AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 3 de julio de 2019

EL PRESIDENTE QUE NO ME GUSTÓ


EL PRESIDENTE QUE NO ME GUSTÓ
El diploma

A pesar de nuestras inconformidades con la forma de ejercer la autoridad, los dogmas de la disciplina militar, además de desacuerdos con el pénsum académico y la calidad pedagógica, en la Escuela Militar de Aviación, como ya lo hemos contado en otra crónica, llegó el momento de la graduación para el mes de diciembre de 1976.

Es una ceremonia muy vistosa. Se le da mucho realce en el campo militar. De tal manera que el invitado principal siempre es el señor Presidente de la República. Es quien hace entrega de los diplomas a los graduados a los futuros profesionales militares. Razón por la cual siempre hace una gira a las tres escuelas de formación de las Fuerzas Militares y a la escuela de la Policía Nacional.

Para todos los que se gradúan y sus familias, este es un reconocimiento y un gran honor. Cuando supimos que el presidente que nos haría ese reconocimiento era el Alfonso López Miquelsen, no consideramos el acto tan maravilloso.

Aunque estábamos muy jóvenes, habíamos tenido conocimiento, por tradición verbal familiar con los abuelos, de que su padre, Alfonso Lopez Pumarejo,  en su primer periodo (34-38), era un liberal puro Los viejos querían adoctrinarnos para que fuésemos de los de la línea del Liberalismo puro y no la de su segundo periodo donde comenzaban a simpatizar con la línea comunista. Los que, años después, se llamaron Liberales Limpios y los otros Liberales Sucios. O también llamados Liberales Legales y Liberales Comunes. O simplemente Legales y Comunes. Conducta que, después, terminó llevando al parido liberal a dejarse infiltrar de ideas comunistas y a simpatizar con esa ideología extranjera importada. Que más tarde se introdujo al Movimiento Revolucionario Liberal de su hijo López M. El MRL de donde surgieron los dirigentes guerrilleros de otros grupos terroristas. Tema que aclaráramos más adelante.  Volvamos al tiempo anterior.

Se supone que como para la época de López P. la ideología comunista era la de moda en muchas partes del mundo y como el Partido Liberal, era menos fuerte que el Partido Conservador, necesitaba alianzas. La única posible era la de los Comunistas. Que ya había abordado y conquistado los movimientos obreros y el sindicalismo. Empezando su demostración hecha con la Huelga de las Bananeras (1928). Alianza que también les era necesaria a los comunistas que aspiraba dominar al Partido Liberal, por ser objetivo dictado desde Moscú en su aspiración de contagiar y conquistar el mundo.

Y para los años 1946 al 1953, aunque en forma indirecta, también el partido liberal había respaldado la insurgencia de las guerrillas de los Llanos Orientales. Que aspiraban derrocar la hegemonía conservadora materializada con Ospina Perez y Laureano Gómez. Aunque en forma muy sutil y periférica para no comprometerse demasiado. De tal manera que al partido liberal le quedara fácil salirse de algún problema grave o de confrontación beligerante con el gobierno conservador de Mariano Ospina Perez. Quien había desbancado la hegemonía liberal que gobernó entre 1930 a 1946. E iniciaba una nueva hegemonía conservadora.

Lopez M. siendo hijo de Lopez P. estaba familiarizado con el mundo de la política. Sus ventajas y desventajas. Además de su deseo de mandar. Pues ha sido tradición familiar de apellido, de elites privilegiadas y delfines cachacos, el ejercer el gobierno por delegación o casi sucesión. Por eso resultó involucrado Lopez M. en dudosas actuaciones en el caso de la aprehensión y expropiación a los alemanes realizadas en la década de 1940 con motivo de la segunda guerra mundial. Durante del gobierno del liberal Eduardo Santos. Donde López M. actuó en el famoso caso de la “Trilladora Tolima”. Además las extrañas actuaciones que lo vinculaba con la muerte del reconocido boxeador “Mamatoco”.

Posteriormente, para 1960, fue el político que más se opuso al pensamiento del Frente Nacional. Pacto con el cual los dos partidos, mayoritarios y tradicionales, conservadores y liberales, habían acordado una fórmula de alternarse la presidencia con el fin de acabar con la brutal y muy sanguinaria “Violencia Política”.

La que causó miles de muertes y muchos sufrimientos. Así como el atraso económico y social a toda la nación. Si este pacto no se hubiese hecho habría continuado la denominada “Época del Terror” o “El Tiempo Malo”. Cuando, casi todo el pueblo colombiano, especialmente en el campo, divididos entre liberales y conservadores, se armaron para atacarse mutuamente y despedazarse sin ninguna consideración humana.

Pero López M. no aceptó el pacto del Frente Nacional porque, para él, violaba la constitución y por eso creo su propio movimiento, como disidencia del Partido Liberal. Denominándolo “Movimiento Revolucionario Liberal”, MRL. Sus pensamientos y actitudes rebeldes, en parte aprendidas de su padre, con influencias comunistas, derivaron en euforia bastante revolucionaria, con nivel de beligerancia casi que armada y violenta.

Como esta tendencia no progresó en sus filas, en parte por el miedo colectivo de regresar al Tiempo Malo, entonces algunos de sus seguidores decidieron apartarse de su movimiento. Ellos fueron los líderes que, posteriormente, crearon el peligroso y muy terrorista movimiento “Ejército de Liberación Nacional”, ELN, surgido del MRL. Este movimiento fue adoctrinado por el comunismo de línea rusa, europaoriental y cubana. Llamada “Línea Moscú”. Grupo que aún existe.

Otros disidentes del MRL crearon el grupo denominado “Ejército Popular de Liberación”, EPL. Que aunque no tuvo un impacto de nivel nacional, en cuanto a su capacidad de exaltar el pensamiento colectivo nacional, si causó mucho daño y crímenes. Especialmente en las regiones del departamento de Córdoba, norte de Antioquia, Urabá y otras áreas de menor influencia nacional. Adoctrinados por el comunismo Chino. Denominada Línea Maoísta.
Éste grupo posteriormente se acogió a una amnistía y cesó todos sus actuaciones criminales.

Los del ELN si continuaron en su accionar delictivo. Después, algunos de ellos se unieron con otros exaltados revolucionarios de las FARC, para crear el también muy peligroso movimiento criminan, el M 19. Este último grupo se asoció a la línea política del partido Anapo. Fundado por el Expresidente General Gustavo Rojas Pinilla.

Otro antecedente de Lopez M. fue la fraudulenta campaña con la que llegó a la presidencia. Era bien sabido que había lanzado su candidatura en la convención liberal nacional de su partido, realizada en Medellín. Este acto llevado a cabo, en forma poco tradicional, en una capital de provincia y no en la nacional, tenía dos propósitos. Conquistar el máximo posible del electorado liberal en el departamento de Antioquia.

Que aunque este departamento no ha sido tradicionalmente mayoritario en liberales, pues sus costumbres han sido más de ideología conservadora. Región muy influenciada por el gran poder de adoctrinamiento que ejercía la Iglesia católica, como las homilías y las cartas pastorales de Monseñor Builes, obispo de Santa Bárbara, con las que ejerció mucho impacto en la beligerancia ideológica contra la ideología liberal. Influencia que desde hacía muchos años se venía promoviendo. Pues en esa beligerancia fue donde surgió el famoso caudillo liberal Rafael Uribe Uribe. Protagonista de primer orden en la impactante Guerra de los Mil días. Entre los últimos años del siglo XIX y comienzos del siglo XX.

Sin embargo, el propósito de Lopez M. con su convención paisa, no era el objetivo principal. Ya era bien sabida la capacidad de las mafias del narcotráfico. Por su descomunal nivel económico dentro de la población local y que estaban expandiendo su influencia a nivel nacional. Su jefe de campaña, Ernesto Samper, conferenció con los poderosos mafiosos para que contribuyeran a la financiación de la costosa campaña.

Para ello se reunió en secreto en el Hotel Intercontinental de Medellín con los cabecillas de las familias que sobresalían dentro de la sociedad élite antioqueña. Éstos a su vez tenían interés que llegase a la presidencia un personaje que mostrara, al menos, las más ligeras inclinaciones a favorecer sus exuberantes negocios. Puesto que ya se daban cuenta que su riqueza dependía en gran parte la influencia que consiguieran en las políticas del gobierno central de la nación.

Por esa razón su presidente de campaña, Ernesto Samper, recibió, quizás, las primeras y más grandes contribuciones de los capos del narcotráfico. Años después esta figura la repitió en la ciudad de Cali con los hermanos Rodríguez Orejuela. Ya para la campaña de la aspiración presidencial del mismo Ernesto Samper. Quien tenía adelantados algunos contactos con ellos en España donde fue embajador.
Entonces, para el año de nuestra graduación, diciembre de 1976, todos estos actos eran antecedentes del presidente López M.

Pero como no era posible ser evidente, todo lo debíamos callar. A menos de sufrir una grave retaliación. O perder los muchos esfuerzos hechos para llegar a esa distinción. La de ser un oficial de la Fuerza Aérea. Y por ello recibimos el diploma sin ninguna demostración de rechazo pero tampoco de euforia y satisfacción.
Después del acto nos sentíamos más encartados con el documento que propiamente complacidos. También nos entraban dudas de si debíamos perderlo o destruirlo. Pues, al fin y al cabo también debíamos aceptar que no era una graduación como cualquier otra sino que era un acto inevitablemente especial.

Entonces decidimos salir para el aeropuerto con el documento en la mano. Pues pensamos regalárselo a la familia como un reconociendo al esfuerzo que habían hecho en favor de nuestra preparación académica y cultural. O por si tuviesen algún interés de tipo particular o de satisfacción. Porque de histórico no era nada.

Ya dentro del avión, un Electra tetramotor de la empresa SAM, lo pusimos en el bolsillo del asiento que teníamos al frente. Terminado el vuelo, en el aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, olvidamos que habíamos dejado el mencionado pergamino en ese lugar y no volvimos a saber más de él ni lo recordamos.

Saltando unos siete años después, para rematar la historia del diploma, no desempeñábamos en una dependencia del Comando Aéreo de Transporte Militar. Un día nuestro superior nos preguntó si teníamos el diploma de graduación de oficiales. Nos extrañó pues normalmente ese documento no se utilizaba para nada. Creímos que nos lo iba pedir para alguna diligencia oficial. Le contestamos que creíamos que si lo teníamos pero que no estábamos seguros. Pero que si lo necesitaba lo buscaríamos.

Entonces nos dijo que una persona había llamado para decir que tenía en su poder nuestro diploma y que lo podíamos ir a reclamar. Parece que era un empleado de la compañía SAM del servicio de limpieza de aeronaves. En su rutina lo había encontrado y lo guardó. Así acordamos que iríamos a recibirlo pero la verdad era que teníamos poco interés y, nuevamente, olvidamos el asunto. No hicimos la diligencia. De ahí en adelante se perdió el documento. Al fin y al cabo no era indispensable para desempeñarnos como militares.

Regresando a lo acontecido. Después de la graduación, a los pocos meses, el 14 de septiembre de 1977 se presentó un fuerte Paro Cívico Nacional en protesta por las medidas antipopulares del gobierno de López M. En esa jornada, durante la cual murieron unos pocos civiles y bastantes trabajadores fueron heridos dentro de las refriegas contra la fuerza pública. Todos entre ellos mismos por su forma indiscriminada de lanzar piedras y sin ningún orden ni plan preestablecido. Fue necesario que López M. impusiera el toque de queda.

Para esa fecha no desempeñábamos como oficiales en el Cuerpo de Infantería de Aviación. A pesar de que éramos de la especialidad de pilotaje. Por eso teníamos muy pocos conocimientos en cuanto al manejo y administración de la infantería. La necesidad institucional, por mejorar la infantería de aviación en la Fuerza Aérea, hizo que nos ordenaran a varios pilotos trabajar en esa especialidad. La Fuerza Aérea pidió una comisión de oficiales del arma de infantería del Ejército Nacional para que mejorara el entrenamiento de las tropas y capacitara a los oficiales, que no éramos competentes en el arte.

Las circunstancias hicieron que, aun siendo novatos y bastante empíricos, nos ordenaran actuar como si fuésemos militares veteranos en esas lides. Incluso no solo como oficiales de infantería corriente sino que, en forma muy rápida, nos dieron instrucciones sobre algunas técnicas de Policía Militar. Así, tan precariamente capacitados, nos asignaron todo el municipio de Fontibón para controlar el orden público durante la gigantesca manifestación.

AGITADORES

El municipio ya había dado muestras de ser un bastión de grupos insurgentes. Población adoctrinada en asuntos comunistas revolucionarios violentos y era el foco más exaltado de las protestas en toda la ciudad capital. Nuestro área específica, dentro de un amplia sectorización de toda la ciudad, era una franja urbana comprendida entre la avenida 26, o avenida El Dorado, y el parque central del municipio. Con un ancho aproximado de seis cuadras a cada lado de la vía central. La que conduce del parque a la autopista del aeropuerto.

Llevábamos varios turnos de patrullaje de este sector cuando se dieron las multitudinarias manifestaciones del 14 de septiembre. Las que llenaron de gente toda la franja del tramo de la vía férrea entre la Estación Fontibón hasta el sector denominado “los moteles”. Que es la salida para el municipio de Mosquera.

Por supuesto que nuestra novatada, junto a nuestra inexperiencia y ante la magnitud de este fenómeno social, nos sentimos bastante abrumados. Pero pudimos mantener la calma.
Aunque hubo momentos en que la exaltación de la masa humana parecía casi que a punto de arrasarnos. Muy próximos a tener que ordenar abrir fuego. Y sabíamos que, desafortunadamente, era contra personas desarmadas, pero que nos tenían acorralados. Y que faltaba muy poco para que pereciese nuestra integridad personal. Afortunadamente no sucedió tal hecho. Ya para las horas de la tarde los núcleos humanos se fueron disolviendo.

MULTITUD

Casi a la medianoche, fuimos relevados y pudimos pasar a un descanso. Que fue de pocas horas. No había amanecido cuando, en forma brusca, nos llamaron nuevamente a regresar a las filas porque había sucedido algo grave e inesperado.

En otro sector, aledaño al nuestro, dos oficiales compañeros, terminando las horas de la tarde, hacían un recorrido por una de las calles de su área asignada. Cuando, repentinamente, desde una terraza alta les hicieron unos disparos que, afortunadamente, no causaron daño a ninguno de nuestros soldados. Pero sus tropas, por puro reflejo instintivo defensivo, abrieron fuego contra el sector de donde provenían los disparos. Ellos ingresaron por un callejón bastante peligroso, por lo cerrado y por la poca iluminación que disponía, para tratar de apresar a los atacantes.

Estando en esa maniobra, algunos habitantes salieron a protestar airadamente porque la acción defensiva de las tropas, según ellos, había causado la muerte a una niña y herido a dos personas. Uno de los heridos era la mamá de la joven y otra persona más. La situación se puso muy grave. Era casi seguro que podría, nuevamente, reagruparse la multitud con el fin de ir contra ellos a cobrar lo que consideraban una actitud de violencia exagerada.
Una agresión contra una manifestación que, para ellos, era pacífica. Menos mal que los agresivos agitadores no aparecieron. Ya estaba bastante agotados de lanzar ofensivas consignas y epítetos contra el gobierno y nosotros, las Fuerzas Armadas. La mayoría del público se había retirado y no lograron reunir suficiente población para tal propósito.

Esa fue la razón por la cual nos llamaron nuevamente al amanecer para que relevar a las tropas que habían pasado por esta situación de tanta tención sicológico. Y, lamentablemente, con consecuencias físicas graves para las tres personas.
Aunque quedaba la duda que los heridos y la niña fallecida hubiera sido por parte de la reacción de las tropas. Algunos detalles sutiles indicaban que era muy factible que los terroristas, adoctrinados por la violenta ideología comunista, hubiesen ejecutado tal acción. Con el fin de convertirlos en héroes y mártires para mantener el espíritu revolucionario del pueblo contra el gobierno de turno.

Sin haber recuperado las suficientes fuerzas y tomado el necesario descanso, acudimos a relevar a nuestros compañeros. Desde ese amanecer hasta las horas de la tarde, estuvimos en constante patrullaje y control del orden público.

Puesto que las honras fúnebres reunieron, nuevamente, una gran cantidad de gente. La que, después de los servicios religiosos, se dirigió al cementerio para la exhumación. Allí fueron arengados familiares y muchos acompañantes por los agitadores exaltando, otra vez, los ánimos. Con el inconveniente que, cuando la procesión regresara del campo santo, pasarían por nuestro sector. El punto más crítico era en la carrilera y alrededor de la Estación Fontibón.

Allí se encontraba apostada una de nuestras escuadras, al mando de un suboficial con el grado de Cabo. Que no era precisamente el más veterano porque apenas disponía de su primer grado. Ante tal debilidad y la magnitud de la amenaza, le dimos las mejores instrucciones posibles de cómo comportarse.

 DESTRUCCIÓN

Consistían en que mantuviese, como primera medida, la mayor calma. Segundo, que no retrocediera. Por nada entrara en retirada y, mucho menos, en desbandada, si fuese agredido. Que, en forma secuencial, ordenase las formaciones propias de cuerpos de Policía Militar para control de multitudes. Tales como la línea de frente. En cuña. Diagonales, por la izquierda o la derecha, según lo demandara la situación y fuera lo más favorable.

Si eso no resultaba efectivo, ordenara calar bayonetas demostrando la determinación de adelantar una carga propia de infantería ligera. Todo sería ordenado según puntos de referencia acordados para establecer las distancias del objetivo y según la velocidad de la carga opuesta. Debido al perfil de la amenaza y como fuerza militar, tuvimos que pensar en un combate contra un enemigo armado con intención letal. No nos era dado actuar como organización policial pues de eso no teníamos ni idea de cómo se manejaba. Aunque sabíamos que eran nuestros propios compatriotas. Pero que era factible que no tuviésemos ninguna otra oportunidad. Pues era evidente que habían sido mentalmente adoctrinados y fanatizados en los principios de las revoluciones comunistas, cuyos dogmas son los de la violencia irracional.

Luego, si todo era infructuoso, ordenara rodilla en tierra. Apuntar y por último, después de todas estas demostraciones de voluntad en defenderse, desgraciadamente, ordenar disparar. Pero antes de este último paso tan letal, y ya por fuera de procedimiento estándar, habíamos acordado que el comandante de la escuadra efectuara un único disparo al aire. Que sus hombres no accionaran las armas sino solo y únicamente por orden, de viva voz, del comandante de la escuadra.

Teníamos que tener la confianza que había adoctrinado a sus hombres lo suficiente como para que solo actuaran bajo su orden y no bajo efecto de la emoción y el miedo contenido. Para algo nos debía servir la serenidad que nos habían enseñado en la instrucción de vuelo como pilotos en casos d máxima exigencia.

Ese único disparo al aire, como no teníamos medios técnicos de comunicación, era para alertarnos pidiendo refuerzo, pues estábamos a unas cuadras de distancia. Donde habíamos instalado el puesto de mando de nuestro sector y manteníamos contacto con las demás escuadras bajo nuestra responsabilidad. El disparo era un aviso de situación muy crítica para que acudiésemos, por distintas direcciones, a reforzarlo haciendo un movimiento envolvente. De esa forma tratar de disuadir las intenciones de choque de la multitud. Por supuesto que sabíamos, sin haberlo mencionado, que una serie de disparos ya indicaba que había tenido que ordenar abrir fuego indiscriminado por ser un asunto de supervivencia.

Exactamente como habíamos dado las instrucciones, el Cabo, cuando vio regresar a la gente en forma altanera y con intenciones de arrollarlo físicamente, aunque no era evidente que estuviesen dotados de armas de alto poder, pero podrían tener ocultas algunas armas de fuego, ligeras de tipo defensa personal, y que algunos habían tomado piedras y palos, comenzó la secuencia establecida.
Para su fortuna y la nuestra, tan sólo debió llegar al paso donde ordenó calar bayonetas. Lo hizo con tal energía y determinación que las tropas obedecieron en forma precisa y rápida, haciendo una demostración muy clara de su disposición al combate.

Eso hizo que la multitud, inmediatamente, rompiera la masa desviándose por las calles laterales donde se encontraba la escuadra. Más en actitud de huida y hasta de casi estampida. Disolviéndose la gritería y las demostraciones de agresión.
Los hombres de su escuadra se mantuvieron firmes y esperaron que se fuese disolviendo, como así aconteció. No necesitaron hacer ninguna demostración adicional y la gente no regresó para un nuevo intento de ataque.

Después fuimos a darle nuestro respaldo y relevarlo de su posición, que nunca abandonó. Un suboficial de baja graduación, con unos pocos hombres reclutas, pues no eran tropas veteranas, pero muy conscientes y confiados en su comandante, fueron capaces de dominar la situación. Sin necesidad de llegar al acción de fuego letal. Solo a puro efecto psicológico.

Demostrando disciplina, precisión, obediencia y espíritu solidario. Actuando como una máquina de combate perfectamente funcional y poderosa. Con unificación de esfuerzos, casi que de falange romana. Aunque solo eran dos escuadras reforzadas. Doce hombres cada una. Habían pasado por una situación extremadamente comprometedora poniendo a prueba su resistencia mental y física.

Regresando al factor político. Posteriormente a los hechos de Fontibón, el Ejército Nacional acorraló y tenía casi diezmado al ELN en la serranía de San Lucas, la promocionada operación Anorí. Estando ya casi a punto de dar de baja al pequeño reducto, que logró sobrevivir después de perder a los jefes importantes, hermanos del máximo cabecilla Fabio Vásquez Castaño, fue informado el presidente López M. de la situación. Entonces, le ordenó al comandante del Ejército que no los rematara. Que él lograría la entrega bajo un acuerdo político para evitar el derramamiento de sangre.

El Ejército Nacional, por su sensibilidad cristiana, de consideración humana y la obediencia plena a su superior jerárquico, no sólo se condolió de los ya casi vencidos, sino que hasta aceptó las muchas muertes de sus heroicos soldados. Los  que habían dado la vida persiguiendo a estos criminales cuadrilleros.
Acató la orden dada por el Presidente López M. Quien no sólo suspendió la ofensiva sino que ordenó, al mismo Ejército, suministrarles alimentos, medicinas y vestuario. Exigencias que hizo el grupo bandolero al mandatario político como demostración, supuestamente, de buena voluntad para entrar en negociaciones.

El comandante del Ejército sabía perfectamente que ese sería otro de los muchos engaños que acostumbran los terroristas, adoctrinados en la ideología comunista de usar todas las armas de lucha. Y tácticas de combate y estrategias de confrontación. Pues nunca han cumplido ningún acuerdo.
Así aconteció. Cuando el presidente fue a iniciar las conversaciones estos ya se habían escapado del difícil cerco. Aprovechando la tregua que él les había concedido. Concesión que les dio debido a las simpatías mutuas del pasado cuando, como él lo sabía, muchos de los cabecillas del ELN habían surgido de su MRL. De esa forma la agonía eterna continuó.

Quizás sintió lástima porque su conciencia le acusaba de que si el ELN estaba en posición de agresión armada, era debido al adoctrinamiento y a la orientación ideológica que les había dado en su movimiento político MRL. O algo de residual simpatía sentía por ellos. A pesar de estar en contra de su gobierno. No lo sabremos porque no fue capaz de aclararlo en su libro “Palabras Pendientes”. Pero los hechos son más que motivo razonable para llegar a esas deducciones.

Nada consiguió el ingenuo mandatario. El pequeño reducto, que se escapó, fue a parar a una rica región petrolera y ganadera como lo es el departamento de Arauca. Región donde se recuperó y reanudó. Donde aún no termina la acción terrorista y criminal. Causando inmensos daños económicos a la infraestructura petrolera, a la productividad ganadera y al progreso nacional. Todo por una ingenuidad política basada en su culpa. El error político del pasado de un presidente que no supo valorar ni los sacrificios de sus tropas ni la confiabilidad de sus partidarios ni el más alto nivel del interés nacional.

En Fontibón siempre pensábamos que estábamos protegiendo la autoridad de un presidente que, él mismo, era uno de los que habían incitado los sentimientos de altanería, desobediencia y desacato a las autoridades legítimas con sus ideologías revolucionarias. Un líder que había adoctrinado a sus seguidores para desconocer el buen Pacto del Frente Nacional. Acuerdo que solo buscaba la pacificación y la tranquilidad del país.

Siendo, tanto él mismo, víctima de su propio invento y el causante del Paro Nacional, éramos los militares los que teníamos que enfrentar la situación. Nuevamente  éramos las víctimas de la pobre destreza para gobernar políticamente y dirigir la guerra. Que aunque disentíamos de su autoridad moral para exigirnos mantener el orden social, no teníamos otra alternativa que apoyarlo. Porque así había sido la voluntad de la mayoría del pueblo cuando lo escogió para Presidente. Sabíamos que el mismo pueblo se había equivocado, como años después se volvió a equivocar con Belisario Betancur, Andrés Pastrana y Juan Manuel Santos. Presidentes que creyeron erradamente que la guerra se gana con inútiles diálogos y concesiones indulgentes que son se merece un enemigo bárbaro y letal. Pero a las Fuerza Armadas le toca escoger entre dos males, el menos peor. Ese es su duro y doloroso destino.

Entonces tuvimos razón cuando pensamos que no era, ni seria, ninguna  distinción, personal ni tampoco profesional, recibir el diploma de graduación que nos entregaba el Señor Lopez M.

Por esa razón no extrañamos ni extrañaremos en nada nuestro diploma. Mejor los hechos y las verdades reales. Antes que las vanidades que se pueden colgar en la pared pero sin capacidad de acción y ejecución. Que, es muy probable, que sea hasta sin méritos para lucirlas.


Pos Data: En Colombia aun estamos en los tiempos donde el buen gobernante no es quien alcanza los máximos aciertos sino el que consigue los mínimos desaciertos. Y los mandatarios que creen que la mejor manera de lograr ese fin es no hacer nada, para no errar. Siendo ese el mayor error.
Eso por la pésima cultura sobre el manejo de conflictos bélicos de baja intensidad de los mandatarios políticos. O por su ignorancia en técnicas de negociación. Razón por la cual muchos miembros de las Fuerzas Armadas han llegado a creer que la misma insurgencia tiene apoyo político de alto nivel y gubernamental. Ya sea por razones de simpatía ideológica, temor de ser descubiertos sus errores doctrinarios o hasta miedo de ser víctimas de sus mismos seguidores que se les descarriaron por su pésimo liderazgo.
Pero que, finalmente, quien ha terminado sostenido a la nación han sido sus Fuerzas Armadas, ante la incapacidad política de mantener estable el país durante doscientos años de continuo conflicto irracional.

domingo, 16 de junio de 2019

INTRODUCCIÓN RELATOS


INTRODUCCIÓN A RELATOS

Las intimas relaciones entre los diversos hechos profesionales, entre ellos mismos y con nuestra vida particular y de nuestra más profunda mentalidad, nos han hecho ver la necesidad de dar constancia de ellos. Hemos estado aplazando esa decisión porque de no hacerlo será casi que imposible comprender las razones de nuestros comportamientos. Que con frecuencia parecían anacrónicos, descabellados y hasta irracionales.

Porque no se encuentra relación ni justificación alguna para que dejáramos que esos hechos acontecieran espontáneamente. Y/o hasta los propiciáramos sin que nadie lo supiese. En el primer caso, porque ellos solos progresaban en la dirección que queríamos. En la segunda, porque podíamos direccionar o provocar para que avanzaran al fin que buscábamos.

Al ser plasmados en estas crónicas y sabidos por los actores que en ellas participaron, ya muchos comprenderán la razón de lo que, para esos actores, era nuestra extraña actitud, bastante enigmática en su momento. Mas, para nosotros perfectamente clara. Dejándolos, incluso, pensar, tanto antes como ahora, que lo contado es producto de actitud mitómana.

Aunque quienes los presenciaron podrán decir, con total fundamento, si lo acontecido fue real, cuanta relación tienen con la realidad o si lo contado es, en parte imaginación o novela. O, incluso, ambas cosas y en qué proporción.

Dejamos al libre albedrío lo que se quiera pensar o decir al respecto de lo narrado. Pues, al fin y al cabo, uno de los fundamentos más dogmáticos de nuestra profesión es la cuidar, con toda determinación, la sagrada libertad de pensar, expresar y actuar de los ciudadanos. Con tanto celo que hasta los que desacuerden o estén en contra podrán negar, pero sin lograr desmentir. Y hasta calumniar haciendo mal uso de esa misma libertad. Será la conciencia colectiva y social, la llamada Voz del Pueblo, quien diga quien tiene toda o la mayoría razón. Ya que ella es el perfecto, acertado e infalible juez humano.

Narraciones sin ser historia. Como no somos historiadores ni pretendemos serlo, no buscamos ni tenemos la obligación de convertir los testimonios en un referencial fiel de los sucesos. Por ello, aunque los hechos son reales, las apreciaciones son puramente personales. Así tenga o parezca lo real, tener mucha relación con lo contado.

Hay que aceptar que algunos de estos sucesos fueron ideados y ejecutados para nivelar los efectos adversos contra nosotros por diversas razones. Que no es necesario buscar los fundamentos del porqué ni que pretendían. Pues serán ellos, los mismos sucesos, quienes aclaren por qué actuaban a su manera.

Contra ellos actuamos usando el criterio de iguales y proporcionales efectos en la compensación. Sin que ellos se percataran de que estaban pagando su imprudencia o agresión injustificada. Aunque si nos daban satisfacción completa a la deuda contraída con nosotros. Provocando que ellos se hiciesen víctimas de sus propias invenciones y descalificaciones.

Razón por la cual les era raro y poco común que les soportásemos su hostilidad. Atropello que hacían de manera burlona. Y respondíamos haciendo demostración de inmensa tolerancia, humildad y alarde de gran debilidad de carácter o falta de autoestima. Hasta el punto que nosotros mismo nos reímos, con ellos, de sus fabricados burlas en contra nuestra.

Así ellos creían que aceptábamos y confirmábamos. Los hacíamos sentir con derecho y estimulados a continuar en su altanero comportamiento para profundizaran en los deméritos. Y que éramos tontos por aceptar y que no guardaríamos ningún sentimiento. Aunque, realmente, estábamos era buscando eliminar las prevenciones. Como se dice en los cuarteles “bajar la guardia”, a manera de retirada táctica. Dando la impresión de falta de fortaleza y debilidad ante la amenaza. Cuando, lo pensado, era para llevarlos al momento y la posición de oportunidad más favorables.

La mayoría de ellos no actuaron con plena claridad de lo inapropiado de sus actos ni con intencionalidad ni premeditación y menos por perversión. Muchos solo actuaron por el instinto natural inconsciente del matoneo, la competencia o los celos propios de la naturaleza humana entre las personas. Pero que, por ello, no dejan de ser actos reales ni hostilidad sicológica.

Que en el campo  militar llega, algunas veces, a ser física. De considerable abuso retrogrado en el uso de la autoridad, la jerarquía y la posición dominante con los subalternos. O el de algunos compañeros que se consideran con el derecho de convertirse en dominantes altaneros de sus colegas. Y menos que, por todo eso, se atenúen o deshagan o desjustifiquen las culpas. Dándonos el derecho, posterior y legítimo, de ser resarcido.  Porque sin tener justificación era injustificado e imposible responder.

Creemos que nadie ni nosotros podemos explicar ni comprender como funcionan muchas cosas en la vida íntima, secreta y paralela de algunas personas. Personas, como nosotros, que hemos estado en condiciones, inexplicablemente, privilegiadas por haber vivido situaciones poco corrientes en el cotidiano transcurrir de la mayoría. Circunstancias que no surgen de la simple casualidad sino de la correlación inevitable del principio causa/efecto. Por no haber sido actores ofensivos sino defensivos. No haber sido la acción sino la reacción.

La mayoría de los hechos han estado, por fuera de nuestra la voluntad. Han actuado como si fuese un sino inevitable que no hemos podido esquivar y que nos ha sido impuesta por la circunstancias. Aunque, de todas formas, no creemos en la predestinación puesto que siempre hemos pensado que los actos siempre tienen sus motivos de acontecer y sus respectivas consecuencias. Lo que llamaríamos, el destino natural. Si ese acto se puede evitar, el destino es definible o modificable. Y como el futuro, en su mayoría, es previsible o direccionable, la predestinación no existe. Ellos son, simplemente, el resultado de lo que en el presente hacemos. Todos moldeamos nuestro propio futuro.

Es más, cuando nos hemos opuesto con vehemencia al deseo de compañeros, en especial, subalternos, por caridad cristiana y sensibilidad humana a que las cosa no sean como algunos colegas intentan que sean, hemos corrido riesgos tan altos como los mismos que corrieron los actores de los sucesos y que son motivo de estos recuentos. En escasas oportunidades nos ha sido admitida una ligera desviación del fin que sus motivadores pretendían, pero nunca suprimirlas completamente. El resto hemos tenido que dejar que sigan su curso insuperable.

Compañeros que, debido a un trato considerado con sus necesidades y sufrimientos, después de haber sido muy injustamente tratados y atropellados, crearon una estima por nosotros que, podríamos decir, nos llegaron reverenciar como a un rey o prácticamente, a adorar como a Dios. Sentimientos que aún perduran después de los años. Dispuestos a complacernos o demostrar su cariño en todo, según nos lo han dicho y demostrado en varias ocasiones. Todo lo contrario al descomunal y, algunas veces letal odio que las tropas también sienten y hacen cuando las abusan. Y que no es necesario especificar.

No podremos entrar en los detalles, lo cual dejará un gran margen de incertidumbres y nubosidades, que son inevitables. De todas formas serán suficientes para que los que han sabido de estos acontecimientos podrán usar la narración para correlacionar con sus propias evidencias. Así no puedan lograr toda la claridad para aceptarlas como verdades completas.

Nosotros solo aportamos los sucesos generales y dejamos a los demás, lo que puedan agregar en favor o en contra. Sabemos que de esa forma se suscitan otras interpretaciones favorables, diferentes o contrarias. Las que no nos limitarán para plasmar los testimonios tal como los hemos vivido.

Evitamos, conscientemente, mencionar nombres propios porque el objetivo no es personalizar, que es algo mezquino y de forma, sino que iremos al fondo donde está el valor que le permite a los demás el repetir o evitar los hechos a futuro como cada cual quiera. Claro que para los acuciosos, que quieran investigar, pueden usar la información para, por su cuenta, particularizar. Pero eso es tarea de otros que está por fuera de nuestra intención.    

Teníamos planeado hacerlo más tarde. Un suceso repentino nos ha inducido a hacerlo desde ya por partes. Falleció un hermano, en forma fulminante. Nos era muy apreciado, aunque nos causó disgustos y reproches por su díscola actitud y su intransigente forma de actuar. Sus extravagancias nos merecían rechazo pero, le teníamos gran consideración. Lo veíamos víctima de las circunstancias de su propia vida. Por eso tratamos de ayudarlo en sus proyectos y estudios.

El hecho nos hizo recapacitar en anticipar estas evidencias porque no tenemos la vida asegurada para postergar el recuento de las “Palabras Pendientes”, como lo dijo Alfonso López M.

Parece que algunas personas estamos rodeadas de un sínodo insuperable que pareciese condenar a la desgracia han quienes han querido ser impropiamente contradictores. Como si una poderosa fuerza, más que simplemente terrenal, llevara a la desgracia a quienes nos han tratado de imponer una injusta voluntad. Superioridad que no podemos esquivar porque ella actúa por su propia cuenta sin que necesitemos incitarla o pedirle que esté a nuestro favor. Ni siquiera estimulada para que actúe. Esto nos parece fantástico. Pero los hechos nos han conducido a pensar de esa forma, pues son  demasiados. Están por fuera la simple casualidad, la lógica o de la posibilidad de ser provocados.

Ha sido nuestro destino y no nos ponemos en su contra, porque ya son hechos cumplidos sin posibilidad de retorno ni reparación ni modificación. Rebasan las posibilidades de lo que acontece a la mayoría de persona naturales, porque de extraordinario no tenemos nada. Solo podemos ver, ahora, lo que nos aconteció en el pasado sin que en ese tiempo nos diéramos cuenta. en su momento, no los veíamos como aventuras. Era lo cotidiano y normal. Con los años y el reposo de la vida tranquila es donde los hemos descubierto. Porque ni siquiera son hechos revelados por otros medios o personas, sino sacados de la única y simple experiencia personal.

En la mayoría de los casos hemos optado por las lecciones que recibimos de maestros sabios que nos enseñaron que en la vida siempre hay una segunda oportunidad. Que, por eso, nunca debe expresarse, de inmediato, todo cuanto al instante se piensa. Porque permite dejar al descubierto lo que debe ser el íntimo y el motivante en el futuro.

Por ello fuimos gustosos lectores, como se nos aconsejó, de famosas obras novelescas. Dentro de las cuales, se nos dijo, podíamos encontrar muchas de las necesarias normas de vida que debíamos practicar si queríamos sobrevivir dentro de la agresiva selva social. Lo que se podría revelar, pero después de acontecido, donde se hace verdad el sabio refrán popular: De las aguas mansas líbrame Señor.

Las crónicas se irán contando progresivamente en la medida en que sean escritas.  

viernes, 17 de mayo de 2019

GUERRA ANTINARCÓTICOS QUE FINALMENTE OLVIDARÁN




GUERRA ANTINARCÓTICOS QUE FINALMENTE OLVIDARÁN

Primero los rusos nos influenciaron con las ideologías comunistas y ahora los norteamericanos con la guerra antinarcóticos.
Cuando existía la confrontación entre los dos bloques, por un lado nos mandaban la ideología socialista revolucionaria. Los rusos nos consideraban unos atropelladores de las supuestas clases sociales desprotegidas del país. Así apoyaron  ideológicamente a los subversivos haciéndoles creer que tenían justificación.
Por el otro lado, los norteamericanos nos ayudaban a protegernos de la influencia comunista, para sostener nuestra democracia, como el mejor medio para salir del atraso y el subdesarrollo.

Ahora cuando la bipolaridad se ha disuelto las cosas se han invertido. El único interés que tienen ahora los rusos en América latina es el de vendernos equipo militar para nuestra inestabilidad interna, que ellos propiciaron. A precios favorables con el más puro espíritu capitalista. Se apartaron de su entrañable ideología popular, que ya no les importa, para que en Colombia les compremos helicópteros para combatir a los insurgentes que ellos ayudaron a engendrar. Y en Venezuela aviones de combate para defenderse de colombianos y gringos.

También, les ha dado a los norteamericanos en sostener las agrupaciones subversivas en Colombia, comprándoles toda la droga por el precio que sea, aunque son grupos terroristas que se oponen a su ideología. Al mismo tiempo, quieren combatir la producción afuera de su frontera sin eliminar el consumo interno que los carcome.











Equipo de combate

Simplemente, no han cambiado los intereses porque la guerra es la misma y en el mismo lugar. Porque nunca ha sido ni en Rusia ni en EE UU, donde están los orígenes del problema. Nosotros somos los afectados con los inventos de ellos, así nosotros creamos lo contrario. Es decir, nos hicieron pensar que nosotros somos unos atropelladores de clases sociales, en el primer caso y en el segundo, que nosotros los inducimos a comprar los narcóticos.

En realidad nunca hemos querido asumir el régimen comunista y nos infiltraron la fallida ideología. Tampoco hemos publicitado la venta de Coca y, sin embargo, crearon la demanda. Fue el comprador de narcóticos, sin recato por el precio, quien estimuló la producción de los estupefacientes.

Como no nos ha interesado asumir el sistema socialista, pretendieron implantarlo en la región a la fuerza hasta cuando se reventó solo. Y como residuo nos quedó la insurgencia sin base ideológica, que tanto mal y sufrimiento nos han causado.

Igualmente, no tenemos la culpa que los consumidores se quieran meter en el cerebro la bomba atómica de la Coca por su propia determinación. Todo indica que no les inquieta la sangre que a diario  perdemos persiguiendo la producción acá, porque así no se derrama la de ellos combatiendo el consumo allá.
Al fin al cabo pregonan las máximas libertades individuales y la autonomía de los pueblos. Si consumen el narcótico es por su propia voluntad y no por imposición de los productores.

El vicio del consumo de narcóticos es una pandemia universal. Ni los norteamericanos no consumidores, con toda su capacidad, ni los colombianos, no productores, con nuestro sacrificio, seremos capaces de contener la euforia, si los consumidores ricos no quieren dejar de comprar a los productores pobres. Es una tarea en la que nosotros entregamos nuestra vida y ellos gastan su presupuesto. Y no la podremos hacer si ellos no tienen la determinación de parar la demanda.

Todo está basado en los indetenibles consumidores que compran estimulando la producción y su  gobierno que rechaza la producción, pero no educa para desestimular el consumo. El gobierno del pueblo comprador, el norteamericano, que no crea convicción sobre el consumidor, apoya económicamente al gobierno del pueblo proveedor, el colombiano, para que aplique imposición al productor.
Los buenos contra los malos, que no se enfrentan allá y piensan que el choque tiene que ser acá. El consumo ha estimulado, por las vías del mercado, al terrorismo en Colombia. Pero nos piden que seamos nosotros quienes hagamos la guerra mientras ellos la están alimentando.

Un funcionario norteamericano afirmó, actuando como vocero del pensamiento de su país, que en Colombia hay una narcodemocracia (productora). Y en parte dijo la verdad. Pero omitió afirmar la otra mitad de la verdad para que fuese verdad completa. No puso en evidencia que en Norteamérica está la narcodemocracia consumidora.

Su Presidente perdona a los narcotraficantes por contribuir con fondos a su campaña política, Y su justicia es benevolente con la adicción al consumo del alcalde de su ciudad capital.
Eso es no tener principios sino intereses y doble moral.  La actuación es contraria a las palabras. Se han olvidado que son la tradicional whiskydemocracia al estilo Kennedy. Sus ancestros eran contrabandistas de licores durante la prohibición y así se hicieron ricos. Y su padre le pidió ayuda a sus viejos colegas mafiosos para financiar la campaña de su hijo.

Ametrallando campamentos 

El contagio de nuestra democracia con la producción, es  el resultado de la tolerancia de su democracia con el consumo. Incluso la Coca se convirtió en símbolo nacional con la publicidad a su famosa gaseosa carbonatada de cola, placentera al consumidor por el extracto de Coca, originaria de Georgia. Ahora que se percataron del error, la maldad pasó a estar en la producción y no en el consumo. Costumbre difundida con la publicidad del refresco mundialmente famoso. 

La revolución comunista y el consumo de narcóticos  no son inventos latinoamericanos. Son importaciones que nos han llegado sin haber hecho el pedido. Según la opinión  de algunos, incluso nacionales, tenemos deudas con la humanidad por lo mal como nos hemos portado vendiendo Coca, actuando por nuestra propia iniciativa y libre albedrío, sin ninguna influencia ni participación externa.

Si inicialmente al bloque socialista no le hubiese dado por adoctrinar al pequeño grupo de ignorantes, fácilmente manipulables, que se convirtieron en bandoleros, en lugar de ayudar a educarlos para lo bueno. Y, posteriormente, si al bloque capitalista no se le hubiese ocurrido financiarlos comprándoles narcóticos que los transformó en terroristas, en lugar de crear fuentes de trabajo. Ni antes ni ahora hubiesen existido y nosotros seriamos más felices o como mínimo, menos infelices. Los unos los han aleccionado y los otros los han capitalizado. Sin embargo, supuestamente todo el pueblo Colombiano, somos los agresores cuando en realidad somos los agredidos.

Con el sólo hecho de no haber podido crecer, porque el conflicto nos ha impedido generar bienestar, mas el haber perdido lo que teníamos, porque la guerra lo ha destruido,  somos un país con lento progreso. Tanto en lo material como en lo espiritual. Por la inmensas pérdidas de tranquilidad, de armonía social, de serenidad y de un futuro seguro. Por el contrario hemos aprendido  a agredirnos y a atemorizarnos creando zozobra paralizante. Y cuando no hay confianza, la productividad decrece exponencialmente.

Héroes colombianos en combate
por culpa de un vicio extranjero

Nos hemos dejado engañar conceptualmente, aceptando perder la buena fama y ganar el descrédito mundial. Pensamos que eso es normal, como si fuese el destino inevitable que nos ha elegido para ser los despreciables del planeta. Ante tal mentira nos tenemos que pronunciar de inmediato. No somos verdugos, somos víctimas.

Con respecto al orden y la influencia en la seguridad mundial, la verdad es la contraria de la que se nos ha dicho. No somos nosotros un peligro para las naciones. Por el contrario: "Los grandes países consumidores son una peligrosa amenaza para la seguridad nacional de los pequeños países productores".
Hemos permitido, por nuestra inacción, ausencia de ideas propias y falta de carácter, ser convertidos en indeseables. Nos han infiltrado intereses disfrazados de supuestos principios, ya sean socialistas o capitalistas, que cambian según el beneficio del momento. Así en nuestra ingenuidad nos parezca lo contrario.

No es posible que combatamos los narcóticos por la fuerza, para que no los consuman quienes no quieren dejar de hacerlo por convicción. Es verdad que debemos controlar el consumo acá. Pero que se combate decididamente el consumo allá. Tenemos que hacer es la  guerra antinarcóticos preventiva con educación, en lugar de la destructiva con agresión.

El único motivo que justifica nuestra acción represiva contra la producción es para proteger nuestro recurso humano, el orden social y la estabilidad nacional de acá. Amenazados con el terrorismo financiado por el consumidor de allá. Que los demás países hagan lo correspondiente con el  consumo y su mercado interno.

Cultivos

Porque la realidad es que cuando la sociedad norteamericana acepte el consumo de la Coca y la heroína, como lo hizo con la Coca Cola, el tabaco, la marihuana, la prostitución y el licor, debido a su incontenible transformación en sociedad cada vez mas tolerante. Y cuando su gobierno comience a percibir grandes ingresos por la comercialización, se olvidará de  “La Guerra Contra las Drogas”. Le darán el manejo fiscal que ahora le niegan y protegerán esos impuestos si es preciso, con otra guerra pero en su favor.

Recordemos cuanto presupuesto, vidas y esfuerzos gastamos en la lucha contra la “mala hierba” en nuestra costa norte en los comienzos de los años ochenta. La economía de la región se deformó completamente y las bandas se exterminaban entre sí atemorizando al resto de habitantes. Las autoridades eran casi incapaces de controlar la violencia y la delincuencia. Pero todo eso se solucionó cuando los norteamericanos la legalizaron y comenzaron a cultivar en su propio país. Mientras tanto nuestras autoridades fueron desestimuladas después de tanto sacrificio y solo nos quedaron los muertos en los cementerios.

También, una sociedad atropellada por hacer la guerra creyendo que estábamos cumpliendo el deber de proteger a los jóvenes consumidores extranjeros. Adictos que no dejaron de consumir, ni dejarán, sin importar si la cultivan ellos o nosotros.

Es suficiente con pensar lo que sucedería si todos los productores dejáramos en forma repentina de suministrar el narcótico a los consumidores. Los  millones de adictos y amigos del consumo, con terrible síndrome de abstinencia, nos declararían la guerra, después de unos meses sin remesas, para que no suspendamos el suministro. De hecho, la actual agresión de los terroristas contra nuestro pueblo, es para proteger las zonas de producción que abastece a los consumidores externos.

Destruyendo laboratorios

Es decir, los consumidores ya nos están haciendo la guerra, por medio de los grupos terroristas, porque les destruimos los cultivos de los que se abastecen.  Las FARC son los defensores de la fuente de los consumidores gringos de narcóticos. El ejército de los consumidores gringos. Y no importa que los terroristas FARC se declaren antinorteamericanos y procomunistas y socialistas. ni que digan que no cometen delitos contra los DD HH. Eso no les importa a los consumidores, siempre y cuando les protejan sus cultivos de Coca. Es ignorada hipocresía gringa.

Los abstencionistas de allá apoyan y financian a los antidrogas colombianos para que combatamos a los productores de acá. Mientras que los consumidores de allá apoyan y financian a los productores para que se nos enfrenten, pero acá. Así la guerra sangrienta es acá y no allá. Que es donde se debe controlar. Porque sin compradores no hay vendedores.

los terroristas de acá usan el dinero y las armas que recolectan en las calles de los países consumidores, allá. Las mismas que emplean para asesinar, secuestrar, atemorizar y chantajear a los no productores de acá. Así termina el mismo gringo, que nos pide que nos defendamos de los criminales y terroristas acá, vendiendo armas y financiando a los que nos secuestran y chantajean acá. Armas capitalistas usadas con mentalidad comunista. Mezcla altamente explosiva para nosotros y para todos.    

Solo es necesario recordar que el narcotráfico, como problema internacional, existe desde hace más de un siglo cuando su comercio ilegal fue impuesto en 1842 por el Imperio Británico a la China en la Guerra del Opio. Y eso debido a las grandes utilidades que representaba para la economía productora Inglesa.

Entonces las guerras por narcóticos son según las conveniencias del momento. Unas veces  contra el consumidor extranjero por no comprar el opio británico y la nuestra contra el productor por vender la Coca al gringo. Siempre según el parecer del mismo lado, el de allá. Además, ¿Donde venderían sus precursores químicos y las municiones, que son negocios tan rentables como los mismos narcóticos?

Por la trocha hacia el combate

La actual guerra antinarcóticos la olvidarán  dentro de un tiempo, cuando pase el entusiasmo. Como sucedió con la de Viet Nam y eso que su presidente gringo era consciente de la imposibilidad de ganarla. Sin embargo, mandó los primeros contingentes de tropas en la década del sesenta. O como pasó con el pacto con Rusia sobre el control de armas atómicas, que se firmó cuando les convino y se retiran ahora porque no les parece. Eso es ser un aliado no confiable.

Nos quitarán el apoyo moral y económico dejándonos abandonados, puesto que nunca renunciarán al consumo. Seremos burlados. Traicionaremos a nuestros héroes militares y policiales, inmolados por patriotismo. Cuando realmente es por complacer un capricho gringo.
Esta guerra antinarcóticos, para ellos, es simplemente uno más de sus caprichos del presente y pronto será otra crónica del pasado. Mientras para nosotros si es un riesgo de proporciones fatales y consecuencias duraderas.

Es la forma como funciona el mundo. Amanecerá y veremos. Que nos desmienta el futuro y lo confirme la historia. Siempre y cuando podamos ver. Porque ya nos estamos quedando ciegos y lisiados con la inútil y falsa guerra antinarcóticos.