyacá. Su área de acción se extendía al valle del Magdalena afectando la navegación fluvial, la seguridad del oleoducto, el centro de refinación de crudos de Barrancabermeja y el ferrocarril central. Esta autodefensa liberal, como solían denominarse, era encabezada por Ramón Rodríguez.

El otro en el sector oeste del departamento de Antioquia que extendía su influencia al noroeste y el suroeste. Su composición comprendía dos focos. El del valle del rio Pavón en el municipio de Urrao, Antioquia, comandando por Juan de Jesús Franco, denominado “Capitán Franco” o “El Mocho”. La otra en las estribaciones de Cerro del Sol o Paramo de Frontino, en el mismo municipio. Específicamente en la vereda Camparrusia. La manejaban Ceno Urrego, Arturo Rodriguez y Aníbal Pineda. Los dos grupos acordaron efectuar acciones conjuntas y coordinadas aunque con autonomía operativa.

CAPITAN FRANCO

La Fuerza Aérea, realizaba acciones de neutralización y bombardeo tanto al frente de Santander como al de Antioquia. En relación con el grupo del Magdalena, a lo largo del todo el año 52, la Base Aérea efectuabas patrullajes aéreos armados desde la Dorada, donde se encuentra la Unidad militar, hasta Puerto Berrío. Y en algunas ocasiones hasta Barrancabermeja brindando apoyo a las fuerzas de superficie, evitando atentados a la infraestructura. Así contrarrestaba de manera efectiva al grupo del departamento de Santander que atentaba contra importante patrimonio nacional. Inicialmente los grupos de liberales armados, que habían acudido a la vía armada para defenderse del régimen político, no tenían como enemigo a las FF AA, pero por acciones como esas se fueron convirtiendo en blanco de sus agresiones. La unidad aérea fue uno de ellos.

EL ASALTO A LA BASE ÁREA DE PALANQUERO Y EL CAPITÁN FRANCO
CAPITULO II

En relación con el grupo de Antioquia. A finales de 1951, la Fuerza Aérea bombardeó la finca La Unión en el valle del rio Pavón del municipio de Urrao, donde, supuestamente, se alojaba el cuartel del Capitán Franco. Realmente este permanecía más en la finca El Hato. De todas formas La Unión fue luego incendiada por las fuerzas gobiernistas por ser propiedad de simpatizantes de las tropas de Franco, según la declaración del Mayor Luis E. Millán el 4 de octubre de 1951.


PANORAMICA DE URRAO
Posteriormente y para el primer semestres de 1952 se bombardeó al grupo de Pavón, específicamente el campamento de Cariazul que causó graves daños y destruyó la fábrica de armamento de Santa Ana. Este fue un golpe significativo ya que afectó un recurso importante de los guerrilleros.

Para finales del mismo año, el 19 de sep, El Capitán Franco sufrió una baja en ese mismo sector en un combate terrestre. Se trató de la muerte del prestigioso guerrillero valluno Luis Delio Mejía Botero denominado “El Míster”. Personaje no solo muy apreciado por Franco sino valioso por su capacidad de liderazgo. Ante tal hecho, Franco inicio una operación de rastrillo que hizo replegar a los aproximadamente 1.500 hombres de las fuerzas del gobierno.

Además, Franco y su colega denominado “El Gordo”, habían acordado un acción conjunta y simultánea con las guerrillas del Llano en un plan general que consistía en un marcha desde del oriente del país con 17 mil sublevados hacia Bogotá. Mientras que los de Urrao se moverían con una fuerza de entre 4 y 5 mil hombres desde el occidente. Simultáneamente, las fuerzas del Tolima y las de Viotá atacarían Palanquero. Las de Santander se tomarían a Barrancabermeja. Las de Restrepo (Valle) y Ceylán, atacaban a la base de “El Guabito” (Escuela Militar Marco Fidel Suarez). En forma local operarían las guerrillas de Huila, bajo Nechí. Mogorontoque y Sumapaz. 

La FAC bombardeó Camparrusia, los colegas de Franco en las estribaciones del páramo de Frontino, en un acción conjunta con tropas terrestres. Este ataque fue exitoso y se pudo destruir dicho reducto insurgente pero eso no evitó que se desistiera del plan general.

El ataque a la Base Aérea de Palanquero era un objetivo no solo de importancia para quitarse un enemigo que los hostigaba, junto a los de Santander, sino también que apoyaban el plan estratégico general antes mencionado, así este no se ejecutara. El asalto se justificaba por sí solo.

Consideraron tomarse la unidad sin destruir los aviones de combate F – 47 ni sus facilidades de combustible, con el fin de obligar a los pilotos a bombardear las instalaciones militares y de gobierno, incluido el palacio presidencial en Bogotá. De esa forma contribuían a la acción primordial de las guerrillas de los Llanos. Para lograrlo los rebeldes pensaron en un procedimiento que demuestra el total desconocimiento de los aviones que pretendían apoderarse. Querían encañonar a los pilotos acompañándolos en las cabinas para obligarlos a bombardear, desconociendo que en ellas solo hay cabida para el piloto.

AVION T 33

EL ASALTO A LA BASE ÁREA DE PALANQUERO Y EL CAPITÁN FRANCO
CAPITULO III

Esas intenciones fueron contadas durante las declaraciones posteriormente rendidas por los bandoleros capturados, los testimonios del sacerdote Enrique Pérez Arbeláez, quien se encontraba la noche del asalto, y el del Capitán Jorge Zapata quien era el comandante encargado porque el titular había viajado a Bogotá y su casa estaba vacía.

CAPITAN JORGE ZAPATA

Con esas premisas, la Base Aérea fue asaltada en la noche del 31 de diciembre de 1952 aproximadamente a las 02:00 horas. Momento para el cual presumían que sería el momento más vulnerable y de mayor sorpresa debido a la celebración de las festividades de final de año.
El Padre Pérez cuenta que debido a las sirenas de barcos y locomotoras a la media noche, celebrando la llegada el nuevo año, decidió abandonar su descanso y se fue a recorrer las calles de la Base ya que no podía dormir. Llegó a la rampa de los hidroaviones donde admiraba tranquilamente el paso del rio y escuchaba las conversaciones de los oficiales que con sus señora prolongaban las festividades.

RAMPA DE HIDROAVIONES

En medio de la pólvora, la música y las radios, comenzó a escuchar estampidos de armas. Vio pasar soldados corriendo y preguntó sobre lo que sucedía. Le dijeron que los habían atacado pero no creyó mucho hasta cuando sonó la sirena de la alarma general. Se dirigió a la enfermería apagando cuantas luces de las casas encontraba encendidas viendo como las balas hacían impacto en techos y paredes. Se puso a atender heridos que llegaban. Al mismo tiempo oía las órdenes dadas por los altoparlantes del Teniente Coronel Eduardo Escandón, comandante de la Fuerza Aérea, quien asumió el mando de la defensa. El TC. había llegado días antes a la unidad en plan de vacaciones.

TC. EDUARDO ESCANDON

Asistía a las Hermanas, que manejaban el hospital, en las atenciones médicas y daba los auxilios espirituales a los heridos graves y los muertos. Tanto militares como asaltantes. De estos últimos uno le dijo: “Nos cogieron en la hacienda de la viuda de Floro y nos echaron por delante”. Al amanecer encontró al frente de la casa del comandante un cadáver, que por su aspecto y por los aderezos que lucía, fuera de lo común, parecía ser el jefe. Calzaba botas, vestía una chompa impermeable, guantes finos de cabritilla y una esclava de plata. Mientras los demás tenían vestimenta miserable y portaban un viejo armamento y machetes. También tenía un plano del ataque hecho a la ligera, a lápiz y como para instruir a sus aliados con simpleza.

Según el plan cortaron el telégrafo y los teléfonos. Ultimaron al operador de la planta eléctrica pero no suspendieron el servicio. Penetraron a la casa del Comandante quien no se encontraba, como ya se dijo, mientras el supuesto jefe permanecía afuera tal vez en espera de que este saliera para secuestrarlo o matarlo. En ese lugar fue ultimado por el mismo soldado Libardo Ortiz que custodiaba el generador y quien dio la primera alarma.

EL ASALTO A LA BASE ÁREA DE PALANQUERO Y EL CAPITÁN FRANCO
CAPITULO IV

El Capitán Zapata, encargado de la unidad, hizo un recuento de las operaciones emprendidas para la defensa. A mediados de diciembre 1952 se recibió una información, no confirmada, que los sediciosos atacarían las instalaciones petroleras de Barrancabermeja para el día 20 de ese mes. La Base intensificó los patrullajes pero a la fecha no sucedió nada.

 A la media noche del 31 se iniciaron las celebraciones de fin de año sin sospechar que de la cordillera, amparados por la oscuridad y la topografía, se aproximaba una crecida agrupación ofensiva. A las 02:30 las tropas pasaron al descanso y los oficiales se retiraron a sus casas con sus familias.

Minutos más tarde llego jadeante el Soldado Libardo Ortiz, que estaba de centinela en el puesto 8 del área de la planta eléctrica, informando que gentes armadas habían penetrado por el sector norte en actitud hostil. Que habían asesinado al encargado del generador, el Sargento Segundo Jorge Eliécer Michaels. El Soldado Ortiz regresó a su puesto donde se parapetó dando de baja al jefe de los atacantes y manteniendo a raya a sus compinches quienes inútilmente trataran de envolverlo. El sedicioso era Ramón Rodríguez. Igualmente el Soldado del puesto 4 informaba al Capitán Alfonso Barragán que también por el costado oriental se aproximaron hombres armados que dieron muerte al Soldado Carlos Mazo. El CT. Barragán ordenó la alarma con corneta cuando estallaba una bomba que mató al soldado Óscar de J. Sánchez.

El marinero Jesús Herrera fue asesinado mientras alistaba los aviones para salir a vuelo. A las 03:10 se definieron dos frentes de defensa. Uno comandado por el Teniente Rafael Pinto quien progreso hacia el norte en contrataque. Otro dirigido por Capitán Barragán quien repelió el asalto proveniente del oriente. El Teniente Ricardo Nanclares llegó con un grupo de policías de la Dorada sumándose a la persecución de los asaltantes que se batían en retirada. El suboficial técnico Gustavo Vélez neutralizó a unos francotiradores desde el taller de motores. El suboficial técnico Antonio Tavera logró dar de baja a los dos que habían ultimado a su compañero Michaels, manteniendo bajo control la planta eléctrica. Mientras que los Tenientes Jaime Martinez y Álvaro Garzón dieron de baja en las pista a otros enemigos y capturaron al sedicioso rezagado Juan Rodríguez. Despejada la pista los tenientes Rafael Pinto y Alfonso Morales salieron a vuelo en dos aviones T- 6 para hacer reconocimiento y orientar a las tropas.

AVION T 6

Recuperado el control de la Base se contabilizaron 33 atacantes muertos, dentro de los cuales estaban 19 de los más temidos forajidos de la región. Y se sufrió la lamentable pérdida de un suboficial, un marinero y cinco soldados.
Dos días después el Capitán Barragán regresó del sector de la hacienda San Cayetano, aledaña a la Base, con ciento veinticuatro prisioneros.
Loor y gratitud imperecedera a aquellos que en el amanecer del 1° de enero de 1953 se inmolaron o fueron heridos por defender el estandarte de la Fuerza Aérea Colombiana. Ellos son:

LOS HÉROES:

Sargento Segundo Jorge Eliécer Michaels.
Cabo Segundo José Neftalí Peña
Cabo Segundo Jesús N. Ospina
Cabo Segundo Carlos A. Mazo
Cabo Segundo Óscar de J. Sánchez
Cabo Segundo Juan Clímaco Contreras
Marinero Primero Jesús Herrera.
LOS HERIDOS EN COMBATE:
Soldado Leonel Gómez Sánchez.
Soldado Alfredo Navarro
Soldado Luis Alfonso Ramos

ESCUDO DE LA FAC


miércoles, 10 de febrero de 2016

LAS ANIMAS DEL PURGATORIO

LAS ÁNIMAS DEL PURGATORIO

Para el 2 noviembre en todos los pueblos, se dicen misas y se hacen celebraciones por las almas del purgatorio. Es el día las ánimas.

Un 1 de noviembre de los primeros años de la década de 1940 mi mamá confeccionaba ropa por encargo y no pudo poner presentable la lápida de la tumba de mi papa. Yo quise ir a limpiar la lápida. Al otro día debía estar bonita para la misa que celebraría en el cementerio. Normalmente la gente iba temprano el día anterior. Yo no pude y llegué como a las cinco de la tarde a la casa. Le dije a mi mamá que quería arreglar la tumba para la celebración del día siguiente aunque ya estaba relativamente tarde.

Ella me expresó su preocupación. Yo le dije que tenía una hora porque el cementerio lo cerraban a las seis. Que alcanzaba y me llevaba de compañía a mi hermana Olga y a una vecina como de 12 años, que vivía cerca de nuestra casa. Le dije: Tengo tiempo y enseguida me devuelvo. Seguro que estaría de regreso para las seis.




(Esta foto corresponde al cementerio viejo de la década de 1920, aproximadamente. Ocupaba, solamente, la parte superior de la colina, a la cual se llegaba por un camino. A fines de los años 20, el párroco Ceferino Crespo, inició su remodelación para lo cual compró la parte de la loma y el plan de adelante, en donde construyó varias filas de bóvedas y un portal inicial. La actual portada del cementerio remodelado está al frente de la casa de la izquierda sobre el camino. Así era mucho antes de la historia que les estoy 
contando).

Para esa hora, en el cementerio ya no había nadie. Pude arreglar y poner unas flores en la tumba. Cuando ya iba a regresar, llegó una amiga en compañía de la hija. Fueron hasta la capilla y yo pensé que por lo tarde sólo iban a rezar unas cuantas oraciones. Decidí esperar para regresar con ellas. Mas los rezos se les alargaron y se oscureció. Yo estaba ya muy preocupada, no me sentí capaz de irme sola. Decidí más bien esperar hasta que ellas acabaran y aprovechar su compañía. Prendieron hasta velas. Los rezos se prolongaron tanto que me dieron como las ocho de la noche en el cementerio.



(Una de las galerías del actual cementerio)

Repentinamente, en un punto donde la galería hace una esquina, sentí que en ese sitio oraban con una voz muy delgada y rápida. Yo me alegré porque pensé que había más gente y eso me tranquilizó. De pronto, ví que de esa esquina salieron como tres o cuatro personas. Estaban vestidas con unas túnicas de colores verde, azul y gris claro. Caminaron hasta un lugar cercano a la capilla y alli se perdieron. En ese momento también terminaron las voces. Yo me sorprendí sobremanera.

Al poco rato, bajaron las amigas que estaba esperando y nos juntamos muy pegadas las unas de las otras. Por lo que vi, ellas no se dieron cuenta de lo que yo había visto porque estaban entretenidas en sus plegarias. Ellas no me mencionaron nada y yo tampoco les comenté lo que había visto.

Llegamos hasta la portada del cementerio que estaba cerrada. Al lado de la puerta había un muro y por ahí tuvimos que montarnos para poder salir hacia el potrero contiguo. La señora primero. Yo le pasé las dos niñas. Luego yo y, por último, la hija de la señora. Después pasamos por debajo del alambrado que lindaba el potrero con la calle y continuamos caminando.




Nos separamos en una desviación antes de llegar a la casa. Como yo quedé solo con las niñas, arrancamos a correr lo que más pudimos porque me sentía con mucho miedo. No paramos hasta llegar a donde había gente. En la primera esquina del pueblo, ya nos fuimos despacio para qué nadie pensara que estaba sucediendo algo extraño.

Yo estaba muy preocupada por qué me iban a castigar y a recriminar muy fuerte por estar andando sola la calle durante la noche. Mucho menos me creerían que estábamos en el cementerio. Por eso les recomendé a las niñas que no dijera nada. En el caso de que nos preguntaran yo sería quien contestaría lo que primero se me ocurriera. Mucho menos contaran que veníamos del cementerio.

Entramos a la casa y mi mamá ni nadie nos preguntaron dónde estábamos. Por eso el suceso se quedó en secreto.

Así terminó la aventura. Sin embargo, por ese motivo yo sostengo que ví a las almas del purgatorio.





(En el extremo de la esquina inferior derecha, donde llega la carretera perimetral, se puede ver, de canto, la alta y actual portada, de color marrón, de entrada al cementerio moderno. En el tiempo de la crónica, el casco urbano no llegaba hasta el cementerio, como si lo es ahora).



Ligia Urán R.  Iván Gonzalez U.











POLITICA, RELIGIÓN Y VIOLENCIA

CAPITULO I

EL CAMINO DE URIBE

(Esta crónica la cuenta mi madre Ligia Urán Rivera. Es parte de lo que a ella le contaron y parte de lo que ella misma presenció).

Inspirados en una orientación de reivindicaciones, el General Rafael Uribe Uribe, a su paso por la población de Urrao, en abril de 1904, empujó la apertura del camino hacia el río Atrato. Palpó la apremiante necesidad de esa empresa comercial y estratégica, por los recientes acontecimientos de Panamá.

Arengó brillantemente sobre el particular, como sabía hacerlo, y en la prensa de Medellín libró una campaña de éxito completo. Inmediatamente después, se constituyó en la capital de Antioquia una Junta autónoma para el fomento de esta vía y otra por Frontino. Los trabajos no tardaron en iniciarse. A esa empresa se vincularon muchos urraeños con la suscripcion de acciones.

El eminente republicano, con la clara visión de los problemas nacionales que lo caracterizaban, contempló el asunto, no sólo por los puntos de vista anotados, sino por otros aspectos. Como la posibilidad de las sequías del Magdalena, dificultades de tránsito por esta vía y alzas de las tarifas de las compañías fluviales que dificultaran los transportes. 


Condenaba como error sustancial de Antioquia su conformidad con una sola salida forzada, porque se exponía a padecer los quebrantos de quienes quisieran explotarla. Comparaba la diferencia que hay entre la servidumbre que paga tributo y la emancipada que se basta a sí misma. Argüía que el porvenir estaba hacia el occidente, en el Chocó. Ángel J. Madrid


LA POBLACIÓN ACTUALMENTE

El aprecio por el caudillo de los habitantes del hermoso valle de Urrao creció de manera plena. Luego lamentaron con dolor su muerte trágica en la ciudad de Bogotá viendo frustradas sus futuras aspiraciones de un mejor porvenir.

En gratitud le fue erigida una efigie de cuerpo entero en posición pedestre y de tamaño natural, que le fue contratada al escultor salamineño Jesús M. Agudelo. Efigie que fue colocada en 1934 en la plaza principal y en el lugar de la preponderante ubicación que por años ocupaba la antigua y tradicional "Fuente de los Cisnes",como la llamaban.

El monumento permaneció por 15 años en ese lugar. Era altamente apreciado no solo por el recordatorio del líder político, ya que esa población era de mayoría liberal, de lo cual se enorgullecían, sino por que, como obra de arte, reflejaba con mucha claridad artística la fisonomía del personaje. Se convirtió en un valioso patrimonio cultural y público.

LA ROTACIÓN DE LAS HEGEMONÍAS PARTIDISTAS
Antes de la década de los años 30 se estaba dando una hegemonía conservadora en el gobierno. Pero con la llegada a la presidencia de Enrique Olaya Herrera, del partido liberal, a comienzos de esa década, por darse una facción en el partido conservador en esas elecciones, se inició la hegemonía liberal. La misma que siguió por varias elecciones.

En ese tiempo se dieron desmanes de particulares liberales contra conservadores para resarcir los atropellos y, simplemente, en las injusticias por las pocas oportunidades para gobernar, cometidos contra ellos en la hegemonía conservadora anterior. Incluso por los resquemores que aún no se apagaban del tiempo de “La Guerra de los Mil Días”. Atropellos que los conservadores dieron por admitidos o no suficientemente controlados por el gobierno liberal. Esta fue llamada de “La Primera Violencia Política”. La misma que aplacó, casi en su totalidad, las políticas del presidente liberal Alfonso López Pumarejo.

Para ese tiempo yo estaba joven y siempre me había tocado que los liberales siempre ganaran las elecciones. Al menos dentro del municipio de Urrao que era de mayoría liberal. Eso molestaba a los conservadores locales que se mantenían ofendidos porque no lograban ganar.
Cuando llegaron las elecciones a mediados de los años 40 que eligió al conservador Ospina Pérez. Se terminó la hegemonía liberal, por el mismo motivo por el cual habían perdido el poder los conservadores a comienzos de los 30. Es decir, la división partidista. Hasta muchos liberales votaron por Mariano ya que este les prometió buen trato en su gobierno para conquistarlos. Al comienzo fue bueno y cumplía como presidente.

Luego se inició un periodo de retaliación de sus copartidarios. Las llamadas chusmas conservadoras en contubernio con los Chulavitas o policía corrupta, politizada, primaria y violenta de origen boyacense. Todo indicaba que él no la promovía ni la escondía pero tampoco contenía ni castigaba. Se afirma que, incluso, trataba de controlar y acabar esos atropellos. Mas los afectados lo acusaban de ser culpable. Se justificaban recordando los abusos de los liberales contra los conservadores durante su anterior dominio del gobierno en los años 30. Al final del periodo ya había desengañado a sus electores. Y los liberales estaban exaltados con el asesinato de su jefe Jorge Eliécer Gaitán.

Esta nueva era de violencia conservadora seria llamada “La Segunda Violencia Política”. La que fue más agresiva que la anterior liberal. Se estaba repitiendo la historia. Y los mismos motivos que suscitaron la rebelión liberal contra el gobierno conservador que ocasionaron “La Confrontación de los Mil Días” en los primeros 3 años del siglo XX.


LOS ABUSOS
La diferencia entre los dos partidos se venía fraguando a nivel nacional, por algunos sucesos contra los liberales desde tiempos anteriores, como ya se ha contado, a comienzos del siglo. Luego en los inicios de los años 30 con la hegemonía liberal, se siguió con la hegemonía conservadora, que desbancó del poder a la hegemonía liberal a finales de los años 30. Y, en especial, a finales de los años 40 cuando en 1948 los liberales acusaron al presidente conservador, Mariano Ospina, de ser el responsable de la muerte de su principal caudillo Jorge Eliécer Gaitán.

Hecho que desató una gran revuelta en la capital causando graves daños y una reacción política antigobiernista, por parte de los liberales, en todo el país. La que fue respondida con otra contrareacción violenta de parte del gobierno. Se inició “La Segunda Violencia Política”, que en la región del suroeste antioqueño se dio en llamar la época de “La Vida Mala”

Al final del mandato de Mariano se estaba haciendo la campaña para las elecciones que nombrarían al sucesor. El candidato único del partido conservador era Laureano Gómez. Laureano temía mucho que debido al desprestigio del partido conservador ocasionado por el débil gobierno de Mariano, por la muerte de Gaitán y por la evidente mayoría liberal, que no ganase y le pidió a Mariano que lo dejara actuar.

Esa acción era la aplicación de las políticas de tipo franquista para ejercer la autoridad, que estaban en boga y de moda en el ámbito americano. Algo similar a cuando los alemanes trataron de crear sus sociedades nacionalsocialista en Colombia durante el tiempo de Hitler en la segunda guerra mundial. Franco era el personaje a quien Laureano admiraba. Para exaltar la bondad de esa política española en América, del caudillo ibérico, quiso hacer una expresión de adhesión con las políticas del partido conservador. Esa manifestación fue la donación que hizo el generalísimo de una imagen de la Virgen de Fátima, que también era muy venerada en esos tiempos por sus grandes milagros y aparición.
AEROFOTOGRAFIA


Tal libertad de acción también incluía el derecho de usar a las Fuerzas Armadas, que en conjunción con los particulares conservadores malos, los Chusmeros, se dedicarían a perseguir, aplanchar y acosar a los liberales para que no salieran a votar por su candidato. O para que votaran por él.


Lo acontecido fue terrible. Los campesinos salían al pueblo los domingos a mercar y por el solo hecho de ser liberales, así fuesen gente buena, los señalaban los "Godos" a las autoridades locales. En especial a la policía que era muy conservadora y mala. Lo más corriente, era llamar “Godos” a los conservadores malos. Porque también existían los conservadores muy buenos, que no solo no hacían maldades a los liberales sino que incluso hasta los favorecieron. A eso no se les daba ese apelativo. Aunque, luego, se generalizó el termino para todos los conservadores en la medida en que crecieron los odios políticos.

A su vez, los Godos llamaban Manzanillos a los liberales sin hacer distinción de buenos ni malos. A los liberales que estaban en los montes también los llamaban “Chusmeros, Bandoleros o Pájaros”.

Como los liberales no estaban en el poder, los consideraban insurgentes y subversivos. El partido liberal fue considerado por los conservadores como una ideología de doctrina comunista. Que por ser contraria a la propiedad privada y de carácter socialista, era odiada por todos los gamonales, patrones y caciques locales de mayoría conservadora. Ser liberal era lo mismo que ser comunista con la respectiva condena y estigmatización de la iglesia católica que ejercía una poderosa influencia en la conciencia colectiva de toda la nación. En especial en las gentes humildes y de poca educación, pero honorables, trabajadores y buenos del área rural. 

Encarcelaban sin acusación alguna para provocar una natural resistencia que, aunque en parte justificada, era el motivo para usar la fuerza aporreando a los afectados.
De la persecución no se salvaban tampoco los liberales residentes del casco urbano. Y a los conservadores buenos, los Godos les reprochaban el que no participaran en sus tropelías y no se declararan en favor de sus malas acciones. El ser neutral era demérito así fuese de su mismo partido. Ser copartidario no los salvaba del mal miramiento de los Godos.

A los que caían en la desgracia los arrastraban por los empedrados. Les daban con los sables y patadas. Los insultaban. Muchos lograban salir de la cárcel al otro día. A los demás se los llevaban por la carretera a una curva que llamaba la “Vuelta de la Oreja” entre Concordia y Bolombolo. Algunos los desaparecían echándolos al río Cauca o los encontraban muertos en cañadas profundas.

Muchos liberales debieron convertirse en conservadores para salvarse de las "aplanchadas" o por solo miedo. A esos los llamaban los “voltearepas”, que era una ofensa imperdonable. En especial a los que no tenían firmes sus convicciones políticas. Los demás, que no cambiaron de partido, se atemorizaron de tal forma que cuando llegaron las elecciones votaron por el candidato único conservador. Porque tampoco había más alternativa para votar ya que no había candidato liberal. Así Laureano llego al poder.

CAPITULO II

LA PEREGRINACIÓN
A finales de la década de 1940 y coincidiendo con la campaña presidencial, no sabemos cómo el caudillo y ferviente católico, general Francisco Franco de España, se enteró de las simpatías políticas a su doctrina, que se denominó como el “Franquismo”, en un lejano municipio de Colombia. Es de suponer que fue por medio de la iglesia católica con ayuda de algunos políticos, como Laureano, que era la única que tenía capacidad de llegar hasta las esferas europeas, saltando el océano Atlántico, para hacer alguna gestión ante el poderoso y famoso caudillo español.

El hecho es que debido a eso y a las fuertes devociones a la virgen santísima, que acercaba al franquismo español con el conservatismo colombiano, decidido donar una imagen de la virgen de Fátima que fue traída de Europa en peregrinación nacional. Pretendía, supuestamente, aplacar los ánimos desbordados de la confrontación bipartidista política entre conservadores y liberales, que flagelaba a la nación. La misma que tenía muchos componentes religiosos. El principal líder del partido conservador, Laureano Gómez, tenía mucha simpatía por las ideas fascistas y franquistas. Es factible que el fuese el eslabón perdido de dicha donación.

Una de las rutas seleccionadas para esa peregrinación de la virgen por Colombia, fue la que conduce de Medellín a Urrao por la vía de Bolombolo, Concordia y Betulia. Cuando la virgen llegó a esa primera población, muchos adeptos y gentes de Concordia, que se encuentra en la parte alta de la cordillera occidental, bajaron hasta el ardiente cañón del río Cauca a recibirla y acompañarla en la subida de la montaña. En especial, personas del partido conservador que se hacían notar ante los liberales autodesignándose fuertes simpatizantes de la iglesia católica. Y acusaban de ateos y comunistas a los liberales, lo que era una descalificación social y doctrinaria inadmisible. Expresaban su desprecio a los del partido contrario, los liberales, a quienes acusaban de opuestos al catolicismo.

MEZCLA DE RELIGIÓN Y POLÍTICA.
Cuando la virgen llegó a la plaza de Concordia, el anda fue detenida al frente del despacho de la alcaldía municipal para lanzar elogios y discursos de adhesión y amor a la divinidad. Los caudillos conservadores, que se habían autoerigido defensores de la religión y de sus emblemas, como el de la virgen, se opusieron a que a ella se aproximaran los creyentes que fuesen de partido liberal.

Quizás bajo efectos del alcohol, algunos conservadores subieron a la plataforma que portaba la imagen adornada de flores y palomas. Estos Godos eran chusmeros de mala clase. Que yo recuerde entre otros: Hernán Ruiz. Hernán Betancur y Rafael Laverde, a quien le decían la “Niña de Pello”, que era tan malo como feo.
En forma emotiva no solo hicieron elogios de la imagen divina sino que reprocharon a sus contrarios partidistas liberales calificándolos de poca fe. Les impedían acercarse a la imagen y les pedían que se retiraran porque ellos no tenían derecho de estar cerca del icono sagrado, usando términos ofensivos y palabras groseras del más alto calibre. Porque los liberales estaban condenados, en vida, al castigo del fuego eterno en el infierno. Al derecho de aproximarse, admirar y adorar a la imagen sacra solo lo tenían los conservadores.

Situación que ofendió a los liberales puesto que si los conservadores se consideraban con el privilegio de compartir el lugar de preponderancia que tenía la imagen ante el pueblo, no solo era una gran violación de la sagrada imagen  sino que ellos tenían méritos para una igual oportunidad. Además ellos no se consideraban menos creyentes que sus contrarios.

En ese tiempo era muy importante, social y espiritualmente, que su lealtad religiosa no se pusiese en entre dicho. Menos por parte de quienes no eran los indicados, los conservadores, para esa clase de valoraciones. La actitud demostrada enardecía la confrontación entre los dos partidos puesto que consideraban de ofensa el mezclar la religión con las ideas políticas.

SE PROPAGA EL INCENDIO DE LA CONFRONTACIÓN NACIONAL AL NIVEL MUNICIPAL
De allí siguió la virgen a Betulia donde se repitieren hechos similares a los de Concordia, ya que muchos de los actuantes de Bolombolo y Concordia habían decidió acompañar la procesión hasta su destino final en Urrao. Estos personajes conservadores vieron la oportunidad, en los actos religiosos, para presentar a la gente de Urrao, municipio de mayoría liberal, sus reclamos por no plegarse a la política conservadora del gobierno que ejercía la autoridad en el momento por medio del presidente conservador Mariano Ospina Pérez. Reproche contra los liberales de Urrao que era imposible que los conservadores de la región pudieran hacer en cualquier otra circunstancia. Eso habría sido francamente peligroso a su integridad personal.

LA PRIMERA ETAPA DE LA CONFRONTACIÓN
Muchos de los conservadores malos de Concordia, los Godos, se fueron acompañando a la virgen. El 12 de octubre de 1949, hacia las siete de la noche, llegó a Urrao la peregrinación que traía la adorada imagen.
Este hecho fue aprovechado por los conservadores y fascistas de Urrao, que los había de los dos partidos, y tanto de los locales como de los visitantes llegados con la romería, para lanzar arengas contra el partido liberal, dizque por ateo. Además, se produjeron varios desmanes contra los liberales como golpizas, asaltos a sus casas y demás cosas, azuzados, entre otros, por el párroco Luis Elías Zapata Hincapié.

Como eso no fue suficiente, después de guardada la virgen, pusieron cargas explosivas a la estatua del líder liberal Rafael Uribe Uribe, que detonaron a la una de la mañana y con lazos tirados por una volqueta la terminaron de derribar. La misma que estaba en el centro del parque, como ya se dijo. El pueblo se levantó y guardó silencio en vista del temor que suscitaba lo que estaba pasando.



EL PEDESTAL SIN LA EFIGIE EN MEDIO DEL PARQUE

Urrao estaba en sana paz a pesar de que la violencia ya había iniciado en muchas otras partes de Colombia. Desde ese momento se prendió Urrao. Los conservadores locales se apoderaron del pueblo para atemorizar a los liberales aprovechando la autoridad política conservadora. Debido a eso se formaron las guerrillas liberales de autodefensa y venganza por el río Pabón contra los conservadores.



CONFLUENCIA DE LOS TRES RÍOS, DE ABAJO HACIA ARRIBA: EL PABÓN, EL PENDERISCO Y LA QUEBRADA LA SAN JOSÉ

El Valle del Pabón fue el feudo de operaciones del apodado y legendario “Capitán Franco” liberal. Juan de Jesús Franco Yepes, nacido en el pueblo de Andes, era abogado de Medellín de doctrina política independiente. Pero debido a una golpiza que le dieron los conservadores mientras asistía a una reunión de liberales en la sede de ese partido, a donde fue por curiosidad para saber cuáles eran sus ideologías, decidió viajar a esa región y hacerse guerrillero liberal para vengar la injusta afrenta. Había intentado una acción legal pero no logró nada con ella.

Por su preparación académica, sus dotes de líder y su deseo de reprimir el atropello, se hizo caudillo y dio mucha guerra a las tropas del gobierno. Tanto a la policía regular, que era en gran parte departamental, a la Policía Política (Popol), a los Chulavitas (Policía de la vereda Chulavita del municipio de Boavita en Boyacá, recalcitrantemente Goda y violenta), al Ejército Nacional y a los Pájaros (conservadores civiles que señalaban y ayudaban a las fuerzas oficiales, Policía y Ejército, a perseguir liberales). Cuando asumió Rojas Pinilla, Franco se amnistió y disolvió su grupo armado de Manzanillos, que habían convertido este valle en una microrepública independiente.

En esas confrontaciones murieron muchos inocentes. Incluso hasta un grupo de trabajadores que hacían mantenimiento a la carretera entre Urrao y Betulia por parte de una de las cuadrillas de liberales enmontados. Se consideraba que todo el que fuera funcionario oficial debía ser conservador malo o por el solo hecho de aportar su capacidad laboral al gobierno, considerado indigno e ilegitimo.

Inicialmente las gentes devotas y dolientes, colocaron cruces sobre el talud de la carretera donde fueron sacrificados los trabajadores o Carreteros, como se les llamaba, para preservar su memoria y recordar el crimen. Luego fueron movidas un poco debido a la necesidad de mejorar el trazado de la vía pero se les hizo un monumento mejor y más digno. Actualmente puede verse al lado derecho de la carretera en dirección a Urrao.



ESTE PUENTE SOBRE EL RÍO PENDERISCO, EN LA VEREDA LA MAGDALENA, SIRVIÓ DE PATÍBULO OFICIAL DE LOS FASCISTAS CONSERVADORES DURANTE “LA VIDA MALA” (1949-1953). ALLÍ, LANZABAN A SUS VÍCTIMAS AL RÍO.

CAPITULO III

LA IGLESIA EN LA TORMENTA
De la discordia no se salvó ni la misma iglesia. Había algunos sacerdotes que tomaron partido, con muchas influencia social y en la administración pública. Sus favorecidos eran los conservadores ya que estos promulgaban la preponderancia de la iglesia en el pueblo. Era el partido que se oponía a las propuestas que los liberales venían haciendo desde comienzo de siglo por una mayor intervención del gobierno en varios asuntos públicos y que eran dominio de la iglesia. Temas tales como una reforma al concordato, la educación oficial, la reducción de los privilegios tributarios de la iglesia, el registro civil de los nacimientos, la celebración de los matrimonios por vía civil y otras cosa que disminuían el poder eclesial.

Hasta desde los púlpitos se llegó a incitar la persecución liberal. Se negaban a los de ese partido o se les ponía cortapisas a los bautizos, los matrimonios, la educación en los colegios religioso y el entierro de los difuntos en los cementerios católicos. La mayoría de los colegios eran de la iglesia que dominaba en ese campo por la deficiencia del gobierno en atender esa necesidad pública. También se ponían cortapisas a la extrema unción para los moribundos. Y hasta los servicios fúnebres de los difuntos.

En este último caso, aun desde antes de la “Vida Mala”, ya se habían dado discriminaciones espirituales. Un sacerdote que fue muy apreciado por las gentes de Urrao fue el padre Crespo. Sacerdote que hizo mucho por el mejoramiento social con educación, caridades, colegios, obras de beneficio colectivo y organización en general de la comunidad. Tanto fue la gratitud que a su muerte el pueblo, con la misma devoción con que había erigido la estatua de Rafael Uribe Uribe, le hizo otra de igual magnitud para colocar sobre su tumba en el cementerio  local donde actualmente se encuentra.

Aunque no pudo salvarse en vida de algunos deslices que son ejemplo histórico de lo que debemos evitar. Como por ejemplo el negar la inhumación de los difuntos que no estuviesen registrados debidamente como bautizados y declarados católicos para merecer descansar en el cementerio local administrado por la parroquia.

Por ello, para comienzo de la década de 1920 los liberales locales se vieron en la obligación de construir un cementerio de manejo particular. Ser liberal era motivo de discriminación religiosa aun después de muerto.  Al comienzo solo fue un lote que, por ironía, era contiguo al Cementerio Católico que regentaba el párroco. Fue creado, por los liberales para enterrar allí a quienes se les impedía el acceso al Cementerio Católico, por haberse suicidado, por ser ateos, comunistas, protestantes, haber muerto sin confesión, excomulgados o ser visto como delincuentes altamente reconocidos. El mismo que se conoció como “El Cementerio Libre o Laico”. Casi que quisieron decir “Cementerio Liberal”, porque los liberales no eran bienvenidos en el católico, que solo debía ser para los conservadores. Pero el suceso que más promovió su construcción fue lo acontecido en 1921.

El General Rafael Barrera, personaje que participó en La Guerra de los Mil Días, se fue a vivir a Urrao, por recomendación médica. Al morir allí en ese año y negarle el párroco Ceferino Crespo y García, sacerdote intolerante con las ideas políticas del liberalismo, a enterrarlo en el cementerio católico por ser liberal, se llevó al Cementerio Laico, en medio de una numerosa comitiva. El acto produjo la ira del levita y la excomunión de los asistentes. Los partidarios del acto mejoraron las instalaciones y construyeron una elegante portada con una elaborada reja metálica a lo largo de la fachada. Parecía competir, por ironía, con la hermosa y similar que había construido el padre Crespo para el Cementerio Católico siendo ambos cementerios contiguos.



LA FACHADA DEL CEMENTERIO LIBRE, LAICO O GENERAL. A LA DERECHA Y POR FUERA DE LA FOTO, QUEDA LA DEL CATÓLICO

Cuando años después se terminó la violencia de “La Vida Mala”. El cementerio fue suprimido por un gobierno conservador del municipio que reflexionó sobre la inadecuada diferencia, y su fachada fue demolida. Los fallecidos se pasaron al católico. En la actualidad no queda nada de esa obra. Debió dejarse como memorador de épocas pasadas o como mínimo como obra arquitectónica histórica o de valor estético urbano.

ACTOS DE PERDÓN
No todos fueron retrógrados. Después de pasada la época de la Vida Mala se dieron actos de cordura, reflexión y reconciliación, tanto política como religiosa.

Durante la "Era del Terror", no pocos liberales debieron refugiarse en los montes vecinos, algunos haciendo parte de la guerrilla liberal que dirigía el Capitán Franco. Quienes murieron en combates y ser difícil recuperar sus restos o por negativas de la iglesia, se les daba sepultura en las veredas o en el Cementerio Libre.

Finalizada esta dolorosa etapa de nuestra vida nacional y municipal, con la llegada al poder del militar Gustavo Rojas Pinilla (1953-1957), por golpe de estado apoyado por sectores del partido liberal y conservador, se vio la necesidad de trasladar los restos de los familiares muertos, al tradicional cementerio católico local. Eso unificaba las mentalidades en el criterio de que después de muertos no debían prolongarse las diferencias tenidas en vida. Para el efecto y de acuerdo con el samaritano párroco, Manuel Arcila, fueron exhumadas las tumbas de las veredas y del Cementerio Libre. Los despojos fueron trasladados a la población en donde se les hacía la velación y llevados al camposanto catolico. Eran concurridos y tristes desfiles conocidos como “entierros colectivos”.



UNO DE LOS ENTIERROS COLECTIVOS

Se dice que allí iban los restos de Luis Delio Mejía, más conocido como "El Míster". Legendario guerrillero liberal muerto en combate. Y Lino Porras, educador fusilado por las tropas del gobierno, quien compuso cantos y poesías sobre la Vida Mala, y muchos otros.

CAPITULO IV

VIOLENCIA EN CONCORDIA
La violencia en Concordia, que ya se había prendido ligeramente, cogió fuerza. En Concordia se dieron conservadores muy buenos ante quienes las esposas de los liberales acudían para que intervinieran ante las autoridades por sus maridos encarcelados y maltratados. Ellas temían que si pasaban la noche en prisión, en medio de la oscuridad fueran a ser llevados al “Curva de la Oreja o al Puente de la Vieja” o a la vereda Morelia, donde solían masacrarlos. Estos conservadores debían hablar con el alcalde Bernardo Jaramillo. Un godo muy malo, nombrado por el gobernador también conservador, como era en ese tiempo. Estos gestores conservadores debían adquirir el compromiso de responder por el buen comportamiento de sus protegidos liberales.

Algunos de esos espontáneos abogados conservadores, como fueron los hermanos Hernán y Francisco José González Gonzalez, lo único que podían hacer era aconsejar a los liberados de la prisión de comprar los víveres y marcharse pronto a sus casas y fincas, porque en el pueblo no podían asegurarles que no fueran perseguidos. Además temían que si se emborrachaban, cometieran desmanes que darían motivo para ser capturados de nuevo. Solo bastaba con lanzar un “Viva el Partido Liberal” para ser acusados de revoltosos e incitadores a la rebelión. Motivo de cárcel inmediata y sin orden judicial.

LA HUIDA DE LOS MÉDICOS Y LOS SARASOLAS
Don Manuel González quien fue un conservador muy bueno, salvó a mucha gente escondiéndolos. Él y otros compañeros sacaron al médico Bruno de su consultorio porque se enteraron de que lo buscaban para encarcelarlo. El medico Bruno era muy apreciado porque era buen galeno y hacia muchos favores a la gente, caritativo y honorable. Había sido el gestor de la construcción del magnífico hospital local. Para eso le pusieron un carro a la salida del pueblo para que pudieran escaparse ileso hacia Medellín. También se fueron al hospital a sacar al doctor Sierra, que era el jefe del hospital. No era de Concordia pero lo buscaban por razones partidistas.

Les pidieron que no cargaran ni siquiera las maletas por la prontitud. Ellos se encargaban de mandarlas después. El doctor Bruno muy ofendido dijo que no perdonaba a Concordia y no regresó jamás.

Los Sarasolas, dos hermanos que vivían cerca a nuestra casa también fueron perseguidos. Don Manuel González hizo parte de los que sacaron escondidos a los médicos. Los sacó en la noche del pueblo. Para eso debían volarse rápidamente por los subterráneos, solares y patios traseros de las casas. De esa forma debían llegar hasta el cementerio, a la salida del pueblo, donde los esperaría un carro para trasladarse a Medellín.

Las esposas y en general las mujeres, normalmente en el pueblo, no corrían peligro pero estaban con miedo. Por eso nos solicitaron que las dejáramos pasar la noche en nuestra casa y compañía. La casa tenía un corredor exterior que le daba la vuelta. Cuando los chusmeros llegaron por los hermanos Sarasola y no los encontraron en sus casas, sospecharon que podrían estar en la nuestra.

A las 8 de la noche escuchábamos conversaciones en voz baja y que alguien fumaba en nuestro corredor. Eran muchos Godos esperando por si alguien salía o se abría alguna ventana para atraparlos. Nosotros guardamos silencio como hasta las 4 de la mañana, hora en la que se fueron en vista de no lograr nada dejando las colillas en el suelo.

De esa misma forma fueron muchos los que debieron de huir del pueblo. Paradójicamente Don Manuel Gonzalez era un conservador bueno, hermano de Antonio González, apodado "Murrungo". Este último un godo muy malo.

INDISCRIMINADO ODIO Y LA BALACERA
La efervescencia era tal que hasta en cosas personales se reflejaba la discordia. Los colores distintivos de los dos partidos eran el azul para los conservadores o Godos y el rojo para los liberales o Manzanillos. Como Concordia era de similar número de población conservadora y liberal, pero el gobierno local era conservador, era reprochable vestir prendas rojas a riesgo de ser aporreado.

Aun así, yo salí a mercar, 
con mis hermanos menores, a la plaza del pueblo en los toldos que se instalaban los domingos, día de mercado. Al llegar a la esquina del parque, donde estaba la tienda del señor Pipe Betancur se prendió la plaza. Solo se escuchaba bala y la gente corriendo. Los toldos del mercado y las tiendas se quedaron vacíos. Todo mundo se escondía.

Yo preguntaba que pasaba. Don Pipe nos dijo que entráramos a su tienda, que la policía y los Godos estaban echando bala y matando gente liberal. No sabíamos para donde correr. Nos metimos a la trastienda donde nos tubo escondidos hasta cuando se calmó la balacera. Logramos salir pero ese día ya no hicimos compras.

Ese domingo mi hermana Marina trabajaba en la Registraduría. Estaba en compañía con una amiga que era maestra en la vereda de Yarumal. Debido a la bala cruzada no podían salir de la oficina para ir a la casa a almorzar. Aníbal Gonzalez, les dijo que podían estar tranquilas que él las acompañaría hasta la casa, como así fue. Después de prendido Concordia se incendiaron los demás pueblos como Andes, Bolívar y Salgar.

Después sacaron al alcalde, Bernardo Jaramillo, por malo y nombraron a Aníbal González, persona del mismo pueblo. Pero Aníbal fue peor. Con los allegados y conocidos se portaba bien pero con los demás era diferente.

EL PROPÓSITO
Lo que se pretendía no era cosa diferente a impedir que el liberalismo participara en las elecciones presidenciales que se llevarían a cabo al siguiente mes de noviembre. Cosa que se logró plenamente, a sangre y fuego, garantizando la presidencia del candidato único conservador Laureano Gómez. Algo que no era difícil puesto que los liberales habían decidido, unilateralmente, no presentar candidato de su partido a la presidencia arguyendo falta de garantías.

Se basaban en la persecución que les hacia el presidente Ospina y en la muerte de su líder Gaitán. Con este hecho se inició, ya en serio, la “época De la violencia”, que los campesinos bautizaron como “La Vida Mala” (1949-53)




FOTO QUE ILUSTRA EL LIBRO “LO QUE EL CIELO NO PERDONA” DEL PADRE FIDEL BLANDÓN BERRÍO

LA CALMA INTERMEDIA Y EL REGRESO DE URIBE
La hecatombe duro todo el tiempo que estuvo Laureano en la presidencia hasta cuando Rojas Pinilla lo sacó de la presidencia. El general mandó de tal forma que el país regresó paulatinamente a la calma. El General dio amnistía a todos los alzados en armas, perdonó los delitos y aseguró que no haría retaliación contra los que entregaran las armas. Si se comprometían a salir del monte y se portaban bien no les aplicaría cárcel. Lo importante era que el país se apaciguara. Al comienzo los liberales encuadrillados, enguerrillados y enmontados, fueron recelosos y solo los más guapos salian. Al final, todos se sometieron. Solo quedaron dos pequeños reductos en zonas selváticas y alejadas. Como no les pasó nada a los últimos, los siguió el resto, que fueron casi todos, hasta que llegó la paz a los pueblos. Solo unos pocos siguieron en el monte.

Por esa razón los habitantes de Urrao decidieron no olvidar a su líder liberal y se propusieron restablecer la derribada estatua de Rafael Uribe. Debieron recoger las partes que se habían diseminado en distintos sitios. Algunos las habían guardado como recuerdo.

Lograron recuperar en su mayoría el monumento. Formaron casi todo el cuerpo. Faltaba una parte importante, la cabeza. Alguien recordó que estaba en Concordia porque esa noche de la destrucción del monumento, los Godos se la habían llevado como trofeo. En Concordia le amarraron una cuerda a la cabeza y le daban patadas al tiempo que le gritaban: “Ya que sos tan guapo, párate”. Se reían y burlaban. La entraron a la tienda del concordiano Teófilo Escobar colocándola en el orinal. Posteriormente, cierto grupo de conservadores, la llevaron a la plaza de Cisneros de Medellín y también la colocaron con la boca hacia arriba en el piso del baño del café Roma, de Guayaquil.

Después, alguien supo de la reconstrucción y la mandó para Urrao. Se armó la estatua que pusieron, de nuevo, en el centro del parque en 1959. La restauración fue adelantada por el mismo artista que la esculpió por encargo de varios dirigentes liberales.



En tiempos más recientes, con motivo de una remodelación de la plaza, fue puesta a un costado de la misma plaza donde actualmente se encuentra con una placa recordatoria de las fechas de la construcción, de la destrucción y de la restauración.



CAPITULO V


LA SEGUNDA ETAPA DE LA CONFRONTACIÓN

De todas formas quedaron unos pocos liberales que no se acogieron a la oferta de Rojas. Se volvieron a organizar y rearmar. Que es la guerrilla que conocemos hoy en día. Un poco antes se había creado la de Tirofijo en Urrao. No sabemos si es otro Tirofijo diferente al del Tolima.

Se formaron otros jefes guerrilleros como Alfonso Flórez, apodado el Pálido y José Chavarriaga. Cuando los conservadores lograron matarlo en el corregimiento del Socorro, montaron su cuerpo en una mula y lo llevaron a Concordia. En el zaguán de la alcaldía lo pusieron sentado en un taburete y le prendieron velas cual burlesco velorio de difunto. Los Godos pasaban y le daban patadas diciéndole: “Tan guapo, párate de ahí” eso duró cómo dos días.



A LA IZQUIERDA ALFONSO FLÓREZ O JOSÉ MIGUEL ARANGO, “EL PÁLIDO”, EXCABO DEL EJÉRCITO.
DERECHA JOSÉ CHAVARRIAGA, “CAPITÁN CONEJO”

Otros que se hicieron jefes guerrilleros liberales fueron un Vélez y Germán Gonzalez apodado “German Gurre”, que se fue para la guerrilla después de ser aporreado por los Godos.

LA APALEADA DE “CHICHE” EN CONCORDIA
Rafael Mejía, fue un Capitán del Ejército oriundo de Concordia. El ya había estado en Concordia habiendo matado a muchos. Le había incendiado las casas a la gente campesina de la vereda de Morelia. Se le robaba las cosechas y a los que no mató cortándoles la cabeza, los hizo huir. Junto con otros chusmeros, como Víctor Laverde, les robó las tierras a varios campesinos y se hicieron ricos. Rafael y Víctor no tenían un peso y resultaron dueños de casas, fincas y carros.

Estando Aníbal González de alcalde me tocó ver como maderiaron a "Chiche Gonzalez, hermano de Germán González, apodado "El Gurre". El motivo fue porque no les decía donde estaba su hermano Germán, que era liberal, y para provocar que German se presentara a las autoridades. Germán se había enfrentado a las autoridades con éxito y no lograban cazarlo. Además temían sus habilidades para evadirlos y defenderse de la persecución.
Nosotros vivíamos en una casa de dos plantas que estaba a una cuadra antes de subir a la plaza por la vía de ingreso a la población. Tenía un corredor en el segundo piso con puertas y ventanas de postigo hacia la calle. Estábamos las mujeres solas porque mi esposo Hernán no llegó temprano a la casa habiéndose quedado hasta tarde en la plaza, como a veces lo hacía por ser día domingo de descanso.

En la noche, como a la una de la mañana, yo escuchaba conversaciones en voz baja provenientes de la calle. Habían bajado del parque el alcalde Aníbal Gonzalez con Víctor Laverde y con Rafael Mejía hasta el frente de la casa. Pude ver, por un entreabierto postigo, que Víctor Laverde estacionó un carro en la calle de esos camperos llamados jeeps. Lo tenía prendido y acelerado haciendo bulla para que no se sintiera lo que los otros estaban haciendo un poco más retirado.

Uno de los andenes era bajo con respecto a la vía y formaba un ligero canalón. Por esa acera bajaba Chiche muy borracho. Aníbal con sus compañeros y la policía lo alcanzaron y lo cogieron en ese zanjón. Lo aporrearon fuerte y muy feo, porque era liberal y hermano de German.
Con la bulla mi mama se levantó y me preguntó sobre lo que estaba pasando. Se escuchaban insultos. Le sugerí que mirara por el postigo semiabierto. Mas, no se contentó con eso sino que abrió toda la ventana. Ellos se dieron cuenta, se sintieron descubiertos, dejaron de golpear a Chiche y se fueron de regreso al parque. Chiche como pudo se paró y caminó en dirección a su casa próxima a la nuestra.

Alguien avisó a Don Manuel Osorno y Don Jairo Fernández, liberales buenas personas, sobre lo que le había pasado a Chiche. Se juntaron con Don Manuel González, conservador y otros conservadores buenos. Llamaron al gobernador y le contaron lo que estaba haciendo Aníbal como alcalde. Como era factible que no les creyera le prometieron enviarle al agredido en las mismas condiciones como había quedado después de la paliza. Sin ni siquiera curarse y limpiarse las heridas. El gobernador, a su vez, prometió esperarlo. Sacarían a Chiche desde el cementerio en las afueras del pueblo donde le tendrían un carro dispuesto para ir a la cita con el gobernador para que lo viera.

El lunes muy temprano yo pasé por el frente del cementerio en compañía de mi esposo Hernán en dirección a la finca de El Pedrero, donde vivíamos. Yo le pregunté quién era esa persona maltratada que estaba en ese lugar, porque no lo reconocí. Me dijo que era Chiche que estaba esperando el carro para que lo despacharan para Medellín. Llegó donde el gobernador quien lo vio, lo mandó curar y al alcalde Aníbal lo destituyó.

LAS RETALIACIONES SOCIALES
Cuando las cosas se aplacaron y Anibal ya no era alcalde, se mantenía en su casa de campo.  Aníbal comenzó a salir al pueblo. Los liberales que no habían olvidado las afrentas que hizo como alcalde y eran vengativos, le decían que se perdiera o de lo contrario lo matarían. “De alguna de las dos te las vamos a cobrar”. Él se vio tan acosado que le dijo a Estela Gonzalez, su esposa, que no podía resistir el asedio social y se fueron del pueblo a vivir a Medellín. Como a los 3 años regresó aburrido de la ciudad. Las amenazas se repitieron porque no le habían perdonado. Otra vez se fue a Medellín y ya no pudo regresar jamás.

El conservador chusmero Antonio González, Murrungo, se mantuvo escondido en el pueblo confiado en la paz política de Rojas. Aunque se mantenía receloso aun de las incriminaciones de la conciencia colectiva del pueblo. Comenzó a salir al campo y a practicar su afición por la cacería y la pesca. Uno de los lugares que acostumbró fue por los montes de la finca El Pedrero. Él sabía que no corría peligro en eso lugares puesto que Hernán, mi esposo quien administraba la finca, era uno de los conservadores calificados dentro de los buenos. Con el no corría peligro de reproches y menos agresiones, aunque savia que no compartía sus tropelías como Godo. No le era del todo de su agrado que Antonio fuera cazar por esos lares, pues la gente todavía recordaba que Murrungo era visto como malo. Pero lo toleraba por contribuir a la convivencia.

Cuando Antonio tomó más confianza, se arriesgó a bajar hasta la orilla del río Cauca a pescar. Por esos lados vivían unos liberales vengativos quienes le salieron. Le dijeron que no lo mataban en consideración de los compañeros de pesquería. Pero si volvía, en la próxima oportunidad no quedaría vivo. Se fue del pueblo a vivir a Medellín hasta el final de sus días.

Laureano murió en España exiliado y Rojas, debió deponer su mandato por otras razones distintas a las de la violencia. Fue juzgado por el congreso, condenado a prisión que pago un tiempo en una nave fondeada en el Atlántico. Otro tiempo lo pasó en una Base Aérea remota y en medio de la selva, Tres Esquinas, en la confluencia del río Orteguaza con el Caquetá.

La violencia política se terminó en estos lados de Antioquia. Y se inició la violencia guerrillera comunista y liberal en otras partes del país. En especial al sur del Tolima, el Sumapaz al sur de Cundinamarca,  el oriente del Huila y el piedemonte de los llanos orientales por el río Guayabero, el río Duda, el río Caguán y los ríos Pato. Que es otra historia.

“NO PODEMOS REPETIR LO QUE NI EL MISMO CIELO NO PERDONA”


LIGIA URÁN R.       IVÁN GONZÁLEZ U.