AERONAUTAS Y CRONISTAS

lunes, 7 de abril de 2014

EL SUEÑO CUMPLIDO. CUARTA PARTE

EL SUEÑO CUMPLIDO
CUARTA PARTE

ESCUELA MILITAR DE AVIACIÓN

Presenté la segunda fase viajando a Bogotá y tan sólo para la penúltima semana del año recibí la notificación que había sido admitido en EMAVI.

Descubrí que el cursar estudios en condiciones de internado con dedicación exclusiva, en un horario bien organizado y con adecuada disciplina, rendía sus buenos frutos intelectuales. Los tabús no siempre se cumplen y los prejuicios se deshacen. Son más producto de la imaginación negativa que infunde temores que de la realidad. El nivel académico de mi colegio de secundaria, en el municipio de Jericó, era bueno y había dado más que suficientes resultados.

EL SEMINARIO DE JERICÓ

Esas bases académicas me fueron de mucha utilidad en años posteriores en el manejo de múltiples situaciones de alta exigencia a las cuales lleva la vida militar. Por eso aquí y ahora hago el merecido reconociendo a mis abnegados maestros que con mucho empeño nos sacaron del mundo de las tinieblas de la ignorancia y nos dieron las luces del conociendo y la formación humana. Más a su esfuerzo como profesores que a la virtud personal del alumno, se deben los méritos.

Fue una gran alegría porque para esa alternativa los mecenas familiares si estaban dispuestos a ayudarme ya que los estudios en el exterior eran imposibles y en las escuelas de aviación comercial resultaban caros.

Ellas eran principalmente dos tías solventes pero abrigaban cierto temor a esa profesión porque para ese tiempo todavía era peligroso ser piloto. Trataron de disuadir diciéndome que me proporcionarían otros estudios universitarios que no implicaran riesgo desde el punto de vista tanto militar como operacional. Más, yo ya estaba resuelto porque era lo único que me acercaba a la fantasía de los aviones como ingeniero, sobre lo que no había insistido más, pero que había abrigado desde los tiempos de la infancia en la finca de "El Pedrero".

MOMENTO DE INGRESO DE LA PROMOCIÓN 86

Iniciamos los estudios en la última semana de enero de 1974 para un período de tres años de una alta rigurosidad militar y una gran intensidad académica. Fuimos la promoción numero 50. En todo el país nos habíamos presentado como unos 2.600 aspirantes de los cuales sólo seleccionaron a unos 180 para la segunda fase. De estos últimos fuimos admitidos a EMAVI, aproximadamente, unos 120 alumnos. En el primero año se dio una altísima deserción. Después de terminado el proceso de capacitación y entrenamiento nos graduamos en el último mes de 1976, 34 oficiales con el grado de subteniente, el primero en el escalafón de los oficiales, y tan sólo 24 con la especialidad de pilotaje.

El proceso calificación se da más por competencia entre los mismos alumnos que por exigencia institucional en el campo académico, ya que todos procuran estudiar lo máximo posible por qué solo los más competentes terminarán. La cantidad y la intensidad de las materias eran demasiado altas. Aunque el principal factor de selección lo da la excesiva rigurosidad en el campo militar donde las materias y la vida cotidiana es desgastante. Se exigen unos niveles de demanda física, mental, psicológica y de disciplina, tan altos que muchos cadetes desisten de la profesión. Esa fue la razón de tanta deserción y tan poca cantidad de graduados.

El estrés y la tensión mental eran tan altas que en ocasiones los cadetes superiores, los alféreces, actuaban de manera retrograda. Con frecuencia, no eran mucho lo que formaban y adoctrinaban al principiante en lo que realmente era requerido en el desempeño profesional. A ellos les exigían que practicaran el mando con los cadetes menos antiguos con el supuesto fin de aprender a ejercer la autoridad. Un aprendizaje empírico donde se cometían muchos errores. De no hacerlo ellos no calificaban en la calidad exigida y por eso recurrían a los excesos para asegurase de ser bien evaluados e impresionar a su superiores.

INGRESO DE UNA NUEVA PROMOCIÓN

Pero logramos sobrevivir, porque así es como debe calificarse tales rigurosidades que consideramos injustificadas. Personalmente yo sufría con estoicismo esas exigencias por qué, en mi caso eran innecesarias. Que mis anteriores maestros me habían enseñado a actuar más por convicción y motivos fundamentados que por imposición y caprichos personales. Estos últimos se justificaban erradamente bajo el falso ropaje de ser indispensables para el sacrificio y la abnegación de la dura vida militar que iniciábamos. Por eso, en algunas ocasiones, llegue a tener diferencias conceptuales con algunos de mis superiores. Cosa que era relativamente peligrosa para la permanencia en la Escuela Militar de Aviación. Traté de ser demasiado evidente en mis inconformidades o de lo contrario habría salido mal librado.


ESTRÉS MILITAR

En una oportunidad en que discutíamos sobre lo infundado de algunas órdenes y algunas prácticas que consideramos inútiles, llegué a confesarles que yo era más disciplinado antes de ingresar que lo que era al poco tiempo después. La razón era que yo estaba acostumbrado a la disciplina por mi propio impulso motivado por el logro de mis propios esfuerzos que por darle satisfacción a algunos de mis superiores, quienes sólo buscaban ser satisfechos por vanidad de demostrar que ellos ejercían una simple autoridad. Que me había visto obligado aceptar esa forma de pensar, sin ser de mi convicción porque de lo contrario chocaría permanentemente y en forma catastrófica, contra esas formas tan rudas y poco fundamentadas del ejercicio del mando.


CADETES FAC


Ya establecido en el escalafón del oficial, como militar de carrera profesional, dedicación exclusiva y disponibilidad permanente, mi siguiente objetivo fue el de estudiar, aprovechando el poco tiempo disponible que me permitían los deberes, para continuar preparándome. El fin consistía no sólo en aprender lo mejor posible la operación del vuelo en los distintos tipos de aeronaves a los que era asignado, sino conocer esas materias en mayor profundidad que me acercara a la ingeniería aeronáutica. Me agradaba el hecho de que se iniciaba volando aeronaves livianas, luego medianas y terminaba con las pesadas. En esa trayectoria se pasaba por muchos y diversos modelos de aviones. Tanto los de pistón, que eran mis preferidos, monomotores y multimotores. Los turbohélices y los jet. Primero como copiloto y luego de comandante e instructor. En este último caso se terminaba aprendiendo más que como alumno, pues era necesario dictar las clases las clases de conocimiento y dar el entrenamiento de vuelo con idoneidad. 

EL SUEÑO CUMPLIDO. SEGUNDA PARTE

EL SUEÑO CUMPLIDO
SEGUNDA PARTE

Pasado el tiempo y ya en bachillerato, no veía la hora de llegar a los grados quinto y sexto, que en este momento equivalentes al 10º y 11º, para aprender la física y la química. Demostrando mucho interés por estos temas, junto con mi hermano, logramos que los padres que regentaban el internado donde estudiábamos nos encargaran la tarea de mantener organizado y limpio el laboratorio colegial. Propósito que no era difícil alcanzar porque para los compañeros era una tarea poco apetecible debido a la gran cantidad de vasos y artículos de cristal fino, elementos eléctricos y equipos mecanicos que constantemente requerían limpieza y orden.

INSTRUMENTAL DIDÁCTICO DEL COLEGIO 
Durante los tiempos libres nos dedicamos a esa tarea pero al mismo tiempo aprovechábamos para poner a funcionar la mayor cantidad de equipos posibles para ver en la realidad lo que se nos había enseñado en la teoría.


LAS PREOCUPACIONES SOBRE LA UNIVERSIDAD

Después del noveno grado comenzó a asaltarme la inquietud de que posiblemente no tendría el nivel académico necesario para ingresar a una carrera profesional. Existía el paradigma de que la educación secundaria en los municipios no era tan buena como el de las ciudades. Además los cupos en las universidades eran escasos y sólo eran recibidos aquellos jóvenes que demostraran las mejores calificaciones en los exámenes de admisión.

FACULTAD DE LA UNIVERSIDAD
Por confesión y hacer honor a la verdad, mas no por hacer alarde ni exaltación de la mediocridad, admito que no era un estudiante brillante. Una de las principales dificultades era la falta de concentración ya que tenía una mente muy volátil y fantástica. Me hacía falta disciplina y autodominio para mantener una idea fija por el tiempo necesario para aprenderla. También no lograba retener ni asimilar aquellos conceptos que no había comprendido y, especialmente, no les encontraba justificación racional ni analítica. Lo memorístico no era mi especialidad. 

JOVEN PENSATIVO
Para acabar de ajustar, gastaba más tiempo del debido leyendo a Julio Verne e investigando otras cosas que no correspondían al pensum académico y por ello me era insuficiente el tiempo que demandaba el estudio de las materias reglamentarias. Una de esas distracciones consistía en consultar sobre la tecnología del vuelo. Recuerdo como investigué lo máximo posible en las enciclopedias disponibles en el plantel sobre la forma de fabricar y hacer volar el bumerán.

NABOR SUAREZ.
Sacerdote y educador de juventudes

Me asombraba como los aborígenes australianos habían inventado dicho elemento que usaban tanto para cacería como arma de combate. Es una rara hélice que no se sabe cómo lograron diseñar los ancestros de los australianos. Pero funciona aerodinámicamente de la manera correcta para ejecutar un vuelo que tiene la particularidad de regresar al mismo sitio desde donde se ha lanzado.

EL EXTRAÑO BUMERÁN AUSTRALIANO

No logré fabricarlo pero abrigaba la esperanza de que pudiera hacer alguno. Además buscaba todo cuanto estuviera relacionado con los aviones. En este campo no era mucho lo que encontraba por que dichas bibliotecas eran ediciones de hacía muchos años que se preservaban casi como elementos del patrimonio histórico y cultural. Aunque eran suficientes para mantener un vivo interés que después se me convirtió en un genuino objetivo de aprender la ciencia de construir aeronaves.

Venciendo las dificultades personales en el estudio, finalmente, logré sacar una buena calificación en el último año para el grado de bachiller y presentar una satisfactoria valoración en los exámenes que hace el gobierno de evaluación a los estudiantes que han terminado el bachillerato. En el penúltimo año ya tenía premeditado que estudiaría ingeniería aeronáutica. No se lo revelé a nadie y cuando llegó el momento de la graduación se nos preguntaba a cada uno que profesión deseamos seguir en la vida. Yo contesté que sería el de la aviación más sin indicar si era en el campo de la ingeniería o en el campo del pilotaje.
Por supuesto que todos pensaron que yo sólo quería ser piloto pero ese no era mi propósito. La razón de no ser tan específico era que en el ambiente parroquial en que me encontraba esa profesión era considerada como de alta alcurnia social y profesional y no quería que se me viera como un iluso si confesaba la profesión real que deseaba. Ya de por sí era llamativo que un provinciano, como nosotros lo éramos, quisiera ser piloto de aeronaves. Buscaba evitar los comentarios imprudentes, desilusionantes y hasta posiblemente burlones de mis compañeros que me hicieran perder la motivación de mi meta.

PILOTO COMERCIAL

El problema estaba era en que, para ese tiempo, en Colombia no habían facultades de ingeniería aeronáutica. Eso implicaba estudiar en el exterior y mi familia no disponía de los recursos económicos para que realizara esos estudios. Lo único a lo cual podía aspirar era a hacerme piloto como lo más próximo a esa ciencia. Más, sin embargo, las pocas academias que había en el país también cobraban unas altas cuotas por la instrucción de vuelo.


 
CARTA  Y COMPÁS DE NAVEGACIÓN

Ya de por sí se habían hecho grandes esfuerzos económicos por parte de unos generosos familiares por darme la educación básica y primaria. Nuestro padre había muerto en una edad temprana y mucha de nuestra sobrevivencia dependía de esa generosidad. No me sentía bien que yo fuese a pedir más esfuerzos y en especial para un campo tan costoso.



ESCUELA "LOS HALCONES"

viernes, 4 de abril de 2014

EL SUEÑO CUMPLIDO. PRIMERA PARTE

EL SUEÑO CUMPLIDO
PRIMERA PARTE

Hasta los ocho años de edad, la mínima para ingresar a la escuela, vivíamos en una finca cafetera en el municipio de Concordia llamada "El Pedrero".

FINCA DE "EL PEDRERO"

Queda en las estribaciones de la cordillera occidental con vista al cañón del río Cauca en el departamento de Antioquia. Es un paisaje grandioso donde se puede observar, al otro lado del río, las faldas de la cordillera central llenas de fincas de ganado, cafetales y muchos cultivos de frutas y pancoger. Y el pintoresco “Cerro Tuza”, que es un pico de roca en forma de pirámide alta y afilada.

CERRO TUZA

El Ferrocarril de Antioquia bajaba de Medellín por el cañón de la quebrada Amagá y después por la Zinifaná hasta su desembocadura en el río Cauca en donde torcía hacia el sur siguiendo la orilla del río en dirección a la estación de Bolombolo.  Después la de Puente Iglesias y más lejos la de La Pintada para continuar hacia el muy lejano departamento del Valle del Cauca.

Desde la casa se escuchaba y se podía observar, especialmente en la noche, el característico traqueteo de las locomotoras de vapor y la luz del reflector que transcurría en enigmático serpentear por las estribaciones de las montañas. Como niños, que no teníamos contacto con tales medios de transporte y tan avanzados inventos, era toda una curiosidad ese fenómeno.

CAÑÓN DEL RÍO CAUCA

Consultábamos a nuestro padre quien trataba de explicarnos con los términos más sencillos esos fenómenos. Nos enseñó a imitar el traqueteo de los émbolos y las correderas. Las que distribuían el vapor para mover las bielas y las ruedas de la locomotora, palmoteando alternadamente con una mano en una pierna y con la otra el pecho. Así nos divertíamos creyéndonos todos unos operarios de tan poderosas maquinas que corrían entre las montañas anunciando su titánico transitar.


LAS PODEROSAS LOCOMOTORAS DEL FERROCARRIL

Usaba su habilidad pedagógica, que había adquirido de estudiante en la normal de Medellín y su posterior desempeño de docente como joven profesor en el municipio de Yolombó. Actividad que dejó cuando comenzó a descubrir que existían situaciones irregulares en el manejo de la profesión que no estaban propiamente dirigidos al mejoramiento de la cultura social. Situación que lo llevó a dedicarse al cultivo del café. Sin embargo, nunca dejó su gran afición por la lectura debido a su avidez por el conocimiento y el mejoramiento continuo. La misma que hacia en las horas del anoche a la luz de una vela porque no se disponíamos de electricidad.

Procuraba darnos claridad de todo cuanto nos inquietaba como niños preguntones que todo lo querían saber antes de tiempo. En raras ocasiones pasaban por el cielo aviones que desataba un torrente de inquietudes. No era fácil explicar la forma como el avión podía mantenerse en el aire y como lograra avanzar apoyándose sólo en un elemento tan volátil como el aire. Nos mencionaba las hélices que era impulsada por potentes motores y para hacerse entender debía recurrir a muchos gestos con las manos que sin embargo en lugar de disipar las dudas nos creaban más curiosidades.

EL AVIÓN DC 3

Uno de los hermanos de mi madre era telegrafista en el pueblo y nos visitaba durante las vacaciones. En ese tiempo la telegrafía era el único medio rápido de comunicación entre los pueblos por medio del código Morse. Este trasmitía las letras del alfabeto con golpes de un continuo martilleo de conexiones y desconexiones de potentes electroimanes. Los que eran activados por un interruptor manual que daba paso a la corriente eléctrica de artesanales baterías que se fabricaban caseramente.

BATERÍAS ARTESANALES

De esa forma un telegrafista estaba en la cúspide del conocimiento y el desarrollo tecnológico. El mismo tio que después de ser descontinuado por cambio de tecnología nos regaló ese manipulador y es ahora un recuerdo familiar.

MANIPULADOR TELEGRÁFICO DE MORSE
(El antecesor del actual ratón de computador)

Aprovechando su disponibilidad y sus habilidades, nuestro padre le explicó y pidió que nos fabricara una hélice de madera para que pudiéramos ver cómo funcionaba. No se limitó a hacer una figura estática sino que aplicando un poco de creatividad le colocó un palillo central que servía de eje. Al comienzo solo la hacíamos girar friccionando entre las palmas de las manos.

HÉLICE DE MANOS

Como de esa manera le daba un bajo impulso y se elevaba poco, se ingenió otro método. Introdujo la varilla de la hélice por el orificio de un listón y a través de otra perforación lateral también podía pasar una cuerda en sentido perpendicular que se enrollaba en el eje de la hélice. Al tirar de la cuerda la hacía girar con velocidad como a un trompo y cuando la piola se terminaba liberaba a la hélice que por su inercia salía volando alto.

LANZADERA PARA LA HÉLICE O PARA UN TROMPO

Era un gran invento que nos asombraba a todos y nos permitía comprender la forma como el hombre había logrado hacer que los aviones pudieran volar.
Años más tarde descubrimos que en las ferias del pueblo se vendía un alambre enrollado en espiral que se introducía a través de un carrete de madera, en los que se embobinaban los hilos de coser, que servía para empujar una hélice hecha de latón. La hélice tenía un orificio cuadrado en el centro por donde pasaba el alambre enroscado de tal forma que al ser empujada por el tubo deslizante comenzaba a girar. Cuando terminaba la espiral salía volando. Un divertido juguete para hacer volar la imaginación.

HÉLICE DE ESPIRAL



Por todas estas circunstancias se fue creando una inquietud por los inventos, los desarrollos técnicos y un incontenible deseo de saber sobre cómo funcionaba todo. En especial lo que estaba relacionado con la mecánica, la carpintería, la electricidad y la ciencia en general. Antes de ingresar a la educación primaria fue cuando hice el paseo al municipio de Urrao donde aconteció el “Sueño de Volar” que ya he contado en crónica anterior.

jueves, 27 de marzo de 2014

VOLANDO CON EL CORAZON

VOLANDO CON EL CORAZÓN

Para mediados de la década de 1990 me encontraba como comandante de la base aérea de Tres Esquinas en la confluencia del río Orteguaza con el río Caquetá. Debido a la distancia del resto del país y el aislamiento, ya que esta unidad militar se encuentra en medio de la selva, era necesario improvisar con cierto ingenio soluciones a situaciones imprevistas para las cuales no se disponía de los recursos necesarios ni facilidad para conseguirlos con la oportunidad que las circunstancias lo requerían.

Una de las tareas rutinarias consistía en que los días sábados se sacrificaba una o dos reses para el abastecimiento del personal de la unidad bajó un cobertizo sencillo de techo de lámina de zinc al que solíamos llamar "El Matadero". En esta labor se desempeñaba cual matarife y carnicero empírico, pero de muy buena voluntad, uno de los empleados al cual llamamos amistosamente "Pistolero". Por su actitud colaboradora y siempre dispuesta a servir era muy apreciado dentro la comunidad.

Observaba esa labor, como a las nueve de la mañana, se me aproximó el empleado encargado de manejar la finca de ganado de propiedad de la unidad, llamada “La Remonta”, para informarme que uno de los dos toros reproductores, que eran unos bonitos ejemplares de raza pura adquiridos en el Fondo Ganadero del Caquetá, había muerto a pesar de las muchas medidas que había tomado cuando días antes comenzó a mostrar síntomas de enfermedad. El empleado se encontraba preocupado porque pensaba que se le acusaría de alguna culpa, ya fuera por acción o por omisión, en la muerte del valioso ejemplar.

Traté de indagar algún motivo ya que me comenzó a causar una cierta intriga la muerte sin ninguna explicación aparente. El empleado contó que no había visto que tuviese fiebre ni ninguna lesión o cualquier otro síntoma del mal funcionamiento orgánico. Sólo que el día anterior había observado que el toro se mostraba agitado en la respiración y había vomitado parte de la materia digerida siendo de un color oscuro anormal que parecían ser sangre.

Se me ocurrió que sería conveniente tomar alguna acción más a fondo para investigar las causas. No sólo para evitar muertes posteriores de ganado sino tener algún motivo que explicar en caso de que se requiriera por parte de los superiores. Para eso era necesario efectuar una necropsia para hacer una inspección interna. Como la persona más hábil para estos procedimientos era el mismo matarife, le pedí que tan pronto terminará sus tareas de carnicero se fuera al potrero e hiciera una disección completa del cadáver del animal. Lo abriría en dos partes teniendo cuidado de no dañar los órganos internos. Y aunque este empleado no tenía ninguna educación en biología le sugerí que observara con cuidado el estado de todos los órganos para ver si encontraba algo diferente a lo que él habitualmente veía en el despresamiento de las reses para el consumo interno. Yo también quera ver el estado de los órganos.

Pensé que dicha acción podía ser más que ridícula puesto que nuestra preparación era muy poca para intentar algún diagnóstico forense. Yo solamente recordaba cosas muy elementales de las lecciones sobre anatomía y biología que había aprendido durante el bachillerato. Entonces se me vino a la cabeza que quien más podía saber al respecto era el Teniente médico principal que prestaba servicios en nuestro hospital militar. Así que también le solicité que nos ayudara en dicha tarea y me dieran su opinión.

La reacción de este profesional fue de inmediato rechazo a la orden que le daba. Argumentó que él era un profesional de la medicina humana y que no tenía no sólo ningún conocimiento sino que no estaba en condiciones de dar una opinión sobre campos que eran propios de la veterinaria. Se me hizo de inmediato evidente que le habían asaltado los celos profesionales y algo de xenofobia entre dos ramos de la ciencia. Que aún que con alguna similitud en lo científico parecían disputar el prestigio en cada una de sus áreas. Se me hizo tan inapropiado su comportamiento que aún que tuvo intención de recurrir al uso de la autoridad decidí que lo mejor era no llevarlo al campo profesional para evitar que se afirmará más en su rabiosa actitud.

Él consideraba un atrevimiento de mi parte y dejé el asunto más bien casi que en el campo personal. Le di las gracias y le dije que no era necesario entonces que colaborara en esa actividad y que podía estar tranquilo. Mas, sin embargo, que cuando lo mandara llamar debería ir a donde yo me encontraba no para que cumpliera con la actividad que le había ordenado sino simplemente para que escuchara la conclusión a la que llegaríamos a pesar de nuestros mínimos y primitivos conocimientos en el tema. Así fuese para tener que aceptar que no habíamos logrado nada pero que con humildad lo admitiría.



Así se hizo. Y aproximadamente a las 11:30 de la mañana se me comunicó por medio del sistema de radio comunicaciones que no solo el cadáver estaba a mi disposición, como lo había ordenado, sino que también se había encontrado la causa de su muerte. Se me hizo muy extraño que el administrador de la finca y el carnicero ya tuviesen un diagnóstico tan definido como para atreverse a dar una causa específica. Pedí que no se me dijera puesto que yo esperaba llegar por mis propios medios a una conclusión la cual esperaba confrontar con la de ellos.

Observando todos los órganos del mediastino y él intestino sólo pude ver que había una ligera presencia de sangre necrotizada en el diafragma, que también impregnaba las paredes de la cavidad torácica. También en la cavidad intestinal aunque en menor cantidad. Deduje, entonces, que el animal había sufrido una hemorragia interna pero no sabía el motivo. Pregunté al matarife si había observado algún golpe, musculatura macerada o alguna perforación en la piel que indicara que de pronto hubiese recibido un disparo de arma. Eso podría ser posible debido a la presencia de Insurgentes en el área que según nuestras pesquisas de inteligencia indicaban que en ocasiones se aproximaban bastante al perímetro de la unidad. Las respuestas fueron totalmente negativas.

Al administrador de la finca le pregunté si acaso se había presentado alguna pelea entre los toros o alguno de ellos había sufrido una caída o se había rodado en los potreros recibiendo también respuestas negativas. Otra alternativa podría ser que hubiese sido atacado con puñal o que uno de los soldados de guardia hubiese tenido un accidente con el arma impactando el animal pero ninguno de estos incidentes fue ni estaba reportado en las novedades de guardia. Ni el administrador no había escuchado ninguna detonación de arma por eso días ya que vivía en la casa de la finca.

El caso era bastante extraño para mí. Sólo se me ocurría que hubiese sufrido alguna aneurisma arterial pero no tenía forma de comprobar tales dudas. No tuve más alternativa que confesar mi incapacidad a los presentes y mandé llamar al médico como le había advertido. En ese momento el administrador me dijo que mirara con más cuidado todos los órganos que de pronto podía encontrar alguna anormalidad. Y acogiendo su sugerencia comencé a observar la disección desde el cuello hacia abajo pasando por el corazón. Pude ver que aunque había pedido que no se interviniera ninguno de los órganos éste había sido abierto pero como las dos partes estaban juntas no había visto que este fue cortado de arriba abajo en dos partes. Que separándolas se podía ver la cavidad interna del ventrículo izquierdo. Sospeché que por alguna razón no se había tenido en cuenta mi determinación de no intervenir ningún órgano. También capté que el pericardio mostraba una pequeña llaga que era totalmente anormal.

Entonces aproximándome al órgano también apareció otra laceración en la pared interna del ventrículo coincidente con la externa y otras menor en el lado opuesto a la antes mencionada. Supuse que el animal tenía que haber sido lanceado con un instrumento cortopunzantes demasiado delgado como para qué penetrara la piel por el costado hacia el corazón sin que pudiese ser detectada una herida externa. Buscamos más esa lesión pero fue imposible.

Entonces supuse en forma muy anormal, especulativa y demasiado imaginaria que el corazón había sido infectado por algún organismo que lo había perforado y así se lo hice saber a los dos empleados. Pero yo no podía asegurarlo porque eso estaba por fuera de mis conocimientos. Entonces, un poco sonriente, el matarife se me aproximó y me dijo que él tenía ese organismo en la mano mostrándome un delgado alambre de metal dulce, del que se usa para amarrar, de aproximadamente 20 cm de longitud y algo oxidado.

Le dije que eso no podía ser puesto que no había ninguna posibilidad de que fuese el causante y menos sin una lesión externa. Ambos me dijeron que cuando ellos llegaron al corazón también observaron la misma yagocidad que yo había captado y que sin ninguna precaución habían abierto el corazón de un solo tajo para mirar cómo estaba por dentro. En ese momento sintió que el filo del cuchillo rosó contra algo sólido que parecía ser metálico. Encontraron clavado y atravesando el ventrículo de lado a lado, apoyándose en ambas paredes de la cavidad, él mencionado alambre. Aunque eso era imposible para mí yo debía dar credibilidad a lo que ellos me decían.


CORAZÓN ABIERTO
Entonces, antes de que llegase el médico que por alguna razón parecía tardarse más de lo previsto, decidí que tenía, de cualquier manera, que encontrar la forma como este objeto extraño había llegado al mencionado órgano. La única alternativa, sin causar lesiones externas era que hubiese sido ingerido. Pero también seguía siendo muy improbable que llegase al corazón. Debía haber seguido la vía digestiva donde debió haber causado daños intestinales o haber sido arrojado por el mismo proceso. Más viendo la sangre hemorrágica pudimos ver entonces que en el diafragma también había otro orificio más grande que el del corazón y éste a su vez coincidía con otro mayor en la pared del estómago.

A través de esta última se podía haber la materia vegetal digestiva masticada e impregnada de mucha sangre. Nos quedó claro que el alambre había sido tragado mientras el animal pastaba en los potreros los que se encontraban contaminados de basuras que habían sido arrojadas desde hacía muchos años. El alambre, entonces, se había incrustado en la pared del estómago y por la compresión, la había perforado llegando al diafragma. El cual también fue abierto debido a los movimientos cíclicos de la respiración. De esa forma avanzó al corazón que con sus palpitaciones hizo que el filoso elemento fuese perforando la pared muscular. En esta acción debieron contribuir mucho los espasmos que sufría el animal cuando vomitaba tratando de arrojar la sangre y el elemento.

Las perforaciones produjeron una vía de desangre que partiendo desde el mismo corazón llegaba al sistema digestivo desangrando al animal y ocasionando los vómitos.

Para ese instante llegó el médico al cual le recomendé, que tal como le había dicho, no hiciera ningún diagnóstico ni observación al respecto pero que se limitara a escuchar lo que le iba explicar. Le dije que tanto el matarife como el vaquero, con su poca educación y sus primarios conocimientos habían encontrado con facilidad la causa de la muerte del animal. Motivo que le había parecido un despropósito cuando le solicité su colaboración. En forma un poco sarcástica le pedí que siguiera dedicando a sus refinados conocimientos de medicina humana para el bien de todos los habitantes de la unidad militar y que no tuviese ninguna preocupación. En adelante no se le pediría un favor por fuera de las exclusivas funciones profesionales que él tenía a su cargo. Las mismas razones por las cuales había argumentado no tener el deber de participar en lo solicitado.

El profesional se encontraba bastante incómodo pero como ya le había hecho la advertencia de limitarse a apreciar, le dije que se retirara para nosotros terminar el procedimiento de disponer del cadáver. Que era suficiente con su asistencia. Así lo hizo en silencio y con notoria evidencia de encontrarse bastante avergonzado. Había sido herido su orgullo y su megalomanía injustificada. Para mí fue más que suficiente la sanción moral antes que la reglamentaria por haber desconocido mi autoridad en público para darse ínfulas de superioridad y errada firmeza de carácter ante un superior. También sabía que el oficial, que quizás pensaba que sería más profesional en su área científica si negaba el acatamiento de sus deberes militares, se estaba exponiendo a la descalificación social.

Los muchos asistentes que se encontraban en el matadero cuando yo le pedí el favor, se enteraron de su negativa desprestigiando y poniendo en ridículo mi autoridad por el momento. En cambio, en este momento, yo estaba haciéndole esas apreciaciones sólo delante de los dos empleados a los cuales, premeditadamente, no les di la orden de que dejasen en secreto y sin comentar a nadie las ideas que yo le acababa de poner en evidencia al médico. Pero como también había estimulado el orgullo personal de ellos prestigiándolos delante de una persona con demasiada ilustración academia, les sería imposible el no comentarlo. Para mí era claro que por esa falta de precaución todos los habitantes de la base aérea se enterarían del percance.

Pero no por un abuso de autoridad apabullándolo delante de un público, como él se atrevió y lo hizo conmigo, sino por boca de otros a los cuales yo no los induje a tal, más si era evidente e inevitable que lo divulgaran. Como así lo fue posteriormente, viéndose al mencionado oficial en actitud bastante afligida. Nunca se imaginó que fuese a ser víctima de sus propios actos.

Tomamos fotografías debido a lo extraordinario del suceso y envié copias de ellas al rector de la Universidad Nacional, que en ese tiempo era Antanas Mocuss, con una nota promisoria donde le enteraba del asunto y con el fin de que fuese usada como lección en su facultad de veterinaria. No supe si así se hizo pues no recibí respuesta de dicho envío.

Lo que sí no nos queda duda es que el médico en lugar de aportar en este caso un poco de su sabiduría, recibió una contundente lección de subordinación, moral profesional y buena actitud con la comunidad. Resultado más que suficiente, resarcidora y justificable para habernos aventado en una acción que tenía mucha factibilidad de fracasar por ser de campos muy lejos de nuestro saber. El oficial medico continuó en el servicio a la institución aportando sus idoneidades profesionales con mucho éxito militar y médico.

En esas circunstancias era necesario recurrir a cualquier procedimiento con el fin de encontrar solución a los problemas corrientes y cotidianos a pesar de nuestra falta de idoneidad para cometerlos, pero que la situación nos obligaba de manera inevitable. No importaba que fuesen del campo veterinario, medico, de vuelo o militar. Aunque pudiésemos volar aviones teníamos que poner a volar la imaginación.


martes, 25 de marzo de 2014

SUR PARTE 30 Y 31



PARTE 30
BUSCANDO TRABAJO - GESTIONES PARA LOS VETERANOS - LOS RÁPIDOS ASCENSOS.

•         Se presentó a la policía a pedir un puesto de oficial. Le ofrecieron como Sargento y pidió 24 horas para resolver. Esa misma tarde recibió una carta de su madre diciéndole que todos los días lo aguardaba. Con el dorso de la mano se limpia las lágrimas que no pudo contener. Escribió a su madre diciéndole que los peruanos tenían mejor ejército de Colombia y que eran más diestros en la selva, pero que habían perdido la lucha. Colombia la había ganado entre Olaya Herrera y Alfonso Araujo, presidente y ministro de obras públicas con las vías de comunicación.
Con la carretera entre Neiva y Florencia, la navegación por el Orteguaza y el Caquetá organizadas, la carretera La Tagua Puerto Leguízamo y la navegación del Putumayo. Los peruanos no continuaron la guerra no por falta de Ejército, sino por la falta de vías de comunicación. Colombia se puso en la situación de poder llevar hasta 2.000 hombres semanales. Nosotros a tres días de la frontera y ellos a 20 días de viaje. Cuando el Perú tenga vis de comunicación, volverá a hacer la guerra, que solo se definirá con las armas. Pueda ser que para entonces, Colombia, tenga un Ejército democrático y no una organización de oficiales autócratas, para dominar sobre un hacinamiento de parias, que no otra cosa son los soldados colombianos.

•         Regresó a la policía y aceptó el puesto de Sargento, pero pidió el lugar más distante posible y, ojalá, donde haya peligro. Le ofrecieron Santander del Norte, allí estaban en estado de sitio y había una semirebelión contra el gobierno y aceptó.
Comentario: la primera violencia política entre liberales y conservadores. La segunda fue en los años 50 entre conservadores y liberales. Así es como suele clasificarse, porque más antes hubo otras dentro de las cuales está la famosa “guerra de los mil días”)

•         Comentario. Era el tiempo de la primera violencia política partidista. La de Olaya Herrera con el gobierno liberal y los conservadores en la oposición. Después vendría la segunda con Mariano Ospina y Laureano Gómez en el gobierno conservador y los liberales en la oposición. Mas tarde, la tercera con Rojas Pinilla porque los reductos liberales del Llano se sintieron insatisfechos con la amnistía. Los del Tolima fueron adoctrinados con ideologías comunistas subversivas y el gobierno militar era opuesto a esas ideas. Las posteriores ya no serían políticas sino insurgentes. Y después las delincuenciales actuales. Fin del comentario.

•         Las calles de Bogotá estaban llenas de soldados evacuados del sur, enfermos y macilentos. Muchos no tenían con qué marchar a sus casas ni con que pagar la comida en la ciudad. Se fue hasta donde don Luis Cano, director de “El Espectador" y senador de la República. Le recibió amablemente. Le pintó la terrible situación de los soldados evacuados y le pidió que hiciera algo por ellos. El periodista le dijo: “Los van a condecorar. "Uno de Tropa" le explicó que no se suplía nada con la condecoración, si mañana amanecían muertos en un quicio, por inanición, pero bien condecorados”. El periodista le prometo ayudarlos. "Uno de Tropa" dijo: “Sí, ustedes siempre prometen. Adiós, don Luis Cano”.


CASETA DE VUELO EN PALANQUERO

•         El “Unirismo” estaba en su auge y su jefe, Jorge Eliecer Gaitán, había demostrado siempre un gran interés por las clases proletarias. Uno de tropa sugirió que se metieran todos los evacuados en esta agrupación para conseguir el apoyo necesario, aun violentamente. Ideó un proyecto de ley en favor de los soldados de la campaña. Lo redactó y se lo llevó al representante Diego Luis Córdova. Pretendía con esa ley que todos los evacuados de las operaciones de la guerra del sur se les ocupara obligatoriamente de acuerdo sus capacidades. Pretendía únicamente que los soldados tuvieran prelación por haber prestado sus servicios en el frente. Pero como con don Luis Cano, Luis Córdoba tampoco hizo nada.

•         Días después, en la esquina llamada “Arranca Plumas" de Bogotá, encontró al Mayor Reyes Archila conversando con Emilio Murillo. Por asociación se acordó de la manceba del Mayor Reyes Archila, la "pan del soldado". La que el mayor tuvo en el frente, donde la vestía con uniforme militar colombiano. La misma que los despidió en la Tagua cuando se embarcaron para la evacuación.

•         A la conversación también se agregó el Teniente Greiffeinstein. Le extrañó ver a Greiffeinstein de Teniente. Lo había conocido de Subteniente en El Encanto y supuso que el ascenso tan rápido serían los valiosos servicios que había prestado en el frente. En El Encanto duró varios días, enfermo y sin comer nada. El Capitán Fernández, comandante de esa guarnición, sinceramente preocupado al ver que Subteniente no comía, lo hizo evacuar. Después se supo que la enfermedad de su cliente era miedo y que mientras simulaba no comer, les pagaba a unos Soldados de la compañía para que le llevaran comida a escondida. Hoy es Teniente y pronto será Capitán y no es difícil que llegue a General, este aprovechado.



PARTE 31

LOS DESAMPARADOS. LA LUCHA PARTIDISTA. EL DESENGAÑO.

•         Se encontró también al Sargento Trinidad de León, quien estuvo en la campaña del Putumayo y estaba evacuado. León estaba triste. "Uno de Tropa" le preguntó qué le pasaba. Le explico que lo dieron de baja faltando 11 días para cumplir 15 años de servicio en el Ejército y tener derecho a la pensión de retiro. Ahora no lo dan de alta en ningún cuartel para completar los 15 años y pensionarse, a pesar de que ha ofrecido prestar gratuitamente los 15 días de servicio que le faltan. "Uno de Tropa" le comentó que debía haber una razón muy grave en su contra para que se hiciera eso con él. Si no, es una nueva injusticia y una gran ingratitud.

 

FIRMA DEL PROTOCOLO DE PAZ EN RIO DE JANEIRO
•         El Capitán Ángel tiene un alias: "El Pote", y una señal particular: La oreja derecha incompleta. Se la arrancó de un mordisco el mal humorado Mayor, Manuel A. Sarmiento en una riña. El Mayor Sarmiento es un oficial de caballería que no aprendido a montar a caballo sino muchos años después pero que tiene muy buena dentadura.

•         "Uno de Tropa" pensaban fundar la “Asociación de Veteranos del Putumayo", cuando se le llegó el momento de partir para Santander. Lo nombraron alcalde en varios municipios santandereanos en forma sucesiva. Aquella tierra altiva y fecunda se debatía en una lucha sangrienta por cuestiones políticas, que los curas y los "caciques" azuzaban a su amaño.
Comentario: la primera violencia política.
Los agricultores aparecían asesinados con las manos atadas sobre el azadón y en actitud de dar el último a beso la tierra que trabajaban. Otros iban a los presidios porque habían cambiado el azadón por el trabuco. Buscaban recobrar libertades pérdidas o adquirir nuevos derechos necesarios. Incluido el matar a los mismos trabajadores que debían ser sus compañeros de lucha por el bien común. Aquello era el caos.

•         Un día, "Uno de Tropa" se sentía marcado y paseaba cabizbajo por la plaza de Cucutilla, por la injusticia. Veía aquellos agricultores obreros y pequeños comerciantes que iban a la muerte a solicitud del cura y del rico. Sentía lástima por esos hombres, en vez de volver su brazo armado contra los explotadores y sacrificadores que los apoyaban. Pensaba en el partido conservador que había dejado a Colombia en la miseria y al pueblo en la esclavitud. En el partido liberal, que a pesar de contener en sus doctrinas ideas de liberación económica y principios indiscutibles de libertad individual y colectiva, se había convertido en un poder contraproducente. Desorientado por las roscas capitalistas que como "La Apen" lo han traicionado en su esencia y terminó amargamente.

PILOTOS COLOMBIANOS Y ALEMANES CONDECORADOS DESPUES DEL CONFLICTO EN EMAVI

•         Este país no tenía salvación y se fue hasta el cuartel de la policía. Allí, colgadas en la pared, estaban las armas para guardar el orden, en nombre de la Trinidad dominadora de nuestra patria: los curas, los ricos y los extranjeros. Entre aquellas armas había una afilada hoz con la que alguien había decapitado a su enemigo. Agarró la hoz y la lanzó violentamente al suelo del patio del cuartel, que también era suelo colombiano. La hoz quedó cómo un signo de interrogación sobre aquella tierra de todos, pero usufructuada por unos pocos. De repente volvió en sí: convulsivamente apretaba en su mano una carabina de dos cañones que eran como dos ojos oscuros. Como si quisieran vigilar hasta el último de los confines de la patria. Miro al patio: Allí estaba aun tendía la afilada hoz, como un signo de interrogación sobre la tierra de todos.

Comentario: el Sargento "Uno de Tropa", oriundo de Andes Antioquia, completó el tiempo de servicio y se jubiló. Afectado por sus recuerdos de mal tratos, además del terrorismo político bipartidista, decidió dar uso a sus notas de guerra y publicar el libro “SUR”.
El Sargento Tobon es mencionado en el libro "Concordia, años de frenesí y de guerra" escrito por el médico Jose Ignacio Gonzalez quien lo conoció en Bolombolo.


Ha sido tradición que en las FF AA se use el mal trato para lograr obediencia argumentando ser un medio de entrenamiento. Lo cual no es cierto puesto que la exigencia del adiestramiento para la lucha no tiene por qué ser ofensiva ni desproporcionada con la naturaleza humana ni la necesidad de llegar a extremos agresivos. Menos como medio de satisfacer rencillas personales entre superiores, compañeros y subalternos. Por eso, este libro es una magnifica herramienta para hacer una autoevaluacion y una sana crítica interna militar que conduzca al mejoramiento continuo de las FF AA. La rudeza material o psicológica no es sinónimo de valentía ni patriotismo. Menos como medio de adoctrinamiento y superación, así se requiera aumentar las condiciones físicas del combatiente

Fin del libro.
Impreso en la Editorial Salesiana de Medellín.
24 de noviembre 1965. (35 años después del conflicto)
Patrimonio cultural de Antioquia.