AERONAUTAS Y CRONISTAS

viernes, 7 de abril de 2017

LA ELECTRICIDAD EN URRAO

LA ELECTRICIDAD EN URRAO

La primera planta eléctrica a la cual llamábamos “La Planta Vieja” estaba instalada en un sitio que se llama “Balboa”. Es un lugar que también llaman “Las Chorreras” porque el agua que bajaba para la planta eléctrica también se usaba para el pueblo. Esa agua caía en cascadas donde la gente acostumbraba irse a bañar de paseo. El agua proviene del río Urrao que baja de las montañas al oriente del pueblo.

Antiguamente el agua no llegada a las casas sino a una fuente que estaba en el centro del parque. La gente debía ir a diario hasta ella con recientes y cargar a hasta sus casas. La tubería que se usaba para llevar el agua al pueblo era de madera. No existían los tubos de barro cocido y menos los metálicos actuales La hizo un carpintero muy habilidoso que fue famoso porque se le acusó y condenó en Medellín por haber cometido una masacre en un sitio llamado La Aguacatala, sobre el casino que conduce de Medellín a Envigado. Este sistema duro muchos años y era motivo de admiración porque no tenía fugas.

Como la maquinaria de la nueva planta era una novedad, la gente iba a verla funcionar. Incluso era costumbre jugar haciendo una larga cadena de personas Cogidas de la mano y que terminaba en unas barras que al tocarlas pasaba la corriente a lo largo de toda la fila. Eso solo lo hacia la persona más guapa. La gente se divertía con ese novedoso fenómeno que se usaba a manera de recocha.



Con la anterior planta, el pueblo y las casas sólo podían tener unos cuantos bombillos. Cuando vieron que la planta vieja se encontraba en malas condiciones decidieron construir la planta nueva. Para eso escogieron el talud contiguo al aeropuerto. Inicialmente sólo tenía un generador que es el que actualmente todavía existe. Con el tiempo pusieron otro más grande y moderno.

Después, con la planta nueva ya se pudieron instalar estufas, mejorar la iluminación, conectar planchas eléctricas, neveras u otras facilidades.
El lugar se convirtió en un paseo de todo el pueblo. La gente también iba a bailar, a jugar, a conversar o contar chistes. Se iba tanto en el día de caminada, como por la noche a armar parranda. Se armaban grupos completos para esta distracción. Al lugar dejaban entrar y nadie arrimaba a las máquinas porque les daba miedo. En ese tiempo se podía andar en la oscuridad sin ningún riesgo y por eso nos quedábamos hasta la medianoche.




La planta actual es la misma de esa época y nos llama la atención que aun la tenga el municipio en funcionamiento después de tantos años. Vende energía a la red de interconexión nacional.

jueves, 6 de abril de 2017

EL DIABLO EN LA PESEBRERA

EL DIABLO EN LA PESEBRERA. (Narración de Luis Fdo. González)

Una noche, por el año 1964, como a las 8, ya viviendo en el pueblo, fui, como de costumbre, a llevar la mula Guardia de mi papá a la pesebrera de Tocayo Vélez. Esto yo lo hacía rutinariamente cuando mi papa llegaba de la finca al pueblo todos los días después de que la desensillaba y le dábamos panela y maíz.



Cuando llegué a la pesebrera de Tocayo, estaba muy oscuro y la puerta estaba cerrada por dentro. Entonces llamé a Tocayo para que me abriera, porque él dormía en una piececita donde estaba la picapasto al pie de la puerta. Nadie me contestaba, posiblemente estaba borracho, que era lo más frecuente en él.

Con un poco de susto, me asomé por debajo de la puerta para ver si me podía deslizar hacia adentro, pero cuando me asomé, vi, como a 20 metros, la cara del diablo al fondo de la pesebrera. Era enorme, como de 2 metros de altura y estaba perfectamente trazada con unas líneas de luces amarillas, parecidas a las luces de navidad. Su cara era un poco gorda y medio redondeada y el contorno de sus ojos terminaba puntiagudo hacia los lados y las comisuras un poco hacia arriba, pero vacíos.

La expresión de su boca era levemente sonriente, como burlona. Con labios gruesos y en total quietud. Algo así como un buda. El corazón me dio un vuelco y quise salir corriendo. Sin embargo, me quedé mirándolo y pensé que era una sugestión mía, que eso no podía ser cierto, aunque no muy convencido del todo.

Entonces pensé que no podía volver a la casa y decirle a mi papá que no había podido dejar la mula porque el diablo estaba en la pesebrera, seguramente me daría una pela por mentiroso.

Entre los dos miedos, y llenándome de valor, resolví arrastrarme por debajo de la puerta con la sensación de indefensión que ello produce. Pero sin dejar de mirar el rostro del diablo. Cuando estuve adentro, me sentí aún más indefenso. Busqué, casi a tientas, la tranca de la puerta y la abrí con gran alivio.


A toda prisa entré la mula, la metí en la primera celda junto a la puerta, le quité la jáquima, puse la tranca de la celda y salí a la calle. Luego amarré la puerta con una cuerda que colgaba de unas argollas y salí corriendo como alma que lleva el diablo. Cuando llegue a la primera esquina volteé a mirar hacia la pesebrera y vi la puerta abierta. Con mucho susto me devolví a amarrar otra vez la puerta y volví a salir corriendo. Cuando llegué a la esquina miré nuevamente hacia atrás y la puerta seguía abierta. Mi papá me había encomendado mucho que dejara todo bien cerrado porque esa mula era muy arisca y se podía volar fácilmente.


Regresé, por tercera vez, a amarrar la puerta, la aseguré bien y, nuevamente, a correr se dijo. En esta ocasión la puerta quedó cerrada y salí volado para la casa.
Al otro día, cuando llegue de la escuela, mi papá me dijo: Mijo, usted dejó abierta la puerta de la pesebrera anoche y la mula se voló. Fíjese bien la próxima vez y vaya por ella a la Manguita, la finca del tío Francisco José, que allá debe estar. Yo le dije, no papá, seguro que yo cerré bien la puerta, No me discuta, dijo, es que usted es muy elevado y no se fija bien en lo que hace.

Finalmente fui hasta la finca del tío y encontré la mula Guardia que le traje a mi papá. Realmente si se había salido a pesar de que yo le puse tranca a la celda y amarré la puerta de la pesebrera por fuera. Como que el diablo se la abrió para mortificarme aún más. 

EL DERRUMBE

EL DERRUMBE DEL PEDRERO. (Narración de Luis Fdo. González)

El señor Alberto Restrepo, comerciante y hacendado, de familia muy tradicional de Concordia, me dijo una vez en el pueblo que él quería ir a la finca del Pedrero. Hacía muchos años no iba desde cuando era un niño. Le dije que con mucho gusto, que iba mandar traer una bestias ensilladas para que fuéramos.
Me contó que quería volver a ese sitio porque unos de sus ancestros habían perecido en el derrumbe de El Pedrero.



Le comenté que yo había oído la historia de un derrumbe muy grande sucedido hacía muchos años. Que debajo de una piedra muy grande, casi como del tamaño de una pieza, que hay junto a la actual casita de paja y cancel, en esa parte de la finca que llamábamos El Balsal, había quedado sepultada la casa que había cuando se vino el derrumbe.

El señor Restrepo me dijo que sí. Además se decía que el dueño de la finca era muy avaro. Una mañana pasó una viejita por la finca, cuando estaban ordeñando las vacas y pidió qué le dieran un poco de leche y se la negaron.

Que entonces la viejita les dijo que por hambrientos iba a ver un derrumbe que les iba a tapar la casa.




Efectivamente ese mismo día, que era un domingo, se vino un derrumbe que arrasó con todo y que no se salvó sino el abuelo de Alberto. En ese entonces él era un niño y lo habían mandado al pueblo a traer el mercado.

viernes, 10 de febrero de 2017

LAS PARADOJAS

LO QUE EL GENERAL NO CONTÓ

LA PARADOJICA AMISTAD

Con el General Alvaro Valencia Tobar tuvimos alguna proximidad. En una ocasión, siendo Teniente estudiante en el Instituto Militar Aeronáutico, fuimos invitados a una charla ideológica con el ya retirado General, en la Escuela de Suboficiales de la FAC en Madrid, Cundinamarca. En ellas se aproximó a ciertas discrepancias que tenía como militar con las políticas nacionales de ese momento.

Como no me gustó que no fuese directo y totalmente franco en su posición ideológica y estando yo imbuido de cierto espiritual rebelde con la institución por otros motivos, pedí la palabra para requerirle que dijese de manera clara si pensaba que se debía dar un golpe de estado militar. Eso le impactó mucho. De manera controlada dio una respuesta evasiva y se aplacó la tensa situación que causo mi intervención en el recinto.

Con el tiempo, él vivía en el lindante barrio Santana en Bogotá y yo en el Cantón Norte en los apartamentos fiscales. Por casualidad nos encontramos en el cajero automático de Davivienda que había en el supermercado Olímpica, próximo a la portería.

En la primera ocasión que nos encontramos y, siendo de una memoria prodigiosa, me reconoció recordándome el pasado evento pero sin rencor.  Como simple pilatuna de estudiante demasiado crítico

Admirando su nivel intelectual y lúcida inteligencia, reflejado en su capacidad para escribir, aproveché para iniciar una conversación. La misma que él aceptó, cuando le conté mi gusto por los asuntos históricos sobre los que él escribía y en los cuales era un experto. Por eso, a veces, conversábamos.

Él ya estaba jubilado y yo era aún un oficial activo de mayor grado. Tratábamos diversos asuntos sin ya las prevenciones del joven y atrevido militar del pasado. El mayor grado me había dado prudencia ante un experto superior en su condición de respetable veterano.

EL LIBRO

Estando yo ya también retirado del servicio, en el 2009, me resolví leer uno de sus últimos libros, quizás el último, publicado en ese mismo año, de varios que ha escrito.
En su relato pude darme cuenta que había dejado trunca una parte de sus recuerdos que me había comentado. En una oportunidad tratamos sobre las grandes paradojas que afronta el militar entre lo profesional, lo político y lo personal.



Algo me decía que a su libro le faltaba una segunda parte. La del final. La que me había narrado de palabra pero, tal vez, con inducido propósito intencional.
En los diálogos me había dado unas pautas, con diplomacia de mensaje subliminal, sin referirse directamente al tema pero si permitiendo dilucidar sus ideas periféricas. Como él sabía hacerlo con inteligente sutileza. Eran varias cosas.

EL INICIO DE ANORÍ

La primera paradoja de Anorí. Se inició cuando los restos de la cuadrillas de Fabio Vásquez Castaño logró huir de la persecución que le hizo Valencia, siendo Coronel comandante en la brigada de Bucaramanga, donde se produjo la muerte de Camilo. El aguerrido militar los había hecho pasar, en huida, el rio Magdalena hacia el noreste de Antioquia por los municipios de Segovia, Remedios y la Serranía de Simití.

Por ser otra jurisdicción, Valencia, no pudo continuar su persecución ya que la brigada colindante no se prestó. Una retrograda decisión, la de no adelantar una acción de cierre y tenaza. Le perecía inconcebible ya que eran compañeros de lucha contra el terrorismo y deber de su mutua misión.

Eso le permitió a los perseguidos unos años sin ofensiva efectiva. Durante ese tiempo la cuadrilla logró recuperarse hasta juntar una fuerza combatiente de unos 300 hombres. Eso obligó a iniciar la famosa Operación Trinitario. Periodísticamente llamada, y por eso más conocida, como Operación Anorí.

En ella salió derrotado nuevamente y casi totalmente esa cuadrilla. Su completo aniquilamiento no fue posible por una inaceptable intervención política que se contara más adelante.

Tal derrota quiso cobrársela, años después, el grupo criminal del ELN con el atentado que le hizo, siendo General comandante del Ejército, para asesinarlo. Lo que, afortunadamente, no logró.

Incomprensible que la brutalidad criminal convierta en rencor personal lo que se supone que es una diferencia institucional y social. Pero esas con las cosa arbitrarias a las que se expone el militar por darle estabilidad a la nación. Lo contó en el libro más sin decir que, para él, había sido otra de las paradojas de su vida.

EL SACRIFICADO AMIGO CAMILO

La otra. Aconteció con la persecución del ELN en Santander. En ella se cruzaron y aproximaron los interese nacionales y los profesionales con los personales o hasta familiares. Situación muy comprometedora. Por eso creo que él no me declaró directamente los hechos, pero si los dejó entrever a manera de confianza amistosa y basada en la pulcritud de la reserva profesional que me advirtió. Pero solo, según él, hasta el momento de cuando fuese debido.



Se trata de la muy próxima y fraternal amistad que el General tenía con el sacerdote Camilo Torres. Nacida de la relación que, como médico de familia, tenía el padre de Camilo con el padre del General. En una ocasión el médico le salvó a vida a Valencia siendo niño. Años después, Alvaro y Camilo se encontraron en la ESAP. Siendo profesores de esa institución, continuaron y fortalecieron sus relaciones de jóvenes y compartieron similitud de ideólogas sociales. Todo esto también lo dijo en su libro sin agregarle los sentimientos personales por los que pasó.

Fue mucho el dolor moral que le causó, al aun Coronel, la muerte de su amigo por acción de las tropas que él comandaba. Todo debido al engaño venenoso que le hizo al prelado el sanguinario terrorista Fabio Vásquez Castaño, del brutal ELN, abusando de la ingenuidad clerical.

Ideas que dejó muy claras en el ya mencionado libro “Mis Adversarios Guerrilleros” (tercera edición de mayo del 2009 de Editorial planeta, paginas 166, 182, 184 y otras). El sacerdote fue sacrificado por puros celos guerrilleros. El sacerdote le podía arrebatar el mando de comandante de cuadrilla por su mayor destreza intelectual y cualidades personales y morales para dirigir el grupo. Posición que cuidaba a cualquier precio.

Las circunstancias hicieron que fuera el Coronel Valencia, precisamente su amigo de infancia, quien comandara las tropas que dieron de baja al sacerdote el 15 de febrero de 1966. Algo que hirió profundamente el alma de militar. Nunca pensó que dos amigos se pudiesen confrontar hasta esa situación tan dolorosa. Contrasentido inexplicable.

EL GESTO DE HUMANIDAD

Para cumplir la orden de dar sepultura a los enemigos sacrificados en combate, como un gesto humanitario, en el mismo lugar del hecho, así lo ordenó. Dejó constancia muy clara del lugar de la sepultura. Lo hizo con el debido secreto para que sus restos mortales no fuesen usados a manera de icono y símbolo heroico por parte de los compinches.

En ese momento se hizo el propósito de rescatar, después, las cenizas de su familiar amigo y, luego, contrincante ideológico. Pasados los 3 años, cuando se podía hacer una exhumación, los llevaría a un lugar más digno. No solo por la jerarquía del eclesiástico, que había sido revestido del sacerdocio, sino también por su sacrificio y, sobretodo, por su estimación.

Durante los siguientes 5 años que él permaneció en la brigada de Bucaramanga, construyó un mausoleo militar para sus subalternos caídos en combate. En ese lugar, reservó un sarcófago para destinación específica del comandante.

Pasado el tiempo reglamentario, exhumó los restos del sacerdote del campo donde los había enterrado y los hizo llevar, en secreto, a la cripta construida por él en la brigada.

Los detalles los cuenta el General bien claro en su libro. Lo recuento para poder hacer comparación con lo adicional que me referenció.

Lo que escribió el General en su libro fue parcial. Le faltó decir que ese acto humanitario lo hizo porque no solo era un deber cristiano sino también privado y por ello justificado. Una contradicción que por razones de no exponer su ética profesional a críticas malintencionadas debía mantener en secreto un sentimiento humanitario particular. Fue su íntima paradoja.

EL FINAL DE ANORÍ Y EL POLÍTICO

Mas paradoja. De lo que aconteció en la Operación Anorí contra el ELN, donde ese grupo bandolero fue casi que totalmente derrotado militarmente, y de donde, luego, salieron las cenizas que le permitieron resurgir, política y delictivamente en el departamento de Arauca.

Victoria que se frustró por la condescendencia irracional y la intervención antipatriótica de Alfonso López M. siendo presidente.

López ordenó suspender las operaciones contra los restos ya casi que diezmados de esa cuadrilla. Además de ordenar al Ejército entregarle ayudas logísticas consistentes en uniformes, botas, alimentos y medicinas.

Todo porque creyó erradamente que con esos actos de misericordia lograría doblegar la voluntad de sublevación de ese grupo insurgente que había sido creado por varios de sus partidarios cuando, en los años de 1960, él era el líder el mencionado Movimiento Revolucionario Liberal. El MRL.

Absurdas situación para el político, que fuese precisamente el dirigente social, quien había creado las bases ideológicas del grupo insurgente, también fuese el mandatario de las tropas que perseguían a ese grupo rebelde.  La paradoja de López.

Tal vez, conservando en sus pensamientos tal realidad, se dejó convencer por otro viejo colega en el MRL de que, por ese superfluo medio y errada clemencia, obtendría un acuerdo político para finalizar el conflicto. Pero fue un fatal error. Deuda pública que el pueblo colombiano no le cobró ni él ingenuo político fue capaz de pagar por dignidad.

Todo eso lo veía el militar al tiempo que tenía que callarlo y acatar lo que se le ordenase aunque fuese igualmente absurdo.

Por la obediencia debida y la subordinación del poder militar al poder civil, debió aceptar tal infamia. Les dio el auxilio a sus enemigos aun a costa de sus convicciones. No importaba que con ello se ignorase el descomunal esfuerzo que habían hecho las tropas para salvar al país de tan criminal flagelo.

Sapo que debió tragar para evitar un mal mayor, como el que yo le pregunté en la descrita conferencia para alumnos en el municipio de Madrid, en caso de no habérselo tolerado el obediente militar.

Reacción militar peligrosa que el presidente intuía. Por ello le guardaba recelos al General, que terminaron, luego, con la destitución del militar de su alto rango y cargo pasándolo a las Filas de las Reservas. Insuperable encrucijada.

El político solo tuvo el coraje de admitirle, en privado y en un momento inapropiado, por ser un evento social para que no pudiese darle contrarespuesta, su error diciéndole que no lo volvería a cometer.

Le aseguró que no intervendría más en los asuntos íntimos de las operaciones militares. Pero López no fue capaz de aceptar que su equivocación había sido pública y de mucho impacto nacional como máximo, pero mezquino, dirigente social. Por eso no era con el General con quien debía reivindicarse sino con el pueblo.

Absurdas situaciones para ambos aunque vistas desde distintos puntos. 

OTRA MÁS

En sus consideraciones con el caído sacerdote es donde se junta lo profesional con lo personal. Que sin dejar de seguir los dogmas militares en el cumplimiento del deber se dan, también, satisfacciones a cosas particulares.
No es ni siquiera necesario que se haga con premeditación lo primero, lo oficial y legal, para que se dé cumplimiento a lo segundo.

En la profesión las necesidades públicas, irremediablemente, se equiparan por si mismas con las necesidades íntimas sin inducirlas. Al contrario, son inevitables. Lo segundo es simplemente consecuencia, no calculada ni prevista, de lo primero. El militar no puede dejar de ser parte del pueblo cuando cumple con su deber. Por eso, él mismo, resulta beneficiado o perjudicado, con los efectos periféricos y colaterales, sin que sea su intención primordial y personal, cuando cumple su misión.

Mucho menos es el deseo de usar la fuerza legal para venganzas personales escudándose en la legitimidad. El General nunca abrigó, ni remotamente, dichas inclinaciones ni bajos deseos. El también fue una víctima de la ambivalente vida colombiana llena de estigmas tan dolorosos y cruentos, como lo fue Camilo. Lo demuestra lo acontecido cuarenta años más tarde.

EL DESEO DEL HERMANO

El hermano del sacerdote, afectado por grave enfermedad, creyó que los restos se quedarían en el olvido en un lugar montañoso y remoto. Le pidió que le revelara en donde los había dejado para hacer lo que ya el General había hecho y su hermano no lo sabía. Quería ponerlos en un sarcófago más apropiado que las soledades de una selva inhóspita.

Sintiendo Valencia que ya había dado cumplimiento a un deber más que humanitario, le reveló al hermano su secreto y le entregó los restos. Enterado el hermano de lo que ya se había hecho decidió dejarlos, inicialmente, en el mausoleo mientras encontraba su propio sitio secreto para que no fuesen profanados por inescrupuloso admiradores.

Luego, dispuso de ellos en un lugar que el General no supo con certeza, pero si tenía razones para sospechar. Cuando el hermano los hizo llevar a otra parte, sin revelarle a donde, solo insinuó su destino. Con la muerte de los dos quedó en secreto ese destino. Aunque es factible que sea donde, ya por segunda mano, también lo dejó entrever en la charla el veterano General.
Lo raro fue que lo que tanto cuidó, después, no supo cuál fue su descanso.

EL OTRO DESEO

La nación necesitaba que las cosas no terminasen de esa manera. Pero el remate también involucraría al General.

Pasado el tiempo, para 1974, el General llegó a ser el Comandante del Ejército.  Con el fin de extinguir el grupo de Fabio Vásquez, que se había logrado salvar de su operación en Santander, donde ya se dijo que murió Camilo, se inició y ejecutó la militarmente denominada Operación Trinitario u Operación Anorí. El objetivo oficial era acabar con esa cuadrilla de bandoleros.

Aunque otro deseo interno y secundario del militar era que Fabio Vásquez pagase las descomunales infamias cometidas, además de la social, contra el sacerdote y contra él.

Las que produjeron, así no lo hubiese premeditado el criminal, el que los dos amigos apreciados se enfrentaran hasta causar la muerte de uno de los dos. Un desenlace fatal que no se ameritaba desde ningún punto de vista.

La persecución en Anorí fue implacable. Fabio vio como sus dos hermanos, Antonio y Manuel, que también eran terroristas de su misma pandilla, fueron dados de baja junto con casi todos sus compinches en unos pocos días.

Fue tal el pánico y la desesperación que el bandido previó que ese mismo fin seria el suyo y decidió salvar el pellejo cometiendo el más alto grado de traición con sus camaradas. De lo contrario lo alcanzaría la igual suerte que le causó a Camilo.

                                                Fabio a la derecha.

No tuvo más salida que incurrir en la traición. La que él mismo castigaba en su pandilla con la muerte. La deslealtad la cobraba con el fusilamiento. La gobernando por la vía del terror y el pánico colectivo.

No pagó con su muerte física pero si con su muerte espiritual, mental y psicológica.

Se escapó para Cuba llevándose un cuantioso y ensangrentado botín, para pagar su acogida y protección al mayor patrocinador del terrorismo en Latinoamérica, Fidel Castro. Fidel lo había entrenado, apoyado y designado para ser el comandante del movimiento guerrillero años atrás. Cosas pendientes debió contar Fidel antes de momificarse.

No se conoce con claridad todo el fin del terrorista, similar al de los restos de Camilo. Fidel le dio protección para que no se sepa el real estado del bandido. 

Pero se filtró, con alta confiabilidad, que el delincuente perdió la razón ante el remordimiento de tantos crímenes cometidos. Los mismos que luego le perdonó, pero espiritualmente mas no eclesiásticamente, el también bandolero Cura Pérez. Triste final para cualquier ser humano. De quien tampoco se sabe dónde fueron a parar sus cenizas.

De todas formas el objetivo nacional se cumplió. Y, además, las pasadas ofensas al honorable militar se resarcieron en la misma forma absurda como el descerebrado pandillero las había provocado.

El delincuente fue víctima de su propia esquizofrenia depravada de ignorante inmoral. Un ser extremadamente homosexual vanidoso, ególatra, megalómano y autólatra que solía autodenominarse con el alias de Helios. Él mismo fue su propia víctima sin que mediara intervención directa del militar. Sin embargo, fue consecuencia de la presión que le infringió con la operación Trinitario, sin que fuese ese su propósito íntimo. Situación por fuera de la lógica para el militar.

Además de que el ELN no pudo constituirse en una alternativa social para el pueblo colombiano. Razón por la cual están pidiendo diálogos porque su sanguinario pasado, que ha sido totalmente perdido porque no ha logrado nada. Han sido actos sin gloria ni razón.


 LA ÚLTIMA

Por sus convicciones políticas y su actuación en la cátedra de sociología, que el sacerdote implantó en sus clases, Camilo fue destituido diplomáticamente sugiriéndole que pidiese su separación del clero, por parte de monseñor Concha, máximo superior de la iglesia católica en ese momento en Colombia.

Así lo hizo el sacerdote para no afectar su iglesia y se dedicó a la acción proselitista política con bastante éxito en la plaza pública.

Su principal teoría era que la violencia se debía combatir con acción social buscando una solución compartida entre pueblo y gobierno, donde ambos pondrían sus esfuerzos. Algo muy próximo a los principios de la Teología de la Liberación que buscaba que las dolencias del pueblo se superan reuniendo los esfuerzos de una autoridad civil más humanista y menos materialista. Y una iglesia más socializante y menos teórica en ideas celestiales.
Pero esos criterios lo llevaron a su trágico final.

El General se aproximaba en mucho al amigo porque pensaba que como militar sus esfuerzos no debían ser únicamente de tipo bélico. Que era necesario llegar más al alma del adversario armado que a su destrucción física.Un militar más civilizado que humanizaba la guerra.

Por eso promulgaba la teoría de la Acción Cívico Militar. Antes que echar balas se debían a hacer primero esfuerzos de aliviar las penurias de las gentes. Las que por física necesidad se veían irremediablemente impelidos a tomar las armas.

Sus ideas lo pusieron bastante en contra de sus superiores que traían una viaja tradición de solo usar la fuerza para someter antes que de convencer.

Cuando ya había alcanzado alto rango militar, su opositor ya era la clase política que miraba todo cuanto fuese de interés y sensibilidad social como peligroso comunismo. El mismo que era inaceptable porque fomentaba revoluciones, alzamientos y choque armados en muchas partes del mundo. Se le consideraba como la única solución salvadora.

Esos racionamientos, que hasta lo aproximaban a ideologías revolucionarias, según la clase dominante, como la del MRL de López y violentas, como la del ELN del cura Pérez (quien a pesar de ello atentó contra su vida), lo llevaron a tener que finalizar su carrera militar de manera traumática.

De esa forma no afectaba las filas de su institución militar. De no aceptarlo podría caer en una supuesta medicina nacional que sería más dolorosa que la enfermedad.

Así pudo sobrevivir un poco más que su amigo. Pero a costa de no lograr que se produjera el cambio suficiente de mentalidad deseada para la nación. Principio en el que concordaban los protagonistas en el fondo, mas no en la forma. En el qué. Mas no en el cómo.

Retirado se dedicó a promulgar sus ideas, como el prelado. No por medio de la academia y la tribuna pública. Usó la prensa y sus libros en los que era un maestro.

La paradoja es que ambos terminaron de manera agreste por lo que, de muy buena intención, buscaban. Pero los dos dejaron, a su manera, valores que han cambio las viejas creencias que, después, han ido germinado en nuevos horizontes. Tanto en la iglesia como en la milicia. Y, por supuesta, en la nación.

Se cumplió el sagrado designio de que para que una nueva planta nazca es necesario que otra tenga que morir para legar sus semillas.  

POS DATA:

Parece ser que el libro fue escrito por el General para contar la historia de un descarriado y desadaptado grupo terrorista, totalmente desorientado por un alocado fanatismo. Por eso dedicó más espacio del acostumbrado en sus últimos capítulos.

También lo inconveniente que es, para una nación, el que sus líderes políticos no tengan claro el límite entre lo político y lo militar. Desacierto muy frecuente en nuestra trágica historia nacional.

Su libro lo inició con las otras crónicas sobre los bandoleros con los cuales el General combatió con acierto, tanto militar como socialmente. Ideas en gran parte aprendidas durante su experiencia en la Guerra de Corea. Y lo terminó con su lucha contra el ELN.

Por respeto a los protagonistas, el General, el Cura, el hermano, además de sus demás ancestros familiares y la forma vaporosa como me la contó, no me es factible in siquiera aproximar el descanso de Camilo.

Además tengo la firme convicción que eso no es importante pues es un asunto de forma y no de fondo para los intereses nacionales. Si realmente fue un personaje trascendente en la ideología social nacional, lo importante serían sus ideas mas no su lugar de reposo. Es mejor que no se perturbe la paz eterna de sus personajes. Solo me es debido completar la historia, que en el libro no terminó el General.

El militar no quiso contar en su libro más de lo que tenía por seguro y puso en la incertidumbre el resto de los sucesos. En especial el de sus secundarios efectos sobre él, más no como propósitos personales.

De todas maneras dejó constancia de un claro ejemplo de cómo los militares dan digna sepultura hasta sus mismos contrincantes guardándoles el debido respeto. Y que la vida militar no es simplemente una tragedia de disparos sino también del alma.

Es decir, el General no escribía todo lo que sabía pero si lo expresaba de palabra para que pudiese conocerse cuando ya no causase efectos indeseados. Que fuesen referencia histórica por interés nacional. Como fue el motivo primordial de todos los libros que escribió.

Por ello doy, con este relato, satisfacción al deseo de complementar el libro, al que fui atado por simple casualidad por parte de un buen amigo.

Después de su muerte, acontecida hace poco, me siento libre y dejo cumplida la reserva debida mientras él viviera. Yo interpreté su confianza como su interés por que alguien lo descubriera, cuando no tuviese ninguna aplicación práctica para sus adversarios y menos para su conciencia. Aunque si para la nación.

Además de una casi que irracional vida por la que pasan los hombres que se dedican a la milicia, y hasta a los pastores de la iglesia, sin poder evitarlo.

Las paradojas de la vida colombiana.


martes, 10 de enero de 2017

EL DIOS DINERO Y LA ROMA MODERNA


En Orlando, Florida, existe una de las formas clásicas de ventas del capitalismo gringo cerrero y codicioso.
Ofrecen, en todas las recepciones de los hoteles y en pequeños puestos callejeros, un descuento para las entradas a los parques de diversión.  Usan esa promoción de gancho para capturar al cliente. Consiste en un menor valor de los boletos de ingreso a Disney si asiste, previo a la venta del boleto, a una entrevista de oferta de finca raíz en el centro de veraneo Westgate Resorts (lo pueden consultar en Internet).

Es una propiedad de Tiempo Compartido para vacaciones. Una modalidad que se usa mucho actualmente. Atrapan a los incautos que no visualizan el negocio, usando habilidad para engañar al potencial comprador. 

Me lo advirtió un amigo brasilero y lo quise experimentar personalmente. También me comentó sobre el susto que le meten al turista en el alquiler de carros para que compre un seguro, no obligatorio, que cuesta más que el mismo arriendo del carro. Pero esa es otra crónica.

Comienzan por mostrarle una altísima cordialidad, gentileza, amistocidad y familiaridad que halaga a cualquiera. Son tan convincentes que no se causa la menor duda de su sinceridad y honorabilidad. Posteriormente y con moderación, le indican que el solo hecho de asistir al salón de ventas les ha causado un costo previo de unos cuantos dólares. Comienzan por insinuarle que uno, inconscientemente ha adquirido una deuda, como mínimo moral, con ellos y que de alguna forma debe ser retribuida y es comprándoles el mencionado derecho de Tiempo Compartido. 

Por supuesto que es cierto que deben pagar una comisión al punto de venta que les remitió el cliente (el puesto callejero o el recepcionista del hotel), si este llega a adquirir lo ofrecido. O al vendedor que como mínimo pierde su tiempo y otras cosas menores, pero eso es parte de los costos y, de todas maneras, los recuperan con los muchos tontos que se dejan timar. Mi propósito era el de conocer esta forma astuta de ventas.

Nos atendió una cordial vendedora perfectamente maquillada, bien presentada, de bonitas formas y agradable aspecto. Estaba ñata de la dicha con la receptividad inicial nuestra y estaba segura que lo lograría sin saber la decepción que luego tendría. Además, su indicador de éxito mejoraría, que con nuestro caso le salió fallido, lo que le bajó su reputación y vanidosa autoestima.

Ello limitó sus posibilidades de lograr la delantera en la competencia que mantienen todos los vendedores americanos, quienes andan en franca competencia por los primeros lugares para obtener las mayores comisiones. Incluso se me dijo, luego, que en un momento me vieron entusiasmado con la propuesta. Parece que hice una buena la dramatización en esa comedia.

Le hacen creer al cliente que el señor que inició el negocio es un gran personaje de la vida pública y social de la Florida. Que tiene unas grandes dotes humanísticas y de alta sensibilidad con el prójimo con quien se pueden hacer negocios seguros y confiables. Con él todo será un mar de dicha, asegurando la posibilidad de tener vacaciones felices para toda la vida y a precios muy cómodos.

La verdad es que ahora es un multimillonario que se hizo rico por su habilidad para vender timando con ese negocio. No cabe la menor duda que sigue siendo un campechano ignorante sin mucha dote altruista y que solo tuvo la suerte de comprar unos lotes para una finca de naranjas que luego no pudo sostener. La misma vendedora nos lo contó.  Luego, ante el auge del acceso de turistas a los parques de Disney, se le dio la oportunidad de crear ese negocio iniciando un condominio pago por los incautos clientes.

Construye unos hoteles de tiempo compartido que se le convirtió en una mina de oro. Adicionalmente, esa riqueza también se convirtió en filantropía, por parte de su corte de aduladores. Según ellos el señor contribuye con muchos fondos a los actos humanísticos del gobierno del condado y del estado de la Florida pero para evadir impuestos.

Menos mal que los incautos y descuidados continúan existiendo para su fortuna. Según ellos es un negocio con todas las de ganar para los ingenuos visitantes de la Florida. Disney no desaparecerá nunca y mientras exista, esas propiedades se valorizarán pudiéndolas vender cuando quiera. Muestran un apartamento lujosamente amoblado, pulcro, con buen avista a los jardines, atendido por dos empleadas y que, según ellos, es el mismo modelo de todos los que el comprador puede escoger en muchos lugares turísticos famosos del mundo entero para disfrutar una semana de vacaciones cada año. 

De inmediato pregunté si cuando quisiera vender, para recuperar lo invertido y las fantásticas utilidades de la valorización, podía recurrir a una vendedora como ella. La respuesta fue evasiva y cambió de tema rápidamente sin permitir detenerse en el asunto diciendo que esa no era su intención en ese momento y que regresáramos al tema que le importaba. Lógico que no insistí pero me molestó la respuesta puesto que eso me dijo la intencionalidad unidireccional de sus propósitos y su poco interés de ayudar en el futuro, centrando su empeño solo en su objetivo del momento, que le compraran. 

Cuando llega el momento de la verdad y uno les dice que no está interesado, entonces aumentan las presiones diciéndole, siempre con sutileza, que uno es un tonto, que deja perder un negocio y una oportunidad única en la vida. Le dicen que el costo real es el doble de lo del valor de la rebaja, que le hacen a uno en ese momento y la desperdiciará si no lo hace al instante. 

Si uno le explica que debe pensarlo, para al siguiente día regresar con la determinación, no le conceden esa oportunidad. Supuestamente es única, exclusiva e instantánea, para uno que la consiguió por un golpe de suerte. Según eso es una lotería que uno se ganó sin comprarla. Esto me permitió recordar las técnicas de los mafiosos americanos, en los juegos de casinos, donde ha engañado a más de uno en ese país ofreciéndole ilusiones fantásticas de ganar mucho dinero con la segura suerte que tiene el cliente. 

También recurren a hacerle ver, cuando uno les dice que no comprará, que ellos no son victimarios sino victimas de engaño, por parte de uno, al haber asistido sin tener la intención definida previa de comprarles.

Preguntan si en alguna forma ellos lo ofendieron a uno. Si no le gustó lo que ellos dijeron. Hablando en forma acomodada, exagerada y extremista intentan convertirlo en víctima inocente de algún imaginario atropello con la intencionalidad de hacerle sentir compasión, que solo puede ser expresada comprándoles su producto. Le indican que debió existir una supuesta ofensa inconsciente que ellos le causaron a uno. Posiblemente por pedirle un exagerado precio y con la fingida intención de corregir ese factible error ofreciéndole una rebaja. Porque la oferta inicial debió gustar tanto como para comprar de inmediato.

Por supuesto, ellos saben, de antemano, que no hay ninguna razón para pensar de esa manera y, por tanto, la pregunta o sobra o resulta molesta para una persona con claridad mental. De todas formas la hacen para ver si el cliente cae en la trampa de tener que dar una explicación incomoda. También buscan una respuesta positiva a su oferta como compensación por la lástima que se debería tener con ellos al haber cometido tal imprudencia ademas de ofrecer otra rebaja.
Cuando les dije que no era necesario expresarse en forma extrema y polarizada, no gustó la aclaración y cambió de tema rápidamente.

Como se ve es un juego de gran destreza mental y suspicacia con capacidad profesional y algo teatral. Puse en juego otras condiciones para ver como se salían de ellas y pude ver que lo tienen todo calculado y minuciosamente estudiado.

Una de esas trampas fue cuando le dije que no podía tomar una decisión sin consultarla antes con mi asesor de negocios. Recurrieron casi que a la burla directa al decirme, con carcajada incluida, que como era posible que yo tuviese que consultar un asesor para definir algo tan sencillo como mis vacaciones anuales o simple compra de un dulce o un chicle. 

Cuando hacen la oferta se la presentan como una inversión en un bien físico y tangible de considerable valor. Pero cuando eso amerita una consulta, deja de ser algo importante y pasa a ser un gasto menor y pasajero. Que debe ser tomado como la compra de un caramelo que no requiere ninguna opinión adicional ni de un tercero por ser cotidiana y de menor importancia para una persona ya adulta y madura para decidir. 

También les pedí los cuadros y cálculos, que hacía a mano alzada mientras hablaba sobre su libreta de notas, de todos los cálculos de la financiación, la forma de pago, el impacto sobre la economía personal, etc.
Me dijeron que solo lo podían facilitar si hacia una adquisición. Les pedí fotocopia y tampoco lo permitieron. Ellos saben perfectamente que esos documentos, así sean sin carácter oficial, pero con caligrafía y letras de sus vendedores, son altamente peligrosos en manos de un abogado astuto que los quiera incriminar por engañar a las personas

Luego de hacer el negocio le dan toda la información que pidan porque decidió libremente sin ninguna coacción ni apremio ni trama. Porque fue bajo su propia autodeterminación y compromisos de ley contraídos concientemente. 

Otra cosa que llama la atención es que ellos le dicen al cliente que lo que venden es un derecho de uso del inmueble por un tiempo. Antes le habían dicho lo contrario. Que uno es propietario de un bien material, físico, definido, por supuesto con limites y lugar de ubicación, y no de un servicio intangible. Con un precio que se paga después de varias oportunidades de uso en comparación con lo que cuesta un hotel.

Por eso el contrato incluye una obligación del propietario de hacerle un mantenimiento general cada dos años de su bolsillo y eso es porque supuestamente si es un bien y no un servicio. Ese mismo mantenimiento se lo cobran a los demás dueños del mismo inmueble.
Es intangible para cuando se trata de una posesión pero tangible cuando se debe gastar para mantenerlo. 

Como la mayoría de las víctimas, blanco de sus sagaces lances, son parejas hispanoamericanas con niños, a estos los entretienen agradablemente en una sala de video juegos. Así cuando ven que el asunto se ha madurado dejan solas a las parejas, que con frecuencia son muy jóvenes e ingenuas, bajo cualquier pretexto sugiriéndoles que aprovechen para discutir el asunto y opten la determinación de comprar, porque es su futuro de felicidad. Así que si alguno de los dos se opone, sea ablandado por quien está de acuerdo con el negocio.

Es más que evidente que durante ese rato observaban con detalle a las personas por medio de cámaras de vigilancia de las cuales vi muchas adecuadamente instaladas. Con un buen acercamiento una persona con capacidad de leer los labios puede interpretar lo que se conversa. Yo hablé con mi acompañante sin ningún recato para que se notara. Además de mover la cabeza indicando mi oposición a la compra, a pesar de que no lo necesitaba, porque mi interlocutora también estaba opuesta a esa falsa inversión. Así yo les dejaba claro lo que pensaba. 

Por supuesto, eso hizo regresar repentina y rápidamente a la vendedora, de origen Puertorriqueño experta en clientes suramericanos y buen castellano. Llegó con la convicción plena de que no queríamos ese negocio, recogiendo definidamente todos sus folletos y papeles con premura y con la firme disposición de marcharse y dar por perdido ese cliente, despidiéndose lacónicamente y de forma definitiva.

Estaba más que enfurecida por no haber logrado nada después de habernos invitado a desayunar con mucha cordialidad y sin ningún motivo de compromiso de amistad ni familiaridad. Había sido inútil todo ese cuenterio aprendido mecánica y premeditadamente. Yo me reía por dentro y hasta parece que se me notaba porque cada vez nos miraba con más aire de odio y fiereza.

Se usan todas las posibilidades que han sido profesionalmente analizadas. Claro que en nuestro caso ninguno de nosotros pensaba en comprar eso. Aunque yo fingí interés inicial ante la vendedora y mientras mi compañera estaba inicialmente en actitud indiferente y, luego, en oposición. De todas formas, si ella se hubiese puesto en favor del negocio, yo estaba resuelto a no firmar. No era mi intención comprar y solo quería experimentar algo de lo que he escuchado de personas quienes han tenido esa desagradable experiencia.

Finalmente, cuando ven que la determinación de no comprar es en firme, entonces, desaparece como por arte de magia, las gentilezas y todas las frases zalameras. Aunque sin pasar a una agresión, adoptan una actitud fría, displicente, lejana y repelentosa, con la que le muestran que uno dejó de serles interesante, amigable y de poca utilidad. Esa es el arma final para ver si se logra un cambio de opinión.