AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 10 de febrero de 2016

AVIONES PERUANOS


INTRODUCCIÓN

Con el fin de complementar la historia aeronáutica del suroeste, publicamos una investigación sobre el accidente de los aviones peruanos en Urrao elaborada por el escritor e historiador urraeño Jaime Celis Arroyave.
Es primordial que las personas locales recopilen los hechos del pasado. Eso nos da sentido de territorialidad, pertenecía y posicionamiento dentro del contexto regional y nacional. El progreso de la nación no ha sido hecho a costa de pocos esfuerzos de nuestros antecesores que nos dan lección de lo que debemos hacer ahora por el futuro.
Como siempre, esperamos que se disfruten estos recuentos anecdóticos e históricos que nos enorgullecen y hacen sentir el valor de nuestra gente.
Cordialmente: Coronel Iván González U.

LOS AVIONES DE LA FUERZA AÉREA PERUANA  EN URRAO.
JAIME CELIS ARROYAVE.
2013.
PRESENTACIÓN
El 15 de septiembre de 1946, cinco aviones, AT-6, que habían sido adquiridos por la Fuerza Aérea peruana a Estados Unidos (que seguramente habían sido utilizados por este país en la recientemente terminada segunda guerra mundial), en su viaje a Lima aterrizaron inesperadamente en el aeropuerto en construcción de nuestro pueblo. Esto causó una enorme conmoción entre la gente que, en su mayoría, se desplazó al lugar de los acontecimientos, para conocer o ver de nuevo estos aparatos maravillosos.
Este suceso, que presencié personalmente, cuando no había cumplido los ocho años, lo describí en mi libro HISTORIA GENERAL DE URRAO, acompañado de una foto que gentilmente me facilitó la familia Arroyave Vélez. Posteriormente, publiqué, en el NOTICIERO PATRIMONIAL, el relato de dicho acontecimiento, el cual fue conocido por Hernán Vélez Tabares, quien consideró oportuno ponerse en contacto con el Cónsul de Perú, en Medellín, el doctor Darío Castrillón Valencia. Este, una vez enterado del hecho, vio la necesidad de resaltarlo y, para el efecto, propuso realizar un acto, en el aeropuerto de nuestro municipio, con la asistencia de los descendientes de los pilotos, para colocar allí una placa conmemorativa.

Inmediatamente, con mucho ánimo, se puso en contacto con sus conocidos en Lima e inició el rescate de muchos datos, siendo lo más importante la relación que estableció con los familiares de los protagonistas, quienes han mostrado mucho interés en la propuesta del Cónsul.

Posteriormente, vimos la necesidad de publicar este documento, pues los relatos y fotos conseguidos bien lo ameritan. Aquí, en consecuencia, ampliamos este episodio de nuestra historia, resaltando como si es posible, con el aporte de la gente y de sus dirigentes, avanzar en la recuperación de nuestra HISTORIA INVISIBLE.

EL AUTOR.
FOTO EN LA SEDE DEL CONSULADO DE PERÚ, EN, MEDELLÍN.
SENTADO, EL CÓNSUL, DARÍO CASTRILLÓN VALENCIA; EN LA PARTE IZQUIERDA, JAIME CELIS ARROYAVE; EN LA DERECHA, HERNÁN VÉLEZ TABARES.

TESTIMONIOS PARA UNA HISTORIA. JOAQUÍN EMILIO ESCOBAR, EN SU LIBRO ALMANAQUE URRAEÑO.

“1946-Septiembre 15- Aterrizan en el aeropuerto de Urrao, en construcción apenas, cinco aviones peruanos. Eran las tres de la tarde de un día domingo cuando iniciaron la inspección del campo y luego principiaron a descender.

El primero en llegar fue el Nro. 326, manejado por el Comandante Jefe de la escuadrilla, señor Juan Blum. El segundo fue el número 373 que se salió de la pista y rodó por la pendiente del río hasta la carretera, y se destrozó. El tercero fue el Nro. 375. Al piloto y al mecánico del Nro. 373 nada les sucedió.

Es un caso curioso el que se relaciona con el No. 373, pues sumados esos números, dan un total de 13. El piloto del avión era José Jorqueira (sic), nombre que tiene 13 letras; y el mecánico llama o llamaba Eleázar Rovira, nombre que también tiene 13 letras. ¿No es mucho coincidir el número 13 en este adverso acontecimiento?”

JAIME CELIS ARROYAVE. HISTORIADOR.
Era apenas un niño, ya que estaba a diez días de cumplir los ocho años. Tal vez, por esa razón, este hecho me impactó, de tal manera, que aún tengo imágenes muy claras de lo ocurrido en aquella ocasión.

Me encontraba en la plaza principal, donde se realizaba el mercado dominical; inesperadamente, hacia las tres de la tarde, se oyó un ruido atronador, que obligó a que la gente levantara la vista al cielo; cual no sería nuestra sorpresa al contemplar como, cinco aviones, sobrevolaban la población; pero, fue mayor, cuando apreciamos que, en lugar de continuar hacia Medellín, comenzaron a dar vueltas, hasta cuando iniciaron el descenso; entonces, alguien gritó “¡van a aterrizar!”, exclamación que se generalizó, originando un caos no visto, pues los campesinos, después de guardar lo que todavía no habían vendido, altas personalidades, entre ellos nuestro cívico Alí Piedrahita, el párroco y otros más, y claro está, los muchachos, nos dirigimos al aeropuerto, en procesión, afanosamente, haciendo que la carretera que comunica el casco urbano con el aeródromo, se convirtiera en una colmena humana.

La emoción se desbordó, aún más, cuando vimos como uno de los aviones, el segundo en aterrizar, se salió de la pista y se deslizó por la falda entre ella y la carretera en mención, deteniéndose sobre ésta última; la parte delantera se destrozó totalmente, pero el piloto y el mecánico salieron ilesos, el primero con algunos rasguños.

Ya en la pista, sin pavimentar, pues estaba sin terminar (este aeropuerto, el segundo que tuvo Urrao, fue inaugurado en 1949), pudimos contemplar, asombrados, los otros cuatro monomotores que, cada vez más, eran rodeados por la gente que seguía llegando, inclusive algunos a caballo, mientras que los pilotos eran admirados como seres de otro planeta.

Al poco tiempo, se inició la sesión de fotos, y en ellas quedaron, afortunadamente, impresas imágenes que nos muestran, con toda claridad, lo que significó aquel acontecimiento sin par en nuestra historia.

Al día siguiente, los aviones decolaron, también en medio de la conmoción general. El aparato accidentado fue dado por perdido y, con el tiempo, fue desguazado para utilizar sus partes, principalmente las latas, en la confección de artefactos domésticos, como fogones, uno de los cuales fue a dar a casa de mi abuela, Teresita Vélez de Arroyave, que la acompañó hasta el fin de sus días, en Medellín.

JOSÉ JORQUIERA VELARDE, PILOTO DEL AVIÓN ACCIDENTADO.
José Jorquiera Velarde, piloto de la Fuerza Aérea Peruana, FAP, quien comandada el avión accidentado, escribió, a máquina, un relato de lo ocurrido, que fue conservado por sus descendientes; Transcribimos textualmente la parte pertinente. Los paréntesis son nuestros.

“Ese mismo año (1946) me nombraron en comisión para traer en vuelo aviones (ilegible) a Augusta Georgia.
El viaje de regreso no se realizó normalmente pues hubo una serie de incidentes culminando el domingo 15 de setiembre con mi accidente en el pueblecito de Urrao a unos 10 ó 15 minutos de Medellín.

La Escuadrilla comandada por el entonces Comandante Juan Blume hacía la etapa de Turbo-Cali. Sin haber tenido un tiempo malo y teniendo gasolina para seguir volando, al pasar por el pueblecito que resultó ser Urrao se le ocurrió aterrizar en un terreno que no era el apropiado. Como yo era el No. 2 de la Escuadrilla lo seguí y no me fijé que él tuvo dificultad en el aterrizaje (viento de cola) teniendo que revirar el avión al final del campo logrando felizmente su objetivo.

Yo no tuve esas suerte y por más que traté de revirar el avión llegué justamente al final no ya de frente sino justamente cuando reviraba el avión quedándose la rueda derecha en el abismo lo que hizo que me volteara como en cámara lenta rodando hasta una carretera que pasaba cerca, lo que impidió seguramente que siguiera hasta el fondo de la quebrada (el río Penderisco).

El mecánico salió ileso, yo con pequeños cortes en la espinilla derecha y en l barba así como golpes en el hombro.
Los demás aviones siguieron volando y por radio el Cmdte Blume les dijo que aterrizaran en sentido contrario, haciéndolo todos sin novedad.

No bien aterrizaron los aviones casi toda la gente del pueblo estaba reunida. Nos recibieron con alegría y curiosidad pues era la primera vez que llegaban aviones a esa región (esto no es cierto; en 1933 y 1934 aterrizaron varios en nuestro primer aeropuerto, el Manuel Dimas del Corral; más tarde, a mediados de la década de 1940, estuvo Gustavo Rojas Pinilla, también en avión, revisando los trabajos del aeropuerto). Como entre ellos había un médico me llevaron a su consultorio a que me cosiera las heridas.

Esa misma tarde en cuanto solicitamos ayuda para alargar un poco el campo que nos sirvió para aterrizar, prácticamente todos los que tenían una pala o un pico se hicieron presentes. Gente buena y desinteresada.
Tenían el aspecto de un pueblecito de nuestra Sierra pues hasta vestían con sus chullos y ponchos.

En Urrao se quedó un Alférez y un Mecánico para tratar de recuperar lo más que se podía del avión. Dado lo accidentado del terreno era imposible llevar repuestos. Ese personal viajó por tierra hasta Medellín y de ahí por Panagra a Lima.
Yo pasé de copiloto del Cmdte Blume y decollamos (sic) rumbo a Medellín haciéndolo primero el Alférez FAP (Fuerza Aérea Peruana) Jorge Delgado C. por indicación del propio Cmdte Blume.

En Medellín recargamos combustible y después de una etapa a otro pueblo, Cartago, llegamos a Cali donde nos reunimos con la otra Escuadrilla.

A partir de esta ciudad no hubieron (sic) mayores incidentes, llegando al Perú sin novedad.

Posteriormente presentamos los informes correspondientes al accidente, que una vez esclarecido no se tomó ningún acción contra mí”. 

A-EL COLOMBIANO, DE MEDELLÍN.
Reproducción de la primera página del periódico El Colombiano, de septiembre 16 de 1946
Se Estrelló un Avión Peruano Ayer en Urrao
Faltó pista al piloto para hacer el aterrizaje. No hubo víctimas en el accidente. Detalles.
Los aviones en tránsito que vuelan en las rutas de Panamá hacia “El Guavito” en Cali o hacia el aeródromo “Las Playas” de Medellín, tienen en la actualidad como pista de emergencia para aterrizajes imprevistos, las del aeródromo del “Penderisco” en la bella y hospitalaria población de Urrao, al occidente de Antioquia.

En las horas de la noche de ayer, recibimos en gentil mensaje telegráfico urgente enviado de Urrao por nuestro amigo don Oscar de los Ríos, en el cual nos suministra la información de un accidente aéreo registrado en el aeródromo del “Penderisco”, sufrido por una máquina de la Aviación militar del Perú, cuyas probables causas pueden referirse así: Seguramente la escuadrilla peruana realizaba la ruta Panamá-Cali pero al llegar a la altura de Urrao, encontró condiciones atmosféricas malas que le impedían llegar normalmente a su punto de destino. En vista de ello, el Capitán de la escuadrilla daría órdenes a los pilotos integrantes de ésta, para que aterrizaran en el aeródromo de Urrao, logrando las máquinas hacerlo en forma perfecta, menos una que devoró la pista y se fue de largo, sufriendo una volcada que dañó el avión, piloteado por el Teniente Jorquiera de la aviación peruana. Los tripulantes no sufrieron ninguna novedad y posiblemente en la mañana de hoy continúen su vuelo hacia Cali, rumbo al Perú, con el Teniente Jorquiera como pasajero, ya que parece que la máquina peruana, perteneciente a una escuadrilla adquirida en los Estados Unidos, no quedó en condiciones de ser reparada.”

B- EL CORREO, DE MEDELLÍN.
SERIO ACCIDENTE EN URRAO TUVO ESCUADRILLA DEL PERÚ. AVIONES MILITARES VOLABAN DE ZONA DEL CANAL HACIA LIMA
PERDIDOS EN LA SELVA LOS APARATOS LOGRARON HACER EL ATERRIZAJE, PERO UNO DE ELLOS ESTÁ CASI DESTROZADO.
CORDIALMENTE ATENDIDOS LOS PILOTOS Y LAS TRIPULACIONES POR LAS AUTORIDADES Y LOS VECINOS DEL FLORECIENTE MUNICIPIO ANTIOQUEÑO; ILESO EL TENIENTE JORQUEIRA (SIC).
Una escuadrilla de aviones militares peruanos, posiblemente procedente de los Estados Unidos y en ruta a Limatambo (sic), se desvió en su vuelo sobre la costa del Pacífico y tuvo que efectuar aterrizaje de emergencia en el aeródromo de Urrao, en las horas de la mañana de ayer. El último de los aviones en tomar tierra no logró coger bien la pista y tuvo un accidente, a consecuencia del cual quedaron seriamente dañados el tren de aterrizaje y algunas de las principales dotaciones del aparato”.
Más abajo, el artículo sigue:
“Ante la sorpresa de los habitantes de Urrao los aviones de la escuadrilla peruana estuvieron evolucionando un corto rato sobre la localidad, observando las facilidades  de las pistas de aterrizaje (sic), y luego procedieron a efectuar la maniobra que resultó desfavorable para el último (sic) de los aviones que entró en la pista, el piloteado por el Teniente Jorqueira (sic), joven “as” de la aviación militar peruana.
Posiblemente el aparato no cogió bien la pista y al operar con una de las ruedas algunos centímetros fuera de ella, perdió estabilidad; con todo, el teniente Jorqueira pudo evitar el volcamiento que, a juicio de los expertos habría podido culminar en el incendio del aparato, ya que este cogió tierra con buena velocidad; pero el aparato resultó con el tren de aterrizaje dañado y con serios destrozos”.


C-EL COMERCIO, DE LIMA.
 SEPTIEMBRE 18 DE 1946
Cuatro aviones militares peruanos prosiguen viaje de Medellín hacia el Perú
Medellín, Colombia, 17 (AP)- Cuatro de los cinco aviones militares peruanos que se vieron obligados a efectuar un aterrizaje forzado en la pista del municipio de Urrao, continuaron viaje hacia el Perú, después que uno de los aparatos sufrió un vuelco total que le causó destrozos, resultando ileso el piloto José Jorquiera Velarde, quien siguió viaje a bordo de otro avión.
La escuadrilla procedente de los Estados Unidos, encontró malas condiciones atmosféricas en su ruta de Panamá a Cali. Los despachos dicen que el avión averiado hubo de ser dejado en el sitio del suceso, en vista de que la reparación sería muy difícil y costosa”



ESTAS PRIMERAS CUATRO FOTOS SON DEL ÁLBUM DE LA FAMILIA ARROYAVE VÉLEZ. SUPONEMOS, FUERON TOMADAS TANTO POR EL FOTÓGRAFO DEL PUEBLO. 




  


LAS FOTOS QUE VIENEN A CONTINUACIÓN SON DEL ÁLBUM FAMILIAR DEL PILOTO JOSÉ JORQUIERA, PROBABLEMENTE TOMADAS POR ÉL, CUYA FAMILIA LAS CONSERVA. 

EL AVIÓN ACCIDENTADO





LOS DEMÁS AVIONES



PILOTOS Y CURIOSOS
EL PILOTO JOSÉ JORQUIERA, CON ALÍ PIEDRAHITA.

 
ALGUNOS DE LOS PILOTOS. AL FONDO, EL PENDERISCO.

PILOTOS Y CURIOSOS. SE DISTINGUEN ALÍ PIEDRAHITA Y UN SACERDOTE.


EL PILOTO ACCIDENTADO


SOLDADO PEDRO PASCASIO MARTINEZ ROJAS



SOLDADO PEDRO PASCASIO MARTINEZ ROJAS



Nació en una vereda del municipio de Belén, Boyacá, el 20 de octubre de 1807. Sus padres fueron don José Mercedes Martínez y María del Niño Jesús Rojas. Era de una familia campesina de escasos recursos y de gran honradez y honorabilidad.

El niño Pedro Pascasio trabajaba con la familia de don Juan José Leiva, el hogar escogido por el Libertador Simón Bolívar para su descanso en Belén. Cuando el Libertador conoció al niño Martínez admiró su destreza y habilidad en el cuidado de los caballos y el señor Leiva, en atención al distinguido huésped le ofreció a Pedro Pascasio, quien fue recibido como ayudante del Libertador en el cuidado de sus cabalgaduras.

El Soldado niño, PEDRO PASCASIO MARTÍNEZ ROJAS entró al Ejército Libertador en el Batallón Rifles, participó en las Batallas del Pantano de Vargas y del Puente de Boyacá y colaboró directamente en el cuidado de los caballos de Bolívar. Apenas tenía 12 años.

Cuenta la historia militar que en las horas de la noche del 7 de agosto de 1819, después del triunfo patriota y de la desbandada y huida acelerada de los realistas, los soldados Pedro Pascasio Martínez y el Negro José encontraron a dos oficiales españoles que estaban ocultos en una cueva debajo de una piedra cerca del río. Los soldados patriotas se enfrentaron a los oficiales realistas, Pedro Pascasio con una lanza y el Negro José con un fusil. Los oficiales realistas intentaron defenderse con sus espadas, uno de ellos fue muerto por el Negro José y el otro recibió varias lanzadas por el niño soldado. Una coraza resguardaba el pecho del español de las lanzadas de Pedro Pascasio, sin embargo fue herido muy levemente en la garganta.

Cuando el oficial realista se vio perdido, le ofreció al soldado niño una faja con onzas de oro que llevaba en el cinto, a cambio de su libertad. Pedro Pascasio así le dijo:

"Siga adelante, sino no lo arriamos y le enristró de nuevo la lanza".



El Comandante realista, José María Barreiro, fue llevado a la casa de Teja, en donde se encontraban el General Simón Bolívar y el Estado Mayor del Ejército, victorioso de la Batalla de Boyacá. El Libertador recibió severamente al Soldado Pedro Pascasio Martínez, pues no le había llevado a tiempo el caballo goajiro, que llamaban El Muchacho, que le había encargado que le cuidara dándole yerba fresca, la cual fue a buscar cuando encontró el comandante realista escondido. El Soldado Martínez le respondió que no le había cumplido su instrucción porque le traía un prisionero.

¿Quién es Usted?, le preguntó el Libertador Bolívar al detenido.

“Soy el Comandante General Barreiro", respondió el oficial realista.

Ante la respuesta de Barreiro el soldado de caballería Salvador Salcedo, el primero que pasó el Puente de Boyacá en la Batalla memorable, quiso alancearlo.  Ante ello, el Libertador lo impidió con un grito y dio la orden para que el español fuera colocado a la cabeza de los prisioneros realistas. Ordenó que fuera tratado con especial consideración y le hizo un saludo militar, pues era el Comandante del Ejército enemigo.

La satisfacción y alegría del Libertador por el arresto de Barreiro y por la digna actuación del Soldado PEDRO PASCASIO MARTÍNEZ, hizo que le hiciera un reconocimiento oficial, lo ascendió al grado de Sargento y le dio un premio de cien pesos.

El 31 de agosto de 1819, el Libertador Bolívar sentó en el copiador de órdenes de su puño y letra, lo siguiente: "Ordenar a la dirección general para que disponga se le den cien pesos al soldado PEDRO PASCASIO MARTÍNEZ ROJAS como gratificación por haber aprehendido en Boyacá al General Barreiro".




El Sargento Martínez continúo luchando en el Ejército Libertador hasta la culminación de la Independencia Suramericana. Después se trasladó a su ciudad natal, para dedicarse a las labores del campo.

El prócer Pedro Pascasio Martínez, murió en Belén el 24 de marzo de 1885.










VUELO DE ARTILLERIA

ARTILLERÍA DE CORTO ALCANCE

Nos preocupaba la capacidad de respuesta de la Base Aérea de Tres Esquinas ante un ataque. Por eso determinamos hacer un entrenando del plan de defensa. El esquema incluía defensas pasivas y el emplazamiento de armas de mano junto con seis morteros como defensas activas.

Era importante hacer prácticas del plan. Por ello se programaron varios simulacros donde se debían hacer disparos de tiro parabólico con los morteros.
Para accionar estas armas se hizo un repaso teórico y algunos ejercicios de tiro simulado. Todo marchaba muy bien en la práctica diurna. Se programó una nocturna, dos días después, confiando en los buenos resultados, para los que no habían disparado en la primera.




Uno de los artilleros, en esa segunda oportunidad, era uno de los hombres más antiguos de la infantería. Por una causal coincidencia no había podido asistir al refresco teórico. Para estar seguro de que actuaría correctamente, se hizo una charla directa preguntándole si recorvaba bien las técnicas de manejo del arma. Aseguró que tenía claros los procedimientos de disparo. Además era razonable el creerle pues es un arma propia de su especialidad en defensa de bases.

Cuando se activó la segunda alarma simulada nocturna los encargados de estas armas, a orden individual, harían tres disparos reales a blancos imaginarios, ubicados a dos kilómetros de distancia, en azimut prefijado, en un área selvática y despoblada. Condición que se había verificado con anterioridad.

La primera pieza hizo los tres lanzamientos que eran seguidos y a discreción del jefe del arma. Se escucharon las explosiones de los impactos. Los vigías de tiro dieron sus reportes de las explosiones y las correspondientes correcciones. Eso nos indicaba la precisión y la activación efectiva de las ojivas.


Cuando le correspondió el turno a la segunda pieza. El primer disparo dio un extraño ruido de lanzamiento y no causó ninguna explosión de impacto. Sin embargo, como se había dado libertad de hacer los tres disparos a discreción del responsable del arma, este siguió con los otros dos lanzamientos. Supuso que la primera granada había fallado la detonación, quizás por daño debida a la alta humedad o a descuido en las condiciones de almacenamiento. No dio mucha importancia al hecho y terminó haciendo los dos disparos restantes con el mismo resultado.
Lo preocupante era que como estaba de noche no se podía hacer verificación inmediata del impacto.

Ante esta situación, fue demasiado evidente que era necesario suspender la operación de los demás morteros hasta que se pudiera hacer una aclaración exacta de tan extraño resultado, cosa que solo se podía hacerse en el día. Además que si no se aclaraba era necesario restringir una zona por contaminación con municiones activas sin ubicación definida.


Al otro día se inició la búsqueda de las municiones, la verificación del arma, la comprobación de la calidad y condición del resto de proyectiles del lote utilizado, encontrando que funcionaban correctamente. Sobre las direcciones empleadas, se hicieron rastreos, partiendo de la distancia máxima prevista de impacto y en cercanías al emplazamiento. Aunque se tuvo mucha precaución, no se podían encontrar las ojivas ni rastros de penetración en el follaje selvático. Al final del día todo parecía inútil.




El mortero estaba en una fosa sobre un montículo próximo a una bodega que estaba en un nivel inferior y en la trayectoria de disparo. El arma disparaba por encima de ese depósito. Pero debido a la poca distancia, que solo era de unos veinte metros, a nadie se le había ocurrido pensar que se debía buscar en ese lugar.

Un soldado persistente ingresó al lugar y se sorprendió cuando vio tres agujeros en el techo del tamaño de las granadas. Y más cuando pudo ver que estaban en el piso sin activar pero armadas. Con el debido procedimiento se manejaron y se corrigió la peligrosa condición. Afortunadamente por la poca elevación alcanzada el impacto de la caída no se activó la espoleta de impacto. De haberse accionado estas habrían explotado muy próximas a los operadores. Como era de noche no había nadie en el lugar y no contenía ningún material en eso días.


El motivo fue que el armero, que tan seguro estaba de sus conocimientos y habilidades, olvidó un detalle fundamental. El arma usa una carga iniciadora, que, a su vez, da fuego a una serie de cargas propulsoras, cuya cantidad se calcula  según la distancia que se desea alcanzar. El personaje solo puso la carga iniciadora y olvido poner las cargas propulsoras. Eso solo le dio potencia para sacar los proyectiles del tubo del arma sin mucha fuerza, cayendo a poca distancia.
Aunque los componentes de ensamble deben ser organizados en un estricto orden de secuencia, para simular un combate más real, extremó las condiciones de maniobra y por eso no usó ninguna iluminación. En la oscuridad, se saltó las “galletas”. Nombre coloquial dado por la tropa a las cargas de empuje. Por eso las granadas salieron del arma solo impulsadas por la espoleta.



Fue necesario hacer todo un nuevo repaso teórico y práctico para asegurar la idoneidad del personal que había perdido la destreza del manejo del arma.

Una experiencia bastante peligrosa y desagradable, pero muy aleccionadora para todos. Incluidos nosotros, ya que nos recordó que hay cosas en las cuales es indispensable hacer verificaciones positivas sin ninguna duda. Y que los reentrenamientos son indispensables. Infortunadamente estas experiencias demandan no solo las debidas medidas correctivas sino que dejan antecedentes de deméritos profesionales en los folios de vida.

Hay circunstancias en no solo es necesario saber volar los aviones sino hacer volar correctamente la artillería.