AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 9 de mayo de 2018

3. ENTRE LEONES Y RATONES


3. El origen del GASUR. La unidad, desde creada dentro de un plan de recuperación posbélico. Más para propósitos de desarrollo fronterizo y presencia nacional, con programas de ayuda a la colonización, que propiamente como una Base dotada para contener otra amenaza internacional.
Sí que menos para afrontar al crecido enemigo insurgente narcoterrorista interno de finales de siglo XX. El que no se sospechaba en ese tiempo que allí surgiría.  El mismo que, debido al narcotráfico, se fortaleció poderosamente en toda la región. Todos los claros de selva desmontados a su alrededor son cultivos de narcóticos.

La fundación. Desde sus inicios la unidad ha sufrido varios cambios, tanto de ubicación como de denominación. Con motivo del conflicto con el Perú en 1932 se formó el Repostadero de Aeronaves de “Puerto Boy” a unos 70 kilómetros al sur de la confluencia del río Caquetá y el río Orteguaza a donde llegaba la Escuadrilla Aérea del Sur.

 
Puerto Boy en el Caquetá. Internet

En 1933 el Presidente Enrique Olaya Herrera y el Ministro de Guerra el Capitán Carlos Uribe Gaviria nombraron con Decreto 1736 la también llamada “Base Aérea del Sur” para atender el conflicto.

El 13 de abril 1934 se dictó el Decreto creando la “Base Auxiliar en el Sur” con el fin de centralizar todo el material aeronáutico que se hallaba en el área una vez superada la emergencia nacional. El Gobierno consideró que era necesario crear una instalación más estable y definida.
Al Teniente Diego Muñoz Rodríguez se le encargó la elección de sitio donde funcionaría. Se asesoró de un Oficial Alemán de apellido Mook y el nativo Carlos Manchola. Escogió el lugar denominado “La Victoria” sobre el río Orteguaza a 5 kilómetros antes de su confluencia con el río Caquetá.

Posteriormente el Ministro de Guerra Benito Hernández Bustos y el Ministro de Agricultura Aurelio Franco, con el Decreto 736 le titularon 1.234 hectáreas de los baldíos de la Nación. Manchola fue el encargado de descuajar la selva y limpiar con la colaboración de diez indígenas y veinte colonos.

Caquetá a la izquierda. Orteguaza a la derecha. Internet

En noventa días prepararon el terreno para las primeras instalaciones construidas en madera y paja. Una vez se terminaron, los hombres y el equipo aeronáutico fueron reunidos y transferidos a la nueva Base.

Se suprimió la Base Auxiliar en el Sur y surgió definitivamente la “Base Aérea de Tres Esquinas”, como se llamó, por la forma de la desembocadura de los ríos.

 
El hidropuerto de Tres Esquinas. Internet

En su primer periodo presidencial Alfonso López Pumarejo y su Ministro de Guerra Alberto Pumarejo, a finales de la década de 1930, dispusieron que esta unidad dependiera de la dirección General de Aviación con la misión específica de prestar el servicio de transporte aéreo en la región.

La planta de personal fue conformada por cuatro oficiales, siendo el Comandante un Mayor, un farmaceuta, un enfermero, un mecánico segundo, un mecánico tercero, un ecónomo, un Jefe de rancheros. Un Sargento Primero, tres Sargentos Segundos, un Corneta, tres Asistentes, dos Rancheros y ciento tres Soldados.

Para 1962 el Comando de la FAC, encargó al Fondo Rotatorio de las instalaciones para supervisar la ejecución del Plan Orión, en pro del fomento agropecuario de la región y cooperar estrechamente con la compañía de Servicio de Transporte Aéreo Nacional SATENA, recién creada.

En 1963 el General Gustavo Rojas Pinilla es recluido en Tres Esquinas para cumplir un mes de cárcel condenado en el juicio por la toma del poder en 1953. Además fue privado de sus derechos políticos. Habitó “La Casa Rojas”, como se le ha llamado y que aún existe.

El 04 de abril de 1969 se inaugura el primer acueducto. La ingeniería continuó y se abren trochas y avenidas para los futuros cuarteles.

En 1986 se reestructuraron las unidades de la FAC asignándole la categoría de “Grupo Aéreo”. Le asignaron la misión de “conducir operaciones aéreas en apoyo del Comando Unificado del Sur, CUS, con sede en Leticia, en guarda de la soberanía nacional, el orden público y prestar servicios para el desarrollo de la región”.

El 4 de diciembre de 1989 la FAC,  la Base Aérea de Tres Esquinas fue bautizada CT. Ernesto Esguerra Cubides en honor al ilustre pionero de la aviación militar, quien perdió la vida en accidente aéreo en 1933 en el conflicto con el Perú,

Nueva Misión. Desde la década de 1980 el narcotráfico se venía fortaleciendo con el proceso de la pasta de coca llegada de Perú y Bolivia, más la producción local, creando una potente economía clandestina. A comienzos de la década de 1990 estaba en su máximo auge en la región.

La insurgencia, específicamente las FARC, encontró una rica fuente de financiación con el cobro de cuotas denominado El Gramaje. Llamado así por ser proporcional al área cultivada, el peso del narcótico producido o los químicos comerciados. También por la prestación de servicios de protección, alquiler de pistas y el chantaje a los cultivadores y narcotraficantes. Adquirieron fuerte influencia además de manipulación económica, política y armada.

Otro grupo terrorista que intentó conquistar esa región fue el M 19. Pero no logró prosperar. Aunque ejecutaron una acción novelesca como lo fue el secuestro de un avión Curtiz cargado con varias toneladas de armas. Lo hicieron volar desde la pista clandestina de Dibulla, entre Santa Marta y Riohacha, hasta el Orteguaza. Allí lo obligaron a acuatizar pues la pista que prepararon era inoperable. 

Los cambios requeridos. Los EE UU ofrecieron mejorar las instalaciones para controlar los espacios aéreos fronterizos con el Ecuador y el Perú, que eran usados por el narcotráfico. Por vía aérea los narcotraficantes traían ilegalmente la pasta de coca de estos dos países más la proveniente de Bolivia, para ser purificada en los laboratorios y seguir, luego, con destino a los EE UU.

Las necesidades eran: la pavimentación de la pista de aterrizaje, construir una plataforma con hangares para talleres, asignación de aeronaves y una estación de radar. Además de las logísticas correspondiente.

Eso modificaba totalmente la tradicional misión y la dotación. Fundamentalmente se requería de un cambio de mentalidad y doctrina del personal para instalar el CACOM. Como lo habíamos dicho.

La maquinaria y los materiales fueron traídos por carretera del centro del país hasta la ciudad de Florencia  y al municipio de Solita. Después, vía fluvial por el río Caquetá en bongos hasta la Base.

La Nueva Seguridad. Para dar seguridad al proyecto se creó la Fuerza de Tarea Conjunta Cándido Leguízamo FUTACAL, en octubre de 1993 y se comenzó la obra por parte del contratista  de ingeniería civil CONTECO. La ejecución sufrió retrasos por diversos inconvenientes de planificación del contratista. Los que después, para finales de la década, se iniciaron y culminaron por otros medios.

Mientras tanto durante 1996 y 1997 se le asignó al GASUR la misión de combatir las dos amenazas: la subversión y el narcotráfico. E iniciar la transformación para pasar de ser un Grupo Aéreo para llevarlo a ser un CACOM. Para eso desarrolló múltiples actividades logísticas y operaciones contra las FARC. Se presentaron fuertes combates y graves trastornos de orden público.

En octubre de 2.000 mediante contrato entre el Cuerpo de Ingenieros de los EE UU y la empresa CODINEM se inició la construcción de la rampa para las aeronaves.


Instalaciones entre la pista, sin pavimentar, y el río Orteguaza

Luego la dotación del radar fue contratada por los EE UU y el consorcio IURB. El proyecto fue entregado por la Embajadora de los EE UU, Ann Paterson, en noviembre de 2001 al Presidente Andrés Pastrana, al Ministro de Defensa y a los comandantes de las FF MM.

Mediante Disposición 003 de febrero de 2002 el Grupo Aéreo del Sur GASUR es denominado COMANDO AÉREO DE COMBATE 6, CACOM 6, asignándole la misión de “Conducir operaciones aéreas para ejercer soberanía nacional”. Siendo su primer comandante el Coronel Hugo Enrique Acosta Téllez quien declaró: “Gracias a las inversiones realizadas en los últimos años nos hemos convertido en CACOM y seguimos hacia la modernización, como la Unidad insignia de la Fuerza Aérea Colombiana”.

El gulag amazónico. Conocido el origen y el final de lo que es esta unidad militar, regresemos al recuento. Los comandantes eran nombrados por períodos de dos años.
La unidad se consideraba, por su aislamiento, lejanía y pobre infraestructura militar y logística, como la unidad de extradición. No era la política ni la doctrina oficial de la FAC, y por tanto no explícita, más si era tácita, vivencial, cultural y real. Una norma no de derecho aunque sí de hecho. Por eso los factibles candidatos hacían lo posible por esquivar ese nombramiento. 

A ella enviaban a los miembros de la Fuerza Aérea considerados poco competentes, negligentes, remisos para el servicio o, más bien, indisciplinados y perturbadores. Era el lugar para deshacerse de los considerados imprudentes e incómodos con sus ideas y sus formas de pensar innovadoras y por ello molestos. O los suficientemente subordinados y dóciles como para no protestar por esa asignación. 

Pensamiento que se había convertido en el dogma corriente que predominaba en la mentalidad colectiva de la Fuerza Aérea. Con los años, terminó siendo la justificación de un profundo y continuo relegamiento de esa Base en los planes de desarrollo nacional y militar. Por ello no se mejoraba su infraestructura ni era abastecida adecuadamente. Todo era viejo y descuidado. 

La vida era austera, con limitaciones en todos los sentidos. Con alta amenaza insurgente por parte de las FARC y el M19, junto con los cortos períodos de comando, que hacían imposible ejecutar proyectos de largo plazo.

La máxima aspiración de quienes eran asignados al lugar era terminar a salvo y sin mayores traumas personales y profesionales, su tiempo de destierro. Y lograr ser reasignados a otras guarniciones del país más benévolas y con menores restricciones o inconvenientes. En definitiva, un desarraigo similar a un Archipiélago de Gulag siberiano de donde era un logro salir salvando el pellejo, cual la famosa novela de Aleksandr Solzhenitsyn

Incluso muchos creían que bastante tenía de similitud, por estar en la misma región de la nación, con la Colonia Prisión de la Araracuara. Desmantelada a finales de 1950 trasladándose a la Isla Prisión de Gorgona. Al menos para el ciudadano corriente poco conocedor del país, eso le sonaba como lo mismo.
Por esas circunstancias, el nombramiento a ese lugar de un comandante era visto por compañeros, superiores y subalternos, como una degradación profesional y una descalificación personal. Era casi que exponerlo a pedir el retiro del servicio y truncar su carrera militar.

Una sublevación. Evidencia de ello fue el que, en años anteriores, ya se había dado una insubordinación armada de toda una Compañía de tropa de la Infantería de Aviación, por las pobres circunstancias, el descuido y el modo de vida en que se les mantenía. Rebelión que no fue instigada por ningún mando sino que surgió espontáneamente desde la misma soldadesca, exasperada por las malas condiciones. Hecho que nos recordaron lo contado sobre la guerra con el Perú por el Soldado Arturo Arango en su libro “180 Días en el Frente”.

La única forma cómo se logró que cesaran en el intento de rebeldía, fue con la presencia física y el diálogo directo con el General Comandante de la FAC, quien fue a la selva donde se habían aposentado. En ese momento, pero con grado de General, era el mismo oficial, que siendo de grado Teniente Coronel en Emavi, había sido el protagonistas de los hechos contados en la otra crónica titulada "Ideas Raras".

Para ello les debió prometer buen trato, licenciamiento y amnistía a su delito militar. De lo contrario estaban dispuestos a llegar hasta el combate. Con el grave peligro de que decidieran, al verse acosados, a pasar a engrosar las fuerzas de los subversivos.

Algo paradójico. El superior de ese momento en Tres Esquinas, un buen hombre y un abnegado comandante,  fue retirado del servicio por el suceso. Él también fue  víctima, como su tropa, del olvido en que se tenía esa unidad. Y, luego, fue el piloto que voló el avión Curtiz secuestrado para transportar las armas del M19, desde la costa atlántica hasta las proximidades de la que había sido su Base Aérea pocos años antes. Como ya se dijo.

El estigma. Estando en condición de jubilado se desempeñaba como piloto de una empresa comercial carguera. En una ocasión fue secuestrado por el M19. Lo obligaron a hacer un vuelo desde una pista ilegal en Dibulla, en proximidades de Santamarta, donde los rebeldes habían descargado clandestinamente parte de un lote de armamento adquirido en el exterior. Con varias toneladas voló directo, atravesando todo el país, hasta las riveras del río Orteguaza en el sur.

Ante la imposibilidad de aterrizar sin peligro de estrellarse, por lo corta y rudimentaria pista que habían improvisado los terroristas, debió acuatizar en el río a poca distancia de la Base. El mismo lugar donde había sido su comandante y había acontecido el percance de la insubordinación de parte de su tropa. Salvó la vida. Los ilegales recuperaron parte del armamento y el avión se perdió.

Aún podíamos ver el estabilizador vertical de la cola del avión, en medio del río cuando bajaba de nivel. Parecía hacernos recordar que la región le hubiese tenido a este comandante un infortunado sínodo en varios aspectos de su vida. Y que estábamos en el mismo lugar, francamente, enigmático en muchos aspectos.

De nosotros, igualmente, se podía esperar que fuésemos sacrificados por el estigma inevitable. El reservado para quienes nos atrevíamos a invadir sus soberanos predios de república independiente insurgente.  Debíamos esperar ser otra víctima más de la inefable historia del lugar.


Después del acuatizaje. Internet.

Sin cambio. La realidad es que las condiciones sociales, políticas, desarrollo y económicas no habían cambiado mucho desde los tiempos del conflicto colombo peruano. Cuando se dio la invasión y la inhumana explotación de los aborígenes colombianos por parte de la empresa cauchera del peruano Julio Cesar Arana a comienzo de siglo XX. Tal como lo cuenta el Sargento Tobón en su libro “Sur”.

También, a mediados de siglo, la Base fue escogida como prisión y destierro del expresidente Gustavo Rojas Pinilla (su título oficial, como se hacía denominar era: Excelentísimo Señor, Presidente, Teniente General, Jefe Supremo) después de su juicio por haber intentado perpetuarse en el poder.
Casa de Rojas Pinilla bajo los árboles.

Lo que llegó a ser. La Base Aérea de Tres Esquinas en el Caquetá, desde la guerra con el Perú, estuvo prácticamente reducida a una condición de subsistencia básica y en algunas ocasiones se propuso el desmantelamiento. Sin embargo, resistió varios ataques y amenazas insurgentes, logrando mantener la fortaleza suficiente sin haber estado en inminente riesgo de ser destruida o dominada.

Por el contrario, en los años posteriores, pasó de ser el pequeño Grupo Aéreo del Sur, como lo fue durante 60 años, para ser el actual CACOM 6. Ha sido objeto de reactivación operacional contra el narcotráfico y el terrorismo convirtiéndose en un fuerte centro de combate narcoterrorista en el sur del país. Cambio que es el principal motivo de esta narración, junto con la transformación de conceptos militares sobre el conflicto.

La Base ganó su actual importancia estratégica, partiendo de una acción continua de repotenciación desde mediados de los años noventa. Demostró lo efectivo que resulta el estar próximos al enemigo, en posición de avanzada ofensiva. Se ratificó como punto fundamental de reacción y lanzamiento de operaciones contundentes, después de la lamentable perdida de la Base de Las Delicias del Ejército Nacional, EJC.

Justo lo que necesitábamos. Demostrando que la amenaza se confronta a la distancia con ofensiva remota. No en el repliegue defensivo pasivo en las ciudades y centros urbanos, como mero y débil principio doctrinario, el que aprovecha el enemigo. Lo que no compartíamos en el EMC.

Creíamos, desde 1992, que así no era como se debía combatir fuerzas irregulares, mimetizadas, bastante dispersas, móviles y adaptadas al entorno. Con una vida casi que elemental, usando solo lo indispensable para la supervivencia. Cómo actúan los combatientes irregulares bajo las doctrinas de los conflictos de baja intensidad. Por eso pedíamos un cambio doctrinario fundamental que debía implantarse a nivel nacional y político.

Actualmente, y sin haber sido un plan colombiano premeditado en esa dirección y con esa intención, solo por la fuerza de las circunstancia de una necesidad extranjera de combatir el narcotráfico, se ha convertido en uno de los principales bastiones contra la insurgencia en Colombia.
Únicamente cuando, después de mucho tiempo, se hizo evidente que las FARC, finalmente, se habían acantonado en los Llanos del Yarí en su trashumar desde Marquetalia, en la década de 1960, pasando antes por Colombia, Huila. El Río Pato (1970) y el Guayabero (Casa Verde) en 1990.


2. ENTRE LEONES Y RATONES


2. La duda primordial. Nuestra duda consistía en consultar con la familia al respecto puesto que debíamos tener en cuenta su predisposición y consentimiento. Sabíamos que la familia debía tolerar algunas restricciones e incomodidades que eran a todas luces inevitables. Si ellos no la admitían nosotros tampoco. Quiso el Comandante saber de qué se trataba la inquietud personal. Le respondimos que deseábamos saber la opinión de la familia. Le pareció bien y así quedamos.

Debió imaginarse que se debía a que no haríamos lo que algunos otros hacían. Se alejaban de la familia dejándola en el origen mientras ellos permanecían desmotivados en el destino. Nada bueno institucionalmente. Lo que no nos era ni pensable ni tolerable. La conjunción familiar era fundamental. Sin ellos no iríamos a ninguna parte. En caso de no recibir el consentimiento familiar sabíamos perfectamente cuál era la determinación que debíamos tomar. Que no era otra sino el retiro del servicio debiéndose la institución buscar otro candidato.

Desde cuando iniciamos la carrera militar establecimos una norma personal inviolable: "Si la profesión interfería en nuestra vida familiar, nos retirábamos de inmediato. Y si fuese al contrario, nos divorciábamos sin dudarlo". Nos era claro que estábamos en tiempo de retiro, pero aspirábamos que fuese en el siguiente grado para lograr una mejor jubilación salarial. Aunque si era necesario lo haríamos en ese momento.

Así fue. Consultamos y la familia aceptó de buena forma la destinación. Casi que esperábamos que fuese lo contrario para tener un buen pretexto de terminar nuestra carrera profesional sin pensarlo mucho. Pero no fue. Cuando a la mañana siguiente dimos la respuesta positiva, el Comandante mostró cara de satisfacción. Aunque solía ser una persona bastante inexpresiva que lo hacía parecer osco, insensible y sin emociones. En años anteriores habíamos volado con frecuencia juntos. El pedía que nos programaran de tripulantes porque le gustaba compartir con personas calladas y serias. Como también solíamos comportarnos cuando hacíamos parte del mismo equipo de vuelo.

La reacción: Nos dijo que le agradaba la decisión tomada, como él esperaba que así fuese. Que tenía puesto todo el interés en que tuviésemos muchos éxitos en esa misión. Que sabía que se lograrían por nuestro intermedio debido a nuestro talante personal. Que no nos había comunicado, en nuestra charla del día anterior, el objetivo primordial pero que ahora nos lo manifestaba.

La “Base Aérea” de Tres Esquinas, como solíamos llamarla para darle algo de preponderancia, porque realmente era un “Grupo Aéreo”, el nivel inferior en la clasificación de unidades aéreas en la FAC, estaba planeada para convertirse, algunos años después, en un “Comando Aéreo de Combate”, CACOM. La más alta categoría.

En ese momento no nos dijo el motivo. Después supimos que dicha idea y plan había surgido de la misión militar norteamericana en Colombia, a la que pertenecía el oficial USAF burlón. El mismo quien pidió entrevistarnos. Ellos eran los interesados en reforzar la capacidad del poder militar de ese lugar para convertirlo en un punto de apoyo y lanzamiento de operaciones contra el narcotráfico. Como ya lo estaban haciendo invirtiendo gran cantidad de dinero en obras. Para algo tenían que servir las imprudentes intervenciones de los extranjeros en asuntos nacionales y había que sacarle provecho a la injerencia externa en asuntos internos.

Un gran salto. La revelación fue una sorpresa para nosotros pues eso parecía imposible. Demandaba mucho esfuerzo hacer ese salto de una sola vez. Especialmente porque exigía un cambio de mentalidad en su gente. Sabíamos muy bien que las personas enviadas estaban desmotivadas porque se sentían rechazadas porque pensaban que era un desprecio.

Solo le expresamos que eso requería varios años y mucha logística. No dio explicaciones. De seguro sabía que la cosa no era fácil y que los recursos eran escasos. Posiblemente por eso se limitó a ratificar que debíamos iniciar el proceso para que eso se cumpliera de la mejor manera y lo más pronto posible. Para ello tendríamos mucha autonomía y que contáramos con su respaldo y la mejor ayuda posible.

Buenas intenciones. Aseguramos que así lo haríamos lo que, nuevamente, le complació. Después de despedirnos y al momento de nosotros cruzar la puerta, cuando ya salíamos de su despacho, dijo, repentinamente, que nos deseaba mucho suerte y que por ello nos iría muy bien.
Volteamos, saludamos militarmente y respondimos con enérgico “Si Señor” y partimos. No supimos interpretar, en ese momento, que quería decir con el: “Nos iría muy bien”. Ni en qué sentido ni magnitud. Si en lo profesional o lo personal, aunque pensamos que podría ser en ambos aspectos. Esa dualidad y simultaneidad solo fue evidente con el tiempo.

Unas excelentes intenciones. En especial provenientes de una persona que, en su costumbre habitual, era la de dar órdenes secamente, aunque con buenos modales. Y que se cumplieran sin esperar que tuviese importancia la satisfacción personal y la autoestima de quien las debían cumplir.  Sabíamos, por lo bien que lo conocíamos, que no era por antipatía con todos los subalternos, sino porque era su comportamiento regular.

Acostumbraba ser jovial y amigable pero solo con un círculo de amigos y compañeros de profesión, lo que era una característica de su personalidad. Corrillo que no nos gustaba por ser un grupo cercano de aduladores que buscaban aprovechar su autoridad para sacar ventajas particulares.  Por ello, a ese grupo de privilegiados no pertenecíamos ni deseábamos pertenecer. Pero guardándole el máximo respeto y el mejor acatamiento. No solo tenia su ganada jerarquía profesional sino también sus méritos personales.

Una oportunidad. Así fue. Vimos en la asignación una buena oportunidad y una fortaleza, en lugar de una amenaza o una debilidad. Situación que luego aprovechamos para sacar reconocimientos institucionales y profesionales, como así aconteció después. Los demás candidatos factibles para ser asignados a ese destino, respiraron con aire de tranquilidad. 

Por supuesto, siempre sostuvieron, en sus comentarios, que había recaído la elección en nosotros más por nuestros pobres méritos que nos hacían merecedores al castigo, a si no hubiese sido por deméritos. Lo que quería decir, de otra forma, que quienes lograron espantar el fantasma de ese nombramiento eran ellos, los de mayores merecimientos y valores. Y por supuesto muchos miedos.

LOS RATONES
PRIMERA PARTE.
LA LOGÍSTICA

El GASUR. El denominado oficialmente Grupo Aéreo del Sur GASUR, es la unidad militar, más frecuentemente llamada, Base Aérea de Tres Esquinas. Lo de Base por lo ya explicado y lo segundo por su ubicación en la confluencia de los ríos Caquetá y Orteguaza, que forma un triángulo hidrográfico dentro de una amplia área selvática.
Las instalaciones están sobre la ribera y a lo largo de este último río. Está rodeada de selva espesa y extensa. No tiene acceso carreteable ni conexión eléctrica con la red nacional. Solo se podía llegar por aire o agua. Las emisoras y la televisión eran deficientes. Por supuesto el Internet no existía. La telefónica era escasa. Sólo la militar de comando era confiable y permanente.
Para la mitad de la década de 1990 la situación en esa región era bastante crítica en cuanto a la seguridad. Tanto de la misma Base como la regional, además de poca posibilidad de dominio y control, territorial y social.

Su clasificación no llegaba ni siquiera a ser una real Base Aérea ni de apoyo logístico militar y menos un Comando de Combate, CACOM. Era algo minúsculo y remoto. De poca importancia militar y nacional. Solo fue tenida en cuenta durante el conflicto con el Perú. Luego, fue casi que olvidada porque la amenaza había pasado hacía mucho tiempo. Volvió a ser conocida hasta finales de 1996 cuando se dio el doloroso combate de Las Delicias.

Ahora, si se mira por medio satelital se pueden ver muchas instalaciones nuevas. Entre ellas se aprecian oscuros techos que son las antiguas construcciones. Haciendo una selección se tiene idea de lo simple que era en ese tiempo.  

1. ENTRE LEONES Y RATONES



ENTRE LEONES Y RATONES
Crónicas Militares Comentadas

LOS LEONES
1. Objetivo.

El propósito de este recuento es el de compartir la forma como demostramos, con una experiencia real, que era necesario y correcto un cambio de concepto en la doctrina militar en Colombia. Apreciación que no tenía aceptación en los colegas detractores que se obstinaban en rechazarlo. Por eso lo dejamos de testimonio y de como acontecieron los hechos.

Quizás algunos podrán tener distintas apreciaciones a las nuestras, los que las vivimos y aquí narramos. Para ellos también está abierta esta tribuna del universal medio del Internet. Para que escriban sus opiniones como sus mentes se las dicte.

Sostenemos que un militar debe ser guiado por la adecuada relación entre la teoría y la realidad. La academia y la operación. La autoridad del alto mando y la ejecución de los subalterno. La administración y la producción, como lo llaman los negocios civiles. Pero que en la vida castrense se denominan: “la logística y el combate”. Usar los términos civiles en el medio militar se le ha considerado un pensamiento “civilucho”. Que es la forma despectiva para denominar lo que se considera reprochable en lo militar, por ser la aproximación a cierta indeseable inclinación mental del militar a lo civil y como debilidad doctrinaria.

Razón por la cual argumentamos que para que el militar colombiano sea completo e idóneo, debe ser tan ilustrado en lo teórico como diestro en lo práctico. Con la pluma y con la espada. Necesita ser flexible, polifacética y multifuncional, por el amplio espectro de su actividad profesional. Porque requiere un extenso horizonte de conocimientos académicos y capacidades prácticas.
La excesiva especialización lo limita. De tal forman que su desempeño exige, paradójicamente, que su particularidad sea la generalidad. En lenguaje coloquial: todero, imaginativo, de inventiva y con capacidad de arriesgar en forma metódica, calculada y previsiva, por medio de una buena preparación intelectual.

El complejo medio militar no permite, por sus restricciones y diversidades, ser compartimentado en capacidades profesionales.  Las circunstancias imponen salirse de los limitantes nichos de confort que se generan dentro de las complejas organizaciones militares, donde se tiene que actuar con alto desempeño, tanto para la guerra regular como la irregular, en la defensa nacional. O nuestro conflicto interno de baja intensidad y del orden público. 

Una mezcla amorfa de circunstancias que hacen de su profesión tan característica y tan exclusivas que parece que no se da en ninguna otra parte. Podrá creerse que es mucho pedir. Por eso es que es tan exigente la profesión militar en Colombia. Porque, de lo contrario, solo sería un oficio que no hace los méritos suficientes para recibir los beneficios especiales que la sociedad colombiana le ha dado.

Todo lo contado sucedió en tan solo veinticuatro meses y simultáneamente. Aunque se narran por separado en dos partes: la logística y las operaciones.  Experiencia que nos afirmó la convicción de la necesaria modernización de las Fuerzas Militares en varios campos. En especial en el tradicional pensamiento costumbrista, conservador, centralista y doctrinario de los escritorios.
Versus la independencia liberal, la apertura, la descentralización de la oportunidad de acción y de pensamiento en el campo operativo. Y la toma de decisiones bajo alta exigencia y limitaciones físicas, que imponen las operaciones y el combate en el terreno.

Y nos confirmó la conveniencia de la adecuada conjunción entre la dirección y el comando centralizado. Con la ejecución delegada y descentralizada. Igual a los proyectos de construcciones civiles. Los que inician los arquitectos, ingenieros diseñadores y calculistas en oficinas. Que, luego, ejecutan y dirigen los ingenieros residentes e interventores en la obra.

Igual es en lo militar. Así algunos militares consideren inadecuado practicar criterios tan "civilistas" porque, para ellos, eso conduce a una peligrosa degradación de lo que tiene que ser la acción de comando. La que ellos creen que es solo el hacerse obedecer con el solo uso de la ruda imposición de la autoridad militar, sin usar la convicción. Porque el liderazgo, para sus acostumbradas formas de pensar, es más de exigencia que de creencia. 


Alto nombramiento. Nos asignaron al Departamento de Operaciones del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares, EMC. Un cargo militar del nivel central y por ello considerado como un alto privilegio profesional. Destinación que nos honraba sobre manera. Los Estados Mayores, dentro de la organización militar, son el equivalente a las Juntas Directivas de las empresas y negocios privados. Ellos trazan las doctrinas de la institución, crean los planes operativos y los ponen a consideración del Comandante para dar las órdenes. Después de eso, controlan la ejecución y corrigen lo que sea necesario. El EMC es el máximo de todos los Estados Mayores en el país. Es quien define, supuestamente, las políticas de defensa nacional en el más alto rango.  aunque era un cargo de oficina en contraposición a nuestra inclinación y preferencia por las operaciones aéreas.


Los pilotos esquivos. Se daban dos clases de pilotos. Los que queríamos volar por reto y casi que por emocionante aventura de dominar máquinas exigentes. Eran los aviones viejos. Hasta peligrosos porque implican buenos conocimientos. Los que tenemos por afición el estudiar, por  que el conocimiento nos da idoneidad. Mas no por llamar la atención para mostrar que se es inteligente. Destreza y reto que, para nosotros y perfil personal, es tenido como algo valioso, así no nos produzca resultados benéficos, réditos promocionales o económicos ni fama artificial, en la vida real.


Rimbombante autoestima. Es reflejo natural el evitar las dificultades. Pero quienes las esquivaban eran los que hacían más alarde de capacidades para volar en sus conversaciones de casinos ante los colegas. O con sus demás amigos que nada sabían de aviación para impresionar falsamente. Incluso haciendo ver la profesión como si tratara de una aventura quijotescas y de mucho valor para afrontar el peligro. Cuando realmente lo que estaban haciendo era ocultando su miedo con sus historias épicas.


Incómoda rasquiña. Regresemos al tema. En definitiva, en el EMC nos causaba escozor la burocracia militar y el ver a tanto oficial, de alto grado, matando el tiempo en tareas superfluas, con poca capacidad analítica y baja creatividad. Personas que aunque conocían la realidad nacional, la ignoraban con premeditación por conveniencia. Procuraban no tratar los temas trascendentes. Meterse en esos asuntos complejos podían arriesgarse a ser removidos de tan cómodos cargos. Necesitaban pasar sin importancia y sin idoneidad, así fuese sin mérito profesional. Aunque sin la satisfacción de un buen desempeño por el deber cumplido.
Algunos con muy buena hoja de vida en el campo del combate y excelentes resultados en las operaciones militares. Que les asignaban esos cargos administrativos y de oficina como un premio y descanso por sus resultados, pero que no encajaban en el rendimiento intelectual que se requería en esos cargos.


Lenta mutación. No se podía intentar nada diferente ni proponer un mejoramiento, cambiando esa enquistada tradición. Porque eso era violentar anticuadas costumbres y dogmas que, aunque ya tenían poca aplicación, se les veía como infalibles. Como durante generaciones anteriores esa inercia había tenido algún éxito, predominaba el criterio de “mejor malo conocido que bueno por conocer”, sin importar que la razón indicase la necesidad de innovar.
Para ellos cambiar era riesgoso y hasta temeroso, por la infalible guillotina profesional de ser decapitados si hacían algo diferente. Así estuviese justificado. No era correcto hacer cambios porque si el invento no funcionaba a plena satisfacción del superior, terriblemente severo y dispuesto a evaluar más por capricho que por justicia, se corrían riesgos personales, que, con sutileza, eran evitables. De esa forma la modernización era extremadamente lenta. No dependía de la instantánea fuerza argumental sino del muy lento relevo generacional.


Oportuna intervención. En varias oportunidades tratamos de hacer evidencia de la situación. Sanos intentos que chocaron, provocando diabólicos rechazos. Con explosiva y enojosa soberbia calculada cerraban toda posibilidad de adelantar cualquier clase de autocrítica constructiva.
Las malas costumbres. Por eso nos nombraron de Comandante de Tres Esquinas, lo cual mucho nos agradó. Bastante por lo que haríamos, pero más por lo que dejábamos de hacer. Pues nos alejaba de quienes no nos gustaba compartir, pero debíamos soportar por obedecer. 


Las oportunidades. La ventaja que teníamos era que habíamos visitado muchas veces esa Base Aérea en los vuelos rutinarios de transporte, apoyo logístico y abastecimiento. Junto con los puestos de frontera del Ejército y la Armada Nacional. Y no solo en vuelos momentáneos sino pasando algunas temporadas en ese destino. Por eso la conocíamos bien. Ambiente selvático que, en mucha forma, armonizaba con nuestro espíritu campechano y rural de origen montaraz. Origen y pensamiento que, en los altos estratos sociales de la ciudad capital del país, muchos creen necesario ocultar para no parecer faltos de alta alcurnia y sin orígenes de nobleza para ingresar a la elevada élite militar. Los abolengos que, supuestamente, se deben tener cuando se llega a altos grados militares.


El estigma del origen. En los cimeros estratos militares, el origen provincial es sinónimo de ineptitud innata. Pero la naturaleza agreste y primitiva, que rodeaba a esa Base Aérea, nos era de cierta empatía. Sobre todo por la autonomía para actuar a nuestros gustos y costumbres. La sola distancia de los centros de poder nos hacía sentir la libertad que deseábamos para dar rienda suelta a la creatividad y la innovación sobre las cosas simples y cotidianas, que tanto extrañábamos. Aunque también nos gustasen las de alta academia, tecnología y nivel científico, que nos agradaba estudiar.


Entre cielo e infierno. Al fin y al cabo habíamos recibido una buena formación religiosa, durante seis años, en un internado católico de un pintoresco pueblo del suroeste antioqueño. Allí donde nos enseñaron las teorías del alma, la formación espiritual, la moral, la ético, la sensibilidad social y los depurados sentimientos de compasión con el sufrimiento humano.
Después pasamos al mundo de los militares que nos enseñaron las teorías de la guerra. Que no es otra cosa que el ejercicio de la fuerza, hasta la violencia si es necesaria,  en forma científica, planificada y estudiada.
Es decir, en nuestra formación, fluctuamos entre los dos extremos: el del cielo y el del infierno. Nos ubicábamos en cualquiera de las posiciones intermedias según lo demandaran las circunstancias. 
Aunque estábamos, lógicamente, más cómodos cuando los deberes coincidían con nuestra doctrina y forma de pensar, entre la cruz del Gólgota o la tumba del infierno. O entre la pluma y espada. Por eso la espada la tomábamos según la necesidad: por la empuñadura si era necesario usar el cortante filo de la hoja. O por la hoja si lo apropiado era mostrar el crucero de la empuñadura. Como hicieron los conquistadores españoles argumentando la propagación con la fuerza del cristianismo en América.


El extranjero atrevido. Ante tales situaciones, veíamos con naturalidad, las picaronas burlas que se nos hacían y escuchábamos en los corrillos de corredores. Y las sarcásticas conversaciones e indirectas relacionadas con nuestro nombramiento. No ignorábamos los comentarios, preguntas indiscretas, rumores de doble sentido e ironía que suscitaba nuestra designación.


Una pregunta insolente. Estando en esas un oficial extranjero nos pidió tener una conversación informal. Se la aceptamos, mas por curiosidad que por deber. En la charla se atrevió un oficial norteamericano, como es el habitual en los que son emigrantes latinos en los Estados Unidos, con oportunidad de ser autoridad en ese país,  a hacernos una burlona pregunta sobre lo que él pensó era la gran preocupación y los presuntos miedos que deberíamos tener por el traslado a tan difícil guarnición. Que de existir en nuestro ánimo, no eran buenos para su proyecto de ingeniería que ejecutaba en esa Base Aérea.
Inquietud que recibió una esquiva respuesta. Evidenciamos que él suponía que esa era una de nuestras debilidades profesionales, surgidas de dar crédito al “rumor general” infundado. Asunto de interés a sus objetivos. El mismo rumor al que su famoso General Mac’Arthur había dado grado militar y bautizado como el “General Rumor”. Comandante imaginario que tenía más autoridad y se le acataba más que a él.


Las opciones. Como no acostumbrábamos andar en esos círculos de circo coloquial, no estábamos enterados del último chisme. Aunque si intuíamos que nuestra nueva destinación era una de las factibles razones de la cita ordenada por el Comandante general de presentarnos en su despacho. La otra era que nos anunciaran el retiro del servicio en vista de los malos comentarios que nuestros colegas del EMC habían lanzado, de antemano, sabiendo que por ese medio mucho se influye en la toma de decisiones de los superiores.


La entrevista. Cuando llegó el día de cumplir la entrevista, asistimos con toda la resolución y con la desprevención de aceptar cualquiera de las dos alternativas: traslado o despido. Por supuesto que los intrigantes si sabían de qué se trataba. Lo que para nosotros era una dualidad incierta. Ambas nos eran totalmente aceptables. Si resultaba ser el nombramiento, era el reto que deseábamos y además un alivio a nuestro aburrimiento en el EMC. La otra nos llevaba a disfrutar de la pensión e iniciar otra meta más en la vida civil. Para la que, en parte, también nos habíamos preparado.

El deposito. Los Estados Mayores son primordialmente asesores y con esas acciones crean el fundamento de la doctrina militar. En especial el EMC, pues es quien determina los dogmas institucionales y los derroteros del Comandante General de las FF MM. Es decir, el máximo nivel de mando para cuidar la soberanía nacional. 

Debía ser un motivo de satisfacción profesional estar en él. Sin embargo, no estábamos cómodos y nos era, más bien, una mortificación.  Nos dimos cuenta que el habitual comentario burlón en los pasillos, sobre la multitud de cargos poco útiles en el centro nacional de la cúpula militar, denominado como el famoso “Depósito de Coroneles”, no era un invento ligero. Ni simple tema de jocosas conversaciones durante las desinhibidas charlas de la oficialidad en los ratos de ocio en los casinos. Era una realidad contundente.

Según el rumor coloquial entre los militares, es a donde se mandan los oficiales que no tienen mucha destreza operacional y espíritu combativo. Además de no mostrar mayor habilidad mental o intelectual. Pero que, sin ser descalificables para el servicio, es necesario ubicarlos donde no causen mayores estorbos.

Los pilotos reticentes. Exactamente, según esa mentalidad, un cargo apropiados para nosotros. Los que éramos aficionados a volar los aviones más viejos, porque exigen las máximas habilidades e imponen muchos retos en las destrezas de vuelo. Las tripulaciones escogidas, para esos aviones, eran las consideradas como las adecuadas para quienes también eramos vistos como los pilotos más bien mediocres y de pobre desempeño operacional. E, igualmente, para los cargos de oficina. Apreciación, premeditadamente fabricada, para esconder otra realidad muy diferente.

Además de que llenábamos la necesidad de los comandantes de encontrar pilotos voluntariamente dispuestos a volarlos. La mayoría de los colegas buscaba afanosamente esquivarlos y por ello se presentaba constante déficit de tripulaciones para esos equipos. Incluso recurrían al chocante y velado tráfico de influencias con los superiores.
Los dispuestos a operar la tecnología vieja y riesgosa éramos pocos. Se nos veía como los demasiado sumisos como para no pedir volar mejores aviones ni hacer objeciones cuando a esas aeronaves nos asignaban. O porque, según  ellos, éramos incapaces de volar aviones más sofisticados, debido a nuestra poca idoneidad profesional para el vuelo. Esa era su teoría para justificar su indeseable comportamiento de esquivar misiones de riesgo. O satisfacer su exagerado sentido de arrogancia personal o la consabida vanidad de los profesionales del vuelo.

Los aviones que volamos eran los que los demás pilotos despreciaban y trataban de evadir. No solo porque existía el mito de que a las mejores tripulaciones se les debía premiar con aviones de última generación más costosa. Y por ello se incurría en los menores riesgos de accidentalidad. Motivo de orgullo que satisfacía la exagerada egolatría propia de los que, históricamente, han sido tenidos como los valientes hombres capaces de dominar el miedo y el peligro  a las alturas.

Sin embargo, eran estos los más temeroso a perecer en un accidente aéreo debido a la baja tecnología y antigüedad del equipo. Temor que salía primordialmente de su pobre capacitación en el empleo eficiente, debido a su desinterés y reticencia al estudio, para conocer las reales capacidades de esas aeronaves anticuadas y operarlas en forma segura.

Por ello terminaban siendo más choferes mecanicistas, que auténticamente profesionales racionalista. Buscaban afanosamente los aviones deslumbrantes y apropiados para alardear. Los que hemos llamado los simples “Pilotos Mueve Suiches”. Simplemente porque desconocen a profundidad el funcionamiento de la máquina y la forma de emplearla en cualquier condición. En especial en las imprevistas y las de máxima exigencia. Les gustaban solo los aviones que no eran amenazas reales y con los que no era necesario penetrar en profundidad sobre su funcionamiento para ser confiables. Donde las condiciones de emergencia fuesen muy remotas.

Tenemos que admitir que en los aviones de pasadas generaciones se presentaban más emergencias que en los aviones de última tecnología. La llamada tecnología de punta. Precisamente por ello los anticuados eran exigentes y demandaban mejores destrezas humanas de pilotaje adquiridas con dedicado estudio. Lo que para los mediocres es aburrido e incómodo.

Bastantes de estos heroicos, precisamente, perecieron por sus deficiencias en capacidades y profundización en el tema. Y tampoco queremos decir que los que logramos sobrevivir seamos mejores. O que fue que nos cobijó la simple suerte. Por supuesto que si. Aunque con bastante ayuda estudiando con meticulosidad los secretos del avión. Pero como mínimo éramos prudentes en ver la realidad y afrontarla como se debía. De todas formas esos superhéroes preferían los aviones modernos que tienen más automatismo y confiabilidad. Los que por ello no demandan los aburridos estudios para lograr la mínima seguridad operacional y la mejor calidad exigida en el desempeño profesional.


PILOTO MEDIEVAL 

Esa pedantería también les permitía, a los esquivos pilotos de los aviones antiguos, poder mostrar su exorbitante orgullo de decir que eran los elegidos para volar los modernos y costosos. Porque, supuestamente, eran los mejores en el desempeño y a los que se debía confiarles lo mejor y lo más valioso.

La tradicional y fuerte arrogancia propia de los pilotos. Los que quieren parecer que no son seres humanos que caminan sino que levitan. La soberbia que, cuando el arte de volar se mezcla a la de los militares engreídos, se potencia al máximo.
Egocentrismo que para lo militar, podríamos decir, hasta es necesario por las características de la profesión para afrontar con éxito los riesgos. Porque cuando un militar no se autoestima lo necesario para correr los peligros del servicio, de antemano, está vencido. Pero en cuanto a lo de volar aeronaves,  no tiene ninguna justificación esa odiosa actitud. El modernismo, prácticamente, ha eliminado casi todo el riesgo que en el pasado romántico era inherente al peligro de remontar las alturas de manera aventurera. La confiabilidad de los aviones modernos es casi que absoluta y por ello el pilotaje actual no es una osadía.

En el EMC. El mayor interés era la limpieza y el orden del recién activado “Centro de Operaciones Conjuntas” COC. Que de operaciones no tenía nada. Únicamente se dedicaba a recopilar información sin darle ninguna utilidad practican en toma de decisiones. Además, el descuido en el empleo de la información era notorio. No la usaban sino a manera de simples y morbosos chismes. Solo era para la búsqueda amarillista de culpables en rangos inferiores, escudriñando errores operacionales ajenos. Así se resaltaban ellos como excelentes militares superiores porque, los demás, eran demasiado ineptos subalternos. Era la regla general. Mientras ellos, de grados altos, tenían muchas culpas por su forma de actuar tan impropia en sus cargos, funciones y deberes.

Tenían disponible toda la teoría sobre los hechos acontecidos a los demás para descalificar. No para ameritar. Nunca para una autovaloración de lo que desde el nivel central ellos hacían. Reveses operativos que, en gran parte, se debían corregir de arriba hacia abajo y nunca al contrario. Para eso era que les servía su autoridad, no en forma positiva sino retrógrada. Al menos en la parte ideológica, la que era de su competencia, por ser su responsabilidad prioritaria el nivel estratégico nacional. No la del nivel táctico, donde se enfrascaban sin ser su prioridad. No era claro el cómo cambiar esa preconcepción, infortunadamente, arraigada por una larga tradición y falta de evolución.

Las culpas de lo que no salía bien, a nivel Brigadas o Batallones, siempre eran debidas a la falta de idoneidad en los dirigidos, donde bastantes salían muertos o heridos en combates fallidos. Y nunca debido a los errores en las decisiones, que en el nivel central, en su mayoría se dejaban de tomar. O las que se tomaban en forma inadecuada. Precedía mucho el concepto de la perpetua infalibilidad pontifical. Sus pensamientos se reducían a análisis de asuntos casi que meramente de nivel brigada, con sentencias casi que sacramentales. Muy lejos de los conceptos macro estratégico, ya fuesen del amplio campo interno nacional y más del internacional, como lo son los objetivos y las proyecciones de ese importante departamento.

Las influencias. Después supimos que algunos de los compañeros de trabajo habían abogado para que nos asignaran a una región alejada y peligrosa. De las clasificadas como de “orden público”, donde se pasan incomodidades y riesgos. Intentaban librarse de alguien imprudente e irreverente que, con sus puntos de vista, les hacía pasar incomodidades, a sus intereses, con nuestras apreciaciones .

Es una forma habitual no solo de salir de personajes fastidiosos sino el sutil castigo para aquellos que no se adaptan a sus normas y costumbres personales. Las que se implementan para sobreaguar en el cargo por la vía de las menores molestias familiares y sociales, así no cumplieran con los deberes profesionales. 

En el momento no lo supimos. Luego descubrimos sus veladas influencias, supuestamente, para supuestamente degradarnos de esa forma, a manera de sanción. Al contrario, nos hicieron un bien.  Con sus intrigas nos habían ayudado a salir de la "leonera" que tanto nos mortificaba. Y en donde tan incómodos nos sentíamos, para mandarnos a lo que, para ellos era, una despreciable "ratonera". Pero en la que podíamos aplicar las ideas e iniciativas reprimidas que nos exprimían internamente.

Una oportunidad. Fue una oportunidad de ocasión. Podíamos gozar de la libertad y la autonomía que anhelábamos para actuar bajo nuestras maduradas convicciones. Excepto por una ligera inquietud sobre las molestias materiales que se podían causar a la familia, que tampoco eran muchas. De resto, nos sentíamos agradados con el traslado y la nueva designación a una unidad militar atrasada y remota y, por ello, con grandes metas por lograr. Algo que los demás veían con miedo pero para nosotros era un reto a superar.

No podemos negar que, de todas formas, teníamos algo de incertidumbre de tener que comandar en un lugar alejado y escaso de recursos físicos, lo que era un real duelo personal. Al fin y al cabo esa unidad era considera, por tradición muy arraigada dentro de las mentalidad extraoficial institucional, como un lugar de destierro y degradación. Lo que tampoco ignorábamos.

Es una acostumbrada forma de matoneo, entre militares, el estar compitiendo con autovaloraciones grupales para gozar, con morbo ácido, viendo a quienes ellos consideran los descalificados. El placer de sentirse los calificados por no haber sido, supuestamente, degradados. Por eso existen tales formas de valoraciones no reglamentarias, folclóricas, pero que influyen bastante en las decisiones que los comandantes toman. Es una costumbre antigua dentro del conservador medio militar. Dos casos históricos están en el nombramiento de César a Hiberia o de algunos Generales al frente ruso por Hitler.

Incluso hasta un oficial de la misión militar norteamericana en Colombia pidió, a nuestros superiores, hacernos una entrevista para una velada valoración. El mismo de la entrevista ya mencionada. Nos ordenaron que fuésemos a esa cita. Que debió ser al contrario. Pero por la refleja sumisión a todo lo que provenga del norte, nos lo ordenaron de inmediato. No es que nos impongan las situaciones. Sino que nos doblegamos complacientes ante todo lo que suene septentrional, confirmando con ello nuestra innata mentalidad sumisa meridional.

Tendríamos que trabajar coordinadamente. Esa misión extranjera tenía en desarrollo unos proyectos costosos de infraestructura en ese lugar, dentro de los planes para combatir el narcotráfico. Y ese territorio era fundamental. No solo por los inmensos cultivos de coca sino porque era la ruta aérea por la cual se traía la materia prima semiprocesada desde Perú y Bolivia. La misma que era refinada en la mayoría en los laboratorios del lugar. De allí salían muchos vuelos clandestinos con producto terminado, coca pura, hacia los EE UU.

Le aclaramos que era un tema que trataríamos solo a nivel interno institucional y únicamente con personal nacional. Eso le disgustó. Con ello rechazábamos sus observaciones sobre un asunto que el consideraba con derecho a saber por los aportes presupuestales que su país hacía, supuestamente, en favor de nuestra integridad y fortaleza nacional. Decidió tragarse el sapo y cambio de tema sobre otras cosas menos importantes, para aligerar la tensión que entre ambos había provocado su imprudencia.

Por ese medio descubrimos que era otro de los que no sabían que preferimos, mil veces, ser “cabeza de ratón”, con deseos de enfrentar a un felino en la primera línea de combate. Sin tener que seguir siendo una simple “cola de león”, espantando moscas en la segura retaguardia de los mediocres. La misma que otros usaban de burladero para defenderse de los riesgos profesionales inherentes.


El Rey León y El Simple Ratón

Los rumores. Entre los oficiales de nuestra generación y, en especial, en los compañeros de promoción de oficiales de la FAC, estaba vivo el pensamiento y la plena convicción que quien fuese el destinado a ser el Comandante del Grupo Aéreo del Sur “GASUR”, lo sería por razones de incompetencia y degradación, debido a sus escasas capacidades profesionales. Por supuesto que nosotros también creíamos lo mismo durante los veinte años de servicio activo que ya teníamos.

Desde luego, el nombramiento como Comandante de esa unidad era un motivo más que evidente por el cual debíamos, según la tradición, sentir desengaño y disgusto por tan grave descalificación. Pero el fuerte deseo de salir de donde estábamos y el saber que seríamos muy autónomos para actuar, nos hicieron buscar motivaciones con actitud mental positiva, en lugar de incurrir en razones negativas. Sacando provecho la adversidad, lo veíamos como la oportunidad de demostrar lo que pensábamos, y que nada gustaba en el Olimpo de los altos mandos.

El citador. Como necesitábamos saber si la asignación había sido por descalificación o, por el contrario, por ameritación, lo cual era remoto, conservamos una prudente expectativa. Esperábamos lo que nos plantearía el Jefe de Recursos Humanos de la FAC cuando nos llamase a anunciarnos la asignación que deseábamos para salir de la tigrera. Para sorpresa quien nos citó fue el General Comandante de la FAC.

Noticia que se hizo pública en los mentideros y todos estaban a la espera de nuestra reacción ante la sorpresa que sufriríamos, cuando nos enteráramos de la noticia. Les hacía falta ver cómo actuaríamos para tener un buen motivo de socarronería usando el hazme reír del momento. Faceta que alimentaban con sus chistes graciosos de los habituales burlones y bufones cortesanos de ocasión, para alentar y mejorar su prestigio entre su público de oportunidad y sus superiores. Sus virtudes eran el hacerse los célebres a falta de méritos de más valor. Eran bastante populares en ese medio de oficinistas desocupados y  la burocracia militar de escondederos.

Resultaba lógica el primer motivo dela citación. Nuestra promoción estaba en el tiempo y en el grado donde se acostumbraba designar al Comandante de esa unidad. Además, ya habían sido designados los demás cargos y parecía que solo faltaba el candidato para el GASUR. Un factor contribuyente era la coincidencia que éramos de los últimos escalafonados dentro de la promoción y por ello bastante factible que fuésemos los señalados. Quienes ocupaban los puestos más altos en el escalafón solían ser tenidos en cuenta para cargos administrativos, de menor exigencia y mejor comodidad personal. No para los puestos operativos de más responsabilidad, obligaciones y riesgos profesionales, como lo era GASUR. El Comandante del GASUR era un cargo fundamentalmente operativo. Aunque también resultó, como lo vimos luego, de bastantes y difíciles retos administrativos y logísticos.

Si era el despido, ya habíamos afincado proyectos que nos daban la estabilidad para disponer de tranquilidad. Afortunadamente en esos tiempos se estaban produciendo algunas transformaciones políticas de privatización en la administración oficial antioqueña, que, por pura casualidad, nos serian favorables.

El descubrimiento. Pues resultó ser la primera. No nos sorprendió el nombramiento sino la forma como el Comandante nos lo planteó. Era más una oferta de confianza que de una descalificación. Si no se nos hubiese ofrecido de esa forma habríamos caído en el mismo desengaño del mariscal Sucre. Bolívar lo asignó a recoger desertores, rezagados y organizar la logística de retaguardia, antes de iniciar la campaña del Perú, sin haberle puesto de presente las razones del porqué de ese deber. La que para Sucre fue de segundo orden y la vio como desprecio a sus méritos. Por eso Bolívar le debió mostrar lo fundamental que era esa misión para superar a los españoles diciéndole que si no era Sucre el adecuado para ello, él, Bolívar, lo haría personalmente. Los resultados se vieron después cuando Sucre fue el vencedor en Ayacucho. Por algo Napoleón dijo que la guerra era más un esfuerzo de logística que de batallas.