AERONAUTAS Y CRONISTAS

domingo, 16 de junio de 2019

INTRODUCCIÓN RELATOS


INTRODUCCIÓN A RELATOS

Las intimas relaciones entre los diversos hechos profesionales, entre ellos mismos y con nuestra vida particular y de nuestra más profunda mentalidad, nos han hecho ver la necesidad de dar constancia de ellos. Hemos estado aplazando esa decisión porque de no hacerlo será casi que imposible comprender las razones de nuestros comportamientos. Que con frecuencia parecían anacrónicos, descabellados y hasta irracionales.

Porque no se encuentra relación ni justificación alguna para que dejáramos que esos hechos acontecieran espontáneamente. Y/o hasta los propiciáramos sin que nadie lo supiese. En el primer caso, porque ellos solos progresaban en la dirección que queríamos. En la segunda, porque podíamos direccionar o provocar para que avanzaran al fin que buscábamos.

Al ser plasmados en estas crónicas y sabidos por los actores que en ellas participaron, ya muchos comprenderán la razón de lo que, para esos actores, era nuestra extraña actitud, bastante enigmática en su momento. Mas, para nosotros perfectamente clara. Dejándolos, incluso, pensar, tanto antes como ahora, que lo contado es producto de actitud mitómana.

Aunque quienes los presenciaron podrán decir, con total fundamento, si lo acontecido fue real, cuanta relación tienen con la realidad o si lo contado es, en parte imaginación o novela. O, incluso, ambas cosas y en qué proporción.

Dejamos al libre albedrío lo que se quiera pensar o decir al respecto de lo narrado. Pues, al fin y al cabo, uno de los fundamentos más dogmáticos de nuestra profesión es la cuidar, con toda determinación, la sagrada libertad de pensar, expresar y actuar de los ciudadanos. Con tanto celo que hasta los que desacuerden o estén en contra podrán negar, pero sin lograr desmentir. Y hasta calumniar haciendo mal uso de esa misma libertad. Será la conciencia colectiva y social, la llamada Voz del Pueblo, quien diga quien tiene toda o la mayoría razón. Ya que ella es el perfecto, acertado e infalible juez humano.

Narraciones sin ser historia. Como no somos historiadores ni pretendemos serlo, no buscamos ni tenemos la obligación de convertir los testimonios en un referencial fiel de los sucesos. Por ello, aunque los hechos son reales, las apreciaciones son puramente personales. Así tenga o parezca lo real, tener mucha relación con lo contado.

Hay que aceptar que algunos de estos sucesos fueron ideados y ejecutados para nivelar los efectos adversos contra nosotros por diversas razones. Que no es necesario buscar los fundamentos del porqué ni que pretendían. Pues serán ellos, los mismos sucesos, quienes aclaren por qué actuaban a su manera.

Contra ellos actuamos usando el criterio de iguales y proporcionales efectos en la compensación. Sin que ellos se percataran de que estaban pagando su imprudencia o agresión injustificada. Aunque si nos daban satisfacción completa a la deuda contraída con nosotros. Provocando que ellos se hiciesen víctimas de sus propias invenciones y descalificaciones.

Razón por la cual les era raro y poco común que les soportásemos su hostilidad. Atropello que hacían de manera burlona. Y respondíamos haciendo demostración de inmensa tolerancia, humildad y alarde de gran debilidad de carácter o falta de autoestima. Hasta el punto que nosotros mismo nos reímos, con ellos, de sus fabricados burlas en contra nuestra.

Así ellos creían que aceptábamos y confirmábamos. Los hacíamos sentir con derecho y estimulados a continuar en su altanero comportamiento para profundizaran en los deméritos. Y que éramos tontos por aceptar y que no guardaríamos ningún sentimiento. Aunque, realmente, estábamos era buscando eliminar las prevenciones. Como se dice en los cuarteles “bajar la guardia”, a manera de retirada táctica. Dando la impresión de falta de fortaleza y debilidad ante la amenaza. Cuando, lo pensado, era para llevarlos al momento y la posición de oportunidad más favorables.

La mayoría de ellos no actuaron con plena claridad de lo inapropiado de sus actos ni con intencionalidad ni premeditación y menos por perversión. Muchos solo actuaron por el instinto natural inconsciente del matoneo, la competencia o los celos propios de la naturaleza humana entre las personas. Pero que, por ello, no dejan de ser actos reales ni hostilidad sicológica.

Que en el campo  militar llega, algunas veces, a ser física. De considerable abuso retrogrado en el uso de la autoridad, la jerarquía y la posición dominante con los subalternos. O el de algunos compañeros que se consideran con el derecho de convertirse en dominantes altaneros de sus colegas. Y menos que, por todo eso, se atenúen o deshagan o desjustifiquen las culpas. Dándonos el derecho, posterior y legítimo, de ser resarcido.  Porque sin tener justificación era injustificado e imposible responder.

Creemos que nadie ni nosotros podemos explicar ni comprender como funcionan muchas cosas en la vida íntima, secreta y paralela de algunas personas. Personas, como nosotros, que hemos estado en condiciones, inexplicablemente, privilegiadas por haber vivido situaciones poco corrientes en el cotidiano transcurrir de la mayoría. Circunstancias que no surgen de la simple casualidad sino de la correlación inevitable del principio causa/efecto. Por no haber sido actores ofensivos sino defensivos. No haber sido la acción sino la reacción.

La mayoría de los hechos han estado, por fuera de nuestra la voluntad. Han actuado como si fuese un sino inevitable que no hemos podido esquivar y que nos ha sido impuesta por la circunstancias. Aunque, de todas formas, no creemos en la predestinación puesto que siempre hemos pensado que los actos siempre tienen sus motivos de acontecer y sus respectivas consecuencias. Lo que llamaríamos, el destino natural. Si ese acto se puede evitar, el destino es definible o modificable. Y como el futuro, en su mayoría, es previsible o direccionable, la predestinación no existe. Ellos son, simplemente, el resultado de lo que en el presente hacemos. Todos moldeamos nuestro propio futuro.

Es más, cuando nos hemos opuesto con vehemencia al deseo de compañeros, en especial, subalternos, por caridad cristiana y sensibilidad humana a que las cosa no sean como algunos colegas intentan que sean, hemos corrido riesgos tan altos como los mismos que corrieron los actores de los sucesos y que son motivo de estos recuentos. En escasas oportunidades nos ha sido admitida una ligera desviación del fin que sus motivadores pretendían, pero nunca suprimirlas completamente. El resto hemos tenido que dejar que sigan su curso insuperable.

Compañeros que, debido a un trato considerado con sus necesidades y sufrimientos, después de haber sido muy injustamente tratados y atropellados, crearon una estima por nosotros que, podríamos decir, nos llegaron reverenciar como a un rey o prácticamente, a adorar como a Dios. Sentimientos que aún perduran después de los años. Dispuestos a complacernos o demostrar su cariño en todo, según nos lo han dicho y demostrado en varias ocasiones. Todo lo contrario al descomunal y, algunas veces letal odio que las tropas también sienten y hacen cuando las abusan. Y que no es necesario especificar.

No podremos entrar en los detalles, lo cual dejará un gran margen de incertidumbres y nubosidades, que son inevitables. De todas formas serán suficientes para que los que han sabido de estos acontecimientos podrán usar la narración para correlacionar con sus propias evidencias. Así no puedan lograr toda la claridad para aceptarlas como verdades completas.

Nosotros solo aportamos los sucesos generales y dejamos a los demás, lo que puedan agregar en favor o en contra. Sabemos que de esa forma se suscitan otras interpretaciones favorables, diferentes o contrarias. Las que no nos limitarán para plasmar los testimonios tal como los hemos vivido.

Evitamos, conscientemente, mencionar nombres propios porque el objetivo no es personalizar, que es algo mezquino y de forma, sino que iremos al fondo donde está el valor que le permite a los demás el repetir o evitar los hechos a futuro como cada cual quiera. Claro que para los acuciosos, que quieran investigar, pueden usar la información para, por su cuenta, particularizar. Pero eso es tarea de otros que está por fuera de nuestra intención.    

Teníamos planeado hacerlo más tarde. Un suceso repentino nos ha inducido a hacerlo desde ya por partes. Falleció un hermano, en forma fulminante. Nos era muy apreciado, aunque nos causó disgustos y reproches por su díscola actitud y su intransigente forma de actuar. Sus extravagancias nos merecían rechazo pero, le teníamos gran consideración. Lo veíamos víctima de las circunstancias de su propia vida. Por eso tratamos de ayudarlo en sus proyectos y estudios.

El hecho nos hizo recapacitar en anticipar estas evidencias porque no tenemos la vida asegurada para postergar el recuento de las “Palabras Pendientes”, como lo dijo Alfonso López M.

Parece que algunas personas estamos rodeadas de un sínodo insuperable que pareciese condenar a la desgracia han quienes han querido ser impropiamente contradictores. Como si una poderosa fuerza, más que simplemente terrenal, llevara a la desgracia a quienes nos han tratado de imponer una injusta voluntad. Superioridad que no podemos esquivar porque ella actúa por su propia cuenta sin que necesitemos incitarla o pedirle que esté a nuestro favor. Ni siquiera estimulada para que actúe. Esto nos parece fantástico. Pero los hechos nos han conducido a pensar de esa forma, pues son  demasiados. Están por fuera la simple casualidad, la lógica o de la posibilidad de ser provocados.

Ha sido nuestro destino y no nos ponemos en su contra, porque ya son hechos cumplidos sin posibilidad de retorno ni reparación ni modificación. Rebasan las posibilidades de lo que acontece a la mayoría de persona naturales, porque de extraordinario no tenemos nada. Solo podemos ver, ahora, lo que nos aconteció en el pasado sin que en ese tiempo nos diéramos cuenta. en su momento, no los veíamos como aventuras. Era lo cotidiano y normal. Con los años y el reposo de la vida tranquila es donde los hemos descubierto. Porque ni siquiera son hechos revelados por otros medios o personas, sino sacados de la única y simple experiencia personal.

En la mayoría de los casos hemos optado por las lecciones que recibimos de maestros sabios que nos enseñaron que en la vida siempre hay una segunda oportunidad. Que, por eso, nunca debe expresarse, de inmediato, todo cuanto al instante se piensa. Porque permite dejar al descubierto lo que debe ser el íntimo y el motivante en el futuro.

Por ello fuimos gustosos lectores, como se nos aconsejó, de famosas obras novelescas. Dentro de las cuales, se nos dijo, podíamos encontrar muchas de las necesarias normas de vida que debíamos practicar si queríamos sobrevivir dentro de la agresiva selva social. Lo que se podría revelar, pero después de acontecido, donde se hace verdad el sabio refrán popular: De las aguas mansas líbrame Señor.

Las crónicas se irán contando progresivamente en la medida en que sean escritas.  

viernes, 17 de mayo de 2019

GUERRA ANTINARCÓTICOS QUE FINALMENTE OLVIDARÁN




GUERRA ANTINARCÓTICOS QUE FINALMENTE OLVIDARÁN

Primero los rusos nos influenciaron con las ideologías comunistas y ahora los norteamericanos con la guerra antinarcóticos.
Cuando existía la confrontación entre los dos bloques, por un lado nos mandaban la ideología socialista revolucionaria. Los rusos nos consideraban unos atropelladores de las supuestas clases sociales desprotegidas del país. Así apoyaron  ideológicamente a los subversivos haciéndoles creer que tenían justificación.
Por el otro lado, los norteamericanos nos ayudaban a protegernos de la influencia comunista, para sostener nuestra democracia, como el mejor medio para salir del atraso y el subdesarrollo.

Ahora cuando la bipolaridad se ha disuelto las cosas se han invertido. El único interés que tienen ahora los rusos en América latina es el de vendernos equipo militar para nuestra inestabilidad interna, que ellos propiciaron. A precios favorables con el más puro espíritu capitalista. Se apartaron de su entrañable ideología popular, que ya no les importa, para que en Colombia les compremos helicópteros para combatir a los insurgentes que ellos ayudaron a engendrar. Y en Venezuela aviones de combate para defenderse de colombianos y gringos.

También, les ha dado a los norteamericanos en sostener las agrupaciones subversivas en Colombia, comprándoles toda la droga por el precio que sea, aunque son grupos terroristas que se oponen a su ideología. Al mismo tiempo, quieren combatir la producción afuera de su frontera sin eliminar el consumo interno que los carcome.











Equipo de combate

Simplemente, no han cambiado los intereses porque la guerra es la misma y en el mismo lugar. Porque nunca ha sido ni en Rusia ni en EE UU, donde están los orígenes del problema. Nosotros somos los afectados con los inventos de ellos, así nosotros creamos lo contrario. Es decir, nos hicieron pensar que nosotros somos unos atropelladores de clases sociales, en el primer caso y en el segundo, que nosotros los inducimos a comprar los narcóticos.

En realidad nunca hemos querido asumir el régimen comunista y nos infiltraron la fallida ideología. Tampoco hemos publicitado la venta de Coca y, sin embargo, crearon la demanda. Fue el comprador de narcóticos, sin recato por el precio, quien estimuló la producción de los estupefacientes.

Como no nos ha interesado asumir el sistema socialista, pretendieron implantarlo en la región a la fuerza hasta cuando se reventó solo. Y como residuo nos quedó la insurgencia sin base ideológica, que tanto mal y sufrimiento nos han causado.

Igualmente, no tenemos la culpa que los consumidores se quieran meter en el cerebro la bomba atómica de la Coca por su propia determinación. Todo indica que no les inquieta la sangre que a diario  perdemos persiguiendo la producción acá, porque así no se derrama la de ellos combatiendo el consumo allá.
Al fin al cabo pregonan las máximas libertades individuales y la autonomía de los pueblos. Si consumen el narcótico es por su propia voluntad y no por imposición de los productores.

El vicio del consumo de narcóticos es una pandemia universal. Ni los norteamericanos no consumidores, con toda su capacidad, ni los colombianos, no productores, con nuestro sacrificio, seremos capaces de contener la euforia, si los consumidores ricos no quieren dejar de comprar a los productores pobres. Es una tarea en la que nosotros entregamos nuestra vida y ellos gastan su presupuesto. Y no la podremos hacer si ellos no tienen la determinación de parar la demanda.

Todo está basado en los indetenibles consumidores que compran estimulando la producción y su  gobierno que rechaza la producción, pero no educa para desestimular el consumo. El gobierno del pueblo comprador, el norteamericano, que no crea convicción sobre el consumidor, apoya económicamente al gobierno del pueblo proveedor, el colombiano, para que aplique imposición al productor.
Los buenos contra los malos, que no se enfrentan allá y piensan que el choque tiene que ser acá. El consumo ha estimulado, por las vías del mercado, al terrorismo en Colombia. Pero nos piden que seamos nosotros quienes hagamos la guerra mientras ellos la están alimentando.

Un funcionario norteamericano afirmó, actuando como vocero del pensamiento de su país, que en Colombia hay una narcodemocracia (productora). Y en parte dijo la verdad. Pero omitió afirmar la otra mitad de la verdad para que fuese verdad completa. No puso en evidencia que en Norteamérica está la narcodemocracia consumidora.

Su Presidente perdona a los narcotraficantes por contribuir con fondos a su campaña política, Y su justicia es benevolente con la adicción al consumo del alcalde de su ciudad capital.
Eso es no tener principios sino intereses y doble moral.  La actuación es contraria a las palabras. Se han olvidado que son la tradicional whiskydemocracia al estilo Kennedy. Sus ancestros eran contrabandistas de licores durante la prohibición y así se hicieron ricos. Y su padre le pidió ayuda a sus viejos colegas mafiosos para financiar la campaña de su hijo.

Ametrallando campamentos 

El contagio de nuestra democracia con la producción, es  el resultado de la tolerancia de su democracia con el consumo. Incluso la Coca se convirtió en símbolo nacional con la publicidad a su famosa gaseosa carbonatada de cola, placentera al consumidor por el extracto de Coca, originaria de Georgia. Ahora que se percataron del error, la maldad pasó a estar en la producción y no en el consumo. Costumbre difundida con la publicidad del refresco mundialmente famoso. 

La revolución comunista y el consumo de narcóticos  no son inventos latinoamericanos. Son importaciones que nos han llegado sin haber hecho el pedido. Según la opinión  de algunos, incluso nacionales, tenemos deudas con la humanidad por lo mal como nos hemos portado vendiendo Coca, actuando por nuestra propia iniciativa y libre albedrío, sin ninguna influencia ni participación externa.

Si inicialmente al bloque socialista no le hubiese dado por adoctrinar al pequeño grupo de ignorantes, fácilmente manipulables, que se convirtieron en bandoleros, en lugar de ayudar a educarlos para lo bueno. Y, posteriormente, si al bloque capitalista no se le hubiese ocurrido financiarlos comprándoles narcóticos que los transformó en terroristas, en lugar de crear fuentes de trabajo. Ni antes ni ahora hubiesen existido y nosotros seriamos más felices o como mínimo, menos infelices. Los unos los han aleccionado y los otros los han capitalizado. Sin embargo, supuestamente todo el pueblo Colombiano, somos los agresores cuando en realidad somos los agredidos.

Con el sólo hecho de no haber podido crecer, porque el conflicto nos ha impedido generar bienestar, mas el haber perdido lo que teníamos, porque la guerra lo ha destruido,  somos un país con lento progreso. Tanto en lo material como en lo espiritual. Por la inmensas pérdidas de tranquilidad, de armonía social, de serenidad y de un futuro seguro. Por el contrario hemos aprendido  a agredirnos y a atemorizarnos creando zozobra paralizante. Y cuando no hay confianza, la productividad decrece exponencialmente.

Héroes colombianos en combate
por culpa de un vicio extranjero

Nos hemos dejado engañar conceptualmente, aceptando perder la buena fama y ganar el descrédito mundial. Pensamos que eso es normal, como si fuese el destino inevitable que nos ha elegido para ser los despreciables del planeta. Ante tal mentira nos tenemos que pronunciar de inmediato. No somos verdugos, somos víctimas.

Con respecto al orden y la influencia en la seguridad mundial, la verdad es la contraria de la que se nos ha dicho. No somos nosotros un peligro para las naciones. Por el contrario: "Los grandes países consumidores son una peligrosa amenaza para la seguridad nacional de los pequeños países productores".
Hemos permitido, por nuestra inacción, ausencia de ideas propias y falta de carácter, ser convertidos en indeseables. Nos han infiltrado intereses disfrazados de supuestos principios, ya sean socialistas o capitalistas, que cambian según el beneficio del momento. Así en nuestra ingenuidad nos parezca lo contrario.

No es posible que combatamos los narcóticos por la fuerza, para que no los consuman quienes no quieren dejar de hacerlo por convicción. Es verdad que debemos controlar el consumo acá. Pero que se combate decididamente el consumo allá. Tenemos que hacer es la  guerra antinarcóticos preventiva con educación, en lugar de la destructiva con agresión.

El único motivo que justifica nuestra acción represiva contra la producción es para proteger nuestro recurso humano, el orden social y la estabilidad nacional de acá. Amenazados con el terrorismo financiado por el consumidor de allá. Que los demás países hagan lo correspondiente con el  consumo y su mercado interno.

Cultivos

Porque la realidad es que cuando la sociedad norteamericana acepte el consumo de la Coca y la heroína, como lo hizo con la Coca Cola, el tabaco, la marihuana, la prostitución y el licor, debido a su incontenible transformación en sociedad cada vez mas tolerante. Y cuando su gobierno comience a percibir grandes ingresos por la comercialización, se olvidará de  “La Guerra Contra las Drogas”. Le darán el manejo fiscal que ahora le niegan y protegerán esos impuestos si es preciso, con otra guerra pero en su favor.

Recordemos cuanto presupuesto, vidas y esfuerzos gastamos en la lucha contra la “mala hierba” en nuestra costa norte en los comienzos de los años ochenta. La economía de la región se deformó completamente y las bandas se exterminaban entre sí atemorizando al resto de habitantes. Las autoridades eran casi incapaces de controlar la violencia y la delincuencia. Pero todo eso se solucionó cuando los norteamericanos la legalizaron y comenzaron a cultivar en su propio país. Mientras tanto nuestras autoridades fueron desestimuladas después de tanto sacrificio y solo nos quedaron los muertos en los cementerios.

También, una sociedad atropellada por hacer la guerra creyendo que estábamos cumpliendo el deber de proteger a los jóvenes consumidores extranjeros. Adictos que no dejaron de consumir, ni dejarán, sin importar si la cultivan ellos o nosotros.

Es suficiente con pensar lo que sucedería si todos los productores dejáramos en forma repentina de suministrar el narcótico a los consumidores. Los  millones de adictos y amigos del consumo, con terrible síndrome de abstinencia, nos declararían la guerra, después de unos meses sin remesas, para que no suspendamos el suministro. De hecho, la actual agresión de los terroristas contra nuestro pueblo, es para proteger las zonas de producción que abastece a los consumidores externos.

Destruyendo laboratorios

Es decir, los consumidores ya nos están haciendo la guerra, por medio de los grupos terroristas, porque les destruimos los cultivos de los que se abastecen.  Las FARC son los defensores de la fuente de los consumidores gringos de narcóticos. El ejército de los consumidores gringos. Y no importa que los terroristas FARC se declaren antinorteamericanos y procomunistas y socialistas. ni que digan que no cometen delitos contra los DD HH. Eso no les importa a los consumidores, siempre y cuando les protejan sus cultivos de Coca. Es ignorada hipocresía gringa.

Los abstencionistas de allá apoyan y financian a los antidrogas colombianos para que combatamos a los productores de acá. Mientras que los consumidores de allá apoyan y financian a los productores para que se nos enfrenten, pero acá. Así la guerra sangrienta es acá y no allá. Que es donde se debe controlar. Porque sin compradores no hay vendedores.

los terroristas de acá usan el dinero y las armas que recolectan en las calles de los países consumidores, allá. Las mismas que emplean para asesinar, secuestrar, atemorizar y chantajear a los no productores de acá. Así termina el mismo gringo, que nos pide que nos defendamos de los criminales y terroristas acá, vendiendo armas y financiando a los que nos secuestran y chantajean acá. Armas capitalistas usadas con mentalidad comunista. Mezcla altamente explosiva para nosotros y para todos.    

Solo es necesario recordar que el narcotráfico, como problema internacional, existe desde hace más de un siglo cuando su comercio ilegal fue impuesto en 1842 por el Imperio Británico a la China en la Guerra del Opio. Y eso debido a las grandes utilidades que representaba para la economía productora Inglesa.

Entonces las guerras por narcóticos son según las conveniencias del momento. Unas veces  contra el consumidor extranjero por no comprar el opio británico y la nuestra contra el productor por vender la Coca al gringo. Siempre según el parecer del mismo lado, el de allá. Además, ¿Donde venderían sus precursores químicos y las municiones, que son negocios tan rentables como los mismos narcóticos?

Por la trocha hacia el combate

La actual guerra antinarcóticos la olvidarán  dentro de un tiempo, cuando pase el entusiasmo. Como sucedió con la de Viet Nam y eso que su presidente gringo era consciente de la imposibilidad de ganarla. Sin embargo, mandó los primeros contingentes de tropas en la década del sesenta. O como pasó con el pacto con Rusia sobre el control de armas atómicas, que se firmó cuando les convino y se retiran ahora porque no les parece. Eso es ser un aliado no confiable.

Nos quitarán el apoyo moral y económico dejándonos abandonados, puesto que nunca renunciarán al consumo. Seremos burlados. Traicionaremos a nuestros héroes militares y policiales, inmolados por patriotismo. Cuando realmente es por complacer un capricho gringo.
Esta guerra antinarcóticos, para ellos, es simplemente uno más de sus caprichos del presente y pronto será otra crónica del pasado. Mientras para nosotros si es un riesgo de proporciones fatales y consecuencias duraderas.

Es la forma como funciona el mundo. Amanecerá y veremos. Que nos desmienta el futuro y lo confirme la historia. Siempre y cuando podamos ver. Porque ya nos estamos quedando ciegos y lisiados con la inútil y falsa guerra antinarcóticos.

jueves, 9 de mayo de 2019

20 MINUTOS ANTES 20 AÑOS DESPUÉS (Primera Parte)


20 MINUTOS ANTES 20 AÑOS DESPUÉS
(Primera Parte)

Resumen del libro de Néstor Zárate.

El caso del vuelo 052 de Avianca, AV 052, es insólito en la historia de la aviación moderna, causado por el agotamiento total de combustible el 25 de enero de 1990. Producto de una serie de errores humanos, de comportamiento irresponsable, imprudente y temerario. Así como de enorme negligencia, incompetencia y torpeza en el manejo de un vuelo regular de una aerolínea. La aeronave con 158 almas a bordo se estrelló en una zona de bosque a escasos 23 km de la pista del aeropuerto John Kennedy en Nueva York. 73 personas murieron casi instantáneamente y 85 sobrevivimos milagrosamente. No existe compensación que pueda resarcir daños tan gigantescos.

La narración de este libro está basada en hechos reales, de una historia única, verás, y cierta. Con el correr de los días me di cuenta de que si no contaba la historia, esta tragedia era posible que se perdiera y que sus causas nunca fueron conocidas.
Mi aspiración es continuar batallando para mejorar la seguridad aérea. Los familiares de los fallecidos y los sobrevivientes han colaborado voluntariamente, con sus memorias y su dolor, para ayudar hacer posible este libro.

También para salvaguardar la honra de los profesionales envueltos en esta desgracia que, por sus acciones u omisiones o por razones de idiosincrasia cultural, cometieron errores que hicieron posible el siniestro.

Nos ponemos en contacto directo con algunos aspectos de la cultura del encubrimiento, el celo burocrático, la codicia, la complicidad, la incompetencia y tantas otras manifestaciones indescriptibles del comportamiento humano. La mayoría despreciables y las motivaciones que alimentan estas actitudes y conductas.

Las  aspiraciones es que sean de utilidad a pesar de los adelantos de la tecnología, la seguridad y el mantenimiento. Porque, desgraciadamente, los desastres aéreos continuarán ocurriendo con regularidad.

En la lotería de los puestos del avión me tocó el asiento 21C, en el pasillo del Boeing 707, sobre el ala izquierda del avión.
Decolamos del aeropuerto de Rionegro con rumbo Norte y en dirección a la ciudad de New York.
Se supone que el vuelo tardaría unas cinco horas y media. Y lo único que pudo llamarnos la atención fue que cuando estábamos cerca New York se notaba que damos vueltas. Y se suponía que estaríamos próximos aterrizar. No se presencia la tragedia próxima.

Unos minutos después el comandante anunció que nos dieron pista y dio las instrucciones usuales, a pasajeros y tripulación. Eran las nueve de la noche. Llevábamos casi dos horas sobrevolando Nueva York y sus alrededores. La tripulación llevaba cerca de nueve horas de viaje desde Bogotá, volando manualmente y sin la ayuda del inoperante piloto automático.

Para finales de enero las temperaturas suelen ser bajo cero a partir de las cuatro de la tarde y pudimos sentir que ya nos encontramos próximos a tierra, pues estuvimos a menos de 50 m de la superficie, pero a varios kilómetros de la pista. El avión súbitamente aceleró de forma violenta y empezó una operación muy brusca.

Mientras los motores rugieron y el avión buscaba estabilizarse, nos dimos cuenta que fue un aterrizaje abortado. No teníamos conocimiento de nada y sólo de un manejo agresión por parte de los pilotos y los controladores. Estaban haciéndonos regresar de inmediato al Kennedy para otro intento aterrizar y que hubiera podido salvarnos.

Pero fue en ese preciso intervalo de las comunicaciones que se enredaron en la cabina, entre el piloto y el copiloto y entre los controladores mismos, . Porque el penúltimo controlador olvidó decir al último, que le entregaba el vuelo AV 052, que había declarado “que se le agotaba el combustible”.

Por otra fatalidad del destino nos tocó el momento del cambio de turno los controladores. Allí fue donde el olvido del uno de evidenciar la grave situación del AV 052 y la suposición del otro, que recibía un vuelo normal. No de uno que anunció que “se le agotaba combustible” y que quería prioridad. Estas palabras, sobre la situación de combustible, pronunciadas por primera vez más de una hora antes que el avión cayera a tierra, tendrían una gran validez legal. Pasadas las nueve de la noche seguíamos volando.

El milagro era cuestión de minutos antes de que el avión se estrellara. Varios pasajeros se pusieron de pie para enfrentar a la tripulación de cabina. Se fueron al frente de la cabina de mando gritando y demandando respuestas a sus interrogantes. Pocos minutos después se empezaron a apagar los motores, en sucesión, uno tras otro hasta que se extinguieron los cuatro reactores y la luz de la cabina de pasajeros se apagó.

En ese santiamén cundió el pánico y no era necesario ser experto en aeronáutica para saber que un avión, que pesa más de 300 toneladas, no puede volar con los motores apagados. De esto estaba consciente la mayoría de los ocupantes y sucedió la gritería y el llanto de los ocupantes de la nave.

Cuando desperté, me sentí corto de aliento y con una fuerte presión en el pecho, pero vivo. Después me enteré que caímos en la propiedad del padre del tenista John McEnroe y que la nariz del avión estaba literalmente en la puerta de la casa.

Las familias y amigos de las otras víctimas, que fueron llevadas al hospital trataban de permanecer el tiempo máximo permitido por la institución. Pero lo que más me impresionó era que los abogados especializados en aviación rondaban como buitres, de cuarto en cuarto, dejando las tarjetas de visita de sus firmas y socios.

Después de una de las múltiples operaciones, fui llevado a una sala común donde había 6 pacientes. Me impactó el olor a hospital, a desinfectante, a humedad, a descomposición. Algo realmente deprimente. Allí perdí el control y me sentía agobiado por una gran tristeza y una profunda depresión, que son los peores enemigos de alguien que se encuentra en esas circunstancias.

Rodeado de dolor por descubrir que en el avión venían varias “mulas” y que al morir en el hospital la policía tuvo que poner un destacamento especial por miedo a que las mafias pudieran apropiarse de los cadáveres para extraer la droga que se alojaban sus cuerpos.

Mi estado de ánimo depresivo me lleno de ira y de cómo caímos a tierra porque se nos agotó el combustible, en forma francamente estúpida. Por no haber pronunciado la palabra mágica que nos hubiera ahorrado el tener que pasar por este calvario. O sea la falta de combustible. Y las fallas de comunicación clara entre la aeronave y los controladores aéreos, pero faltaba mucho por descubrir.

No sabía que me faltaban casi dos años para volver a caminar sin ayuda de aparatos. Salí del hospital para nuestro hogar. El olor a hogar mitigó el hecho de llegar en una ambulancia y con la silla de ruedas que sería mi fiel compañera por los próximos ocho años, antes de progresar caminador y después a las muletas.

La terapia física fue otro aspecto muy desagradable de la recuperación. Es como todo en Estados Unidos, un negocio más, donde la humanidad y la delicadeza son escasas.

Mi psiquiatra era genial. Un hombre culto y suave. Uno de los pioneros en el desarrollo de la teoría del desorden de “estrés postraumático”. También llamado “estrés catastrófico” a raíz del holocausto y de la guerra de Vietnam.
En esta murieron 58,000 soldados norteamericanos, 300,000 fueron heridos y al menos 2 millones pasaron por los arrozales de Vietnam del Sur. Su especialidad fue siempre el trauma resultante de los acontecimientos causados por el hombre.

Me afectaba mucho ese sentimiento de vulnerabilidad, incapacidad, incertidumbre. Pero más que nada la insoportable lentitud con que se maneja un siniestro en donde la responsabilidad estaba preestablecida y es cierta. Las leyes federales y las estatales tratan la agresión física y psíquica en forma diferente. Hay estados donde el trauma causado por una lesión no se reconoce y hay otros donde este aspecto puede a veces ser más importante que la lesión física.

La impaciencia resultaba por no entender la lentitud en avanzar para aclarar como en una catástrofe, donde la responsabilidad recae siempre sobre el operador, pues los pasajeros nunca hacen caer los aviones. No podía justificar la demora enorme de los trámites judiciales y burocráticos.

La aerolínea asumió los gastos médicos y hospitalarios y adelantó un estipendio por unos meses, ya que nadie podía trabajar ni producir en las condiciones en que nos encontrábamos. Este proceder es rutinario por parte de las aerolíneas cuando se causan catástrofes aéreas.
Sin embargo, Avianca y sus aseguradores lo presentaba como un gesto noble y generoso. Y se negaron rotundamente reconocer tratamiento psiquiátrico alegando que en el tratado de Varsovia sólo se refiere a muerte o lesión corporal.

En 1929, cuando se reúnen los pioneros de la aviación civil en Varsovia, esta industria estaba en pañales y las indemnizaciones estaban orientadas a proteger la floreciente industria. Ese es el espíritu de Varsovia. Ayudar a unos desprotegiendo a otros.

La monstruosidad es que esa norma subsista por la presión del cabildeo de la industria. Para ese tiempo, a duras penas existía el psicoanálisis. Ya que éste nació oficialmente en 1910 cuando Freud, Jung, Adler y otros insignes médicos, buscaban en la mente la explicación de muchas dolencias y desarreglos humanos.
Mal podían en Varsovia tener en cuenta lo que no existía. El desorden del estrés postraumático nació después de la Segunda Guerra Mundial con los sobrevivientes de los campos de concentración y se refinó bastante con la guerra de Vietnam.

En nuestro caso, aunque parece que la aerolínea hizo un gesto magnánimo, no lo fue, porque la torpeza extrema de sus agentes causó una tragedia de talla mayor. Porque había sobrevivientes que podían hablar y protestar. Cosa que no suele ocurrir en la mayoría de los siniestros aéreos en donde no queda más que los deudos.

La ayuda económica y la curación de los heridos era lo menos que podía hacer. Y la dejaron a medias por no permitir el tratamiento psiquiátrico. En el convenio de Varsovia de 1929, dispuso una compensación máxima de $75,000.
Salir librados así, fue lo que, inicialmente, Avianca y sus agentes tenían en mente. Ofrece los 75,000 para ver si alguien podía caer. Por eso hicieron la propuesta por dicha cifra.



Con fortuna, por haber comprado el pasaje en Nueva York, ser el lugar de residencia, el origen y destino final del viaje y caído del avión en territorio norteamericano, mi caso permitía demandar en Estados Unidos y sobrepasar los límites de Varsovia. Logrando probar la “mala conducta intencional” o “negligencia del transportista”.

Pues es fácil probar la negligencia en una catástrofe en donde las víctimas siempre son inocentes y los únicos culpables, los operadores de los aviones. Lo único que hay que probar es que el siniestro ocurrió y que la persona que demanda estaba a bordo.

La Corte del Circuito reunió todas las demandas en un litigio multidistrito. Lo que significa que todos estamos unidos en el mismo foro contra el mismo contrincante.

Hasta mediados de 1990 cuando se conoció el papel que jugaron los controladores aéreos, como “causa mayor que contribuyó” al siniestro.

Nota: “Tener en cuenta que el autor no es perito en investigación de desastres aéreo. Por eso no usa la terminología ni la redacción establecidas en aviación para denominar los conceptos del ambiente especializado. 
Aunque los conceptos son los mismos y validos en su lenguaje personal, pero diferentes en los de la aviación. 

Porque si establece la “Causa Mayor" que contribuyó o Principal”, como él la llama, ya esta no es “Causa Contribuyente”. Para evitar esa ambigüedad, los términos exactos que se usaban eran: “Causa Principal” o simplemente “La Causa” y las demás son “Causas Contribuyentes”, por separado.

Esa sutil diferencia no es tan fundamental en el campo técnico pero si en el jurídico. Aunque la investigación de las causas industriales, no se puede usar como base en la investigación judicial, porque la primera es con el fin exclusivo de corregir una deficiencia técnica, para mejorar la seguridad del transporte, si esas mismas palabras se emplean, inapropiadamente, en la investigación judicial, que es para determinar la gravedad y las culpas, fundamentadas en los alegatos jurídicos, distorsionan totalmente las decisiones judiciales.
Lo que puede resultar en una decisión injusta para cualquiera de las partes involucradas. Y ese equilibrio y ecuanimidad, es el fundamento de la equidad judicial”. Fin de nota.

El hecho se produjo cuando nuestros abogados emplazaron y pudieron escuchar las grabaciones de las cintas magnetofónicas, tanto del avión como de la torre de control. Esta misma corte consolidó todas las demandas en una acción conjunta o demanda colectiva por daños y perjuicios indemnizables.

En 1990 la federación internacional de la asociación de pilotos de aviación, expresó en un informe los problemas que existían en el manejo del flujo de tráfico aéreo en ese aeropuerto.

Avianca ofreció a todas las víctimas la posibilidad del pago de los $75,000 que establece el convenio Varsovia. Suplicio que duró 4 años de agonía que, en la gran mayoría de los casos, esas indemnizaciones no se pudieron recibir porque Avianca, resolvió además de Avianca S.A. agregar a su filial en Estados Unidos. A sí como a la compañía Cómmodore Aviation de Miami, encargada del mantenimiento de la flota en Estados Unidos.
Esto se prestó a una gran polémica jurídica en la cual la pregunta principal era ¿Por qué Avianca introdujo esas empresas al final y no desde el principio y cuál es el fin que perseguía?

Se presentaron actitudes realmente odiosas por parte de Avianca. Para presionar la firma de los documentos de descargo por parte de las víctimas, amenazó con hacerse reembolsar los gastos médicos y funerarios y suspender el estipendio. Éste último fue suspendido sólo porque no hacían lo que ellos querían y cuanto ellos decían.

Ese dinero habría aliviado las dificultades financieras de las víctimas, pero la empresa no quiso aceptar expresamente que con ese pago, las víctimas no renunciaban a lograr indemnizaciones que rebasaran los límites de Varsovia. Como la empresa ya sabía desde el primer momento que esto le costaría mucho, este pago hubiera sido un éxito para mejorar su imagen.

En mayo de 1991 la NTSB emitió su informe final culpando exclusivamente a los pilotos de Avianca y a la aerolínea por la catástrofe, “concluyendo que los controladores aéreos manejaron el vuelo en forma correcta”.

Nota: “En casi toda la América, los EE UU tiene mucha influencia sobre la cultura y formas de pensar, en el campo de las relaciones internacionales y los asuntos internos de los países.  Por eso a la NTSB, sabedora de ello, usa esa fama y ascendencia mental y diplomática para sacar provecho direccionando los efectos que puedan resultar de sus investigaciones. Este caso es una de las demostraciones del comportamiento que con frecuencia asume la NTSB.

Bajo ese palio ha logrado que se le considere una organización absolutamente imparcial, idónea, y casi que infalible en investigación de desastres aéreos.
Pero la experiencia ha mostrado que, aunque tiene mucha destreza en cuidarse de no perder esa reputación, en algunos casos, ha evidenciado irrefutables inclinaciones a favorecer determinados sectores. Sobre todo cuando se trata de intereses privados y públicos de los EE UU.

Lo hace, especialmente, con omisión, silencio y pasividad en circunstancias donde no es correcto o por lo menos deficiente o inmoral callarlo. Porque deja de contribuir al esclarecimiento de aspectos que mejoran la seguridad del transporte aéreo. Y por ello está obligada en su, supuestamente e indiscutible, moral y ética, a actuar de manera activa, abierta, clara y explícita.

En algunos casos, omite determinados aspectos cuando del gobierno se trata o donde resultan involucrados grandes intereses económicos privados. Por lo cual hay que estar atentos a esas prácticas difusoras que nublan la realidad. Donde no se niega una razón pero tampoco se le confirma evitando mencionarlo siendo necesario y positivo hacerlo. Uno de los casos más notorios es cuando están, irrefutablemente, involucrados errores de control de tránsito aéreo.

Quizás tema a la que ve como a una poderosa fuerza sindical de controladores, que le es necesaria en el medio aeronáutico y que, por ello, no debe ser provocada. Porque mucho de los esfuerzo investigativos de la NTSB dependen de la información que los controladores aéreos aportan. Y  estimular su animadversión le seria inconveniente a futuro. Pues perderían un valioso colaborador en su desempeño como investigador.  Caso evidente en el accidente del AV 052”. Fin de nota.

Solo tangencialmente admitía problemas en el flujo de tráfico aéreo. La NTSB reconoció faltas de los controladores aéreos mencionando que debieron ser más enérgicos en cuestionar a los pilotos, averiguando las condiciones exactas del AV 052 y en ocuparse de él (dentro de la investigación). Pero el informe final, que es fundamental, dice claramente que el vuelo fue manejado en forma adecuada y correcta, acorde con los procedimientos establecidos y aceptados internacionalmente.

Nota. Esta es una de las típicas formas de manejo y expresión evasiva de la NTSB. Decir verdades dentro del expediente de la investigación. Pero, al final, en la conclusión, no decir o decir otra cosa diferente a lo encontrado durante el proceso de indagación. Así confunde a quien solo se atiene a la sintética conclusión.

Aunque para quien sea acucioso, esa manipulación no pasa desapercibida. Solo no lo notan quienes no son expertos en el tema o no son suficientemente alertas en el análisis del trabajo de la NTSB. Fin de nota.

Nota: “En cuanto a que la tripulación no usó exactamente la fraseología y terminología oficial para “declaración emergencia”, porque usó sólo la frase: “Se nos agota el combustible”, en eso la NTSB tiene toda la razón.

Pero hay circunstancias donde la realidad es de tal gravedad que exige profesional y humanamente superar o las deficiencias de las normas o su simple cumplimiento mecánico, rutinario y sistémico de reflejo solo medular. En esas situaciones debe sobreponerse la lógica, con el reflejo racional, analítico y la alerta situacional, de la inteligencia humana. que se sobrepone a la simple norma, que también puede ser falible, que establece el cómo se deben hacer las cosas para situaciones genéricas. O que esta en contra o no cubren plenamente lo que acontece en una circunstancia especifica.

O, si pudiese ser posible, ignorar o negar inconscientemente y, mucho menos, conscientemente, la desviación de norma cuando está involucrada la seguridad de vidas humanas en inminente riesgo de perecer. Y que de dar prioridad en el manejo o la recomendación o la información que las pueda salvar, así sea de manera no normatizada, descuida o ignora esa opción de salir de lo reglamentado y no la aplica.

Y mucho menos, cuando esa desviación o diferente interpretación del reglamento no es significativa pero si esencial y muy justificada para lograr el exitoso resultado de proteger vidas. Porque ne ese caso el excesivo dogmatismo es mas dañino que el salirse de la regla. Simplemente por no se seguir el protocolo establecido.

Porque ese ceremonial esta por debajo y en segundo lugar cuando de salvar vidas se trata. Que es el fin último del Servicio de Control de Transito Aéreo. Ni aun aduciéndose alto nivel de cansancio laboral, mental y de estrés al final de una jornada laboral llena de tensión mental. Lo que tiene que estar por fuera del alto interés en ejecutar un rápido relevo de turno de trabajo para pasar al aspirado descanso.

Situación similar a la presentada en el piloto del Jumbo de Avianca aproximándose al aeropuerto de Barajas mientras sufría la preocupación de un familiar enfermo en su destino siguiente y final de itinerario. O la del avión de SAM procedente de Panamá que se accidentó en Frontino bajo condiciones de mal tiempo donde las radioayudas de navegación estaban muy perturbadas O el del avión de American próximo a las montañas de Tuluá.

En estos dos últimos casos se requería, inevitablemente,  la aplicación del vuelo primario. Y no se hizo por razones de emotividad y condición psicológica apremiante que perturbó la "Alerta Situacional". Que no fue suficientemente dominada como para llegar al error.

No es posible definir con precisión milimétrica cuando debe aplicarse el criterio de las decisiones analíticas eventuales y particulares sobre las reglamentadas y estandarizadas. Pero la experiencia y la lógica deben ser las alternativas para cuando sea necesario su empleo. Así sea de ocurrencia extremadamente remota. 
Y del acierto o desacierto en lo hecho, surge el nivel de la calidad mínima profesional exigida. Tanto de los controladores como de los pilotos  Y, por supuesto, de culpas o disculpas. Disciplinarias o penales”. Fin de nota.