AERONAUTAS Y CRONISTAS

miércoles, 2 de septiembre de 2020

LIDERAZGO DEFICIENTE

 

 

 

LIDERAZGO DEFICIENTE

 Teniente Coronel G.E. Secrist

Nota: “Esta traducción comentada es un artículo publicado en una revista de los EE UU. Es la apreciación de la problemática de las promocione militares que tiene conceptos similares a los existentes en las FF MM de Colombia. Por ello su utilidad en nuestro medio. Sin saber cómo, la primera página se perdió. Pero el resto del artículo sigue siendo válido, razón por la cual lo compartimos. Las “Notas” son nuestros comentarios. Coronel (FAC) Iván González. 1999”.

EL SISTEMA DE PROMOCIÓN MILITAR

Lo profesional y lo personal. Es más frecuente de lo que se cree la existencia de quienes se subordinan a los procederes que se consideran requisitos para obtener un informe favorable de oficial sobresaliente y necesario para crear la imagen mínima de calidad exigida para un ascenso.

LA MARATÓN POR EL ASCENSO. La inquietud moral por el progreso en la carrera militar se detecta inmediatamente por aquellos que están estrechamente ligados con la milicia. El Capitán Frank Wood ha llevado a cabo entrevistas informales, durante más de 100 horas, con oficiales subalternos de la USAF durante sus primeros diez años de servicio. Y ha informado sobre la inclinación hacia el desinterés en el beneficio del grupo y en favor del bienestar personal.

El descubrió esta tendencia como la actitud de "yo primero". Esto concuerda con la evidencia que proyecta la clase militar alejándose de la tendencia institucional, donde el trabajo es "vocación", hacia una actitud con vista a un trabajo civil, donde es más frecuente el énfasis en el "interés personal".

Nota: “Dicho interés personal es algo muy evidente, desde el comienzo, en bastantes cadetes que ingresan a la Fuerza Aérea solo con el propósito de aprender a volar. Sin saber y si lo saben no lo admiten, que la profesión en la que se desempeñarán es la militar y para la cual se les instruirá. Volar en la FAC es solo una especialidad, entre otras, y solo complementaria a la profesión del militar destinado a cuidar el espacio aéreo nacional. El vuelo de aeronaves es indispensable y estimulante, pero accesorio al fundamento de la profesión como militar FAC.

De tal forma que las demás especialidades y sus oficiales también son tan importantes como la del piloto de combate. De por si la mayoría de pilotos terminan, en la última etapa de la carrera, desempeñando más funciones administrativas y de comando que de tripulaciones de vuelo.

Las miras de los jóvenes que desde el inicio tienen ese pensamiento, son las de retirarse, luego de haber aprendido a volar, para convertirse en pilotos comerciales, ya que no tienen suficiente espíritu militar . Su perfil natural es para ser alguien bien entrenado tecnológicamente para volar una máquina sofisticada, pero no para el desempeño gerencial y la capacidad de liderazgo.

Por ello, en los primeros grados del escalafón militar, se dan cuenta que han llegado pronto a su nivel de incompetencia. Porque la carrera militar en la FAC, en el rango de oficial, es esencialmente y más, una actividad de dirección. De gestión y de mando de la institución. Motivo por el cual, en ese tiempo, se presentan los más altos incides de deserción debido a que han logrado su objetivo inicial o debido a su frustración en su aspiración.

Ellos aprovechan la dificultad  de la institución para seleccionar a los más aptos y con verdadera vocación, en el proceso de inscripción e ingreso y que con el tiempo muestran sus verdaderas intenciones. Pero esta deficiencia la compensa bastante con un efectivo método clasificador de los mejores para la profesión militar. Una creciente exigencia de disciplina, orden y subordinación que afronta el cadete en el primer año de instrucción. Aunque también sería bastante útil la implantación de un proceso propedéutico,

En esa etapa inicial el alumno descubre el verdadero contenido de la vida militar y muchos deciden el retiro, a tiempo para buscar otros horizontes en las demás profesiones liberales. Como la aviación comercial. Algo bastante conveniente a la Fuerza Aérea pues persisten los selectos y mejores individuos verdaderamente idóneos para la exigente vida militar. Y, por ello, con el más alto sentido de pertenecía y deseo de servicio patriótico a la nación.

Pues así le resulte costoso al país, devuelve a la sociedad una persona con buenos principios sociales, morales, aunque solo sean iniciales. También es la razón por la cual la instrucción de vuelo, que es una fuerte carga económica al presupuesto nacional, no se da desde el primer año”.

Richard Gabriel ha sostenido que durante las dos últimas décadas el Ejército de EUA ha engendrado tal afán por progresar en la carrera al extremo que la profesión y el ascenso puede haberse transformado en los objetivos primordiales de un gran número de oficiales. Otros han ampliado aún más dicho concepto manifestando que para ayudar a alcanzar los máximos rangos, General o Almirante, es necesario que el militar observe una conducta brutal y ultraegoista pensando solo en su propio interés.

Nota: “Cuando se observa el comportamiento de algunos alféreces (Cadetes Antiguos) practicando el ejercicio del mando, sin suficiente ilustración y entrenamiento para ello y usando a los cadetes de menor antigüedad como conejillos de indias, se ve con claridad que es allí donde se genera esa actitud. Que, luego, bastante persiste durante toda la carrera profesional del oficial”.

Hasta un nivel donde se subordinan los procederes que se consideran como requisitos, para obtener un reporte de efectividad como oficial sobresaliente, y necesarios para crear la imagen con vista al ascenso.

La actitud pasiva. LA conducta de un líder con miras a su carrera antes que nada está en conflicto con la dedicación a la efectividad de la misión. En términos del Vicealmirante James B, Stockdale, la obstinación por evitar errores para mantener su carrera suplantan la ejecución positiva. La canalización de los talentos y las energías substanciales, con vista a permanecer en la carrera y el objetivo de ascender, llegan a alterar los valores personales.

La conformidad, el control y la coordinación compulsiva, se tornan en modalidades típicas de la conducta para así reducir los riesgos de error. La propensión a "evitar riesgos" o "jugar a lo seguro", se debe al temor de que un error o un fracaso pudieran venir a empañar el concepto que otros tienen de ellos. Algo que pone en peligro el ascenso o el progreso en el escalafón. Nota: “La actitud de los pasivos y temerosos".

Las consecuencias son severas por no pararse bien, Nota: "No saludar todo cuanto se mueva y pintar lo que está quieto", termina siendo la actitud de no estar dispuesto a afrontar riegos para no querer exponer el futuro de su carrera por defender los principios. Lo que, generalmente, obstaculiza el progreso, la innovación y mejor eficiencia. Es lamentable que asuntos similares hayan contribuido a consecuencias aún más graves, tales como las atrocidades de "My Lai", el problema de "Watergate", la deplorable dirección de la guerra de "Vietnam", la reciente erosión y reducción de las Fuerzas Militares y de la ventaja tecnológica de Estados Unidos.

INTOLERANCIA A LA DIVERSIDAD Y EL DISENSO

Otra manifestación del liderazgo deficiente consiste en la inhabilidad para lidiar con el disenso de un modo constructivo. Se han empleado varios eufemismos para describir este apasionamiento por la tolerancia. Por ejemplo. Se aconseja: “Trata de seguir. No pongas reparos. No lo critiques todo”. Se hace demasiado hincapié en que debemos seguir la corriente más bien que practicar la innovación, la originalidad y las ideas independientes.

El Coronel Edsel Field ha señalado que existe una relación entre las tragedias de Vietnam y Watergate y la falta de nuevos diseños, en cuanto a las decisiones importantes, que se apartan de la posición clave de los líderes. Es más importante opinar como los demás que objetar las decisiones inmorales, imprudentes o ilegales.

Hay quien ha sugerido que la presión para seguir la corriente en el sector militar es tan fuerte que la función de los beneficiosos "Juan Contrarios" moderados se considera un obstáculo para la acción, que suele impedir el debate constructivo referente a las alternativas.

Nota: "Claro que también existen los "Juan Contrarios" extremos. Se suele decir jocosamente de estos últimos "Juan Contrarios", que son los que tienen la costumbre sistemática de arrimarse a los grupos de conversación preguntando: ¿De qué hablan para contradecir?  Los que a todo le sacan y exageran los defectos, falencias y debilidades, pero tampoco, nunca tienen valoraciones o ideas positivas sobre las fortalezas o las oportunidades para la ejecución. Siempre saben por qué las cosas no se deben hacer.  Y nada de cómo se lograrán hacer. Los sistemáticos negativistas de oficio con los cuales es imposible construir o ejecutar las cosas o superar las dificultades. Desde luego los destructores moderados, pero habituales y hasta morbosos (Porque les emociona oponerse todo), del espíritu vencedor y victorioso de una fuerza militar. Personas que deben ser neutralizadas para que no estimulen el espíritu perdedor”.

El disentimiento constructivo. Sin embargo, al inquirir, debatir y disentir, antes de tomar decisiones, se logrará mayor efectividad que recobrarse de las malas decisiones. Opiniones diversas, participación y debates, reforzarán las decisiones finales y engendrarán una mayor dedicación y motivación cuando se pongan en práctica las determinaciones.

Aun cuando la discusión y disenso dan ventajas apreciables, se requieren líderes fuertes, visionarios y seguros de sí mismos, para originar condiciones que faciliten la expresión de opiniones distintas e ideas nuevas.

Nota: “La duda sistemática en el uso de la autoridad y el débil liderazgo del militar, se traduce en la mala costumbre de algunos subalternos de consultar a los superiores todo cuanto deben ordenar, siendo parte de sus funciones, cargo y grado. Con frecuencia debido al temor de cometer un error o que sea una decisión que no guste. Y por ello que afecta su prestigio y la opción de promoción. De esa forma, casi siempre inconsciente pero errada, trasmiten y comparten la responsabilidad de sus  decisiones para atenuar la culpa de un desacierto.

Entonces termina convertido en un transcriptor de funciones al superior debido a su incompetencia o debilidad en el ejercicio del mando. Es un autocastramiento que se hace crónico con los años perdiendo la capacidad de decidir por sí mismos, aún en las cosas más corrientes de la vida. Se pierde la iniciativa y la creatividad personal para la ejecución, no solo bien sino mejor.

Que cuando pasan a las Reservas, No son capaces de asumir su nuevo rol y otras actividades, en especial las personales, con las cuales entretener la mente y aprovechar el tiempo disponible. Porque la persona se habitúa a que cuanto debe hacer, debe estar previamente auditado. Razón por la cual muchos Reservistas sienten ansiedad y una apremiante necesidad de buscar otro trabajo profesional dentro de una organización comercial o empresarial, aún sin necesidad económica. Con tal de disponer de un superior o encajar dentro de una estructura u organización humana en la cual puedan tener un superior. Porque la necesidad mental de sentirse guiados los  apremia más que la falta de dinero o, incluso, saber que son subordinados.

Es la consecuencia del vivir durante bastantes años y aún ritmo laboral exigente. Dentro de una organización muy jerarquizada y verticalizada donde las cosas se hacen solo como cumplimiento de órdenes y consentimientos de un superior. Donde solo se hace lo que se ordena. No más ni menos y con milimétrico cumplimento de instrucciones, que deben provenir solo del superior. Que si se consideran insuficientes se deben pedir.  Aunque el discurso diga que hay que dar primacía a la Carta a García. Que se predica pero no se practica.

Síndrome que estigmatiza tanto al militar que, cuando se retira del servicio, se siente desprotegido, desorientado y no sabe actuar autónomamente. Por eso es común al militar jubilado los frecuentes tratamientos sicológicos, en personas de edad, porque han desarrollado algo, así sea moderado, del trauma de guerra”.

El ostracismo perjudicial. Maureen Mylander ha sostenido: “La atracción a la conformidad ha eliminado a muchos de los oficiales más sobresalientes e ingeniosos”.

Nota: "O inducen a los que no son conformistas, al retiro por su fuerte desagrado con esa incomoda costumbre de la cual no desean participar".

El ostracismo (negativismo) periódico de oficiales superiores para atreverse a poner en duda ciertos principios generales, imprime verosimilitud a esta suposición. Posición que sirve de ejemplo para aquellos con predisposición a disentir. La pérdida de oficiales de extraordinaria idoneidad, se nota más al considerar la influencia restrictiva de ese ostracismo en la conducta de muchos.

La intolerancia. El rechazo al disenso no se limita a los niveles más bajos del mando. Si no que, al contrario, alcanza a la más alta jerarquía. El Almirante Elmo Zumwalt, exJefe de Operaciones Navales de EUA, informó que fue objeto de amenazas de destitución y de reducción del presupuesto de la Marina, si llegaba a expresar sus opiniones concernientes a las pautas políticas del gobierno. Tales circunstancias fomentan la paranoia y la duplicidad, en vez de la sinceridad y la honestidad.

La burocracia del gobierno perpetúa la intolerancia en cuanto a las opiniones distintas, mediante un proceso de selección y ascensos que busca contener a aquellos funcionarios cuya actitud no ha de amenazar a la administración. En donde el criterio primordial para el ascenso no es la ejecutoria, sino la complacencia de “no causar problemas”.

Nota: “Por eso, en Colombia, los líderes, ideólogos y políticos, de los partidos de izquierda buscan asumir el control militar, exigiendo aval político previo a los ascensos a los altos grados militares. Dictando leyes que son más del interés partidista antes que del interés nacional o de la idoneidad profesional. Para ellos es mejor escoger para los altos grados a los militares menos idóneos y manejables, que es su objetivo.

En ese fin sobresalen los representes de los partidos de los grupos insurgentes armados violentos, los guerrilleros intelectuales, que por no haber logrado tomarse el poder, por la vía terrorista, buscan la retaliación profesional contra los militares que les han sido obstáculo a su propósito, haciendo mal uso del tolerante sistema democrático”.

"Seguir la Corriente". Según el sistema, es casi imposible para cualquiera que no “siga la corriente", llegar a ocupar altas posiciones. Por el contrario, aquellos que no comparten la opinión del grupo, se les fomenta inamistosidad considerable debido a su rechazo honesto e su impaciencia con la incompetencia o la corrupción, por sus “persistentes preguntas embarazosas”.

El hecho sobresaliente que oficiales militares de EUA no hablen en contra de las normas generales o decisiones que violan los principios morales o que no concuerdan con los mejores intereses de la nación, se diferencian de la conducta observada por oficiales del Ejército Canadiense.

En Canadá, el número de Almirantes o Generales que han expuesto públicamente sus carreras por asuntos de principio es mayor que el número de sus colegas en Estados Unidos. Esto concuerda con las observaciones del Coronel Field respecto a la falta de oficiales en la actualidad que poseen las cualidades de Billy Mitchell.

Merece considerarse también otro aspecto de la cuestión de "seguir la corriente". Debe tenerse presente que cuando las metas de una organización son de gran valía y sus medios y métodos son honorables, los integrantes pueden identificar fácilmente y asimilar los valores de la organización. Lo cual hace superfluo el insultante ruego o la actitud de “seguir la corriente". El hecho de que sea necesario coaccionar a los individuos para que "sigan la corriente", constituye un liderazgo deficiente.

Cuando los líderes de una organización se sienten amenazados por la contradicción a la innovación o, al contrario, observan el desacuerdo al cambio de la condición imperante con una actitud demasiado defensiva, consideran la falta de acuerdo como sinónimo de deslealtad. Entonces, crean una rigidez malsana que restringe rigurosamente las innovaciones, la tolerancia al cambio y, con ello, la efectividad de la organización.

Básicamente, las organizaciones militares premian y apoyan a aquellos que demuestran la mayor conformidad.

Nota: “Para los lideres, los conformistas hacen más fácil lo que se planea o el trabajo que se ejecuta, porque es una forma pasiva o ligera de oposición. Así no sean contribuidores a la ejecución pues, como mínimo, no son opositores. Pero estas personalidades también son perjudiciales a los objetivos, quizás tanto como los que se oponen. Por eso es que, en el campo militar, por el poderoso y primordial factor de la lealtad, todos tienen que contribuir al éxito institucional, que es la misión. Así disientan o sean indiferentes del “Que o el Cómo”, se ejecutará.

Que es la decisión que toma el Comandante. Que después de tomada se tiene que asumir como voluntad general de todos. Sin islas de disidentes, pasivos y, menos, de opositores. Porque prima el esfuerzo grupal para alcanzar el interés nacional.

Es en esto donde está la destreza o la deficiencia de un líder. Que es el saber cuánto debe propiciar o exigir el conformismo, al mismo tiempo que rechazar o estimular la disidencia. Por ello para un militar es fundamental ser diestro e inteligente en el manejo de los asuntos de comandar una fuerza militar. Lo que no es suficiente, como ya se dijo antes, simplemente con ser diestro en volar bien un avión. Es una buena ayuda pues forja la personalidad para la toma de decisiones de riesgo, rápidas, oportunas y acertadas. Pero que es solo una parte de las características fundamentales de un líder. Motivo por el cual es una especialidad y no el fondo de la profesión, en el rango de oficial, como militar FAC".

La recompensa a la falta de innovación. Ellas refuerzan o estimulan los comportamientos que, con frecuencia, son la antítesis de la innovación y de la efectividad. Así se recompensa al que siempre comulga con la organización, al hombre servil. Al individuo que nunca opina en contra, que no es en extremo puntilloso en sus funciones, no parlotea los procedimientos y solo repite los formalismos aceptados. La triste consecuencia es que la excesiva conformidad resulta en la pérdida de iniciativa y de ideas creadoras, innovadoras e imaginativas. Es decir, la clase de comportamientos audaces y decididos, que son necesarios para las realizaciones o logros significativos. Y para el incremento sorprendente de la efectividad de la misión.

Nota: "Es necesario no confundir la inclinación al rechazo obstinado de las tácticas o estrategias para salir victoriosos de un conflicto, sin razones válidas o por simple negativismo y pensamiento perdedor. Con el disentimiento constructivo para proponer mejores métodos para lograr el más alto resultado en la guerra. Donde el fin es lograr la máxima superioridad y éxito bélico. Para imponer la mejor condición que se tenía antes de iniciar la confrontación. El único objetivo valido y aceptable. Pues un conflicto es tan costoso y destructivo que solo por ello se justifica".

SUSTITUCIÓN DE LOS PRINCIPIOS POR LA POLÍTICA

Milicia y política. Una excesiva preocupación de un comandante por conveniencia u oportunismo, que se manifiesta al substituir los principios de la guerra con los protocolos políticos, constituye otra deficiencia visible del liderazgo. Es donde se explica, en buena parte, el proceder caprichoso y las artimañas que ponen en juego los oficiales superiores. Cuando las sensibilidades políticas son mayores que los criterios morales, la lealtad, los principios, las normas y los valores militares absolutos.

Nota: -"El General Gutiérrez, antioqueño, en la población de Abejorral durante la confrontación entre los estado de Antioquia y Cauca,  cuando se le propuso un diálogo inconveniente en ese momento para el fin primordial, dijo: "En la guerra los códigos se ponen debajo y las armas sobre la mesa". Con eso decidió que las guerras las evitan los políticos con los manejos diplomáticos, acuerdos, tratados y pactos. Pero cuando no lo logran y declaran el conflicto bélico, la política se aparta para dar campo a los manejos propios de la guerra. Los de la destreza militar. Hacer las dos cosas la vez: Inmiscuir las armas en la política o dejar que la política maneje las armas o, más grave aún, ambas al tiempo, son errores fatales. Por eso Santander se quedó gobernando en Bogotá y Bolívar se fue al sur con las tropas. Winston Churchill dijo: Se puede cambiar de partido por razón de los principios. Pero no de principios por razón de un partido”- 

Esta condición origina un sinnúmero de problemas tipo "Watergate" en miniatura. Crisis artificiales, distorsión y encasillamiento de la información, parroquialismo extremo e inversión de esfuerzos para acumular favores políticos.

Esta politiquería (Entendido como manejo ambiguo y errático de las ideas más para impresionar que para solucionar) del cuerpo de oficiales es causa de gran preocupación, pues constituye un detrimento inaceptable de la funcionalidad institucional, reduciendo la efectividad que propicia una integridad acomodaticia. En los casos menos extremos, viene a ser una habladuría, “tergiversando las palabras correctas". Que solo busca llenar su prestigio con tan solo apariencias visibles, pero sin mayores méritos profesionales. Para solo el interés de “impresionar a las personas idóneas".

Nota: “Los que buscan llamar la atención de comandantes de su interés por razones particulares (Promoción, asignaciones a cargos de prestigio o influencia, destinaciones a guarnición deseadas, misiones de menor riesgo). Algo bastante evidente en el sutil matoneo con burlas y chistes que demeritan a los demás para prestigiarse a sí mismos, a costa del desprestigio de los demás. Ante superiores que son necesarios para escalar posiciones. Las mismas que no les serán otorgados por sus escasos logros y méritos. La típica lambonería, y los cercanos círculos de amigos cepilleros que surgen alrededor de los mandos”.

Las consecuencias más desastrosas de substituir los principios con la política se demostraron traumáticamente durante la guerra de Viet Nam, cuando la generalización del engaño llegó a proporciones epidémicas. Parece que en esta guerra hubo más "decepción deliberada" en las esferas oficiales que en ninguna otra en la historia estadounidense.

Más reciente. La posición predominante de la política permanece inalterable con deficiencias y fracasos. La carencia de progreso, con frecuencia, es debido a los imperativos administrativos. Nota: “Las reglas inventadas por funcionarios incompetentes, pero innecesarios porque solo es para justificar sus cargos, con simple tramitomanía”. R.P. Dunwell ha descrito la milicia como una profesión sumida y contaminada de malos vicios políticos. Hasta el punto en que la excesiva influencia burocrática ha debilitado gravemente la capacidad militar de los Estados Unidos.

El Mayor G. J. Keegan llegó a la misma conclusión con respecto a la efectividad del servicio de inteligencia de EUA. Subrayó que al estar sumamente influenciado por la politiquería, las agencias del servicio nacional de inteligencia habían reducido sorprendentemente la eficacia.

RETORICA VERSUS REALIDAD

La retórica, de los líderes a cargo de la defensa, afirma equivocadamente que la capacidad humana (Más que en las armas) constituye el recurso primordial estadounidense. Es al contrario. El General Lew Alien ha indicado, repetidas veces, que la capacidad estadounidense descansa más en sus recursos humanos que en las armas. Que nuestra mayor ventaja sobre la Unión Soviética consiste en el calibre de nuestros hombres.

Se ha señalado que la Fuerza Aérea, en la actualidad, depende en gran medida del personal idóneo teniendo en cuenta la reducción del 30% del personal ocurrida durante la última década. Especialmente cuando ha sido en el equipo de humano de la más alta tecnología y la escasa dotación militar. Declaraciones similares de otros altos jefes pueden encontrase en las publicaciones de actualidad de la Secretaría de Defensa de EE UU.

Los derechos civiles. Las únicas privaciones de los derechos constitucionales aceptadas por el personal militar son la coartaciones sobre la libertad de expresión. Las actividades partidos políticos. Las condiciones de vida trabajo. Los sacrificios y rigores extraordinarios en los comandos de combate y algunas funciones en el servicio de apoyo. Sin embargo y a pesar de las declaraciones sobre el escaso recurso humano, la aceptación de las coartaciones de los derechos civiles, Nota: “Como en Colombia la negación del voto militar” y los riesgos de la profesión militar, hay poca prueba tangible que esas ideas se hayan traducido en realidad. En términos de recompensas intrínsecas o hasta adecuada compensación manifiesta.

La relativa disminución de estas compensaciones durante el decenio de 1970 vino a combinarse con la perdida de incentivos ocasionada por la acción del personal burocrático y de líderes ineficientes, que ha dado lugar a un clima de motivación de nivel bastante inferior.

Las severas restricciones de estos incentivos intrínsecos, la drástica reducción de oportunidades para mejorar, en el uso de valiosas habilidades para ejercer la iniciativa, la participación y el autocontrol, han causado una realización marginal del potencial humano.

Centralismo absorben y delegación. Aunque unos pocos dirigentes de la Fuerza Aérea han hecho esfuerzos para descentralizar y restaurar la autoridad de quienes están más próximos a ellos, estos empeños no han llegado a penetrar hasta el punto en que tengan un importante efecto saludable. En su mayor parte, tales empeños han sido neutralizados por acciones contradictorias a niveles intermedios del mando.

Así mismo, las sofocantes obstrucciones burocráticas oprimen la motivación intrínseca e impiden la plena utilización de las capacidades y talentos humanos. Por ejemplo, en el campo de investigación y desarrollo (I+D), la dirigencia de la Fuerza Aérea ha llegado a señalar los mayores problemas de gestión en la creación de un ambiente que promueva y estimule ideas nuevas e innovadoras y un medio adecuado para propiciar la labor científica de alta calidad.

Basta ya de habladuría altisonante. La burocracia encargada del desarrollo e investigación está sumida en microgestión, excesiva reglamentación e inspección, propensos al extremo procedimentalismo. Que, en conjunto, constituyen barreras formidables al ambiente innovador y científico de alta calidad que propugnan los tratadistas.

Así es que en realidad, el lenguaje ampuloso hace hincapié en la importancia y valor de los recursos humanos. En tanto que la realidad revela un cuadro de abandono en cuanto a las compensaciones manifiestas y extrínsecas, que enaltecen la vida.

Lo real y lo ideal. La discordancia, entre el campo profesional ideal y el real, es obvia. Se patentiza tanto en los oficiales habilitados para volar como los oficiales de apoyo. Los dos se sienten frustrados por la falta de control sobre el exceso de normas de trabajo, la inflexibilidad de la alta dirección y por la insuficiente autoridad de decisión.

La Fuerza Aérea ha advertido a sus oficiales que no sufran temores por los errores. Una persona que esté buscando una carrera libre de errores, probablemente, es porque no está haciendo nada. Así mismo, la Fuerza Aérea insta a sus miembros a que se arriesguen a hacer innovaciones. A concebir nuevas ideas y a crear métodos para hacer mejor las cosas.

He aquí, otra vez, que la retórica es indudablemente válida. Pero en la realidad el sistema es tan rígido e intolerante, respecto a los errores, que son muchos los oficiales que “juegan al seguro", permaneciendo tímidamente indecisos hasta que pueden obtener suficiente consenso.

Nota: “Muchos son totalmente pasivos e inactivos hasta cuando solo han logrado un respaldo y consentimiento suficiente para actuar. Los paraliza el miedo a equivocarse buscando tener una hoja de vida exenta de deméritos. Pero, igualmente, sin méritos. Como si ese fuese la única manera de hacer méritos. Actitud que hacen de ella su norma de vida en espera de lograr el puntaje necesario para ascender. Es su idea fundamental. Una simple forma de sobrevivir que nada aporta al crecimiento institucional. Al contrario, lo perjudica”

El problema de retención refleja otro caso de desequilibrio entre retórica y realidad. La inhabilidad para atraer y retener personal idóneo está bien documentada. La compensación inadecuada y las truncadas oportunidades para el verdadero mejoramiento y participación han contribuido enormemente al éxodo de los profesionales preparados. Que son tan indispensables para lograr la efectividad de las misiones y ventajas científico tecnológicas de la Fuerza Aérea.

Nota: “Desde un comienzo hemos dicho que la mayoría de las instituciones bien estructuradas, duraderas y, por ello, prestigiosas (Cargos  públicos, la milicia, la religión, el gobierno, la política, el magisterio, etc.) son apetecidas por bastantes personas de poco talento. Por los que se sienten incapaces de tener éxito en la vida corriente. Aun con buena preparación. Eso debido a su temor de fracasar en el medio social independiente. Las consideran un buen escondedero a sus debilidades porque en ellas es fácil pasar desapercibida su poca idoneidad y aptitud, quizá por lo masivas en recurso humano. O como un medio para sobrevivir y superar su falencia.

Por eso estas instituciones tienen que cuidarse de no permitir el ingreso de personas con manifiestas incompetencias. Ya que son realmente pocos quienes ingresan con sincera intención de "vocación" profesional de servir, antes y más que como una oportunidad para devengar y tener con que vivir. Muchos más en las militares donde el sacrificio, el riesgo, la austeridad y el abnegado patriotismo, le son inherentes.

Razón evidente por la cual ha sido su antigua tradición y dogma, el tener sus propias universidades. Institutos que, casi siempre, son internados para lograr la dedicación exclusiva y la disponibilidad permanente a la academia y a la formación integral. Prefieren dictar su propia capacitación a los aspirantes. En ellos, con su filosofía de vida totalmente diferente borran el perfil mental con que llega el alumno nuevo, para implantarle la propia. Donde tiene que predominar el mejor espíritu de cuerpo, el sentido de pertenecía, la lealtad, la doctrina patriótica y la firme confiabilidad en su desempeño. Partes importantes del Código del Honor del Cadete.

Aunque hay que aceptar, también, que dentro de los aspirantes, no altamente dispuestos a esa vida de entrega, algunos terminan asumiendo las cultura interna, logrando la realización de una vida llena de satisfacciones y realizaciones personales y profesionales, por el servicio prestado”.

El General John Roberts ha subrayado este extremo al decir que el interés es solo de boca para afuera respecto a las reivindicaciones legítimas que origina desencanto y problemas de retención.

La laguna entre retórica y realidad se extiende aún más allá de los confines militares, pues afecta gran parte de nuestra sociedad. Una consecuencia grave de esta condición es el declinamiento de la confianza en nuestras propias instituciones militares. Pero sobre todo de las instituciones gubernamentales. Nuestra juventud, en particular, se inclina a la hipocresía, la decepción deliberada y la falta de integridad. La substitución de los principios con la política y la disparidad entre retórica y realidad, son mayormente la causa de que nuestros jóvenes estén desencantados con el gobierno.

La hipocresía y la resultante pérdida de fe en las instituciones militares se traducen en graves problemas de reclutamiento y retención, como los que se experimentaron en años recientes.

OBSESIÓN POR LA APARIENCIA O LA IMAGEN

El mejorar nuestra de la apariencia, a expensas de lo sustancial, ha venido a ser una forma prevalente en el behaviorismo (la conducta) en los organismos militares. La idea que los demás tienen de nosotros debe ser un subproducto de la capacidad real. La elevación de dicha idea para alcanzar estatura como meta o finalidad de por sí puede llegar a ser muy costosa.

Muchos males de la burocracia pueden atribuirse a la propensión a establecer y mantener una imagen de eficiencia y efectividad irreal. Una dirigencia o gestión eficiente se mide en términos superficiales que corresponde a las medidas del proceso administrativo. De tal forma que las medidas del proceso de gestión son sustituidas por cifras válidas del mérito o por criterios de efectividad. Tales como la ejecución de las misiones. Las excelencias cuantitativas y cualitativas. Los avances científicos y tecnológicos. La amplitud y la profundidad de las innovaciones. El mejoramiento de la capacidad operativa, etc.

El resultado primordial del pensamiento con miras a la imagen propia consiste en que la “gestión” se torna en el producto principal. Nota. En lugar del principal: El logro de la “misión”.

La preocupación con la imagen y el proceso estimula la promulgación de posiciones de gestión y del personal. Estas posiciones y el énfasis en el proceso funcionan en reciprocidad creciente. Cada posición genera actividad adicional con mira al proceso, necesidades de información y redundancia interna. La actividad adicional del proceso a su vez produce y justifica el aumento de posiciones del personal y la dirección o gestión.

Los distintos niveles de burocracia y el apasionamiento por trivialidades relacionadas con la imagen se interponen a las funciones lineales o de misión primaria, al crear una marisma de microgestión, ejercicios de planificación, requerimientos de informes, Briefing (Charlas cortas de coordinación o evaluación), revisiones de gestión, papeleo, etc. Luego, para asegurar un cumplimiento estricto, el Inspector General realiza revistas minuciosas y tediosas orientadas con vista al proceso. Nota: "El simplemente funcional, no lo importante, que es lo misional. Orientadas solo a la búsqueda del error para descalificar o sancionar. Pero no para corregir y, por ello mejorar. Menos del éxito para reconocer.

La realidad es que en el área de investigación y desarrollo, la labor del Inspector General es una actividad casi totalmente con vista al proceso.

Una consecuencia especialmente insidiosa de la proliferación y obsesión de la dirección y el personal con los procesos, es la falta de responsabilidad y autoridad que es tan prevalente en las organizaciones militares".

Evaluación. Otra grave consecuencia de la obsesión con el realce de la apariencia o imagen, es la tendencia a relegar a un segundo plano los problemas arraigados referentes al personal o la organización. Como ejemplo en este caso, tenemos las calificaciones de la actuación del personal. No hay la menor duda que el referido sistema de calificaciones de la Fuerza Aérea resulta inadecuado. No obstante, no se han logrado soluciones duraderas con bases científicas.

La calificación de la actuación del personal es la piedra angular vital de casi todas las decisiones importantes relativas a la carrera del personal.

Además, la efectividad de la estructuración de recompensa institucional y su fuerza de motivación están relacionadas directamente en tanto en cuanto a las valiosas recompensas (Ascensos, reconocimiento, premios, privilegios, etc.) dependen del desempeño en el trabajo. Sin embargo, los sistemas de recompensa basados en el desempeño o actuación no son posibles sin una válida calificación del desempeño mediante un análisis franco y abierto.

La evaluación del desempeño del personal es esencialmente un problema métrico altamente complicado que requiere los esfuerzos concertados de mentalidades con gran talento científico. Es necesario un esfuerzo intensivo y sostenido por parte de profesionales con gran preparación para formular o crear sistemas de calificación del desempeño que tenga validez científica y cuantitativa, credibilidad de la dirección, campo operacional, así como la aceptación del personal objeto de la evaluación.

Otro serio problema de organización se refiere a la necesidad de establecer una base científica mejorada para las prácticas de liderazgo y gestión. Como en el caso de la calificación del desempeño del personal, se requiere un continuo e intenso programa de investigación sobre organización que utilice expertos científicos de alto calibre, en vez de un tratamiento superficial y arbitrario.

El ambiente o atmósfera imperante en la organización creado dentro del marco del trabajo mediante la síntesis del estilo de liderazgo, prácticas de dirección y normas de organización y estructura de unidad, puede tener una influencia decisiva en la efectividad del personal.

Con pocas excepciones, la Fuerza Aérea ha hecho frente a estos problemas fundamentales de personal y organización utilizando un enfoque de grupo especial de trabajo. Se ha creado así un manto de actividad frenética perfectamente visible; pero ha habido poco progreso significativo hacia la solución de los problemas a largo plazo.

Estos grupos especiales, ad hoc, de trabajo no han llegado a disponer y llevar a cabo las continuas y necesarias investigaciones a fondo y pericias que se requieren para lograr mejoras substanciales y duraderas. Consecuentemente, la Fuerza Aérea no ha podido adaptar las prácticas de dirección y los ambientes de organización a las características singulares de sus variadas misiones y personal para lograr la estructura institucional ajustada totalmente idónea para producir una efectividad superior.

Actualmente no existe en la Fuerza Aérea programas de investigación y desarrollo de alta calidad con plena amplitud (con inclusión de aplicación y análisis de las reacciones) referente a liderazgo, gestión, motivación, atmósfera desorganización y el desempeño del personal. Es también lamentable la falta de esfuerzos científicos y sistemáticos para seleccionar, evaluar y aplicar en la Fuerza Aérea las investigaciones sobre personal y organización realizadas por otros laboratorios e instituciones.

Sin estos programas, los jefes de la Fuerza Aérea carecen del conocimiento tecnicocientífico en cuanto a gestión que se requiere para lograr la óptima efectividad de organización y el máximo rendimiento del potencial humano.

La imagen. Otros importantes detrimentos relacionados con las actividades de realce de la apariencia o imagen incluyen el mal empleo de la fuerza de trabajo, el desperdicio de los recursos materiales, y la pérdida de respeto y confianza en la dirigencia.

Es más, el interés excesivo de los oficiales superiores en su imagen, origina un efecto contagioso que hace que el realce de la imagen sea el interés primordial de los elementos subordinados del mando. La utilización completa y racional de nuestros escasos recursos humanos exige que los intereses centrales estén en consonancia con las responsabilidades de misión importantes y no con asuntos superficiales o periféricos.

La influencia combinada de todos los aspectos del realce de la imagen, en términos de reducción en la efectividad, en el uso inapropiado de recursos humanos, y en la pérdida de confianza en la dirigencia, es de proporciones substanciales.

El General David C. Jones ha identificado una de las causas del problema y ha descrito su efecto principal así:

“Si tratamos tan siquiera de hacer de la perfección una norma, correremos el riesgo de crear presiones artificiales para el personal y nos concentraremos más en la imagen que en lo substancial. El "síndrome de la buena apariencia" es el enemigo de la integridad personal y de la confiabilidad profesional”.

Los enfoques en lo superficial y en el realce de imagen nunca proporcionan soluciones duraderas a los problemas. Temporalmente los problemas pueden nublarse por componendas de corto plazo. Pero los mismos ocurrirán con toda seguridad y con frecuencia traerán graves consecuencias. Se deberá restringir el énfasis en la forma y la estructura.

Se ha de enfocar principalmente en el fondo y no en la forma. En el contenido de los problemas. El buen aspecto, el llenar el expediente y el dar la apariencia de calidad, deben reemplazarse por una fuerte motivación para lograr una fidelidad genuina en todos los aspectos para el logro efectivo de la misión.

Las cinco manifestaciones de liderazgo deficiente se combinan e interactúan para crear pérdida de confianza y crédito en los líderes. Prácticas de dirección inapropiadas y perjudiciales, y ambientes institucionales hostiles al desempeño efectivo y al máximo rendimiento del potencial humano.

El General George Brown, ya fallecido, resumió varias ventajas importantes que el personal militar estadounidense posee sobre el personal similar soviético.

Estas ventajas son: haber sido criado y educado en la sociedad estadounidense. La mayor voluntad para asumir responsabilidades. Independencia de criterio y acción. Flexibilidad e iniciativa, así como la habilidad para innovar cuando lo requiere la situación.

Lamentablemente, estas mismas cinco deficiencias de liderazgo, crean condiciones que restringen la aplicación para que aporten una ventaja decisiva.

Estados Unidos afronta problemas sin precedencia durante la próxima década, lo cual incrementa sorprendentemente la urgente necesidad de corregir nuestras deficiencias de liderazgo, y de invertir la tenebrosa tendencia hacia la perdida de nuestra superioridad militar y tecnológica.

Comentario del Comandante Robert J. Holub

EL ARTICULO "Liderazgo Deficiente. Un Gran Peligro para EUA" es uno de los más poderosos artículos que he visto publicado en una revista de la Fuerza Aérea. Agradezco al Teniente Coronel G. E. Secrist, por resumir tan completamente todas mis frustraciones con nuestro liderazgo militar actual.

El defecto que rotuló: "Obsesión con el Realce de la Imagen" o, como me gusta llamarlo, “El Síndrome de Lucir Bien”, me llegó al alma. Es ironía trágica que este artículo apareciera al mismo tiempo que altos oficiales de EUA tuvieron que defender su actuación en la masacre de los Infantes de Marina en Beirut.

Frases como "ninguna defensa absolutamente", "no hubo manera de evitarla" ni “que pudiéramos haber previsto el ataque", aparecieron en la prensa, ofrecen poca esperanza de que aprendamos duras lecciones de este trágico evento.

Nota: “Como el desastre del ataque enemigo a la Base Militar de Las Delicias, ubicada en la orilla del río Caquetá. Que lo pudimos evitar cuando nos percatamos de su vulnerabilidad. Pedimos tomar medidas de protección con una retirada táctica preventiva, que no hicimos, y luego nos disculpamos”.

Según mi experiencia personal, yo he visto edificios pintados y después destruidos, cercas tumbadas y levantadas tres veces diferentes. Miles de bordillos o andenes limpiados con arena a presión, y letreros pintados de nuevo por razones estéticas. Todas estas acciones fueron en nombre del embellecimiento de las instalaciones bajo un mando que se lamentaba por escases de municiones y piezas de repuesto. Escoger entre varias más cajas de municiones fue evidente que "lucir bien" había vencido.

Miles de copias del Reglamento “Fuerza Aérea 35-10, Vestuario y Apariencia Personal”, se han impreso y distribuido al personal de la Fuerza Aérea. Me gustaría se prestara igual atención a trabajos como el artículo del Coronel Secrist. Se debería remitir una copia a cada uno de los oficiales en la USAF.

Según el texto del artículo. "Una crisis de liderazgo de magnitud substancial ha puesto a Estados Unidos en un gran peligro". Estoy absolutamente de acuerdo. Base Aérea Langley, Virginia

El Comandante Holub es  asesor del Comando Aéreo de Transporte Militar (MAC). Destacamento 6. Jefatura del Servicio Meteorológico Militar.

Nota: El artículo fue traducido por el Mayor USAF Gregory III cuando se desempeñaba como asesor en el Escuadrón de Entrenamiento de Vuelo en CATAM a donde fue destinado en comisión por petición de apoyo que hizo la FAC a la USAF. Y como instructor de C – 130.

Observó que muchas de nuestras limitaciones eran similares a las de ellos. Por eso tradujo este artículo publicado en una de sus muchas revistas militares que le eran enviadas para repartir como contribución adicional al mejoramiento profesional.

En él se evidencia la coincidencia de la problemática humana. Donde se ve que los militares solo nos diferenciamos en la forma de pensar. Porque en lo demás del ser humano, somos los mismos en todas partes. 1978.

miércoles, 26 de agosto de 2020

 

 

"LO QUE EL CIELO NO PERDONA"

Sacerdote Fidel Antonio Blandón Berrio

(La narración sobre “La Violencia Política” en el occidente de Antioquia)

Capítulo XVIII

¡Loor a las Fuerzas Militares!

Colombia perdió su prestigio en el concierto de las naciones y había despedazado sus propias conquistas en todos los campos. Pueblos, aldeas y caseríos convertidos en ruinas. Millares de hombres vilmente asesinados. En este libro se da una idea de lo que era Colombia en aquella época nefasta y su fin es que, al amparo de nuestras gloriosas Fuerzas Militares, reconozcamos “en el corazón de la infinita amargura de esta etapa siniestra” luchemos sin tregua por corregir tan bárbaros errores. Para que todo aquello de lo que apenas he dado una borrosa idea y que se estaba acabando con nosotros NO VUELVA A OCURRIR.

Desde que se desató la inclemencia, todos los colombianos cifraron su esperanza en las Fuerzas Militares, FF MM. Confiaban en que llegaría un día de libertad en que un hombre daría el grito de libertad de paz y de justicia. Nadie sabía, pero esta fecha sería el 13 de junio de 1953. Ni que ese hombre se llamaría el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla.

Las gentes humildes, que se veían obligadas a escoger entre la muerte y la fuga, pusieron sus esperanzas en los Soldados de la patria. Todos clamaban por un golpe militar. La historia de esta hecatombe tiene muchos ejemplos de casos extremos y de vidas que se salvaron por la intervención de los militares. De una circular de las guerrillas de Yacopí al pueblo colombiano, el 1 de agosto de 1952, se saca siguiente testimonio:

“A los miembros de las FF MM (Ejército, Marina y Aviación), que os deis cuenta del momento histórico que vivimos y que comprendáis el anhelo de todos los colombianos para que no sigáis sacrificando valiosas vidas para la patria en aras de un gobierno despótico y antipopular, amparado por un mito de jerarquía, que la razón y la conciencia condenan. Sabemos que en vuestras filas militan hombres de bien. Muchos de los cuales han visto destruir el hogar de sus mayores y salir desterrados a sus seres más queridos del lugar nativo, buscando refugio en las ciudades y una tranquilidad que no encuentran.

Sabemos de vuestras protestas calladas y de vuestra inconformidad. Vosotros aún podéis detener este torrente de sangre y darle paz a nuestra bella Colombia. Teniendo presente que si cumplís con el deber, que la patria os manda, terminará la matanza entre hermanos”.

Casi con idénticas palabras se expresó el jefe de las guerrillas del Suroeste de  Antioquia (Juan de Jesús Franco, llamado el “Capitán Franco”, desde Urrao) en carta al gobernador militar varias veces citada. Le recalca que la guerrilla estaba librando la misma batalla que el Ejército culminó incruentamente el 13 de junio. La prueba de que el aserto de que todos los colombianos tenían puestas sus esperanzas en los militares, fue el júbilo y el alborozo que la patria entera recibió este acontecimiento salvador.

Con la misma confianza con que se había botado a todas las plazas de todas las calles para ofrendar el aplauso multitudinario de su admiración y de su gratitud al egregio mandatario militar que recibió la misión sublime de rescatarla y devolverle la paz.

A través de la historia política de Colombia la lucha entre los dos gloriosas colectividades tradicionales en que se divide la opinión ciudadana se ha convertido casi siempre en la más grosera pugna. Ha sido la endemia, y la gangrena nacional.

Una y muchas veces el Ejército Nacional, por su patriotismo bolivariano y por su alto concepto disciplina, ha sido la única solución de nuestras contiendas políticas internas. A pesar de que también ha habido ocasiones en que uno u otro de los partidos ha logrado corromper el sagrado espíritu militar en beneficio de sus intereses facciosos con perjuicio de la democracia. No ha sido este fenómeno en si una falla de las Fuerzas Militares, sino un crimen de lesa patria, que han cometido unas veces los liberales y otras veces los conservadores.

Este relato largo apenas bosqueja los pocos casos de un pequeño sector del país. Son un testimonio irrefutable los extremos de barbarie criminal a la que llegó la rivalidad entre los partidos. Utilizando el uno y el otro método más antipatrióticas más primitivos y vulgares, para lograr sus fines egoístas y sectarios.

Solapadamente se llegó a la extrema y aviesa intención de querer profanar la disciplina y la moral de nuestras FF MM, poniéndolas al servicio de los intereses politiqueros para su propio beneficio. La conscripción militar se hacía con miras a formar un Ejército parcializado de secta. Dando de baja prominentes oficiales de toda graduación por el hecho único que tenían política distinta a la del partido gobernante.

A otros se les envió con criterios de selección política como carne de cañón al frente de Corea. A cambio de los soldados de nuestras filas militares las Naciones Unidas ONU, dieron a ese gobierno un equipo de armas modernas que se utilizó en nuestra propia patria para la lucha contra ella misma y matar miles y miles de sus propios hijos. Se humilló a oficiales y soldados. Se negaron sus merecidos ascensos y se les desconsideró porque calculaban que no eran adictos a ese nefando gobierno. Ni podían, como hombres honrados y militares dignos, estás de acuerdo con las infamias que por doquier se cometían.

Pero al frente de las Fuerzas Armadas había un hombre digno de ver y de responsabilidad que supo mantenerse a la altura de su misión, preservando el Ejército de la corrupción política y formando en cada soldado una convicción profunda de patriotismo y disciplina. “El Ejército Nacional fue adquiriendo una fisonomía civilista, de absoluta imparcialidad política, que lo ha colocado en una posición de ejemplo ante el mundo entero”. Bajo la inspiración de su comandante General había llegado a ser completamente ajeno a la política. Pero en un momento en que el sectarismo no respetó el noble espíritu militar colombiano y la política reinante emplazó sus baterías contra el ejército.

Este, “que hasta donde había podido se había mantenido al margen de la lucha, se encontró de pronto con una confusa situación espectador y de actor. Espectador del grave proceso, dándose cuenta de que la locura de unos cuantos estaba precipitando una crisis sin precedentes dentro de los valores morales y jurídicos del país. Y actor, porque como guardián de las instituciones, le correspondía defender al gobierno contra los ataques de una fuerza armada (Nota: Se refiere a las guerrillas de autodefensa liberal que se habían fugado al monte para salvar sus vidas de la persecución de los gobiernos conservadores de Ospina Perez y Laureano Gómez) que se iba haciendo cada vez más numerosa”.

Aquí estaba el problema delicadísimo que el Ejército tuvo que afrontar. Pues por disciplina tenía que defender al gobierno, pero el gobierno está violando todos los principios de la constitución nacional. El Ejército y su glorioso comandante se dieron cuenta de su misión trascendental y de su deber de poner coto al desenfreno de salvar la República. Afortunadamente las FF MM tenían respaldo absoluto e irrestricto de las grandes mayorías de la población del país. Y de todas las masas, inclusive el movimiento guerrillero nacional que sólo confiaba en las FF MM  y que estaba librando conscientemente la lucha que ella debía coronar.

El gobierno (conservador)  se dio cuenta y comenzó por halagar y hablar a las Fuerzas Armadas, pero cuando vio que este juego no le daba resultado, optó por decapitarlas y purgarlas poco a poco, hasta llegar a su comandante General. En vano había intentado mucho antes hacer una división en el seno mismo del Ejército. Pero antes que todo, hay que hacer notar, para gloria de las FF MM, que jamás tuvieron ambición de mando, y que sólo buscaba rescatar y salvar la República a sus principios soberanos.

Una y otra vez procuró el gobierno desembarazarse del General Rojas Pinilla, alejándolo del país con infantiles caramelos, para quitarle su influencia en el Ejército. Primero se intentó enviarlo a Guatemala en condiciones degradantes para el Ejército. Y subordinado a políticos de partido para buscarle, luego, un “Tenete allá”. Después se le quiso nombrar Jefe del Estado Mayor Interamericano, en Washington. Y Urdaneta (encargado por Laureano de la presidencia argumentando males de salud), presionado desde los entretelones por el basilisco (Laureano), quiso obligarlo aceptar el nombramiento. Afortunadamente, toda la oficialidad se dio cuenta de la trama eximida sin miras de ninguna clase, todas las FF MM respaldaron, como un solo hombre, a su egregio comandante.

Pero con profundo sentido diplomático y con perspicacia, Rojas Pinilla se dio cuenta de la delicada situación del gobierno y, para evitarle una caída prematura, tuvo la abnegación y el heroísmo de aceptar el puesto en el exterior. Cuando regresó, en 1952 encontró la situación todavía más delicada, y quiso, inclusive, dimitir, lo cual no ocurrió. Y por eso la cobardía de aquel binomio presidencial Gómez/Urdaneta temía por todas partes.

Lo que querían era alejarlo del país. En abril de 1953 se intentó enviarlo a Alemania en misión especial, pero los altos militares, nobles en todo momento, descubrieron la trama de siempre. El ministro de Guerra Bernal, tenía gran interés en que el General saliera para ese viaje. De ahí que, en pleno aeropuerto de Techo y a punto de salir, el militar canceló su viaje, leal y heroicamente presionado por los oficiales bajo su comando. La Asamblea Nacional constituyente de Laureano Gómez y Roberto Urdaneta se reuniría 15 de junio de 1953. (El gobierno tenía interesen reformar la constitución que favoreciera a su gobierno. Supuestamente con el argumento de poder disponer del medio legal de sacar al pueblo de su desgracia. Pero la intención real era la de aumentar la autoridad para arreciar la persecución de la oposición ejercida por el partido liberal).

Pero había un obstáculo grave muy visible: el Teniente General Gustavo Rojas Pinilla. Hombre ecuánime y militar con doloroso de alto prestigio. Su prolongación era el Ejército Nacional en persona. El Ejército había labrado y sostenido la nacionalidad y era defensor neto de la constitución. (El General Rojas estaba enterado de la realidad que acontecía en muchas alejadas provincias de la nación. Sus subalternos, oficiales nombrados de alcaldes militares y muchos Sargentos envidados en comisiones de pacificación a diverso municipios, rendían sus informes periódicos sobre la situación en esos lugares.  Donde se había recrudecido la violencia entre las autoridades oficiales conservadores usando, con mucha frecuencia, la violenta Policía Política, Popol o "Chulavita", y entre los llamados “Bandoleros Liberales” o “Guerrilla” que se defendían de la persecución).

El General era, pues, una influencia reguladora y vigilante de un peligro que el gobierno debía evitar a todo trance. ¿Cómo? ¡Decapitando!. No había sido posible alejar a al jefe del Ejército del país con ningún motivo. Por ello las maniobras de tramoya, que tendrían que aprobar los genuflexos constituyentes, corrían peligro ante la ecuanimidad y honradez del comandante General de las FF MM. Se lo llamaría entonces a calificar servicios, y si en el caso, se le sacaría del medio con algunos jefes políticos, poniendo a un comandante ya aleccionado del lado del gobierno nacional.

Todo era sombrío y negro en los horizontes de la patria, enloquecida, llena de sangre y de muerte. Las perspectivas eran macabras: Se recrudecería la violencia hasta los últimos confines para lograr el triunfo absoluto de la secta gobernante. ¡Colombia sería un cementerio grande, una tierra arrasada, un campo desolado donde las camarillas podrían reinar sin opositores, cantando un triunfo ya anunciado por los siglos de los siglos!

¡Pero el hombre propone y Dios dispone! El 12 de junio se había hecho una procesión al santísimo de reclamos y súplicas fervientes de plegarias y de lágrimas para que salvase la nación. Y el que nos había enviado a Colón y después nos envía Bolívar y redimido en Boyacá, nos tendió su protección divina y soberana. Envió ahora un hombre valiente sin miedo, ecuánime y digno de que abatiera el nombre de la misma Patria y para siempre el basilisco.

Y dejara oír su voz vibrante y firme de paz, de libertad y de justicia: “¡NO MÁS SANGRE. ¡NO MÁS DEPREDACIONES A NOMBRE DE NINGÚN PARTIDO POLÍTICO! ¡NO MÁS RENCILLAS ENTRE HIJOS DE LA MISMA COLOMBIA  INMORTAL!”. (Frases del discurso de posesión del General Rojas Pinilla).

Todo este libro: La barbarie, la masacre, las ruinas y la sangre que se derrama por sus páginas, sólo tiende a mostrar el abismo de odios, de depredaciones y venganzas que nos libró este hombre grande. Este hombre ilustre. Este hombre heroico, emulo de Bolívar y de Córdoba. Tan grande como el andamiaje de los Andes colombianos. Tan noble como el Cid. Tan inmenso como nuestros mares. Tan sublime como nuestros cielos de tul algodonal. Tan valiente como el cóndor de nuestras cimas. Tan diáfano como nuestros ríos libertarios ondulados de epopeya. Como sólo puede serlo él, nuestro glorioso presidente Teniente General Gustavo Rojas Pinilla. Y las nobles Fuerzas Militares de Colombia. Ante quienes, como homenaje de admiración, laudanza y gratitud, en el primer aniversario del 13 de junio de 1953, se arrodilla este libro.

El autor: Sacerdote Fidel Antonio Blandón Berrio. Bogotá 13 junio de 1954.

Nota nuestra: Por causa y razón de este testimonio, terminado de escribir y comenzado a publicar en Julio de 1954, tuvo inicialmente cuatro ediciones por parte de la editorial ARGRA. Ejemplares que ya son patrimonio cultural e histórico de la nación, bajo el seudónimo de Ernesto León Herrera debido a las amenazas proferidas contra el autor. Posteriormente se han hecho varias ediciones adicionales. La última y más completa es la octava edición por Uniediciones en el año 2010. Y ya bajo el nombre propio de su autor como homenaje pos morten a su coraje. 

El sacerdote Fidel A. Blandón B. fue perseguido durante años que lo llevaron a tener que esconderse en diversos sitios alejados y en pequeños poblados. Incluso, en el monte. Utilizando, también, el seudónimo de profesor “Antonio Gutiérrez Berrio”, se dedicaba a fundar pequeños colegios en distintos poblados de Colombia para sobrevivir. Ya que también fue condenado por su propia iglesia y muchos de sus compañeros sacerdotes y hasta obispos. Pueblos y colegios que abandonaba en la medida en que era localizado, amenazado y hasta apresado por las autoridades. O los fanáticos políticos de los gobiernos entre el final de la década de 1940 y la de 1950.

Persecución que lo llevó a largo recorrido de lugares, que en su orden son: Juntas, Santa Rosa de Osos, Dabeiba, Peque, Urama, Medellín, Peque, Medellin, Bogotá, Cúcuta,Villa del Rosario, Pamplona, El Carmen (Santander), Serranía de Bobalí, Motilonia, Bucaramanga, Pailitas (Cesar), El Difícil, Santa Marta, Bogotá, Santa Rosa de Viterbo, Bogotá, El Difícil, Santa Marta, Medellín, Facatativá, Cundinamarca. Donde finalmente falleció el 3 de diciembre de 1981 . 

No sólo es un testimonio del horrible dolor que se vivió, especialmente, en el centro y suroeste de Antioquia, sino de lo que está contado en otros libros, sobre la hecatombe, en gran parte del territorio nacional, en el tiempo de la cruenta violencia política (Tolima, Viejo Caldas, Santander y Valle del Cauca, en especial). Durante todo el contenido de la obra se hacen grandes reconocimientos a la labor de las FF MM durante ese pavoroso período de nuestra historia.

Su capítulo dieciocho y final, es el más explícito reconocimiento a lo que hicieron las FF MM para sacar al país de sus momentos de oscuridad y barbarie, que de no haberse hecho, habrían llevado a la patria a la segura destrucción. (Homenaje literario y documental que ofendió a los partidarios del caudillo Laureano Gómez y por ello la persecución posterior, casi que de por vida, contra el Prelado).

Es aquí donde se pone en evidencia la nobleza del campo militar cuando todo el pueblo está sumergido en la más grande incertidumbre sobre su presente y su futuro. Una de las muchas y graves oportunidades donde nuestros soldados han salvado la nación. Por eso es necesario recordar estos episodios de la historia que nos enseñan mucho sobre cuál es el camino más seguro para nuestras vidas y la felicidad del pueblo colombiano.

En el párrafo final del prólogo de la primera edición, su autor Gonzalo Gutiérrez Gutiérrez, consignó las siguientes palabras, que desde el inicio del libro disgustaron al gobierno nacional. Y a los fanáticos del partido conservador que apoyaron a Laureano Gómez durante el tiempo esos acontecimientos:

“Todo el libro es un elogio a la obra libertadora del Teniente General Gustavo Rojas Pinilla y la campaña de restauración que en un año han librado las gloriosas Fuerzas Militares, sacando a Colombia en la abyección y la barbarie. De esta misma forma queda todo dicho y cumplido mi deber de escribir el prólogo para esta obra”. Bogotá, Julio de 1954.

Recomendamos leer el libro. Este resumen, que de él hemos hecho, es para facilidad de los interesados en no olvidar nuestra real historia. Aunque su versión original cautiva, por lo realista y local, la atención del lector interesado en nuestra suerte. “Una realidad que supera la ficción”, Gabo.

También la demostración de como Colombia es una nación de ciudades que viven aisladas del campo. Hasta el punto que en grandes los cascos urbanos existe un cultural desprecio al agro. A pesar de que su subsistencia depende de lo que en las zonas rurales se produce. Esa rechazo y xenofovismo interno también ha sido fuente de la violencia. Que no terminará hasta que no consolidemos un único y homogéneo pensamiento nacional y patriótico.  

En especial de los mandatarios que por desconocer la realidad han repetido muchas veces los mismos errores en los posteriores 60 años. Durante los cuales  resurgió el terrorismo insurgente y subversivo. Que mezcla la violenta ideología comunista y ahora Socialista, Progresista y Modernista, según los cambios de nombre para camuflarse, para continuar la desgracia. 

Y la causa irrefutable de que no hayamos logrado erradicar la barbarie y el terrorismo. En gran parte estimulados por ideologías que hacen apología de la violencia, la destrucción y el delito como forma de vida. Que desconocen el sentido de la verdadera y valida civilización humana

Es también nuestro deseo que se cumpla el propósito final de su sufrido autor por ser firme a su vocación de servir al ser humano: Para que “NO VUELVA A OCURRIR”.

Coronel Iván González. Medellín, 26 de agosto 2020.

ADVERTENCIA:

Algunas de las imágenes agregadas a continuación, son bastante fuertes y pueden impactar la sensibilidad del lector. No se han incluido en el texto para ponerlas solo al final. Así pueden ser consultadas solo a discreción del lector. Pero son parte de la obra original y una prueba fiel de lo que en ella se cuenta. De tal manera que no hay ningún propósito de morbosidad amarillista o complacencia por impresionar intencionalmente sin necesidad.

Además son la demostración del coraje de los feligreses que tuvieron la entereza de contar la historia. Así puedan afectar a algunas personas delicadas por lo evidentes. Es una explicación no pedida pero indispensable, así como inevitable por ser circunstancial.

 










lunes, 24 de agosto de 2020

LAS CUALIDADES DEL COMANDANTE

 

EL COMANDANTE Y SUS CUALIDADES

En la crónica “Ideas Raras”, compartida en este mismo blog, expusimos los motivos por los cuales, siendo alumnos, no éramos bien calificados en el área militar para ser aceptados para ingresar al  rango de oficial. El que corresponde a la parte directiva de la Fuerza Aérea.

Según nuestros superiores del momento éramos deficientes en el arte del “Mando”, que es tan fundamental en una institución militar.  Uno de esos motivos era el comportamiento que habíamos mostrado, en el último año de alumno, en el ejercicio de la autoridad. Lo cual se debía a nuestro desacuerdo con la manera de cómo se nos exigía hacerlo.

Comenzando porque no se nos había dado ningún tipo de iniciación teórica ni intelectual sobre el tema. De cómo se consideraba que se debía hacer y cuáles eran los estándares, doctrinas, dogmas institucionales y, sobretodo, los niveles de calidad exigida. Todo era misterioso en ese aspecto y por ello era errático. Ni siquiera existían instructores bien preparados y con amplia experiencia en el tema.

Para agravar la situación, cuando se pasaba de cadete antiguo al rango de alféreces o cadete de último año, con el fin precisamente de aprender y comenzar  a ejercer el “Mando”, sin ninguna capacitación introductoria en el tema, como ya dijimos, éramos los aprendices quienes debíamos demostrar a los superiores que el novato si tenía esas virtudes y destrezas. Pero solo de origen innato y espontaneo. No dirigido y adiestrado con antelación.

Por lo cual todos intentábamos hacerlo comportándonos de la manera más burda, improvisada y errática. Hasta el punto como para que, muchos años después en el mismo EMAVI, en una charla de almuerzo sobre el tema con un veterano y muy inteligente excomandante FAC, recordó su época de alumno contando en algunas ocasiones esa situación había llegado a ser francamente retrógrada.

Por supuesto que eso facilitó que entre nosotros, los compañeros de promoción y eso era lo acostumbrado  hacía tiempo, se generalizó, que el arte se aprendía solo haciéndolo con los demás cadetes menos antiguos. Así resultase en un grotesco comportamiento. En especial con los de primer año más tolerantes y dispuestos a aceptar las exigencias caprichosas. Incluso hasta el abuso agresivo y poco ecuánime.  En ocasiones bastante humillante usando la amenaza atemorizante de descalificación.

Ya que si no se podía expulsar al alumno por las deficiencias reglamentarias también estaba disponible el acoso sicológico. La inquina y el matoneo grupal y social, protegidos bajo el concepto de la subordinación irrestricta a todo aquel que dispusiese de un mayor grado militar. Así no lo respaldase con distinción profesional y calidad intelectual o espiritual. Lo cual terminaba en persecución actitudinal.

Algunos con pésimos antecedentes en formación eran bastante ásperos para mandar. Y aunque se nos había comentado al ingreso que debíamos borrar todo lo aprendido y los prejuicios que se nos habían dicho sobre la vida militar, porque se nos enseñaría toda una nueva filosofía de vida y de pensar, se toleraba las malas costumbres en la manera de mandar.

Muchas veces insoportable para el joven e inexperto alumno que causó muchos retiros de Escuela. Lo cual se evidenció en el hecho de que solo casi una tercera parte de los ingresados nos graduamos. Y estos no porque fuésemos los mas brillantes y selectos. Pues tenemos la convicción que mucho de los que no lo lograron eran excelentes aspirantes a ser oficiales. Pues tenían las calidades y cualidades para serlo. Pero prefirieron partir pensando que el ambiente era totalmente contrario a sus convicciones y méritos personales. Sintieron que nunca se adatarían a un entorno que les era inaceptable.

Los que soportamos la hostilidad, en gran medida, también fue por simple resistencia, y hasta por necesidad y no tanto por idoneidad intelectual, académica o de inteligencia. Pues es también de admitir, que un cuartel no es, ni es necesario que sea, propiamente un centro académico ni de sabiduría. Conceptos que se afianzan posteriormente con la edad. En especial cuando se ingresa a la vida de las Reservas.

Una desviación momentánea de la línea de exposición. Confesamos que en nuestro caso personal y entre varios motivos para persistir, fue la vergüenza que nos causaba el tener que regresar a la familia, de donde salimos contradiciéndola, con cara de derrotados y con el rabo entre las patas. Ellos nos habían insistido en que no aspiráramos a la profesión militar. Por los peligros que en esa época existían, más que ahora, aunque  todavía los hay, motivo por el cual no era una profesión con muchos aspirantes. Solo algunos con sentimientos más patrióticos que económicos. Para nosotros fueron los dos. Según ellos el militar no era bien calificado y apreciado socialmente y por lo cual poco retribuido.

Pero tercamente insistimos porque creímos fielmente que era una maravillosa forma de servir y de realización personal, a si fuese bastante austera materialmente. Que era más por vocación, como así lo fue finalmente, que por profesión. Y en este aspecto creo que todos nuestros compañeros de promoción, igualmente lo sentían. Tanto los que terminamos de Reservistas, habiendo hecho el recorrido completo, como los que se retiraron antes. Y bastante más los que por sacrifico al servicio entregaron sus vidas.

Regresamos al tema. Entonces, era el ejercicio de la autoridad por la vía del miedo. Pues con ello el Alférez quedaba  muy bien ante sus superiores que se habían ahorrado el esfuerzo de enseñar, especialmente con su ejemplo, como son las Características del Buen Comandante. Lo cual les resultaba imposible demostrar porque tampoco se lo habían explicado. Menos preocupado de aprender por su cuenta para trasmitirlo a sus dirigidos. Solo unos pocos eran buenos por naturaleza propia. Para el resto, la gran mayoría, eso era una teoría totalmente desconocida y casi que un arte de brujería.

Por ello habían optado porque los alféreces o cadetes de último año, aprendieran por si mismos haciendo su libre albedrío. Sin importar los graves errores que cometieran por ensayo/error, con los demás cadetes.  No solo exigiéndoles hacerlo como pudieran y tolerándole sus errores y su falta de idoneidad.

De todo eso éramos conscientes. Pues habíamos, afortunadamente,  aprendido bastante al respecto antes de ingresar a la Escuela Militar de Aviación,  en otros institutos de estructura casi que idéntica a la castrense. Donde el ejercicio de la autoridad es más por la vía de la convicción, como frecuentemente lo hemos expresado, que por la de la imposición ruda y grosera. Que recurre, incluso, afortunadamente pocas veces, hasta la degradación de la persona, cuando un superior bruto es incapaz de hacerlo correctamente. Pero con inevitable necesidad de hacerse obedecer de cualquier manera para impresionar y calificar. Sin recatar técnicas de sometimiento.

Lo que después, cuando ya éramos oficiales en ejercicio, a bastantes compañeros de curso les era motivo de retiro voluntario del servicio. Algunos decepcionados con el ambiente laboral, bastante pesado. Debido, en gran parte, al deficiente uso de la autoridad. Una manera de deserción formal y leal,  que no se expresaba de manera oficial y abierta pero si era motivo de conversiones privadas. O, por lo menos, de actitudes que lo indicaban subliminalmente. No habían encontrado ambiente propicio para armonizar sus logros personales con los de la misión institucional.

Retiros que resultaron muy costosos  a la nación. En el caso de los pilotos, el país pierde un calificado capital humano en el que se ha invertido bastante dinero y tiempo. Quienes terminan beneficiándose indirectamente, es la aviación comercial. Por ese medio adquiere un valioso recurso no solo  técnicamente bien preparado sino humanamente bien formado. Así la sociedad recupere en algo los gastos causados en la instrucción y el entrenamiento de los pilotos militares. Pero se supone que el gobierno debería obtener un mejor aprovechamiento social de la inversión de sus recursos económicos por conducto de la aviación militar.

Por ello, luego, nos dimos a la tarea de lograr el automejoramiento en el tema. Pero ya sobre el ejercicio de la autoridad con lo poco aprendido en la escuela para dar ejemplo de cómo no se debía hacer. Pues un error en ese aspecto deja rencores y secuelas mentales en los subordinados que pueden quedar para toda la vida militar. Y eso hace que la profesión, muchas veces, sea simplemente tolerada por necesidad personal que por satisfacciones y realización de satisfacciones profesionales. Somos conscientes que únicamente logramos un mediano grado de perfeccionamiento. Pero en algo superamos esos traumas de estudiantes debido a la deficiente ilustración y manejo pedagógico, cuando fuimos alumnos.

Por ello, ahora, recordamos algunas de las ayudas que usamos para ilustrar a los que fueron nuestros dirigidos. En un tiempo en el cual no existían las modernas, ilustrativas e impresionantes facilidades de los computadores y de los sistemas de información modernos. Son casi que una curiosidad de antigüedad pues en el Internet existen muchas y mejores facilidades que estas. Sin embargo, por ser principios universales no pierden vigencia. Incluso, así su presentación sea más bien ordinaria. Creemos que a alguien le pude ser útil este compendio de conceptos tan discutido de “Las Características del Comandante”.