AERONAUTAS Y CRONISTAS

viernes, 23 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (III)


LAS DELICIAS (III)

LOS INTERESES POLÍTICOS Y DIPLOMÁTICOS.

En los años 90, paradójicamente, quienes se interesaron por el GASUR, fueron los norteamericanos. Ellos estaban empeñados en combatir el narcotráfico y para ello necesitaban un punto de lanzamiento de operaciones que se encontrara en medio de la gigantesca zona cocalera del Caquetá, la que habían visualizado satelitalmente. Basados en el plan Colombia contra los narcóticos decidieron poner sus ojos en la vieja y olvidada Base Aérea de Tres Esquinas, perdida en medio de la jungla.


INSTALACIONES DEL GRUPO AÉREO DEL SUR A ORILLA DEL ORTEGUAZA

Como la Fuerza Aérea no disponía de recursos para los trabajos requeridos de infraestructura, la embajada de los Estados Unidos había contratado dichas obras y para ello había exigido un mínimo de seguridad. El comandante a quien le recibimos el mando, había iniciado una serie de reformas de las instalaciones. La principal era la pavimentación de la pista de aterrizaje, con el fin de mejorar la comunicación y permitir la llegada de aviones pesados. En especial, durante los fuertes períodos de invierno, que con frecuencia impedían las operaciones de los vuelos, vitales para el abastecimiento de la unidad. También para los que requería el apoyo logístico de la importante base naval fronteriza de la Armada Nacional, en Puerto Leguízamo, sobre el río Putumayo, en límite con el Perú.
 
LA SEGURIDAD NECESARIA.
 
Por razón de la seguridad de las obras, los norteamericanos pidieron y fue ordenada la creación de la suficiente capacidad defensiva, por lo cual se conformó la Fuerza de Tarea Conjunta Cándido Leguízamo, FUTACAL. Para ello, se envió al GASUR, inicialmente, tres Compañías de Contraguerrilla del Ejército, un Elemento de Combate Fluvial de la Armada Nacional y una contraguerrilla de la Infantería de Aviación. La FAC aportó un componente aéreo integrado con un helicóptero liviano artillado, un helicóptero mediano armado, y un avión mediano bimotor turbohélice. Además de los ya existentes y viejos, pero muy nobles, resistentes y flexibles Beaver y C-47. Útil para casi todo lo logístico, menos en capacidad de fuego.

Debido a problemas de incumplimiento de la ejecución de las obras, por un mal estudio del contratista en el cálculo de las fuentes geológicas de materiales de construcción, firma de ingenieros antecesora de las hoy en día muy famosas por contratos fallidos con el estado, las obras se habían paralizado. En esos lugares es difícil encontrar roca para triturar o material de aluvión de gran calibre.

Mientras la embajada de los Estados Unidos entablaba una querella judicial para lograr su culminación y recuperar los dineros invertidos, empleamos la FUTACAL, en operaciones de defensa del GASUR. Eso incluía operaciones de área, despliegues en profundidad, presencia para conquista dominio y control territorial. Usábamos tácticas de despliegues furtivos y asaltos sorpresivos, que terminaban con repliegues abiertos y relámpagos para causar impacto sicosocial. El enemigo y los colonos se sorprendían sobre la forma de como podíamos infiltrar su áreas sin ser detectados y luego sobre como hacíamos alardes de maniobra y movimiento en las retirada sin poder ser contenidos. Con ello mortificábamos mucho a la amenaza y le hacíamos perder su reconocimiento como autoridad dentro de la población local. Les dañábamos sus planes de organización para fortalecerse en el control social y desorganizábamos sus objetivos operativos.





BOTE PIRAÑA DE LA INFANTERÍA DE MARINA DESTACADO EN TRES ESQUINAS

Las operaciones de inteligencia eran muy difíciles, debido al miedo y el hermetismo al que el enemigo había sometido a la población. Sospechábamos que era muy factible que estuviésemos despertando un león dormido. De todas formas no desistimos en mantener una posición media entre defensiva y ofensiva. Debíamos salir de la extrema pasividad que, con el tiempo, se había convertido en peligrosa inacción. Eran tímidas operaciones, debido a los restringidos medios, el desconocimiento de la magnitud de la amenaza y las pocas fortalezas. Teníamos que aprovechar las escasas oportunidades de éxito y los sorpresivos blancos de ocasión que fuesen rentables.

LA CAPACIDAD AÉREA DE COMBATE.

Aunque la situación de seguridad era bastante crítica, denominábamos el lugar con el término de Base Aérea. Más para darnos cierta preponderancia institucional y automotivación sicológica, igualándonos con las verdaderas Bases Aéreas, pero sin hacer merito a la verdad. También para justificar la permanencia de la FUTACAL en vista de la posterior necesidad de seguridad al proyecto de construcciones y del personal del Cuerpo de Ingenieros del Ejército norteamericano que hacia la interventoría de las obras. Y, de refilón, asegurábamos nuestra propia seguridad. Como las obras se habían paralizado por tiempo considerable, se comenzó a madurar, en el nivel central, la idea de que era necesario disminuir el dispositivo aéreo. Debía iniciarse por el mencionado componente aéreo porque era lo que resultaba más oneroso para el presupuesto de la FAC por ser un costoso equipo de vuelo.

Por esa razón, para el año 95, en forma gradual, y con una serie de justificaciones separadas para cada decisión que se tomaba, fueron retirados los dos helicópteros y, finalmente, el avión Araba. Avion que un principio fue artillado y avion ambulancia. Pero, luego, fue desarmado y dejado solo en la simple configuración de carguero y lanzador de paracaidistas. Ante tal circunstancia, dimos todos los argumentos posibles para que eso no sucediera. Pero finalmente debimos darnos por vencidos por la imposición de la superioridad sobre la razón. La última explicación que nos dieron fue que era una orden militar.


AVION ARABA QUE FUE RETIRADO UN AÑO ANTES DEL COMBATE

El argumento fue que se requerían de ese equipo volante para conformar un grupo de protección para los altos mandos militares y políticos colombianos muy amenazados en la capital de la nación. Supusimos que eso solo era una disculpa. La sospecha la confirmamos después. El real motivo era la seguridad genérica de las legaciones diplomáticas, pero en especial la norteamericana. Como el armamento y mucha de la dotación era del famoso Plan Colombia, los norteamericanos vieron que estaban gastando dinero en algo que no estaban necesitando ante las suspensión de los trabajos de ingeniería en GASUR, mientras que la seguridad de sus diplomáticos, en el nivel central, estaba siendo critica.

Poco tiempo después, en una visita del embajador norteamericano al GASUR, este se refirió al tema, aunque en forma rápida y corta, pero suficiente para que supiésemos el motivo, con lo cual confirmamos que nuestra premonición era acertada.

Ante tal decisión, de tan alta alcurnia y siendo ésta del mayor interés político, debimos resignarnos a quedarnos sin esas facilidades. Nos aseguraron que en caso de un ataque seriamos auxiliados como primera y máxima prioridad. No nos pasaba desapercibido que eso sería poco factible. Era mucha la distancia a la que nos encontrábamos desde los lugares de donde podrían salir esos apoyos de combate y las dificultades para llegar oportunamente a esos lugares. Una fuerza aérea se característica por su largo alcance y desempeño en profundidad de combate, pero eso tiene sus limitaciones. Nos era muy claro el perfil del dispositivo de combate de las unidades aéreas amigas y la realidad nacional.

martes, 20 de agosto de 2013

LAS DELICIAS (I)


ENTORNO Y EVENTOS QUE HICIERON PARTE DEL COMBATE DE LAS DELICIAS





Oigan lo que aconteció,

y aunque es suceso que admira,

no piensen, no, que es mentira,

que lo cuenta quien lo vio.



(José Manuel Marroquín)



LAS DELICIAS (I)



INTRODUCCION.



La siguiente es la secuencia de circunstancias y sucesos que llevaron al desastre de Las Delicias. Situación en la cual fuimos conducidos por la confluencia de factores sociales, políticos y militares, en forma tal que llegó a ser imposible que la derrota militar se hubiese podido prevenir de manera razonable o evitar, por ser la consecuencia producto de causas insuperables.



Lo que contaremos es para dejar evidencia de los hechos y para enaltecer a quienes dieron su vida en tan fatídico combate, a los que sufrieron heridas, los que padecieron un largo secuestro y a todos cuantos colaboraron, con su máximo empeño, haciendo lo mejor que podían en ese critico momento.

Solo nos limitaremos a narrar con apego a la verdad y a hacer nuestras apreciaciones de lo vivido. 



LOS ANTECEDENTES DEL FENÓMENO DELINCUENCIAL.



El único intento real, efectivo y decidido, contra el delito del narcotráfico se había dado solo durante el gobierno del presidente Turbay, a comienzos de la década de los años 80, en la costa norte, contra los famosos marimberos. La mariguana era cultivada en las estribaciones de la Sierra Nevada y exportada a los Estados Unidos por medio de un puente aéreo armado con aviones sacados de los cementerios en Norteamérica. Esa acción tuvo resultados satisfactorios pero mientras esto sucedía en el norte, el narcotráfico de la coca tomó fuerza en el centro del país.



Durante todos los años, 80 la sociedad colombiana y las autoridades nacionales, habían sido débiles para afrontar la delincuencia alimentada por la poderosa industria del narcotráfico. El delito se había arraigado en dos lugares específicos de la amazonia, las regiones del Caquetá y del Guaviare. Y los dos actores que lo impulsaban eran las mafias narcotraficantes de Cali y Medellín. Las mismas que habían permeado los campos políticos, económicos y sociales.


Este fenómeno era evidente para todos, en especial para nosotros los pilotos militares, que sobrevolamos esas áreas observando los grandes tumbados de selva donde cada día surgían cultivos de coca. Sin embargo, aunque se pedía combatir la mariguana, nos extrañaba sobremanera como el gobierno nacional era tolerante y hasta complaciente con el fenómeno de la cocaína. Combatía la mala yerba en la costa Caribe y no daba los recursos necesarios para combatir los grandes cultivos de la cocaína en el Amazonas. Al tiempo que no expedía las leyes necesarias. Aunque en sus declaraciones públicas eran en contra del fenómeno y sobre la necesidad de combatirlo. Eso era lo que se decía más no lo que hacía.






AVION MARIMBERO


Cuando finalmente el gobierno nacional se percató de que era necesario confrontar el narcotráfico de la cocaína, especialmente presionado por los Estados Unidos quien estaba muy interesado en combatirla, se decidió por crear un cuerpo especial contra el narcotráfico dentro de la Policía Nacional. Esa unidad fue quien destruyó los famosos laboratorios de Tranquila en el área del Caquetá, especialmente en la región del río Yarí. Estos laboratorios refinaban la pasta de coca traída de Bolivia, Perú y Ecuador. Sin embargo, ya se estaba cultivando la planta en las fronteras de la selva Amazónica para no tener que traerla desde tan lejos y hacer el negocio completo.



Los llanos del Yarí los sobrevolábamos con frecuencia haciendo las rutas comerciales de Satena a la Araracuara y la Chorrera. Podíamos ver las pistas clandestinas. Algunas de esas pistas eran el destino de las misiones de vuelo que se nos ordenaban. Algunas de ellas eran las de Tunía, Candilejas, El Recreo, Canadá, Caquetania, Araracuara.


Sabíamos que eran clandestinas porque no tenían registros aeronáuticos, ni figuraban en el manual de Rutas. No se tenía ni se daba información aeronáutica oficial. Aunque se reportaban como destino en los planes de vuelo no tenían objeciones por parte de las autoridades aeronáuticas y todo eso trascurría de manera normal. Solo entre pilotos se trasmitían los datos mínimos necesarios para la operación. Y quien hiciera algún comentario, al respecto de esa irregularidad, era tenido como un desubicado y un tonto, porque en la mentalidad general eso era plenamente admitido como parte de la cultura que imperaba en esas regiones.


Los colonos ofrecían, casi que suplicaban, que les cambiaran sus dólares por moneda colombiana ya que no les eran de utilidad. Eso podía ser un gran negocio pero preferimos no involucrarnos porque algún día eso sería tenido como un grave delito, así en ese momento todo mundo lo ignorara, aunque era ya oficialmente ilegal. Es decir, que la inteligencia si existía pero eso no inquietaba ni era de interés para nadie, ni siquiera para la inteligencia aérea.



Desde el aire nos era muy evidente la gran cantidad de círculos de foresta derribada para sembrar. Y aunque esto se comentaba en el ámbito militar, especialmente en el de la Fuerza Aérea, no se notaba ninguna intención por hacer algo. Tampoco el gobierno central, no mostraba ningún interés real de combate. Y mientras no exista el objetivo político y éste no sea un problema social, una fuerza militar está totalmente impedida para actuar por su libre albedrío, si es que es una fuerza con pleno sentido democrático.





CLAROS EN LA SELVA


En los últimos años de la década del 80 y comienzos de los 90, el combate al narcotráfico se convirtió en un objetivo político nacional. El fenómeno había crecido exageradamente y había comenzado a alimentar a los grupos insurgentes. Estos encontraron un gran tesoro para cubrir sus necesidades económicas proveyéndose de los dineros necesarios para adquirir gran cantidad de armamento y logística. Llegaron, incluso, a pasar, en estas regiones, de la fase de insurgencia clandestina a la de conformación de tropas con posibilidad de ejecutar operaciones de guerra regular. Les faltaba solo el adoctrinamiento necesario que adquirían rápidamente.

BANDOLEROS FARC

LAS DELICIAS (II)



LAS DELICIAS (II)

EL GRUPO AÉREO DEL SUR - BASEA AÉREA DE TRES ESQUINAS.

Para cuando fuimos asignados al comando del militarmente denominado Grupo Aéreo del Sur, GASUR, llamado, genéricamente, Base de Tres Esquinas, por su ubicación en la confluencia de los ríos Caquetá y Orteguaza, en la mitad de la década del 90, la situación en esa región era bastante crítica en cuanto a la seguridad de la misma Base, además de la poca posibilidad de dominio y control territorial y social. Su clasificación no llegaba ni siquiera a ser una real Base Aérea y menos un Comando de Combate. Era algo minúsculo, remonto y de muy poca importancia militar y nacional. Solo fue tenida en cuenta después del conflicto con el Perú y luego fue casi que olvidada porque esa amenaza había pasado hacia mucho tiempo.

EL CAQUETÁ CORRE DE ARRIBA ABAJO. EL ORTEGUAZA DE DERECHA A IZQUIERDA DE LA FOTO.

La unidad fue conformada desde los tiempos del conflicto con el Perú, en un plan de recuperación posbélico, más para propósitos de desarrollo fronterizo y presencia nacional, por medio de apoyo a programas de colonización, que propiamente como una Base de Combate dotada con medios para afrontar al crecido enemigo insurgente. El que aparecería muchos años después, debido al narcotráfico y que se fortaleció poderosamente en toda la región.

Los comandantes eran nombrados por períodos de dos años, ya que esta unidad se consideraba, por su aislamiento, lejanía, muy pobre infraestructura militar y logística, como una unidad de castigo. No era una política ni doctrina oficial de la FAC, y por tanto no explícita, más si era vivencial y real.

A ella, los comandantes, enviaban a los miembros de la Fuerza Aérea a quienes consideraban poco competentes, negligentes, remisos para el servicio o, más bien, indisciplinados. Era el lugar de castigo o para deshacerse de los considerados incomodos por sus ideas o suficientemente subordinados como para no protestar por esa asignación. Ese pensamiento se había convertido en el dogma corriente que predominaba en la mentalidad colectiva de la Fuerza Aérea. Con los años, terminó siendo la justificación de un prolongado y continuo relegamiento de la Base Aérea, en los planes de desarrollo FAC. Por ello no se mejoraba su infraestructura ni era abastecida adecuadamente.

Allí la vida era austera, con bastantes limitaciones en todos los sentidos, de alta amenaza insurgente por parte de las FARC y el M-19, junto con los cortos períodos de comando, que hacían imposible ejecutar proyectos de largo plazo. La máxima aspiración de quienes eran asignados al lugar, era poder terminar, a salvo y sin mayores traumas personales y profesionales, su tiempo de destierro, para salir reasignados a otras guarniciones del país más benévolas y con menores restricciones o inconvenientes.

Por esas circunstancias, el nombramiento de un comandante era visto por compañeros, superiores y subalternos, como una degradación profesional y una descalificación personal. Era casi que exponerlo a pedir el retiro del servicio y truncar su carrera militar. Evidencia de ello fue el que, en años anteriores, ya se había dado una insubordinación de toda una compañía de tropa, por las pobres circunstancias, el descuido y el modo de vida en que se le mantenía. Rebelión que no fue instigada por ningún mando sino que surgió espontáneamente desde la misma soldadesca, exasperada por las primitivas condiciones de supervivencia.

La realidad es que las cosas no habían cambiado mucho desde los tiempos del conflicto con el Perú. Tal como lo cuenta el Sargento Tobón en su libro “Sur”. Y motivo por el cual fue escogida como destierro prisión para el General expresidente Gustavo Rojas Pinilla.

LA PROCEDENCIA.

Nos desempeñábamos en el Departamento de Operaciones del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, un cargo militar del nivel central. Asignación que nos honraba sobre manera. Pero no estábamos cómodos y nos era, más bien, una mortificación.  Pudimos darnos cuenta que el comentario burlón de pasillos, sobre el famosos “Deposito de Coroneles”, no era un invento ligero de jocosas conversaciones durante las desinhibidas charlas de la oficialidad en los ratos de ocio en los casinos, sino que era una realidad contundente.

 DEPÓSTO DE CHATARRA MILITAR



Nos causaba rasquiña la burocracia militar y el ver a tanto oficial, de alto grado, matando el tiempo en tareas superfluas, con poca capacidad analítica y baja creatividad. Personas que aunque conocían la realidad nacional, la ignoraban con premeditación por conveniencia. No podían arriesgarse a ser removidos de tan cómodos cargos. Necesitaban pasar sin trascendencia y sin idoneidad para ocupar y actuar con éxito decisorio, pero también prestigioso y por ello satisfactorio, puesto.


MILITARES DESOCUPADOS


Solo se interesaban en la limpieza y el orden del recién activado Centro de Operaciones Conjuntas COC. El descuido en el empleo de la información era notorio. No se usaba para toma de decisiones importantes, sino a manera de simples y morbosos chismes. Solo la búsqueda de culpables en rangos inferiores, por motivos operacionales, era la regla general. Mientras ellos, de rangos superiores, tenían muchas culpas por motivos administrativos y de comando.

Tenían disponible toda la teoría para descalificar a otros y nunca para una autovaloración de lo que en el nivel central se hacía. Reveses operativos que en gran parte, se debían corregir de arriba hacia abajo y nunca al contrario. Para eso era que servía la autoridad, no en forma positiva sino casi que retrograda. Al menos en la parte ideológica. La misma que era de su competencia, por ser su responsabilidad el nivel estratégico y no del nivel táctico. No era claro el cómo cambiar esa preconcepción, infortunadamente, arraigada por una larga tradición y falta de evolución.

DOCTRINAS MILITARES


DOGMATISMOS
No se podía intentar nada diferente porque sería violentar anticuadas costumbres y dogmas, que ya demostraban poca aplicación. Como durante generaciones anteriores esa inercia había tenido algún éxito, predominaba el criterio de mejor malo conocido que bueno por conocer, sin importar que la razón indicase la necesidad de innovar. Eso era riesgoso y hasta temeroso, por la infalible guillotina profesional de ser decapitado si el invento no funcionaba a plena satisfacción de un superior, terriblemente severo y dispuesto a evaluar más por capricho que por justicia. De esa forma la modernización era extremadamente lenta ya que no dependía de la instantánea fuerza argumental sino del muy lento relevo generacional.

Las culpas de lo que no salía bien, a nivel Brigadas o Batallones, siempre eran debidas a la falta de idoneidad en los subalternos, donde bastantes salían muertos o heridos, en combates fallidos. Y nunca debidos a los errores por las decisiones que allí se dejaban de tomar o las que se tomaban en forma inadecuada. Precedía mucho el concepto de la perpetua infalibilidad. Sus pensamientos se reducían a análisis de asuntos casi que meramente de nivel brigada. Muy lejos de los conceptos macro estratégico, ya fuesen del campo interno nacional y más del internacional, como debían ser sus objetivos y las proyecciones de su visión.

En varias oportunidades tratamos de hacer evidencia de la situación pero esos sanos intentos chocaron con diabólicos rechazos. Con explosiva y enojosa soberbia cerraban toda posibilidad de adelantar cualquier clase de autovaloración.


 ENOJADO MILITAR
Después supimos que algunos de los compañeros de trabajo habían abogado para que nos asignaran a una región alejada, peligrosa, de las clasificadas como de “orden público” donde se pasan incomodidades y peligros. Se libraban de alguien imprudente y poco reverente que, con sus puntos de vista, les hacía pasar incomodidades con la inconveniencia de nuestras apreciaciones.

 LAS MALAS COSTUMBRES

En el momento no lo supimos. Luego se descubrió que los molestos compañeros, con sus veladas influencias, supuestamente para degradarnos a manera de castigo, habían sugerido nuestra designación. Pero, al contrario, nos habían hecho un gran bien.  Con sus intrigas nos habían ayudado a salir de la leonera que tanto nos mortificaba y en donde tan incómodo nos sentíamos, para mandarnos a la ratonera. Allí podíamos aplicar las ideas e iniciativas reprimidas que nos exprimían sobre manera. Era una oportunidad de ocasión para gozar de la libertad y la autonomía que anhelábamos para actuar bajo nuestras maduradas y arraigadas convicciones. Excepto por una ligera inquietud sobre las incomodidades que se podían causar a la familia, que tampoco eran muchas, de resto nos sentíamos más que agradados con el traslado y la nueva designación en el cargo a una unidad militar con grandes retos por lograr.

Veíamos con naturalidad, las picaronas burlas que se hacían en los corrillos y las sarcásticas conversaciones relacionadas con nuestro nombramiento. No ignorábamos los comentarios de doble sentido e ironía que suscitaba nuestro nombramiento a esa guarnición.

Incluso hasta un oficial de una misión extranjera, quien pidió a mis superiores hacernos una entrevista, para una velada valoración. Tendríamos que trabajar coordinadamente y se atrevió a hacer una burlona pregunta sobre lo que él pensó era la gran preocupación y presuntos miedos que deberíamos tener por el traslado a tan difícil guarnición. Pero preferimos mil veces ser cabeza de ratón, con deseos de enfrentar un felino, que no una simple cola de león, espantando moscas.

Vimos en la asignación una oportunidad y una fortaleza en lugar de una amenaza o una debilidad. Situación que luego aprovechamos para sacar ventajas de ocasión, como así aconteció. (Tema de otra historia) 

miércoles, 7 de agosto de 2013

LLEVADERA ES LA LABOR


Amigos cronistas:

Con motivo de ser hoy el día del Ejército, que se celebra en Medellín, y día de la Feria de las Flores, les comparto esta crónica contada por un oficial de la Fuerza Aérea Colombiana. Uno de los sucesos que a diario acontecen en nuestra nación.

No son hechos de otras partes sino de nuestra propia tierra y en nuestros días.

Cordialmente: Coronel Iván González. Oficial FAC.

 
“LLEVADERA ES LA LABOR CUANDO MUCHOS COMPARTEN LA FATIGA”



Vi el espíritu de Colombia en aquel despertar. Fue la mañana de la Feria de las Flores, de sol radiante y de ánimos primaverales. Una mañana de sábado en Medellín.

Antes de preguntar por el soldado compré un presente de frutas y flores de moda, por las festividades de ese día. En la oficina de información me dijeron que había concluido la cirugía y se recuperaba en cuidados intensivos. Eran las 09:00 cuando tomé el ascensor. Afuera se adornaban silletas, caballos y carrozas. Adentro, en el hospital Pablo Tobón Uribe, en el piso de cuidados intensivos, un paciente yacía en cama conectado a una bolsa de sangre a la yugular. Su rostro carecía de vida, con el lado izquierdo destrozado, el ojo cubierto con gasa ensangrentada. La oreja, el pómulo y la mandíbula remendados con varias suturas. Debajo de las sabanas se entreveía una respiración frágil, casi fantasmal.

La noche anterior, fuimos alertados para efectuar una evacuación aeromédica. Se trataba de un soldado del Ejército Nacional herido por un campo minado durante los combates contra los terroristas de las FARC. Bajo el fuego cruzado, su cuerpo fue recuperado por un compañero quien rasgó el uniforme e hizo un torniquete a nivel de la rodilla. Las heridas eran atroces. Expelían un olor nauseabundo, contaminadas con las heces humanas que contenía la cargada de la bomba.  El pie izquierdo colgaba de los tendones y el filo de los huesos había atravesado la piel. El ojo izquierdo era una bola de carne y girones de su rostro, cuello y brazo izquierdo, parecían escamas y lonjas rebanadas por las esquirlas.



Las primeras horas de aquella mañana habían sido fatigosas. A las 03:00, piloteando un UH-60 Black Hawk de la Fuerza Aérea Colombiana había descendiendo entre los filos de la serranía de Ayapel. Volaba con visores nocturnos junto a un helicóptero AH-60 Arpía, que disparaba sus ametralladoras para repeler el ataque antiaéreo. Descendíamos vertiginosamente para evacuar al herido. Al lograr la copa de los arboles iniciamos la aproximación final para aterrizar.  El flujo del rotor levantó tierra y pedazos de madera formaron un remolino de luces y sombras, del cual emergieron cuatro soldados con la camilla al hombro.

La recibieron el enfermero de combate y los técnicos de vuelo. La instalaron en la cabina de carga. Tan pronto salimos de aquel hueco y cerramos las puertas, el olor fétido de sus heridas inundó la cabina. Fue tan repugnante que prendí las luces internas para evaluar la situación. Era la figura de un guerrero gastado por la barbarie. Un nazareno de rostro demacrado, de ropas lavadas en sudor, sangre y barro.

Mientras volábamos, el enfermero de combate abrió el botiquín y agitó un frasco, inyecto el contenido en el brazo del paciente, quitó los vendajes sucios, examinó las heridas, evaluó el pulso y preguntó el tiempo para llegar a Medellín, le dije 50 minutos. Al fondo, detrás de las montañas, se veía el resplandor de la ciudad, eran ya las 03:40 de la mañana y la ciudad se preparaba para celebrar las mencionadas fiestas. Qué paradoja, pensaba, unos celebrando y otros luchando a pie firme, ya sea siendo heridos o teniendo que herir para sobrevivir. Los motores del helicóptero estaban a plena marcha, casi a punto de reventar. El enfermero concentrado en cambiar vendajes, medicamentos y limpiar las heridas. Noté que balbuceaba, en voz baja, alguna oración.

El ascensor llegó al piso de cuidados intensivos, las puertas se abrieron y me sorprendió un cadáver cubierto de sabanas rosadas que atravesaba el pasillo. Me di la bendición, sin querer observar demasiado tiempo aquel espectro de la muerte, pero era inevitable. Las sabanas delineaban una figura sombría y fría, que parecía olvidada. Como un objeto más en aquel piso de médicos y enfermeras que transitaban acuciosos. Al parecer era un hombre joven. Imaginé alguna madre rogando a Dios por la salud de su hijo o alguna esposa esperando con sus hijos la noticia. Valientes mujeres, que al igual que su amor, necesitan de esperanza que las alimentara. Esperanza que había terminado en esta lánguida camilla.

Me carcomía la inquietud de descubrir, bajo las sabanas, que fuese el soldado que buscaba. Eso me hizo actuar de manera extraña, acerque mi mano y descubrí el rostro de aquel cadáver.

-¿Es usted familiar?- preguntó una enfermera, que me sacó, de repente, de mi ostracismo.

No, no...  Busco un soldado que trajimos esta mañana, venía herido por una mina en el monte.

Está apunto de despertar, dijo la enfermera, al tiempo que señaló la habitación. Indiferente cubrió el rostro del cadáver y se marchó con él hasta perderse en el fondo del pasillo. Allá va la más cruenta noticia, pensé.   

Un médico escucho aquella conversación.

¿Es usted familiar del soldado?-

-No, soy el piloto de la tripulación que, en la madrugada, lo evacuó de la Serranía de Ayapel. Vine a verlo porque quiero conocerlo.

-Gracias por lo que están haciendo ustedes, casi todos los días nos llegan soldados así. Este hombre llegó medio muerto, lo trajeron a tiempo. Mire, pronto despertará. Está muy grave, ha perdido mucha sangre y tratamos de controlar una fuerte infección generada por la contaminación de las heridas con excremento. Su pronóstico es reservado. Amputamos su pie izquierdo y aún no sabemos si pierde el ojo. Aún no ha despertado, si lo hace, no le dé la noticia, déjeme hablar primero con él.



 

Al entrar en la habitación lo encontré inconsciente y conectado a varios monitores que vigilaban los signos vitales. La atmósfera de la habitación era tan densa que sentí que pesaba sobre mis hombros. Reinaba un silencio glacial, como de tumba. Su rostro, era el de un modesto pescador. Las heridas ya se veían limpias y el muñón, envuelto en gasas, sobresalía en las sábanas. Uno de sus dedos hizo un movimiento brusco y el monitor empezó a pitar. Al instante abrió la mano izquierda y súbitamente, con un impulso tembloroso y torpe, levanto el brazo derecho para quitarse las conexiones que lo mantenían vivo. El médico se abalanzó y dio instrucciones para que le ayudara. Entró una enfermera corriendo.

Sus fuerzas fueron debilitándose hasta que logró la calma. Su mirada divagó por la habitación. Un médico, una enfermera, un hombre extraño, monitores, agujas y esparadrapos lo rodeaban. De pronto comprendió la situación. Su ojo derecho penetro la mirada del médico y éste con aire de dolor interior, tomó su hombro para hablarle.



 

Soldado, gracias. Gracias por lo que ha hecho por Colombia.  Ayer usted pasó por un campo minado y sufrió heridas. Uno de sus pies llegó muy arruinado y no pudimos recuperarlo.

El soldado apretó los ojos y los labios. Una lágrima rodó por su rostro. Hubo un silencio que traspasó los muros e invadió el piso entero.

¿Y mis compañeros doctor? ¿Cómo están ellos?

Ellos están bien- esta vez respondí yo; no hubo más heridos.

Se dibujó una alegría lejana en sus ojos, ¡viva mi Ejército Nacional! Vamos a ganar ¿cierto? Ese es mi Ejército. Y cayó en un llanto incontenible.  Sentí como si algo se me hubiese roto en el alma.

Después se calmó y quedamos callados largo rato. Había visto el espíritu de Colombia en aquel rostro deshecho, en aquel cuerpo debilitado, pero fortalecido espiritualmente. La de aquel soldado humilde, convencido de que su sacrificio es vital para el futuro de la nación y la paz de los colombianos.

El valor de este soldado no era falso, era virtuoso. Un héroe que ha escapado de las hipocresías. La Fuerza Aérea había salvado la vida de un valiente, símbolo del heroísmo de los soldados colombianos. Los que hacen posible la calma en las calles y parques de la ciudad, que celebraría con alborozo, la fiesta primaveral, mientras, el yacía en la cama del hospital y otros compañeros, bajo las frías lapidas de los panteones.

Camino a Rionegro, donde está mi Base Aérea, sentía como si no hubiese pronunciado una sola palabra en toda mi vida. O que no podría hablar con nadie, en ese momento, por la atracción de lo que me era más importante en ese momento, lo que era el objeto de mis pensamientos más profundos. Agudizaba mis oídos. Contenía los latidos del corazón para no perder un solo detalle de aquel encuentro trascurrido mientras la ciudad despertaba a las alegrías de las celebraciones.

MY. Ricardo Andrés Torres Suarez. Oficial FAC.