AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 5 de marzo de 2014

SUR PARTE 8 y 9



PARTE 08
TARAPACÁ
·       "Uno de Tropa" fue nombrado guarda de almacén general de armamento. Bajo su responsabilidad estaba algo más de 1.000 fusiles oxidados y casi perdidos a causa el clima. Ametralladoras, morteros, dos viejos cañones de 75, unos cuantos fusiles peruanos y más de 1 millón de cartuchos. El almacén de armamento era un rancho pajizo y desvencijado que dejaba pasar el agua por todas partes mojando los preciosos elementos allí guardados. Se dio a la tarea de asear y engrasar aquellas armas, que dan la garantía de victoria sobre el enemigo. Soldados convalecientes le ayudaban en aquella tarea.
 ·  Un cauchero es el corregidor de Puerto Leguizamón, pero explota a los indios. Antes de empezar el conflicto había sido cauchero al otro lado del río. Pero solo con ello no hace sino adaptarse al medio. En la selva no es más ley que la del más fuerte. No solo los peruanos han matado indios en estas soledades. También lo han hecho nuestros compatriotas. No diga eso, mi Sargento, le dijo uno de los ayudantes. Pues no sólo lo digo, sino que lo escribiré algún día.
 · El aserrío funcionaba incesantemente. El tractor que andaba trabajosamente la trocha a la Tagua traía los víveres. Sin paraR los campamentos se construían. El lento repiqueteo de los martillos era un mínimo del progreso futuro. En esta tarea modesta pero meritoria se consagraron tres hombres: el Teniente Moreno Córdoba, jefe de la Comisión de armamento. Y el Sargento Primero Varela, modesto hombre que por humilde solicitud se omite. Tampoco se descuidaron por el Coronel Gálviz los otros factores del progreso de la guarnición.

· Llegaron unos pocos soldados evacuados del Amazonas. Contaban sus proezas en la selva y sus padeceres. Les preguntamos cómo fue la batalla de Tarapacá. Nos contestaron: miles de pesos gastaron municiones contra una zanja vacía.
 ·       Comentario: el general comandante de las tropas colombianas le dio un tiempo de gracia al destacamento peruano que lo ocupaba para evacuar. Al otro día atacó pero en la noche los peruanos habían abandonado la base y por esto el combate fue al aire porque no había enemigo que los confrontara. Claro que el informe al gobierno se redactó en el sentido de haber sido vencedores. 
  Un Teniente se hizo héroe porque corrió una cuadra con la bandera en alto en aquel combate sin enemigos. Lo único original que hubo en la campaña del Amazonas fueron las sirenas del corresponsal Felipe Lleras Camargo. Y los partes bélicos del General Vázquez Cobo, junto con lo que dejó de relatar Lleras Camargo en sus reportajes. Estos malditos rajan hasta del Papa.
 ·       Aviones peruanos habían volado sobre el territorio de Colombia cerca de la guarnición de Monclar. Resurgieron las esperanzas de guerra. Dieron la orden de disparar sobre las facciones del enemigo que sobrevolaran sobre nuestro territorio. El Coronel Gálviz con una compañía pesada y unas cuantas decenas de infantes, marchó a Güepí (una guarnición peruana aguas arriba del rio Putumayo desde Caucayá, a mitad de camino a Puerto Asís) en el cañonero “Barranquilla", a pedir satisfacciones a los peruanos. Los que quedaban despidieron a los expedicionarios como si viajaran a la muerte.


 TROPAS COLOMBIANAS MOVILIZANDOSE
·       Más de 300 peruanos habían pasado en lanchas frente a Puerto Leguízamo y debía estar Güepí convertido en una fortísima posición. La ansiedad de pistolerismo duró por dos días. Al cabo de ellos llegó el valiente comandante con sus tropas. Venía radiante. Los peruanos habían dado toda clase de satisfacciones y habían evitado con ello que el Barranquilla solo, pero tripulado por un puñado de valientes, se estrellará contra la barranca que antes había tomado los colombianos atacándola con toda clase de armas. El "viva Colombia", que retumban los aires levantó en los espíritus una alegría orgullosa y patriótica.
 ·       "Uno de Tropa", cuando llegó a la frontera, no tenía habilidad para montar siquiera una canoa grande pero con el tiempo se fue acostumbrando y ya era capaz de manejar hasta "potrillos". Todos los domingos y días de fiesta salía de cacería y se divertía especialmente en la pesca en compañía del negro Orovio y, a veces, del colono y del indio Julio. Para su salida preferida era al río Caucayá, vecino al puerto y con pescado. Siendo que es el único lugar del Putumayo donde existe alguna cacería. El Caucayá es quizá una de los ríos más vellos de aquellas regiones. Tiene unos 20 m de ancho por unos 25 como promedio de profundidad. A menudo se copian en sus aguas quietas, las siluetas traviesas de los monos que corren entre las ramas de una orilla a la otra.
PARTE 09
EL INCENDIO
• 
    Un domingo salió con el negro Orovio a pescar lanzando tacos de dinamita. Un hermoso “puño" se debatía a pocos metros en los espasmos de la agonía. Orovio lo cogió abarcándole la cabeza. El pez, sin olvidar su instinto, arrancó un pedazo de palma de la mano de un bocado. Orovio dijo: maldita sea. Tiene hambre hasta para morirse. "Uno de Tropa" le dijo burlonamente: “Le has proporcionado la última cena para morirse”, mientras le vendaba la mano con un retazo de su camisa. Se fueron a la chosa del colono Castillo donde tenía una chagra con yuca, plátano y coca. Hicieron un banquete digno de un gastrónomo. Durmieron toda la tarde en los chinchorros y antes de oscuras se regresaron a Caucayá.

•         Se llegó la hora de partida de Starke. Había sido su amigo y partía ahora. Starke que era un alemán, aviador de la Guerra Mundial. Aventurero de todo el mundo y por lo tanto desengañado, materialista y escéptico. En Caucayá fundó una fábrica de gaseosas desde tiempos del comando del Coronel Gálviz. Después de este alemán no había en aquel tiempo más persona interesante en Caucayá, que el Negro Neiva, desgarbado y huesudo. Parecía una calavera embetunada andando en zancos. También había estado en la Guerra Mundial y era masón.

•         Emilio Murillo, llegó con un par de vitrolas viejas y unos discos más viejos todavía. Era un antioqueño, negociante en limones y naranjas podridas. También trajo algunos comestibles, semillas y aguinaldos para las tropas. Los discos y algunas semillas los dejó Murillo abandonados en un cuarto, de donde los soldados se las robaron. Las semillas, lechugas y tomates en su mayoría, las sembró "Uno de Tropa" en la chacra del colono Castillo y estas fueron las primeras hortalizas que se dieron en aquellos lugares.



 TROPAS EN EL FRENTE

En la madrugada se dio la voz de fuego. Se empezaba a incendiar un rancho contiguo al almacén de víveres. Un instante de desesperación en el cual se creyó que volaría el puerto, pues debajo del almacén de víveres estaba el depósito de gasolina para uso del tractor y los motores. Pero los soldados valientes y conscientes de la pérdida que significaba aquello, sacaron velozmente esta gasolina con grave peligro sus vidas. Entrar por entre un rancho de paja encendido a sacar unas canecas de gasolina, es como coger en la mano una bomba de dinamita con la mecha prendida. Se salvaron también algunos víveres. "Uno de Tropa" juntó sus fuerzas a las de sus compañeros. Se le quemó la camisa y con las espaldas desnudas, tiznada y sudorosas, no dejó de prestar su concurso hasta que el fuego fue dominado.

•         Aquel incendio sirvió para que se organizara el almacén de víveres, que de ahí en adelante funcionó bien, especialmente para que el almacenista lo disfrutaban con las pocas mujeres de Caucayá. La que él prefiriera era seguro que ponía tienda con mercancías iguales a las del almacén de víveres de la tropa.



lunes, 3 de marzo de 2014

SUR PARTE 6 Y 7



SUR
PARTE 06
•         Durante la marcha encontraron al Coronel Gálviz. El Sargento lo miró y el Coronel le preguntó por qué andaba descalzo y le hizo dar un par de guayos. "Uno de Tropa" meditó: a este Coronel Rubén Gálviz lo quieren los soldados y le obedecen. Se fija en las necesidades de la tropa para remediarlas, luego es generoso. Un hombre macho con un corazón bondadoso de un adolescente. El grita a ratos, dijo un soldado, pero es bueno como el pan.
•         Los soldados eran fuertes casi todos morenos, altos y sagaces. Tenían la amplitud y la claridad de los hombres de aquella tierra caucana, paraíso de trabajo y de luz. En la selva, sus brazos robustos destrozaban los troncos añosos y las lianas débiles, con igual empuje. Le enseñaron a "Uno de Tropa” a conocer las culebras. Se complacen en torear a los reptiles encerrándolos en una pequeña jaula. La velocidad de uno de estos animales para enviar el mordisco es como la de un caucho estirado tensamente y soltado de repente de una de sus puntas.
•         Conoció "la podrido" que convierten una llaga a quien muerde. La "24" que debe su nombre a que mata en el curso de un día a quien le inyecta su veneno. Está víbora es tan grande como un lápiz. Le hicieron una broma con un bejuquito inofensivo pero que levantaba vetas rojas y una voraz rasquiña sobre la piel.
•         El almuerzo: sopa de arroz con papas y gusanos. Alverjas cocidas y un poco de aguamiel. Pregunté: ¿siempre hay y gusanos en la sopa? Siempre, contestó uno. Los víveres los traen de muy lejos y las tropas escalonadas en el camino se quedan con lo mejor. No nos llegan sino sobras. También hay quienes hacen negocio en el interior, sobre nuestras hambres y nuestro abandono. También pasaron a la comida: sopa como la del almuerzo. "Uno de Tropa" esperó que se hiciera oscuro, para no ver los repulsivos animalitos de su alimento y cuando lo fue, se comió aquel menjurje con la voracidad que da un hambre de dos días.
•         Le preguntaban mil cosas a la vez. Todos querían saber que sucedía en el interior. ¿Que dicen de nosotros? ¿Es verdad que nos envían cigarrillos y cerveza? Uno de tropas contestaba a todo esto diciendo ¿luego no lo habéis recibido? No hemos recibido nada, contestaron varios. "Uno de Tropa" meditó en la inutilidad de aquellas fiestas fastuosas que hacían en todas las capitales y en los donativos de las empresas industriales para ayudar a las tropas. Pero aquellos soldados no tenían ni cigarrillos y se alimentaban con víveres engusanados.


ENTRENAMIENTOS




PARTE 07
LOS PECES PELIGROSOS Y PERDIDO EN EL MONTE
•         El sábado fue un bello día. Hubo baño para todo el personal y "Uno de Tropa", como todos, fue a él. Se sacaba pellejos de la espalda tostada por el sol. Se quiso bañar desnudo, con una grata sensación de salvajismo, pero no lo dejaron. Fue por "el carnero" un pescadito de tamaño pequeñísimo que penetra por los conductos y destroza el organismo interiormente. Después está "el temblón", es eléctrico que priva con sus descargas a un hombre fuerte. También "la raya" de cola ponzoñosos y arponada que produce una llaga incurable. El "puño" que arranca de un solo envión cuanto abarca del cuerpo que muerde con su boca. "El machete", un pez largo que tiene la forma de este artefacto y los dientes como hojas. El "micuro", que clava sus aletas puntiagudas sobre los cuerpos extraños que encuentra a su paso. "El migraña" (piraña) que se alimenta de cadáveres de animales y de hombres con su dentadura de perro. El " bufeo" de gran tamaño, que pesa decenas de arrobas. Su hembra tiene senos y órganos sexuales como la mujer. El “boa" o culebra de agua. Permanece la selva hasta adquirir enorme desarrollo y que luego se embarca hasta el río en una de estas periódicas inundaciones. Se traga un hombre como un simple bocado y llega tener hasta 25 m de longitud. Un coletazo suyo en el agua, suena como un cañonazo lejano.

 FLOTILLA FAC EN PUERTO BOY

•         El día domingo, "Uno de Tropa", se cuadró ante su capitán y le pidió permiso para ir a misa pero éste se lo negó diciendo que el alma es una energía para sostener y que para ello no necesita padrenuestros, sino de cuidar el cuerpo que es el motor orgánico que la produce. Pero le dieron permiso para ir de cacería. Penetró en la selva siguiendo una vereda trazada por los caucheros legendarios y crueles. Lo hizo con el recogimiento de quien penetra en el templo de un dios misterioso. Al principio sintió una sensación de frescura en medio de los árboles coposos que se entrelazan con lianas sin dejar pasar la luz del sol. Pero luego empezó a sudar copiosamente.
•         Aquella selva pantanosa y entibiada por un sol ardoroso que no alcanza a secar, levanta miasmas de muerte, en su constante fermentación. Produce sobre el que penetra en ella una sensación de temperatura sofocante que hace difícil hasta la respiración. Aquí no hay sino cerdos salvajes, le explicó un colono, que rara vez se encuentran, porque casi todos los animales son destruidos en el invierno por las inundaciones en la selva. Resolvieron regresar. Se habían separado del camino y ahora les tocaba abrir paso con el machete. "Uno de Tropa" le dio el fusil al colono y se puso destruir lianas para abrir un paso. El colono dijo: “Por ahí no es el camino. Yo no lo sigo más”. Entonces "Uno de Tropa" a poco pensó que se habría equivocado y quiso volver sobre sus pasos, pero ya no se acordaba por donde había venido.
•         Pensó en el final de "La Vorágine", el famoso libro: "se los tragó la selva”. Me perdí. Sus ojos desorbitados miraban a todas partes sin localizar ningún camino. El miedo le daba energía y de un solo tajo cortaba gruesos bejucos que habría necesitado tres, de otro hombre. Luego se cansó físicamente. “Si me encuentro un tigre o una boa, me mato con ellos pero no cambio el camino”, pensó. Felizmente no encontró a ninguno de los dos y por el camino de una danta (especie de mulo salvaje que debe su existencia a que es medio anfibio) logró salir a la "trocha de la muerte", como llamaban a la que había entre la Tagua y Puerto Legüízamo. Resultó haber salido 3 km más arriba de la guarnición y que sólo se había perdido durante cinco horas, encontrando la salida por casualidad, pues no había tenido en cuenta ni siquiera el sol para orientarse.
•         En la noche, se volvió tema general la pérdida de "Uno de Tropa" en la selva y salieron a relucir todas las anécdotas. Los tres trabajadores de la carretera que entraron de cacería cerca de la Tagua, fueron recordados. Duraron perdidos 16 días. Al cabo de ese tiempo, salieron dos a Puerto Leguízamo, demacrados, sangrantes y casi locos. En Monclar estaba de servicio un soldado. Necesitó una varita para el toldillo y salió a cortarla en el límite de la selva. Se demoró tres días para regresar y pudo hacerlo porque los golpes de una hacha de un colono que descuajaba selva, y lo condujo al cuartel. El Teniente Moreno Córdoba, un oficial valiente, querido de las tropas, que se perdió con una comisión en la selva colombiana, durante varios días. Comiendo frutas silvestres de árboles, se sostenían.