AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 9 de mayo de 2018

10. ENTRE LEONES Y RATONES



Búsqueda de más soluciones.
10. El antiguo acueducto. Había que encontrar soluciones contundentes a la necesidad de mas agua. Se tenía que ampliar la capacidad del acueducto existente o construir un acueducto nuevo. Ninguna de las dos opciones estaba en nuestras manos. No teníamos el presupuesto necesario.

Aunque nos habíamos propuesto a que no recurriríamos al prometido apoyo que nos había ofrecido el Comandante General cuando nos hizo el nombramiento, como ya se comentó, a menos que fuese absolutamente indispensable, acudimos a esa alternativa.

Primeros tratamos el asunto con la llamada Dirección de Instalaciones en el comando central en Bogotá, encargada de las construcciones en las bases aéreas. Con tan buena suerte que ellos ya sabían de nuestra necesidad y tenían un plan en desarrollo. Era necesario esperar la asignación de las partidas de dinero. Las que se demorarían algún tiempo. Como la situación era apremiante   debimos recurrir a pedir una agilización ante el Comandante General quien nos prometió que haría lo posible por ayudarnos. Y fue efectivo porque aceleraron los trámites.

Tan solo unos seis meses después ya estaban iniciando la construcción de una nueva y moderna planta modular, toda metálica, de tratamiento de aguas. Construcción que duraría en la ejecución otros seis meses.

Otras alternativas. Siendo bastante el tiempo para construir la nueva planta teníamos que buscar una solución alterna temporal mientras se lograba la finalización del proyecto pues la necesidad no daba mucha espera. Aunque nos alegraba que nos hubiesen tenido en cuenta en tan agobiante inconveniente.

Había otro obstáculo. No solo la demora considerable sino que debía ser construida en el mismo lote donde estaba la vieja planta que nos abastecería. Eso nos arriesgaba a factibles faltas de agua. Se necesitaban hacer algunas demoliciones parciales de la planta vieja para las conexiones a la red. Estábamos en posibilidad de cortes completos del servicio.

Era necesario proveer otra opción de suministro. El río no era lo mejor pues sus aguas eran bastante contaminadas e impotables, física y biológicamente, ya que recorría bastantes kilómetros por entre la selva antes de llegar a nuestra rivera. Las fuentes de agua limpia en la Base eran muy pequeñas y lejanas.

Una era junto al cementerio y sobre la antigua carretera que sale de la Base hacia el municipio de Solano. Había una cavidad en el terreno donde se recogen aguas lluvias por escorrentía que cruzan por debajo de la pista nueva y era difícil de conectar al acueducto por su posición.
Otra era un pequeño nacedero en la rampa por donde se subían y bajaban los hidroaviones al río en el pasado. Ante esta inquietud había que encontrar algunas alternativas. Incluso hasta las más extremas e impensables.

No descartábamos la recolección de aguas de tejados aunque no teníamos suficientes depósitos. Y no era factible que los pudiésemos conseguir porque no se tenían las partidas presupuestales que deben ser previstas desde años anteriores, según las limitantes normas oficiales. Las que están diseñadas para administrar la logística de una fuerza militar en tiempos de paz. Estando nosotros en guerra. Otro anacronismo del alto mando militar y su EMC. 

Se podrían usar las cunetas paralelas de la pista y los bajantes de los techos como extremas alternativas y haciendo un uso muy limitado del recurso. Cada casa podría poner sus propios recipientes y esperar las lluvias, afortunadamente, son abundantes en los dos periodos llamados de invierno, guardando el agua para el tiempo de verano. Que así como llueve mucho en invierno es poco en temporada seca.

Preocupaciones no despreciables. Pues éramos responsables de muchas personas además de las operaciones militares. Las que estaban ambas emparejadas y mutuamente dependientes. Éramos conscientes que sin logística es imposible sostener capacidad de combate y desarrollar operaciones efectivas.

Las aerofotografías. Cuando nos anunciaron nuestro nombramiento en 1994 para esa unidad, habíamos ido al Instituto Geográfico Agustín Codazzi, IGAG, que dispone del material aerofotográfico nacional. Y de nuestra cuenta adquirimos aerofotografías y algunas cartas topográficas y demás material informativo de los terrenos de la Base que pensamos nos serían útiles.
La intención era usarlo en las operaciones de combate. Pero fue lo contrario, fue aplicable en la parte logística y administrativa. No sabíamos que se disponía de información de Internet que para ese tiempo era algo muy nuevo para nosotros.

Como la Base había sido construida partiendo de la nada, tumbando la selva virgen y sin casi ningún estudio previo, pensamos que de alguna manera los pioneros y trabajadores debieron abastecerse de agua. Tenían que tener sus métodos. Así que comenzamos a buscar esas factibles fuentes. Lo más lógico era en los lugares donde el terreno era bajo.

Allí las aerofotografías funcionaron para iniciar. en ellas no se apreciaban esos lugares con claridad. Solo ciertas ligeras ondulaciones del terreno próximos a la pista. Los que eran los potreros de la finca ganadera en donde nos abastecíamos de carne. Si los veíamos en las fotos nos indicarían a donde llegarían las aguas lluvias. En especial las de los desagües de la pista de aterrizaje.
Debido a lo antiguo de esas obras y a los considerables cambios del terreno no eran claros en las imágenes. Las cunetas debían conducir a los reservorios, naturales o artificiales, donde podíamos encontrar agua almacenada. Las del costado sur desembocaban directamente hacia la finca y los del costado norte no sabíamos. Estando la pista al pie de los alojamientos podíamos recogerla con facilidad y hacerla llegar a donde la necesitábamos.

Los drenajes. Hicimos una inspección del terreno y descubrimos que la berma norte desaguaba a través de unos viejos túneles abovedados con arcos de ladrillo cocido que pasaban por debajo de la pista hacia el lado sur. Allí se unían a las aguas de la berma de ese lado para terminar vertiendo las aguas en las suaves depresiones longitudinales de los potreros.

Además encontramos mucha agua acumulada en la cuneta norte aunque hacía días no llovía. Los túneles estaban casi que totalmente colmatados y por eso las aguas de ese lado de la pista permanecían mucho tiempo estancadas, remojando todo el piso de la pista. Dichos drenajes no funcionaban.

Era la inexplicable razón del porqué, cuando llegaba le época lluviosa, la mitad de la pista, que aún no se había pavimentado y era en superficie de tierra, se volvía un pantanero bastante liso y no soportaba el peso de los aviones. Era de arcilla roja expansiva. Los aviones se enterraban y se exponían a patinazos peligrosos durante las carreras de despegue y aterrizaje.
Nos dificultaban los abastecimientos debiendo, en diversas ocasiones, esperar varios días a que el agua que inundaba la pista bajara de nivel y el piso endureciera lo suficiente. Era un inconveniente que tenía muchos años contra el cual los comandantes anteriores habían luchado casi que infructuosamente.

Y la compañía contratista que estaba pavimentando la pisa, como aun su trabajos no habían llegado  a ese tramo, no le hacia mantenimiento ni había afrontado el problema. Varias veces debimos llevar una Compañía completa de soldados para ayudar a tirar del viejo avión DC 3 sacándolo del atolladero de fango y despejar la pista. No podía permanecer bloqueada pues la podrían necesitar otros aviones en caso de emergencia.





PISTA FANGOSA

Teníamos que limpiar los túneles y hacer que funcionaran. Vimos que salían justo al frente de las suaves ondulaciones del terreno descendentes que se apreciaban en los potreros. Los vistos en las fotos aéreas del IGAG. Ya eran dos problemas, el de encontrar los reservorios a donde debían llegar esas aguas y el de hacer que la pista drenara rápidamente para que secara evitando la paralización de las operaciones aéreas.

La fuerza medieval. Los días viernes en la mañana realizábamos la Relación General donde todos nos reuníamos en fila, como para una parada militar. Se leía la orden de la semana y se daban algunas informaciones administrativas. Iba ser un día diferente. Después de la parte formal, expusimos a oficiales, suboficiales, soldados y civiles, lo grave que era el estado de la pista y las consecuencias.
Nos podíamos quedar sin suministros de víveres. Sin poder trasladar los enfermos a los centros de atención médica de más alto nivel del que podíamos darles en nuestro hospital. Además de ser un factor de alto riesgo a la seguridad física debido al cierre temporal de los vuelos de apoyo operacional.

Así que todos debíamos contribuir a solucionar el problema. Tanto hombres como mujeres. Las secretarias, las esposas y hasta los visitantes. Se exceptuaban los niños y quienes no fuesen absolutamente indispensables en servicios esenciales. Tales como los enfermeros, médicos, el fontanero, el operador de plantas eléctricas, controladores de tránsito aéreo, cocineros y los que cuidaban niños o personas de edad. Los que estábamos en condición de hacer trabajo físico teníamos que ayudar. Las mujeres, como mínimo, preparando limonadas y refrescos para la mayoría de hombres que ejecutaríamos el trabajo pesado.

Ellos nos habían visto limpiando los desagües de la calle principal y sabían que no éramos del talante de quienes se limitan mandar y a mirar lo que otros hacen. Les dimos media hora para prepararnos. Buscaríamos en los depósitos, talleres y casas todas aquellas herramientas manuales de mango largo que sirviesen para remover tierra.
La maquinaria de la obra para la pavimentación de la pista estaba, desde hacía días, paralizada sin posibilidad de ser usada por razones técnicas. No podíamos contar con ella. Equipo que tampoco estaba a nuestra disposición así le prestáramos seguridad, pues hacía parte de un pleito judicial.

A la hora citada todos estábamos de regreso dotados de cuanto instrumento encontramos. Parecía un espontáneo ejército armado con herramientas agrícolas. Estaba listo, cual si se tratara de ir a contener la invasión de una poderosa legión romana en época medieval. Algo bastante raro en esos tiempos modernos para una fuerza militar, aunque real.

El entusiasmo. Los animamos a actuar con el mejor empeño. Se veía que estaban estimulados tomando el asunto casi como una diversión fuera de lo común. Algunos de los que daban el ejemplo más notorio, fueron personas como el peluquero. Cambió sus tijeras y la barbera de rasurar por una pala.  El matarife que tomó una pica. Comprendieron lo importante que era el aeropuerto para nuestra subsistencia. Les indicamos las salidas de los túneles donde debían iniciar las excavaciones para buscar los canales para que salieras el agua acumulada en ellos y nos dijeran donde terminaban. Suponíamos que serían los reservorios escondidos.

Como cosa contradictoria, los más desinteresados fueron los trabajadores civiles de la sección de Instalaciones. Los encargados del mantenimiento de la infraestructura de la Base. Dijeron que eso era trabajo para soldados porque a los soldados se les podía obligar por la fuerza a trabajar. Mientras que a ellos nunca les había faltado el agua pues vivían en Mandalay, donde su aliado fontanero nunca los racionaba. Ni los víveres porque los militares siempre nos la ingeniábamos para que los vuelos de abastecimiento no faltaran. Y eso que este era su trabajo y que entre todos les estábamos ayudando a cumplir. Y los más empeñosos, como siempre, los Soldados, a quienes los anteriores acostumbraban dejar sin agua. 

El hallazgo. Secar la pista se convirtió en lo primero cuando no había sido ese nuestro objetivo inicial. Surgió en el camino. Y lo segundo era adonde se dirigían los desagües y que nos llevaran a los viejos depósitos en donde se abastecieron los primeros constructores de la Base años antes.
Por ello les advertimos que si encontraban algún ladrillo, muro o ruina informaran. Como a las dos horas de haber emprendido la obra descubrieron un pequeño muro de ladrillo cocido próximo a una de las bocas de uno de los túneles.

Fue limpiado con cuidado y al poco tiempo se puso en evidencie que era uno de los canales. También de ladrillo, al igual que el encofrado de los túneles. Estaba debajo de las ondulaciones del potrero perpendiculares a la pista que veíamos en las fotografías aéreas. Que a pesar de ser de material bastante meteorizable y haber permanecido muchos años tapado con tierra, estaba en perfecto estado. Comenzó a funcionar conduciendo la mucha agua aposada en las cunetas. Con la corriente también limpiaron los túneles.


Túnel con encofrado de ladrillo

Debido a la falta de mantenimiento de los canales , las malezas los cubrieron. Se llenaron de sedimentos y con el cruce el ganando habían desaparecido totalmente. Solo se preciaba como si fuese terreno natural cubierto de pastos. Ya no se veía nada de lo que había sido antes una obra de ingeniería que debería estar en perfecto estado y funcionando.
De esa forma la pista secaría rápido y la arcilla no se convertiría en lodo. Habíamos ganado algo importante.

Los huecos en la pista. Comandantes anteriores habían tratado de corregir el problema del ablandamiento de la pista llevando gravilla de aluvión desde una balastrera cercana. La mezclaban con la arcilla del suelo y llenaban las brechas que hacían los aviones. Otros rellenando con escombros sobrantes de construcción, arena, piedras y canto rodado de rio.
Incluso, nos contaron que algunos comandantes anteriores habían ordenado demoler unas casas desocupadas para rellenar y endurecer el piso. A un alto costo porque no solo era una pérdida de alojamientos construidos en el pasado con grandes esfuerzos sino de materiales, que en esa región son valiosos. Pero impulsados por la necesidad de no quedarse sin la comunicación aérea. De seguro muchos ladrillos estarían enterrado en la pista. Pero la apremiante necesidad los había conducido a actuar así.

Lo lógico era que si se necesitaba material duro como ladrillos, debían producirlos en lugar de demoler construcciones ya terminadas. Tampoco era una solución efectiva pues, a la próxima temporada de lluvias, se revivía el fantasma. Era un remedio solo momentáneo que no atacaba el origen del mal. El problema no eran las frecuentes y fuertes lluvias o el tener un terreno arcilloso, sino el no evacuar las aguas con rapidez para que el piso no se ablandara.



PISTA BLANDA

Una desviación.
La ingeniería de catálogo. Estando en estos asuntos solíamos observar lo que el contratista estaba haciendo en la construcción de la pista de aterrizaje con lozas de concreto para los norteamericanos. Aunque el proyecto estaba casi paralizado, el contratista fundía algunas losas, en forma lenta y solo como para dar la impresión que no había abandonado la obra totalmente. Quizás le era favorable evitar que se usara ese motivo en la querella judicial para cancelarle el contrato. Ya había hecho media pista faltando el resto.

Observamos que usaban la técnica de hacer un vaciado continuo de una larga cinta de concreto. Después, hacían cortes con una cuchilla en el concreto semi endurecido para crear las separaciones que se requieren para absorber las dilataciones. Un corte transversal superficial de unos pocos centímetros de profundidad con una cuchilla de motor para concreto. Corte que actuaba igual que el punto débil de un fusible. Un debilitamiento parcial por donde se debía generar una grieta completa hasta el fondo de todo el espesor de la placa, que era como de unos 30 centímetros. Este fenómeno era de esperarse que se produjera durante el fraguado en las horas siguientes.

Para que funcionara correctamente hacían un control minucioso de varios parámetros tales como la temperatura de la mezcla y la ambiental, que en la región es bastante alta en algunas horas. Con bombas aspersoras de espalda rociaban sobre la loza una solución antisolar lechosa. Cubrían o destapaban, según demandara la situación, con un gran armazón hecho de perfiles metálicos que sostenía una pesada carpa. Con ella se protegían del sol y de las lluvias, que son frecuentes, repentinas y abundantes en algunas épocas, aunque, normalmente, cortas. Pero también podían ser, en algunas ocasiones, tres días continuos de indetenible precipitación.

Las díscolas grietas. A pesar de esas precauciones, las díscolas grietas, con frecuencia, no seguían el corte inicial. Caprichosamente se salía de la trayectoria y causaba rotura en otras direcciones. Eso no inutiliza totalmente el trabajo hecho pero retardaba y descalificaba, en gran parte, el esfuerzo de ingeniería.
Eran bastantes las difíciles y costosas operaciones para lograr hacer cada una de las losas. Además del que implicaba corregir haciendo perforaciones con un taladro a lo largo de la desviada grieta, para inyectar un fuerte adherente catalítico para pegar las partes separadas. Era un dolor de cabeza tanto para el contratista colombiano como para los interventores y los contratantes norteamericanos.

Aunque nuestros conocimientos sobre ingenieria civil eran demasiado elementales, nos creímos con derecho a hacer algunas sugerencias. A manera de conversación informal, que propiciamos con uno de los ingenieros extranjeros, le dijimos que podrían evitar ese inconveniente si tenían en cuenta algunos factores adicionales.
Como lo sospechamos, nuestra apreciación no le pareció sustentada y, de inmediato nos refutó diciendo que ellos estaban procediendo según los valiosos parámetros establecidos en los manuales del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de los EE UU, que tenía gran experiencia en todo el mundo. Y en especial en construcciones en el África. Era una gruesa carpeta de minuciosas normas técnicas.

Fracturas imprevistas por fuera de los cortes

9. ENTRE LEONES Y RATONES


9. Lo que vimos. Volvamos al problema del aseo de las tropas. Era notoria la falta de limpieza de las instalaciones, los uniformes, las áreas de baños y alojamientos. Los dormitorios olían a fuerte sudor humano acumulado. Los camarotes no estaban adecuadamente limpios y, en general, en las barracas reinaba un descuido sanitario bastante evidente. Pensamos que era un ambiente propicio para una epidemia que nos habría sido peligrosa. El asunto no era simplemente del mal olor del soldado estafeta para su intención personal sino de consideración humana con sus compañeros transmitiéndonos el mensaje.

Sospechamos que esa condición se daría en otras áreas. Por ello fuimos a “El Rancho” de tropa, como llamamos la cocina donde se preparan los alimentos. Era igual.

Pedimos explicación al ranchero encargado y también nos expuso el mismo problema del agua. Como tenía un pequeño tanque próximo a la puerta de entrada de la cocina, le preguntamos porque no la usaba para el aseo general. La razón, el agua era tan escasa que solo le alcanzaba para cargar las marmitas donde se cocinan los alimentos. Si le daba otro uso se quedaba sin cómo preparar los alimentos. Era tan grave el asunto que debía cuidar con mucho celo esa agua pues los Soldados, ante la necesidad primordial de calmar la sed, se la robaban. Ni siquiera para el aseo personal. Sus menajes debían limpiarlos con papel o trapos húmedos después de comer porque no había agua para lavarlos.

Eran las cosas que todos sospechaban y a las que temían afrontar cuando se buscaba evadir el nombramiento de Comandante de la macondiana Base Aérea. En la vida militar no siempre son combates de balas sino fundamentales asuntos de supervivencia. Porque quien no sobrevive jamás podrá vencer en el combate. Estará muerto desde antes y mucho menos lograr la victoria.

Las trampas ocultas. La situación era muy crítica. De regreso a la oficina, bastante preocupados, tratamos el asunto con el encargado del acueducto junto con el Mayor Comandante de la tropa.
Usábamos el agua del río Orteguaza para abastecer el acueducto. El fontanero decía que la planta de tratamiento era anticuada y no solo no daba el rendimiento previsto sino que el consumo había aumentado en la medida en que había crecido la población en los últimos años. Sin tener en cuenta la capacidad de abastecimiento.

El contratista de la obra de construcción de la pista había hecho llegar muchos obreros. Además de la Fuerza de Tarea FUTACAL conformada para darle seguridad a la obra. Por eso tenía que programar el bombeo por sectores. Y, por supuesto, daba prelación al personal militar de alto rango y para ellos, los empleados civiles also cuales la mismos militares los habían acogido dándoles trabajo.
Pero dejando a los soldados de últimos por ser los de menor rango. Y para lo que sobrara, si sobraba. Para que no se notara procuraba que los oficiales no sufrieran de falta de agua. Algo que hacía desde bastante tiempo atrás. Era la forma como agradecia el ser gente muy favorecida por la institución. 

Lo que omitió. Por supuesto que no dijo nada del bombeo para el pueblo de Mandalay dónde él y sus compañeros empleados civiles vivían. Por eso sospechamos que había sido una omisión premeditada. Se lo pusimos en evidencia y se puso bastante incómodo. Su sustentado argumento y sin ningún recato, era que como la planta está ubicada dentro de los predios del poblado ellos tenían la primera prioridad. Incluso antes que los militares de bajo rango. Es decir los soldados.
Es una persona bastante inculta pero demasiado astuta.  Lo que le faltaba de lo uno lo tenía de lo otro. Perteneciente a la famosa familia del más viejo colono de esa región. Familia a la cual se le ha dado a  casi todos su miembros muchas plazas laborales dentro de la Base Aérea. Como si fuesen los privilegiados caídos del Olimpo. Y como sujeto de pésima educacion académica también sabía cómo compensar esa grave deficiencia espiritual con actitud de odio y rencor hacia lo militar. Lo que evidenciaba su pésimo calidad humana.

Justo los militares quienes éramos los creadores de esa instalación militar. En una región de colonización y el motivo por el cual ellos tenían plazas laborales. Ellos que por varias generaciones habían tenido esa fuente económica de la que vivir. Era su clase de gratitud y sentido de pertenencia con la institución que los había ayudado por más de medio siglo. 

Nada les faltaba para que fácilmente pudiesen sentir que debería estar más de parte de los insurgentes, nuestros enemigos, que del gobierno y, por supuesto de la nación.
El espíritu patriótico y nacionalista no era asunto de ellos. Eso era ciencia oculta y brujería en su medio. Creímos que sus compañeros y residentes, que eran familiares en su mayoría entre sí, hasta lo habrían amenazado si les restringía el agua. Por eso a ellos nunca les faltaba. Pero a los soldados si.

El altanero ofendido. Nos dejó saber que lo habíamos ofendido por ponerle en evidencia ese mal proceder y trató de mostrarse altanero para que no se le recriminara su atrevimiento. Aunque se esforzaba por conservar la prudencia porque sabía que si no lo hacía le podría acarrear graves consecuencias legales.
Más de las que con sus compinches del poblado de Mandalay, donde el también habitaba, le podrían acontecer. Por lo menos con nosotros tenía la seguridad de que no actuaríamos ilegalmente contra él o sus aliados. Los demás ¿Quién sabe?

No escatimó en dejarnos en evidencia que nadie antes se había atrevido a hablarle de esa manera que para él era muy ofensiva. Nuestras palabras eran educadas, no salidas de tono, en volúmenes moderados y nada insultantes. Pero los conceptos no eran los que él siempre había esperado y aspiraba se le expusieran. El decirle la verdad le ofendía. Vimos que eso le acontecía porque aunque era un empleado que cumplía con su deber, con bastante autonomía, casi sin ninguna supervisión y en un lugar apartado donde podía actuar a su gusto para usar el horario según su parecer, no lo valoraba.
Por eso no veía bien que en sus más de veinte años de servicio se le hiciese un reclamo por actuar incorrectamente. Había desarrollado mucha soberbia y susceptibilidad exagerada considerándose tan indispensable como para que ningún superior le demostrase autoridad.

Los favorecidos. Pertenecía al clan familiar de un tradicional apellido cuya familia había recibido muchos cargos en la Base Aérea por años. Y, sin embargo, la institución le era de poca importancia y hasta despreciable. Le dejamos claro que si los otros sectores de la Base Aérea teníamos que acogernos a un racionamiento, los habitantes del poblado también. Pero no podían seguir siendo los privilegiados. Que los soldados eran seres humanos tanto como ellos y que las pocas vacas flacas tenían que ser tan compartidas por igual como cuando se disponía de las gordas. No debía ser caridad solo de lo que sobraba sino también de lo que faltaba.

De por sí ya eran muy bien considerados permitiéndoles vivir dentro de una instalación militar y disfrutando de muchas facilidades del mundo moderno, que en ningún otro lugar cercano existían.

El entorno solo eran selvas casi vírgenes. Y ellos sabían que por fuera del cobijo de nuestra seguridad las cosas eran a otro precio con la amenaza que nos rodeaba.
Hasta en algunas ocasiones llegaron a hacernos saber que ellos eran un poblado aparte de la Base Aérea, estando dentro de ella y siendo ellos nuestros subalternos, al que no debíamos imponerle reglas de comportamiento en su modo de vida. Ni siquiera las policiales. Sin importar si sus actuaciones llegaban a causarnos problemas disciplinarios y logísticos.

Un osado atrevimiento cuando ellos disfrutaban hasta del costoso transporte aéreo, la electricidad, el acueducto, el servicio de salud y muchas otras cosas para tener una elevada calidad de vida en muchos kilómetros la redonda de esa inmensa región inhóspita.

Eso no podía seguir aconteciendo de ninguna manera y así fuese a cualquier costo. Incluso a si desease abandonar el cargo, lo que bastante deseábamos. O que nos causase cualquier otro inconveniente. Teníamos que ser categóricos pero no podíamos dejarnos chantajear por un empleado que se creía con poder de apabullarnos.  

Dimos órdenes para corregir lo mejor posible el reparto equitativo del agua y los soldados comenzaron a recibir un trato más ecuánime entre la aún latente e inevitable escasez, por el momento.

La piedra alumbre. Menos mal que personas de su talante siempre tienen justificaciones reservadas y coartadas para atenuar las culpas cuando se les descubren sus errores. Otro aspecto adicional en la justificación que argumentaba el operario para atenuar su mal proceder, era la falta de insumos químicos para tratar el agua.

Decía que desde hacía bastantes días había informado que no le entregaban en el almacén de suministros la piedralumbre necesaria para el proceso de floculación del agua que era extraída del río Orteguaza. Como es un río lodoso es fundamental hacer un proceso de precipitación y filtrado.
Descubrimos que eso era verdad debido al descuido del almacenista, también su familiar. Y a los encargados de comprar y transportar los suministros. Los que se adquirían en la ciudad de Florencia, 120 Kms al norte, y debían ser llevados en lancha por río o en avión. Nos parecía extraño que algo tan fundamental se hubiese ignorado.

Otra revista. Por eso decidimos hacer otra inspección en el almacén y corroborar la verdad. Lo que apreciamos fue otro desastre inconcebible. Materiales sin clasificar. En lamentable estado de preservación. No se actualizaba el registro de existencias y mucho menos se hacía control de niveles mínimos. Solo desorden y evidente mal manejo.

Casi nos habíamos dado por vencidos de encontrar la indispensable piedralumbre aunque fuese para unos pocos días mientras se lograba hacer llegar un nuevo suministro. El fontanero estaba por lograr su empeño de imponer su deseo de doblegarnos.
En forma totalmente abandonada pudimos ver unos sacos de un fuerte papel de empaque. Que aunque sucios y tirados en un rincón se nos hicieron extraños puesto que estaban rotulados en inglés. Sus letreros, en ese idioma, indicaban que contenían un producto químico de origen extranjero. Más aún, que el contenido estuviese en perfecto estado de conservación a pesar del largo tiempo que parecían tener de olvido.

Consultado el almacenista sobre el contenido, también del clan familiar del operario del acueducto y de otros varios operarios de la Base aérea, como si fuese en contubernio, dijo que no lo sabía. No estaban en la relación de existencias y ni siquiera se había percatado de que en ese rincón estuviesen tales bultos.
Así era de pobre el conocimiento de su lugar de trabajo. Pues le hicimos caer en cuenta que esos sacos contenian la necesitada piedralumbre que él había estado negando durante bastantes días, a su hermano, para purificar el agua.

La capacitación. Que el único problema era que se denominaba químicamente como Sulfato de Aluminio y cuyo nombre vulgar o común es Piedralumbre. Que estaba simplemente en el idioma Inglés pero era lo mismo.
Pues él no lo sabía y podría decirse que era razonable que no supiese alguna de las tres cosas o todas tres. Pero como almacenista, si su educación no era suficiente, debía no solo buscar quien le identificara los elementos a su cargo sino que no podía guardar cosas que no supiese sobre el contenido.

Piedralumbre. Internet

Podría ser material peligroso. Como el potente explosivo C4, que se hacía pasar por simple e inofensiva plastilina que tan parecidos son. O ya fuese porque fuesen materiales peligrosos por lo corrosivos, cáusticos, incendiarios o tóxicos.  Y que en caso tal de no poder clasificarlo y darle el adecuado manejo, se tenía que deshacer de ellos por el riesgo que implicaban.
Claro que, en este caso, fue un paradigma el que su incompetencia profesional nos hubiese salido útil. Bastante era el nivel de ignorancia que hasta ponía en riesgo su propia vida por no actuar con la iniciativa que estábamos buscando para generar la forma de pensar en aras de lograr un Comando de Combate. Por supuesto que para la picardía y para incumplir deberes si eran brillantemente ingeniosos.

Le dimos la orden de entregar lo solicitado a su familiar, el fontanero, y a este darle uso. Quien realmente se asustó demasiado, aunque nos pareció que era otra argucia para obstaculizar el servicio.

Dijo que tenía miedo de causar una tragedia si ese producto resultaba ser venenoso a la población y podría causar una enfermedad colectiva. Era normal que una persona con poca educación tuviese miedo a lo desconocido.
Debíamos convencerlo de que el producto estaba en perfecto estado de conservación y era el adecuado. Que para garantía estaba que nosotros mismos consumiríamos el agua que él purificaría con ese Sulfato de Aluminio. Sustancia que para él era un término misterioso de ciencias ocultas de una alquimia atemorizante. Nos aseguró que éramos nosotros los responsables del cumplimiento de esa orden si algo salía mal, pero la acataba.

El indispensable control. Cumplió y dispusimos del agua mientras conseguíamos otro nuevo pedido. Por ello no tenía ya más justificaciones para restringir, de mala fe, el suministro de agua a los soldados. Sabía que ellos soportaban todos los abusos que les viniese en gana sin protestar y por tanto, el daño que les hacía con premeditación, pasaría desapercibido a los superiores. Por eso era cuidadoso para que a estos últimos no les faltara del todo.  

Aunque esta situación dejó en evidencia que si no se hace un control efectivo de los empleados estos no tienen ningún recato en tomar acciones por su cuenta sin consideraciones morales ni sociales. Que dan prioridad a sus propios intereses individuales sin importar el beneficio comunal e institucional. Aun con los recursos esenciales y de primera necesidad.

Su poca capacitación y formación profesional son contribuidores fuertes de su desinterés por la solidaridad comunal y los beneficios compartidos poniendo por delante lo particular. Uno de los aspectos a los que esa unidad había llegado debido a errores de comando y control por los responsables de turno en todos los niveles.

8. ENTRE LEONES Y RATONES


8. Cambiando la tradición. Causa un natural temor el hacer cambios dentro de una institución excesivamente rígida, piramidal, verticalizada y conservadora, donde la innovación es un peligro más que una oportunidad. Y por ello la transformación y la modernización no se dan a la velocidad que demandan las circunstancias que surgen repentinamente sino al lento y simple relevo generacional. Lo que la deja rezagada a los nuevos tiempos.
De esa forma termina solo tomando decisiones desesperadas de último momento que son traumáticas e improvisadas. Apagando incendios. Un proceso evolutivo sin planeamiento que, con frecuencia, da resultados inesperados o contrarios al deber ser. 

Pero lo más importante era que desarmarían sus espíritus al sentir la satisfacción de sus pequeños éxitos. De esa forma serían permeables a la autoridad generando mejores resultados. Pues, así lo hicimos y las respuestas fueron positivas. Más de lo previsto.

Acataban con mejor disposición sus deberes cotidianos, los extraordinarios, y disolvieron su hermetismo actitudinal. Además de querer que se les dieran responsabilidades adicionales. Las que también les resultaban agradables y necesaria para entretener su tiempo libre. El que les incomodaba porque no sabían qué hacer con él.

El vicio del licor se redujo. Ya no era necesario empujarlos sino contenerlos. Lo único que demandaban era dirección. Ellos habían echado andar sus motores individuales potenciando todo el tren. Su trabajo ya no eran un castigo divino sino buenas oportunidades de felicidad terrenal.      

Dicho y hecho. No era suficiente con pregonar lecciones sino indispensable dar ejemplo. Un día, la secretaria se disculpó por haber llegado tarde al trabajo. El motivo era que vivía en Mandalay y la única calle central estaba inundada.  

Era la época de invierno, que en esos lugares selváticos son torrenciales lluvias. La que debía recorrer de un extremo al otro de la Base. Nos explicó que el agua le llegaba arriba del tobillo a los transeúntes. Debían quitarse los zapatos y caminar por entre el pasto alto y húmedo de los lados o sobre el murillo de cemento separador de la vía, haciendo equilibrio para no caer al barro de la calle. Se quitaban los zapatos para que el agua no los dañara y luego se los ponían al llegar a las oficinas.

Nos hizo pensar que el problema tenía que ser el poco mantenimiento de los desagües. Así fue, inspeccionamos y vimos que se debía a falta de limpieza de los drenajes. Como era una vía no pavimentada las cunetas estaban colmatados por la arena que arrastraba el agua y se detenía por la maleza que hacia tiempo no se arrancaba. Pedimos que nos alistaran una carretilla, con una pala y pica, para nuestro uso. Algo que se les hizo raro, aunque ya se estaban acostumbrando a algunas de las extravagancias del Comandante. Por eso, mientras el personal cumplía sus actividades deportivas semanales nosotros nos dedicábamos a esa labor.


Calles en tierra y escuela

Hemos sido aficionados al trabajo físico. Ellos sudaban en deportes competitivos grupales y nosotros con esfuerzos laborales individuales. Al estilo de las actividades durante el tiempo libre productivo. A los soldados y empleados, que pasaban por la vía, no les llamábamos la atención pensando que se trataba de algún obrero contratado para esa sencilla labor física. Solían ni siquiera saludar, por cortesía social, pues a un trabajador de ese nivel no se daba mayor atención.

Y menos por norma, como se usa dentro del ambiente militar en todo mundo. El no hacerlo es para con quien se ha considerado sin mayor importancia y que no amerita interés alguno. Lo admitíamos solo para impresionarlos luego. Cuando se percataban que era el Comandante, se sorprendían y hasta mostraban cierta sonrisa que aunque no burlona si de extrañeza. Creían que ese tipo de trabajos no eran apropiados para quien tenía la máxima autoridad del lugar y era el responsable de muchas personas. Lo debido era simplemente que ordenara hacerlo y no esforzarse personalmente.

Algún tiempo después durante la siguiente temporada de lluvias, la secretaria entró a la oficina a darnos las gracias porque ya no tenía que caminar por entre los charcos.

Cálculo equivocado del plazo previsto. Calculábamos las probabilidades de que la unidad se convirtiera en un CACOM, sí mucho, dentro de 10 años después de haberse iniciado el proceso. Experiencias anteriores nos habían indicado que la implantación de ideas nuevas o cambios significativos sufrieron un retardo como mínimo de una década para que fuesen implantadas.

Cuatro experiencias recientes. Un ejemplo fue cuando a comienzos de los años 90 sugerimos la privatización de un servicio de lavandería en otra unidad militar. El motivo fue la extrema ineficiencia, descuido del material y altísimos costos, que teníamos con empleados propios. Deficiencias casi imposibles de corregir con los laxos, tolerantes e intrincados procedimientos y normas laborales oficiales. Las que el Estado se ha dejado imponer por los empleados públicos para impedir la productividad.

Iniciativa del campo logístico, que era mucho más fácil de adoptar que las que se proponían en el campo militar. Idea que sólo fue acogida para los comienzos del año 2.000.

La de comprar en 1981 unos terrenos en el desierto de la Guajira para construir un polígono de tiro aéreo para entrenamiento de las tripulaciones del CACOM 3. La segunda.  Crear un CACOM en el occidente del país con motivo de las operaciones de combate que se le habían asignado a EMAVI. La última. La de hacer un estudio científico y técnico profundo sobre las operaciones de bombardeo que evitaran los inconvenientes presentados, como  el de Santo Domingo, Casanare. Las dos últimas propuestas fueron hechas en el año de 1999 y aproximadamente 10 años después se acogieron.

Antecedentes históricos. En 1927, próximos al conflicto con el Perú, el ministro de guerra, en uno de sus informes al congreso, pone en evidencia que en el cuerpo de suboficiales no se había despertado aún el espíritu profesional. El que se había buscado con el aumento considerable de sueldos y con la puesta  en funcionamiento de su escuela. El principal obstáculo se debía a que, en gran parte, su procedencia era de la misma tropa con un bajo nivel educativo. Práctica que no se había eliminado totalmente. Por esa razón su destreza profesional era más debida a la experiencia adquirida en los cuarteles que a una capacitación académica.

El ministro había visualizado que el suboficial era entonces un soldado con sueldo y experiencia, además de autoridad sobre otros soldados, pero con muy poca educación formal. Lo que explicaba, en gran medida, lo raro que era que un suboficial pudiese pasar a ser parte del cuerpo de oficiales. Lo que también fue claro para nosotros, en 1974, cuando de un grupo de 82 ingresados a la promoción de oficiales en la FAC, tan sólo 3 provenían del Rango de suboficiales.

El suboficial, en los finales de los años 20, era visto como un soldado ilustrado. Razón por la cual la escuela de Cadetes del Ejército, en Bogotá, mantenía cerradas sus puertas a los suboficiales, además de otras consideraciones. 

Circunstancia vista por un agregado militar norteamericano. En sus informes explicaba que el analfabetismo reinaba entre la tropa. En el suboficial se tenía un bajo nivel en la educación militar formal. No llegaba al mínimo de la calidad mínima exigida para el rango del oficial. Motivo por el cual el suboficial era visto como no apto para ingresar al rango directivo institucional. Además, durante el gobierno del General Pedro Nel Ospina existían también otros. Se limitaba el ascenso no sólo por deficiencias en cultura general y conocimientos particulares militares, sino hasta prejuicios sociales

Un voluntario en 1931. Otro caso lo evidencia el conflicto con le Perú. A pesar de la necesidad de alistamiento para atender la invasión peruana, se dio con el civil voluntario, luego Sargento, Jorge Tobón Restrepo. Jorge, de origen antioqueño, en un arrebato patriótico, se ofreció para enlistar. Por su procedencia regional no se le aceptó aunque tenía las calificaciones académicas apropiadas para aspirar a ser oficial. Ante la negativa aceptó ser admitido de suboficial. Y aunque ambos grupos recibieron la misma instrucción y el sacó el primer puesto en las calificaciones, se le negó por segunda vez y debió aceptar el rango de suboficial.

No era lo suficientemente linajudo. El que daba el estatus, como imperativo criterio del centralismo capitalino nacional. Tobón debía darse por bien servido porque, al menos se le aceptó, como mínimo, ingresar a la carrera militar. Eso ya era, de por sí, una distinción personal y un gran salto en el escalafonamiento social para un provinciano como él.

De todas maneras, tampoco se salvó de las discriminaciones de sus propios compañeros. Era víctima de la rudeza ofensiva de sus colegas suboficiales más antiguos, a quienes tenía que darles el debido respeto. Aunque eran ignorantes, no escatimaban oportunidad para demostrarle, al recién ingresado, su jerarquía. Sólo para vengar su aspecto de señorito de buena familia. Sus buenos comportamientos y modales, debidos a su mejor educación. Lo que les producía celos.

A la diferencia intelectual también se agregaba la racial. La misma que se daba en el rango de la tropa. El caso de Tobón era excepcional porque su genotipo no era tan mestizo como sus compañeros. Pero, al menos, disponía de la capacidad y la iniciativa intelectual para plasmar por escrito sus memorias durante el conflicto, como ya se mencionó. Algo extremadamente extraño dentro de los suboficiales con esas habilidades cuando lo veían tomar notas para, luego, escribir sus memorias. Y más dentro de los soldados.

Por ello era visto por todos los tres rangos, oficiales y suboficiales y soldados, como un blanco de buena familia. Clasificación qué se acostumbra dar en forma coloquial y peyorativa, en el trato entre las personas. Según esa consideración, se debía saber cómo comportarse en forma adecuada según las rigidez de las casi qué inviolables normas costumbristas. Las que se extendían después al tiempo del retiro. Pues lo máximo a que podía aspirar un suboficial, después del servicio, era a recibir una recomendación para ser policía en algún departamento alejado del centro de las influencias de la capital.

Al no existir otros testimonios similares tenemos que acogernos al menos a los escasos documentos de ese tiempo. Que merece consideración si le agregamos lo visto por nosotros en década de los 70, como ya dijimos. Lo cual nos permite pensar que no es nada irracional a lo publicado en su libro por Tobón.

La justa ley. El qué un suboficial tuviese la oportunidad ingresar al rango de los oficiales no sólo era un privilegio excepcional para mejorar la retribución salarial. También era el lograr un ascenso en la categoría de las clases sociales internas y de la sociedad en general. Los favorecidos con tan extraordinario privilegio, con frecuencia guardaban cierto moderado rencor. O algún resentimiento por las dificultades puestas a los reconocimientos ajenos merecidos. Aprovechaban la mayor jerarquía alcanzada para comportarse en forma calculada y severamente rígida con los no favorecidos. Incluso más que los mismos oficiales que habían iniciado su carrera profesional sin haber pasado por el escalafón del suboficial.

Estábamos iniciando el último tercio del siglo XX y las estadísticas todavía indicaban que todo era muy similar a lo que acontecía en los años finales del primer tercio. En ese entonces el ministro propuso, en 1927, un proyecto de ley reglamentando la carrera. Quería  incluir con claridad los procesos y procedimientos de reclutamiento, ascenso, escalafón, retiro y pensiones. Fue necesario esperar 10 años, a pesar del conflicto que fue 1932, para qué tal ley fuera aprobada. Lo que demuestra que nuestras apreciaciones no eran simplemente de último momento. 

Eran una tradición histórica regular dentro de la capacidad de las FF MM para adoptar procesos de actualización y modernismo. Sin embargo, nuestras previsiones no se dieron y el CACOM fue creado tan sólo unos pocos años después de nuestros iniciados empeños. Lo cual, para mejor fortuna, estaban demostrando que las cosas en la FAC están cambiando más rápido de lo previsto. Los paradigmas y los esquemas excesivamente lentos, en la forma de pensar, se estaban rompiendo.

La experiencia en el comando de Tres Esquinas nos estaba dando entonces la oportunidad de pensar en muchas cosas, al mismo tiempo, sobre los asuntos dogmáticos de la institución militar.

El líquido vivificante. El agua. Muchas actividades y hasta el modo de vida están altamente relacionadas con el agua. Ya fuese por exceso de lluvias, como el de la vía, o hasta por su falta cuando no llueve. Pero el agua está muy presente en esa región. Desde el río, para transporte, combate fluvial, pesca o recreacion. Hasta como impedimento de las operaciones aéreas por nubosidad o las terrestres por la inundación de la selva. Las frecuentes descargas eléctricas suelen causar daños a la red eléctrica.

El embajador impresionado. En una ocasión llegó a la oficina una persona más bien joven, de corbata y traje de paño. Muy propio para los climas fríos y las oficinas en Bogotá. Nada corriente en ese clima ardiente, humedo y montarás. Algo no común donde estábamos. Lo anunciaron y entró a la oficina. Se presentó como el embajador de Israel. Nos sorprendió, que a su edad, fuese un embajador. a los que, normalmente, los asociamos con personas de alguna edad por experiencia y respetabilidad.

Nos dijo que su motivo era el conocer la selva personalmente porque regresaría próximamente a su país y no quería irse sin conocerla en forma directa. Le ofrecimos ir a un lugar donde la viese más de cerca pero no lo aceptó. Dijo que con lo que había visto desde el avión ya era suficiente.

Solo tenía una gran curiosidad. Como por la ventana de la oficina se veía el río Orteguaza, que pasa muy próximo, y al otro lado, en la orilla opuesta, la selva virgen, nos dijo que no podía creer que fuese tan grande el río. No dejaba de mira con frecuencia, mientras conversábamos, hacia el río.

Nos preguntaba en cual temporada bajaba el caudal a lo que le contestamos que en las temporadas de verano se reducía un poco. Pero que en general mantenía el mismo caudal. No lo podía creer que todo el año pasara tanta agua. Y dudaba de nuestra afirmación pidiendo que se la reiterara varias veces.

Río Orteguaza al frente de la oficina. Cien metros de ancho

Era evidente que ellos no tienen ríos como estos y que era el primero de este tamaño que veía en su vida. Para más sorpresa le dijimos que este era un río pequeño. Que en apenas 150 kilómetros de recorrido desde su nacimiento en las montañas tenía una cuadra de ancho. Que los verdaderamente grandes como el Caquetá, al cual desembocaba este, a unos 5 kilómetros donde estábamos, eran bastante mayores que el que estaba viendo. Que ese podía tener unos 2.000 kilómetros antes de llegar al Rionegro en el Brasil, recibiendo mucho más tributarios y haciéndose más caudaloso.

Creímos que le daban casi que ganas de llorar impresionado por tanta abundancia de naturaleza. Dijo que era suficiente con lo que había visto, lo que le había contado y se marcharía de inmediato, como así lo hizo. Tenemos grandes tesoros naturales que valoran los que no los tienen.   

La comunicación indirecta. Un soldado nos ayudaba en la oficina con la distribución de la documentación, el “soldado estafeta”. Observamos que en algunos días no se presentaba lo suficientemente limpio. Sus ropas estaban sudadas y parecía no haberse bañado. Le hicimos la observación. Nos dijo que era cierto. Se debía porque era frecuente que no tuviesen suficiente agua para el aseo personal y el de sus prendas. No le creímos puesto que en nuestra casa no faltaba el agua.

Hasta pensamos que era factible que fuese una disculpa inventada. Aunque también podía ser que los soldados nos estaban mandando algún mensaje subliminal por temor a un regaño que su, superior inmediato, les hiciera por hacerlo quedar mal si se nos quejaban directamente. Que los vieran como poniéndonos quejas infundadas de su superior. Y, con ello, causándole una incomodidad sobre un asunto que él no nos hubiese mencionado, siendo de urgente necesidad.

Es una falta reglamentaria no seguir el conducto regular de la línea de mando en la comunicación. Aunque los soldados se dan sus mañas para encontrar atajos dentro del intrincado camino burocrático para llegar a los niveles altos de la autoridad. Y la vía más corta era el soldado estafeta. El que a diario y todo el dia, estaba junto al Comandante para enviarle un mensaje silencioso.

La inspección. Para verificar si era cierto lo dicho por el soldado mensajero, fuimos a inspeccionar los alojamientos de tropas. Llegamos, sin anunciar, a visitar al oficial Comandante y responsable directo de los soldados para confirmar con plena evidencia lo dicho. Si lo avisábamos podía tomar medidas momentáneas para solventar en parte el problema mientras pasaba la inspección.

Se consideraría como una falta de autoridad del Comandante directo no prestar la adecuada atención a las condiciones de vida de los subalternos. Luego le explicamos que nuestra visita había sido con la intención de ver la realidad con toda claridad. Con el propósito de corregir en lugar de reprochar. No era con intención reactiva sino proactiva y se tranquilizó. Era necesario ir a las causas fundamentales del problema y de las necesidades. Las que no conocíamos y era factible que le pudiésemos ayudar en encontrar las soluciones.




Adecuado alojamiento de tropas

Problema de autoridad y mando. En ocasiones los mandos medios, por ciertas reacciones improcedentes de sus superiores, se abstienen de plantearles inconvenientes que les son difíciles y que ellos no logran superar con sus propios medios. Se debe a que los de mayor rango los achacan como de indebidas incompetencias profesionales. Circunstancias que es parte de los errores que tienen algunos comandantes cuando usan mal su autoridad.  Juzgan rápido sin evaluar las circunstancias. Cuando lo que necesitan los subalternos es simplemente la intervención de quienes poseen más autoridad

En esos casos los problemas no se superan debido a que los subalternos no quieren provocar iras, con quejas, a oscos superiores. Es una encrucijada bastante dañina en ambos sentidos. Es verdad que los subalternos deben hacer lo máximo por si mismos para no distraer a los comandantes de las tareas y deberes fundamentales que a cada cargo corresponde, pero no se puede llegar a la pérdida de confianza entre los múltiples niveles del mando. También había que averiguar las razones por las cuales existían motivos insuperables. 

Entonces el Comandante fue proactivo en lugar de sentir temor de una descalificación.
Que entre otras cosas amerita que se diga que era un oficial de Infantería de Aviación excelente. Muy profesional y altamente dedicado a sus deberes. Nos merecía toda consideración. Creemos que no nos había planteado el asunto tratando de superarlo por sí mismo, aunque ya estaba casi que en la frontera de su imposibilidad.
Empeño no le había faltado. Lo que nos complacía porque, siendo un oficial de color, que aún se solía considerar, por otra equivocada tradición, de no mucho nivel profesional, daba un ejemplo de entrega y sentido de pertenencia institucional excelente, que muchos de nosotros no tenemos. Había roto el esquema costumbrista con su excelente desempeño y dando ejemplo, como su aporte personal y profesional a la modernización para la implantación del CACOM.