AERONAUTAS Y CRONISTAS

viernes, 8 de noviembre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 19


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 19

ALFONSO LÓPEZ MICHELSEN.

Llegué a Urrao donde se encontraba Alfonso López en campaña. La mayor parte de los emerrelistas de Urrao se escondió. Lo llevamos al Consejo municipal. Le preguntamos en donde estaba el "ábrete sésamo " ya que el porvenir estaba oscuro ante la avalancha de rojaspinillistas, que se había convertido en una especie de frente popular. Se sonrió y no adelantó nada. Su discurso fue extraordinario y original sobre la orientación que se le debía dar al liberalismo en las próximas elecciones, las cuales terminaron llevándolo a la presidencia. Yo regrese contento a Concordia porque había conocido al hijo de Alfonso López Pumarejo del cual habíamos sido incondicionales políticos. Cuando aceptó la candidatura en la convención de Medellín, emocionadamente se refirió al liberalismo de Concordia.

Le tocó café hasta tres dólares la libra, no creándose una infraestructura agraria con ella ni una rehabilitación de ferrocarriles ni de puertos y ninguna modernización de la producción industrial. 30 carreteros se enriquecieron desmesuradamente. Se consolidó el latifundio y el poder de los terratenientes. Y también el contrabando de café y las transferencias de dólares. Un camión de 8 toneladas que salía del interior del país al llegar a la Guajira dejaba 8 millones de utilidad. Suficiente para comprar otra finca. En los municipios cafeteros, el campesino minifundista, le vendió al gran señor su parcela, con ello compra una cantina o un carro que eran sus dos máximas ambiciones en ese momento. Los pueblos carreteros se convirtieron en unas cantinas, aumentaron los delitos de sangre y los abogados penalistas enriquecieron.

EL SENADO DIALÉCTICO

Trabajo como una hormiga unas veces abierta y otras silenciosamente. El 80% del parlamento colombiano es dialéctico. Nada de metafísica. Coloca ciertos valores como la verdad y la lógica patas arriba. Manipular y las polticopatías. El quijotismo político, el maquiavelismo, el turismo político, el corre ve y dile, el presupuesto nacional, las promesas, mentiras y engaños y, mucho más, el mimetismo político. No estudia el presupuesto sino que lo despedaza para sacar auxilios regionales, la mayor parte de los cuales no se pagan. Da cartas de recomendación como si fuera un mandadero de su clientela política. Viaja frecuentemente al extranjero, goza de inmunidad parlamentaria amparándose en ella para ciertos tropiezos. Los de la línea Pekín se insultan con los de la línea de Moscú.

EL SENADO DE SEMOVIENTES

El canciller Indalecio Liévano Aguirre dio la orden de votar afirmativamente la ley sobre el divorcio. El senador Gregorio Becerra de Boyacá, asustado, decía: no existe norma humana o divina que le prohíba a un colombiano vivir con cuatro semovientes. Costeños alegaban que ellos reconocían a los hijos naturales, lo que no pasaba en el interior del país. Di una constancia diciendo que en la época de los grandes descubrimientos nos enfrascamos en cuestiones abstractas, religiosas e irrealizables. Que debatiéramos los grandes problemas del país: reforma agraria, seguridad social, reforma urbana, nacionalización de la banca y el transporte y terminaba con una frase de Federico Niche: "el matrimonio corrompió el concubinato". Fue mi única intervención durante cuatro años en la plenaria la Cámara, no en la Comisión quinta. La ley pasó sin dificultades.

Durante los cuatro años que visite a Bogotá como turista parlamentario lleve una vida de austeridad, casi de asceta. Sufrí un terrible ataque de úlcera gástrica debido a licor y prometí nunca volverán a embriagarme, y la he cumplido.

EL SANTOFIMIO

Alberto Santofimio Botero, joven impulsivo, de una gran capacidad retórica y dialéctica, explicación fácil y sima para todo lo divino y lo humano, mago de la improvisación, da la impresión de que está leyendo. Una meta: el poder, todo el poder. Una falla, haber atacado al maestro Echandia. Todas sus intervenciones producen impacto y simpatía en los parlamentario jóvenes. Será presidente, no sabemos cuándo. Posteriormente caen una planificada e inteligente "celada política " por parte de sus enemigos y contradictores políticos.

EL PARTIDO DE NADA

En 1982 estuve con la candidatura de Alfonso López Michelsen a quien acompaña en una reunión verificada en Bolombolo. Hizo entrega de un documento de 10 páginas a Ernesto Samper Pizano, sobre la trascendencia y vacío ideológico del Partido Liberal, con carácter evolutivo, lo cual no se ha verificado. Más tarde, en una concentración en Urrao, hice entrega personal de un documento de 20 páginas escrito por mi hijo Vladimir a Alfonso López criticando la socialdemocracia. Ideología y partido de ricos y de resignados ante el avance del marxismo.

Vino luego el gobierno populista de Belisario Betancur cuya campaña electoral corresponde a una caricatura de un malabarista tirando bonos al espacio. Uno dice: Fidel Castro, otra democracia cristiana, otro socialismo, otro conservatismo y varios, Anapo. Algo a lo que contestó García Lorca cuando le preguntaron cuál era su partido: ser comunista, socialista, liberal, católico, ateo, conservador y nada.

LOS GALLOS DE JULIO VILLA

A los 30 días del golpe de estado del 53 me llamó el Dr. Julio Villa, médico presentante de Betulia, con el fin de ver un enfermo crónico. Llegué a ese pueblo a las cinco de la tarde. El profesor C. Luis, el enfermo, no presentaba ningún síntoma grave. Me dispuse a regresar a Concordia, oponiéndose Julio quien, casi revólver en mano, me hizo montar en su vehículo para acompañarlo a la población de Urrao, en donde tenía unos gallos de pelea. Julio con el trago se perdía volviéndose agresivo y peligroso y no aceptaba argumentos ni diálogos. En el asiento de atrás se sentó Leopoldo Muñoz y otro personaje de quien no recuerdo su nombre. Un agente viajero que vendía ferretería le rogó que lo llevara y se colocó en el puesto de a adelante entre Julio y mi persona.

Al llegar al Brechón de Urrao, Leopoldo sacó su revólver y empezó a gritar vivas al Partido Conservador, disparando al aire. De los montes vecinos gritaban viva el Partido Liberal y también se oían disparos. Leopoldo puso el revólver en la sien de la gente viajero diciéndole que se identificara políticamente, que desde tempranas horas en la plaza de Betulia su figura no le había gustado. El hombrecito, con voz entrecortada, le dijo que era conservador y difícilmente sacó los papeles que le entregó. Un sudor frío, frío y macabro sacudió mi humanidad. Julio aceleró el vehículo y al llegar a un retén del Ejército en la vereda del Tigre, no quiso detener el automotor ante las señales de los soldados. Éstos dispararon sus armas contra el carro. Había una espesa niebla y una cerrada curva delantera y no me explico, como no nos mataron. La velocidad, la niebla y la curva tal vez lo impidieron.

Luego, en la confluencia de la Cartagena y el río Pabón, ya en terreno plano, el carro se encunetó. A todo el frente del río Penderisco aparecieron unas 30 o 40 linternas, gritos y disparos. Eran los guerrilleros de Franco que estaban en vísperas de entregarse. Abandonamos rápidamente el carro, penetramos a un potrero cuyo pasto casi nos tapaba. Allí escondidos debimos esperar el amanecer muerto de frío. Al día siguiente regrese a Concordia y debido al frío se me reactivó el paludismo pescado en Córdoba que por poco me mata.

EL ENTIERRO DE LUIS PULGARÍN

En febrero del 50 trajeron al hospital de Concordia un enfermo casis semicomatoso de la hacienda Santa Clara de Jesús María González. Se llamaba Luis Pulgarín. El enfermo muy inquieto me cogía las manos y me decía que en el barranco de atrás de la cocina se encontraba. Al día siguiente el enfermo murió. Apareció un hijo quien maliciosamente le pregunto a las enfermeras si su papá había hablado algo sobre un oro en libras esterlinas. Al día siguiente apareció Jesús María González con su yerno Leonardo Toro haciendo la misma averiguación. Se le contó la misma historia. Leonardo se fue en su carro expreso encontrando que el entierro ya se lo habían sacado. Se trataba de un baúl con libras esterlinas, trabajo de 60 años de un gran cosechero.

La valentía de Eugenio Restrepo, hombre apuesto, de piel colorada, cara llena de pecas, muy parsimonioso en el caminar, y cuidadoso en el vestir, si había venido de la vereda Piedra de Candela. Allí vivió las dos terceras partes de su vida. No estando de acuerdo con la acción intrépida, el atentado personal, las expediciones punitivas y la insolencia de las brigadas fascistas, hizo abiertas críticas a esos actos. Era enemigo de Víctor Laverde. Estando Eugenio en el café Danubio, Víctor le mandó cuatro policías ebrios de otros departamentos llevados por un civil de su confianza. Yo estaba cerca y presentimos los acontecimientos.

Eugenio sacó un hermoso revólver marca Colt Caballo, concha de nácar y con la cacha le dio duro a la mesa diciéndoles que tenía cinco tiros y que ellos también eran cinco, que ese revólver en Piedra de Candela había matado a liberales y conservadores, cuando era peligroso ser conservador. Que allí había un hombre ecuánime y armado, que cambiaran tiros. El civil y los cuatro policías salieron asustados diciéndole a Víctor que ellos no peleaban con un conservador bravo. A los pocos días se fue a vivir a Medellín donde murió apaciblemente. La muerte le ganó al hombre guapo, cazador, hijo único, soltero y buena vida, que durante la década del 25 al 35 fue el hombre de referencia en el municipio de Concordia.

EL POLICÍA DESERTOR

Me llamaron a ver un enfermo que decía tener fiebre, estaba angustiado inapetente que era policía. Me contó que estuvo en varias comisiones de orden público en Betulia y en el oxidante antioqueño. Hacía tres días había sido escogido por órdenes superiores del gobierno de Rojas con el fin de eliminar al doctor Fernando Gómez Martínez, director del periódico El Colombiano en las puertas del diario. Cuando saliera de su despacho le dispararía. Sus editoriales incomodaban al rojaspinillismo antioqueño. Dos días antes del atentado se hizo el enfermo y huyó con su familia a Concordia. Me relató esta historia que debía guardar en secreto. A la semana siguiente sucedió el golpe de estado del 13 junio salvándole el pellejo a mi confidente.

EL CARRIEL DE JOSÉ VALERIANO FLORES

Un domingo en las horas de la mañana llegó a mi consultorio Valeriano Flores, vendedor de maíz y panela en la plaza principal. Es el principal prestamista del municipio aunque era analfabeta. Lo noté algo deprimido, resentido con su familia y algo enfermo. Me dijo que lo llevara a Medellín y le consiguiera los especialistas que necesitara. Tomamos un taxi hacia el hospital San Vicente de Paul. Valeriano fue acomodado en el segundo piso e insistió en que ninguna enfermera le pusiera la piyama sino que lo hiciera yo personalmente y me entregó el carriel para que lo llevara a mi casa. En ese momento entró la hermana Teresa a quien yo conocía y delante de José Valeriano le entregue el carriel para que lo guardara. El viernes fue operado y murió el día sábado.

El doctor Villa me contó sobre las complicaciones postoperatorias del paciente y que antes de la muerte le había dado un delirio. Habló de unas bagaceras y de una máquina de caña, mencionando esas dos palabras más de 30 veces. Después del entierro llegaron sus hijos y viuda a mi consultorio preguntando por el carriel. Les dije que lo tenía la hermana Teresa. Un mes después le conté a su hijo lo del delirio de las bagaceras. Días después me veía y se reía. Me dijo que yo era un sublime pendejo. El carriel tenía $800,000 en billetes de 500. Letras por 700,000. Entre ellas una mía y que en la bagacera se había sacado uno de los más jugosos entierros.

A raíz del contenido del carriel y el entierro y otras cosas más, los hijos dieron en exterminarse. Crean un problema de orden público en Concordia. Por mucho tiempo aparecieron dos sicarios: Julio Ramírez (el Mosco) quien después fue casado en el alto de San Jorge. Heriberto Vasco quien defendía a los Flores y fue muerto por otro sicario cuando asistía a un entierro. Las veredas Llanadas, Llanaditas, las Camelias y Yarumal se contagiaron de esas querellas familiares. Los muertos fueron aproximadamente unos 60. Después del 13 junio del 53, Concordia tuvo fama de municipio violento.

José Ignacio González Escobar

jueves, 7 de noviembre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 17


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 17

EL DEFENSOR DE BETULIA.

En cierta ocasión conversando con los Altamiranos, me decían que yo había ido a su tierra muy bien armado: con el Indio y con Ernesto Vasco. Existía una seria rivalidad política y administrativa entre la cabecera de Betulia y su principal corregimiento, Altamira. Los últimos, un domingo por la noche atacaron al pueblo siendo Vasco el principal defensor, matando a tres Altamiranos en 1948 cuando se empezó la violencia política. Ernesto ya vivía como carnicero en el municipio de Caldas, Antioquia. Siendo provocado por el resguardo de rentas, presentose abaleo en donde hubo tres muertos, todos se los atribuyeron a Ernesto. Hubo legítima defensa. Vasco decía que eso había sido nada, sólo una riñita porque el Resguardo lo estaba persiguiendo por liberal.

EL PRIMERO DE LA SANTAMARÍA

Vino la elección de Guillermo León Valencia para el segundo período del frente nacional. En Concordia voté por Valencia e hice votar a centenares de liberales por él. Valencia trató al Partido Liberal con guante de seda y con mano de hierro a las guerrillas, las cuales tenían contenido de clase y su embrión había estado en la contienda partidista del 49 al 57. Su ministro de guerra casi le da un golpe de estado. Seguíamos en nuestra permanente bobada. La cúpula liberal lo miraba bien y tenía confianza en sus actos. Creo que influyó bastante su actitud en la plaza de toros de la Santamaría en 1944, antes del golpe de estado, en Pasto. El segundo incidente en esta plaza de toros sería el que sucedió por parte de los gendarmes guardaespaldas de la hija de Rojas Pinilla para los años 50.

VISITA A POPAYÁN

En 1942 los bachilleres del Liceo Antioqueños visitamos a Popayán. Allí contemplamos los cuadros históricos, visitamos los museos, los altares y las casas de los 18 presidentes que ha dado el departamento del Cauca. Quedamos aturdidos con tanta anécdota. Alcurnias, títulos, pergaminos, condecoraciones y nombres de familias ilustres.

El grupo escogió a tres estudiantes, uno conservador Guillermo Quijano de Titiribí y a dos liberales: Pablo Cárdenas y a mi persona con el fin de contactar al maestro Valencia y pedirle una audiencia. Convenimos en encontrarnos a las ocho de la mañana en el parque principal de Popayán para conversar con el maestro. A esas ahora el hacía su paseo matinal. Quijano hablaría sobre su vecino, el Concordiano Ñito Restrepo. Pablo Cárdenas lo llevaría el campo de la política internacional. Yo trataría acerca de la cultura europea y en especial los poetas malditos franceses.

Al presentarnos se conmovió al saber que éramos antioqueños. Contó que había estado con Ñito Restrepo en el aniversario de la batalla de Ayacucho y que lo había recibido en su casa de Paletará. Que había sido amante de las buenas escopetas y los buenos perros. Le gustaba la casa de noche. Quijano le contó que Ñito tenía un hijo, el cual vivía en Titiribí con su madre María de Jesús Castaño y llamado familiarmente Castañito. El maestro se sorprendió ante esta noticia que era un aspecto desconocido en la vida del gran Ñito.

Después de una hora de hablar de antioqueños yo le dije: Maestro, lo felicito por esa hermosa traducción suya del "retrato" de Baudelaire. Dijo: cuando estuve en el Mediterráneo lo que más me llamó la atención fue el acento, la fuerza y la sensualidad de los poetas franceses. Su cultura y hasta los prostíbulos orientales tenían su encanto. Maestro, díganos cuál es la cultura que supera la francesa o la alemana. Contestó: Francia sabe más de política que Alemania. Dominó a los estados alemanes durante más de 40 años. Las guerras napoleónicas las guerras napoleónicas y la política de control natal parece que la han agotado. La universidad alemana es científica, muy superior a la francesa, semillero de técnicos e ingenieros. En Alemania hay una gran reacción contra los franceses. Trátase de un problema histórico de acción y reacción. Francia se opuso a la islamización de Europa con Carlomagno y con Carlos Martel se opuso a la germanización del mundo latino.

EL CAPITÁN FRANCO

A raíz de las dos visitas efectuadas a Bolívar por Mariano Ospina Pérez en el 45 y 48 y a la reunión efectuada por el secretario de gobierno Carlos Mariano Londoño en Bolombolo, en donde clavó un cuchillo sobre una mesa, diciendo a los concurrentes: que así se iba a tratar, en lo sucesivo, al Partido Liberal, se organizaron las brigadas fascistas con epicentro en Bolívar y se generalizaron los aplanchamientos. Ante la acción conservadora se provocó que una parte del liberalismo del suroeste decidiera no dejarse castigar, organizando movimiento guerrillero con base en el municipio Urrao, localidad estratégica.

Se seleccionó por su gran extensión, su variedad de climas, su riqueza agropecuaria y su acendrado liberalismo. La guerrilla tuvo como jefe al andino Juan de Jesús Franco, denominado Capitán Franco, conocedor del terreno y de la disciplina militar. En un accidente con una bomba casera, en la vereda Calles, perdió una de sus manos. Tuvo su cuartel general móvil en las veredas la Colunga, en el río Pabón, en la vereda Santana, cerca la finca la Palmera de los Ospinas. Su acción se extendía a los municipios de Betulia, Concordia, Salgar, Anzá y el occidente antioqueño.

Tuvo excelentes soldados, en su orden: Herlindo Montoya, Delio Mejía, Octavio Caro, Luis Castillo, Aristides y Fabio Urrego, Manuel Rodas y mujeres de la talla como Ascensión Serna, Otilia Durango, María Montoya, Graciela Borrego y La Santera. Guerrilla mal armada, sin logística y unidades sanitarias. Una acción sin ideas. Guerrilla romántica de carácter liberal.

La dirección ideológica tuvo, incluso, divisiones entre los liberales oficialistas y los emerrelistas donde incluso en el mismo Consejo municipal fue muerto uno de los oficialistas y otro del bando contrario en el Café Central.

DARÍO ECHANDIA

Me invitaron a una concentración en la plaza pública de Urrao presidida por Darío Echandia. En el hotel Hernando Agudelo representó a Echandia quien se emocionó profundamente cuando le conté que había sido condiscípulo y colega de su secretario de salud en el departamento del Tolima, Carlos Torrente. Su viuda, doña Consuelo Posada, estaba en esos momentos en Concordia. Pensó en acompañarme con el fin de saludar a Consuelo. Carlos murió en un accidente de tránsito un sábado por la noche entre Ibagué y Girardot, al chocar su carro contra un camión con la paradoja o tragedia que quien lo recogió herido en la carretera fue un carro oficial que venía de Ibagué con Darío Echandia, quien viajaba hacia Bogotá. Llevaron a Carlos al hospital de Girardot en donde murió. Torrente era conservador laurianista y futuro gobernador del Tolima.

EL CONSEJO MUNICIPAL DE CONCORDIA

Fui llevado al Consejo municipal en el año 64 por primera vez. Tuve como opositor del partido contrario a ciudadanos respetuosos como Jesús María Arias, Miguel Martínez, Juan Laverde y Alirio Montoya. También ciudadanos campesinos y humildes del MRL muy civilizados y correctos como Pablo Arturo Velázquez.

Estos consejos se rigen por unas leyes de 1913, obsoletas y anticuadas. Sus funciones son muy precarias: aprobar el presupuesto, vigilar la ejecución y se gasta en funcionamiento el 80% quedando una parte mínima para inversión la cual se hace sin seguir un plan de desarrollo racional. Es la tragedia de la célula municipal. Fui concejal por los 10 años siguientes y luché para la construcción de una carretera al corregimiento de El Socorro de la cual se ha logrado sólo 13 km. Abriríamos al municipio a la electrificadora Antioquia. Conseguimos una agencia de bienestar familiar. Nos comprometimos en la ampliación del acueducto urbano. Se luchó en reforestar ciertos causes de aguas y veredas. Se construyeron escuelas rurales como la de Honda, Burgos Medio y la León de Greiff en la Herradura. Se aprobó el estatuto sobre valorización con el cual se pavimentaron las principales calles. Se hizo la dotación médica del hospital San Juan de Dios. Se creó el centro de salud del Socorro. Se defendió la construcción de la carretera al Concilio. Se luchó por la paz entre liberales y conservadores.

EL DEPARTAMENTO DE URABÁ

En 1972 se presentó un debate sobre la creación del departamento de Urabá. Esta región necesitaba una integración no sólo económica, sino racial y de clases. El antioqueñidad era un mito ya que estábamos frente al fenómeno de la costeñización del departamento. A José Aníbal Cuervo le grité que la industria antioqueña era otro mito porque se trataba de una industria liviana y de mala calidad. Que no había un embrión de una industria pesada. Se enseñaba manejar el torno y el automóvil y no a fabricar por completo estos medios de capital.

DIEGO CALLE RESTREPO.

Del 70 al 74 gobernó el país Misael Pastrana Borrero con su célebre "Pastranazo" económico. Creó los upacs. Desde entonces vino el descuadernamiento de la economía colombiana. Políticamente desarticuló a la Anapo, movimiento populista con ingredientes comunistas, el cual cogió una fuerza arrolladora durante los últimos días del gobierno de Carlos Lleras. Cuando la elección de Pastrana, la Anapo sostuvo que le habían robado las elecciones.

Tuvo como gobernador de Antioquia a Diego Calle Restrepo, liberal nacido en Bolívar. Economista de profesión, ministro de hacienda de Guillermo León Valencia. Me constituí en la asamblea en uno de los defensores de su gobierno. Aceptó una invitación mía para ir a Concordia donde lo lleve al hospital prometiéndonos y dándonos después casi toda la dotación, ya que posee rayos X, aparatos de anestesia, lámparas cielítica, instrumental quirúrgico, y equipo completo de ontología. También se preocupó por la electrificación rural.

Con Diego planificamos un homenaje a varias poblaciones y a sus hijos célebres del suroeste. En Titiribí a Uribe y a Juan Bautista Montoya Flores. La cabalgata seguiría hasta la Barca de los Pobres, frente a Concordia. Pasaríamos a rendirle un homenaje a León de Greiff en la finca la Herradura. Ascenderíamos al Socorro. Allí en la época de la guerra civil, Diego Calle sufrió un traumatismo que le afectó una rodilla. Seguiríamos a la Cristalina donde todavía Diego añoraba una novia. En Concordia rendiríamos homenaje a Antonio José Restrepo y a Salvo Ruiz. La misma cabalgata seguiría a la Margarita en Salgar. Luego al municipio de Bolívar, su solar natal. Luego iríamos a Andes a rendirle homenaje al Indio Uribe y después a Bolombolo para inaugurar la escuela Salvador Ruiz. Esperamos tres meses la señal de Diego Calle pero ésta nunca llegó.

José Ignacio González Escobar

miércoles, 6 de noviembre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 16


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 16

NUEVAS POLÍTICAS.

Durante el gobierno de Alberto Lleras Camargo se consolidó el MRL, por parte de Alfonso López Michelsen. Era gente joven que en su mayor parte eran de la cantera liberal. Entusiasmaron con los nuevos eslóganes, consignas, excesos verbales y hermosas frases, a inmensas masas campesinas. López hablaba de los " feudos podridos " término tomado de Manuel Azaña. " Los revolucionarios deben tomar el tren antes de que éste los deje", tomada de Lenin “El abanico de candidaturas" frase de Sartre.

Los compañeros Barberena y Juan de la Cruz Varela hablaban de reforma agraria al estilo Cuba. Jorge Chaires presentaba planteamientos sobre la economía marxista. Álvaro Uribe Rueda, santandereano, hablaba de un salario mínimo. Ridiculizaba a Carlos Lleras Restrepo, quien con cabeza caliente y ofuscado ante un sabotaje en el parque de Berrío por parte de Jaime Isaza Cadavid, los trató de hampones. Estanislao Posada decía que para hacer la redistribución del ingreso en Colombia era preciso colgar a todos los antioqueños que tuviera más de 1 millón de pesos en las ceibas de la avenida la Playa.

El MRL promulgaba que los problemas colombianos se debían al imperialismo norteamericano, a los oligopolios, al periódico el Tiempo, a la familia Ospina y a los Lleras. La Universidad despertó de las tres dictaduras semifascistas, empezó a leer y a comprender la dialéctica marxista y la fuerza universitaria ya no fue el convidado de piedra. Lo de la reforma agraria me emocionó profundamente. La consideraba una necesidad inaplazable y de redención inmensa de las masas campesinas con los cuales yo había convivido.

Constituimos un grupo político al que nuestros contradictores denominaron "los dinamiteros". El ideólogo era Hernán Toro Agudelo. Tomó parte en la discusión de la ley Guillermo Gaviria Echeverri, ingeniero muy inteligente de Frontino Antioquia. También Evelio Ramírez ingeniero especializado en administración pública. El abogado Carlos Moreno de Rio Negro. El administrador Augusto Mesa. El abogado Elías Espinosa y mi persona, ilusionado con la reforma agraria y la socialización de la medicina que debía implantarse en Colombia.

Éramos amigos de todos los del MR y veíamos Alfonso López a un intelectual y a un político interesante. Veíamos en el Frente Nacional una camisa de fuerza, un freno al desarrollo político. Atacamos al periódico " el Correo " y nos oponíamos a la cuarta gobernación de Jaramillo Sánchez.

CAMINO MÁS SEGURO

Un martes, a eso de las ocho de la noche, se presentó a mi casa un campesino de la vereda La Galana, en Salgar. Tenía su señora de parto y trajo dos cabalgaduras. Fue un parto feliz. El era un hombrecito de apellido Maldonado y me insinuó que amaneciera en el zarzo, pues su casa era demasiado estrecha. Le pregunté por qué no había ocupado a los médicos de Salgar, cuya casa quedaba cerca a ese municipio. Me respondió que había más seguridad en el trayecto de 15 km hacia Concordia que en los 3 a Salgar, ya que por allí merodeaba el Pálido con su cuadrilla. Recuerdo la satisfacción de quitarme una ropa empantanada y mojada después de haber prestado un servicio médico.

EL SARGENTO TOBÓN. PRIMERO DE TROPA. SUR

Llegamos a las dos de la tarde a Bolombolo y en ese momento apareció un personaje pintoresco con altas botas, camisa caqui, adornada de unos galones militares. Se trataba de Jorge Tobón Restrepo, hombre blanco, pecoso, locuaz, se reía de él mismo, de Andes, Antioquia, activista número uno del MRL. Su padre y tíos habían estado en el combate de Aguacatal en el año 1900. Jorge estuvo como soldado en el dudoso conflicto del sur. Su camisa caqui era de la época de la Guerra del 32, un buen símbolo Guerrero y político.

Después de hablar de los programas del MRL y de repartir hojas volantes partió para su solar natal. (El sargento Jorge Tobón Restrepo, denominado "Uno de Tropa", escribió su experiencia en la guerra con el Perú en un libro titulado "Sur". Dejó plasmados todos los malos manejos de los superiores para con la tropa en esa época y con motivo de ese conflicto).

LA PERITONITIS DE "EL PÁLIDO"

Un domingo a las ocho de la noche, se presentaron a mi casa Jaime Posada y Gabriel González acompañados de varios ciudadanos de Salgar, tanto liberales como conservadores. En las horas de la mañana se había dado un combate cerca de la finca Troya. El Pálido y varios de sus hombres estaban heridos en una playa del río Barroso. Me trasladé con la condición de llevar los heridos a la finca de un conservador en el cañón del Barroso que era de mi confianza. Que cuando llegaran a ella me avisaran para asistir lo.

Al otro día, por la mañana, Francisco Tobón alcalde, me llamó mostrando los retratos de los heridos de el Pálido, el Míster II, el Colorado y de otros elementos de la cuadrilla liberal. Que los tenían encerrados entre el puente Troya y la Clara por parte de unos 600 policías, detectives y soldados. Noté que era una especie de advertencia de un alcalde amigo.

Al viernes siguiente por la tarde se presentó a mi consultorio Julio Gutiérrez de Salgar informándome que ya tenían los heridos en la finca de Roberto Quijano apodado (gallinasito). No podía echarme atrás. Hernán Betancur me iba a recoger en las afueras de la población. Dejé mi saco colgado en la farmacia a la vista de todo el mundo para que pensaran que me encontraba en ella y por un subterráneo salí a mi casa en donde me puse atuendo apropiado para disimular.

En Morelia tenían las bestias muy bien camufladas y hacía pocos minutos había pasado una comisión del Ejército. Partimos hacia el Barroso donde Marta González y Herminia Sepúlveda nos indicaron la entrada para la vereda La Amagaseña, ya que el imposible entrar por la Clara donde habían fuertes contingentes de policías y detectives. Noté que el vecindario simpatizaba con mi presencia en la región y me animaba a atender a los heridos.

En la finca de Quijano estaba el Míster II con un tiro de carabina San Cristóbal. El proyectil no había salido, vomitaba y estaba en una franca peritonitis desde el domingo anterior. Era preciso llevarlo a un centro hospitalario. Los compañeros se negaron diciéndome que lo operara allí mismo. Antonio Rico, el mayordomo de la finca, ordenó seguir mis consejos. Regresamos al amanecer hacia Morelia donde nos esperaba Gabriel González, César Posada y su hermano Jaime y Ernesto Garcés Soto, los cuales habían hecho fuerza toda la noche por mí y por los heridos.

EL ESCÁNDALO

El domingo estalló el escándalo las heridas sufridas por el Pálido y sus otros compañeros, que no valía la pena que se escapara del cerco. El Míster estaba gravemente herido y había sido atendido por un médico del suroeste a quien le iban a dictar un auto de detención. Así informaba la prensa.

El lunes se presentó a mi consultorio Antonio Londoño de la vereda Piedra de Candela. Angustiado dijo que al amanecer llegaron con el herido a su casa. Lo tenían en el sendero tapado con bultos de café. Me pedía que le sacara ese hombre de allí porque de pronto la autoridad le fusilaba su familia. Con calma llame a Jaime González (Gardel), sobrino del doctor Bruno, conviniendo con él las sacadas del herido hasta el Brechón de Concordia para allí continuar por la Comía a la finca " Aliadas " de Alfonso Montoya sobre el Cauca. Sólo esperaría allí y así se cumplió.

El mayordomo nos facilitó un colchón que pusimos en la camioneta de Hernán Betancur y los pasamos por Bolombolo sin que las autoridades que estaban avisadas se percataran. Pensé en escudarme en él convenio de Ginebra respecto a mi conducta médica. Los contactos en Bolombolo entretuvieron al Cabo de la policía. Pasamos al herido a otro carro y regresé a Concordia. Gardel y El herido llegaron a la clínica Medellín donde fue operado por los doctores a Alonso Puerta y Bruno González.

Alonso me contó después que había encontrado materias fecales hasta en el ventrículo derecho. Tratábase de una peritonitis de más de 10 días pero el hombre sobrevivió. El martes la clínica fue militarizada. Una llamada de la casa cural de Concordia había advertido a las autoridades de Medellín sobre la presencia del herido en esa clínica. Posteriormente fue llevado a la cárcel de la Ladera. La Cuarta Brigada tenía el nombre del médico y por eso le pedimos al secretario de gobierno para qué le hablara a los militares sobre mi buena fe y Jaime Isaza Cadavid sería mi abogado en caso de detención. El problema no trascendió. Mi amigo Jesús Urrea, que vivía en un canalón de Penderisco, le llamó fuertemente la atención al Pálido diciéndole que no abusara de mi bondad y de mis servicios. Que dejara de estar creando problemas de orden público y de dirigir delincuentes y desplazados en Salgar.

EL ACCIDENTE DE CARLOS LLERAS

El liberalismo de Urrao en el año 61 nos invitó al recibimiento de Carlos Lleras Restrepo. Al llegar a la San José, entrada al valle de Pabón, acababa de llegar el doctor Lleras acompañado de Germán Zea Hernández. Pocos segundos antes el chofer del automotor, de apellido Arroyave, trató de encenderle un cigarrillo dentro de vehículo al doctor Lleras. El carro perdió la dirección y se fue contra una barranca. Los ilustres visitantes fueron llevados a una de las mesas de la fonda principal asustados, donde yo me presenté como médico. (La fonda aun existe). Le pedí que se acostara para examinarlo pero se negó.

Ya calmado pidió un cigarrillo y un aguardiente. En esa época tenía cuatro pasiones: estudiar economía, beber, fumar y hablar mal de los godos. Herlindo Montoya, secretario general del Capitán Franco, brillante guerrillero y rodeado de muchos seguidores, entre ellos Octavio Caro, le presentó el saludo a nombre del movimiento guerrillero del municipio de Urrao. La comitiva lo llevó al valle de Pabón quedando abismado de su topografía y paisaje. Insinuó que la reforma agraria en Colombia debía empezar en Urrao. El ML de Urrao estuvo muy activo. Lo dirigía una mujer llamada Marta Montoya y mi amigo Carlos Restrepo Arbeláez.

El M-19

En 1959 Carlos Lleras, en el Valle del Cauca mencionó una posible reforma agraria. Fue el creador del Instituto de Crédito Territorial, del IFI, intervino en la creación de las cuotas cafeteras. En su gobierno del 66 al 70 el café estuvo a 37 centavos de dólar, no obstante frenó la inflación y el costo de vida. La ocupación fue satisfactoria. No se dejó imponer las condiciones del FMI. Creó el estatuto cambiario para que Colombia no cayera en la política económica de los países del cono Sur. Legalizó la interconexión eléctrica y aprobó la reforma constitucional del 68. Trato de hacer nuevos y mejores propietarios agrícolas creando una profunda conmoción en el campo por las tensiones y muertes entre aparceros y los propietarios. El país no aceptaba la modernización del campo, sólo quería las antiguas relaciones feudales de producción. Creó la Asociación de Usuarios Campesinos. Se le enredaron las escuelas políticas con el caso de Nacho Vives. Terremoto político que después de la elección de Pastrana fue el motivo para formalizar el brazo armado de la Anapo, conocido como el M-19.

JULIO CÉSAR TURBAY AYALA

Como jefe del Partido Liberal estaría un viernes en Manizales, el sábado en la plaza de Cisneros de Medellín, el domingo en la población de Andes en la mañana y en la tarde en Bolombolo. Debía trasladarme a Altamira, Salgar y Bolívar durante sus tres días. Esperando las bestias en el Brechón de Betulia, llegó un ciudadano de apellido Rueda quien me entregó un revólver 38 para qué se lo guardara en mi consultorio y un dinero bastante con el fin de que hicieron pago de ganado en la finca de la familia Ospina. Eché el dinero y el revólver en las alforjas.

Me acompañaba Joaquín Montoya (el indio), sobreviviente de la guerra civil y con multitud de cicatrices y Ernesto Vasco. Llegamos a la vereda las Vargas donde entrada la noche hicimos una maravillosa concentración. Esa misma tarde regresamos a Betulia. Allí encontramos la comisión enviada desde Bogotá por Julio César Turbay, compuesta por unos jóvenes bogotanos muy educados y asustados políticamente. Esa misma noche estuvimos en Concordia a las dos para la concentración. En Bolívar a las seis de la tarde.

En esa población en 1934 y en plena hegemonía liberal, un ciudadano de los lados de Farallones, de apellido Restrepo, gritó vivas al Partido Conservador suscitando un abaleo con cuatro ciudadanos muertos. Con las dos visitas hechas por Mariano Ospina Pérez, el conservatismo se envalentonó y parte de él se hizo agresivo. Cuando López Michelsen, en compañía de Jorge Tobón Restrepo habló en la plaza, trataron de hacerle una "guachafita”. Yo tenía en mente estos antecedentes. Yo hablé de último y ataqué al MRL y a la Anapo. Por esos días ambos estaban unidos. La multitud fue aumentando formada por anapistas y emerrelistas.

Empezaron tirándome cáscaras de naranja y de plátano, seguido de un estribillo, "médico HP, ándate a matar gente a Concordia, déjanos en paz, viva López, viva Rojas". Un anarquista de apellido Puerta sacó el revólver. Mis seguidores me llevaron y me encerraron en el club social de Bolívar. La autoridad no apareció por ninguna parte. Los liberales bolivianos amigos me proporcionaron un carro con el cual llegue a Bolombolo. A eso de las cinco de la tarde llegó Julio César Turbay proveniente de Andes. Viajaría al día siguiente temprano a Bogotá para entrar en contacto con Carlos Lleras.

Yo debía figurar en las próximas listas de la asamblea. Fue elegido presidente en 1978. Veía en él a un gran combatiente por la causa liberal. Pero me decepcionó un poco debido a la aplicación, parte de la alta cúpula militar, del tenebroso y represivo Estatuto de Seguridad. En el gobierno y en la mente del Dr. Turbay predominaron ampliamente las ideas de tesis militaristas.

José Ignacio González Escobar

martes, 5 de noviembre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 15


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 15

EL PREAVISO DEL GOLPE MILITAR DE ROJAS.

El 12 junio 53, estando yo en Caucasia, fui a la alcaldía en compañía de Jesús María Urrea quien necesitaba sacar un permiso de traslado de unos cerdos para Medellín. El alcalde era el Sargento Cárdenas, boyacense. Había sido uno de los principales aplanchadores en la cárcel de Tunja durante los años 50 y 51. El 9 abril había marchado con un batallón hacia Bogotá con motivo de las revueltas. Se jactaba de sus hazañas políticas y de su sadismo para con los liberales. Mostrado un cinturón metálico, ensangrentado.

Creyó que nosotros éramos conservadores y por eso nos condujo a un rincón de la alcaldía para contarnos que al día siguiente los militares iban a dar un golpe de estado a Laureano Gómez. Capté inmediatamente, sin expresarlo, que eso era lo que había estado esperando hacia cuatro años el Partido Liberal. Que iba a haber una gran conmoción que por ello podríamos regresar a Concordia. Regrese a Medellín donde tenía algunas propiedades que cambié con Alfonso Montoya por su finca Abejero, sobre el Troncal en Concordia. Después le cambié por unas acciones de la clínica Medellín.

EL GOLPE DE ESTADO

El golpe de estado resultó ser cierto. Estuve con el doctor Eugenio Villa en el consultorio del doctor Joaquín Aristizabal en la clínica Medellín, quien ante nuestra embriaguez militarista nos dijo que eso no era una solución liberal para Colombia. Que lo que había sucedido en un cambio de HP. A la larga la situación política empeoraría: maravillosa premonición.

Entrada la noche, observamos dentro de la gobernación, por una de las ventanas, a Dionisio Arango impasible, serio y callado, rodeado de fuerzas de choque conservadoras, de Bello, Bolívar, Concordia y del oriente antioqueño, las cuales rechazaban el golpe de estado y le pedían a gritos que no obedecía órdenes de Bogotá y encabezar un movimiento a favor de Laureano Gómez.

Al otro día 14 de madruguete para Concordia en dirección a la vereda la Comía. Allí supimos que el 13, en las horas de la mañana, se libró un combate entre La Aldea y la boca de la Santa Lucia, en el cual perecieron varios policías. El liberalismo de Concordia estaba feliz con el golpe de estado y simpatizaba con las promesas de paz de Gustavo Rojas Pinilla. La guerrilla entraba en comunicación con la alta oficialidad del Ejército, porque iban a deponer las armas y esperarían una amplia amnistía.

Unos 20,000 guerrilleros que habían enloquecido a los gobiernos de Ospina y Gómez, en la zona rural de Colombia, habían abierto 300,000 tumbas. Urrao contaba con 4200 muertos y 2300 viviendas incendiadas. Betulia con 2150 desaparecidos, la mitad de sus veredas incendiadas. Concordia con 1000 muertos, Salgar con 800, Bolívar y el cañón de el San Juan con 500, Fredonia, Venecia, Bolombolo y la vertiente caucana de el Troncal, con 600.

NEGOCIOS TURBIOS

Durante los tres años en el sureste desapareció el criadero de ganado blanco orejinegro. Unas 30,000 cabezas de Urrao. Por Concordia, semanalmente, pasaban partidas de 50 a 200 novillos, trayendo salvoconducto de los alcaldes de Urrao, Betulia y Concordia. El intermediario era Pedro Nel Trujillo. Tratábase de negocios turbios e ilegales.

Existía una segunda modalidad: un liberal se hallaba con un conservador como socio. Fue el caso de los Concordianos Victor Laverde y José Pablo Flores. Del boliviano Jesús Velázquez con Libardo Restrepo de Concordia. Una tercera modalidad, legal y honorable, la practicaban compradores de ganado como Félix Gómez. Entraba sólo en un caballito a la vereda la Vargas, la Saladita, en Betulia y a la Comía en Concordia. Sobre el potrero veía al ganado y lo compraba. La cuarta modalidad era la de las expediciones punitivas, las cuales arrasaban y se traían todos los semovientes que encontraban en su camino.

EL PUENTE

A fines de 53 se inauguró una gallera en Concordia. Invitaron a los guerrilleros del suroeste, especialmente de Urrao. Los tahúres de Concordia me invitaron porque yo era respetado por todas las corrientes políticas y serviría como intermediario o puente entre los antiguos combatientes liberales de la guerrilla y los combatientes conservadores de la chusma. En Concordia, Rafael Londoño, malhablado, machista e inculto, trató de ponerle peleada a Jesús Urrego, paboneño, armado de una navaja. Los dueños de la gallera lo sacaron del establecimiento. Jesús, elegantemente agradeció y agachó la cabeza. Rafael, al año siguiente, apareció muerto de un tiro de escopeta en la vereda Las Vargaz.

CUENTOS INSÓLITOS

Esa noche se contaron historias fantásticas. Ambas guerrillas reconocían acciones heroicas y de barbarie. Manuel Rodas (Barroseño), decía que en Pabón, durante un combate, se había ocultado en una ceja de monte encontrándose muy cerca a el Míster. En ese instante traspasó un tiro de fusil entre los dos cuellos sin herirlos porque el proyectil llevaba una trayectoria circular en lugar de rectilínea.

Sexto Tulio Zapata decía que en Selva Alegre no le hicieron 800 disparos sino 1000 sin ser impactado. Allí se encontraron dos hermanos. El uno de Concordia llamado Arturo Muñoz exguerrillero liberal y el otro de nombre Heriberto expolicía conservador. Difícilmente se hablaron. Un guerrillero de Betulia de apellido Hurtado (Gallo Fino) y su hermano, Sargento de la policía, se estuvieron mirando como dos extranjeros. La cicatriz de Paul Urrea en su frente se debía un tiro de carabina hecha desde la torre de la iglesia de Altamira por el cura. En el municipio de Urrao se efectuaron más de 100 combates con las fuerzas del gobierno con 300 muertos.

EL CAZADOR

En Betulia había el de cabezas y el famoso “corte de franela” empleando el terrible y antiestético machete. Después del 13 junio, del golpe de estado, apareció el cazador de hombres. Sigilosamente averiguaba donde estaba el autor de ciertos genocidios o que había agredido tanto a familiares como a particulares. El cazador salía pagado por intereses superiores o por cuenta propia, solo o acompañado, por Antioquia o por los demás departamentos. Incluso está Venezuela. Ya fuese a los 15 días o a los seis meses capturaba su presa, generalmente a policías activos o retirados y a los llamados Pájaros (una de las denominaciones que se le daba a los conservadores malos, aporreadores, aplanchadores o miembros de las cuadrillas punitivas).

Luis Londoño fue casado en el Águila, Valle por el Barroseño. Pedro Cardona, entre Armenia y Pereira. Domingo Gómez en Antioquia. Las Fuerzas Armadas y organismos paramilitares hacían lo mismo desde la otra orilla. Así cayó Guadalupe Salcedo en Bogotá, Manuel Rodas en Salgar.

El Capitán Franco en el San Jorge, quien fue enterrado en el cementerio de Urrao. Se le rindió un gran homenaje póstumo. La ceremonia fue pacífica. Posteriormente se recogieron los restos de los guerrilleros muertos y que por razones del conflicto fueron enterrados en el monte. Unos 300 llevándolos al mismo cementerio en lo que se denominó "los entierros colectivos".

COMO PERROS EN MISA

En Concordia se presentó un enfrentamiento entre el médico oficial, el doctor Torrente y el personero Miguel Ángel Garcés, ambos conservadores. Una noche, Torrente empacó sus enseres y salió para su solar natal, el Tolima. El alcalde, en tono autoritario e impositivo, me ordenó que me encargara del hospital. Durante cuatro meses trabajé día y noche sin ir a Medellín. Me acostaba vestido. En los parajes aledaños a Bolombolo llegue a quedarme 48 horas sin dormir.

Desde tiempos atrás existía cierta duplicidad en los servicios de salud y fuertes enfrentamientos entre los hospitales municipales y los centros de higiene. El gobierno de Laureano Gómez trató de desbaratar este andamiaje. Entonces los centros de higiene fueron provistos con médicos netamente conservadores, llegando los doctores Guillermo Villa y marco Julio Marín. Al primero le entregué el hospital. Fui a la alcaldía a legalizar los cuatro meses de intenso trabajo, respondiéndome el alcalde que yo no tenía derecho y que además él había jurado no firmarle una nómina aún Manzanillo. Salí como perro en misa.

NUEVO HOSPITAL

En 1955 se celebra en Concordia el centenario de Antonio José Restrepo. Liberales y conservadores me nombraron Presidente del Comité. Invité a autoridades nacionales y departamentales. Periódicos e intelectuales bogotanos y antioqueños. Tuve una laguna oceánica: los familiares del doctor Restrepo.

Una distinguida dama la emprendió contra mi persona. Los de Concordia estuvieron ausentes. El día de la conmemoración, los sacerdotes, acompañados por el padre Sierra, ganadero de Jericó, quien estaba de visita, no colaboraron. Ñito Restrepo continuaba siendo el anticristo. Llevé a los secretarios departamentales que habían asistido al acto a conocer el nuevo hospital que estaba en proceso de construcción. Éstos muy receptivos se comprometieron a pasarle un informe al gobernador. Desde ese punto de vista la celebración del centenario de Ñito fue un éxito quedando asegurada la terminación del nuevo hospital.

El doctor Tocayo Ángel Echeverri, en la década del 40, sacó un auxilio nacional de $11,000 con los cuales empezó la obra. El doctor Bruno González, con la ayuda del amigo y político Lázaro Restrepo, la continuaron. El doctor Gustavo Sierra consiguió un buen equipo de cirugía. El doctor Torrente en 1950 vendió una volqueta y con ese dinero lo techó. Dos meses después del centenario de Ñito hizo presencia en Concordia el gobernador Pioquinto Rengifo, militar Tolimense, hombre serio, es complicado y sin pasiones políticas. El hospital tenía carácter de nacional pero el gobernador lo iba a departamentalizar para poderlo terminar. Así lo hizo.

Durante la violencia, yo lo convertí en una especie de refugio para viudas y huérfanos de los muertos en las veredas del Barroso y de Morelia. El doctor Eduardo Botero lo inauguró esmerandose en su organización y administración. Dirigió esa institución por espacio de 15 años. Yo lo dirigí durante cuatro años largos. El doctor Jaime Restrepo construyó la morgue y el pabellón infantil.

ANTONIO JOSÉ RESTREPO. ÑITO

Fue un radical liberal civilista. Se enfrentó a Núñez, a Caro e inclusive al general Rafael Uribe Uribe, ambos del suroeste. Por un tiempo vivieron juntos en un hotel de Bogotá, siendo estudiantes. Una turba liberal enardecida por el asesinato del general trató de linchar a Ñito en su hotel. Este salió por la parte de atrás presentándose en el cementerio en donde pronunció una de las más hermosas oraciones, siendo sacado en hombros por los que antes lo detestaban.

EL PÁJARO VERDE

En Concordia se creó la costumbre de hacer unas fiestas llamadas del almidón. En el año 52 me nombraron tesorero de las fiestas. Se hizo presente el tahur de todo el suroeste, del viejo Caldas y del Valle del Cauca. Vino un señor de apellido Cruz, de Turbo, quien traía un fusil de la alcaldía de esa ciudad y acompañado por el apodado Pájaro Verde. Un hombre de una palidez impresionante y una gran cicatriz en la cara.

Este hombre y otros acompañantes del Valle del Cauca prepararon una expedición punitiva a la vereda la Vargas, en Betulia, acompañados de la policía política que se había estacionado en Concordia. Allí fueron rechazados por los guerrilleros de Franco. El Pájaro Verde recibió un tiro de carabina en el abdomen. Me tocó atenderlo regalándole las medicinas. El doctor Torrente y Gabriel González, aburridos con esta clase de personajes, se fueron para Bolombolo a beber y a bailar intensamente. Carlos casi se ahoga en el Cauca al pisar un terreno movedizo siendo rescatado por sus compañeros de farra.

José Ignacio González Escobar

lunes, 4 de noviembre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 14


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 14

LA PANAMERICANA BALÍSTICA.

En el 51 tuvimos como compañero de apartamento a Miguel Velázquez, ciudadano conservador de Bello. Tuvo en su patria chica una influencia política maligna, idéntica a la de León María Lozano (El Cóndor), en Tuluá. Vino como registrador. Fue el cabecilla material del incendio de Rionegro estando los autores intelectuales dentro de la misma gobernación de Antioquia. Ese acto fue para castigar a la ciudad de Rionegro por la frialdad y las desatenciones hechas antes a Mariano Ospina Pérez. Venía de la cárcel de la Ladera en donde el gobierno y sus copartidarios se habían manejado muy mal con él. Por eso se sentía decepcionado con el Partido Conservador. En Bello había matado a un concejal liberal a la salida de una de las secciones.

Me necesitaban urgente en Betulia y este personaje me acompañó. Allí en plena plaza alguien que lo reconoció, mitad en charla y mitad en serio, le preguntó que si había ido a terminar de quemar a Betulia. Se trataba de atender a un policía boyacense, gravemente herido, Siervo González (Siervito). Un Teniente bogotano, durante el reparto del botín, en la zona de tolerancia de Betulia, le había dado un tiro de pistola. El proyectil le había penetrado por la clavícula izquierda y había salido por la cadera derecha, produciendo un amplio orificio. Fue un caso insólito porque el hombre llegó vivo al hospitalito de Betulia. Además se demostró la gran potencia y la capacidad de daño del arma que era una Luger alemana, una especie de fusil de mano.

El Teniente, muy nervioso, llamó al médico Carlos Torrente ofreciéndonos $20,000 si le salvamos la vida. Yo le hice ver la gravedad del caso para que comprendieran que era factible no poder lograr tal propósito y que las dos profesiones que demandaban más valor era la del militar y la del médico. Que era necesario trasladar al paciente a Medellín. Me gritó que eso era imposible: el comandante y sus superiores no debían darse cuenta de la situación.

Como no había electricidad en la población, lo intervenimos alumbrando con cuatro lámparas Coleman. Torrente le dio la anestesia. Terminamos al amanecer después de reparar el pulmón, el diafragma, el hígado, el estómago, el páncreas, el colon y el intestino delgado. Toda una carretera Panamericana. Desafortunadamente el día siguiente el hombre murió de una complicación respiratoria. El Teniente casi enloquecido y sus compañeros la emprendieron contra mi consultorio y contra el hospital. Yo debí permanecer dos días encerrado en el hospital. El Teniente y varios de sus hombres fueron detenidos y enviados a Bogotá. Allí les hicieron un consejo de guerra el cual los condenó a varios años de prisión. Era frecuente que la policía no quisiera que sus muertos y heridos fueron llevados a Medellín con el fin de evitar el escándalo político y militar.

EL ALCALDE PISTOLERO Y EL CAPITÁN INCENDIARIO

En el año 51 el alcalde de Concordia mató a un policía frente a la Caja Agraria presentándose una fuerte reacción parte de esa institución contra las autoridades civiles del municipio. Vino un investigador, el Capitán Bermúdez, asesorado por un Teniente de Cundinamarca. El Capitán se emborrachó incitando a quemar el pueblo. El alcalde se encerró en su despacho con varios policías. El comercio fue cerrado. Haciendo de tripas corazón hablé al Capitán Bermúdez y el hombre se conmovió aceptando mi argumento de que si el Teniente no le hubiera disparado primero a su subalterno, el muerto hubiera sido él. Impuso la disciplina y el orden y después del entierro trasladó sus contingentes a sus respectivas sedes. Tiempo después me lo encontré en Bogotá donde me dijo que si yo no hubiera intervenido le habría prendido fuego a la alcaldía y a sus alrededores.

POLICÍA DEGOLLADOR

Al finalizar el año 51 se verificó la segunda expedición punitiva por tierras del Troncal por ser una región ciento por ciento liberal. A un ciudadano de Cangrejo, lo amarraron a un bramadero y cuando ya se encontraba deshidratado un policía lo degolló. Siete propietarios de las haciendas de esa región dejaron de visitar el pueblo de Concordia debido a este crimen y trasladaron sus inversiones y parte de sus haberes a otros municipios.

GENOCIDIO EN SALGAR

Fue cometido por la policía, el alcalde y sus secuaces. Decenas de campesinos fueron sacados en las horas de la noche, en volquetas oficiales y arrojados, con su respectivo balazo, puñalada o moliéndolos con el volco del vehículo contra una peña, a los ríos Barroso o San Juan. El doctor Daniel Correa en un remolino del Cauca encontró seis cadáveres flotando producto de la masacre de el Barroso. El, junto con el doctor Joaquín Aristizabal, Bruno González y el suscrito, elaboramos una carta de protesta a Dionisio Arango Ferrer quien actuaba en la gobernación como pacificador pero sin obtener respuesta.

EL FUSILADERO DE EL PAPAYO

El río San Juan se estrecha y hacer ruido entre la desembocadura del río Barroso y la hacienda Santa Clara. Allí ha habido unos papayos. Este lugar fue escogido por las autoridades y la policía política de Bolívar y Salgar como fusiladero político. De allí viene el dicho "pasar al papayo". Expresión que difundió el periodista Miguel Zapata Restrepo como sinónimo de matadero político. Tuvo su origen en Concordia. A raíz del encarnizado combate entre la policía y la guerrilla en la vereda de Morelia se presentó en la plaza de Concordia un agente sin el kepis, la chaqueta abierta, sudorosa, sin el fusil y muy asustada. Se trataba del policía Arturo Restrepo Gallego quien gritaba que los habían pasado al papayo. Esta trágica anécdota se la conté a mi dilecto amigo Zapata Restrepo quien la publicó.

LA BATALLA DE SANTA ANNA

Fue a principios del 52. En esa vereda el Capitán Franco tuvo el cuartel general entre las fincas La Palmera y la vereda El Tigre sobre el rio Penderisco y jurisdicción de Urrao. Fue un escenario de permanentes encuentros entre la policía y el ejército quien también estaba politizado y con hombres sectarios y feroces como el Sargento Bedoya. Franco tenía un campamento móvil y llegó a contar con 1500 personas. Fue localizado en Santa Ana por el Ejército y la Policía quienes atacaron con la ayuda de la aviación. La batalla duró varios días. Ambos bandos seguían la táctica de improvisación sobre el terreno y las circunstancias. Franco perdió uno de sus mejores hombres, el Míster, oriundo de El Vergel, Caldas. Ante esa baja, las fuerzas guerrilleras efectuaron un fuerte contraataque sacando a las fuerzas del gobierno hasta la carretera en donde colocaron las cabezas de los policías y los soldados muertos sobre ochos estacones. Verdadero acto de barbarie.

La cuarta brigada requisó, a la fuerza, unos camiones de escalera enviándolos para Pavón llenos de policías. El comandante del contingente, el Cabo Betancur. En Bolombolo hizo un alto para saludar a su madre que vivía en ese lugar. Con sus compañeros se debió toda la existencia de licor. Al amanecer y al ascender a Concordia, el chofer liberal, llevado a la fuerza y también borracho, se dio cuenta que iban para la región de Pavón de donde los soldados, civiles y policías, no regresaban.

En la vereda Platanillal, el carro rodó a un precipicio de 300 m cayendo a la quebrada Magallo. Se produjeron muertos y toda clase de heridos. El chofer con dos fracturas de costillas despertó en el hospital de Concordia en donde uno de los policías sobrevivientes lo iba a rematar con un tiro de fusil sin lograrlo porque el doctor Torrente se lo quitó en forma valerosa. Después el conductor me contó que había provocado el accidente adrede. Como era liberal ya no aguantaba los insultos y atropellos a su partido que expresaban los policías dentro del carro. De esa forma había querido evitar la muerte de numerosos campesinos por parte de ese siniestro contingente en la región de Pabón.

CAMPESINO SALVADO DE LAS AGUAS

Las autoridades de Bolombolo eligieron el río Cauca para que sirviera de cementerio de los liberales. Quienes pasaran por ese puerto y fueran señalados de liberales. Una mañana en presencia de Gustavo Toro E. y uno de los párrocos de Concordia, logré arrebatarle un campesino al inspector de policía de Bolombolo. Era un funcionario politizado que veía liberales, guerrilleros y comunistas por todas partes.

EL GUERRILLERO DE PAVÓN.

Un lunes por la tarde se formó un remolino de ciudadanos de Concordia y Betulia. Se trataba de una persona de apellido Herrera de Urrao a quien habían visto pasar en un carro por la plaza de Betulia. Las autoridades de ese municipio se comunicaron con las de Concordia para que lo detuviera mientras ellos venían a capturarlo. Argumentaron que se trataba de un guerrillero del Capitán Franco. Los de Concordia se lo entregaron a los de Betulia. José Luis Piedrahita, gerente de la Caja Agraria, liberal, también de Urrao, lo señaló como tal. En el viaje de regreso a Betulia, Herrera fue muerto en Morelia a golpes de cuchillo por los Betulianos. Innumerables veces he pensado en este caso. Recapacito si fuí cobarde, por no haber salido a la defensa de este inocente ciudadano quien cayó en manos de fieras políticas humanas.

LA RETALIACIÓN DE FRANCO

A los 15 días hubo genocidio en la vereda de El Tigre, Urrao. 16 carreteros de Concordia, que trabajaban en la reparación de la vía entre Betulia y Urrao, fueron asesinados en las horas de la mañana por la guerrilla liberal del Capitán Franco. Sólo porque eran empleados oficiales y provenientes del municipio de Concordia aunque entre ellos eran tanto liberales como conservadores. Fue la respuesta a lo acaecido en la plaza de Concordia y posteriormente en Morelia en respuesta a la muerte de Herrera.

GENOCIDIO DE EL SOCORRO

Fue efectuado por las fuerzas del Capitán Velázquez (Cheito Velázquez). Fueron asesinados 10 inocentes campesinos que un día domingo iban al pueblo a mercar. Las casas de este caserío fueron obligadas a ser pintada de azul por el terrible inspector domingo Gómez. Después sufrió la mano fuerte sectaria de Pedro Luis Betancur quien estuvo comprometido en varios asesinatos en esa comunidad

ENFERMERO Y PRESIDENTE SALVADORES

El 10 junio 53 me llamaron para ir a la finca la Comía donde se encontraba un guerrillero herido llamado Erasmo Galeano. Lleve tanto el equipo de cirugía como el reparto. Atendía el herido de un balazo en una pierna. Al regreso me interceptó una columna de policías boyacense que me habían seguido los pasos. Observé a un enfermero a quien le había enseñado primeros auxilios en Concordia llamado Roberto Villa. Este fue mi salvación. Les digo que venía de atender un parto sin mostrar el equipo de cirugía sino el otro diciendo el instrumental de parto, identificado por el enfermero, me dejaron pasar.

Llegué a Concordia, presté $2000 y salí para Caucasia. Estaba acorralado porque la guerrilla ahora iba a pensar que yo había sido el guia para llevar a la policía a capturar al insurgente herido. Las autoridades también sospechaban de mis salidas silenciosas y por eso me seguía. Era preciso abandonar a Concordia. Sin embargo el código internacional de Ginebra, sobre la conducta médica en el campo de batalla, había hecho de mí una persona con pasaporte universal. La verdad es que fui respetado por los combatientes de ambos bandos. A ellos les serví sin apetitos pecuniarios, de buena fe, cumpliendo mi juramento de médico.

UN FAVOR DE LAUREANO

Esto fue lo que comprendió el ingeniero Laureano Gómez cuando mi nombre, como médico liberal, estuvo cuestionado en su carpeta del presidente conservador y, sin embargo, ordenó que no se me persiguiera.

Agradezco a la presidencia de la República de 1950 al 53, cuando mi nombre, por los aciagos acontecimientos acaecidos en la vereda Morelia, estuvo en la carpeta de Laureano Gómez, quien exigió mi hoja de vida como estudiante y profesional, y ante unas quejas llevadas por la policía política de esa época ordenó que no se me hiciera daño, evitando así ser fusilado o encarcelado.

EL CONDUCTOR DE CONFIANZA

Hernán Betancur era conservador. Sin embargo, como conductor era también de mi entera confianza. Por raras circunstancias había dado muerte a un policía el 7 agosto 50 cuando se posesionaba Laureano Gómez. Se hizo acreedor a la simpatía de algunos sectores campesinos liberales siendo reconocido por las diversas brigadas de choques fascistas conservadoras. Contra estas era mi verdadero guardaespaldas.

En Bolombolo oímos unos gritos y unos disparos al aire. "La pesada", de Bolívar, Llamaba a Hernán. Allí estaban Chumara, Fernandito, Iván Agudelo y otros componentes de esa siniestra chusma. Los bolivianos andaban a casa del señor Gorgonio Zapata liberal quien en ese momento compraba ganado en una finca cercana. Ese día había tenido que abandonar su solar natal yéndose a vivir a Medellín. Para salvar de la muerte segura a Gorgonio le enviamos un carro a la finca para que le avisara y saliera directo, sin ir a Bolombolo, hacia Medellín.

Para no delatarnos en esta trampa mandamos el conductor del carro de Hernán a la estación de gasolina donde se haría el varado pero en realidad era para que nos sirviera de escape engañando a la pandilla. No confiábamos en el inspector de Bolombolo quien siempre seguía las consignas del tenebroso Pepe Suárez. Sin embargo Gorgonio Zapata no quiso huir hacia Medellín y se atrincheró con dos revólveres a la orilla de la carretera donde no lo pudieron cazar. Llenos de la rabia la emprendieron contra las puertas y el techo de la cantina debiendo desistir del empeño en capturarlo. Chumara le gritaba que le informara quien lo había alertado. Mientras tanto Hernán y yo arribamos a Concordia muertos de la risa.

José Ignacio González Escobar