AERONAUTAS Y CRONISTAS

sábado, 11 de julio de 2020

PODER AÉREO CONTRA LA GUERRILLA



EL PODER AÉREO CONTRA LA GUERRILLA
CADETE DE PRIMERA CLASE DONALO R. BRUNK
ACADEMIA DE LA USAF
Revista Soldier Schokm. Otoño 1995
Las guerras contra movimientos insurgentes y grupos guerrilleros son más frecuentes que las guerras convencionales. La Guerra del Golfo nos demostró que la USAF logró formular tácticas y estrategias muy adecuadas para luchar contra un enemigo convencional acostumbrado al método de guerra soviético.
Sin embargo, los conflictos en Vietnam y Bosnia nos han demostrado que la doctrina de la Fuerza Aérea podría tener algunas fallas que reducen la efectividad del poder aéreo contra determinados grupos subversivos. Al comparar la doctrina que actualmente emplea la USAF en los conflictos de baja intensidad con las ideas de Mao Zedong, Hilsman, Clausevvitz, Che Guevara y Larry Cable, estas fallas son evidentes, en tanto que las medidas correctivas se vuelven aparentes.
Entender la naturaleza de la insurrección es el primer paso en la senda de la victoria. Tal como se plantea en el Folleto 3-20 de la Fuerza Aérea, los movimientos subversivos no pretenden derrotar al ejército enemigo en una batalla campal. Realmente, su meta es más bien producir un cambio político o social. El folleto hace alusión a los movimientos subversivos, sin embargo, no se refiere específicamente a las características de un grupo subversivo y los de un ejército convencional. Por el contrario, se clasifica a la guerra de guerrillas como una simple versión de guerra convencional. Propone la aplicación de las mismas armas, tácticas y estrategias pero a menor escala.
Si para matar a un elefante el cazador tiene que disparar dos veces un cañón, para matar un pato ¿Tendrá que disparar el cañón una sola vez? La respuesta, por supuesto, es NO. cada tipo de cacería precisa de diferentes armas, estrategias y tácticas.
En el Folleto se debería recalcar que las diferencias entre una fuerza guerrillera y un ejército convencional convierten la idea de un bombardeo estratégico en un absurdo. Un comandante puede fácilmente emplear la forma tradicional norteamericana de hacer la guerra, la cual pretende destruir al enemigo en el campo de batalla mediante la aplicación de una maquinaria bélica abrumadora. Tal como se demostró en la Guerra de Secesión, en la II Guerra Mundial y en la Guerra del Golfo Pérsico.
Sin embargo, la conformación y los objetivos de los movimientos insurgentes no son los mismos que las de un ejército convencional. Por ejemplo, una fuerza insurgente no necesita una gran cantidad de abastos. El Viet Cong se abastecía de lo que producía la tierra o procuraba alimentos de las aldeas vecinas, en lugar de depender principalmente de largas rutas de abastecimiento. El bombardeo de fábricas, vías de comunicación, o fuentes de energía eléctrica, con el fin de impedir el abastecimiento de las tropas no afecta tanto a los insurgentes como a las fuerzas bélicas convencionales.
Aunque USAF no sugiere que se deba destruir la capacidad de producción industrial del enemigo, tampoco hace ver específicamente que esos esfuerzos serian inútiles. Lo más probable es que la mayoría de los comandantes, no muy versados en combatir la insurrección, empleen la doctrina tradicional de bombardear al enemigo masivamente hasta abatir su espíritu de lucha o su capacidad de combate.
Para detener a una guerrilla, los estrategas primero deben determinar las necesidades de la guerrilla y luego enfocar su campaña aérea en impedir que esas necesidades se vean satisfechas
Hay muchas teorías sobre cómo llevar esto a cabo con éxito. Pero hay diez elementos claves que contribuyen al éxito de la insurrección, los cuales brotan de las ideas que al respecto han planteado los más grandes genios militares. Entre ellos, Mao, Che Guevara, Clausewitz y otros. Los que planean las campañas aéreas deben comprender a cabalidad estos puntos si han de lograr neutralizarlos:

Primero, los mencionados pensadores plantean que la guerrilla debe prolongar la guerra. La guerrilla no posee el personal o el poder de fuego que se requiere para vencer a una fuerza convencional en un ataque masivo. Por consiguiente, debe prolongar la guerra y apuntarse pequeñas victorias. O, por lo menos, impedir ser derrotada. Se ha visto a lo largo de la historia que a los movimientos insurgentes más famosos les tomó muchos años establecer su supremacía. La II Guerra de los Seminólas duró siete años. El conflicto de Vietnam persistió desde finales de la II Guerra Mundial hasta mediados de 1970.
Segundo, también indican que el teatro del conflicto debe estar constituido por una extensa región. Pero solamente lo suficientemente grande como para poderse esconder en ella.
Tercero. Igualmente sustentan que el terreno debe ser accidentado. Mao razona esta opinión diciendo que no necesariamente debe ser accidentado siempre y cuando la región sea suficientemente extensa. Pero que los movimientos insurgentes, de más éxito, han triunfado en lugares donde el terreno es escarpado.
Cuarto, Mao señala que un insurgente necesita bases seguras donde entrenar, organizar y llevar a cabo sus operaciones.
Sexto. Hilsman y Mao explican que las fuerzas insurgentes no toman arraigo. Los movimientos insurgentes no puede darse el lujo de perder sus efectivos. De manera que deben estar dispuestos a ceder terreno a cambio de la seguridad y pensar en continuar la lucha otro día.
Séptimo, Hilsman plantea que la seguridad de un insurgente estriba en su movilidad. Cuando formaba parte del Destacamento 101 en Burma, cayó en cuenta que la inmovilidad significa una muerte segura.
Octavo, Mao sostiene que los insurgentes deben ejercer siempre la iniciativa. Esto desgasta al enemigo y, a cambio, permite a los rebeldes escoger el sitio del ataque.


Noveno. El Che Guevara anotó que la fuerza guerrillera debe mantener flexibilidad táctica.
Por último. Los insurgentes deben evitar a toda costa el encuentro con el enemigo donde esté mejor apertrechado.
Estos diez elementos son una recopilación de las ideas de famosos expertos en insurrección y guerra no convencional, y su importancia ha sido demostrada hasta la saciedad desde el Siglo XIX.
El insurgente lucha por establecer algún tipo de cambio político. Por consiguiente, el ejército debe concentrar su atención en ese objetivo Antes de ponerse a concebir los medios más eficaces para contrarrestar estos diez elementos, nuestros planificadores deben conocer las herramientas con que cuentan los insurgentes.
El Dr. Larry Cable nos dice que los contrainsurgentes y los insurgentes luchan entre sí aplicando principalmente dos herramientas y que la correcta aplicación de estas herramientas determinará quién es el vencedor.
La primera herramienta consiste en lo que se denomina la “Percepción Popular de Legitimidad” PPL. La segunda, consiste en la “Capacidad Creíble de Coerción” CCC.
La PPL es la herramienta más fuerte y de mayor duración. Puede ser utilizada por ambos bandos en sus respectivos esfuerzos por establecerse como la legítima autoridad en la zona. La población va a identificarse con quien crean que posee la legítima autoridad. Se menciona la legitimidad como un importante elemento del Conflicto de Baja Intensidad CBI y el folleto USAF le concede cierto grado de utilidad. A manera de ejemplo, los colonos norte­americanos no veían al Rey Jorge III como su legítima autoridad. Esto obligó al monarca a utilizar la CCC, a fin de mantener el control.
Por otra parte. Con la CCC un comandante pretende obligar a la población a que acate sus mandatos. Hay tres elementos que deben tomarse en consideración para que la CCC sea eficaz: Presencia. Persistencia y Paciencia PPP. El ejército despliega "Presencia" al involucrarse con la población local. Al no rendirse, demuestra "Persistencia." Y "Paciencia'’ al enfocar su atención en el objetivo final y no desgastándose en los eventos de cada día.
Los EE UU utilizaron la CCC en contra de los Indios Seminólas durante su campaña expansionista en la Florida a comienzos del Siglo XIX. Pese a que los Seminólas nunca reconocieron al Ejército como legítima autoridad. Le faltó al Ejército establecer la P/P de Legitimidad y Autoridad. Solo convinieron en ser reubicados luego de que el Ejército quemó sus hogares y sus cosechas.








En el Folleto 3-20 se analiza el significado de persistencia y paciencia en el contexto de "perseverancia." No se menciona la presencia como elemento de coerción. Tal como lo hace la Policía al realizar sus rondas, el Ejército debe desplegar una determinada visibilidad o presencia para ser eficaz.
Por lo general, un gobierno adquiere legitimidad a través de la adopción de medidas políticas. Haciendo obras que beneficien a la población. Protegiendo a sus ciudadanos o conduciendo programas de reconstrucción nacional.
En contraposición a lo anterior, un gobierno ejerce coerción estableciendo zonas de seguridad militar para la población local. Llevando a cabo patrullajes. Racionando los recursos. Reubicando a la población y persiguiendo a los insurgentes.
Larry Cable señala que para establecer un gobierno legítimo debe eliminar el apoyo de los elementos auxiliadores con que toda organización cuenta. Pero que el núcleo conformado por los radicales ideológicos y armados casi siempre persiste. El Ejército, mediante la coerción, debe eliminar o capturar a aquellos elementos que conforman el grupo radical.
Grecia es un buen ejemplo de la teoría de Cable. Después de la II Guerra Mundial los comunistas trataron de tomar el país. Los EE UU ayudaron a Grecia a establecer un gobierno legítimo y posteriormente colaboraron con ese gobierno legitimizado, mediante operaciones militares a eliminar el núcleo de comunistas.
Para emplear correctamente la CCC. Deben neutralizarse o eliminarse los diez elementos que contribuyen al éxito de la insurrección. La doctrina de la USAF debe, por consiguiente, planear sus acciones a la medida de estos factores.
Algunos de ellos no pueden contrarrestarse con medidas aéreas:
Primero. El poder aéreo generalmente no es el factor determinante del tiempo de duración de la guerra, tal como quedó demostrado en Vietnam. El Viet Cong, pese a la derrota de Tet, pudo replegarse y reagruparse hasta que el momento fuera propicio. Puesto que el plan concebido por el Viet Cong fue el de prolongar el conflicto. La USAF debía continuar bombardeando fábricas y líneas ferroviarias mientras la guerrilla se congregaba en sus aldeas a planear el siguiente ataque.
Segundó. Lo que sí puede el poder aéreo es achicar el tamaño de una región. Una región muy extensa propicia la movilidad. Las aeronaves pueden efectivamente reducir el tamaño de una región haciendo que esa región sea accesible a sus fuerzas aliadas. Cuando Clausewitz y Mao escribieron que era necesario contar con una región amplia, ellos presumieron que el tamaño de una región impediría el acceso de las tropas convencionales a ciertas zonas de esa región. Pero no sabían que mediante el uso del poder aéreo sus enemigos tienen acceso a cualquier parte del mundo.
La tercera medida. El terreno accidentado contribuye a la seguridad tanto de las bases como a la de las tropas en su desplazamiento hacia y desde una zona El poder aéreo puede anular esta facilidad. Con el reconocimiento aéreo. El uso de equipo de visión nocturna. Mediante sensores térmicos, las aeronaves pueden localizar las bases desde el aire. El rastreo de los elementos guerrilleros por entre la selva luego de un ataque puede ser un tanto difícil, pero con los últimos avances de la tecnología, esto se hace cada vez más fácil.
La cuarta se relaciona con la anterior. Con las aeronaves se pueden infiltrar comandos en un área determinada. Proveer apoyo aéreo cercano a esos comandos. Y atacar las bases de operaciones enemigas directamente. La base de operaciones es un área crítica para el insurgente, si la pierde es muy difícil ganar la guerra y hasta perderla. Lo más seguro es que los líderes guerrilleros al darse cuenta de que su base ha sido descubierta la reubiquen en otro sitio. Los planificadores de las incursiones aéreas militares deben mantenerse continuamente al acecho de esos movimientos.
El quinto elemento, que hace referencia a un buen liderazgo y una eficaz dirigencia, podría ser difícil de afectar. Las operaciones aéreas difícilmente podrán desmejorar la calidad del liderazgo guerrillero, a menos que en una misión aérea perezca uno de sus líderes.
El sexto elemento. Con el poder aéreo se puede alterar seriamente la capacidad despliegue o retirada del enemigo. En el pasado, el insurgente no se quedaba a luchar en un sitio determinado si no quería. Cuando una fuerza poderosa atacaba desde una dirección, el insurgente se replegaba hasta donde la fuerza enemiga no pudiera adentrarse más. Solo aumentaba la distancia entre él y el adversario. Gracias a la movilidad, rapidez, oportunidad, alcance y sorpresa, que brinda el poder aéreo, ahora es posible obligar a los insurgentes a continuar luchando. Mediante el uso de fuerzas de asalto, paracaidistas y apoyo aéreo cercano es posible impedir el repliegue de los insurgentes y, por ende, obligarlos a combatir deteriorando su capacidad de lucha en muchos aspectos. Para ello lo único que necesita la Fuerza Aérea es un buen suministro de información. En especial la de superficie se agrega a la inteligencia aérea.
A la Fuerza Aérea le puede resultar difícil afectar el séptimo elemento. La premisa de que la seguridad del enemigo yace en la movilidad, en una espesa jungla o terreno escarpado, la Fuerza Aérea va a experimentar dificultades para eliminar esa seguridad a pesar de su alta velocidad. Aunque que las aeronaves pueden patrullar y encontrar las rutas enemigas de desplazamiento, la guerrilla simplemente cambiará esas rutas, obligando así a las aeronaves a trabajar más arduamente para que la guerrilla no tome la delantera.
En cambio, la Fuerza Aérea si puede afectar seriamente el octavo elemento, al igual que ejercer la iniciativa. Los que abogan por la conveniencia del empleo del poder aéreo han defendido por mucho tiempo que uno de sus mayores beneficios es el hecho de que puede desplazarse en una misión ofensiva. Facilitando a la infantería adelantar una posición defensiva. Llevar  a cabo un repliegue o cualquier otra maniobra táctica de combate. En un conflicto de baja intensidad, a las fuerzas guerrilleras les es imperativo tomar la iniciativa a fin de marcar el ritmo del conflicto. Mediante el empleo de ataques aéreos esporádicos de lugares estratégicos, el poder aéreo puede reducir la habilidad de la guerrilla para iniciar los ataques y de esta manera obligarlos a reaccionar en lugar de ser ellos los que marquen el paso del conflicto.
El noveno elemento, cual es desplegar flexibilidad táctica, es difícil de afectar con medidas aéreas. La Fuerza Aérea debe desplegar, por lo menos, el mismo grado de flexibilidad que la ''guerrilla. Es difícil destruir la flexibilidad táctica del enemigo, pero lo que la Fuerza Aérea puede hacer es contener y disuadir, utilizando aeronaves dotadas de la capacidad bélica necesaria para realizar una variedad de funciones y misiones. Usando aeronaves multipropósito y de rápida conversión. Que fácilmente puedan hacer desde reconocimiento hastas ametrallamiento, logística y demás actividades. Porque lo que cuenta no es disponer de un alto poder de fuego que pueda destruir grandes bancos estratégicos sino flexibilidad según la situación. Porque es imposible matar un mosquito con un bate. 
La flexibilidad táctica está directamente vinculada al décimo y último elemento: Evitar  confrontar al enemigo donde se encuentre mejor apertrechado. Como es el caso del uso de la población simpatizante para mimetizarse o como escudo humano.
La principal táctica de la guerrilla en el campo es encontrar los puntos débiles del enemigo y luego explotarlos. Por lo general, el número de seguidores de la guerrilla no es mayor que el número de efectivos con que cuenta un ejército convencional. Por consiguiente la Fuerza Aérea debe concentrar sus esfuerzos en atacar unidades pequeñas y solas, quizá aisladas, sobre las cuales pueda tener ventaja táctica. Para arrebatar esa misma ventaja al enemigo.
En este rango se encuentran los blancos de ocasión, que pueden ser muy rentables como blancos de oportunidad. Por ello las unidades combate en el aire deben disponer de flexibilidad por parte del comando central para que las tripulaciones, en coordinación directa con los comandantes en el terreno, puedan actuar. 
Con ataques individualizados y de emboscada, la guerrilla aspira debilitar a las tropas  que cuentan con un número mayor de efectivos, hasta que los números se igualen. Como la guerrilla espera y le conviene que la guerra se prolongue, dispone de todo el tiempo del mundo para desgastar al enemigo. El poder aéreo puede utilizarse para contrarrestar esa táctica.
REFLEXIONES ADICIONALES
El comandante del teatro de operaciones debe colocar sus aeronaves de tal manera que puedan negar al enemigo aquellos puntos de mayor probabilidad de ataque en el menor tiempo posible. El asunto está en llegar a esos puntos antes que la guerrilla pueda explotar su ventaja táctica, negándole así, la opción de debilitar o desgastar a un ejército más numeroso.
El Folleto no analiza estos elementos adecuadamente. En él se tratan muchas misiones, tales como el Apoyo Aéreo Cercano (CAS), el apoyo de fuego, la reacción inmediata y el reconocimiento. Sin embargo, en el folleto no se establece la relación entre estas misiones y los diez elementos. Ni a nada de importancia substancial, si hemos de ser sinceros. Se señala que estas son las misiones que conviene realizar, pero no describe en suficiente detalle cómo es que estas misiones van a contribuir a derrotar la insurrección.
Le otorga mérito a algunas ideas importantes que mejoran la efectividad cuando se trata de contrarrestar un movimiento insurgente. En él se indica que la insurrección con la que más probablemente nos enfrentemos es aquella que se basa en las tres fases de la insurrección de que habla Mao. También analiza la importancia de las operaciones psicológicas. Ofrece una explicación en cuanto a cómo el ejército anfitrión debe estar organizado para funcionar a su nivel más alto de eficiencia v efectividad.
El folleto también hace referencia a conflictos de baja intensidad no son de insurrección y contrainsurrección. Particularmente se refiere al terrorismo y a las operaciones en tiempo de paz. Además, incluye otras ideas importantes que un comandante debe tener presente durante un conflicto de baja intensidad.
Si bien es cierto que el folleto contiene mucha información y, que en efecto, brinda a los comandantes orientación, en alguna medida, hay que admitir que no explica cómo usar e implementar el poder aéreo. Un comandante necesita saber cómo utilizar, de la mejor manera posible, los poderosos recursos a su disposición. Sin este conocimiento el poder aéreo es como una bomba accionada por láser que carece de haz lasérico para ser dirigida. Así la bomba se desplazará sin dirección y hasta puede perjudicar la operación si yerra el blanco.
La respuesta al problema consiste en analizar los elementos claves que he descrito anteriormente y luego profundizar en el actual poder aéreo de que se dispone para encontrar la forma de enfrentar estos diez elementos. Yo he comentado apenas unas pocas formas de contrarrestar estos elementos, pero las posibilidades son muchas y nuestros líderes deben tener suficiente autonomía como para dar rienda suelta a la creatividad.
Debemos tener presente que los diez elementos claves que se mencionan en este documento representan el pensamiento de los genios en materia de guerra no convencional: Mao, Che Guevara, Hilsman, Clausewitz y Cable. Estas ideas han sido probadas una y otra vez en todas partes del globo terráqueo. Sabiendo el papel vital que estos elementos juegan en la insurrección, es responsabilidad de la dirigencia analizarlos y encontrar sus propias formas de combatir. Según los recursos disponibles y las características propias del terreno, clima, cobertura, oportunidad y demás.

Nota: Muchos de estos aspectos los identificamos cuando pensamos en el concepto de la Aviación Contrainsurgente ACOIN, por el año de 1994. Luego los comprobamos, especialmente, en 1995.


viernes, 10 de julio de 2020

PROTECCIÓN DE UNA BASE AÉREA





EXPLICACIÓN:
Con motivo de los dos lanzamientos de cilindros bomba a EMAVI por parte del ELN, investigamos sobre el tema para aprender de otras experiencias sobre como configurar la defensa de una Base Aérea.
Por casualidad este artículo fue publicado en una revista militar norteamericana y nos dio buenas luces sobre el tema. Por eso lo reproducimos en este espacio, ya que, hace poco, otro ataque similar, se repitió contra la Base Aérea de Yopal, Casanare. Por eso cobra actualidad.
En sus ideas nos basamos parar proponer la creación de un Comando Aéreo de Combate en el suroccidente del país. Y para solicitar autorización para extender las operaciones terrestres por fuera del perímetro de la unida por parte del Cuerpo de Defensa de Bases. Y algunas que antes habíamos aprendido y aplicado en la Base de Tres Esquinas. Experiencias contadas en otra de estas crónicas.
Los subrayados son nuestros para resaltar la similitud con nuestro caso.
PROTEGER UNA BASE AÉREA
General de Brigada Raymond E. Bell, Jr.
Una banda rebelde llevó sus Stingers a la base aérea soviética en Qandahar (Afganistán), y se instaló no lejos del final de la pista... Wall Street Jornal.
Es un fuerte reto proteger una base aérea contra un ataque terrestre. Lo fue para los soviéticos en Afganistán Lo será para el Mando Central de Estados Unidos también.
Por tanto, el presente artículo se concentra en el área de operaciones en el Asia Sudoccidental donde se requieren esfuerzos unilaterales para la integración de la defensa terrestre del Ejército y la Fuerza Aérea.
Al contrario de lo que ocurre en Europa donde la defensa terrestre de las bases aéreas es un reto internacional de la OTAN. Este reto, ciertamente, no es nuevo, salvo para el Ejército de los Estados Unidos.
En Vietnam, por ejemplo, la defensa terrestre de las bases aéreas fue un problema importante para la Fuerza Aérea y el Cuerpo de Infantería de Marina de los Estados Unidos.
En realidad, desde el establecimiento del primer aeródromo hasta el 1 de noviembre de 1964, la defensa terrestre de los aeródromos era principalmente un ejercicio académico para el sector militar de los Estados Unidos. Entonces, en ese día de noviembre - dos días antes de las elecciones nacionales en los Estados Unidos - la dura realidad produjo una triste lección para el país.
En la extensa base aérea de Bien Hoa, al norte de Saigón, Sur Vietnam, un repentino ataque terrestre por los comunistas resultó en la muerte de cuatro norteamericanos, 76 heridos y la destrucción de 27 aeronaves.
Fue un punto decisivo para la Fuerza Aérea, que hasta entonces se había concentrado casi exclusivamente en la seguridad interna de las bases. El ataque no dejó a la Fuerza Aérea otra opción sino la de comenzar operaciones de búsqueda más allá del perímetro de las bases.
Sin embargo, se necesitarían otros 20 años para que el Ejército de los Estados Unidos participara doctrinalmente. En todo el conflicto de Vietnam, el Ejército fue un participante casual en la protección de las bases de la Fuerza Aérea. En agosto de 1965, por ejemplo, el Teniente General John Throckmorton dijo que las tropas del Ejército no proporcionarían seguridad a las, bases aéreas. No había suficientes soldados para la misión.
En diciembre de 1965, el General William Westmordand reiteró la postura del Ejército. Expresó la opinión de: que cada miembro del sector militar estadounidense, independientemente del servicio, ha de estar dispuesto a hacer frente al enemigo en el combate. El resultado fue el de que jamás se dedicaron tropas del Ejército a la tarea.
Las palabras de Westmordand siguen siendo válidas, pero el contexto en el que se consideran es diferente hoy. El Ejército y los otros servicios afrontan al reto importante de la defensa terrestre de las bases aéreas. Y eso ha promovido cierta preocupación.
LAS AMENAZAS
En la Segunda Guerra Mundial, la amenaza terrestre más crítica para un aeródromo fue su captura. Las tácticas alemanas contra las bases aéreas aliadas se habían normalizado bastante para 1940.
En su libro titulado The Second World War, 1939-1945, el destacado escritor militar J. F. C. Fuller declara: “La técnica alemana en el ataque de los aeródromos es interesante.
Primero vinieron los bombarderos que, desde niveles medios, atacaron la periferia a fin de desalojar las ametralladoras antiaéreas y hacerles buscar cobijo. Luego vinieron los bombarderos en picado y los cazas con ametralladoras para mantener a los defensores en sus albergues. A estos siguieron, inmediatamente, los paracaidistas sobre el aeródromo. Y así, cuando los defensores salieron a la superficie, se hallaron mirando directamente al cañón de las armas alemanas".
Los alemanes utilizaron estas técnicas en 1941 en la invasión de Creta, pero el ataque fue una operación de captura aerotransportada muy costosa. Los paracaidistas alemanes y los soldados lanzados desde el aire capturaron la base aérea británica en Máleme, que era la clave para desalojar a los soldados de la Mancomunidad de la isla.
Pero a pesar de su éxito, el asalto también significó el final de las operaciones aerotransportadas alemanas en gran escala. Las pérdidas para la Luftwafe y sus tropas aerotransportadas fueron tan devastadoras que disuadieron a Hitler de tratar nuevamente un plan similar. Sin embargo, podríamos esperar que los soviéticos siguieran hoy un patrón similar si trataran dichas operaciones.
Posteriormente, en el Vietnam, las bases aéreas también se convirtieron en blancos importantes del enemigo, pero las principales amenazas terminaron siendo los cohetes y las brigadas de demolición.
El 27 de febrero de 1967, por ejemplo, el Vietcong disparó 56 cohetes de 122 mm, de fabricación soviética, contra la Base Aérea de Da Nang por primera vez. Los cohetes fueron un arma favorita del Vietcong y, en esta ocasión, éstos ocasionaron bajas considerables y grandes daños físicos. Hasta que se les contrarrestó, continuaron siendo eficaces
Por el contrario, el 1° de julio de 1965, una brigada de demolición enemiga atravesó la alambrada del perímetro y entró en la línea de vuelo en Da Nang. Destruyeron tres aviones de transporte C 130 y tres cazas F-102 y dañando a tres F-102 más. Los atacantes vinieron a través de la zona densamente poblada de la que eran responsables las fuerzas armadas sudvietnamitas. Dichas acciones ocurrieron muchas veces.






Hoy, las operaciones aerotransportadas, cohetes y brigadas de demolición siguen siendo importantes amenazas, pero cada método tiene sus desventajas. Los ataques aéreos requieren tiempo, sorpresa, amplia planificación y superioridad aérea. La eficacia de los cohetes se reduce mediante la dispersión de los aviones, bermas, hangares, revestimientos y emplazamientos. La alerta y defensas generalizadas también pueden reducir la eficacia de los ataques con cohetes y los grupos de demolición. Contra una base aérea bien defendida, las posibilidades de éxito de las brigadas de demolición disminuyen con rapidez.
Aunque las citadas amenazas siguen siendo importantes la tecnología ha proporcionado una amenaza aún más siniestra, el misil guiado lanzado desde el hombro.
La amenaza más difícil de contrarrestar
"Una banda rebelde, destruyó unos cuantos aviones soviéticos a medida que se disponían a despegar con combustible y munición. Luego, se esfumó en las montañas." Así lo declaró el Wall Street Journal el 16 de febrero de 1988. Para una posible historia de horror, empléense las palabras estadounidenses en vez de soviéticos.
El comandante de escuadrilla tiene por misión primordial generar un gran número de misiones aéreas. Es decir, desea lanzar tantos aviones armados como sea posible en misiones contra el enemigo. Necesita poder hacerlo cada vez que se necesiten los aviones, y desea que el cielo sobre su base aérea esté lo más despejado que sea posible, en particular cuando despegan.
Puede argumentarse que un avión es más vulnerable al despegar. El piloto tiene que preocuparse de las maniobras con un cargamento completo de combustible y munición. Está muy atareado con el después del despegue y su capacidad de protegerse contra ataque hostil es muy limitada.
Un avión que regresa de una misión, por el contrario tiene, generalmente, poco combustible y ha utilizado sus municiones. El piloto puede ordinariamente intentar un segundo aterrizaje si lo necesita. Y busca, activamente, impedimentos que le afecten su aterrizaje Si la base aérea está sometida a ataque, probablemente tenga la opción de desviarse a otro campo de aviación para repostar combustible y cargar munición. Sin embargo, el avión en despegue no tiene más posibilidades de despegue o desvío.
Introduzcamos, pues, en la ecuación al agresor con un misil guiado disparado desde el hombro. La amenaza dé los misiles que se introducen en las toberas de cola de los aviones, para los que despegan, es real y difícil de contrarrestar. Si la necesidad de la defensa terrestre de las bases aéreas necesitó alguna vez una razón convincente para recibir atención inmediata, esta razón la constituye, sin lugar a dudas, esa amenaza. Así lo sugirió Bernard E. Trainor en el número del 15 de febrero de 1989 del New York Times cuando escribió:
“Los oficiales de los Estados Unidos también están estudiando el efecto de los misiles antiaéreos transportados manualmente, como el Síinger, en el campo de batalla. Están complacidos con el éxito del Síinger, pero están preocupados con las consecuencias de ese éxito sobre sus propias tácticas.
¿Quién contrarrestará la amenaza¿

Lamentablemente, la responsabilidad para contrarrestar la amenaza de los misiles antiaéreos transportados manualmente ha sido desde hace tiempo un área poco clara para los norteamericanos. No ocurre lo mismo en el caso de los británicos. Poco después de la caída del aeródromo en Máleme, Creta, los británicos pasaron a resolver su propia situación.
En febrero de 1942, se creó el Regimiento de la Fuerza Aérea Real. La plena responsabilidad de las operaciones de defensa terrestre de los aeródromos locales pasó a ser responsabilidad única del Ministerio Británico del Aire. Hasta hoy, la Fuerza Aérea Real, con su componente terrestre integral, ejecuta la misión de defensa terrestre de las bases aéreas.
También parece que los Estados Unidos se estaban dirigiendo en la misma dirección a principios de la guerra. El 12 de febrero 1942, el componente aéreo del Ejército comenzó a formar batallones de seguridad para las bases aéreas, pero nunca se organizaron plenamente y fueron desactivadas en 1943. 

Posteriormente, un Convenio en Cayo Oeste, Florida, el 21 de abril de 1948 excluye toda mención de una misión de combate terrestre de nuestras bases para la nueva Fuerza Aérea de los Estados Unidos.
En el conflicto de Corea, la defensa terrestre de las bases aéreas fue un punto ficticio. Aunque había miles de guerrilleros coreanos deambulando en las zonas de retaguardia, nunca atacaron un aeródromo. Sin embargo, la Fuerza Aérea casi cuadruplicó su fuerza policial a 39.000 efectivos en un año y medio. También lanzó un programa urgente destinado a conseguir carros blindados, ametralladores, rifles sin retroceso y otras armas de infantería.
Fue el Mando Aéreo Estratégico de la Fuerza Aérea el que primero en comprender realmente la necesidad de una sólida doctrina de defensa terrestre de bases aéreas. En la edición de octubre de 1952 el Manual SAC 205-2, reconoció que no podía esperarse que el Ejército defendiera las instalaciones de la Fuerza Aérea, que no eran vitales para sus propias misiones.
SAC consideró que la responsabilidad era de la Fuerza Aérea. Esperaba la participación del Ejército pero veía que la distancia y otras misiones más apremiantes obligaban a garantizarse su propia defensa.
En Vietnam, sin embargo, ¿La Fuerza Aérea ignoró la defensa terrestre de las bases aéreas? En vez de ello, se concentró en la seguridad interna de las bases. Y dejó que los vietnamitas proporcionaran protección por fuera de ellas.
Sin embargo, no sucedió esto con la Infantería de Marina. En marzo de 1965, la 9 Brigada Expedicionaria de Infantería de Marina recibió la tarea de proteger la base aérea en Da Nang, Pero pasó algún tiempo para formular un plan eficaz y coherente.





Al principio, los batallones del 9o Regimiento de Infantería de Marina se emplearon en coordinación con los vietnamitas, Se organizó un batallón de defensa de la base provisional y luego se desmontó en el verano de 1965.
En 1966 el 1r Batallón de Policía Militar de la Infantería de Marina llegó y ejecutó una operación de protección de tres niveles. Además de patrullar decididamente fuera del perímetro de la base, los soldados de Infantería de Marina fortificaron y alambraron gran parte de la instalación.
Se requirieron casi otros 20 años para que el Ejército y la Fuerza Aérea adoptaran juntos una decisión similar a la adoptada por la Infantería de Marina en Vietnam.
En 1984, se llegó a un acuerdo mutuo entre la Fuerza Aérea y el Ejército para determinar quién proporcionaría protección terrestre a las bases de la Fuerza Aérea. En tiempo de paz y en los Estados Unidos continental CONUS y en todo momento, la responsabilidad corresponde a la Fuerza Aérea. Fuera de CONUS durante la guerra, la responsabilidad de protección por fuera de la base aérea corresponde a la Policía Militar del Ejército.
Fuerzas de seguridad (Defensa de Bases) de la Fuerza Aérea
Si bien hay acuerdo entre el Ejército y la Fuerza Aérea, en cuanto a quién desempeña determinadas funciones, aún existe un dilema interno en la Fuerza Aérea. Todavía no se ha determinado de forma definitiva en qué grado la propia Fuerza Aérea participará en su defensa.
La defensa eficaz de una Base Aérea depende de mantenerla funcionando en todas las circunstancias. La generación de misiones lo es todo. Esencialmente, esto significa el despegue de aviones y su encaminamiento a la batalla. Una vez regresan, los aviones han de ser reabastecidos de combustible, municiones y posiblemente de nuevas tripulaciones con la mayor rapidez posible y ser despachados de nuevo.
El problema surge en lo que respecta al cometido que ha de cumplir el personal de la fuerza aérea no encargado específicamente de guardar la base o sin aviones cuando la base está sometida a un ataque terrestre. ¿”Agarran sus armas y luchan o buscan protección bajo tierra"?
Considerando la técnica de ataque de aeródromos de los alemanes en la Segunda Guerra Mundial, "ir bajo tierra" pudiera significar la pérdida de su base aérea.
Como resultado de la Orden General 7 del Departamento de Guerra de los Estados Unidos en 1927, no se proporcionaba a los mecánicos de aviones y otros técnicos del Ejército prácticas de tiro.
El personal del Cuerpo Aéreo del Ejército no había recibido más capacitación de infantería que la de marchar y saludar.
Por el contrario, el 29 de junio de 1941, después de la caída de la base en Máleme, el Primer Ministro Winston Churchill de Gran Bretaña ordenó a la Fuerza Aérea Real entrar en función de combate de tierra.
Advirtió que "Cada aeródromo sería un fuerte reducto conformado por el personal de tierra del aeródromo y no la sede de personal civil uniformado, en los mejores años de su vida, protegidos por destacamentos de soldados". No había mucha duda en la mente de los aviadores británicos acerca de cuál era su deber.
De todas formas, hoy, la cuestión no es tan clara. Uno de los elementos que más inhiben la capacitación de todos los aviadores para defenderse y funcionar como infantería, es la eficacia en función del costo ¿Está justificado el costo de capacitar a tanto personal de la Fuerza Aérea para una situación tan problemática como la de defender un aeródromo?
Una situación aún más peligrosa en potencia sería la incapacidad de coordinar bien todo el fuego así generado. ¿Pudiera ser mejor tener unos cuantos aviadores bien armados y capacitados en la lucha, en vez de hacer que todos los aviadores disparen sin distinción contra posibles blancos, poniendo así también en peligro la defensa eficaz de la base? Todavía no ha habido una decisión firme para toda la Fuerza Aérea al respecto
Policía de seguridad PS
La Fuerza Aérea ha adoptado muchas medidas positivas para realzar la eficacia de sus fuerzas defensivas terrestres de las bases aéreas. La principal responsabilidad en la fuerza aérea, para dichas misiones, radica en la PS.
Para seguridad interna normal y funciones de ejecución de la ley y orden, la PS está organizada en escuadrones. De forma muy similar a los elementos de la Policía Militar PM, del Ejército. Está muy visible en funciones de servicio en las puertas de acceso y en las patrullas de la base aérea. Es menos visible en la realización de funciones de seguridad en las rampas de aviones, a menos que tratemos de hacer una entrada no autorizada en alguna zona prohibida.




Para la defensa de la base aérea, la PS adopta una postura diferente. Se organiza en grupos de defensa terrestre de la base aérea. Esta formación básica, que consiste en 44 individuos, es equivalente al pelotón de infantería de la Infantería de Marina y también están organizados en forma similar
El grupo es liderado por un capitán y tiene un Sargento de pelotón conocido como el Superintendente de Policía. Tres operadores de radioteléfono completan el elemento del cuartel general del grupo de cinco miembros. El grupo es una unidad de lucha fuertemente armada con una extensa capacidad de comunicaciones.
Cada grupo tiene tres brigadas de 13 aviadores como elementos de combate. Las brigadas están divididas en tres equipos de cuatro aviadores cada una y tienen un suboficial como Jefe de Brigada. Cada Jefe de Brigada va armado con un rifle M-16. Un segundo miembro del equipo también va armado con un M-16, al igual que un tercero que lleva un lanzador de granadas M-203, instalado. El cuarto miembro del equipo va armado con una ametralladora M-60.
La unidad estándar de defensa terrestre de la base aérea no tiene transporte orgánico. Pero hay grupos móviles que están equipados con el nuevo vehículo de ruedas de fines múltiples de alta movilidad. Además, todos los grupos están bien pertrechados con el material requerido para defender las posiciones de combate Esto incluye copiosas cantidades de sacos de arena, madera, alambre de púas para asegurar emplazamientos defensivos.
La experiencia de la Fuerza Aérea en Corea y Vietnam, en relación con equipo más pesado, tampoco se ha olvidado. Como resultado, la Fuerza Aérea ha seguido adquiriendo una variedad de armas pesadas de infantería. El mortero de 81 mm, la ametralladora pesada del calibre .50, el rifle sin retroceso de 90 mm y el lanzagranadas automático de 44 mm, figuran en el inventario de la Fuerza Aérea.
Equipos especiales, que refuerzan la organización básica, luchan contra armas pesadas. Hay una sección de ametralladora pesada integrada por dos individuos que puede añadirse como refuerzo a un grupo. El arma se utiliza en su configuración montada en tierra o en vehículo.
También hay una sección de rifle sin retroceso de dos hombres para empleo contra tanques y otros vehículos blindados. El rifle de 90 mm es una buena. Montado en los vehículos ligeros de combate de cadena de la unidad blindada aerotransportada.
Luego tenemos la sección de mortero de cuatro hombres. Su función es lanzar bengalas de señales y explotar bombas de humo. Así como disparar contra los blancos señalizados. El alcance del mortero le permite utilizarlo en apoyo del grupo de defensa terrestre de la base aérea y de la PS que opera fuera del perímetro
Finalmente, tememos otras unidades de la fuerza aérea designadas para ayudar en la defensa de la base. Pero estas unidades complementan básicamente el grupo estándar de defensa terrestre de la base aérea.
Aunque, a pesar de todos los ingredientes necesarios, hay un importante elemento que falta en la actualidad. No existe una estructura de unidad por encima del nivel de grupo, como un escuadrón de defensa terrestre de la base aérea, para coordinar eficazmente la defensa contra todos los elementos citados arriba.
Todavía no se sabe de qué forma se organizarán en el campo todos los grupos y equipos para realizar las operaciones bajo el mando central. Así, queda sin responder una pregunta pertinente. Por ejemplo, ¿ha de organizarse un escuadrón estándar de defensa terrestre integrado por varios grupos y equipos de armas para la defensa de bases grandes? En tal caso, ¿se asignarán al comandante de la base aérea varios escuadrones o habrá sólo uno con varios grupos asignados por base?
Dichas preguntas habrán de contestarse pronto ya que las fuerzas de seguridad de la Fuerza Aérea no son las únicas preocupadas con las respuestas. La PM  del Ejército también necesita conocer las respuestas para poder luchar junto a la Fuerza Aérea de forma coordinada.




Fuerzas de defensa terrestre de las bases aéreas del Ejército
El Ejército de los Estados Unidos, encargado de la tarea de guardar las bases aéreas en virtud del Memorándum de Acuerdo de 1984, encomendó esa labor a su PM. Una mirada a la estructura de apoyo de combate de la PM indica que está bien adaptada para llevar a cabo la porción que le corresponde de la labor.
La organización básica de la Fuerza Aérea que luchará junto a la PM es la compañía de apoyo al combate de la PS. Consiste en un cuartel general de la compañía y cuatro pelotones idénticamente organizados. El pelotón de 33 miembros tiene un alto mando integrado por tres personas: un jefe de pelotón con el rango de Teniente, un Sargento de pelotón y un conductor que también opera la radio del vehículo. Hay tres brigadas de tres equipos cada una. Dirigidos por el jefe de brigada con rango de suboficial por un total de 10 PMs por brigada.
Cada equipo va armado con rifles M-16, pistolas y un lanzagranadas, una ametralladora y armas antitanque ligeras. En el futuro cercano, se introducirán un arma automática de brigada y el lanzagranadas automático.
Así, un pelotón, con sus diez sistemas de armas montados, representa una fuerza potente de combate cuando se configura como unidad. Al propio tiempo, debido a su movilidad, el pelotón puede operar con eficacia como grupo explorador a través de una extensa zona. La unidad puede comunicarse y moverse en modalidad de vehículo o a pie.
El pelotón rara vez se emplea como un elemento en el sentido en que lo sería un pelotón de infantería mecanizada o de tanques. El valor principal del pelotón está en su capacidad de obtener información, declararla con exactitud, pedir fuego de apoyo y, solo si es necesario, luchar. El PS de combate es realmente un "superexplorador". No obstante, al propio tiempo, también ha de ser un observador avanzado de artillería experto e, incluso, un controlador aéreo avanzado. Por tanto, el PM del Ejército aprende técnicas para llamar a aviones que realizan misiones de apoyo aéreo cercano.
El pedir fuego de artillería y dirigir a los aviones atacantes son tareas relativamente nuevas para la PM. Pero las exigencias de la lucha en zonas de retaguardia obligan a hacerlo. En Vietnam, por ejemplo, el AC-47, fue especialmente eficaz en destruir a atacantes comunistas de aeródromos.
Puesto que Vietnam era realmente una gran "zona de retaguardia" y el AC-47 "Puff," con sus tres miniametralladoras de 7,62 mm, capaz de efectuar 18.000 disparos por minuto, era tan letal, que la versión moderna del "Puff" estará nuevamente en gran demanda.
En consecuencia, el empleo del AC-130 Spectro actualizado, forma parte de la capacitación de la PS de la Fuerza Aérea. Y necesita ser parte del Ejército también.
Técnicas operativas de la Fuerza Aérea
La Fuerza Aérea ha actuado con rapidez para capacitar a su PS en técnicas de defensa terrestre de bases. Dicha capacitación se ha impartido y se está impartiendo en lugares tales como la Base Aérea Nellis en Nevada. El concepto de cómo operar en modalidad conjunta necesita mucha más práctica. El USCENTCOM, reconociendo la deficiencia, ya ha realizado un ejercicio conjunto de defensa terrestre de bases.
Si la práctica acusa deficiencias, no ocurre así con la doctrina. Fundamentalmente, los elementos de PS son responsables de defender el área cercana. Esta área incluye todas las instalaciones. Y el terreno por fuera de lo que se considera como el "perímetro alambrado." Esta línea real o imaginaria, trazada a lo largo de las principales características del terreno, si es posible, está delineada de ordinario por fortificaciones de campaña ocupadas por la PS de la Fuerza Aérea, que se establecen como unidades de infantería para la defensa.
En los casos en que la base aérea y sus elementos auxiliares funcionan en conjunción, la tarea de proporcionar defensa interna a la base es relativamente simple. El problema surge cuando el suministro de combustible o más probablemente, el almacén de munición están a cierta distancia de la línea de vuelo y de las pistas.
Si el almacén, el punto de combustible, el emplazamiento de comunicaciones u otra instalación clave, son responsabilidad exclusiva de la Fuerza Aérea. Pero si las instalaciones se comparten con el Ejército o el país anfitrión, entonces la responsabilidad es compartida. Cada instalación tendría inicialmente que defenderse contra los atacantes. A medida que se recrudece la lucha, la PM y la PS responderían. Finalmente, se emplearía una organización de combate táctico para defenderse contra un ataque importante contra fuerzas aerotransportadas o aeromóviles.
Para facilitar la labor de hacer frente a los atacantes, los planificadores han establecido tres niveles de amenaza a fin de determinar el grado de respuesta necesario.
Las amenazas del nivel L son las que una unidad de tropas del Ejército debería poder contrarrestar. Los saboteadores y agentes caen dentro de esta categoría.
Las amenazas del nivel II son responsabilidad de la pm y consisten en pequeños grupos de merodeadores que las unidades de tropas de apoyo al combate o a los servicios, pueden contrarrestar eficazmente.
Las amenazas del nivel III requieren el empleo de importantes fuerzas de combate de guerra terrestre. La coordinación con la PM del Ejército, operando por fuera del perímetro, mejorará notablemente la seguridad de las bases.
Nota:
En Vietnam, las unidades defensivas del Ejército adquirieron una gran capacidad en la dirección del apoyo aéreo. Como en el caso del AC-47 artillero, en la defensa de las bases aéreas. Esa experiencia ha de recuperarse para defender hoy con eficacia las bases aéreas.
Jun 1999.