AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 27 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 12


CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 12

LOS BURROS

Otro día lo vi amolando en una piedra el cuasisemexmachete que no le podía faltar en sus viajes misionales. Fue a Necoclí donde Lo estaban aguardando. Y aunque éste es un pueblo muy viejo aquí no hay casa cural. En la noche lo alojaron en una casa que estaban construyendo y apenas tenía concluido el techo y sólo estaban zancos. Hicieron una escalera hecha de un solo palo donde hicieron muescas que conducía a un zarzo hecho de astillas y virutas de Maqué que colocadas sobre las vigas le desearon muy buena noche.

Como a las 10 de la noche llegó un individuo que amarró un burro de uno de los estantillos de la casa con el fin de tenerlo seguro y luego se retiró. El padre no se dio cuenta de esto. Cuando, he aquí, como a las dos de la mañana, llegó otro burro por allí, que andaba suelto, y se dio cuenta que ahí estaba amarrado un rival suyo. Quiso aprovechar la ocasión para desembarazarse de, y sin más preámbulo, dio un rebuzno de desafío, y se agarró con los dientes del hombrillo del burro amarrado y empezó la trifulca. Con la cuerda del amarrado se enredaron ambos burros y se estaban ahorcando. Con la bulla que hicieron los animales el padre Manuelito sintió unos ronquidos ya casi agónicos.

Sobresaltado el padre, sin saber de qué se trataba, pero figurando que algo grave pasaba en el piso de abajo de su domicilio en zancos, lo primero que se acordó en aquellos trágicos momentos fue de su lengua de zapo. Y acto seguido lo desenvainó y así, en el oscuro, echó escalera abajo blandiendo el arma en actitud de defensa de sus lares y solución de tamaña trifulca.

 
BURRO BULLANGUERO
 
Allí se dio cuenta de la crítica situación de los burros. Viendo que si no intervenía pronto uno de ellos se iba a ahorcar, optó por cortar, como medida de urgencia, la cuerda en la que estaban enredados los dos animales. Como estaba oscuro, así a tientas, metió la mano. Empuñó algo que él creyó que era la cuerda, quitó la mano y mando el tajo. Y tran, al suelo cayó un pedazo de jeta de burro. Como notó que nada había logrado en el intento, porque los animales seguían enredados, pasó la mano por encima de la nuca del otro burro y se dio cuenta de que aún tenía el lazo. Allí mismo con la alegría que embargó a Arquímedes exclamó: Eureka y lanzó otro viaje con su lengua de zapo.

El si le cortó la amarradero al burro pero también le hizo una chamba en la nuca desde la raíz de la oreja casi hasta el hombrillo.

Los burros resueltos y aunque cortados y a los chorros de sangre siguieron la batalla. El padre Manuelito teniendo todavía desenvainada en la mano la damasquina hoja de acero, llena de peos de burro y chorreada de sangre, dijo con aire solemne: ahora sí. Ya están sueltos. Que se diviertan como puedan que para eso son machos.

Después, con la tranquilidad de quien tiene la conciencia y cree haber hecho una buena acción, echó otra vez escalera arriba en dirección al zarzo, colocó la lengua de zapo desenvainada al pie de la cabecera y se durmió de nuevo. Al día siguiente al salir de la capilla vio el padre Manuelito al frente de la puerta de la inspectoría a dos burros y un gran gentío. La gente reunida, al ver al padre, los señalaban con el dedo y acto seguido llamaron a la inspectoría. El inspector en tono grave, muy serio y severo, le dijo: ¿padre conoce usted los burros?

El padre Manuelito con su mirada inquieta y con la velocidad del rayo que recorre grandes distancias en un segundo le dio más de 10 vistazos a los burros desde las orejas hasta la punta de la cola. Allí pudo reparar que uno de los burros tenía una sonrisa permanente a causa del machetazo de la noche anterior que le tumbó casi toda la jeta. Al otro burro le vio en la nuca una chamba tan abierta que parecía una trinchera alemana. Contestó: si, los conozco. Estos dos burros eran los que se estaban ahorcando anoche enredados en un lazo en el piso de abajo de mi residencia privada. Para evitar que se estrangularan tuve que bajar y cortarle las amarraderas.

Pues se metió usted en la grande, le dijo el inspector. Vea cómo puso a estos animales y luego añadió, sacando de un rincón de la inspectoría el machete manchado de sangre y lleno de pelos de burro: ¿conoce usted, padre, está arma?

Padre Manuelito clavó los ojos en el famoso machete y le dijo: usted fue el que se metió en la sin salida señor inspector, por este machete es mío. Lo tenía yo allá en mi residencia privada y sepa que toda residencia es sagrada y por lo tanto inviolable. Usted la ha violado sacando de allí este machete sin permiso del propietario. Cepa, pues, que se ha hecho reo de una causa muy negra. Mas, como yo no tengo intenciones en perjudicarlo, lo único que le exijo es que me entregue mi machete ahora mismo y quedamos en paz. Y, sin más palabras, el inspector le entregó su famosa lengua de zapo y el dueño de los burros los cogieron de cabestro y se fue con ellos. Y el tumulto se disolvió todo como si nada hubiera pasado.

EL PERDÓN.

Pasó algo grave. Me pasó con el padre Manuelito y le guardaba yo un resentimiento en lo más hondo del alma. Es verdad que yo lo perdone pero aún me parece imposible que yo lo hubiera podido perdonar. A causa de lo repugnante que es el cangrejo que hay en Turbo y lo asqueroso que es ese animal, le dije que me parecía raro que hubiese individuos tan cochinos que se lo comieran. Nada más porque dijeran que eran gente bien distinguida. Le dije que por nada en mi vida comería yo cangrejo. Comerá, me dijo el padre marianito, y lo haré comer. Pues sepa, le dije, que hasta ese día en que me haga comer cangrejo guardaremos amistad.

 
CANGREJO URABEÑO

 
Pasados unos días una noche me dijo: ya ve cómo es la vida, que no comería jamás cangrejo y ya comió. Allí mismo me fui entropando. Me enojé con él y con las hermanas Carmelitas que nos atendían. Poco faltó para que me lo tragara vivo. Y si no lo hice fue porque en ese mismo instante sentía que las tripas se me hacían nudos, se me subían a la garganta como con ánimo de hacerme voltear el estómago.
 
 
SOPA DE CANGREJO
 
Tal fue la repugnancia y el asco que sentí. Hay que ver el fastidio que le causa a uno el ver el caldo que les sale de ese buche aguamasudo cuando el padre Marianito se los rompe con el palo. Es cosa de hacerle dar náuseas hasta un perro al de este líquido azul viscoso que emana de la boca cuando se están muriendo. El estómago me daba saltos mortales.

Con los años lo perdoné pero no olvido la repugnancia que me causó dicha gracia.

FIN

Nota: con esta  parte final terminamos un capitulo mas de las historias que hacen parte de nuestras tradiciones y aventuras antioqueñas. Las mismas que muestran la forma de como se conquistó y se creó la cultura paisa.
Después de un receso corto reanudaremos el recuento resumido de otros asuntos de interés general.
Cordialmente: Coronel Iván González.

martes, 26 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 11


 

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 11

EL PADRE MANUEL RESTREPO PIEDRAHITA.

El padre Piedrahita o Manuelito como cariñosamente lo llamábamos, era oriundo de la población de Guasabra corregimiento de Santafé de Antioquia. Es de mediana estatura, bien conformado, cara graciosa y de ojos negros e inquietos que se movilizan de arriba a abajo con la rapidez del rayo recorriendo a la persona que está hablando con él. En una ocasión le hice notar eso y me dijo: es para que la persona que me está hablando no se me vaya.

Yo me hallaba en Turbo y allí llegó a finales de 1942. Al instante se dio a la tarea de arreglar su equipaje misional para dirigirse a Acandí pueblo lindante con la frontera de Panamá. Su equipaje consistía en lo necesario para celebrar la misa, algunas municiones de boca, unos frasquitos con medicinas para los que pudiera ocurrir, un Cristo que le diera fuerzas y apoyo en el mar y en aquellos pantaneros.

EL MACHETE

Y algo que le vi colocando con mucho esmero en su equipaje, una especie de lo que en algún otro tiempo debió ser machete. Era una vida que no se sabía si era de acero o de moho. En una extremidad tenía una especie de cacha roñosa. La hoja en la angosta y no pude saber si era de la generación que llaman machete o peinilla. Se parecía más a una lengua de sapo que ha machete. Le pregunté cuánto le había costado y me dijo que en Quibdó se la habían dado por 50 centavos. Hay que tener en cuenta de que esos tiempos, a causa de la guerra, habían subido todas las letras, sobre todo la U la eñe y la a. Allí,  un machete que medio se pudiera mostrar valía de 10 a 12 pesos. La vaina de ese machete, lengua de sapo, creo que la encontró botada a la orilla de arroyo, según estaba de deteriorada, sucia, vieja y fea.

 
Al verlo colocar con tanto esmero en su equipaje este instrumento le pregunté: ¿padre, para qué lleva eso? Poniéndose de pie me dijo con mucho énfasis: ¿no ha leído usted que en el Evangelio, Jesucristo le dijo a sus apóstoles que el que no tuviera espada vendiera su túnica y la comprara? Ya puede usted comprender plenamente lo que burlonamente llama lengua de sapo y lo indispensable que te va a ser que estas correrías. No tuve nada que objetar y en silencio continué ayudando lo a empacar sus cosas.

LOS CANGREJOS

La población de Turbo está infectada por miles de millares de cangrejos nocturnos que nadie puede calcular su número. En la casa rural vivía con nosotros legiones de esos animales y eran tan grandes que parecían palas De vapor. Con sus tentáculos tan alargados que parecían pulpos de esos que menciona Julio Verne en su famosa novela titulada “20,000 Leguas de Viaje Submarino”. Estaban provistos de tenazas tan grandes que infundían pavor al más resuelto. Al que agarran con ellas no lo sueltan, aunque chille. Basta decirles que en casi todas las casas de Turbo tienen cerdos y nunca los argollan por que éstos quedan argollados de por vida cuando los cerdos, buscando alimento, remueven la tierra con el hocico. Y ahí, cuando por desgracia llega, con su trabajo de excavación, a la temible línea Maginot donde tiene su residencia uno de esos cangrejos q S hay allá. Porque sin más “alto, quien vive” ni pedir el santo y seña lo agárrate el hocico con esas enormes tenazas y hasta luego pétalo. El cerdo, al mismo tiempo que da chillido, y con tan desenfrenado modo que arranca al feroz cangrejo la tenaza pero, eso sí, queda argollado para siempre.

EL CAZADOR

El padre Manuelito era un excelente cazador de cangrejos. Todas las noches, armado de un palo, se dedicó a exterminar a nuestros indeseables compañeros de vivienda. En la aguzada lanza de su arma, ensartaba, por la mitad, a estos desgraciados animales. Enormes eran los bichos estos. Los tentáculos en los que ostentaban las tenazas medían no menos de 25 cm de largo y las patas que eran en número de 10 por cada uno medían hasta 20 cm. Cuando él padre Manuelito, cara y aire de triunfo los ponía en alto parecían molinos de viento en ejercicio cuando agónicos agitaban sus tentáculos.

EL CARRIEL

Un carriel de esos que usan los arrieros antioqueños, y en los que en ellos guardan holgadamente un lazo, media libra de cabuya en rama, una aguja de arria, un eslabón para sacar candela, dos tabacos, media libra de panela para tomar agua e el primer arroyo que encuentran, una navaja médica, un cuchillo tres rayas, un Cristo, una barbera, la baraja, un par de dados y la imagen de la virgen del Carmen.

 
EL CARRIEL

LA CULEBRA

Había una culebra llamada Verrugosa porque está brotada de verrugas. Es tan gruesa como una viga. Cuando un hombre la pisa, porque parecen más aún palo podrido atravesado en el camino a mi, ella levanta una cabeza tan grande como un carriel de nutria de ocho bolsillos.

Cuando una culebritas de esas levanta la cabeza la dirige al pie de quien la pisó y se la besa. De inmediato se le pone la barriga tan dura como si fuera un barril de acero, brota los ojos, lanza un berrido y en el mismo sitio se va para el otro mundo.

 LA SAPA.

Otro peligro, que está en los pantanos, es la Sapa. Vi a un individuo muy orondo fumando tabaco o su pipa, andando con un palo en la rodilla cuando sin darse cuenta ni saber cómo ni cuándo de nuestro cliente no queda sino el sombrero sobre el pantano. Sin más monumento de la vieja gorra de hoja de palma señalando el lugar donde se lo tragó la Sapa.

LA GUADAÑA

Algunas de las muertes que ocurren por allí pueden atribuirse a la guadaña de la muerte por qué hay muchos otros que se mueren sin saber por qué y sin más razón. Es el caso de un soldado acantonado en la guarnición de Turbo. Aconteció que estaban los soldados custodiando un avión de guerra en el campo de aterrizaje. A uno de ellos se le fue un tiro de Grass. La bala hizo impacto en el flanco izquierdo de la costilla del otro Soldado. Le votó todo el estómago y el proyectil salió por el otro costado y sin más razón ni motivo allí mismo se fue quedando muerto. Nada más porque le dio la gana de morirse por esa bobada.

Una de estas cosas le pasó al padre Manuelito. Aún que casi se ahoga cuando una ola lo subió en su lomo en un naufragio cerca de Acandí. Apenas veía que por allá muy lejos apenas asomaban las orejas del padre Manuelito entre el herbesón De las olas y las espumas desflecadas. Salió del mar con el estómago más templado que Tambor de guerra por el agua que había tragado. Al mismo tiempo que experimenté alegría por mi salvación también sentir tristeza por la muerte del padre Manuelito de quien creí haber sido segura. La verdad es que sobrevivió. En el naufragio sólo perdió su carriel. Como los tres días unos muchachos encontraron en la playa y no se atrevieron a cogerlo. Pronto se lo llevaron al padre y se lo mostraron. Éste lo reconoció de inmediato aunque estaba más feo que un sacrilegio y más sucio que la vara de un gallinero. Allí estaba todo su dinero que había guardado y con eso nos solventamos.

lunes, 25 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 10


CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 10

EL INDIO JUAN.

El 13 de junio 1948 llegamos al río Sábalo. Sus terrenos pertenecen a la jurisdicción de Dabeiba. El día 14 llegamos al Tambo del indio Juan Caruya que vivía no lejos del río Tuburidó. Juan era un indio acomodado pues tenía una cementera de plátano maíz yuca y un poco de caña dulce, además de gallinas, cerdos, patos y tiseos que de noche dormían debajo del tambo. En el segundo piso del tambo tenía un fogón de tres piedras y un gran tronco llamado el madrino que le serbia de asiento al pie del fogón donde ingresaba una punta. De noche le cubrían la punta candente con ceniza y rescoldo para conservar el fuego hasta el otro día. En el piso se almacenaban racimos de plátano y maíz porque él salón también servía de troja. Para él día siguiente de la correría nos dio un almud de maíz para de la india nos hiciera unas arepas para qué lleváramos de fiambre.

El día 15 amanecí con fiebre. El indio se fue a cazar y antes de salir le encargó a la india que me cuidara y le entregó un manojito de ramas para qué me hiciera una bebida para la fiebre. Poco después que se fueron los cazadores me tomé la bebida que me hizo la india y una hora más tarde ya estaba sin fiebre y completamente bueno.

LA MESETA DEL TESORO

Después de la cena se pusieron a conversar sobre grandes tesoros y Belisario dijo que por allí cerca al río Tuburidó había un gran tesoro en un lugar donde se encontraba una mata de Guadua, una palma de Milpesos y un árbol de caucho. Le pregunté al indio si eso era cierto y me respondió que sí, que él sabía dónde estaba. Le ofrecí pagarle por llevarme al lugar donde estaba el tesoro y por cinco pesos se comprometió a ello.

LA BÚSQUEDA.

Durante cuatro días de recorrido no habíamos encontrado ninguna mata de Guadua así que era muy significativo que se pudiera sospechar que pudiera ser cierto lo relatado con el tesoro, si se encontraba esa mata.

Al final del día 16 llegamos al río Tuburidó que en ese lugar era muy caudaloso. Mientras los indios cortaban palos de Balso para hacer la balsa, yo aproveche para rezar mi breviario. Como ese día ya se nos hizo tarde construimos un cobertizo con hojas de Murrapo al pie de un árbol muy grande. Pasamos la noche sin novedad.

El día 17 marchamos por una cuchilla arriba. Así es como una hora que estábamos subiendo cuando a pie de boca apareció un llano y en el estaba la mata de Guadua. Le pregunté al indio: ¿aquí es? Si, me respondió el indio.

El llano está hecho a tal nivel que parece como cortado, por la mano del hombre, en el declive de la montaña. Forma un triángulo equilátero de 100 m de lado. Su vértice libre está hacia el lado del río. El lado opuesto está hacia la montaña. Las otras dos caras están formadas por dos arroyos de poco caudal. El área es de una media cuadra de tierra (media manzana urbana rectangular que se enmarca dentro de 4 calles de 80 metros de largo cada una).
Cerca al vértice que da hacia el río y a unos 25 m está la mata de Guadua. Es un surco recto de unos 25 m de largo de Guadua Rayada. Es decir sus troncos tienen listas a lo largo alternadas entre verde y amarillo. Esta mata tiene no menos entre 3 a 4 siglos de existencia a juzgar por las cepas muertas de la Guadua, que se han secado, teniendo en cuenta que la Guadua tiene una vida bastante larga contando desde que nace hasta que se seca de puro vieja.

 
PIEDRA DE MOLER

Como a unos 20 m del surco de Guadua y hacia la parte de arriba del llano estaba, medio tapada por el capote, la mano y la piedra de moler en que molían los indios. Árboles hasta de dos abarcaduras habían nacido en el propio Llano. Después de recorrer el llano en todas las direcciones quede convencido que este tenía que ser el lugar de la leyenda y del tesoro. Le dije al indio: compadre. ¿Dónde es que está enterrado el tesoro? El sólo sacudió la cabeza y me respondió: Perdió cabeza compadre. Perdió cabeza. Y de esta respuesta no hubo modo de sacarlo a pesar de mi insistencia pues siempre repetía lo mismo.

EL SECRETO

Los indios, sobre todo los caciques, eran muy ricos en oro pero cuando llegó la conquista, ellos para librar su riqueza de la rapacidad de los españoles, los enterraban en lugares que ellos saben y que se transmiten, por tradición, de padres a hijos y de generación en generación. A ningún otro particular le revelan donde están enterrados sus tesoros. Ni por medio de recompensas ni amenazas ni por torturas ni aún por la misma muerte. Así se explica el por qué el indio siempre contestaba: perdió cabeza compadre. Lo que se puede interpretar como: no quiero decir o no puedo decir. Total que nada se pudo hacer.

En una hoja de papel hice un mapa más o menos exacto donde se encuentra aquel Llano. Después de haber estado varias horas en el lugar regresamos aquel día al tambo del indio Juan a quien, a pesar de todo, le pague lo prometido.

Quiero dejar constancia que quede muy agradecido de la generosa hospitalidad y de la atención que nos brindó aquel indio a mí y a mis compañeros que Dios les ha de pagar.

Cinco días gastamos de regreso para salir de aquella selva y llegar hasta Nutibara.

domingo, 24 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA.CAPÍTULO 9


CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 9

COLORIDA FLORESTA

Qué panorama el que ofrece la selva florecida cuando se observa desde una eminencia del terreno. Parece una inmensa colcha de retazos de colores.

Entre él tupido follaje de verde oscuro hace resaltar su bella flor el Arisal, gran borla de color escarlata, acaso la más vistosa entre todas las flores tropicales. Los Yarumos, llamados los ancianos de la selva, por qué entre el ramaje oscuro ostentan sus hojas blancas. Más allá el Písamo cubiertos de flores al rojo vivo que semeja una llamarada entre los árboles. El Guayacán amarillo que cuando está despojado totalmente de sus hojas se cubre con la fronda de sus flores amarillas semejando un bloque compacto. Ya constelación de mariposas de oro del Chagualo ostentan sus macetas de color blanco y rosado de perfume embriagador. El Gualanday, semejante al Guayacán, porque también se despojó de sus hojas para cubrirse de flores azules violáceas. El Balso y el Majagua, semejante a bandadas de mariposas, dejan volar sus semillas envueltas en copos de lana blanca. Por allá, sobre los nudosos brazos de los árboles, ostentan los cardos las violáceas vestiduras de sus hojas y llenan los airosos penachos de sus espigas junto a las orquídeas de todos los colores que dejan colgar sus largos pétalos semejantes a largas lenguas de perros cansados.

Pero en los gruesos troncos de estos colosos trepan cuál gruesas manilas, haciendo maromas, los bejucos. El Uvito de monte de tallos semirojos dejando columpiar en los aires sus racimos de flores semejantes a corales. El Agraz bejuco de agua saturado de savia potable y tan abundante que calma la sed a los viajeros. Y una multitud de gruesos tallos que trepando en espirales suben hasta las copas donde mezclan la variedad de sus flores y la delicadeza de sus perfumes con las del árbol que los sostiene.

Aquí y allá alternando con los árboles se encuentran las palmeras en variedad de especies y tamaños desde la Carmaná y el Palmicho hasta la Chasaraza y el Chontaduro, el Mauenque, el Milposos y la Barrigona, elevando sus erguidos troncos erizados algunos de puas y otros lisos, rectos y largos como esbeltos pilares que sostienen el elegante plumaje de sus hojas. Y entre los racimos, verdes unos y otros más maduros, dejan caer al suelo sus semillas rojas.

 
SELVA VIRGEN

Por entre los intermedios que dejan los grandes árboles levantan la Iraca sus anchas hojas sostenidas por delgados, largos y rectos peciolos semejantes a varillas de hierro pintadas de un verde oscuro. Y de la elegante mata del Táparo de largas hojas y que en cuyo pie salen voluminosos capachos que al abrirse dejan al descubierto las blancas ramazones de sus flores. Y el tapiz de helechos y de musgos de todos los colores y variedades. Y que infinita variedad de matas que lucen entre sus hojas las flores en distintas formas y colores.

PERFUMADA MANIGUA.

Presentando a la vista todo una combinación de los colores en todos los tonos y el olfato una mezcla de sus aromas. Estos perfumes combinados sólo se perciben en la selva. Y sólo, de vez en cuando y de tarde en tarde, cuando al andar de los caminos se percibe por una ráfaga de viento que de un bosque cercano nos trae sus perfumes y nos hace sentir una combinación de esencias agradablemente raras que nos hace detener en el camino y aspirar profundo.

(Aromas que en su mayoría provienen de los alcaloides que genera la naturaleza con el fin de atraer insectos para la fecundación o aves para transportar sus semillas. O como un medio de competencia o guerra química con las demás plantas por los nutrientes del suelo, el agua superficial, la humedad del aire o la luz del sol. Pero que el hombre en su inteligencia los extrae concentrados para propósitos estéticos o como medio de lograr momentos placenteros para escapar de la realidad convirtiéndosele en indetenibles adicciones que le inutilizan la vida productiva.
O también para otros menos santos. Como el aroma del borrachero con el que crea alucinaciones en sus ritos religiosos o con propósitos medicinales.  Y para perder la conciencia y la capacidad de voluntad a quien quiere hacer victima de sus malas intenciones o hasta la muerte)   

FAUNA, RÍOS Y MEDICINAS

Enjambres de abejas al par que colibríes de plumaje verde esmeralda y oro, se ven en compañía de millares de mariposas cuyas brillantes alas se combinan con los pétalos de las flores. Ardillas y bandadas de monos saltan de un árbol a otro y cogen los dulces frutos que éstos les ofrecen en abundancia.

Existe la abeja  que es un poco más grande que la abeja de Castilla y también más brava que ella. Esta abeja es la que produce la llamada brea chocoana. La hormiga llamada Conga que es negra, andan siempre sola y mide una pulgada de largo. Es muy brava. Me aseguraron que cuando pica produce una fiebre que dura tres días.

Ríos de aguas cristalinas riegan estas tierras con remanso tan trasparentes que dejan ver perfectamente las arenas de sus fondos donde se ven pasar y pasar, como sombras de plata, grandes Sábalos que, sin temor a nadie porque nadie los perturba en aquellas soledades, juguetean con el líquido elemento.

En aquellas celdas hay plantas de alto valor medicinal. Y los indios que son los únicos que habitan y recorrer aquellas selvas son los mejores conocedores en botánica. Hechos por tradición, necesidad y experiencia, saben cuáles son las plantas que poseen propiedades curativas y cuales efectos nocivos. Son expertos en aprovechar y aplicar sus cualidades. A los indios no les dan caries en los dientes porque ellos mascan el bejuco Curadiente. Y esto los preserva que se les dañe la dentadura. Al indio no se le encanece el cabello con la vejez ni tampoco lo ataca la calvicie, por qué él sabe usar las plantas que previenen y atacan las enfermedades. En mi vida sacerdotal he tenido que tratar a muchos de los indios y nunca he visto ni oído que los indios sean atacados por el cáncer. Los indios no tienen más medios ni botica que sus plantas medicinales. Sin embargo son los que alcanzan más larga vida y resisten y se conservan mejor y más sanos.

El guia Belisario Torres conocía las plantas medicinales y me las mostraba. Me decía cómo se llamaban y para qué servían. La Pata de Lancha cuyas hojas suministradas en bebidas son un remedio infalible contra el paludismo. Está también el arbusto llamado Trompeta cuyo jugo extraído de sus semillas es eficaz contra el eccema. El bejuco un llamado Guaco que se emplean contra el efecto de las mordeduras de las serpientes. El bejuco Yagé que los indios usan para provocar alucinaciones en el individuo que lo toma.

Me mostró un árbol cuyo nombre no recuerdo y me aseguró que si uno toma una hoja y la restregar entre las manos y las acerca a la nariz, de inmediato, le provoca una abundante hemorragia nasal. También otro que al restregar sus hojas le detiene la hemorragia provocada por el primero.
También el Floripondio al que también llamamos Borrachero a causa del excesivo perfume que emana de sus flores. Hay tres clases de Borracheros en aquellas selvas. Unos producen flores blancas, amarillas o Rojas. El de flores blancas es muy similar a la Azucena y sólo les dura un día. El de flores amarillas es igual en tamaño a las blancas y las Rojas un poco más pequeñas. Las flores blancas produce una semilla negra que cercadas y molidas se usan para hacer el llamado Cacao Sabanero con el que los apaches adormecen a sus víctimas para robarles. No conozco las propiedades del Borrachero amarillo. Del Borrachero rojo los indios hace una bebida que llaman Tonga que se suministrará a un individuo para ponerlo energúmeno y tener alucinaciones.

EL ÁRBOL MANZANILLO

Cuando uno lo toca le produce un fuerte escozor y se les llena el cuerpo de unos granitos rojos produciendo fiebres durante tres días y tan hinchado que uno parece un sapo toreado. El árbol llamado Curbaril crece bastante y produce una resina llamada anime que cuando está seca y se echa al fuego produce abundante humo blanco y perfuma el ambiente con un aroma embriagador que huele mejor que el incienso y tan suave como la mirra. Es un bálsamo aunque de perfume diferente. Adoradilla, que no debe confundirse con el helechos del mismo nombre. Ese es un musgo de hilos como de 20 cm de largo. Es del color de la seda verde, es muy oloroso y tan suave como la seda. Los indios supersticiosos la usan en sus filtros amorosos.

 

sábado, 23 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 8


CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 8

EXPEDICIÓN MINERA

Quise saber si era cierto lo del tal cobre que narra Manuel Uribe Ángel y convidé a Belisario Torres que vivía en mi parroquia y conocía esas regiones por haber andado varias veces esas selvas en compañía de indios y además entendía el idioma. Planeamos el viaje para el 10 junio 1942. Llevamos dos peones para que nos ayudaran a llevar las provisiones.

Subimos a la vereda La Campiña, que era donde vivía Belisario Torres. Allí dejamos las cabalgaduras y a pie nos internamos en la selva buscando el río Tuburidó. Bajamos por una espesa selva hasta que llegamos al río. Seguimos por su cauce una considerable distancia. Algunos estábamos provistos de machetes para abrir trochas y además llevábamos dos escopetas de cápsula para defendernos de las fieras. En aquellas celdas hay tigres, leones y serpientes venenosas.

En el recorrido no pude ver los tales bloques de cobre que mencionaba el doctor Uribe pero en una de las orillas se veía una franja de color azulado lo que indicaba que era sulfato de cobre. Seguimos hasta que llegamos a La Ciénaga donde hay un bohío de indios con ese mismo nombre y la casa de un señor que vivía allí con su familia. Tenía cementera y potreros con Reses. Uno de los peones de la finca llamado Julio Molina, que había trabajado en minas, quiso irse con nosotros y lo admitimos en la compañía. Así completamos cinco: Julio Molina, Belisario Torres, los dos peones y el que relata.

EL VIEJO CAMINO DE LOS ESPAÑOLES, EL CAMINO FREIDEL Y CAMINO DE GREIFF

El día 11 llegamos al viejo camino del señor De Greiff. El mismo camino del que habla Manuel Uribe en su compendio histórico. El camino data del año de 1797 (El Camino de los Españoles). En efecto de un artículo escrito en Santafé de Antioquia dice: “un siglo después de la muerte del temido jefe de bucaneros y corsarios, Henry Morgan, que sembró el terror en las costas del Atlántico y del Pacífico, quien un día de aguinaldo de 1700 expusieron sus vidas desde Santafé de Antioquia para dar salida al mar desde las montañas”.

En el año de 1797 Carlos María Freidel de Andrade se presentó ante el rey del Nuevo Reino de Granada, don Pedro Mendinueta de Muaquis con el proyecto de abrir un camino que uniera a Santafé de Antioquia con el Atrato. Inicialmente aprobó el proyecto pero antes quiso conocer las observaciones que hiciera el gobernador de la provincia de Antioquia. Después de varias consideraciones el proyecto de la apertura del camino fue aprobada y le tocó realizarla al ingeniero extranjero don Carlos Segismundo De Greiff, quien nació en Suecia el 27 enero 1793, vino a Colombia en 1826, fue cónsul de Suecia y Noruega ante los gobiernos de la Nueva Granada y murió en Remedios el 19 de julio 1870.

 
CAMINO ESPAÑOL

A este mismo camino salí yo, y a pesar de que habían pasado 90 años que había sido abandonado se notaba perfectamente el corte de las barrancas. Pero en lo que habían sido propiamente el piso del camino habían crecido árboles de un grueso de más de abarcadura. Seguimos por este camino que debió haber sido transitados por tatabras y tigres pues de hecho encontrábamos osamentas en el mismo camino, siendo evidente que el tigre atacaba la manada y saciaba su hambre con sus víctimas.

EL TIGRE

Había mucho que casar especialmente Paujiles y pavas de monte. Como a las cinco de la tarde acampamos y pusimos, colgada de una rama de un árbol, una lámpara de petróleo a fin de que alumbrara toda la noche y no dejara arrimar al tigre pues muy cercano y varias veces se escuchaban sus rugidos. Belisario aseguró que el tigre no arrimaba en la noche donde había luz. Además ya estábamos provistos de linterna eléctrica. No dormimos pues teníamos al tigre que si lo sorprende a uno puede estar seguro que el primer zarpazo es mortal porque con sus colmillos y uñas le desgarra las venas del cuello. Otro peligro es el de las culebras que por aquí abundan y son venenosísimas y uno está hoy expuesto tendido en el suelo ya que los animales se arrastran buscando su alimento.

El día 12 dejamos el antiguo camino y tomamos otra dirección. El rio Tuguridó lo habíamos dejado lejos pero por allí donde nos llevaba Belisario debíamos encontrarlo más abajo siendo muy caudalosos. En la tarde llegamos al rancho de unos mineros y allí nos quedamos e hicimos una buena cena y nos acostamos a dormir en un zarzo.

SELVA VIRGEN

El día trece debíamos ir hasta el río Sábalo según nos dijo el guia Belisario. Llevamos 14 días caminando por estas selvas. Pero qué contraste era el que se encontraba en estas selvas milenarias. Allí se mira la profusa mezcla de lo pequeño lo grande y lo gigante, pero todo ostentando armonía y sin igual belleza. Y es lo más natural porque allí la selva no está deformada por la mano del hombre sino tal cual sale de las manos de Dios. Allí hay árboles enormes que se elevan sus troncos rectos a gran altura para entrelazar sus copas con árboles de frondosidad igual y semejando grandes pilares de una inmensa basílica.

 

viernes, 22 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 7


CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 7

LOS MINERALES

Dos días estuvimos en el cerro San Fernando y de allí descendimos hacia el lado del Chocó por la orilla derecha del Andágueda, que nace en la propia cumbre del San Fernando. No por fuente que sale de la roca sino por escurrimiento del agua que almacenan los cactus.

Antonio Jesús había llevado un almocafre y una batea de esas en que se lava oro. En una orilla del Andágueda rompió un pedazo de roca con el almocafre, lavó el casco de la batea y sacó tres guijas de color amarillo blanco que resultó ser puro platino. Esto indica la riqueza mineral que se encuentra aquella región, tanto en oro, platino y hierro pues toda aquella montaña es de puro hierro.

 
ALMOCAFRE

Mi hermano Jesús Antonio había llevado semillas de frisol que llaman de “toda la vida” o Petaco, que se da silvestre y en todas partes. 2 km abajo de la cima del cerro hizo un pequeño limpio y allí sembró la semilla de frisol. Es muy posible que allí haya nacido y está en plena producción pues no necesita cuidado y se da silvestre.

Este día también tuvimos que soportar algunas lluvias, granizo y algunos rayos que chasqueaban en los peñascos. Pero eso era nada comparado con la tempestad que nos acometió en el año 34.

Rectificamos la altura del cerro de 3980 m sobre el nivel del mar y la temperatura 3° sobre cero durante la noche. Hicimos la expedición en 12 días y regresamos a casa sin tener que lamentar ningún accidente desagradable.

PÁRROCO DE NUTIBARA

El día 15 septiembre 1941 recibí el nombramiento de cura para la parroquia de Nutibara. En la región se encuentran muchos pirúes como los llaman por allá. El pirú es un montículo de tierra que sirve de cementerio de un indio de alto rango y que anuncia la existencia de su sepulcro.

Consiste en que sobre su sepultura acumulaban tanta tierra que formaba un montículo de seis a 7 m de altura por 15 o 20 m de diámetro en su base. Se ve que tenía que ser un indígena un rico el que estaba enterrado en el pirú por qué era mucho el trabajo que implicaba acumular tanta tierra sobre su tumba. Tan es así que en los alrededores de Nutibara hay muchos pirúes pero es tan grande el trabajo de excavarlos que pocos han sido destapados debido también al gran costo que implica perforar aquella montaña de tierra. Sin embargo, han excavado algunos y han sacado muchos objetos de oro.

 
 
PIRÚ
 
LA PIEDRA DE ESMERIL.

Murry es un corregimiento de Frontino que queda a unas seis lenguas de Nutibara y bajo la jurisdicción de esta. Era un solo monte hasta llegar a la quebrada de la Blanquita que pasa por el caserío. Junto al caserío había una mina muy rica de oro de propiedad de Mistraen Llanos. En esa mina es donde se encuentra la piedra que vulgarmente llaman Tiri que por su grano y gran dureza es muy apreciada para afilar herramientas. Esta piedra se encuentra en la mina desde el tamaño de un limón hasta bloques de 15 kg de peso. En este tiempo se cotizaba la libra de piedra en la mina en un peso.

Con esta piedra triturada es que se hacen los famosos esmeriles y las piedras de afilar que venden en forma de pastas. Para producir estas pastas se echan las piedras en un apique y se machucan hasta convertirlas en gránulos finos o gruesos según se quiera que quede La pasta del esmeril. Ese polvo se clasifica cerniendo en cedazos de distinta trama. Luego se funden al fuego 50 g de goma laca, 20 g colofón con 200 g del polvo de la piedra. Luego se mezclan formando una pasta que se vierten en unos moldes untados de aceite y se someten a una fuerte presión. Allí se deja que se enfríe y luego se sacan las piedras listas para la venta.

LA NATURALEZA FERAZ Y EXUBERANTE.

A unas cinco cuadras abajo de pueblo de Murry corre el río llamado Chaquinadó. Es uno de los ríos más bellos que he visto en mi vida. Es un río muy manso de curso y sus aguas tan cristalinas que puede verse la arena en su fondo. Es el camino que hay que seguir por esa tierra para ir a la parte superior. Tiene unos 10 m de ancho y sus aguas llegan máximo a la rodilla de una bestia. Por ese río me tocó subir kilómetros y kilómetros para cumplir con mis deberes sacerdotales.

En Murry el clima es muy malsano y había muchas culebras como la Berrugosa, la Talla, la Equis, la 24, la Patoquilla y la Mapaná Prieta cuya mordedura era casi siempre mortal. La Pudridora, llamada así porque es siempre mortal y al instante. Al que muerde hay que enterrarlo de inmediato porque la fetidez que exhala aún antes de morir no la aguanta nadie. Había miles de zancudos y enjambres de tábanos, un verdadero martirio para los animales y los hombres. Todo el tiempo que uno iba a caballo lo seguían unos 12 tábanos que había que mantenerse espantando porque tan pronto uno se detenía se asentaban sobre la gente y los animales. Cuando hundían su trompa salía la gotera de sangre.

Pero el murciélago era el mayor flagelo de aquellas tierras porque mataba hasta béstias. En una ocasión, al comienzo de la noche, un murciélago mordió a mi bestia un poco más arriba de la oreja derecha y al otro día todavía estaba chorreando sangre por la abertura que le había hecho en la vena. Hubo que estancarle la sangre o de lo contrario habría muerto desangrada.

 
SELVA EXUBERANTE

En estas selvas de Murry y Nutibara hay un árbol llamado Curbaril que al herirle la corteza destila una resina llamada Amine. Cuando esta resina se seca y se echa al juego produce un humo blanco y tan aromático que perfuma él ambiente de suave olor. Allá en Nutibara lo quemaban en el incensario durante las exposiciones del Santísimo Sacramento y el humo llenaba el templo de una fragancia exquisita.

EL PRIMER CRONISTA.

Don Manuel Uribe ángel dice en su historia de Colombia: “el suelo en su producción se encuentra tal cual lo encontraron los primeros exploradores europeos. La naturaleza de ese lado tiene un carácter especial, enérgico y terrible, si es que así puede decirse porque la manifestación de sus fenómenos es en todos los sentidos vigorosa. En estas regiones los mosquitos chupan la sangre como terribles vampiros. Los zancudos y los tábanos encajan sus aguijones en la piel del hombre y de los animales como agujas de lanceta. Las serpientes llaman la atención por su corpulencia, variedad y mortal ponzoña. Los miasmas de los pantanos envenenan y matan. El aire está cargado de humedad, el rayo es frecuente, los aguaceros diluviales, el trueno retumbante y las fieras bravías.

En compensación las palmeras son galanes, los árboles corpulentos, las familias vegetales infinitas y por todas partes resinas y aceites medicinales en medio de una flora lujosa y espléndida. Se hallan allí orquídeas incomparables como la Uncirio Clameri y Carleyas sorprendentes por sus formas y colores”.

PARTICULARIDADES DEL TERRENO

En la falda del Alto del Tachuelo, hacia el lado de Murry, cruzando el camino, se ven las grandes grietas causadas por el terremoto del 8 marzo 1883 y que fueron reabiertas por los temblores de 1912.

Frente a Nutibara hay una loma que la llaman la Loma de los Muertos y bastante arriba hay un llano que tiene dos cuadras de largo por una cuadra de ancho y que parece que hubiera sido tajado en la falda por manos de hombres. Pregunté por qué la llaman la Loma de los Muertos y me dijeron que era debido a que allí se encontraban muchos restos humanos.

El Valle de Andagadó es regado por el río de su mismo nombre poco conocido en sus vertientes primeras y recibe las aguas del río Tuburidó, notable por haberse encontrado en sus playas fragmentos de cobre nativo de hasta 7 libras de peso. Tuburidó nace en el alto de Portachuelo y es atravesado por el viejo camino del señor De Greiff. Mientras que el Andagadó tiene sus vertientes en la cordillera de Turriquitadó que va a terminar cerca de la Plata.

jueves, 21 de noviembre de 2013

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA. CAPÍTULO 6


 

CRÓNICAS DE UN CURA PAISA

POR EL PADRE ANTONIO MARÍA PALACIO VÉLEZ

CAPÍTULO 6

ESPANTANDO DEMONIOS.

Mirando hacia el occidente se me empequeñece la vista mirando aquella infinita extensión de selvas y selvas. Sólo a muchas leguas de distancia se veían, en medio del corazón de la selva una hacienda con pastos y ganados, era que allí estaba la mina de Dabaibe. Esa hacienda surtía de ganados a los trabajadores de la mina. Después de eso no se veía sino el color verde cubierta de selvas y selvas que se extendía más allá de donde los ojos, auxiliados por poderosos lentes, se podían escrutar. Entonces me dispuse a hacer un exorcismo para expulsar a los posibles millones y millones de demonios que estaban dispuestos a hacer el mal en aquellas soledades.

Ya de regreso fuimos a dormir a la tolda de Tapartó. El día 18 continuamos la marcha y, las 10 pasamos por la tolda del Cóndor. Después avanzamos hasta Quebradabonita donde habíamos dejado las bestias. Allí dormimos esa noche y el día 19 llegamos a Jardín muy fatigados y con magulladuras y rasguños en el cuerpo, pero satisfechos por haber logrado ser los primeros que subimos al San Fernando.

A la escuela de minas de Medellín llevé una piedra de un kilo de peso de la cumbre el San Fernando para analizarla y el resultado fue que tenía un alto contenido de hierro.

LA CAVERNA DE PUEBLO RICO

En 2 diciembre 1934 fui trasladado a la población de Pueblorico que queda próxima al municipio de Tarso y a la población de Buenosaires. Me habían dicho que un poco más abajo de esa población había una caverna que parecía que en parte había sido hecha por indígenas en tiempos inmemoriales. Como tengo espíritu curioso y me gusta conocer las cosas personalmente me propuse ir a examinarla.

Entonces invité a mi hermano Nicolás, que vivía en Concordia, para que el 10 enero 1935 estuviera en Pueblorico para que hiciéramos la excursión. Partimos y fuimos a Buenosaires y allí se nos unieron dos compañeros. Nos pusimos a buscar la caverna y le encontramos en una falda, un poco más abajo del cementerio como se nos había dicho. En el declive de la falda donde había una cementera de yuca se abría una gran puerta formada por tres enormes piedras, todas verticales sobre ellas la otra horizontal que hacía de cornisa. La puerta medía unos 3 m de ancha por 4 de altura. Sus lados eran perfectamente paralelos.

Entramos en una especie de zaguán en un poco más ancho que la puerta y cuyo techo de piedra tenía una altura de 5 m. Como el interior está oscuro, encendimos linternas. Pero en ese instante una verdadera avalancha de murciélagos asustados por la luz de los intrusos se nos vino encima buscando salida. Lanzando chillidos y revoloteando nos daban en la cara con sus alas negras. Repuestos de la sorpresa y con los murciélagos ya calmados, seguimos avanzando por ese zaguán. Como a los 10 m llegamos a una pared como de unos 4 m de ancho por 10 de altura.

En el frente y al nivel del suelo en esa pared de roca, se abrían dos túneles y una grieta. A la izquierda y un poco más abajo del nivel del piso estaba uno de los túneles pero tenía la entrada obstruida y sólo se descubría la parte superior. Por allí era imposible entrar.

En el centro de la roca y unos 25 cm más arriba del nivel del piso estaba el otro túnel cuya entrada estaba completamente descubierta, redonda y estaba labrada en la roca viva con unos 50 cm de diámetro. Enfocamos la luz de una linterna y no le vimos fondo. Aunque estaba estrecho vimos que por allí podíamos entrar aunque arrastrandonos. Entré el primero alumbrando con una linterna y los compañeros atrás me siguieron.

El túnel era recto, estaba labrado a cincel y semejaba el interior de un cañón de artillería. Avanzamos por el cómo unos 25 m. allí no pudimos pasar porque en ese sitio la roca era más floja, había cedido y obstruido el túnel, razón por la cual obligó a retroceder arrastrándonos hacia atrás ya que el túnel no daba espacio para voltearnos.

Al lado derecho estaba la grieta que parecía hecha a causa de una enorme presión rajándola en un corte recto en dos paredes paralelas dejando un pasillo de 45 cm de ancho por 10 de altura. Este pasillo avanzaba guardando la distancia de las paredes de roca en un trayecto de unos 10 m. Al cabo de los cuales se abría una grieta transversal en el piso, de una pared a otra, de unos 20 cm de ancha. A partir de esta grieta el pasillo doblaba en ángulo recto a la derecha pero ampliando el espacio a metro y medio.

 
TUNEL

Éste segundo pasillo adelantaba otros 10 m y terminaba en un salón de 4 m de ancho. El techo era también una plancha de piedra. A la luz de las linternas examinamos el salón pero estaba completamente vacío. Ni un objeto ni una descripción y nada.

A la derecha de este salón se abría otra grieta de unos 45 cm de ancha y bastante altura. Pero no pudimos ingresar por ella porque una laja de piedra se había desprendido de la altura y obstruyó el paso. Por los resquicios que dejaba la piedra desprendida pudimos observar que el pasillo se internaba.

Dos horas estuvimos en aquella caverna. Nos metimos hasta donde nos pudimos internar y la observamos con todo detenimiento pero como ya dije antes no encontramos nada.

A mí se me hace que aquella caverna fue hecha por una generación indígena. Lo prueba la puerta que es un rectángulo perfectamente hecho. Esta portada se asemeja a la de una iglesia. Lo prueba también el túnel labrado en la roca por donde penetramos 25 m. y él túnel recto y redondo como un cañón conservando su diámetro en toda su longitud. En todo caso exploramos aquella caverna que es bastante curiosa.

SEGUNDA ESCALADA DEL SAN FERNANDO.

En una licencia que se le haya concedido en el mes de junio de 1941 fui a Concordia y me encontré con dos amigos, Antonio Jesús Uribe y Horacio Muñoz, quienes desde Jardín me invitaban a una nueva expedición al San Fernando.

Acepté la invitación ya que ellos habían sido los compañeros en la expedición de enero de 1934. Convenimos que el 2 agosto 1941 nos veríamos en Andes para de allí salir hacia el San Fernando.

Mi hermano Jesús Antonio a quien también le gustan estas andanzas y quien había subido conmigo al farallón del Citará se ofreció acompañarlos y mi padre Jesús María Palacio quien tenía 71 años se ofreció también.

El 2 agosto nos reunimos en Andes Jesús María Palacio, mi papá, mi hermano Jesús Antonio, Antonio Jesús Uribe, Otilio Velázquez, Horacio Muñoz y el que esto escribe. Contando además dos peones y así completamos ocho personas. Nos proveimos de una buena carpa y provisiones para 15 días.

3 agosto salimos de Andes y llegamos a Quebradabonita. Primera jornada de la anterior excursión. Era necesario parar allí porque estaba a la entrada de la selva y de allí en adelante empezaba la serranía. El hecho es que ya se había abierto un camino de bestia por parte de la mina de Dabaibe para poder entrar con economía los alimentos y las herramientas. Este camino llegaba hasta la cordillera de San Nazario.

El 6 agosto subimos al San Fernando y allí sobre la roca en forma de bandera armamos la carpa exactamente en el mismo lugar donde siete años antes lo habíamos hecho, en junio de 1934. Porque en ese lugar había caído un rayo que abrió un cráter en la roca. Quizás ese mismo rayo estaba destinado para volvernos polvo en esa espantosa tempestad que nos sorprendió en esa montaña en 1934. Pero que seguramente por intervención de la virgen Divina lo detuvo para que no nos hiciera daño y volviéramos después.

Recorrimos toda la cima del cerro de norte a sur y en ninguna parte encontramos señales de que alguien hubiese subido después de nuestro primer acto ascensional.

Al día siguiente fuimos al promontorio donde siete años antes habíamos plantado una cruz y el pie de ella habíamos dejado una botella con una boleta dentro. Allí estaba la cruz pero no vimos la botella porque el musgo la había cubierto. Escarbamos y a 20 cm de profundidad encontramos la botella que conservaba la boleta perfectamente legible a pesar del tiempo y la humedad. Hice un nuevo relato, la firmamos y junto con la boleta anterior la pusimos de nuevo en la botella. Después de bien tapada y lacrada la dejamos de nuevo al pie la Cruz.