AERONAUTAS Y CRONISTAS

sábado, 24 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (IV)


LAS DELICIAS (IV)

EFECTO DE LA DOCTRINA MILITAR

Teníamos que aceptar la evidente doctrina militar imperante en ese momento. Doctrina que se ha dado en forma silvestre, ya que ha surgido de un proceso de mutación espontánea y sin ningún planeamiento estratégico de defensa nacional. Precisamente la que debía surgir de las dependencias centrales en donde nos despeñábamos antes de ser destinados a ese comando. O si esos cálculos y planes han existido, por lo menos nunca han sido difundidos ni expuestos, a los niveles de mando que están en la obligación de conocerlos y aplicarlos. Son tan reservados que ni siquiera quienes los han de ejecutar los conocen a su nivel de aplicación. Que no pueden ser tan guardados ni bajo el concepto de seguridad de la información por compartimentación. Todo parece indicar que no es secretismo sino, mejor, oscurantismo. No es estratificación de la información, más bien ausencia de ella. Era lo que se vivía en el Estado Mayor Conjunto, de donde habíamos salido por fuerza de las circunstancias, como está contado.

Veamos. El dispositivo militar nacional era el de una inapropiada concentración de fuerzas militares en el centro de la nación, basado en el hecho de que donde hay más gente debe haber más fuerza militar. Como si la fuerza militar fuera para dominar la población interna y no para proteger a esa misma población de una amenaza externa. El dispositivo militar estaba pensado en priorizar el orden interno y la amenaza delictiva, objetivo propio de la fuerza policial y no de la militar. Eso implica una sentida ausencia militar y una difusa presencia periférica fronteriza, objetivo fundamental de la fuerza militar, como lo es el de protección de la soberanía y la defensa nacional en profundidad. Debilidad que dio motivo razonable a los dos históricos intentos de apoderamiento e invasión peruana a La Pedrera y Leticia durante comienzos del siglo XX. Las condiciones existentes a finales de siglo eran idénticas a las vividas durante el conflicto con el Perú. Ellas dieron pie para que el vecino lanzara sus intentos de apoderamiento forzado y por vías de hecho de porciones del territorio nacional.

Después de construidas las trochas en el sur de la nación, por razón de esa guerra, muy poco era lo que se había hecho para comunicar la región. En ese tiempo se habían construido caminos de Pasto a Puerto Asís. De Garzón a Mocoa, la de Guadalupe a Florencia, remontando el alto de Gabinete. La de Algeciras hacia San Vicente, pasando por Balsillas, Las Perlas y El Pato. Y la de Colombia, Huila, a la Uribe, Meta. Estas dos últimas, usadas después por los bandoleros de las FARC en su fuga desde Marquetalia y Sumapaz. La vía fluvial y la vía aérea eran los únicos medios disponibles en tan amplia área. Con los años se convirtieron en carreteables de especificaciones muy sencillas. No pasaron de simples vías de piso de tierra de poca duración, baja velocidad y frecuente cierre.






CARRETERA PASTO MOCOA


CAMBIOS DE DISPOSITIVO.

La reducción del parque aeronáutico, nos condujo a hacer una valoración minuciosa de toda la circunstancia estratégica y las medidas prácticas que deberíamos tomar para compensar, en todo lo que más fuese posible, las nuevas circunstancias de debilitamiento con la salida del componente aéreo. Además del poderoso crecimiento de la potencia de combate del enemigo que nos rodeaba, que había logrado un alto nivel de presencia y dominio del área. Era casi que el gobierno en todos los aspectos sociales, incluido hasta el religioso.

Nuestra conclusión fue que debíamos replegar una unidad que teníamos en avanzada, por la distancia y la pérdida de la posibilidad de apoyo aéreo, a la que se nos había llevado con el retiro del equipo de vuelo. Se trataba del Puesto Militar, de la Infantería de Aviación, emplazado en el municipio de Solano, a unos 8 km del GASUR. La distancia era corta, pero la única forma de llegar, en caso de combate, era un viejo carreteable que se había convertido en trocha, por más de 50 años de abandono o por el rio Orteguaza. Bloqueadas esas dos vías por el enemigo no se podía hacer nada por ellos. Y menos por vía aérea ante la ausencia de las aeronaves ya comentado.

Nos demoramos en hacerlo porque pretendimos obtener consentimiento de alto mando. Más por seguir la sagrada tradición de que nada un subalterno debe hacer sin no ha sido ordenado por su superior o minino avalado, que por nuestra convicción. Costumbre que se ha deformado trasfiriendo las más mínimas decisiones hasta los más altos niveles del mando. Nosotros, como nadie en ese tiempo, no podíamos hacerlo, así quisiéramos, asumir la responsabilidad y las consecuencias de nuestros actos. Lo que si era certero era que en caso de llegar a suceder un revés militar, sabíamos que seriamos descalificados por acción o por inacción. Es decir, por hacerlo sin permiso o por no hacerlo. O, simplemente, por no pedirlo a tiempo. De cualquier forma se le encontraría un defecto.

Esa era la cultura del COC, como ya se ha mencionado. Y siendo el primero el menos malo resulta ser lo mejor, o se tendría que caer en el elevado costo de caer en la paquidermia burocrática. Y esa pesada toma de decisiones es contraproducente ante las rápidas, dinámicas y las oportunidades de ocasión, que demandan las operaciones tácticas y el combate activo. Sin embargo, las tradicionales costumbres nos maniataban.



UN IDEAL, UN RETO, UN DEBER

Finalmente, después de larga espera, el comando FAC nos respondió en forma ambigua para no adquirir el compromiso de una decisión rotunda y clara, que lo hiciésemos, pero solo a nuestra consideración. Como siempre, las consecuencias por hacerlo o no hacerlo, solo serían de nuestra parte y no tendríamos respaldo si el asunto no era exitoso. Ante la ambigüedad y el no contar con un respaldo directo por lo que se hiciese y, por otra parte, de la oportunidad de obrar, que tanto valorábamos, lo retiramos recibiendo a sus hombres con el mayor agrado. Así estarían más seguros y se reforzaba la seguridad del GASUR.

Todavía era claro que no se podía actuar con total autonomía en cosas que, era natural, fuesen del nivel local, en la toma de decisiones. Ha sido tradicional no definir los criterios en lo que se puede o no actuar con autonomía y delegación. Por ello es inevitable dejar al simple criterio de lo que el superior quiera determinar para cada ocasión. Eso permite al superior ejercer la autoridad con el mayor albedrio para calificar de acertado o desacertado lo ejecutado por el subalterno, usando el simple capricho personal y sin referencial de ningún principio o doctrina fundamental. Lo que, por eso mismo, es apetecible que no existan. Desde luego, porque eso facilita la valoración según la mejor conveniencia para el superior, pudiendo evitar la mayor cantidad de responsabilidad que le pudiese ser endilgada si el resultado no es favorable.



BOMBARDERO MIRAGE 5


Por ejemplo, los requerimientos de bombardeos que habíamos hecho no fueron autorizados por el Comandante General de las Fuerzas Militares, quien era el único quien autorizaba esas operaciones. Cuando escasamente eran autorizados, debido al acomplejo trámite burocrático y las ocupación de otras índole que le mantenían copado, ya había desaparecido la oportunidad, la sorpresa y había cambiado la maniobra. Pero, gloriosamente las cosas estaban mejorando y ya se notaba cierta libertad de acción jurisdiccional. Como el repliegue del puesto de Solano, sin tener que recurrir a obtener consentimiento para casi todo, a los altos mandos, como era la tradición. En eso nos estábamos modernizando, aunque con timidez.

viernes, 23 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (III)


LAS DELICIAS (III)

LOS INTERESES POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS.

En los años 90, paradójicamente, quienes se interesaron por el GASUR, fueron los norteamericanos. Ellos estaban empeñados en combatir el narcotráfico y para ello necesitaban un punto de lanzamiento de operaciones que se encontrara en medio de la gigantesca zona cocalera del Caquetá, la que habían visualizado satelitalmente. Basados en el plan Colombia contra los narcóticos decidieron poner sus ojos en la vieja y olvidada Base Aérea de Tres Esquinas, perdida en medio de la jungla.


INSTALACIONES DEL GRUPO AÉREO DEL SUR A ORILLA DEL ORTEGUAZA

Como la Fuerza Aérea no disponía de recursos para los trabajos requeridos de infraestructura, la embajada de los Estados Unidos había contratado dichas obras y para ello había exigido un mínimo de seguridad. El comandante a quien le recibimos el mando, había iniciado una serie de reformas de las instalaciones. La principal era la pavimentación de la pista de aterrizaje, con el fin de mejorar la comunicación y permitir la llegada de aviones pesados. En especial, durante los fuertes períodos de invierno, que con frecuencia impedían las operaciones de los vuelos, vitales para el abastecimiento de la unidad. También para los que requería el apoyo logístico de la importante base naval fronteriza de la Armada Nacional, en Puerto Leguízamo, sobre el río Putumayo, en límite con el Perú.
 
LA SEGURIDAD NECESARIA.
 
Por razón de la seguridad de las obras, los norteamericanos pidieron y fue ordenada la creación de la suficiente capacidad defensiva, por lo cual se conformó la Fuerza de Tarea Conjunta Cándido Leguízamo, FUTACAL. Para ello, se envió al GASUR, inicialmente, tres Compañías de Contraguerrilla del Ejército, un Elemento de Combate Fluvial de la Armada Nacional y una contraguerrilla de la Infantería de Aviación. La FAC aportó un componente aéreo integrado con un helicóptero liviano artillado, un helicóptero mediano armado, y un avión mediano bimotor turbohélice. Además de los ya existentes y viejos, pero muy nobles, resistentes y flexibles Beaver y C-47. Útil para casi todo lo logístico, menos en capacidad de fuego.

Debido a problemas de incumplimiento de la ejecución de las obras, por un mal estudio del contratista en el cálculo de las fuentes geológicas de materiales de construcción, firma de ingenieros antecesora de las hoy en día muy famosas por contratos fallidos con el estado, las obras se habían paralizado. En esos lugares es difícil encontrar roca para triturar o material de aluvión de gran calibre.

Mientras la embajada de los Estados Unidos entablaba una querella judicial para lograr su culminación y recuperar los dineros invertidos, empleamos la FUTACAL, en operaciones de defensa del GASUR. Eso incluía operaciones de área, despliegues en profundidad, presencia para conquista dominio y control territorial. Usábamos tácticas de despliegues furtivos y asaltos sorpresivos, que terminaban con repliegues abiertos y relámpagos para causar impacto sicosocial. El enemigo y los colonos se sorprendían sobre la forma de como podíamos infiltrar su áreas sin ser detectados y luego sobre como hacíamos alardes de maniobra y movimiento en las retirada sin poder ser contenidos. Con ello mortificábamos mucho a la amenaza y le hacíamos perder su reconocimiento como autoridad dentro de la población local. Les dañábamos sus planes de organización para fortalecerse en el control social y desorganizábamos sus objetivos operativos.





BOTE PIRAÑA DE LA INFANTERÍA DE MARINA DESTACADO EN TRES ESQUINAS

Las operaciones de inteligencia eran muy difíciles, debido al miedo y el hermetismo al que el enemigo había sometido a la población. Sospechábamos que era muy factible que estuviésemos despertando un león dormido. De todas formas no desistimos en mantener una posición media entre defensiva y ofensiva. Debíamos salir de la extrema pasividad que, con el tiempo, se había convertido en peligrosa inacción. Eran tímidas operaciones, debido a los restringidos medios, el desconocimiento de la magnitud de la amenaza y las pocas fortalezas. Teníamos que aprovechar las escasas oportunidades de éxito y los sorpresivos blancos de ocasión que fuesen rentables.

LA CAPACIDAD AÉREA DE COMBATE.

Aunque la situación de seguridad era bastante crítica, denominábamos el lugar con el término de Base Aérea. Más para darnos cierta preponderancia institucional y automotivación sicológica, igualándonos con las verdaderas Bases Aéreas, pero sin hacer merito a la verdad. También para justificar la permanencia de la FUTACAL en vista de la posterior necesidad de seguridad al proyecto de construcciones y del personal del Cuerpo de Ingenieros del Ejército norteamericano que hacia la interventoría de las obras. Y, de refilón, asegurábamos nuestra propia seguridad. Como las obras se habían paralizado por tiempo considerable, se comenzó a madurar, en el nivel central, la idea de que era necesario disminuir el dispositivo aéreo. Debía iniciarse por el mencionado componente aéreo porque era lo que resultaba más oneroso para el presupuesto de la FAC por ser un costoso equipo de vuelo.

Por esa razón, para el año 95, en forma gradual, y con una serie de justificaciones separadas para cada decisión que se tomaba, fueron retirados los dos helicópteros y, finalmente, el avión Araba. Avion que un principio fue artillado y avion ambulancia. Pero, luego, fue desarmado y dejado solo en la simple configuración de carguero y lanzador de paracaidistas. Ante tal circunstancia, dimos todos los argumentos posibles para que eso no sucediera. Pero finalmente debimos darnos por vencidos por la imposición de la superioridad sobre la razón. La última explicación que nos dieron fue que era una orden militar.


AVION ARABA QUE FUE RETIRADO UN AÑO ANTES DEL COMBATE

El argumento fue que se requerían de ese equipo volante para conformar un grupo de protección para los altos mandos militares y políticos colombianos muy amenazados en la capital de la nación. Supusimos que eso solo era una disculpa. La sospecha la confirmamos después. El real motivo era la seguridad genérica de las legaciones diplomáticas, pero en especial la norteamericana. Como el armamento y mucha de la dotación era del famoso Plan Colombia, los norteamericanos vieron que estaban gastando dinero en algo que no estaban necesitando ante las suspensión de los trabajos de ingeniería en GASUR, mientras que la seguridad de sus diplomáticos, en el nivel central, estaba siendo critica.

Poco tiempo después, en una visita del embajador norteamericano al GASUR, este se refirió al tema, aunque en forma rápida y corta, pero suficiente para que supiésemos el motivo, con lo cual confirmamos que nuestra premonición era acertada.

Ante tal decisión, de tan alta alcurnia y siendo ésta del mayor interés político, debimos resignarnos a quedarnos sin esas facilidades. Nos aseguraron que en caso de un ataque seriamos auxiliados como primera y máxima prioridad. No nos pasaba desapercibido que eso sería poco factible. Era mucha la distancia a la que nos encontrábamos desde los lugares de donde podrían salir esos apoyos de combate y las dificultades para llegar oportunamente a esos lugares. Una fuerza aérea se característica por su largo alcance y desempeño en profundidad de combate, pero eso tiene sus limitaciones. Nos era muy claro el perfil del dispositivo de combate de las unidades aéreas amigas y la realidad nacional.

martes, 20 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (I)


ENTORNO Y EVENTOS QUE HICIERON PARTE DEL COMBATE DE LAS DELICIAS





Oigan lo que aconteció,

y aunque es suceso que admira,

no piensen, no, que es mentira,

que lo cuenta quien lo vio.



(José Manuel Marroquín)



LAS DELICIAS (I)



INTRODUCCION.



La siguiente es la secuencia de circunstancias y sucesos que llevaron al desastre de Las Delicias. Situación en la cual fuimos conducidos por la confluencia de factores sociales, políticos y militares, en forma tal que llegó a ser imposible que la derrota militar se hubiese podido prevenir de manera razonable o evitar, por ser la consecuencia producto de causas insuperables.



Lo que contaremos es para dejar evidencia de los hechos y para enaltecer a quienes dieron su vida en tan fatídico combate, a los que sufrieron heridas, los que padecieron un largo secuestro y a todos cuantos colaboraron, con su máximo empeño, haciendo lo mejor que podían en ese critico momento.

Solo nos limitaremos a narrar con apego a la verdad y a hacer nuestras apreciaciones de lo vivido. 



LOS ANTECEDENTES DEL FENÓMENO DELINCUENCIAL.



El único intento real, efectivo y decidido, contra el delito del narcotráfico se había dado solo durante el gobierno del presidente Turbay, a comienzos de la década de los años 80, en la costa norte, contra los famosos marimberos. La mariguana era cultivada en las estribaciones de la Sierra Nevada y exportada a los Estados Unidos por medio de un puente aéreo armado con aviones sacados de los cementerios en Norteamérica. Esa acción tuvo resultados satisfactorios pero mientras esto sucedía en el norte, el narcotráfico de la coca tomó fuerza en el centro del país.



Durante todos los años, 80 la sociedad colombiana y las autoridades nacionales, habían sido débiles para afrontar la delincuencia alimentada por la poderosa industria del narcotráfico. El delito se había arraigado en dos lugares específicos de la amazonia, las regiones del Caquetá y del Guaviare. Y los dos actores que lo impulsaban eran las mafias narcotraficantes de Cali y Medellín. Las mismas que habían permeado los campos políticos, económicos y sociales.


Este fenómeno era evidente para todos, en especial para nosotros los pilotos militares, que sobrevolamos esas áreas observando los grandes tumbados de selva donde cada día surgían cultivos de coca. Sin embargo, aunque se pedía combatir la mariguana, nos extrañaba sobremanera como el gobierno nacional era tolerante y hasta complaciente con el fenómeno de la cocaína. Combatía la mala yerba en la costa Caribe y no daba los recursos necesarios para combatir los grandes cultivos de la cocaína en el Amazonas. Al tiempo que no expedía las leyes necesarias. Aunque en sus declaraciones públicas eran en contra del fenómeno y sobre la necesidad de combatirlo. Eso era lo que se decía más no lo que hacía.






AVION MARIMBERO


Cuando finalmente el gobierno nacional se percató de que era necesario confrontar el narcotráfico de la cocaína, especialmente presionado por los Estados Unidos quien estaba muy interesado en combatirla, se decidió por crear un cuerpo especial contra el narcotráfico dentro de la Policía Nacional. Esa unidad fue quien destruyó los famosos laboratorios de Tranquila en el área del Caquetá, especialmente en la región del río Yarí. Estos laboratorios refinaban la pasta de coca traída de Bolivia, Perú y Ecuador. Sin embargo, ya se estaba cultivando la planta en las fronteras de la selva Amazónica para no tener que traerla desde tan lejos y hacer el negocio completo.



Los llanos del Yarí los sobrevolábamos con frecuencia haciendo las rutas comerciales de Satena a la Araracuara y la Chorrera. Podíamos ver las pistas clandestinas. Algunas de esas pistas eran el destino de las misiones de vuelo que se nos ordenaban. Algunas de ellas eran las de Tunía, Candilejas, El Recreo, Canadá, Caquetania, Araracuara.


Sabíamos que eran clandestinas porque no tenían registros aeronáuticos, ni figuraban en el manual de Rutas. No se tenía ni se daba información aeronáutica oficial. Aunque se reportaban como destino en los planes de vuelo no tenían objeciones por parte de las autoridades aeronáuticas y todo eso trascurría de manera normal. Solo entre pilotos se trasmitían los datos mínimos necesarios para la operación. Y quien hiciera algún comentario, al respecto de esa irregularidad, era tenido como un desubicado y un tonto, porque en la mentalidad general eso era plenamente admitido como parte de la cultura que imperaba en esas regiones.


Los colonos ofrecían, casi que suplicaban, que les cambiaran sus dólares por moneda colombiana ya que no les eran de utilidad. Eso podía ser un gran negocio pero preferimos no involucrarnos porque algún día eso sería tenido como un grave delito, así en ese momento todo mundo lo ignorara, aunque era ya oficialmente ilegal. Es decir, que la inteligencia si existía pero eso no inquietaba ni era de interés para nadie, ni siquiera para la inteligencia aérea.



Desde el aire nos era muy evidente la gran cantidad de círculos de foresta derribada para sembrar. Y aunque esto se comentaba en el ámbito militar, especialmente en el de la Fuerza Aérea, no se notaba ninguna intención por hacer algo. Tampoco el gobierno central, no mostraba ningún interés real de combate. Y mientras no exista el objetivo político y éste no sea un problema social, una fuerza militar está totalmente impedida para actuar por su libre albedrío, si es que es una fuerza con pleno sentido democrático.





CLAROS EN LA SELVA


En los últimos años de la década del 80 y comienzos de los 90, el combate al narcotráfico se convirtió en un objetivo político nacional. El fenómeno había crecido exageradamente y había comenzado a alimentar a los grupos insurgentes. Estos encontraron un gran tesoro para cubrir sus necesidades económicas proveyéndose de los dineros necesarios para adquirir gran cantidad de armamento y logística. Llegaron, incluso, a pasar, en estas regiones, de la fase de insurgencia clandestina a la de conformación de tropas con posibilidad de ejecutar operaciones de guerra regular. Les faltaba solo el adoctrinamiento necesario que adquirían rápidamente.

BANDOLEROS FARC

LAS DELICIAS (II)



LAS DELICIAS (II)

EL GRUPO AÉREO DEL SUR - BASEA AÉREA DE TRES ESQUINAS.

Para cuando fuimos asignados al comando del militarmente denominado Grupo Aéreo del Sur, GASUR, llamado, genéricamente, Base de Tres Esquinas, por su ubicación en la confluencia de los ríos Caquetá y Orteguaza, en la mitad de la década del 90, la situación en esa región era bastante crítica en cuanto a la seguridad de la misma Base, además de la poca posibilidad de dominio y control territorial y social. Su clasificación no llegaba ni siquiera a ser una real Base Aérea y menos un Comando de Combate. Era algo minúsculo, remonto y de muy poca importancia militar y nacional. Solo fue tenida en cuenta después del conflicto con el Perú y luego fue casi que olvidada porque esa amenaza había pasado hacia mucho tiempo.

EL CAQUETÁ CORRE DE ARRIBA ABAJO. EL ORTEGUAZA DE DERECHA A IZQUIERDA DE LA FOTO.

La unidad fue conformada desde los tiempos del conflicto con el Perú, en un plan de recuperación posbélico, más para propósitos de desarrollo fronterizo y presencia nacional, por medio de apoyo a programas de colonización, que propiamente como una Base de Combate dotada con medios para afrontar al crecido enemigo insurgente. El que aparecería muchos años después, debido al narcotráfico y que se fortaleció poderosamente en toda la región.

Los comandantes eran nombrados por períodos de dos años, ya que esta unidad se consideraba, por su aislamiento, lejanía, muy pobre infraestructura militar y logística, como una unidad de castigo. No era una política ni doctrina oficial de la FAC, y por tanto no explícita, más si era vivencial y real.

A ella, los comandantes, enviaban a los miembros de la Fuerza Aérea a quienes consideraban poco competentes, negligentes, remisos para el servicio o, más bien, indisciplinados. Era el lugar de castigo o para deshacerse de los considerados incomodos por sus ideas o suficientemente subordinados como para no protestar por esa asignación. Ese pensamiento se había convertido en el dogma corriente que predominaba en la mentalidad colectiva de la Fuerza Aérea. Con los años, terminó siendo la justificación de un prolongado y continuo relegamiento de la Base Aérea, en los planes de desarrollo FAC. Por ello no se mejoraba su infraestructura ni era abastecida adecuadamente.

Allí la vida era austera, con bastantes limitaciones en todos los sentidos, de alta amenaza insurgente por parte de las FARC y el M-19, junto con los cortos períodos de comando, que hacían imposible ejecutar proyectos de largo plazo. La máxima aspiración de quienes eran asignados al lugar, era poder terminar, a salvo y sin mayores traumas personales y profesionales, su tiempo de destierro, para salir reasignados a otras guarniciones del país más benévolas y con menores restricciones o inconvenientes.

Por esas circunstancias, el nombramiento de un comandante era visto por compañeros, superiores y subalternos, como una degradación profesional y una descalificación personal. Era casi que exponerlo a pedir el retiro del servicio y truncar su carrera militar. Evidencia de ello fue el que, en años anteriores, ya se había dado una insubordinación de toda una compañía de tropa, por las pobres circunstancias, el descuido y el modo de vida en que se le mantenía. Rebelión que no fue instigada por ningún mando sino que surgió espontáneamente desde la misma soldadesca, exasperada por las primitivas condiciones de supervivencia.

La realidad es que las cosas no habían cambiado mucho desde los tiempos del conflicto con el Perú. Tal como lo cuenta el Sargento Tobón en su libro “Sur”. Y motivo por el cual fue escogida como destierro prisión para el General expresidente Gustavo Rojas Pinilla.

LA PROCEDENCIA.

Nos desempeñábamos en el Departamento de Operaciones del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, un cargo militar del nivel central. Asignación que nos honraba sobre manera. Pero no estábamos cómodos y nos era, más bien, una mortificación.  Pudimos darnos cuenta que el comentario burlón de pasillos, sobre el famosos “Deposito de Coroneles”, no era un invento ligero de jocosas conversaciones durante las desinhibidas charlas de la oficialidad en los ratos de ocio en los casinos, sino que era una realidad contundente.

 DEPÓSTO DE CHATARRA MILITAR



Nos causaba rasquiña la burocracia militar y el ver a tanto oficial, de alto grado, matando el tiempo en tareas superfluas, con poca capacidad analítica y baja creatividad. Personas que aunque conocían la realidad nacional, la ignoraban con premeditación por conveniencia. No podían arriesgarse a ser removidos de tan cómodos cargos. Necesitaban pasar sin trascendencia y sin idoneidad para ocupar y actuar con éxito decisorio, pero también prestigioso y por ello satisfactorio, puesto.


MILITARES DESOCUPADOS


Solo se interesaban en la limpieza y el orden del recién activado Centro de Operaciones Conjuntas COC. El descuido en el empleo de la información era notorio. No se usaba para toma de decisiones importantes, sino a manera de simples y morbosos chismes. Solo la búsqueda de culpables en rangos inferiores, por motivos operacionales, era la regla general. Mientras ellos, de rangos superiores, tenían muchas culpas por motivos administrativos y de comando.

Tenían disponible toda la teoría para descalificar a otros y nunca para una autovaloración de lo que en el nivel central se hacía. Reveses operativos que en gran parte, se debían corregir de arriba hacia abajo y nunca al contrario. Para eso era que servía la autoridad, no en forma positiva sino casi que retrograda. Al menos en la parte ideológica. La misma que era de su competencia, por ser su responsabilidad el nivel estratégico y no del nivel táctico. No era claro el cómo cambiar esa preconcepción, infortunadamente, arraigada por una larga tradición y falta de evolución.

DOCTRINAS MILITARES


DOGMATISMOS
No se podía intentar nada diferente porque sería violentar anticuadas costumbres y dogmas, que ya demostraban poca aplicación. Como durante generaciones anteriores esa inercia había tenido algún éxito, predominaba el criterio de mejor malo conocido que bueno por conocer, sin importar que la razón indicase la necesidad de innovar. Eso era riesgoso y hasta temeroso, por la infalible guillotina profesional de ser decapitado si el invento no funcionaba a plena satisfacción de un superior, terriblemente severo y dispuesto a evaluar más por capricho que por justicia. De esa forma la modernización era extremadamente lenta ya que no dependía de la instantánea fuerza argumental sino del muy lento relevo generacional.

Las culpas de lo que no salía bien, a nivel Brigadas o Batallones, siempre eran debidas a la falta de idoneidad en los subalternos, donde bastantes salían muertos o heridos, en combates fallidos. Y nunca debidos a los errores por las decisiones que allí se dejaban de tomar o las que se tomaban en forma inadecuada. Precedía mucho el concepto de la perpetua infalibilidad. Sus pensamientos se reducían a análisis de asuntos casi que meramente de nivel brigada. Muy lejos de los conceptos macro estratégico, ya fuesen del campo interno nacional y más del internacional, como debían ser sus objetivos y las proyecciones de su visión.

En varias oportunidades tratamos de hacer evidencia de la situación pero esos sanos intentos chocaron con diabólicos rechazos. Con explosiva y enojosa soberbia cerraban toda posibilidad de adelantar cualquier clase de autovaloración.


 ENOJADO MILITAR
Después supimos que algunos de los compañeros de trabajo habían abogado para que nos asignaran a una región alejada, peligrosa, de las clasificadas como de “orden público” donde se pasan incomodidades y peligros. Se libraban de alguien imprudente y poco reverente que, con sus puntos de vista, les hacía pasar incomodidades con la inconveniencia de nuestras apreciaciones.

 LAS MALAS COSTUMBRES

En el momento no lo supimos. Luego se descubrió que los molestos compañeros, con sus veladas influencias, supuestamente para degradarnos a manera de castigo, habían sugerido nuestra designación. Pero, al contrario, nos habían hecho un gran bien.  Con sus intrigas nos habían ayudado a salir de la leonera que tanto nos mortificaba y en donde tan incómodo nos sentíamos, para mandarnos a la ratonera. Allí podíamos aplicar las ideas e iniciativas reprimidas que nos exprimían sobre manera. Era una oportunidad de ocasión para gozar de la libertad y la autonomía que anhelábamos para actuar bajo nuestras maduradas y arraigadas convicciones. Excepto por una ligera inquietud sobre las incomodidades que se podían causar a la familia, que tampoco eran muchas, de resto nos sentíamos más que agradados con el traslado y la nueva designación en el cargo a una unidad militar con grandes retos por lograr.

Veíamos con naturalidad, las picaronas burlas que se hacían en los corrillos y las sarcásticas conversaciones relacionadas con nuestro nombramiento. No ignorábamos los comentarios de doble sentido e ironía que suscitaba nuestro nombramiento a esa guarnición.

Incluso hasta un oficial de una misión extranjera, quien pidió a mis superiores hacernos una entrevista, para una velada valoración. Tendríamos que trabajar coordinadamente y se atrevió a hacer una burlona pregunta sobre lo que él pensó era la gran preocupación y presuntos miedos que deberíamos tener por el traslado a tan difícil guarnición. Pero preferimos mil veces ser cabeza de ratón, con deseos de enfrentar un felino, que no una simple cola de león, espantando moscas.

Vimos en la asignación una oportunidad y una fortaleza en lugar de una amenaza o una debilidad. Situación que luego aprovechamos para sacar ventajas de ocasión, como así aconteció. (Tema de otra historia)