AERONAUTAS Y CRONISTAS

sábado, 8 de marzo de 2014

SUR PARTE 12 Y 13



PARTE 12
CAPTURA DE AVIÓN ENEMIGO CON CAÑÓN DE GUADUA Y BATALLÓN COSTEÑO
•         No era el único enfermo, casi todos lo estaban. Aquello más que un batallón, parecía un inmenso hospital. El Coronel Gálviz se dirigió por radio al Ministerio de Guerra, solicitando aviones para evacuar los enfermos graves hacia los hospitales del interior. A menudo los aviones del gobierno transportaban por la frontera periodistas y hasta mujeres con el objeto de que dijeran lo contrario en sus entrevistas con los periódicos capitalinos. Sin embargo al coronel Gálviz le contestaron que no había aviones.
•         Entre el ingeniero Juan B. González y un tarro de guadua, capturaron a un aviador peruano con su aparato. El aviador acuatizó en las aguas, sobre el río Caquetá, según dijo, lo había hecho desorientado, creyendo que aquello era una guarnición peruana. El tarro de guadua estaba ahí sobre dos ruedas de madera, simulando un cañón, lo que asustó a nuestro hombre. En el último momento quiso arrancar vuelo nuevamente, pero fue obligado atracar con el argumento más convincente y positivo de la pistola del ingeniero González. Llevado a Puerto Leguízamo se le instaló en el mejor aposento del hospital María Teresa, con una guardia especial. Los oficiales colombianos le hacían visita y le prestaban novelas. Después lo enviaron a Güepí con un teniente y unos cuantos litros de aguardiente.
•         "Uno de Tropa" fue nombrado guarda de almacén de vestuario y equipo que era todo maremágnum. Se dio a la tarea de organizar aquel manicomio y lo consiguió de tal manera que parecía hasta estético. En el mes de noviembre del año 33 se aproximaba el momento del relevo para aquellos pobres soldados que languidecían de fiebre y el deseo de volver a sus hogares. En este mes le correspondía al batallón de antioqueños puros "El Girardot" y a los pocos santandereano de "El García Rovira", que más que los soldados antioqueños eran "mas machos" pero indisciplinados. Quizá por el carácter peculiar de su raza altiva y dominadora, no consentían que se les mandara.
CARTEL LLAMANDO A LA DEFENSA NACIONAL

•         Empezaron, entonces a ser evacuados los enfermos en pequeños grupos. Las penalidades del retorno eran muchas, pero en nada comparables a las pasadas. "Uno de Tropa" ya había sido atrapado por las enfermedades de la manigua. A pesar de las fiebres violentas no quiso ir al hospital. En el almacén dormía y cuando la fiebre lo agobiaba, deliraba entre unas y otras dosis de quinina.
•         También llegó una compañía de costeños que iba destinada al Putumayo. Su entrada al puerto fue algo conmovedor. Eran los primeros soldados que llegaban hasta Caucayá en vehículos de ruedas. Por la carretera entre el Puerto Leguízamo y la Tagua. No parecían soldados sino un grupo de abigarrados que si hubiera tomado como pordioseros. Con los trajes deshilachados y sucios que decían de las penalidades del viaje. Los presentó ante el Coronel Gálviz, el teniente Carreño. El Coronel preguntó: porque vienen tan sucios y rotos. Ellos contestaron: esto es porque venimos desde Barranquilla. En todas las guarniciones hemos pedido y en ninguna se nos ha dado nada. Y así siguieron rumbo a Tarapacá. Con los mismos vestidos que llevaban sobre sus carnes sudorosas desde hacía dos meses y en un viaje a través de toda la República.
•         Para colmo de sus torturas, el Teniente que los comandaba se portaba mal con ellos y multiplicaba las asperezas de su diaria jornada. La suerte le llegó en Tarapacá. Acaeció en el Putumayo, este oficial que no supo comprender a sus heroicos soldados que, aunque pudieron salvarlo no lo hicieron y lo dejaron perecer, sordos a sus gritos de auxilio.
•         El Capitán Moreno Díaz y el Teniente Rojas llegaron de El Encanto. Poco después de ellos vinieron unos soldados evacuados de la misma guarnición. Contaron que el Capitán lloraba en El Encanto como una niña lamentándose que no iba salir vivo de aquel lugar. Rojas atropelló a un soldado y para qué los compañeros de este, justamente enojados, no encaran el incalificable abuso de autoridad, lo trasladaron. Un émulo de aquel, el Teniente Gómez Solórzano ensayaba las ametralladoras colocándolas sobre las espaldas de sus soldados y que por faltas baladíes, los azotaba con sable, en medio de la jornada.
•         Al teniente Rojas le oyó "Uno de Tropa" llamar a un suboficial y como éste no parecía ligero, gritaba desaforadamente: Donde se meterá es hijo de puta que no viene, que no viene? Lindo modo de tratar a la tropa en campaña y en aquellos climas. Y esto no es sino un detalle que pinta la serie de humillaciones a que estaban sometidos los soldados colombianos que ya temían más a los jefes que al enemigo. Después nos culpan de no tener patriotismo, decía el Cabo Gómez al ver esto.


PARTE 13
LOS DE LA RESERVA. EL ESPECTÁCULO AÉREO Y LA PISTA
• Un Cabo primero se enloqueció, el cabo 501, todos lo miraban lastimosamente. De los oficiales que llegaron con "Uno de Tropa" estaba uno de los últimos que quedaba aún en la frontera. El Capitán le dijo que fuera a recostarse en unas pajas, pero este le contestó, echándole madrazos, que qué le pasaba. Que más bien se fuera a buscar marranos a la selva como lo hacía "Uno de Tropa". Los soldados se reían socarronamente pero no por mucho tiempo porque después cada uno se llevaba su buena parte. También se enloqueció el soldado Mantilla y en un viaje a "El Encanto" no volvió más. Por no alcanzar los favores de una india se voló los sesos de un tiro de fusil, en el puerto de "Calderón".
•         Llegaron los oficiales de la Reserva. Apuestos, elegantes, enguantados y limpios. Formaban un contraste irrisorio con el ambiente lluvioso y las veredas enlodadas de Caucayá. Hablaban melosamente al Coronel para que no los enviaran a sus respectivos destinos en la frontera. Vivian aterrados del contacto con los moscos y de la proeza de haber llegado al Putumayo. Se sentían héroes y miraban a todo el mundo con desdén, como desde un pedestal. En tres meses los habían hecho oficiales y tenían que aprender de sus subordinados hasta las voces del manto. Así eran muchos aunque no todos los oficiales de la Reserva.

 
MANIFESTACION DE RESPALDO EN MEDELLIN

•         El coronel Gálviz fue el valiente y noble comandante que tuvo que abandonar a los pocos soldados con los que llegó a Puerto Leguízamo. Había ya que una verdadera guarnición militar, con campamentos, con casinos, con hospitales y hasta con una tentativa de urbanización general. Le dijo a "Uno de Tropa" que en el próximo grupo de evacuados lo pondría listas. Al Coronel Gálviz del batallón Pichincha número 10, se le debía, más que a nadie, el progreso de Puerto Leguízamo. Para no hablar sino de uno de los sectores en que el Coronel Rubén Galvis puso directamente su mano, su recia voluntad de trabajo y de progreso.
•         Los aviones colombianos dieron un espectáculo emocionante: seis aviones de caza y dos de bombardeo, se mecieron sonoramente sobre la esmeralda de la selva. Los primeros parecían enormes coleópteros, con su garbo su velocidad asombrosa. Pesados se mostraban imponentes y potentes. Los segundos, acuatizaban abriendo en las aguas tranquilas del pardo río, un asa profunda que se rellenaba con rabiosos remolinos de espuma, semejante a blanco acervo de algodón deshilado. Tras unos pocos minutos de demora en Puerto Leguízamo siguieron su rumbo veloz al bajo Putumayo.
•         Comentario. LA PISTA. Años después construyó una pista para aviones con ruedas, al lado del pueblo y perpendicular al rio Putumayo. La primera parte era en subida y la otra horizontal. De tal manera que cuando se aterrizaba el piloto solo veía la primer parte dando la impresión que el avion C 47 no alcanzaría a frenar por la poca distancia disponible que podía ver. Después de llegar a la otra mitad aparecía el resto para alivio del piloto cuando ya creia llegar al final sin detener el avion. Por este efecto visual, un avion se estrelló intentando un aterrizaje demasiado corto en el cual pereció uno de los pilotos de la FAC por los comienzos de los 70.
•         Como en el área es muy difícil conseguir piedra y el suelo es de arcilla roja expansiva, que es muy lisa cuando se moja por las frecuentes lluvias en invierno, se cubrió con una maya de gruesa lámina de hierro perforada. De las usadas por las tropas de MacArthur en el Pacifico durante la segunda guerra mundial.  Esta lámina traqueteaba estruendosamente cuando el avion la pisaba a alta velocidad. Con los años se oxidó y el peso del avion levantaba puntas filosas. El piloto debía frenar con mucho cuidado para no cortar las llantas del avion. Los lugareños la soldaban lo mejor que podían puesto que de no repararla el avion no llegaba. Servicio aéreo fundamental para la superveniencia de la región, de la colonización y, por supuesto, de la soberanía nacional. Muchos años después los ingenieros militares construyeron la actual en pavimento. Fin de comentario.

viernes, 7 de marzo de 2014

SUR PARTE 10 Y 11



PARTE 10
LA VISITA DEL COMANDANTE
•         Llegó el soldado Villegas deportado. Era antioqueño y venía castigado porque en Puerto Boy estaba enseñando a manejar una ametralladora a unos cinco civiles que se lo solicitaron. El contador era Bejarano y estableció una venta de cigarrillos en el comisariato. Tenía un genio de alacrán y trataba mal a todo el mundo. Éste Bejarano había sido arriero antes y le parecía que tratar a la gente era lo mismo que tratar recuas de mulas.
•         La navegación en el Putumayo había mejorado lo mismo que sus afluentes en el Caquetá. En vez de las balsas pesadas y perezosas, había dos motores Johnson de 32 a 60 caballos de fuerza. Además los cañoneros "Barranquilla", "Santa Marta" y "Cartagena", le dieron a Colombia el pleno dominio de la navegación en el Putumayo, pues los peruanos no tenían sino viejas y pesadas lanchas de transporte y canoas. (Comentario: estas cañoneras estaban en Leticia pero el presidente Olaya Herrera dio la orden de enviarlas al Putumayo porque consideraba que eran una demostración de fuerza desproporcionada hacia los peruanos que no favorecía las relaciones diplomáticos. El puerto quedo desprotegido y los peruanos se los tomaron. Por eso "Uno de Tropa" se las encontró en Caucayá cuando llego a ese puerto sobre el Putumayo. Estos se los cuento mas claro en otra crónica). Daba lástima verlos pasar por la orilla opuesta, frente a Caucayá, moviendo trabajosamente sus canoas al impulso de las palancas.
•         Por aquellos días, a principios de noviembre del año 33, se anunció la visita a las guarniciones del general comandante de brigada. Un día cualquiera el general Dousdebés apareció acompañado de algunos oficiales. Se desmontó de la volqueta que lo trajo y casi inmediatamente se dirigió al casino de oficiales. En realidad los soldados no pudieron darse cuenta de la personalidad de este general que sin duda sería bondadoso, si no miente la regla que exige que todos los hombres gordos son bondadosos. Se demoró una semana larga y luego de Caucayá partió al interior.
MANIFESTACION DE RESPALDO EN BOGOTÁ

•         Antes de su partida, los oficiales de la exposición quisieron hacerle una demostración que "Uno de Tropa" no entendió si era de agradecimiento por haber venido a visitarlos o porque se iba ya. Para estas bodas de Camacho el Capitán Tovar Díaz le encargó a "Uno de Tropa" conseguir la cerveza y éste lo hizo gustosamente. Después de que se fue el general, le cobró al Capitán Tovar, quien le dijo que estaba haciendo las colectas entre los oficiales pero que algunos se negaban a pagar, alegando que no habían tomado cerveza o bien lo hicieron muy poco. Así fue como "Uno de Tropa", un ignorado miembro de la tropa contribuyó, sin sentarse a la mesa, a un banquete en honor del comandante de brigada. Y todavía le debe los siete pesos de aquella cerveza. Capitán Tovar, con este párrafo la cuenta queda saldada.


PARTE 11
CACERÍA PERDIDA
•         1 enero 1934. Aquel día convino "Uno de Tropa" con algunos compañeros, de no poner más en sus cartas “Caucayá” si no “Puerto Leguízamo", que era el verdadero nombre que tenía en honor de un soldado colombiano, Un héroe en defensa de su bandera.
•         Un sábado en el mes de enero salió, en un potrillo, Putumayo arriba, hasta la desembocadura del Caucayá a la casa de su amigo el indio y el colono Castillo. Luego, en compañía de sus amigos y de los indios emprendieron el viaje rio arriba en busca de las "los coches", lugar destinado para la cacería. Se hizo de noche y a las 10 se acercaron a una orilla y colgaron sus hamacas de los árboles más cercanos. Uno de los indios exclamó: vamos a matar "Paujil", Sargento y éste asintió. A poco habían matado dos bellos ejemplares de aquellas aves negras de cuello blanco. Las pusieron en la raíz de un árbol y continuaron tras de otra pareja que cantaba cerca y que no consiguieron. Cuando regresaron no encontraron sino las plumas de los paujiles que habían dejado antes.
•         El tigre está cerca. Ha comido cacería, dijo el indio aterrorizado. El colono explicó: el tigre no ataca por lo regular al cazador pero lo sigue mañosamente leguas y leguas para aprovechar sus descuidos entre la selva y robarle la cacería. Es muy raro que ataque un cazador para quitarle su presa, y si lo hace, basta con arrojarle está para quedar fuera de peligro.
•         Pero continuaron rio arriba hasta un punto en donde hay un zanjón lleno de agua, rastrojos y palos secos, que tendría 1m de anchura, que penetraba hacia el interior de la selva. La entrada a “la Cocha” que tomaron las canoas por el zanjón apartando ramas y palos. De repente apareció la Cocha. Éstas uno de los espectáculos más maravillosos de la selva. Después de la estrechez de aquel cordón de agua por donde se penetra, se presenta a la vista, súbitamente y en pleno corazón de la manigua, un extenso lago bañado por el sol, circundado por hermosas palmeras de yaripa y animado con cantos de patos, trabas, garzas, lobos de agua, nutrias y uno que otro caimán.

MEDIOS Y CAMINOS DELLEGADA

•         Los cazadores enfilaron sus armas sobre una manada de lobos que huían. De la primera descarga, tres lobos hundieron sus cuerpos pesados entre las ondas pero no por eso lo hicieron los restantes. Al contrario rodearon las canoas resoplando rabiosamente con intención de atacarnos. A tiros lograron rechazar a sus enfurecidos pero poco peligrosos enemigos. De entre las aguas rescataron dos de los muertos antes, los cuales fueron izados a las canoas por sus colas en forma de remo perfecto.
•         Una vez en el río propuso Castillo que se acercaran a la otra orilla y penetraran a la selva para más cacería. Llevaban cuatro horas de marcha, cuando exclamó Castillo: estamos perdidos, Sargento. "Uno de Tropa" le dijo: tú llevas años en la selva y debes conocerla así que guianos. El colono partió sin replicar y el Sargento lo siguió silenciosos. A las seis de la tarde no había encontrado el río y se encaramaron en un árbol a dormir. Se amarraron con vejucos para no caerse y pasaron la noche despiertos.
•         Cuando aclaró emprendieron la marcha. Iban hambrientos y decaídos. Encontraron un árbol de "Juan zoco" que produce frutos agradables pero no tenía. Le abrieron la corteza y brotó una leche blanca y espesa que tomaron en hojas. Estos los rehízo aunque puso en tensión los músculos de su cara y los obligó a ser ridículos visajes para moverlos pues una vez seca la leche sobre los labios, se endurece como caucho. Después de ocho horas de marcha, se movían penosamente con los trajes desgarrados y enlodados. El colono subió a un árbol y bajó desconsolado: no he visto sino árboles. En un lodazal encontraron las huellas de una danta. Por la tarde se dispusieron nuevamente a dormir debido al terrible cansancio.
•         Amaneció al tercer día. Llovía copiosamente y se desanimaron más aún. No se sentían con fuerzas para continuar la marcha. A las 11 de la mañana salió el sol. El Sargento puso su fusil vertical hasta que el mecanismo marcó su sombra sobre el suelo: ya tenía la dirección del sol. Se orientó y propuso ser el guia. El colono convino y emprendieron la marcha. A las cuatro de la tarde hallaron el río Caucayá. Se pusieron a derribar un árbol con el objeto de hacer una balsa y echarse rio abajo. En eso estaban cuando llegaron los indios que los buscaban hacía dos días. El indio Julio traía pescado seco al humo con un desagradable sabor. Pero lo comieron rotundamente.

SOLDADOS COLOMBIANOS CONSTRUYENDO UN PUENTE

•         "Uno de Tropa" llegó a Puerto Leguízamo, ácido por la fiebre se presentó al oficial de servicio, relatando su tragedia. Éste le dijo, usted no se perdió sino que se emborrachó, le dijo el Teniente Moreno Córdoba. Después lo miro atentamente y al ver su estado lamentable, lo envió acostarse. Y en verdad en parte cierta por cuanto "Uno de Tropa", hastiado de aquella vida maldita, se había vuelto un borracho empedernido.

miércoles, 5 de marzo de 2014

SUR PARTE 8 y 9



PARTE 08
TARAPACÁ
·       "Uno de Tropa" fue nombrado guarda de almacén general de armamento. Bajo su responsabilidad estaba algo más de 1.000 fusiles oxidados y casi perdidos a causa el clima. Ametralladoras, morteros, dos viejos cañones de 75, unos cuantos fusiles peruanos y más de 1 millón de cartuchos. El almacén de armamento era un rancho pajizo y desvencijado que dejaba pasar el agua por todas partes mojando los preciosos elementos allí guardados. Se dio a la tarea de asear y engrasar aquellas armas, que dan la garantía de victoria sobre el enemigo. Soldados convalecientes le ayudaban en aquella tarea.
 ·  Un cauchero es el corregidor de Puerto Leguizamón, pero explota a los indios. Antes de empezar el conflicto había sido cauchero al otro lado del río. Pero solo con ello no hace sino adaptarse al medio. En la selva no es más ley que la del más fuerte. No solo los peruanos han matado indios en estas soledades. También lo han hecho nuestros compatriotas. No diga eso, mi Sargento, le dijo uno de los ayudantes. Pues no sólo lo digo, sino que lo escribiré algún día.
 · El aserrío funcionaba incesantemente. El tractor que andaba trabajosamente la trocha a la Tagua traía los víveres. Sin paraR los campamentos se construían. El lento repiqueteo de los martillos era un mínimo del progreso futuro. En esta tarea modesta pero meritoria se consagraron tres hombres: el Teniente Moreno Córdoba, jefe de la Comisión de armamento. Y el Sargento Primero Varela, modesto hombre que por humilde solicitud se omite. Tampoco se descuidaron por el Coronel Gálviz los otros factores del progreso de la guarnición.

· Llegaron unos pocos soldados evacuados del Amazonas. Contaban sus proezas en la selva y sus padeceres. Les preguntamos cómo fue la batalla de Tarapacá. Nos contestaron: miles de pesos gastaron municiones contra una zanja vacía.
 ·       Comentario: el general comandante de las tropas colombianas le dio un tiempo de gracia al destacamento peruano que lo ocupaba para evacuar. Al otro día atacó pero en la noche los peruanos habían abandonado la base y por esto el combate fue al aire porque no había enemigo que los confrontara. Claro que el informe al gobierno se redactó en el sentido de haber sido vencedores. 
  Un Teniente se hizo héroe porque corrió una cuadra con la bandera en alto en aquel combate sin enemigos. Lo único original que hubo en la campaña del Amazonas fueron las sirenas del corresponsal Felipe Lleras Camargo. Y los partes bélicos del General Vázquez Cobo, junto con lo que dejó de relatar Lleras Camargo en sus reportajes. Estos malditos rajan hasta del Papa.
 ·       Aviones peruanos habían volado sobre el territorio de Colombia cerca de la guarnición de Monclar. Resurgieron las esperanzas de guerra. Dieron la orden de disparar sobre las facciones del enemigo que sobrevolaran sobre nuestro territorio. El Coronel Gálviz con una compañía pesada y unas cuantas decenas de infantes, marchó a Güepí (una guarnición peruana aguas arriba del rio Putumayo desde Caucayá, a mitad de camino a Puerto Asís) en el cañonero “Barranquilla", a pedir satisfacciones a los peruanos. Los que quedaban despidieron a los expedicionarios como si viajaran a la muerte.


 TROPAS COLOMBIANAS MOVILIZANDOSE
·       Más de 300 peruanos habían pasado en lanchas frente a Puerto Leguízamo y debía estar Güepí convertido en una fortísima posición. La ansiedad de pistolerismo duró por dos días. Al cabo de ellos llegó el valiente comandante con sus tropas. Venía radiante. Los peruanos habían dado toda clase de satisfacciones y habían evitado con ello que el Barranquilla solo, pero tripulado por un puñado de valientes, se estrellará contra la barranca que antes había tomado los colombianos atacándola con toda clase de armas. El "viva Colombia", que retumban los aires levantó en los espíritus una alegría orgullosa y patriótica.
 ·       "Uno de Tropa", cuando llegó a la frontera, no tenía habilidad para montar siquiera una canoa grande pero con el tiempo se fue acostumbrando y ya era capaz de manejar hasta "potrillos". Todos los domingos y días de fiesta salía de cacería y se divertía especialmente en la pesca en compañía del negro Orovio y, a veces, del colono y del indio Julio. Para su salida preferida era al río Caucayá, vecino al puerto y con pescado. Siendo que es el único lugar del Putumayo donde existe alguna cacería. El Caucayá es quizá una de los ríos más vellos de aquellas regiones. Tiene unos 20 m de ancho por unos 25 como promedio de profundidad. A menudo se copian en sus aguas quietas, las siluetas traviesas de los monos que corren entre las ramas de una orilla a la otra.
PARTE 09
EL INCENDIO
• 
    Un domingo salió con el negro Orovio a pescar lanzando tacos de dinamita. Un hermoso “puño" se debatía a pocos metros en los espasmos de la agonía. Orovio lo cogió abarcándole la cabeza. El pez, sin olvidar su instinto, arrancó un pedazo de palma de la mano de un bocado. Orovio dijo: maldita sea. Tiene hambre hasta para morirse. "Uno de Tropa" le dijo burlonamente: “Le has proporcionado la última cena para morirse”, mientras le vendaba la mano con un retazo de su camisa. Se fueron a la chosa del colono Castillo donde tenía una chagra con yuca, plátano y coca. Hicieron un banquete digno de un gastrónomo. Durmieron toda la tarde en los chinchorros y antes de oscuras se regresaron a Caucayá.

•         Se llegó la hora de partida de Starke. Había sido su amigo y partía ahora. Starke que era un alemán, aviador de la Guerra Mundial. Aventurero de todo el mundo y por lo tanto desengañado, materialista y escéptico. En Caucayá fundó una fábrica de gaseosas desde tiempos del comando del Coronel Gálviz. Después de este alemán no había en aquel tiempo más persona interesante en Caucayá, que el Negro Neiva, desgarbado y huesudo. Parecía una calavera embetunada andando en zancos. También había estado en la Guerra Mundial y era masón.

•         Emilio Murillo, llegó con un par de vitrolas viejas y unos discos más viejos todavía. Era un antioqueño, negociante en limones y naranjas podridas. También trajo algunos comestibles, semillas y aguinaldos para las tropas. Los discos y algunas semillas los dejó Murillo abandonados en un cuarto, de donde los soldados se las robaron. Las semillas, lechugas y tomates en su mayoría, las sembró "Uno de Tropa" en la chacra del colono Castillo y estas fueron las primeras hortalizas que se dieron en aquellos lugares.



 TROPAS EN EL FRENTE

En la madrugada se dio la voz de fuego. Se empezaba a incendiar un rancho contiguo al almacén de víveres. Un instante de desesperación en el cual se creyó que volaría el puerto, pues debajo del almacén de víveres estaba el depósito de gasolina para uso del tractor y los motores. Pero los soldados valientes y conscientes de la pérdida que significaba aquello, sacaron velozmente esta gasolina con grave peligro sus vidas. Entrar por entre un rancho de paja encendido a sacar unas canecas de gasolina, es como coger en la mano una bomba de dinamita con la mecha prendida. Se salvaron también algunos víveres. "Uno de Tropa" juntó sus fuerzas a las de sus compañeros. Se le quemó la camisa y con las espaldas desnudas, tiznada y sudorosas, no dejó de prestar su concurso hasta que el fuego fue dominado.

•         Aquel incendio sirvió para que se organizara el almacén de víveres, que de ahí en adelante funcionó bien, especialmente para que el almacenista lo disfrutaban con las pocas mujeres de Caucayá. La que él prefiriera era seguro que ponía tienda con mercancías iguales a las del almacén de víveres de la tropa.