AERONAUTAS Y CRONISTAS

lunes, 28 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 8


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 8

CULTURA DE APOSTADORES Y LUDÓPATAS.

Arturo Vargas de Concordia, trigueño, juguetón, era y es el decano de las apuestas entre los caballos, seguido por el salgareño Hilario Salazar. El 29 septiembre 1983 Arturo Vargas hecho una carrera entre Bolombolo y Concordia. Un caballo de Titiribí financiado por el trabajo legal de los finqueros del suroeste antioqueño y una yegua traída de Pereira, por la clase emergente, producto del trabajo ilegal, por 50 millones de pesos. Ganó el caballo el cual murió a los dos meses.

El amor por los dados tenía la siguiente escala: Salgar, Concordia, Bolívar, Betulia, Andes, Fredonia y Urrao. Los gallos: Urrao, Salgar Fredonia, Andes y Concordia. Las carreras de caballos: Concordia, Salgar, Jericó, Bolívar, Fredonia y Andes. En el juego de dominó y cartas sobresalía Francisco Luis Colorado (el Overo). Hombre hosco, dispéptico que no sonreía nunca. Se presentaba en ese tiempo el tahúr profesional y el ocasional. El tahúr profesional hombre frío, calculador, parecido al prestamista, sin sentimientos de solidaridad humana. El tahúr es individualista. Hace del juego una profesión y su modus vivendi. Considera al juego como la máxima pasión superior al poder, a la sexualidad, a la amistad y al amor. La familia es secundaria. En muchos de ellos hay un componente machista. En otros un hastío por la vida. Nada por fuera del juego le interesa. Otros son masoquistas. Tienen el pálpito o la intuición de que van a perder y sigue jugando. El juego es como un escape y una concreción de complejos. Realmente es una institución y una enfermedad. Tiene sus rivalidades y crea una comunicación con los jugadores de otros pueblos formando una especie de hermandad, moviendo festivales, patrocinando hospitales, sociedades de mejoras públicas e instituciones de beneficencia a través de las alcaldías.

La cooperativa de municipalidades estaba construyendo un hospital regional en Concordia. El autor intelectual de la obra fue el doctor Bruno González. Concordia se había constituido en un centro médico. Lázaro Restrepo, representante a la Cámara presentó la ley y sacaba las partidas anuales del presupuesto nacional.

FAMOSO BURRO

En Concordia se encontraba el famoso burro de La Coruña y el caballo Mago de la Herradura. Alberto Uribe, uno de los dueños de la finca La Aguada, criaba hermosos ejemplares caballares. Alberto Uribe era sagaz, atrevido, conversador afortunado aficionado por las fincas y los caballares. Se hizo cliente de La Bolsa acompañado de Gabriel González (Botijo), ciudadano hipertiroidano y exagerado. Prototipo de antioqueño.

CEMENTERIO LAICO

Luis Felipe Posada llegó a Concordia antes de la muerte de Rafael Núñez. Fue un gran escribiente, buen vestir, caligrafía maravillosa, humor de mil maravillas, aguardientero y cierta sensibilidad social. Era una especie de abogado de los pobres en el tiempo libre después de la oficina. Era una especie de memorialista, defensor entre otros de la Mona García. Murió en 1937 como librepensador. Fue enterrado en la orilla la carretera en el cementerio como en una especie de cementerio laico. (Para finales de los años 60 aún se podía ver una pequeña tumba cubierta por una lámina de zinc y rodeada con un alambre de puas para que no la dañara el ganando que pasta en el potrero. Quedaba en la parte alta del talud de la carretera justo al frente del cementerio católico donde los chicuelos curiosos solían asomarse con cierto temor para ver cuál era el misterio que contenía).

PERSONAJES DE TIRIBI

Una noche nos saturamos del versificador tomando la palabra poeta Jorge Quijano. Titiribí ha sido un semillero de pueblos y de hombres notables en todos los ramos del saber humano: Uribes, Posadas, Vélez, González, Restrepos. Personas de versos desbocados y picantes. La marca de éstos está en la finca llamada Los Micos.

Su riqueza minera atrajo a numerosas familias extranjeras como los Johnsons, Wolffs, Moores, Freydells, y el conde francés Gustavo Adolfo de Bourmont. Louis de Girardot, nacido en París, (padre de Atanasio) fue uno de los primeros que explotó los minerales del zancudo. Los Freydell construyeron la barca de los pobres que en el día de la inauguración se ahogó en el río Cauca Alberto. Los Wolffs fueron magníficos manipuladores del hierro. El célebre cuentista, filósofo y minero Efe Gomes, de Fredonia, autor de Guayabo Negro vivió y trabajó en Titiribí. Baldomero Zanini Cano, maestro de uno de sus colegios, siendo novio de Cecilia, hermana de Benito Restrepo no gustó a la Restrepería por su color negro. Cariolano Amador, millonario célebre por sus frivolidades y extravagancias que hicieron historia. Le llevó al rey de España un jarrón con su correspondiente palangana fabricada con cuatro libras de oro puro. Adquirió el título de Conde de Amador, fundó el Banco de El Zancudo. Cuando se quebró trató de vender acciones de este banco en la Bolsa de París.

El ingeniero inglés Tyrrel Moore hizo un montaje minero desconocido en Antioquia y en Latinoamérica y elaboró el plano de la población de Bolívar.

En 1748 Francisco Pacheco denunció una mina de beta cerca al río Amagá. Los minerales de El Zancudo fueron en un principio propiedad de José María Uribe Restrepo y luego pasaron a manos de Cariolano Amador. Francisco Quijano fue un próspero comerciante que llegó a tener 40 buenas haciendas. Ruperto Echeverri tuvo una hacienda que iba desde los alrededores de Titiribí hasta Bolombolo llamada San Joaquín.

El pueblo fue trasladado de Sitioviejo a su actual ubicación en 1815. La población tenía una vocación minera con salero andaluz de mujeres elegantes y hermosas. Hombres con fama de conversadores, bien vestidos, el típico cachaco, el pueblo amante de las corridas de toros, la literatura, caballistas, tahúres, pendencieros, magníficos jinetes. Ciudadanos que descollaron en la medicina, ingeniería, el derecho, en los campos de batalla. Filósofos como el famoso Masato Y copleros como Indalecio Ortiz.

Fueron fundadores de Concordia y Andes con sus respectivas fracciones de Jardín, Betania Bolívar y Salgar. Los Restrepos, González y Londoños salgareños, son los mismos de Concordia.

DE BOLÍVAR

El boliviano es audaz, hiperemotivo, emprendedor, gran negociante. Famosas sus fondas camineras de Farallón, Alfonso López, Ventorrillo y Remolino. El arriero quiere a sus mulas. Alegra las veredas por donde pasa, es el correo de la región, traer la última noticia y el chisme fresco, glotón desde comidas frías, calientes, mal preparadas, emplea un lenguaje con palabras de grueso calibre. En su peregrinaje compra productos baratos para después venderlos caros. Muchos de ellos han hecho grandes fortunas. Individuos dispépticos con una gran predisposición a la úlcera duodenal. Sucios, crudos, amigos de la intemperie y se enorgullecen de su oficio. Famosas fueron las recuas de mulas de Urrao a la vereda de Piedra de Candela. De San Mateo a Concordia. De San Mateo a Cangrejo. El Salgar a Bolívar y de esta a Andes pasando por Betania. Todos los caminos de herrería conducían a Titiribí, municipio que por su producción minera engullía los productos del pancoger, ganados y cerdos producidos en Concordia.

CAUSAS DE LA GUERRA CIVIL DEL 49

·       La dialéctica entre liberales y conservadores por la concepción del estado: Autoridad, intervención, moneda, reforma agraria, participación religiosa, pérdida de poder.

·       Complejo de inferioridad del partido de gobierno ante las nuevas elecciones.

·       El 9 abril 48 que dio lugar a la muerte de Jorge Eliezer Gaitán.

·       La perpetuación en los puestos públicos según la afiliación partidista.

·       Los odios heredados de las contiendas del siglo pasado como la guerra de los 1000 días

·       El nuevo orden conservador implícito en la pax romana y no en el diálogo.

·       El contagio mental y cultural de la guerra civil española. Derechas colombianas indicando a sus iguales franceses y españoles. Mariano Ospina y Laureano Gómez imitando al general franco la formación de brigadas de choque, las expediciones punitivas en los municipios, las armas oficiales para estas, las consignas, los eslóganes iniciadores. El famoso "paseo" al amanecer. Los fusilamientos de los cementerios, cunetas y precipicios con deguello con previa tortura por parte de funcionarios oficiales. Las técnicas de muerte de los falangistas en España fueron las mismas que presenciamos en el suroeste.

·       La rigidez de la propiedad privada y la carencia de reforma agraria. Las tierras planas y fértiles valles dedicados a la ganadería y las vertientes erosionadas estériles a los cultivos.

·       Gobiernos al servicio de terratenientes e intereses extranjeros.

·       Carencia de un plan de desarrollo económico sólido que ignora al hombre colombiano.

·       La universidad colombiana fabricando títulos que ignora las riquezas sociales, humanas y materiales de la nación. Sectarismo y rigidez de la religión católica con curas que llegaron a decir que matar liberales no era pecado.

·       Influencia del machista folclor mexicano que eran el abrevadero del carácter sentimental del pueblo.

·       El semen retenido de los colombianos por medio de la represión a la sexualidad por medio del adoctrinamiento en un irracional puritanismo.

·       La legislación equivocada parlamentaria como la de la ley para anticipar las elecciones presidenciales.

·       La ley de nacionalización de la policía sin adecuadas formación nacionalista y cívica, por medio de la cual llegaron los guardianes del orden traídos de otros municipios y diversos departamentos que no conocían a la comunidad, al delincuente ni lo diferenciaban con el hombre de bien.

·       El móvil económico del enriquecimiento rápido atrincherado en banderas partidistas.

·       La contrarrevolución conservadora que pretendía eliminar el reformismo instaurado por Partido Liberal a partir de 1926. Como la propiedad privada pero con función social e intervencionismo del estado.

·       Los odios de ciertas comunidades y familias, estimulados a nivel federal y parroquial buscando un predominio económico.

APLANCHADORES, CURAS Y TRANSPORTADORES DINAMITEROS DE BELLO

En la década del 40, Bello políticamente se conoció con el nombre de "el arca de Noé". Tierra de arribistas políticos, de quijotes, de correveidiles. El epicentro de estas actividades fue el concejo municipal donde hubo un concejal muerto y fue herido Jorge Villa Moreno. El presidente Belisario Betancur, en su época cavernícola y antiliberal, dirigió unas elecciones revólver en mano. En una manifestación política de tinte laurianista recibió una pedrada en la cabeza. Bello constituyose en un fortín laurianista y en la década del 60 fue un reducto Rojaspinillista., En donde operó el cuartel general de este movimiento en el país.

Chepe Correa desde la alcaldía impartía consignas de aplanchamientos y de muerte, habiéndose constituido esta población en la primera escuela de Antioquia de “la granizada en medio del aguacero” o de la famosa "hora del té", nacional y universalmente conocidos como los "aplanchamientos". Los principales instructores de esta siniestra técnica política fueron: Miguel Velázquez, Chepe Correa, Leonel Gómez, el policía de sobrenombre "chencha" y los civiles apodados el Pozo, el Pastelero y otros. Los sacerdotes, como Rogelio Arango por esa época párroco, desde el púlpito predicaban la muerte y el destierro de la ideología liberal y la de sus seguidores.

Miguel Agudelo era transportador, dueño de los carros de escalera llamados el Pampero y el Diamante. Uno de ellos conducido por el individuo (Gruyo) y el otro por Miguel Velázquez, estuvieron repletos de conservadores de Bello para llevarlos al incendio de Rionegro. Tuvieron mala suerte porque llevaron demasiada dinamita que cuando estallaba creaba unas corrientes de aire que pagaban los incendios provocados por la gasolina que habían esparcido con anterioridad. Los conservadores de Bello quedaron marcados eternamente para la historia de nuestras contiendas políticas por la acción criminal y pirómana contra la indefensa y liberal Rionegro.

Marco Fidel Suárez tuvo dos terribles enemigos, Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo, los cuales opacaron su obra de gobierno.

José Ignacio González Escobar

domingo, 27 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 7


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 7

EL INSPECTOR CARMONA.

Altamira carecía de acueducto y sólo se disponía de unos baños públicos en la parte baja de la población, la fiebre tifoidea azotaba la región. Regresando de los baños, a las cinco, de la tarde vemos que la gente corría cerrando puertas y ventanas de las casas. El inspector en estado de ebriedad, Pedro Cardona, quien con una pistola en la mano, con la otra daba empellones a un campesino. Este era recibido por la peinilla de un policía en el típico y clásico aplanchamiento de moda en las zonas rurales del país, invento macabro del Partido Conservador.

Una mujer jaló a mis dos compañeros hacia un sótano y cerró la puerta. Por la ventana de la oficina del inspector se asomó un policía de cara bruñida con un FA. Logré salir del ángulo de mira de su cañón poniéndome detrás del inspector, el cual parecía un energúmeno gritando al policía que disparara. Incontrolable terror se apoderaba de mí y me impedía casi que caminar. Logré llegar hasta la telegrafía haciendo de tripas corazón y puse un telegrama a la Secretaría de higiene comunicando mi situación.

Observando al maestro Pacho y al cura Morales, en el centro de la plazoleta, cogía ánimos para llegar al hotel. Encontré al compañero Jorge y Fernando sentados en el comedor. Habían llegado a través de los subterráneos. En ese instante llegó el barbero inspector Pedro Cardona, aun pistola en mano temblorosa, seguido del policía del FA. Cardona en Medellín había dinamitado la casa del exgobernador Alberto Jaramillo y siendo hombre de confianza de la Secretaría de gobierno fue enviado a exterminar al liberalismo en la región de Altamira. Mostró un pasquín que le habían impuesto la víspera y que según él, yo era el autor.

En el fondo del hotel vi llegar al maestro Pacho y al cura por detrás del inspector. Le explicaron que nosotros habíamos amanecido en Betulia y que acabamos de llegar como empleados públicos a prestar un servicio a la comunidad y no a destruir. Cardona no aceptaba la argumentación. Era un ataúd con su humanidad amortajada dentro de él. No razonaba. Era un verdadero caso de paranoia y con delirio de persecución. El policía lo convenció y logró llevárselo. El padre Morales nos aconsejó que nos fuéramos.

Esa noche salimos diciendo que íbamos hacia la vereda de El Cangrejo pero en realidad dimos la vuelta pasando nuevamente por la vereda Aguacatal, siguiendo el mismo camino que tomaron los heridos del combate en enero de 1900. Al amanecer llegamos a Betulia caminando 30 km. En el hotelito de Betulia el propietario estaba preocupado porque le enviaron una boleta ordenándole abandonar la población y amenazándolo con violar las hijas.

ELEMENTO CLAVE

Aparece en la guerra civil colombiana un elemento clave vital, investido de autoridad con órdenes y consignas venidas del alto gobierno nacional, el alcalde y el inspector de policía politizados. La Chusma. Elementos agresivos, muchos con antecedentes penales, armados hasta los dientes y provocadores. Estaban rodeados por las chusmas de origen conservadora, envalentonados, patrocinados y armados por los directorios conservadores municipales de cada lugar. Carnetizaron a todo mundo. Los comerciantes y finqueros conservadores reciben dinamita, escopetas, revólveres y un elemento esencial, la peinilla, iniciándose los aplanchamientos (la famosa hora del té). Eran empleados públicos intermedios, gobernadores, alcaldes e inspectores, sin escrúpulos y cuidando su puesto mas otros enardecidos y sintiendo el momento político. Era gente ignorante, sectarios e inhumanos zorreros. Se rodeaban del lumpen proveniente de la población desocupada, marginados, revanchistas, delincuentes comunes, aventureros y fanáticos políticos. Los boticarios, sin caciques, buscaban el poder en río revuelto. Los negociantes apoderándose de bienes comprando a precios irrisorios.

El ser humano en todas las épocas y lugares, especialmente el elemento campesino, no aceptan la humillación, ya sea de palabra o de hecho. Por eso se fue creando una reacción política inevitable.

LA PROCESIÓN DE MORELIA

En la vereda Piedra de Candela, cerca de Tres Puertos, se iniciaba la procesión de la virgen de las Mercedes. Seiscientos jinetes y Amazonas en caballares singulares de toda clase, colores y categorías, formaban la cabalgata. Encabezaba el evento el trovador Salvo Ruiz, Rosa Restrepo y Marta González y sus hijas, venían a rendirle homenaje a la virgen. Un recorrido de 8 km después del cual venían los sermones, gritos a la virgen, voladores y vivas al Partido Conservador, que no agradaban a la mayoría de los caballistas.  En la zona de tolerancia, a la entrada de Concordia, al ruido de unos disparos cayó muerto un campesino de Burgos y la procesión continuó. Ya en la plaza un campesino cae del capacete de uno de los vehículos desnucándose. Sonaban estrepitosamente los gritos de los vehículos y las campanas de la iglesia tocando a rebato. El padre anuncia la llegada de la Virgen de Fátima. Los caballistas aceleran y frenan las bestias produciendo un chirrido. Extravagantes jinetes y espectadores entran en un frenesí alcohólico hasta el siguiente día.

LA FONDA DE SALVO

En 1918 Salvo Ruiz puso una fonda caminera por donde se conducía a La Clara. Se llamaba Patiobonito en un terreno que le vendió Emilio Restrepo cuando recién había llegado con su esposa Hildaura de las minas de Titiribí. De la carretera de Urrao a Concordia sólo existía el trazó. Salvo nació en Concordia. No conoció a Antonio José Restrepo pues éste había abandonado el suroeste antioqueño hacía mucho tiempo. Organizó un negocio de carnicería, fábrica de velas, tienda de abarrotes, gayera y un garito. Manejaba el triple y la lengua. Hernando Zea de Morelia empleaba un taburete como instrumento de percusión. Se trovaba las 24 horas del día.

Salvo parecía vivir como los filósofos y los escritores: del cuento. Hombre muy querido y humano, no permitía desmanes ni peleas, desarmaba a los buscapleitos con una trova. Bebía pero no jugaba. En 1925 vendió la fonda y se trasladó a Concordia en donde puso un negocio de mala muerte en la Amelí. Posteriormente tuvo una tienda cerca la plaza donde permaneció casi 20 años. Vivió unos días en la finca El Abejero en donde se le murió una hija trasladándose más tarde al corregimiento La Clara. Trovó con Zoila Toro e Indalecio Henao.

NUEVO DUEÑO DE PATIOBONITO

En 1925, Patiobonito pasó a manos de Eugenio Restrepo Montoya, hijo único, soltero, entre blanco y colorado, de pulcro vestir, soberbio, apuesto galán de mujeres, aguardientero, jugador continuo de dado, cazador, amante de las buenas bestias, gran chalán. Dio mucha fama a la gallera y el garito, tanto por todo el suroeste como por los departamentos del alrededor. Se hizo amigo del sirio libanés Jorge Tafur quien portaba dos pistolas al cinto. Tipo de gitano quien trajo un troquel para fabricar moneda, negociando billetes falsos. Estafó a Pedro Garcés, hombre honorable. Pereció en confusos hechos en manos de Jorge Tafur.

Eugenio también se hacía acompañar de Modesto, Rubén y Pedro Grajales. Un día un campesino de Urrao pasaba por el lugar con unos cerdos en dirección a Concordia y un perro de caza se abalanzó sobre los animales. El hombre castigó con un zurriago al animal. Eugenio le llamó la atención por ello amenazándolo que de repetir ese castigo no llegarían sus cerdos al destino. Los cerdos no llegaron jamás. Tampoco el hombre a Urrao. Los hijos de Reynaldo Montoya lo buscaron en el departamento del Valle y lo machetearon.

REPUBLICA INDEPENDIENTE

Cuando se abrió la carretera a Urrao los constructores encontraron ocho esqueletos. El fondeadero de Patiobonito tenía su cementerio. Las autoridades de Concordia no hicieron un levantamiento. La vereda de Piedra de Candela, de Eugenio Restrepo constituyose en lo que hoy se conoce como una “república independiente”. Se prohibía que los hombres bailasen con las mujeres, norma que persistió hasta 1970. Era una república solo para hombres Desde la época de salvo Ruiz la fonda caminera de Patiobonito mantenía unos observadores en el filo hacia Concordia los cuales seguían los movimientos de la autoridad.

Allí se encontraban personajes como Luis Cuervo, hombres de armas tomar, quien decía que matar a una persona era como matar a un conejito. Carlos Lema de los lados de Jericó, fue administrador de rentas, siendo su señora la maestra de la vereda la Tarquí. Tenía en su haber la muerte de Bernardito González en un duelo a cuchillo.

Al que buscará camorra, Eugenio y sus socios le mostraban un estuche en donde había diversas armas de fuego, machetes y cuchillos para que escogiera el arma que quisiera. Si era domesticado y aprobaba el examen de admisión, pertenecía a la “gallada”. Eugenio Restrepo le disparó a Ramón Betancour. Relatan que durante 10 años no pasó una semana sin un asesinato o un herido en el lugar. Piedra de Cande era un monumento a la impunidad, la ley del revólver, la ley de la selva, el paraíso de la trova y el repentismo.

LA PEREGRINACIÓN

Me presentaron a Jaime Posada Vélez. Al brillante profesor de matemáticas Miguel Ángel Garcés Vélez. Al maestro Hernando Restrepo Macías, quien recordaba a Luis Felipe Posada, poeta menor con cierta gracia quien vivió en Concordia y también prefería a Porfirio Barba Jacob y al maestro Guillermo Valencia, así como a los duetos de Antaño y al de Juan Pulido y Margarita Cueto. A Gilberto Maya Vélez amante de las trovas de Salvo. A Jaime Posada aficionado a la música napolitana. Yo mostraba simpatía por Carlos Julio Ramírez y la poesía de León de Greiff.

Hicimos una peregrinación por Salgar con el fin de asistir a la feria pasando luego a Bolombolo para reproducir al baile de la popa. Escuchar a Ramón Antigua y las trovadoras Saturnina Balzán y Zoila Toro. Invitaríamos a Diego Calle y al poeta Jorge Quijano. Luego a El Troncal para rendir homenaje a León de Greiff y para celebrar el centenario de Antonio José Restrepo. Me acompañaron Hernán Arias, Jaime Posada, Gabriel González (Botijo) y Gilberto Maya.

Yo debía, en el recorrido, encontrar en La Clara a Salvo Ruiz para presentarle excusas porque hacía un mes le había formulado a su hija y le cobré dos pesos. Al hombre no le gustó alegando que él se llamaba Salvo Ruiz. Yo insistí no conocerlo Y de mala gana me pagó. Esa misma tarde en uno de los cafés de Concordia se presentó una gran algarabía y movimiento humano alrededor de este típico personaje. Tratábase del trovador que yo había atenido. Era generoso, pacífico y disponía de una gran audiencia. Desde entonces estudio los copleros antioqueños.

En La Clara se dio todo una tertulia de canto, trova Y poesía. Era una contienda entre concordianos y salgareños, con la única excepción del maestro Salvo que estaba fuera de concurso. Por eso sería el jurado. Un estudiante de Salgar de apellido Uranga, inició el concurso de canto conociendo todo el repertorio de Gardel, Magaldy y Alberto Gómez. También Agustín Lara, María Guerrero, Morales Calvo, Tartarín Moreira, Obdulio y Julián, un extraordinario caso de memoria auditiva musical. Fue el ganador.

Celina imitaba a Toña la Negra y calificó. En el campo del imitar un campesino de Concordia llamado Mario Diosa. Fue una fiesta de la antioqueñidad y de los valores regionales del suroeste. Al otro día ingresamos en una romería de bohemios a Salgar. El Quinillo se arrodilló y después de tomarse de un solo sorbo la cerveza, gritó que desde pequeño era liberal siendo lo más bello que había en la tierra y dispuesto hacerse matar por ese partido. Pasaba la mitad de la vida de aserrador en la montaña de Urrao y la otra mitad de vagabundo. Fue guerrillero de Franco. Presentaba cicatrices sobre cicatrices.

EN SALGAR

El Salgareño se caracterice caracteriza por su espíritu emprendedor, audaz, excelente trabajador, individualista, vengativo, extraordinario negociante, caballista y tahúr. Hizo presencia un caballo cuyo cuello no dejaba ver al jinete. Lo montaba el jinete de Alberto Uribe. Salvo Ruiz se perdió en medio de la multitud de sus admiradores, que eran sobre todo mujeres y niños. Jaime Posada buscó a sus primos Ochoa y Vélez. Eucario Montoya, Jesús Urrea y Gilberto Maya buscaron a sus familiares. Yo me fui a saludar a los médicos Gonzalo Salgado y Jesús María Mejía. También quien me contó la tensión política existente en la población.

Los Posadas, Vélez y Ochoas invitaron a conocer la vereda la Margarita, a un cuarto de hora de la plaza de Salgar.  Me montaron en la mula de propiedad de Luis Felipe Vélez. Animal noble y manso que pasaba por ser el mejor ejemplar mular del departamento. La hacienda Margarita era la primera finca no sólo el Salgar sino en todo el suroeste. Cerca quedaba la finca de Alberto Restrepo quien la construyó con más de 1.000 rastras de comino, un portal de entrada y de salida, innumerables ventanillas en forma de castillo. Especie de fortaleza donde Fidel Ochoa, hijo de Abelardo tenían un fantástico yegüerizo produciendo ejemplares que salían para todo el país. Exportaban a Panamá y Venezuela siendo la familia Ochoa el orgullo del municipio.

José Ignacio González Escobar

sábado, 26 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA.. CAPITULO 6


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 6

LA SITUACIÓN EN URRAO

En Urrao comenzaba la hegemonía conservadora. Había candentes debates en el Congreso que repercutían en el orden público de los pueblos. Cambiaban a los inspectores de policía liberales por conservadores agresivos y provocadores. Nombraban alcaldes con antecedentes penales con respectivas consignas políticas. Estaban muy influenciados por la falange española hasta el punto del fanatismo.

Me ordenaron trasladarme a esa población de gente agreste y risueña situada sobre el hermoso valle del Penderisco. Tierra muy plana poblada por muchos madereros de oficio, abundante leche, cerdos por toda parte, variedades de quesos, el frijol silvestre y encantadores maizales. Campesinos parecidos a los del oriente antioqueño pero su prototipo está por fuera de lo común del mestizo ya que es alto, trigueño y blanco. Un microclima que permite toda clase de producción agrícola. Es despensa del suroeste antioqueño, se autoabastece y aunque es de bajos salarios el campesino sobrevive. Con una amplia plaza donde tiene una estatua del General Uribe Uribe ya que el municipio es 95% liberal.

Un día nos dio por investigar el secreto hidráulico de los meandros del río y para ello ascendimos por su cauce armados de un manómetro y una Cañabrava. Arriba de la boca de la Cartagena encontramos dos Sabaletas reventadas porque alguien estaba pescando con dinamita. Más arriba encontramos un paseo que parecía un cuadro campestre de Goya. Era el alcalde de Venecia acompañado de unos ciudadanos de Betulia y entre ellos Gilberto Arango Arias (Marañas) que tenía una chaqueta amarilla, una boina roja, y apenas una patilla recortada. El alcalde arrojó unos tacos de dinamita. Todos ellos fumaban cigarrillo a base de mariguana, bailaban y se tiraban al río vestidos. Presentaban estado de excitación permanente y algunos parecían alucinados. El alcalde me ofreció tirar dinamita pero yo le reusé diciendo que estaba prohibido.

Luego me ofreció un cigarrillo de mariguana o si prefería Pangola, él era uno de los que había descubierto la acción alucinógena de este pasto. Le contesté que para mis actuaciones no necesitaba elevador. Sacó una botella de Tapetuza. El  expendio estaba a una cuadra de la plaza y las autoridades no impedían su venta por miedo. La celebración se debía a que al médico José Ignacio González lo iban a despedir porque era liberal y lo mismo le pasaría a los alcaldes de Salgar, Concordia y Betulia a quienes iban a reemplazar por alcaldes conservadores. Le agradecí el informe al típico funcionario público violador de las leyes regresando en esa misma noche a Concordia.

EN BOLOMBOLO

A mitad de agosto recibí la comunicación de mi destitución y debía trasladarme a Bolombolo. Corregimiento de Venecia. Está sobre la vía del ferrocarril con una plazoleta llena de prostíbulos de donde sale una calle hacia el puente y el otro extremo un camino de Herradura hacia Venecia. Prostitutas a granel de las maravillosas caucanas de amor libre. Temperaturas de hasta 37°. Remolino de automotores de todo suroeste, carencia de agua potable, regular servicio de luz eléctrica. Una iglesia en construcción presidida por el padre Quintero muy politizado conservador de armas tomar. Población 98% liberal. Antiguamente se llamó San Joaquín y pertenecía a la finca de Echeverri. Finca desde Titiribí hasta el puente de Bolombolo. Sus vaqueros eran excelentes enlazadores que perseguían a los nativos de San Joaquín para cazarlos.

León de Greiff lo menciona en sus poesías en 176 ocasiones. El poeta vivió entre este puerto y la mansa en la vía de El Troncal durante los años 27 y 28 y los habitantes lo catalogan como el intelectual más grande que ha pisado su suelo. En este lugar varias personas han hecho grandes fortunas como Hilario González. Echeverri. los Ruiz y Toro, Rafael Salazar, Carlos y Gabriel Trujillo, Esteban Huerta y Ernesto Garcés Soto.

Allí conocí a Jesús González (El Indio). Negociante de Concordia que tenía numerosas propiedades y era un hombre respetuoso, blanco, de cara avenida, se la pasaba viajando de pueblo en pueblo haciendo negocios. Admirador de la guerra con el Perú por la moratoria que lo había salvado de la quiebra ya que gran parte de sus fincas estaban hipotecadas. Huía por tres años de sus acreedores y todos los días le daban ganas de degollarse. Tenía 2500 cuadras entre Concordia y Salgar. Fue contrabandista de tabaco teniendo que cruzar el río Cauca ha nado huyendo a los resguardos. Junto a Alfonso Montoya era dueño de una de las carboneras en Amagá y una finca cercana a Concordia.

Roberto Velázquez propietario de la Boca de la Colonia y del famoso burro al cual le traían yeguas de todo el suroeste. A Luis Felipe Vélez dueño de El Piñón, hermano de Martín Emilio Veles propietario de Cabildo. A José Pizano dueño de la finca la Herradura a cuyos pies vivió el poeta León de Greiff. A Santiago Ángel (Don Zas) dueño de Zabaleta y quien fuera fundador de la población de Palermo en Támesis. A Ramón Emilio Romero de la fonda de Cangrejo. Luis Uribe propietario de la Aguada y de su hijo Alberto. Hilario González dueño de todos los alrededores de Bolombolo y los principales locales.

Al mayordomo de Las Arepas finca en el municipio de Tarso propiedad del padre Sierra consejero del obispo de Jericó acompañado también del mayordomo de las en hacienda Túnez de los Ospinas (la fundada por Mariano Ospina Rodriguez cuando se fugó después del atentado a Simón Bolívar). Finca de 2000 cuadras en Fredonia. Nos cruzamos con Juan Esteban Huerta quien iba acompañado de varios negociantes de Jericó, tierra del célebre Tulio Simón Santamaría quien en la década del 10 fue dueño de toda la Pintada, Támesis y Valparaíso. Constantemente vendía fincas para satisfacer sus gustos de sibarita. Viajó a Europa trayendo de París 12 deliciosas consortes licenciándolas en Jericó. Dijo que me vendía una finca como lo había hecho con la finca Morrón a un colega mío. Durante varios años insistió en esa promesa cuando en ese tiempo valían a $500 la cuadra que hoy está entre 70 y 100 mil. Siempre he sido alérgico al dinero.

Las fincas están cercadas por árboles de Matarratón de donde hoy se extrae la proteína foliar. La deforestación es casi total. Y el hacha ha creado un paisaje monótono y a veces aburrido en la zona del Cauca. En especial la tierra para Corrales donde siembran maíz y donde hay zonas que, sin agotarse, han dado hasta 40 cosechas continuas y sin abono.

De Anzá para abajo el río Cauca se le llama el Cauca de los pobres porque en ese entonces el bajo caucano no ha sido descubierto como potencial agrícola ganadero. Entre Anzá y la Pintada se llama el Cauca de los ricos donde se encuentran indiscutiblemente las mejores ganaderías. Típicos antioqueños creadores de riqueza e imaginativos. De la Virginia a Puerto Tejada es el Cauca de la caña de azúcar y de los establecimientos paneleros, el algodón y la agricultura mecanizada. Es el Cauca en los millonarios.

PARA ALTAMIRA Y EL COMBATE DE AGUACATAL

Me trasladaron al corregimiento de Altamira en el municipio de Betulia. Municipio sin agua potable, pésimo servicio de energía eléctrica, clima templado, casco urbano en una hondonada. Tierras geológicas más fértiles que las de Concordia. Segregado de Anzá, se encuentra entre Concordia y Urrao. En el camino a Altamira pasamos por la vereda Aguacatal en donde se libró el célebre combate del día 18 enero 1900 entre las fuerzas conservadoras del gobierno, conducidas por los Generales Fructuoso Escobar, de Jericó y José Vicente Vázquez. Y por los Coroneles Valeriano Arango y Luis Ángel Ochoa también de Jericó.

Las fuerzas liberales las comandaban los Generales Cándido Tolosa, boyacense, y Manuel Antonio Ángel. El Coronel Gorgonio Uribe Fernández (General Piedra), primo hermano del General Uribe Uribe, el Coronel Alberto Restrepo Trujillo, hermano mayor de Ñito Restrepo y abuelo del doctor Diego Calle Restrepo. Y el Coronel Ricardo Mejía. El General Piedra recibió una herida de bala en la frente a consecuencia de la cual murió en Concordia a los dos meses.

La mayor parte de las fuerzas revolucionarias provenían del suroeste dirigidas por el General Piedra. A la cabeza del destacamento iba Alberto Restrepo Toro y pernoctaron la víspera del combate en el alto de San Luis, a 5 km de la plaza de Concordia. Enviaron a comprar petróleo con el fin de limpiar el armamento que habían enterrado en esa región. El joven Ernesto Toro Vélez murió en el Chocó a causa de las heridas recibidas en la contienda. Se calcula en unos 8000 los combatientes De ambos bandos.

El choque se produjo en la finca de Joaquín Vélez perteneciente a los señores Rafael Mejía y Gabriel Saldarriaga.
Daniel Escobar (el Hachero), quien en un acto de locura mató en Envigado (en la actual Aguacatala) a seis personas con hacha. A raíz de su comportamiento en el combate de Aguacatal (en Betulia) fue indultado gracias a los argumentos de Antonio José Restrepo y del general Uribe Uribe, quienes fueron sus defensores.

Daniel propuso a Tolosa cambiar el plan de combate dividiendo las fuerzas rebeldes entre grupos. Uno combatiría por la Quebrada en León y los otros dos esperarían en la vereda San Antonio para caer sobre las fuerzas gobiernistas. Tolosa no aceptó la propuesta que hubiera sido efectiva. Entró por un solo lado todas las fuerzas revolucionarias. Tampoco aceptó la propuesta de Alberto y Roberto Escobar Torres, guerrilleros de La San Mateo quienes propusieron atraer a las tropas conservadoras a los llanos del Tigre y el Penderisco. Los revolucionarios quedaron entre dos fuegos.

Se enfrentaron el Grass y el machete. Este último, el general Uribe Uribe lo modeló en forma de la peinilla actual más liviana y larga y más fácil de manejo. Las fuerzas del gobierno emplearon el Grass, invención de los prusianos. El recular de esta arma fracturaba la clavícula sobre el hombro de quien la disparaba. En el contrario hacia estragos como si le hubiera pasado un buldócer quedando como un bagazo trapichero.

Por el gobierno intervinieron los batallones Támesis y Montoya, fuertemente armados y atrincherados de antemano. Por parte de los revolucionarios la brigada concordiana fue indudablemente la de mejor comportamiento, dirigida por Olegario Montoya. No soltando la bandera ni aun cuando tocaron a degüello. El Concordiano Laverde, quien lleva una libra de panela, no quiso comerla antes dejándola para comer con la carne goda, según dijo. Fue uno de los primeros en caer cuando una bala de Grass le destrozó el pecho.
El contingente de Andes, dirigido por el General Piedra, Carlos, Julián y Manuel Tobón, padre y tíos de Jorge Tobón Restrepo ("Uno de Tropa" quien escribió el libro “Sur” sobre el conflicto con el Perú) , en los primeros disparos huyeron y al otro día temprano aparecieron en la plaza de Andes en donde recibieron el apodo de “Las Poyas”.

El continente liberal de Rio Negro regresó a ese municipio y al preguntársele por donde había cruzado el río Cauca dijo que ignoraban dicho río. También participó el Antonio Parra padre de Ricardo Parra Toro (Tartarín Moreira). En 1964 en las barrancas aún se encuentran plomos y restos de esqueletos.

A raíz del triunfo conservador en La Aguacatal se desató una persecución por parte de las autoridades envalentonadas por el triunfo. El medico Wenceslao Villa de Concordia atendió el Coronel Ricardo Mejía de sus heridas y por ello estuvo preso. Eduardo Quevedo Peña se vio obligado a huir a la costa. El “negro coreana”, en el año 10, gritó en la plaza de Concordia un viva al Partido Liberal y recibió un tiro de carabina de manos de un jefe conservador que había estado en Aguacatal.

En el archivo de Concordia se guarda una carta de Antonio Gutiérrez, jefe conservador de Betulia, donde pide al alcalde de Concordia que le envié dos Grass para ir “tortoliando liberales”. Al otro día del combate, Antonio Gutiérrez celebró un baile en la población de Betulia para festejar la supuesta muerte de Roberto Torres Escobar, el guerrillero. En 1904 el general Uribe Uribe, después de visitar a Urrao, se trasladó a la hacienda San Mateo a saludar a uno de sus mejores soldados, el guerrillero Roberto Torres Escobar. Después pasó a saludar a Alberto Restrepo Toro. Alberto se refugió en su finca en Salgar pero posteriormente fue herido en la plaza de una puñalada, la cual probablemente le provocó una hemotorax.

Los batallones conservadores triunfantes fueron llevados a Santander para pelear en la batalla de Palonegro el 13 mayo de 1900.

Los odios y las venganzas de la guerra civil de los mil días y el del combate de Aguacatal afloraron en muchas personas del suroeste durante la guerra civil del 49.

viernes, 25 de octubre de 2013

CONCORDIA. FRENESI Y GUERRA. CAPITULO 5


CONCORDIA. FRENESÍ Y GUERRA

CAPITULO 5

FIESTAS BÁRBARAS.

El 20 enero se efectuaron las corraletas. Los palcos eran fabricados de madera, clavos y alambre por carpinteros y artesanos sin ningún conocimiento matemático y estudio de resistencia de materiales. Un borrachito gritaba que las corralejas sin muerto no era corraleja. Se tomaba whisky de todas las marcas y el ron Cristóbal que provocaba la muerte del bebedor. Por el palco principal se ubicaban los ganaderos ricos cuales verdaderos señores feudales repartiendo botellas de ron, monedas y billetes de baja denominación al populacho. Las corralejas son una locura delirante que aumenta cuando hay sangre. Es un verdadero acto de barbarie. La mujer sana entrega en estas fiestas hasta lo más íntimo que tiene.

LA MERCADERÍA MÉDICA

En el Sinú se presentaba un fenómeno político cultural. Los antioqueños, aventureros y negociantes que llegaban de las poblaciones conservadoras de Antioquia, se volvían liberales, detestaban el matrimonio, daba la impresión que el calor del trópico y la veracidad de la tierra lo descivilizaba.

Los enfermos eran muchos y las enfermedades muy diversas. El enfermo y sus familiares exigían drogas caras y la última que estuviera en el mercado. Allí comprendí el problema de la drogomanía en Colombia. Una nueva enfermedad y bien peligrosa porque los médicos trabajamos para las trasnacionales y continuamos haciéndolo.

En el alto Sinú no existían los hospitales y centros de salud. Los caseríos serán polvorientos y sucios y las casas estaban apiñadas en ranchos de paja a lo largo de la calle. La cocina y el piso de la casa eran en tierra. Se carecía de letrinas y de agua. En los llamados hoteles le daban a usted una careta y un palo cuando requerían hacer lo que ellos llamaban la necesidad grande, para que no se acercaran los cerdos y no ser reconocido por los transeúntes. No existía el concepto de vivienda. Los peones y vaqueros vivían en incómodos e insalubres ranchos y antihigiénicos campamentos.

En la hacienda Jaraguay, de los Saldarriaga de Concordia, conocí a Sebastián Rosendo Galope (El Águila). Un hombre de 2 m de estatura y una gran palidez. Fue un próspero hacendado en la década de los 30 pero acabó con su hacienda y sus ganados y gastó en parrandas de hasta tres meses. Traía los ganados gordos a la feria en Medellín, expedición en la que gastaba 30 o 40 días perdiendo el ganado hasta 120 kilos. Salía del alto Sinú con 200 o 300 novillos, buscaba el San Jorge, luego a Tarazá, o a la vía Puerto Valdivia y de allí a Yarumal y Santa Rosa. Daniel Delgado alegaba que muy pronto este sistema rudimentario y bárbaro en el trasporte de los ganados llegaría a su ocaso pues la carretera entre Planeta Rica y Caucasia sería terminada en poco tiempo con la conclusión de los puentes sobre el río San Jorge y el río Man.

Juan Duque Zuloaga decía que en el valle del Sinú se podían acomodar 20 millones de colombianos. En 1975 en el aeropuerto las Playas de Medellín, un ingeniero hidráulico israelí, quien conocía esa región, conversaba y daba a entender que si los israelíes fueran dueños del Sinú y del San Jorge, serían el primer pueblo del mundo. Lo primero que harían sería racionalizar el uso de las aguas con canales, aplicar las técnicas modernas en irrigación de tierras y sembrar toda clase de agricultura empezando por el trigo de tierra caliente. Mediante esta región crearían un emporio industrial de grasas y cambiarían la ganadería intensiva.

DE NUEVO EN MEDELLIN

Regresé a Medellín donde el banco de sangre iba funcionar en la policlínica y necesitaban un director. Me presenté al concurso porque no quería volver esas regiones inhóspitas y sin ninguna infraestructura sanitaria. Visitaba diariamente la Bastilla en donde era frecuente encontrar a Julio Tobón acompañado de Tulio Bayer. Noticias frecuentes y aterradoras sobre la violencia política en el departamento del Valle, Boyacá Santander y Caldas. La víspera del concurso me llamó el Dr. Peláez diciéndome que no habían sino dos inscritos y que por motivos políticos y familiares había resuelto darle el puesto de director del banco de sangre a Víctor. Y que escogiera entre dos plazas vacantes que tenía la Secretaría: Peque o Concordia.

Antes de ir a Montería me había contactado con varios concejales del municipio de Restrepo en el Valle del Cauca, municipio de mayoría liberal en 1948. A los ocho días siguientes se apareció un ciudadano para decirme que ya no me necesitaban. La situación política había cambiado. Necesitaban un médico conservador, a Gustavo Arango Vélez médico conservador. Y me ofreció dos plazas en el nordeste antioqueño: Yarumal y Angostura. Pensé que cualquiera de las dos habría de llevar el visto bueno de Monseñor Builes, quien de antemano conocía mi filiación política, rechazándome a pesar de los buenos oficios de Arango. El obispo Builes veía por todas partes comunistas y masones.

El médico Luis Alfonso Ramírez, conservador, fue quien le gritó a Alfonso López Pumarejo, en el hotel Bristol, que era un ladrón. Me anunció que mi nombramiento lo habían vetado el director conservador y Braulio Henao nombrando al médico conservador Raúl Muñoz. De paso, Ramírez, me recomendó la población de Santuario, Caldas, donde tenía un hermano medio dueño de una farmacia. Cuando llegué el farmaceuta no me recomendó la plaza por motivos políticos y medió una carta para el director del hospital de Tuluá. Allí necesitaban médico. La junta se reunió y decidió que debía ser conservador. Esa noche hubo dos muertos y varios heridos por causa política.

HACIA EL VALLE DEL CAUCA

Al día siguiente pasé por el famoso Happy Bar, en donde se planeó parte de la violencia del Valle del Cauca. Salí con mi carta de Fernando Restrepo de Medellín hacia Versalles sobre la cordillera occidental. Busqué la población de la Unión. En donde estaba la Barca para cruzar el río Cauca presentose una manifestación. En Tuluá se habían dado órdenes a los jefes políticos del norte del Valle del Cauca. Los manifestantes pedían órdenes ya que el Partido Liberal estaba armándose y el país estaba en vísperas de una guerra civil. Al otro lado del río tomé un carro de escalera hacia Versalles y faltando unos 5 km nos detuvo un retén de policías y civiles. Uno de los civiles, riéndose y mostrando una abundante dentadura de oro, me pidió la "célula". En término jocoso le pregunté al individuo si las nerviosas o las musculares. Uno de sus compañeros comprendió y trató de darme con la cacha del revólver. Debí decirle que era el futuro médico de Versalles mostrando la carta del doctor Restrepo. Que venía de la conservadora Antioquia, señalando a Ramiro, quien era mi compañero de viaje y a quien había visto antes en la compañía de dos muchachas y con una actitud pensativa. Cuando se presentó el retén, este caballero, les entregó a las mujeres dos revólveres pero en vista de mi mención no lo requisaron. Al otro día me presenté al boticario con dos revólveres al cinto entregando la carta del doctor Restrepo y pidiéndole que no hablara de mi filiación política.

En la sala del hotel se encontraba un geólogo alemán de unos 65 años. Parecía una zanahoria cocinada, curiosísima, diciendo que qué era eso de matar la gente a perseguirlos por cuestiones políticas. En un momento pensé en 5 millones de estos alemanes rabiosos invadiendo a Francia o Rusia.

Los boticarios fueron un elemento clave en la guerra civil el 49. Conocedores del personal campesino, su plantaban a los médicos en la ausencia de éstos. Las boticas resultaron ser los lugares estratégicos. Constituyéndose en epicentro de asesinatos, incendios, robos y negocios de propia raíz, muchos de ellos de la noche a la mañana se enriquecieron.

En Cartago, un domingo, me encontré con Antonio Campillo Branda liberal antioqueño. Venía expulsado de Anserma nuevo en donde habían dinamitado la farmacia. En los campos de este municipio, el liberalismo se defendía teniendo como jefe a Emilio Arango, un antioqueño de los lados del suroeste. Tratábase de una verdadera guerra civil.

HACIA CONCORDIA

Fui a la ciudad de Manizales y espere el tren en la estación Arauca para trasladarme a Medellín. Inmediatamente me presenté a la Secretaría de salud departamental aceptando la dirección de la unidad móvil del suroeste antioqueño con base en el municipio de Concordia. El Valle del Cauca es otra bendición de la naturaleza donde prospera la agricultura mecanizada. Lástima grande que sea una tierra de peones y de señores de la propiedad que han sentado sus reales en un capitalismo retrasado.

LA APROXIMACIÓN A LA GUERRA CIVIL.

Concordia. Allí llegue el 20 junio 1949 por el ferrocarril pernoctando en Bolombolo, no existía la carretera a Venecia. Al otro día subí por una carretera muy firme en forma de caracol, después de cruzar el río Cauca por un puente de madera, el cual fue construido por el ingeniero Rodríguez Molla. Topografía desagradable, plaza espaciosa y empedrada, con un gran desnivel, calles empedradas, construcciones de tapia o bareque de un solo piso. Construcciones con techo de madera. Era la primera vez que veía este material como tal, tal vez lo había visto en el cine en algunas aldeas rusas. Era madera de comino traída de las montañas de Urrao. Los pisos también eran de madera no conociéndose la baldosa, muy poco el adobe.

El hospital se llamaba San Juan de Dios de Concordia. Fue fundado en el siglo pasado por la curia habiéndolo manejado durante 42 años el doctor Wenceslao Villa Escobar, médico nacido en Titiribí, quien había estudiado en Bogotá y había sido secretario de Miguel Antonio Caro. Fue un verdadero apóstol de la medicina rural antioqueña. Posteriormente lo manejó el médico Bruno González durante 14 años. Me enamoré del hospital. Mi vida profesional durante 32 años ha girado alrededor de su ambiente.

Un día una llamada urgente del municipio de Betulia pidiendo un médico. Se trataba de la enfermedad de la señora del médico Bernard Ospina, también Concordia quien ejercía en ese municipio pero se encontraba en Medellín. Llegamos a una población pequeña, en una hondonada, clima templado, atendiendo al enferma. El terreno es muy quebrado y antes de llegar al pueblo hay que pasar a través de las veredas de Piedra de Candela, Tres Puertos, Partidas, Morelia, San Pacho y La Raya, que me produjo mareo con una sensación de vómito.

PERSONAJES DE CONCORDIA

En el hotel donde me aloje en Concordia en el marco de la plaza me presentaron a un ciudadano de nombre José Ignacio González Toro, comerciante, dueño del mejor almacén de la población, agudo conversador. Figuraba como un hombre rico. Era además el jefe del Partido Conservador del municipio. A Jesús María Arias, un hombre alto, grueso, moreno, dicharachero, comprador de café y de ganado. A Emiliano y Pablo Restrepo quiénes eran los jefes del Partido Liberal, junto con el doctor Bruno González. Bruno González trabajó en Tapartó. Era muy cordial con la clientela y por eso acudían a él en forma aterradora enfermos de todo suroeste. Bruno tenía un trato humano y cariñoso con el enfermo, no importándole su condición social o económica. Un verdadero médico de familia. 24 horas al servicio de la comunidad. Le gustaba la política. A José Antonio Restrepo, hombre de 2m. de altura, blanco, cerio, nariz aguileña, liberal de tiempo completo, de un gran corazón al tratarlo. sobreviviente de una catástrofe telúrica en la vereda El Perder. Allí se había derrumbado una montaña pero ese día no estaba la población escapándose de perecer. Primo hermano de Antonio José Restrepo.

La agencia de Ruiz Toro y compañía compraba casi todo el café de Betulia, Salgar Urrao y Caicedo. Tenía una trilladora cerca la plaza y otra en Bolombolo. Eran a la vez dueños de la finca La Selva entre Ernesto Ruiz, Antonio Correa y Luis toro. Tenía una extensión de 1600 cuadras y era la finca bandera del municipio. Prestaba al cafetero a un interés módico. En las cosechas éstos pagaban en especie. La agencia constituyose así en el banco de Concordia, no había sucursal de la caja agraria.

LA REGIÓN

Las tierras alrededor de la población son ácidas, estériles, tierras de cementerio, dando la impresión de pobreza. Hoy en día a progresado debido a la revolución de la variedad del café caturra y a los abonos modificando su aspecto en los últimos años. Las tierras fértiles y productivas son de la región volcánica en la vertiente del Cauca con el agravante que la mayor parte de sus propietarios viven en Medellín. Gran parte de sus tierras se dedican al cultivo de la caña de azúcar siendo Concordia el primer municipio panelero del suroeste.

El apellido imperante en el municipio de Concordia era el González y sus variantes, venidos de Titiribí en el siglo pasado y estos de Envigado. Encontré dos familias González Escobar sin ningún nexo con mis dos apellidos. Después estaban los Restrepo, también de Titiribí y Envigado. Los Palacios de Jericó, los Ruiz y Posadas venidos de Caldas. Los Velez de Salgar junto con los Fernández, Villa, Escobar, Montoya, Garcés y Betancur.

El párroco decía que él mandaba en Concordia. Monseñor González Arbeláez por la década del 35 al 45 en esa población hizo los ejercicios espirituales para todas las mujeres del suroeste antioqueño. Admiraba la pureza y humildad de la mujer Concordia a la cual ponía como ejemplo. Había mucho semen retenido por la represión sexual. En esa época estaban todavía vigentes las maldiciones.

Me ordenaron ir al corregimiento de El Socorro donde se presenta una epidemia de la llamada Fiebre de Concordia. Éste queda al frente del municipio de Titiribí y Armenia en la vertiente del Cauca. Allí fui anunciado por espacial noruego Rafael Restrepo Garcés, Faustino González y Apolinar Velez en cuya casa pernocté. Me sobraron atenciones de gente sana y grandes trabajadores. Visité varias veredas incluida la Herradura donde estuvo el genial León de Greiff en 1927 en su palacio de Guadua y de zinc. Allí se inspiró para escribir la canción de Rosa del Cauca. El poeta fue contabilista y tal vez pagador, de la empresa de El Troncal.

 (El Troncal era la empresa que administraba el tramo del ferrocarril que se bifurcaba, del ferrocarril del Valle a Medellín, a la altura del corregimiento de Bolombolo. Fue construido con el fin visionario de unir la costa pacífica con la atlántica siguiendo el cauce del rio Cauca por el General Ospina cuando fue presidente. No fue terminado y por ello abandonado luego. Decían las malas lenguas que fue hecha por razones personales de Pedro Nel para favorecer sus muchas tierras en el bajo Cauca. Esta obra habría sido de gran beneficio nacional de haberse concluido)

Entró por Bolombolo acompañado por Míster Gray e iluminados por los humos alcohólicos pero sin las Circasianas y sin Ramón Antigua. Visitó a Concordia pero allí no encontró con quién conversar porque no eran gentes con ninguna inquietud cultural. Pero sí la emprendió contra las autoridades conservadoras de entonces y contra el discurso teológico del curita que se le acercó a pedirle limosna. Lo llevaron a la cárcel donde le quitaron un revólver que más bien pareció una escopeta. Les dijo: "no hay aguardiente malo, ni cura ni godo bueno". Sabiendo la clase de inquilino que era lo soltaron pero quitándole el revólver el cual llevaba uno de los alcaldes durante la guerra civil del 49. Posteriormente llegó a betulia preguntando por "el verraco de guaca", yendo a parar a la cárcel pero sin revólver.

 Regrese a Medellín empleando El Troncal, un trencito que más bien parecía un juguete el cual fue construido en la presidencia el general Ospina siendo Laureano Gómez ministro de obras públicas. Salía de la estación Tulio Ospina cerca de Bolombolo e iba hasta Anzá en un trayecto de 40 km siguiendo la orilla del río Cauca. Los suspicaces decían que el general Ospina trato de llevar los rieles hasta Cáceres con el fin de desenbotellar sus fincas y traer sus ganados.

Diagnosticamos que la fiebre de Concordia era una hepatitis fulminante por virus que se difundía por todo el tejido graso del abdomen. Se reproducía una temperatura de 26 a 28 °C y tenía cierta relación entre los chiqueros de cerdos y el agua consumida. El agua presentaba una contaminación de hierro y cobre a la que llamaban "caparrosa". Consumían mucho cerdo los cuales sufrían de una afección llamada "sonsera". Los datos se los envié al doctor Alfredo Correa secretario de salud departamental quien los presentó en un congreso médico en Bucaramanga como si fueran algo propio y original de él.

José Ignacio González Escobar