AERONAUTAS Y CRONISTAS

domingo, 25 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (V)




LAS DELICIAS (V)



OTRA PREOCUPACION.



Además de la base de la Infantería de Aviación en el municipio de Solano, otra unidad amiga, que nos preocupaba, era la Base Militar de las Delicias, a cargo del Ejército Nacional y bajo el mando directo del Batallón de la Tagua.



La base militar de Las Delicias está ubicada a medio camino, entre el GASUR y el caserío de la Tagua. Del GASUR aproximadamente a unos 60 km hacia el sur y del Batallón de la Tagua unos 80 hacia el norte en la margen derecha sobre el río Caquetá, jurisdicción del Putumayo, ya que el rio es la frontera entre los dos departamentos. Esa ubicación proviene desde cuando el coronel Herber Boy creó las Bases Auxiliares para los hidroaviones tales como la de Curiplalla, Puerto Boy, el Encanto y otras, actualmente desaparecidas y de las cuales solo queda los nombres y restos de equipos en abandono copados por la selva. Labor necesaria durante el conflicto fronterizo, incitado por los caucheros de la Casa Arana.





EL ANTIGUO PUERTO BOY DE 1933. PRECURSOR DE LAS DELICIAS

El único medio de comunicación para llegar a ella, en caso de requerirse un apoyo militar de carácter rápido, es sobrevolando. En segundo término, navegando por el rio y por tierra es imposible. No hay carreteras ni facilidad para aterrizaje de aviones ni disponíamos de hidroaviones. Existían algunas trochas y algunos estrechos ríos por los cuales se puede llegar, pero eso sólo se logra empleando mucho tiempo y en forma lenta. Tal como lo hacen los pocos colonos que habitan en la región en un aislamiento casi total. Población que también era controlada y sometida por la insurgencia para sus propósitos terroristas.



Durante el primer semestre de 1996, aprovechando que el comandante del Batallón de la Tagua pasaba por el GASUR, le sugerimos evaluar la posibilidad de replegar dicha base debido a la vulnerabilidad que le veíamos. Nos dijo que lo consideraría aunque era bastante improbable ya que, según él, suelen ser decisiones que debían tomar los altos mandos en Bogotá y que no estaban dentro de su autonomía y sus posibilidades. Y mucho menos que él debía tomar por su cuenta.



Confirmaba la regla de que todo debía ser decidido por los superiores a nivel Bogotá. También nuestras dudas sobre la recomendación. La cual no fue vista con razonables motivos para darle el merecido valor. Habíamos sido compañeros de estudios y ante esa relación anterior, a si fuese somera, nos sentíamos con derecho a hacer ese tipo de sugerencias aprovechando la amistad que se da entre alumnos de una misma clase.



Habíamos tenido la oportunidad de apreciar su personalidad y su perfil de oficial para el comando de unidades mayores. Su actitud era el de las personas que nunca toman iniciativas por sí mismas y son ciegamente subordinadas evitando la valoración de las circunstancias. Las que solo piensan que nunca serán responsables de ningún error si se limitan a cumplir mecánicamente una misión en los detalles más mínimos, así eso sea la pérdida del objetivo.

El de los que creen que lo único correcto es no agregar su creatividad según los hechos, las circunstancias del momento y las características del lugar para mejorar los resultados y cumplir la misión de la mejor manera, aun por fuera de la meticulosidad ordenada.     

De todas formas, esta unidad nos preocupaba tanto como la de La Chorrera o la de la Araracuara, que se encuentran a mayor distancia y con menos posibilidades de apoyo todavía.



Años después y según la investigación que se hizo sobre el desastre, es razonable pensar que el comandante del batallón de la Tagua había sido también, como se creyó actuar con nosotros, nombrado en ese destino por las evidentes incompetencias de comando a manera de castigo, cuando, al contrario, en estos puntos de confrontación debe ser asignados los idóneos. Es factible deducir, porque era otra de las costumbres habituales, que el concepto no favorable inmediatamente anterior como Comandante del Batallón Colombia en el Sinaí, fue motivo para enviarlo a ese remoto lugar a manera de retaliación profesional por su pobre resultado. Allí la vida no era tan cómoda, se le aislaría institucionalmente y era una de las unidades de mayor peligro en el país. Cuando al contrario debió ser el motivo para asignarle cargos de tipo administrativo y de menor responsabilidad de combate. O en caso tal evaluar su continuidad profesional.



El hecho es que el desastre se sintió hasta el otro lado del mundo. Sus superiores cuando fue comandante del Batallón Colombia como parte de las Fuerzas de Paz que mantienen el equilibrio entre los dos contrincantes en la guerra del medio oriente, especialmente Egipto e Israel, le observaron deficiencias profesionales. Cuando terminó su comisión el concepto emitido por ellos recomendaba que no debiera ser asignado en un cargo donde tuviese mando de tropas. Justo lo contrario de lo que hicieron los altos mandos colombianos a su llegada.



Por eso al comandante entrante del Batallón Colombia le asignaron claramente la misión primordial de recobrar el prestigio del batallón ya que se encontraba en unas condiciones de desempeño deplorables. Hasta el punto que los altos mandos de las fuerzas internacionales combinadas de paz en ese lugar del planeta vieron que el prestigio general se había degradado como consecuencia del desempeño de ese oficial.



Cuando esos comandante se enteraron de los resultados negativos del combate de Las Delicias, expresaron diplomáticamente sus condolencias y solidaridad a los Soldados colombianos del Batallón Colombia por la pérdida de sus compañeros. Pero a sus comandantes, en forma personal, le demostraron su alterado disgusto por no haber tenido en cuenta el concepto de desempeño enviado a los altos mandos del Ejército colombiano sobre el oficial. Y porque lo acontecido confirmaba su apreciación. Pensaron que, en cierta forma, habían previsto que bajo el mando de un oficial de ese perfil podían suceder dolorosos desastres militares.



Por otro lado creemos, para darle oportunidad a las dudas, que también fue una casualidad, si queremos atribuirlo a la suerte, que comandantes a medio mundo de distancia habían abrigado dudas razonables similares como las que habíamos presumido cuando le propusimos replegar la base militar de Las Delicias.           



LA INFLUENCIA DE LAS OPERACIONES ENTRE REGIONES. OPERACIÓNES CONQUISTA



Desde otro ángulo geopolítico más amplio, lo que acontecía en la región no era ajeno ni estaba aislado del resto de la región y la realidad nacional En el año 96, la opinión y los medios de comunicación social, comenzaron a develar el grave problema que se presentaba en la frontera amazónica relacionado con el fortalecimiento de la insurgencia, alimentada con los dineros de narcotráfico. Los análisis obligaron al gobierno a concentrar su atención, especialmente en la región del Guaviare, ignorando completamente que igual fenómeno y en mayor magnitud se presentaba en la región del Caquetá.



De todas formas, por determinación del poder político, presionado por intereses extranjeros, las Fuerzas Militares ordenaron la famosa operación Conquista, en la región del Guaviare. En ese tiempo era comandada por un general intelectual, inquieto por los análisis sicosociales, mucho espíritu combativo, capacidad operacional y de una amplia visión nacional. La problemática narcosubversiva en el Guaviare era grave y sin temor a duda afirmamos que la del Caquetá era mayor. Pero a esta última no se le prestaba mucha tensión. Después, el teatro de operaciones y el interés nacional saltaría como un relámpago del Guaviare al Caquetá. Las verdades y los argumentos que pregonamos, para que no se nos privara del equipo aeronáutico, seria evidente por sí misma.



En el planeamiento de la operación, el comandante detectó que la operación en el Guaviare fracasaría o tendría resultados muy pobres, si no se ejecutaba una operación simultánea de contención en la región del Caquetá, colindante, por el occidente, con el Guaviare. Por esa razón y como no disponía de los recursos militares necesarios para hacer su propio cierre, pidió a sus superiores, ordenar al comandante militar del Caquetá, adelantar otra operación similar de cierre forzado. Así no fuese de igual magnitud como la operación fundamental ofensiva en el Guaviare pero indispensable. La dimensión de ambas operaciones exigía una coordinación de nivel regional, que implicaba una concepción de nivel estratégico.



LAS OPERACIONES.



La operación del Caquetá se centró en una contención activa. Con ello evitaría la fuga del enemigo cuando se viese presionado en el Guaviare con la ofensiva. Lo más factible, era que se desplazara al occidente, por ser el otro centro vital de sus intereses económicos y donde disponía de recursos logísticos, en espera de amortiguar la arremetida. Por ello la operación del Guaviare se denominó Operación Conquista 1 y Conquista 2 la del Caquetá.



Esta última implicaba la intervención de la que acostumbrábamos denominar como Base Aérea de Tres Esquinas, pero realmente solo era un Grupo Aéreo, el menor rango dentro de la clasificación de las unidades aéreas. La razón era su conformación como unidad básica, sin ninguna capacidad estratégica. Era para apoyo o mínima presencia de gobierno, pero con funciones para el orden público interno. Solo en los últimos años se le consideró y se iniciaron tareas preparatorias para combatir el narcotráfico de manera más definida. De todas formas era el único recurso disponible en el área para la operación Conquista 2, por su posición geográfica.





AVION C 47 FAC. AVION DE APOYO LOGÍSTICO PARA LA BASE NAVAL DE PUERTO LEGUÍZAMO, LA BASE DE TRES ESQUINAS Y LA BRIGADA 12 DEL EJÉRCITO EN FLORENCIA.



El GASUR era el lugar, con facilidades militares, más próxima a la parte media del río Caguán y, en especial, del objetivo central de la operación Conquista 2, la población de Remolinos del Caguán. Es por ello que el comandante de la Brigada 12, acantonada en Florencia, capital del Caquetá, desplazó tropas y el puesto de mando a GASUR, donde se le apoyó con las máximas facilidades disponibles.



ORDENES SORPRESIVAS



En GASUR fuimos sorprendidos con esas operaciones ya que eran muy secretas y elaboradas sólo en el íntimo entorno del Ejército que, aunque necesitaba nuestra colaboración, no nos fueron compartidas con antelación. Se daba evidente desconfianza entre fuerzas y hasta celos institucionales, en especial con el manejo de la información de inteligencia. Se tenían muchas prevenciones y se creía que las consecuencias de la improvisación, debida a la inadecuada reserva con la información, se podían amortiguar y corregir a fuerza de simple uso de la autoridad.

De no haber sido inapropiado el hermetismo, se habrían podido prever y destacar apoyos aéreos, en especial helicópteros, para su ejecución. Por lo cual lamentamos más la grave reducción del componente aéreo que se había ordenado el año anterior, según lo ya mencionado. Sin embargo, seguimos adelante con todo el mayor empeño, ya que veíamos que era una necesidad fundamental del orden nacional.



Rápidamente, la operación Conquista 2 se planeó geográficamente en los tres sectores naturales del río Caguán. El sector norte, comprendido entre las poblaciones de San Vicente, cubierto por el Batallón Cazadores y Cartagena del Chairá, con una Base Militar. El sector medio entre Cartagena y la población de Remolinos, que sería cubierto por tropas de Florencia que se desplazaron hacia Cartagena. Allí se embarcaron por el río hacia el sur hasta llegar a la población de Remolinos, lugar próximo al GASUR. Para el sector del bajo Caguán, comprendido entre Remolinos y la desembocadura del río Caguán al río Caquetá, no se tendría ninguna maniobra de movimiento, exceptuando el cierre de la confluencia por parte de las tropas desplazadas por río Caquetá partiendo del batallón de la Tagua hasta ese lugar.



Aproximadamente, a las dos semanas de haberse iniciado las operaciones se había logrado la destrucción de una gran cantidad de laboratorios, capturado señalados terroristas, en especial, quienes manejaban los asuntos financieros, el cobro de vacunas, extorsiones y la cuota del gramaje. El comercio y la economía de la región se vieron afectados puesto que ellos dependían casi en su totalidad del cultivo proceso y comercialización de narcóticos. Se bloquearon los ríos Suncilla y Peneya, fundamentales para los abastecimientos de los delincuentes y terroristas.





DESTRUCCIÓN DE LABORATORIOS



Ante la sorpresiva acción, los narcoterroristas no pudieron desplegar ninguna respuesta armada para contener la arremetida de las Fuerzas Militares. Por el contrario se vieron imposibilitados para apoyar logística y operacionalmente, con maniobras de distracción, la arremetida de la operación Conquista 1 que se ejecutaba en el Guaviare.

sábado, 24 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (IV)


LAS DELICIAS (IV)

EFECTO DE LA DOCTRINA MILITAR

Teníamos que aceptar la evidente doctrina militar imperante en ese momento. Doctrina que se ha dado en forma silvestre, ya que ha surgido de un proceso de mutación espontánea y sin ningún planeamiento estratégico de defensa nacional. Precisamente la que debía surgir de las dependencias centrales en donde nos despeñábamos antes de ser destinados a ese comando. O si esos cálculos y planes han existido, por lo menos nunca han sido difundidos ni expuestos, a los niveles de mando que están en la obligación de conocerlos y aplicarlos. Son tan reservados que ni siquiera quienes los han de ejecutar los conocen a su nivel de aplicación. Que no pueden ser tan guardados ni bajo el concepto de seguridad de la información por compartimentación. Todo parece indicar que no es secretismo sino, mejor, oscurantismo. No es estratificación de la información, más bien ausencia de ella. Era lo que se vivía en el Estado Mayor Conjunto, de donde habíamos salido por fuerza de las circunstancias, como está contado.

Veamos. El dispositivo militar nacional era el de una inapropiada concentración de fuerzas militares en el centro de la nación, basado en el hecho de que donde hay más gente debe haber más fuerza militar. Como si la fuerza militar fuera para dominar la población interna y no para proteger a esa misma población de una amenaza externa. El dispositivo militar estaba pensado en priorizar el orden interno y la amenaza delictiva, objetivo propio de la fuerza policial y no de la militar. Eso implica una sentida ausencia militar y una difusa presencia periférica fronteriza, objetivo fundamental de la fuerza militar, como lo es el de protección de la soberanía y la defensa nacional en profundidad. Debilidad que dio motivo razonable a los dos históricos intentos de apoderamiento e invasión peruana a La Pedrera y Leticia durante comienzos del siglo XX. Las condiciones existentes a finales de siglo eran idénticas a las vividas durante el conflicto con el Perú. Ellas dieron pie para que el vecino lanzara sus intentos de apoderamiento forzado y por vías de hecho de porciones del territorio nacional.

Después de construidas las trochas en el sur de la nación, por razón de esa guerra, muy poco era lo que se había hecho para comunicar la región. En ese tiempo se habían construido caminos de Pasto a Puerto Asís. De Garzón a Mocoa, la de Guadalupe a Florencia, remontando el alto de Gabinete. La de Algeciras hacia San Vicente, pasando por Balsillas, Las Perlas y El Pato. Y la de Colombia, Huila, a la Uribe, Meta. Estas dos últimas, usadas después por los bandoleros de las FARC en su fuga desde Marquetalia y Sumapaz. La vía fluvial y la vía aérea eran los únicos medios disponibles en tan amplia área. Con los años se convirtieron en carreteables de especificaciones muy sencillas. No pasaron de simples vías de piso de tierra de poca duración, baja velocidad y frecuente cierre.






CARRETERA PASTO MOCOA


CAMBIOS DE DISPOSITIVO.

La reducción del parque aeronáutico, nos condujo a hacer una valoración minuciosa de toda la circunstancia estratégica y las medidas prácticas que deberíamos tomar para compensar, en todo lo que más fuese posible, las nuevas circunstancias de debilitamiento con la salida del componente aéreo. Además del poderoso crecimiento de la potencia de combate del enemigo que nos rodeaba, que había logrado un alto nivel de presencia y dominio del área. Era casi que el gobierno en todos los aspectos sociales, incluido hasta el religioso.

Nuestra conclusión fue que debíamos replegar una unidad que teníamos en avanzada, por la distancia y la pérdida de la posibilidad de apoyo aéreo, a la que se nos había llevado con el retiro del equipo de vuelo. Se trataba del Puesto Militar, de la Infantería de Aviación, emplazado en el municipio de Solano, a unos 8 km del GASUR. La distancia era corta, pero la única forma de llegar, en caso de combate, era un viejo carreteable que se había convertido en trocha, por más de 50 años de abandono o por el rio Orteguaza. Bloqueadas esas dos vías por el enemigo no se podía hacer nada por ellos. Y menos por vía aérea ante la ausencia de las aeronaves ya comentado.

Nos demoramos en hacerlo porque pretendimos obtener consentimiento de alto mando. Más por seguir la sagrada tradición de que nada un subalterno debe hacer sin no ha sido ordenado por su superior o minino avalado, que por nuestra convicción. Costumbre que se ha deformado trasfiriendo las más mínimas decisiones hasta los más altos niveles del mando. Nosotros, como nadie en ese tiempo, no podíamos hacerlo, así quisiéramos, asumir la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos. Lo que si era certero era que en caso de llegar a suceder un revés militar, sabíamos que seriamos descalificados por acción o por inacción. Es decir, por hacerlo sin permiso o por no hacerlo. O, simplemente, por no pedirlo a tiempo. De cualquier forma se le encontraría un defecto.

Esa era la cultura del COC, como ya se ha mencionado. Y siendo el primero el menos malo resulta ser lo mejor, o se tendría que caer en el elevado costo de caer en la paquidermia burocrática. Y esa pesada toma de decisiones es contraproducente ante las rápidas, dinámicas y las oportunidades de ocasión, que demandan las operaciones tácticas y el combate activo. Sin embargo, las tradicionales costumbres nos maniataban.



UN IDEAL, UN RETO, UN DEBER

Finalmente, después de larga espera, el comando FAC nos respondió en forma ambigua para no adquirir el compromiso de una decisión rotunda y clara, que lo hiciésemos, pero solo a nuestra consideración. Como siempre, las consecuencias por hacerlo o no hacerlo, solo serían de nuestra parte y no tendríamos respaldo si el asunto no era exitoso. Ante la ambigüedad y el no contar con un respaldo directo por lo que se hiciese y, por otra parte, de la oportunidad de obrar, que tanto valorábamos, lo retiramos recibiendo a sus hombres con el mayor agrado. Así estarían más seguros y se reforzaba la seguridad del GASUR.

Todavía era claro que no se podía actuar con total autonomía en cosas que, era natural, fuesen del nivel local, en la toma de decisiones. Ha sido tradicional no definir los criterios en lo que se puede o no actuar con autonomía y delegación. Por ello es inevitable dejar al simple criterio de lo que el superior quiera determinar para cada ocasión. Eso permite al superior ejercer la autoridad con el mayor albedrio para calificar de acertado o desacertado lo ejecutado por el subalterno, usando el simple capricho personal y sin referencial de ningún principio o doctrina fundamental. Lo que, por eso mismo, es apetecible que no existan. Desde luego, porque eso facilita la valoración según la mejor conveniencia para el superior, pudiendo evitar la mayor cantidad de responsabilidad que le pudiese ser endilgada si el resultado no es favorable.



BOMBARDERO MIRAGE 5


Por ejemplo, los requerimientos de bombardeos que habíamos hecho no fueron autorizados por el Comandante General de las Fuerzas Militares, quien era el único quien autorizaba esas operaciones. Cuando escasamente eran autorizados, debido al acomplejo trámite burocrático y las ocupación de otras índole que le mantenían copado, ya había desaparecido la oportunidad, la sorpresa y había cambiado la maniobra. Pero, gloriosamente las cosas estaban mejorando y ya se notaba cierta libertad de acción jurisdiccional. Como el repliegue del puesto de Solano, sin tener que recurrir a obtener consentimiento para casi todo, a los altos mandos, como era la tradición. En eso nos estábamos modernizando, aunque con timidez.

viernes, 23 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (III)


LAS DELICIAS (III)

LOS INTERESES POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS.

En los años 90, paradójicamente, quienes se interesaron por el GASUR, fueron los norteamericanos. Ellos estaban empeñados en combatir el narcotráfico y para ello necesitaban un punto de lanzamiento de operaciones que se encontrara en medio de la gigantesca zona cocalera del Caquetá, la que habían visualizado satelitalmente. Basados en el plan Colombia contra los narcóticos decidieron poner sus ojos en la vieja y olvidada Base Aérea de Tres Esquinas, perdida en medio de la jungla.


INSTALACIONES DEL GRUPO AÉREO DEL SUR A ORILLA DEL ORTEGUAZA

Como la Fuerza Aérea no disponía de recursos para los trabajos requeridos de infraestructura, la embajada de los Estados Unidos había contratado dichas obras y para ello había exigido un mínimo de seguridad. El comandante a quien le recibimos el mando, había iniciado una serie de reformas de las instalaciones. La principal era la pavimentación de la pista de aterrizaje, con el fin de mejorar la comunicación y permitir la llegada de aviones pesados. En especial, durante los fuertes períodos de invierno, que con frecuencia impedían las operaciones de los vuelos, vitales para el abastecimiento de la unidad. También para los que requería el apoyo logístico de la importante base naval fronteriza de la Armada Nacional, en Puerto Leguízamo, sobre el río Putumayo, en límite con el Perú.
 
LA SEGURIDAD NECESARIA.
 
Por razón de la seguridad de las obras, los norteamericanos pidieron y fue ordenada la creación de la suficiente capacidad defensiva, por lo cual se conformó la Fuerza de Tarea Conjunta Cándido Leguízamo, FUTACAL. Para ello, se envió al GASUR, inicialmente, tres Compañías de Contraguerrilla del Ejército, un Elemento de Combate Fluvial de la Armada Nacional y una contraguerrilla de la Infantería de Aviación. La FAC aportó un componente aéreo integrado con un helicóptero liviano artillado, un helicóptero mediano armado, y un avión mediano bimotor turbohélice. Además de los ya existentes y viejos, pero muy nobles, resistentes y flexibles Beaver y C-47. Útil para casi todo lo logístico, menos en capacidad de fuego.

Debido a problemas de incumplimiento de la ejecución de las obras, por un mal estudio del contratista en el cálculo de las fuentes geológicas de materiales de construcción, firma de ingenieros antecesora de las hoy en día muy famosas por contratos fallidos con el estado, las obras se habían paralizado. En esos lugares es difícil encontrar roca para triturar o material de aluvión de gran calibre.

Mientras la embajada de los Estados Unidos entablaba una querella judicial para lograr su culminación y recuperar los dineros invertidos, empleamos la FUTACAL, en operaciones de defensa del GASUR. Eso incluía operaciones de área, despliegues en profundidad, presencia para conquista dominio y control territorial. Usábamos tácticas de despliegues furtivos y asaltos sorpresivos, que terminaban con repliegues abiertos y relámpagos para causar impacto sicosocial. El enemigo y los colonos se sorprendían sobre la forma de como podíamos infiltrar su áreas sin ser detectados y luego sobre como hacíamos alardes de maniobra y movimiento en las retirada sin poder ser contenidos. Con ello mortificábamos mucho a la amenaza y le hacíamos perder su reconocimiento como autoridad dentro de la población local. Les dañábamos sus planes de organización para fortalecerse en el control social y desorganizábamos sus objetivos operativos.





BOTE PIRAÑA DE LA INFANTERÍA DE MARINA DESTACADO EN TRES ESQUINAS

Las operaciones de inteligencia eran muy difíciles, debido al miedo y el hermetismo al que el enemigo había sometido a la población. Sospechábamos que era muy factible que estuviésemos despertando un león dormido. De todas formas no desistimos en mantener una posición media entre defensiva y ofensiva. Debíamos salir de la extrema pasividad que, con el tiempo, se había convertido en peligrosa inacción. Eran tímidas operaciones, debido a los restringidos medios, el desconocimiento de la magnitud de la amenaza y las pocas fortalezas. Teníamos que aprovechar las escasas oportunidades de éxito y los sorpresivos blancos de ocasión que fuesen rentables.

LA CAPACIDAD AÉREA DE COMBATE.

Aunque la situación de seguridad era bastante crítica, denominábamos el lugar con el término de Base Aérea. Más para darnos cierta preponderancia institucional y automotivación sicológica, igualándonos con las verdaderas Bases Aéreas, pero sin hacer merito a la verdad. También para justificar la permanencia de la FUTACAL en vista de la posterior necesidad de seguridad al proyecto de construcciones y del personal del Cuerpo de Ingenieros del Ejército norteamericano que hacia la interventoría de las obras. Y, de refilón, asegurábamos nuestra propia seguridad. Como las obras se habían paralizado por tiempo considerable, se comenzó a madurar, en el nivel central, la idea de que era necesario disminuir el dispositivo aéreo. Debía iniciarse por el mencionado componente aéreo porque era lo que resultaba más oneroso para el presupuesto de la FAC por ser un costoso equipo de vuelo.

Por esa razón, para el año 95, en forma gradual, y con una serie de justificaciones separadas para cada decisión que se tomaba, fueron retirados los dos helicópteros y, finalmente, el avión Araba. Avion que un principio fue artillado y avion ambulancia. Pero, luego, fue desarmado y dejado solo en la simple configuración de carguero y lanzador de paracaidistas. Ante tal circunstancia, dimos todos los argumentos posibles para que eso no sucediera. Pero finalmente debimos darnos por vencidos por la imposición de la superioridad sobre la razón. La última explicación que nos dieron fue que era una orden militar.


AVION ARABA QUE FUE RETIRADO UN AÑO ANTES DEL COMBATE

El argumento fue que se requerían de ese equipo volante para conformar un grupo de protección para los altos mandos militares y políticos colombianos muy amenazados en la capital de la nación. Supusimos que eso solo era una disculpa. La sospecha la confirmamos después. El real motivo era la seguridad genérica de las legaciones diplomáticas, pero en especial la norteamericana. Como el armamento y mucha de la dotación era del famoso Plan Colombia, los norteamericanos vieron que estaban gastando dinero en algo que no estaban necesitando ante las suspensión de los trabajos de ingeniería en GASUR, mientras que la seguridad de sus diplomáticos, en el nivel central, estaba siendo critica.

Poco tiempo después, en una visita del embajador norteamericano al GASUR, este se refirió al tema, aunque en forma rápida y corta, pero suficiente para que supiésemos el motivo, con lo cual confirmamos que nuestra premonición era acertada.

Ante tal decisión, de tan alta alcurnia y siendo ésta del mayor interés político, debimos resignarnos a quedarnos sin esas facilidades. Nos aseguraron que en caso de un ataque seriamos auxiliados como primera y máxima prioridad. No nos pasaba desapercibido que eso sería poco factible. Era mucha la distancia a la que nos encontrábamos desde los lugares de donde podrían salir esos apoyos de combate y las dificultades para llegar oportunamente a esos lugares. Una fuerza aérea se característica por su largo alcance y desempeño en profundidad de combate, pero eso tiene sus limitaciones. Nos era muy claro el perfil del dispositivo de combate de las unidades aéreas amigas y la realidad nacional.

martes, 20 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (I)


ENTORNO Y EVENTOS QUE HICIERON PARTE DEL COMBATE DE LAS DELICIAS





Oigan lo que aconteció,

y aunque es suceso que admira,

no piensen, no, que es mentira,

que lo cuenta quien lo vio.



(José Manuel Marroquín)



LAS DELICIAS (I)



INTRODUCCION.



La siguiente es la secuencia de circunstancias y sucesos que llevaron al desastre de Las Delicias. Situación en la cual fuimos conducidos por la confluencia de factores sociales, políticos y militares, en forma tal que llegó a ser imposible que la derrota militar se hubiese podido prevenir de manera razonable o evitar, por ser la consecuencia producto de causas insuperables.



Lo que contaremos es para dejar evidencia de los hechos y para enaltecer a quienes dieron su vida en tan fatídico combate, a los que sufrieron heridas, los que padecieron un largo secuestro y a todos cuantos colaboraron, con su máximo empeño, haciendo lo mejor que podían en ese critico momento.

Solo nos limitaremos a narrar con apego a la verdad y a hacer nuestras apreciaciones de lo vivido. 



LOS ANTECEDENTES DEL FENÓMENO DELINCUENCIAL.



El único intento real, efectivo y decidido, contra el delito del narcotráfico se había dado solo durante el gobierno del presidente Turbay, a comienzos de la década de los años 80, en la costa norte, contra los famosos marimberos. La mariguana era cultivada en las estribaciones de la Sierra Nevada y exportada a los Estados Unidos por medio de un puente aéreo armado con aviones sacados de los cementerios en Norteamérica. Esa acción tuvo resultados satisfactorios pero mientras esto sucedía en el norte, el narcotráfico de la coca tomó fuerza en el centro del país.



Durante todos los años, 80 la sociedad colombiana y las autoridades nacionales, habían sido débiles para afrontar la delincuencia alimentada por la poderosa industria del narcotráfico. El delito se había arraigado en dos lugares específicos de la amazonia, las regiones del Caquetá y del Guaviare. Y los dos actores que lo impulsaban eran las mafias narcotraficantes de Cali y Medellín. Las mismas que habían permeado los campos políticos, económicos y sociales.


Este fenómeno era evidente para todos, en especial para nosotros los pilotos militares, que sobrevolamos esas áreas observando los grandes tumbados de selva donde cada día surgían cultivos de coca. Sin embargo, aunque se pedía combatir la mariguana, nos extrañaba sobremanera como el gobierno nacional era tolerante y hasta complaciente con el fenómeno de la cocaína. Combatía la mala yerba en la costa Caribe y no daba los recursos necesarios para combatir los grandes cultivos de la cocaína en el Amazonas. Al tiempo que no expedía las leyes necesarias. Aunque en sus declaraciones públicas eran en contra del fenómeno y sobre la necesidad de combatirlo. Eso era lo que se decía más no lo que hacía.






AVION MARIMBERO


Cuando finalmente el gobierno nacional se percató de que era necesario confrontar el narcotráfico de la cocaína, especialmente presionado por los Estados Unidos quien estaba muy interesado en combatirla, se decidió por crear un cuerpo especial contra el narcotráfico dentro de la Policía Nacional. Esa unidad fue quien destruyó los famosos laboratorios de Tranquila en el área del Caquetá, especialmente en la región del río Yarí. Estos laboratorios refinaban la pasta de coca traída de Bolivia, Perú y Ecuador. Sin embargo, ya se estaba cultivando la planta en las fronteras de la selva Amazónica para no tener que traerla desde tan lejos y hacer el negocio completo.



Los llanos del Yarí los sobrevolábamos con frecuencia haciendo las rutas comerciales de Satena a la Araracuara y la Chorrera. Podíamos ver las pistas clandestinas. Algunas de esas pistas eran el destino de las misiones de vuelo que se nos ordenaban. Algunas de ellas eran las de Tunía, Candilejas, El Recreo, Canadá, Caquetania, Araracuara.


Sabíamos que eran clandestinas porque no tenían registros aeronáuticos, ni figuraban en el manual de Rutas. No se tenía ni se daba información aeronáutica oficial. Aunque se reportaban como destino en los planes de vuelo no tenían objeciones por parte de las autoridades aeronáuticas y todo eso trascurría de manera normal. Solo entre pilotos se trasmitían los datos mínimos necesarios para la operación. Y quien hiciera algún comentario, al respecto de esa irregularidad, era tenido como un desubicado y un tonto, porque en la mentalidad general eso era plenamente admitido como parte de la cultura que imperaba en esas regiones.


Los colonos ofrecían, casi que suplicaban, que les cambiaran sus dólares por moneda colombiana ya que no les eran de utilidad. Eso podía ser un gran negocio pero preferimos no involucrarnos porque algún día eso sería tenido como un grave delito, así en ese momento todo mundo lo ignorara, aunque era ya oficialmente ilegal. Es decir, que la inteligencia si existía pero eso no inquietaba ni era de interés para nadie, ni siquiera para la inteligencia aérea.



Desde el aire nos era muy evidente la gran cantidad de círculos de foresta derribada para sembrar. Y aunque esto se comentaba en el ámbito militar, especialmente en el de la Fuerza Aérea, no se notaba ninguna intención por hacer algo. Tampoco el gobierno central, no mostraba ningún interés real de combate. Y mientras no exista el objetivo político y éste no sea un problema social, una fuerza militar está totalmente impedida para actuar por su libre albedrío, si es que es una fuerza con pleno sentido democrático.





CLAROS EN LA SELVA


En los últimos años de la década del 80 y comienzos de los 90, el combate al narcotráfico se convirtió en un objetivo político nacional. El fenómeno había crecido exageradamente y había comenzado a alimentar a los grupos insurgentes. Estos encontraron un gran tesoro para cubrir sus necesidades económicas proveyéndose de los dineros necesarios para adquirir gran cantidad de armamento y logística. Llegaron, incluso, a pasar, en estas regiones, de la fase de insurgencia clandestina a la de conformación de tropas con posibilidad de ejecutar operaciones de guerra regular. Les faltaba solo el adoctrinamiento necesario que adquirían rápidamente.

BANDOLEROS FARC