AERONAUTAS Y CRONISTAS

domingo, 8 de diciembre de 2013

EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO. CAPITULO 9


EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO

CAPITULO 9

 

·       El informe del juez Paredes tenía por objeto probar que las condiciones que existen en el Putumayo son las mismas que ayer reinaban antes de la llegada de Casement. Dice Paredes: “los criminales fueron remplazados por otra clase de hombres, ignorantes y mal remunerados, los cuales, si no continúan ejecutando los actos abominables de sus predecesores en el exterminio de los indios, no harán ciertamente, nada en favor de ellos”. Antes de dar la acción tomada por el actual gobierno nadie pretendió reprimir los crímenes cometidos en el Putumayo, ni castigar a los criminales, y mejorar la condición a los desventurados indios.

·       Las exclusiones dadas al juez Paredes por su gobierno antes de que emprendiera al Putumayo, le ordenaron proceder con prudencia y discreción para no hacer daño a la Compañía Arana, ni alterar la obra de nuestras guarniciones quienes cumplen deber patriótico defendiendo esa remota frontera de nuestro territorio. Estas instrucciones confirman que existía una conspiración general basada en motivos, que ya viles, por parte de todos aquellos que quieren mantener la jurisdicción peruana del Putumayo. Y ese sostenimiento de jurisdicción era logrado por medio de guarniciones militares formadas por hombres a quienes se les denominaba con el nombre de Soldados Caucheros.

 
IMAGEN 17

·       En otra parte de su informe, refiriéndose a los negros de Barbados, el doctor Paredes los llama las hienas del Putumayo. Cuando sir Roger Casement quiso poner los negros bajo la jurisdicción de los tribunales de Iquitos, se contestó: “el Perú y las autoridad judiciales no pueden obrar en regiones que quedan fuera de su jurisdicción”.

·       Unas veces cuando era para explotar el caucho y esclavizar a los nativos colombianos, era jurisdicción peruana. Y cuando se trataba de castigar a los criminales no era jurisdicción peruana. Esa ha sido una mentalidad astuta, acomodada, cambiante y perversamente calculadora, la de los peruanos desde cuando Bolívar y el ejercito neogranadino fue burlado por los peruanos. Nunca han tenido principios ni constancia ni dogmas o fundamentos constantes y confiables de carácter. Por eso Sucre debió cobrarles con todo rigor y sin ninguna compasión su mentalidad ventajosa y atrevida después de la batalla de Tarqui, donde los venció categóricamente. Mentalidad muy propia de las costumbres de los pueblos aborígenes precolombinos y mesoamericanos.

·       Una de las razones que hacían inútiles los esfuerzos del gobierno fue la exportación de los negros barbadenses. Con ello perdieron los tribunales peruanos una importante fuente de información. Casement apoyó esta expulsión porque creyó que con ello se lograba el primer paso para disolver esa cuadrilla de asesinos. Fue una extradición inconveniente. Además había una especie de convenio tácito para negar los hechos basados en una especie de falso patriotismo y cierto respeto basado en el servilismo y la adulación a la opulencia de la Casa Arana. De esta forma se llegaba hasta negar absolutamente la existencia del mal.

·       Se hace referencia también a que los jefes de las tropas estacionadas castigan a los indios con látigo. En tanto que es cosa sabida que uno de los peores criminales, el famoso Loaiza, tiene a su cargo una de las dos empresas centrales de la Compañía Arana.

·       El informe del doctor Paredes afirma enfáticamente, como cosa curiosa, el hecho de que los peruanos han resuelto, últimamente, encarcelar y en Iquitos a ciudadanos colombianos por crímenes cometidos en el Putumayo. Aparentemente, no ha llenado aún el Perú la copa de la iniquidad y se ha hecho solamente efectivas un mínimo número de órdenes de prisión.
 
 
IMAGEN 18

·       Míster Hardenburg, debido a las revelaciones del ministerio de Relaciones Exteriores de Inglaterra, resolvió entrar en acción, haciendo una investigación independiente sobre la verdadera situación del Putumayo. En su libro titulado “El Putumayo”, menciona especialmente los esfuerzos hechos por los colombianos para llevar el cristianismo esa región. Se describe a Santiago como una aldea de chozas alrededor de una iglesia construida por los capuchinos. En Sibundoy hay un convento de capuchinos con la ayuda del gobierno colombiano. Lo religioso de Mocoa se dirigen frecuentemente a Guineo, lugar del alto Putumayo en donde se levantó una iglesia y un convento.

·       En la pequeña aldea de San Diego el señor Hardenburg pudo constatar que la casa comercial colombiana " Martínez y González " no permitía que se cometieran abusos. Toda la región había sido colonizada desde un principio por los colombianos, quienes fueron despojados por los peruanos, hasta el punto de que en enero de 1908 solamente quedaban en pie tres empresas colombianas. Cuando el señor Hardenburg, respondió al interrogatorio que le hizo, le contestó que los peruanos trataban malísimamente a los indios, azotándolos, mutilándolos y matándolos. Además le contó, voluntariamente, cómo los colombianos no hacían uso de tales prácticas y trataban siempre los indios con la mayor benevolencia.

·       El viajero hace un relato sensacional del rapto de la esposa de Serrano, así como el pésimo trato dado a este colombiano por los peruanos y del robo que éstos le hicieron de mercancías por valor de 1000 libras esterlinas. Los empleados de Serrano dormían en hamacas, en tanto que los desventurados que estaban en servicio de la Casa Arana se veían obligados a dormir en el suelo. Los indios empleados por este colombiano usaban ropa extranjera así como también los empleados de la casa "Ordóñez y Martínez”. Los colombianos daban a los indios tiempo suficiente para que cultivaran y cosecharán víveres abundantes, en tanto que los indios esclavizados por la Casa Arana morían muchas veces de hambre. El autor describe los métodos empleados por la Casarán Hermanos para despojar a los colombianos, asesinándolos, robándoles sus esposas y esclavizando sus empleados.

·       Míster Reginald Enock hace revelaciones importantes. Dice que: “el gobierno del Perú y la prensa han tenido siempre conocimientos del tratamiento brutal que se daba a los indios, a quienes consideraban como animales”. Sita un pasaje de un volumen que contiene documentos oficiales referentes al departamento de Loreto, publicados en 1905, que demuestra el exterminio de los indios y la venta y compra que de esto se hacía como de mercancías ordinarias. Dice: “el asesinato y la esclavitud son parte integrante de las costumbres del Perú”.


 
MAPA DONDE SE MUESTRA LA FRANJA DEL RIO NAPO QUE NOS PERTENECIA POR CEDULA REALY QUE LOS NEGOCIADORES INGENUOS COLOMBIANOS LE CEDIERON AL PERU

·       Míster Paternoster también hizo las siguientes declaraciones. “Que los colombianos trataban generalmente a los indios con bondad. Y con la iniciación de los negocios de la Casa Arana principiaron las orgías de crueldad en el Putumayo. Que es verdaderamente vergonzoso que una nación que se considera civilizada se entregue al prevaricato y a la mentira con el fin de impedir que se castigue a los criminales. También asegura que en vista de las últimas inmensas consignaciones de caucho, se ha vuelto los antiguos métodos, y que por medio de látigo, el machete y el revólver, se obliga a los indígenas a trabajar hasta derramar por ello la última gota de sangre”.

·       Míster Perkins, ciudadano americano, en sus viajes por el Putumayo, dice: “cuando estuvo en El Encanto fueron capturados 29 colombianos por una fuerza considerable de peruanos que los obligó, por medio de engaños, a que depusieran las armas. Ésos prisioneros, atados e inermes, fueron asesinados con pistolas y machetes. Algunos de los peruanos, más valientes que los otros, mutilaban a los muertos cortándoles las cabezas y los brazos”.

·       Míster Bell, quien formó parte de la comisión investigadora, asegura que: “la única persona que recibió castigo alguno de las altas autoridades del Perú ha sido el juez del crimen de Iquitos, el doctor Valcárcel, a quien se destituyó por haber lanzado órdenes de arresto contra los principales agentes de la casarán”.

·       Sir Edward Grey declaró: “en la Cámara de los comunes que el informe de las atrocidades del Putumayo era la lectura más horrible que hubiera hecho en su vida y que el gobierno británico haría todo lo que estuviera su alcance. Apoyaría todas las indicaciones de las demás potencias para llegar a la certidumbre de que tal estado de cosas había terminado”.

·       Derechos de soberanía Colombia. La simple tenencia del suelo no constituye propiedad territorial. Los derechos de Colombia sobre el Putumayo son, en este sentido, anteriores a los del Perú, Colombia no presenta ese argumento válido para ejercer juicio sobre el Putumayo y sus afluentes. La ocupación constante el Putumayo por Colombia hasta 1900, fue usurpada en ese año por la Casa Arana que se convirtió, más tarde en compañía inglesa. Es organización comercial principio sus trabajos asesinando millares de indígenas colombianos y muchos ciudadanos de esa misma nación. El usurpador extranjero, es decir, el Perú sigue adelante su campaña criminal con el fin de retener tierras que pertenecen a otra nación. En este aspecto debe alejarse el principio de uti possidetis de facto, puesto que el Perú sostuvo que el territorio es neutral. Por lo tanto tiene ponderación el principio de uti possidetis de jure.

 

sábado, 7 de diciembre de 2013

EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO. CAPITULO 8


EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO

CAPITULO 8

·       Algunos de los accionistas declararon en la investigación. Uno de ellos dice: “me horroriza de pensar que parte de mi dinero haya sido utilizado en fines tan horrendos. Y me llena de cólera ver que los culpables han escapado a su merecido castigo”. Otro accionista afirma que aceptará gustosamente la pérdida de su dinero si ella contribuye a que se haga justicia. El juez Eady dio orden para que se efectuara la liquidación obligatoria de la Peruvian Amazon después de una investigación detallada.

·       Después de una enérgica protesta del gobierno colombiano se firmó el protocolo del 21 abril 1909 que dice así: “los gobiernos de Colombia y el Perú manifiestan su sentimiento de profunda pena por los acontecimientos efectuados durante el año pasado en la región del Putumayo. Convienen que, tan pronto como los responsables hayan sido determinados, sufrirán los castigos que la ley prescribe”.

·       El escritor De Truth hacía uso de la cláusula del protocolo, arriba mencionada, para probar que el gobierno del Perú tenía pleno conocimiento de los crímenes cometidos por los peruanos el Putumayo. El autor de estos artículos decía: “es absolutamente cierto que el gobierno del Perú tiene conocimiento de muchos de estos actos. Los lectores de las páginas de este periódico se formaban el concepto de la culpabilidad del gobierno peruano en los crímenes cometidos en el Putumayo”.

·       La responsabilidad del gobierno del Perú en los crímenes del Putumayo será un borrón eterno en su historia, porque comprueba que el gobierno de Colombia decía la verdad cuando prevenía al ministro de relaciones del Perú, en 1899, que las actividades peruanas en las regiones amazónicas tenían por objeto apoderarse gradualmente del Putumayo.
 

 
IMAGEN 15
·       Desde el momento en que se clavó la bandera peruana en el Putumayo, en Cotuhé, en 1909, hasta cuándo Arana principio la explotación, la producción de caucho era insignificante por parte de muchos caucheros colombianos establecidos en la región. Sólo alcanzaban apenas las 30 y 3600 libras por año. Como los colombianos establecidos en el Putumayo poseían grandes plantaciones de caucho, es evidente que esto no se proponían obtener ganancias inmediatas ni exorbitantes sino fundar futura prosperidad.

·       En 1900, un colombiano llamado Larrañaga, fue uno los primeros caucheros colombianos que llegaron a la región en 1880, y su compañía con Julio César Arana para explotar el caucho. La Chorrera fue una de las agencias establecidas por este colombiano, que después sirvió de base para los futuros negocios de Arana. Larrañaga murió con todos los síntomas del envenenamiento por arsénico. Su hijo y heredero fue puesto en la cárcel Iquitos y poco después desapareció. Durante mucho tiempo la cárcel de Iquitos se llamaba irónicamente "oficina de la Casa Arana" pues los colombianos que no eran asesinados eran llevados allí irremediablemente. Una vez en la cárcel, se les proponía negociar en esta forma: “o nos venden su tierra a nuestro precio o se mueren en la cárcel”. Temerosos de males mayores, vendían voluntariamente. Por esta razón en los colombianos perdieron sus propiedades en la región dominada por Arana.

·       Para 1904 empezaron a aparecer en las selvas del Putumayo los llamados soldados caucheros, hombres que pertenecían al ejército del Perú. El gobierno los sostenía y derivaba de ellos grandes utilidades. Éstos soldados también eran caucheros por su propia cuenta o trabajaban muchas veces por cuenta de la Casa Arana.

·       Los últimos negociantes colombianos que permanecieron en el Putumayo fueron Serrano, González, Ordóñez y Martínez. En enero de 1908 fue atacada la empresa de La Unión, propiedad de Ordóñez y Martínez. Las lanchas Peruvian y el Liberal de la Casa Arana, así como la lancha de Guerra peruana Iquitos, tomaron parte en el ataque. Los colombianos recibieron un ultimátum: “o entregaban todo el caucho o El Liberal se apoderaría de él por la fuerza”. Inmediatamente efectuado el ataque. Ordóñez logró escapar y Martínez fue llevado prisionero Iquitos. El juez Paredes, nombrado por el Perú para investigar los crímenes del Putumayo decía que: "el único deseo de estos jóvenes patriotas era el de hacer avanzar siquiera una pulgada la bandera del Perú en la tierra de conquista”. Se refería a ese asalto llamándolo "acto patriótico y moral, método varonil y espléndido". El cónsul del Perú y abogado de la Casa Arana en Manaos, decía: "todo se reduce a que el presidente Pardo ha resuelto enviar una guarnición el Putumayo”. Pero la realidad es que la soldadesca peruana ocupa la Unión, allí se colocó una guarnición inmediatamente después de verificado el asalto contra los colombianos.

·       Las demás posiciones de la Casa Arana. Habían dos establecimientos principales: uno en La Chorrera y otro en El Encanto. El Encanto estaba dividido en 15 secciones, con 110 empleados civilizados. El número total de empleados de la Peruvian en 1907 era de 1000. No era una de sus funciones el cultivo de árboles de caucho, asunto del que no se tenía ni idea, o emplear su tiempo sangrando los árboles que a largas distancias se encuentran en el fondo de la selva. Ese trabajo correspondía a los desventurados indios, cuyo número, en 1906, pasaba de 50,000 y no había aumentado cinco años después. La destrucción de los indios, debido a su dosil naturaleza presentaban una rica presa a Arana y a los peruanos. Las autoridades peruanas tenían razones para creer que su dominio sobre la región era simplemente transitorio, y que, por consiguiente, era necesario obtener los mayores beneficios en el menor tiempo posible.

 
IMAGEN 16

·       Miguel Loaiza, uno de los peores criminales del Putumayo, dirigía una sección de El Encanto. Ninguno de los criminales han sufrido castigo alguno. El juez Paredes, quien consideró los asesinatos de colombianos como acción patriótica y moral, domina el poder judicial en Iquitos. La región está bajo la administración del gobierno del Perú.

·       El actual administrador de La Chorrera fue anteriormente jefe de la policía de Iquitos, en donde había tenido conocimiento de los crímenes del Putumayo. En 1909 envió una carta al periódico el comercio de Lima asegurando que a juicio del administrador, el bandido O´Donnell era una persona a quien amaban los indios por su bondadoso corazón. Se notó un considerable aumento en la exportación de caucho, a pesar de que los árboles han tenido que agotarse y el número de indios a disminuir enormemente. En las selvas del Perú se esclaviza los indios y se les trata como bestias feroces. El cónsul inglés asegura que no hay probabilidad de que hayan cesado las atrocidades. Los colombianos son arrestados en el Putumayo y encarcelados en Iquitos. Los peores criminales, en el pasado, fueron los soldados caucheros peruanos.

·       En 1912 Casement escribió: he sabido que la obra de plantar árboles de caucho y de sustituir con métodos más humanitarios la explotación de los indios, ha sido suspendida por establecer la recolección como tarea única. Era perfectamente claro que la compañía o sus representantes en el Putumayo habían resuelto continuar la explotación forzosa de los indios como un derecho de conquista y como manera de obtener utilidades rápidas.

·       En 1912 el embajador inglés en Washington, escribió: “en el pasado abril fueron embarcadas en Iquitos más de 75 t de caucho siendo una de las consignaciones más grandes hechas del Putumayo en los últimos años. A esta cifra se puede llegar solamente siguiendo los antiguos métodos de trabajo forzoso”.

·       El periódico la prensa de Lima publicó: " no se han descrito en este país los crímenes en sus verdaderas proporciones porque nos falta el valor moral necesario para arrojárselos a la cara al gobierno, el cual, tenía pleno conocimiento y, sin embargo, dejó que siguiera adelante con el fin de apoyar los intereses de la Casa Arana. Hace más de seis años que el periodista peruano Benjamín Saldaña inició una campaña vigorosa ante el gobierno, sus esfuerzos fueron inútiles por qué cuando el oro de la Casa Arana no pone obstáculos invencibles a su acción, el hecho de existir un dirigente Colombiano en el Perú, respeto a sus derechos de soberanía en el Putumayo, obligaba a las gentes honradas acallar por motivos patrióticos. Así todo esto se ha mantenido en la oscuridad. Esa misma oscuridad cubrió las exploraciones, los denuncios y la muerte del francés Robuchon en el Putumayo. El gobierno, en vez de tomar posesión de lo que realmente le pertenece, ha confiado esa misión delicada y responsable a aventureros criminales. Son ellos quienes fijan los límites territoriales y quienes deciden sobre los derechos de jurisdicción que posee el Perú en esas regiones, sin consultar, ni por asomo, los intereses de la nación. Ellos obran por cuenta del Perú y con consentimiento del gobierno. Su sistema de colonización consiste en destruir las selvas y despoblar las aldeas indias. Nuestras regiones orientales eran siempre, para nosotros, un mal y un peligro, no una tierra de promisión, mientras no descubramos manera de enviar allí colonos que la civilicen y no aventureros que la devasten.

·       “El Libro Blanco” publicado por los Estados Unidos el 7 febrero arroja nuevas luces sobre la esclavitud en el Perú: “un empleado de la compañía es juez de paz en toda la región del Putumayo. La agitación verificada nace más del temor que se tiene de que nazca la soberanía peruana en esa región que la solicitud que se manifiesta por los pobres indios víctimas de los atropellos. El hecho de que las personas arrestadas eran colombianas me hace creer que en Lima se conocían las opresiones de Casement sobre los buenos métodos usados por los colombianos en el gobierno esa región”.

viernes, 6 de diciembre de 2013

EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO. CAPITULO 7


EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO

CAPITULO 7

 

·       En 1908 la prensa Bogotá dio a conocer los crímenes de la Casa Arana. Y en mayo de ese año protestó ante el Perú por los ataques dirigidos por Arana Hermanos, con apoyo de las fuerzas peruanas, contra los colonos colombianos: tropas peruanas por orden del prefecto de Loreto emboscaron para capturar a David Serrano y a 25 colombianos. Se están preparando peruanos para invadir el Caquetá y ha sido inútil nuestros reclamos a Lima. El 12 enero en la unión atentaron contra colombianos, ocuparon territorio colombiano las tropas peruanas, destruyeron vidas y propiedades de colombianos es de comprender que continuarán los atentados contra nuestra soberanía en las regiones del Putumayo, y que aún se intenta invadir el Caquetá.

·       El 14 diciembre el año pasado en Javineto, a orillas del Putumayo, el señor Gabriel Martínez, inspector de policía del Putumayo, acompañado de 11 soldados fue sorprendido por una fuerza peruana que llegó aquí en la lancha de guerra Callao, de propiedad del gobierno del Perú. La fuerza estaba comandada por el capitán Bartolomé Zumaeta. Los soldados, que se encontraban casi moribundos por efecto de las fiebres y de las privaciones, no pudieron defenderse y, una vez aprisionados, fueron conducidos aborda la misma lancha hasta el establecimiento de El Encanto, de propiedad de Arana y compañía, en donde fueron despojados de cuanto tenían, aun de sus papeles enteramente particulares.

 
IMAGEN 13

·       El 12 enero del año en curso, fuerzas peruanas al mando de los jefes Benito Lores y Carlos Zubiano, llegaron abordo del vapor Liberal, de propiedad de la Casa Arana y de la lancha de guerra Iquitos, del gobierno del Perú, al punto denominado La Unión, en la ribera occidental del río Caraparaná. Atacaron a los habitantes de establecimientos colombianos existentes allí. Asesinaron al señor Prieto, colombiano que allí residía, y a varios de sus compañeros. Incendiaron las casas de los señores Ordóñez Martínez. Embarcaron los ganados, máquinas y productos almacenados, conduciendo los equipos.

·       En el punto denominado la Argelia, en la margen oriental del río Caraparaná, aprisionaron al señor Jesús Orihuela, inspector de policía el Putumayo, le despojaron de dinero y papeles que tenía, lo pusieron en un infecto calabozo a bordo del vapor Liberal, y lo condujeron preso a Iquitos.

·       Otros colombianos, hambrientos y casi desnudos, se pasearon por las calles de la población peruana adonde fueron conducidos a la fuerza, hasta que algunos de ellos pudieron, mediante el auxilio privado de generosos compatriotas, venir a dar cuenta este gobierno de los crímenes perpetrados. Otros han perecido, otros sufren aún en tierra peruana de atroces hechos.

·       El gobierno tiene noticia de otros igualmente crueles perpetrados contra los ciudadanos colombianos en su persona y en sus bienes por las autoridades civiles y militares del Perú, por los empleados de la Casa Arana, que goza de la franca e incondicional protección del gobierno y de las autoridades peruanas.

·       Debe también detenerse en cuenta la persecución o, mejor, el exterminio, que se lleva a cabo contra las tribus indígenas colombianas. Los atentados expuestos constituyen gravísima ofensa nuestra soberanía nacional en sus más esenciales derechos. La usurpación de territorio consumada y la tentativa de llevar esa usurpación cada día más adelante, no pueden menos que perturbar profundamente el orden internacional y las relaciones entre Colombia y el Perú. Ellos han herido el sentimiento nacional del pueblo colombiano en lo más vivo.

·       Ante el supuesto de que hubiera existido un estado de guerra entre las dos repúblicas, los hechos perpetrados por tropas peruanas en las regiones del Putumayo, son de tal naturaleza que la ley de las naciones y las prácticas civilizadas las condenan unánimemente.

·       Ahora bien, el Perú aceptó al adherirse como se adhirió a la convención de La Haya, que prevalecen aún en casos de guerra y protegen al enemigo armado, ¿cómo puede concebirse el que se les atropelle al amparo de las relaciones de amistad no interrumpidas entre las dos repúblicas y que se les haya atropellado y que se le sigue atropellando, no para destruir al enemigo armado sino a pacíficos habitantes colombianos de la regiones del Putumayo? ¿cultivadores y desgraciados indígenas cuya condición se ha hecho aún inferior a la de las bestias ?

 
IMAGEN 14

·       De la anterior comunicación se desprende claramente que el gobierno de Colombia se anticipó, en tres años, al periódico londinense Foreign Office para poner fin a los crímenes diabólicos de los peruanos en el Putumayo.

·       La Peruvian Amazon Company Limited fue registrada el 26 septiembre 1907 donde los hermanos Arana tenían el 78% de propiedad. La compañía se formó para comprar las fincas caucheras. Estas son propiedad de la Casa Arana y que quedan situadas en Iquitos. Y son conocidas con los nombres de Colonia de Indiana, El Encanto, Argelia, Pevas y Nanay, así como todas las propiedades de cualquier otra especie que posea dicha Casa. Además los derechos que la Casa Arana tenía sobre el gran distrito conocido con el nombre de Putumayo. Cuya área se calcula en 12,000 millas cuadradas. Los señores Arana tenían establecida allí 45 centros para la extracción de caucho. La población pasaba de 40,000 indios y gran cantidad de empleados europeos y peruanos. Aunque existía un litigio entre los gobiernos de Ecuador, Colombia y Perú, que aunque afectará políticamente una parte el Putumayo, no podría afectar de manera alguna los derechos legales de los colonos.

·       En 1909 recibió la compañía 887,000 libras de caucho. Las operaciones de la compañía sufrieron un grave atraso en el Putumayo debido a una epidemia de viruela.

·       Como el Perú reclaman juicio sobre el Putumayo, es curioso que su gobierno no haya hecho efectivo el impuesto en el caso de la Peruvian Amazon. Y si lo hubiese hecho efectivo, el impuesto habría sido contrario los términos de los convenios con Colombia.

·       Las exportaciones del Putumayo en los últimos siete años han pasado de 1 millón de libras, esto representa una renta para el gobierno del Perú de 60,000 a 100,000 libras esterlinas desde el momento en que los Arana principiaron sus operaciones en el Putumayo. En los ocho años y medio que terminan el 30 julio 1908 las exportaciones totales del Putumayo subieron a 6,300,000 libras de caucho. La imaginación se pasma al pensar en los crímenes necesarios para obtener esa suma. No debe olvidarse que los derechos de importación pagados por regalías, carabinas y cartuchos han debido aumentar, en no pocas suma, la renta del Perú.

jueves, 5 de diciembre de 2013

EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO. CAPITULO 6


EL LIBRO ROJO DEL PUTUMAYO

CAPITULO 6

 

·       En julio de 1901 llegó a Iquitos la lancha peruana Putumayo trayendo a bordo, en calidad de presos, a los colombianos Rafael Tovar Cabrera, Sergio Plata Rojas, Juan de Jesús Cabrera y Aquiles Torres, quienes fueron tomados en el río Igaraparaná, afluente del Putumayo, en la población de la Chorrera, acusados de un delito cometido en el Caquetá, región sin duda alguna colombiana y cuyo juzgamiento, por lo tanto, corresponde las autoridades de Colombia. Estos individuos fueron llevados y encarcelados en Iquitos donde sólo fueron liberados a requerimiento del cónsul colombiano.

·       En enero del año de 1902 zarpó de Iquitos la lancha de estado Iquitos conduciendo una comisión del gobierno peruano con el objeto de levantar planos y trazar caminos en la parte alta del río Putumayo.

·       En marzo del 1902 el prefecto de Loreto Coronel Pedro Portillo, se dirigió con oficiales y 15 hombres de tropa a los ríos Napo, Putumayo y Caquetá con el objeto de establecer nuevas oficinas y autoridades peruanas.

 
 
ACTUALMENTE ES USADA COMO INTERNADO ESCOLAR

·       En noviembre de 1902 salió de Iquitos en la lancha Putumayo el oficial Albarracín con algunos soldados con el fin de reforzar una guarnición en el río Igaraparaná afluente del Putumayo y sobre territorio colombiano.

·       Los anteriores hechos demuestran el empeño con que las autoridades peruanas está procediendo con el deliberado fin de tomar posesión en regiones de absoluta e indiscutible propiedad de Colombia. Actos que tienden a alterar la amistad leal y sincera que existe, y debiera siempre existir, entre el Perú y Colombia.

·       Ocho meses después el Perú comunicó a los señores Arana Hermanos: el objeto de esta carta es con el fin de que empleen, por cuenta del gobierno del Perú, al Sr. Robuchon, con el fin de que efectúe en la zona en que está situada sus propiedades las correspondientes investigaciones mencionadas por el gobierno de Colombia, y espera que ustedes facilitarán al mencionado señor todo lo necesario para que logre cumplido éxito en su empresa. Tenga la bondad de pagar al señor la suma 35 libras mensuales.

·       10 meses más tarde harán hermanos contestaron: esta Casa a resuelto tomar a su cargo los gastos que requiera la misión del señor Robuchon, pues deseamos ardientemente contribuir a los patrióticos designios de nuestro gobierno. En el contrato que le hizo la Casa Arana al señor Robuchon no se estipuló la obligación de este de investigar los hechos reclamados. Más bien se le comisionó la exploración de los ríos del Putumayo y de las tierras adyacentes con el fin de mejorar y extender la explotación de dicha región en lo que se refiere a los recursos caucheros.

·       En julio de 1906 se firmó en Lima un convenio entre Colombia y el Perú con el fin de que todas las guarniciones, autoridades civiles, militares y aduaneras que uno u otro país hubiera establecido en el Putumayo serían retiradas con el fin de entrar en discusiones sobre la soberanía de los dos países en esa región. Sin embargo, para el año de 1907 el encargado de negocios de Colombia en Lima comunicaba: ”posteriormente a lo aprobado en el tratado, el gobierno de Colombia lo ha cumplido religiosamente. Ahora bien, por el hecho de no haber aprobado el Congreso del Perú ese tratado, el continuo avance de los peruanos en el territorio al amparo de la falta de guarniciones y autoridades colombianas, la necesidad de proteger de una manera eficaz a nuestros compatriotas establecidos en aquellos territorios, ponen al gobierno de Colombia en el caso de ordenar a usted, como lo hago por la presente, el inmediato denunció el acuerdo sobre el modus vivendi existente. Manifestamos al gobierno del Perú la imposibilidad de convenir en que nuestro territorio oriental siga convertido, en un asilo de bandoleros en que se roba ó se asesina impunemente y donde no ha quedado otra ley que la del más fuerte”.

·       En 1907 el intrépido Rocca, director de los periódicos la Felpa y la Sanción, hizo conocer del público los terribles crímenes que se cometían en el Putumayo: “los asesinos de la casa Arana continúan su obra de carnicería que aunque han vendido parte de ella a un sindicato inglés, sus parientes son todavía los accionistas principales y tienen el Putumayo sus antiguos agentes. El robo, el asesinato y el incendio siguen adelante y nada hacen nuestras autoridades judiciales para impedir que el juez posponga indefinidamente el castigo de los crímenes. Semejante decisión puede significar solamente una de dos cosas: o parcialidad o error, al nombrar a un magistrado en un distrito sobre el cual Perú había perdido todo derecho de soberanía”.

 
IMAGEN 10

·       Rocca denunció al juez del crimen de Iquitos: “yo, Benjamín Saldaña Rocca me permito informar a los célebres malhechores Víctor Macedo y Miguel Loaiza de haber cometido crímenes de asesinato, incendio, estafa y robo, agravados con las más crueles torturas y martirios, cometidos con agua, fuego y látigo, en los ríos Igaraparaná, Caraparaná, Cahuinarí y otros en los cuales la Casa Arana efectúa la industria cauchera. Estos lugares se llaman la Chorrera y El Encanto. Víctor Macedo es administrador de la Chorrera y Miguel Loaiza de El Encanto. Se complacen en asesinar y en quemar vivos a los pobres indígenas, indefensos e inofensivos que evitan esa región”.

·       En la Chorrera, Fidel Velarde después de pensar y recibir la goma apartó 25 de los 800 aborígenes que habían llegado a entregar la producción con el pretexto de que eran demasiado perezosos en el trabajo. Víctor Macedo y sus cómplices Loaiza dieron orden de que cada indio fuera envuelto en un saco empapado en petróleo, al cual se prendió fuego inmediatamente. Las víctimas emprendieron su fuga arrojándose al río con la esperanza de salvarse, cosa que no lograron, pues todo se ahogaron. Estas crueldades se cometían a manera de diversión habitual de Macedo y de sus compañeros infernales.

·       Otras de las hienas del Putumayo se llama Miguel Flores quien asesinó al número de hombres, mujeres, viejos y niños que Macedo, temeroso de que se despoblara totalmente la región, le dio la orden expresa de no matar más por diversión sino solamente en el caso de que no entregaran el caucho. Flores obedeció las órdenes de su superior, y en dos meses solamente mató 40 indios. Las torturas con que los castigaban eran constantes y las mutilaciones terribles, porque también les corta orejas, narices, manos y pies, a un número considerable de víctimas. Eran las ocupaciones favoritas del empleado modelo de la Casa Arana.

·       Abelardo Agüero tiene la costumbre de practicar el tiro al blanco con los indígenas que mantiene presos en Matanzas. Se ocultan los esqueletos de los millares de víctimas del terrible Norman, joven que no ha cumplido aún 22 años.

·       Dos individuos de color negro llegado de Barbados llamado Stanley y Lewis, para cumplir las órdenes del subdirector de la sección, dieron 155 azotes a una india, hasta el punto de despedazar los muslos. Enseguida la fusilaron. Emprenden viajes en busca de tribus de indios y de caucho. Los que no han logrado presentar la cantidad exigida reciben 25 azotes de estos dos negros de Barbados que han sido llevados con el único fin de servir de verdugos. Al 10º azote las víctimas pierden el sentido. A veces tres o cuatro indios dejan de aparecer por qué no ha podido recoger la cantidad de caucho exigida. Los buscan y después de encontrarlos rodean la choza en donde se ocultan prendiéndole fuego. Los indios que emprender la fuga son fusilados inmediatamente pero en la choza también se ocultan ancianos niños y enfermos y todos parecen bajo el bárbaro machete del Putumayo.

·       Las posesiones de Arana, si es que puede llamarse así, comprendían 12,000 millas cuadradas. En la reunión a anual de la compañía el Presidente declaró que ésta no poseía título sobre esa región sin embargo, los llamados derechos fueron adquiridos por una organización ilegal compuesta de 1000 empleados que gozaba del apoyo de la soldadesca peruana y cuyo objeto era despojar a los colombianos de sus propiedades. El gobierno peruano tenía conocimiento de tales hechos. La intención del gobierno peruano cuando contrató a Groucho fue el de adelantar el avance de sus derechos en el Putumayo, pero como este no cumplió sus designios, después de permanecer dos años en el Putumayo, desapareció misteriosamente como lo denunció Casement en su publicación.

 
CASA DE LA CHORRERA

·       Las fotografías inéditas tomadas por lo muchos son muy conocidas y representan escenas verdaderamente espantosas. En su prólogo al ahora el cónsul general del Perú manifiesta: la casa Arana ha invertido más de 300,000 libras con el fin de civilizar, de alguna manera, a los salvajes que habitan esas regiones, concluye el prefacio diciendo que el informe de Groucho tendrá indudablemente valor grandísimo, porque probara, en caso de que tal cosa fuere necesaria, la aplicación de la actividad peruana a regiones que ciertas naciones vecinas nos reclaman.

·       El 20 febrero 1907 el presidente de la República recibió el siguiente telegrama: diariamente tenemos conocimiento de las atrocidades cometidas en el Igaraparaná por los peruanos. Obedeciendo órdenes de Arana, hicieron preso en Barcelona, al cacique principal de los Huitotos y después de darle 100 azotes lo colgaron bocabajo con una cadena al cuello. Las víctimas son muchísimas.